Y como esto no puede faltar: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la autora de esta genial historia es FoxxyJ, yo solo la traduzco.

Y me acompaña de nuevo mi querida Beta y amiga Erica Castelo, gracias por tu ayuda y apoyo con las traducciones. ¡Eres la mejor!


Mis Queridos Monstruos (The Groovie Goolies)

1970-1972 Dibujos animados protagonizados por un Vampiro, un Lobo y Frankenstein que son unas enormes gallinas en lugar de unos temibles monstruos. También, todavía hay un sitio web dedicado a ellos www[punto]groovie-goolies[punto]com/

Youtube: Groovie Goolies Opening Theme


Capítulo 11 – Mis queridos monstruos

Edward entró desde la parte de atrás del bar y sacó un banco junto a Carlisle. Llevaba unos jeans negros y una camisa a cuadros rojos y azul marino abierta sobre una camiseta interior sin mangas. La ausencia de camiseta anunciaba que no estaba trabajando; era el primer martes del mes y su día libre programado. Jasper le levantó una ceja pero continuó haciendo su inventario.

Era lo bastante temprano en la tarde para que Carlisle no estuviera aún borracho. Edward había estado monitoreando la calle desde su rincón en la ventana desde el almuerzo. Su impaciencia e incapacidad de ver realmente la puerta del bar adecuadamente lo había forzado a salir de su santuario. Se habría reprendido a sí mismo si ella, en efecto, se hubiera presentado y él no la viera.

La disculpa mental de Bella le había estado molestando la última semana. ¿De verdad había sido solo una semana? La sintió como una eternidad. Por lo general, el bar era su límite, pero la claridad mental de ella le había permitido una recepción ligeramente más amplia, y captó su mensaje desde la calle. Tenía el poder de paralizarlo, y las imágenes de ella suplicándole el perdón, disculpándose por lastimarlo, y luego sintiéndose totalmente indigna de su tiempo o atención lo había dejado sintiéndose asqueado y débil. Ella no tenía idea de lo adicto que se había vuelto a su mente, o cómo podía proyectar en él sus emociones con solo sus pensamientos. La ironía de toda la situación era que debía haber sido él el que suplicara, y lo sabía.

Edward había querido matar a ese tipo Michael por poner a Bella en esa posición. Ella odiaba dormir con él pero amaba tanto a su padre que estaba preparada para hacer lo que fuera necesario para lograr que estuviera bien de nuevo. Por lo que vio en su mente, Edward lo sabía sin lugar a dudas, pero cuando ella le mostró como él la había hecho sentir tan indigna como Michael lo hizo cuando terminó su breve relación sexual, fue como poner el último clavo en el ataúd de su amistad. Edward no podía permitir que esta hermosa mujer se viera afectada por su aflicción mental por más tiempo. La arrastraría a nuevas profundidades de depravación si se quedaba con él. Aprendería a odiarlo y a su habilidad, y eso mataría a Edward más pronto que cualquier otra cosa. Bella había tenido razón—era un fenómeno, y aunque se sintió herido al verlo en su mente, no fue la razón por la que prohibió su entrada al bar.

Bella tenía que alejarse de Edward, y la única forma de que eso fuera posible era si no podía volver a verlo. Edward había visto lo mucho que se preocupaba por él en su mente. Aunque nunca había proyectado amor, él sentía algo parecido a eso siempre que lo imaginaba a él. Su imagen estaba muy contorsionada—lo veía perfecto, y él sabía que estaba lejos de la perfección. Solo una mujer atrapada bajo el embrujo del amor lo vería de esa forma.

Su plan funcionó perfectamente—incluyendo el despreciable mensaje que le había ordenado a Emmett que entregara—hasta que ella se disculpó. Su imagen de despedida no fue porque no quisiera verlo de nuevo, sino porque sabía que él nunca la perdonaría. Edward estaba desesperado por perdonarla porque no había nada que perdonar en lo que a él respecta. Él era quién tenía que pedirle su perdón. Se interesaba tanto por ella que sería una sentencia de muerte el permitir que caminara por la Tierra el resto de sus años pensando que él la odiaba. No podía soportarlo. Lo estaba volviendo loco, y se sentía como el lunático que sus compañeros de escuela habían creído que era desde que ella desapareció de su mente esa noche.

Los celos que electrificaron cada terminación nerviosa de su cuerpo cuando se enteró que se había visto forzada a dormir con ese hijo de puta lo asustaron. Nunca había deseado defender o proteger a una mujer a ese grado—jamás. En varias ocasiones durante la última semana, se había sorprendido calculando mentalmente cómo pagar los gastos médicos de su padre. No podía ayudarla porque había terminado su relación, y ahora lo lamentaba más que cualquier otro error que hubiese cometido en su pasado—más que el remordimiento que sentía por su madre, o incluso por su despiadado padre—más que nada en el mundo.

Carlisle levantó su vaso en el aire, pero Edward no tenía nada por lo que brindar con él.

"No puedo beber solo, hijo. Bueno, ¿Y cómo te llamo cuando no estás trabajando?" Le preguntó.

"Idiota, porque eso es lo que soy," respondió Edward con dureza.

Si Carlisle estaba sorprendido por la rudeza de Edward, no lo demostró. "Creo que me quedo con hijo por ahora," le dijo con una sonrisa irónica. "No me hagas beber solo."

Edward fue detrás de la barra y agarró un vaso y una botella de tequila del estante superior.

"Hoy vas a beber esto, viejo, y es por cuenta de la casa."

Carlisle bebió su escocés y esperó a que Edward sirviera dos cortos de tequila, antes de que se lo bebieran de un trago al unísono.

"¿Mal día?"

"Ni siquiera se acerca," respondió Edward.

Los hombres se quedaron en silencio y bebieron, los dos perdidos en sus pensamientos. Edward hizo una mueca cuando una encantadora imagen de Bella apareció en la mente del doctor. Carlisle veía a la joven claramente. Veía su corazón generoso y alma comprensiva, y provocó que Edward se retorciera de dolor. Cómo la había hecho sentir mal sobre sí misma estaba muy lejos de su comprensión. Era la única mujer que aceptó su don—como ella lo llamaba—y en lugar de acogerla, le prohibió la entrada a su establecimiento.

"No creo que ella venga esta noche," admitió.

Carlisle pareció sorprendido.

"Oh, debes haber leído mi mente," dijo en broma. "Precisamente ahora estaba pensando en la encantadora Isabella."

Edward se reprendió en su interior. Estaba mejor entrenado que eso, pero su concentración estaba en cierta morena, y se le había escapado mencionar a Bella antes de que el doctor dijera algo.

"Por eso estoy aquí," explicó. "No creo que se presente, y quería disculparme contigo."

"No comprendo."

"Yo… ah… le prohibí la entrada al bar."

Carlisle golpeó suavemente la botella con su vaso vacío y Edward le sirvió más.

"¿Eso está relacionado de alguna forma con el que seas un idiota?"

"Totalmente," dijo Edward, conteniendo una sonrisa. Le agradaba el doctor. Era la razón por la que Jasper y él nunca lo habían rechazado. Como Bella, él también era un alma buena, y en una ciudad tan grande, algunas veces las almas buenas eran difíciles de encontrar.

"Espero que lo resuelvas," Carlisle dijo después de una pausa. "Ella vale la pena."

"¿Cómo lo sabes?"

"Reconozco un gran amor cuando lo veo." Edward lo miró confundido. "La forma en que ustedes se ven me recuerda a Esme y a mí," aclaró.

Edward miraba por la ventana con solo sus pantalones cortos para correr, el sudor goteando por su agotado cuerpo mientras se bebía de un trago su Gatorade. Estaba tan perdido en sus pensamientos que no se dio cuenta de la presencia de Alice hasta que estaba parada justo a su lado.

"La echas de menos, ¿eh?"

Edward asintió. Ya estaba demasiado cansado para luchar contra sus sentimientos. Había pasado un mes desde que estuvo dentro de la mente de Bella, y casi un mes de las palabras de Carlisle haciendo eco en su mente. Esme había sido el gran amor del doctor, y la idea de que Bella podría ser el gran amor de Edward lo consumía. Alice había dicho que estaba destinado a suceder por lo que Bella y Edward decidieron. Emmett dijo que nunca había visto a una chica y un chico encajar tan bien como ellos dos lo hicieron. Y ahora, Carlisle, el elemento mensual del bar, dijo que vio amor en los ojos de ella.

El pensar que había estado tan cerca de encontrar a su pareja, y que lo arrojó todo a la basura porque fue estúpido y pensó que sabía lo que era mejor para ella, lo frustraba más allá de lo inimaginable. Se suponía que su cáncer le diera la ventaja, que lo hiciera más listo, no que lo convirtiera un maldito idiota.

Lo positivo era que Alice y él se hablaban de nuevo, y todo estaba perdonado. La noche que el violador había sido lanzado del bar también fue la noche en que los hermanos hicieron las paces. Cuando la maldad entra a tu mundo, te hace apreciar todo lo bueno en tu vida. Alice era todo el mundo de Edward. Había pasado toda su infancia, desde el momento que se dio cuenta lo que significaba para ellos la realidad de sus habilidades, tratando de protegerla. Como su hermana mayor, ella veía como su trabajo el cuidar de él, pero el tamaño y músculo de él le hacía más fácil la tarea. Haría lo que fuera por ella. Era todo lo que tenía, y prefería perforarse los párpados a estar en su lista negra.

"¿Rose y Em siguen sin ayudarte?" Le preguntó, aun cuando ella había visto la decisión de ambos de no interferir.

"No, Rose me encendería fuego si me quedara quieto el tiempo suficiente, y usé a Em incluso cuando sabía que no debía hacerlo. Él se toma esas mierdas muy a pecho, y estos días apenas si me habla."

"Entonces, ¿qué sigue?"

"Alice, sabes que no tengo idea," le dijo, derrotado. "Le escribí y le dije que ya no tenía prohibida la entrada, pero no ha vuelto. Y, si la espero una vez más afuera de su departamento, estoy seguro que voy a ser arrestado por merodear. De cualquier modo, nunca está en casa."

"Bueno, tienes que pensar en un plan." Alice había visto claramente la decisión de Bella de nunca regresar al bar. Alice no sabía exactamente lo que Edward hizo para hacer que la joven estuviera tan determinada, pero sabía que fue algo más que solo prohibirle la entrada.

"Oh, gracias por la perla de sabiduría, Gran Oráculo. ¿Dónde estaría sin ti?"

"Serías aún más ermitaño si no fuera por mí," le dijo, dándole un codazo en las costillas. "Puaj, estás todo mojado y asqueroso." Alice se alejó con una expresión de asco en su rostro, tratando de encontrar algo con qué limpiar su codo.

"Alice, lo estoy intentando, ¿de acuerdo? Es difícil allá afuera," le dijo, volviendo a mirar por la ventana.

"Lo sé, pero yo también estoy intentando. Estoy intentando volver a unir a esta familia. Mamá y papá nos destrozaron, pero no voy a permitirles que tengan la última palabra. Yo tengo a Jasper, y una vez que recuperemos a tu Bella, entonces seremos una familia de nuevo."

Edward admiraba la determinación de su hermana. Algunas veces pensaba que estaba poseída por el diablo, pero la mayor parte del tiempo su corazón estaba en el lugar correcto.

"No es tan sencillo, hermanita."

"Claro que sí. Yo no lo veo porque soy tu hermana, pero eres absurdamente bien parecido," le dijo, como si fuera la llave del universo.

"¿De qué estás hablando?"

"Bueno, las mujeres parecen hacer cosas ridículas en respuesta a ti, así que, si tan solo podemos conseguir que estés frente a frente con Bella, todo se resolverá." Alice había visto que la intransigencia de Bella desaparecía frente a su hermano. Solo necesitaba conseguir que ese par estuviesen en la misma habitación, y estaba segura que todo se resolvería.

Edward no pudo controlar su risa. Se sintió bien porque había pasado mucho tiempo desde que sintió ganas de reírse. Si solo la vida fuera tan simple.

Alice volvió a su lado y también miró por la ventana mientras esperaba el comentario de Edward. Algunos temas eran más fácil no hablarlos en voz alta con su hermano.

"No, Alice."

"Pero, solo faltan dos semanas…"

"No," le dijo, mirándola para mostrarle que hablaba en serio.

"Es solo una vez al año…"

"Alice."

"¿Por favor?"

Edward odiaba decirle que no a su hermana.

"Mira, si la recupero en las próximas dos semanas, puedes celebrar todo lo que quieras. Si no, no quiero que se mencione mi estúpido cumpleaños. ¿De acuerdo?"

Jazz entró pavoneándose al bar con sus gafas arriba, metidas en su cabello, sus jeans desteñidos colgando de la parte baja de sus caderas y una camiseta rasgada de un concierto de AC/DC. Edward acababa de bajar hace unos cuantos minutos antes que él y había comenzado su preparación.

"Oye, hombre, ¿qué vamos a usar hoy? No recuerdo."

"Mis queridos monstruos," respondió Edward.

"Genial. ¿Puedo ser Wolfie?"

"No, tú eres Drac."

"Aw, quiero ser Wolfie. Los vampiros son aburridos. Apestan," Jasper lloriqueó como un niño petulante. "Los hombres lobos son lo máximo."

"Lástima."

"Vamos, dame a Wolfie," dijo Jazz, las manos en sus caderas como si no fuera a moverse hasta que consiguiera lo que quería.

"Jazz, no hay un Wolfie. Los dos vamos a ser vampiros está noche."

"¿Qué? ¿Quién eres tú?" Le dijo, frunciendo el ceño.

"Olvídalo," le dijo Edward, lanzando la camiseta azul rey al pecho de Jazz.

"Lo sabré en unos diez segundos, imbécil."

Edward se quitó su vieja camiseta y la arrojó sobre la barra. Jasper miró su fuerte pecho desnudo y levantó sus cejas sugestivamente. Edward trató de no reírse de la ridiculez de su amigo mientras se ponía la nueva camiseta para revelar las palabras "Bella La Ghostly" con letras rojas en negrita con sangre goteando de algunas letras en su pecho.

Jasper se quedó en shock.

"¿De todos los monstruos geniales, tu escoges la vampiresa que opera el conmutador? Ni Wolfie, ni Frakie, ni Boneapart, sino Bella. ¿Edward?"

"Vete a la mierda. Si quieres elegir los personajes, manda a imprimir las camisetas."

"¿Amigo?"

Edward rodó los ojos. Cuando Jasper estaba de ese humor, no había nada que lo distrajera.

"Está bien, pendejo," declaró Edward. "Cuando vi el nombre Bella, pensé en Bella, y bueno… La Ghostly (1) es algo apropiado porque ella se ha convertido en un fantasma para mí."

"¡Que me jodan! Eso es patético. Quítate los pantalones, ¿quieres?"

"¿Qué? ¡No!"

"Solo tengo curiosidad de ver si tienes un coño ya que estás actuando como si lo tuvieras."

Edward le enseñó el dedo medio antes de escapar dentro de la cocina. A él le gustaba su camiseta de Bella. Le hacía sentir que existía, porque últimamente estaba comenzando a pensar que había sido un invento de su imaginación—una ilusión en su mente que era demasiado buena para ser verdad.

Los jueves por la tarde estaba concurrido por clientes regulares que bebían a menudo en SER. Todos conocían las reglas y las seguían. Cada vez que Edward respondía al nombre de Bella, Jasper le daba expresiones tristes y patéticas a su amigo.

"En serio, hombre, eso muy triste," dijo Jasper durante un momento de calma.

"Bueno, hoy estoy triste. Han pasado seis semanas, y todavía no he podido contactarla."

"Eso es un locura. Conoces su apellido, su dirección, y poco más o menos dónde trabaja y sabes que su papá está en una casa de retiro, ¿cierto?"

"Sí, ¿y?" Edward no tenía idea a dónde quería llegar con eso.

"Bueno, el hogar donde está él tiene que estar cerca de su trabajo o de su casa, y considerando que tiene problemas de dinero, diría que Queens en la única opción."

"¡Joder!" Exclamó Edward. No había pensado en encontrar a su padre. "Sé dónde está."

Jasper no podía recordar la última vez que había visto sonreír a Edward así. Edward agarró el rostro de Jasper y le dio un beso en los labios.

"¡Amigo!" Dijo Jasper atragantándose, se apartó y se limpió la boca con su brazo. "¡Dije que solo sería una vez!"

Edward se echó a reír. "Drac, tengo que irme."

"¡Ni lo sueñes! Mira este lugar," le dijo, haciendo un gesto hacia la abundante multitud. "Vamos. No estás hablando en serio," le suplicó, pero sabía que no habría forma de detener al loco perdidamente enamorado.

"Te debo una, hombre. Volveré tan pronto como la encuentre," le dijo Edward, mirando su reloj. "Irá ahí después del trabajo. Lo sé."

Edward no tenía que buscar en Google las casas de retiro en Queens porque sabía exactamente en cuál estaba Charlie Swan. Cuando Bella le había mostrado una imagen de Michael-el-hijo-de-puta, proyectó una imagen tan clara como el cristal del hombre usando su uniforme, con la chapa con su nombre y el nombre de la casa de retiro bordado sobre su corazón. Todo este tiempo, el cerebro de Edward sabía dónde estaba todas las noches, y él lo había ignorado.

Edward no se molestó en registrarse en el mostrador de recepción porque no estaba seguro si había una política de visitas solo de familiares. Sabía por las imágenes de Bella que su padre estaba en la habitación de la esquina del ala este en el primero o posiblemente segundo piso por el ángulo del jardín en sus recuerdos.

A Charlie le gustaba el jardín, y Edward estaba confiado en que lo encontraría sentado en su silla, mirando las plantas por su ventana y esperando la visita de su hija.

Tenía razón.

La placa de identificación en la puerta le dijo a Edward que era la habitación correcta, pero no necesitaba la confirmación porque reconoció al hombre de cabello oscuro de los pensamientos de Bella. Charlie estaba exactamente dónde esperaba que estuviera—sentando, mirando por la ventana—pero en persona, se veía más frágil que en la mente de su hija. Edward comprendió que Bella no había perdido la esperanza de que su padre se recuperara totalmente, aunque él todavía no estaba seguro de los detalles detrás de la estancia de Charlie en una casa de retiro a su edad.

"Señor Swan," dijo Edward con tono gentil. "Soy un amigo de su hija, Bella. Soy Edward Masen."

Los ojos de Charlie pasaron de mirar a la nada a enfocarse ante la mención de Bella. Le sonrió a Edward y le hizo un gesto hacia la silla más cercana.

Edward la acercó a él de manera que quedara frente a Charlie, su espalda hacia la puerta. Ahora que estaba aquí, sentado frente a su padre, sus nervios lo dejaron casi mudo. ¿Qué haría ella cuando lo viera? ¿Se ofendería por meter a su padre en esto? ¿Era demasiado tarde? ¿Había pasado totalmente de él y era por eso que no había regresado al bar después de que él le había escrito explicándole que ya no tenía prohibida la entrada?

Edward también se arrepentía de sus Docs, sus jeans azules desgastados y su camiseta azul rey. Debía haber usado algo mejor para conocer al padre de ella. En realidad no había pensado muy bien su plan.

"¿Conoces a mi preciosa Bella?"

"Sí, señor. La conozco, y estoy orgulloso de ello."

Charlie asintió. "Es una buena chica. Ella es todo lo que tengo," le dijo con una triste expresión de añoranza en su cansado rostro. "Cuida muy bien de mí, pero me preocupa que la he defraudado."

Edward no sabía que decir de eso. Estaba seguro que Bella no sentía que su padre la hubiese defraudado, pero como tampoco sabía los detalles de la situación, se sentía inseguro. Decidió que a Bella no le gustaría que su padre se preocupara, así que habló con eso en mente.

"Señor, ella lo ama más que a nadie en el mundo, y estoy seguro que no cree que la haya defraudado. Ella haría lo que sea por usted."

Edward sabía muy bien lo lejos que Bella estaba a preparada a llegar por el bien de su padre. Proteger a tu familia era algo que él entendía.

"Eso es lo que me preocupa," respondió Charlie. "Ha dejado de vivir su vida por mí, y me preocupa que no tenga a nadie que cuide de ella cuando yo no esté. Va estar completamente sola. Todo el mundo merece a alguien que lo ame, ¿no es así?" Lágrimas se acumularon en sus ojos, y la imagen desgarró a Edward. Bella tenía los ojos de su padre, y desafortunadamente Edward había visto demasiadas veces esos ojos sorprendentemente similares llenos de lágrimas.

El señor Swan se veía frágil para un hombre de su edad, pero Edward no creía que estuviera ni un poco cerca de la muerte. Charlie también era un pensador visual. Bella debía haberlo heredado de él. Edward trató de no ver los recuerdos de un hombre triste de un amor tan grande, que lo dejó destrozado y vacío ahora que ya se había ido.

"Sí, señor, así es."

Edward había vivido la mayor parte de su vida pensando que no se merecía el amor, y repentinamente, un virtual extraño le había dado a su mente el permiso de comenzar a aceptar el concepto. No fue lo que Charlie dijo, sino la convicción en su voz y las imágenes en su mente. Creía en el amor. Había experimentado el amor y quería que su hija sintiera lo mismo. Edward podía ver esto en sus ojos, y pensó en Carlisle en el bar, destrozado por un amor perdido. Se preguntó si estos dos hombres realmente habían encontrado el más grande amor sobre la tierra. Era lo que Carlisle siempre le había dicho.

"Ella no estará sola. Yo me aseguraré de eso," le susurró Edward, sus emociones emergiendo a la superficie por su propio dilema y por la mente de Charlie.

La idea de estar junto a ella por el resto de sus días lo hizo quedarse sin habla por la felicidad reprimida. Estaría honrado si esa hermosa mujer le permitiera caminar a su lado en la vida. Haría todo lo que pudiera por controlar su mente y ser el hombre que necesitaba para poder cuidar de ella. Usaría su habilidad mental para mantenerla a salvo y amarla por el resto de su vida si ella le daba otra oportunidad.

Charlie miró al joven suplicante. "¿Sientes cariño por Bella?"

Edward se tragó sus emociones y deseó que su voz no se quebrara.

"Sí, incluso más de lo que ella cree," admitió, sus ojos llenándose de lágrimas.

"¿Me darías tu promesa que cuidarás de ella? ¿Que la amarás como ella se merece cuando yo no esté?" Charlie empezó a llorar mientras hacía su petición. Su padre temía que Bella estuviera sola y que él fuera la razón de ello. Estaba empezando a recordar su realidad a medida que las citas con los médicos progresaban. Lo entristecía en gran manera, pero se sentía incapaz de hacer algo para ayudarla ya que todavía tenía mucho camino por recorrer—demasiado largo.

Edward extendió su mano y agarró la de Charlie. "Señor, le prometo que la amaré y cuidaré de ella por siempre. Incluso si ella no me quiere, no estará sola."

"Estoy cansado, hijo. Simplemente ya no puedo hacer esto, y quiero estar junto a Renee. Si sé que mi Bella tiene quién la cuide, no me preocuparé," explicó. "Ella es mi todo."

"Ella también es mi todo, señor." Edward sintió que dos lágrimas se deslizaban por su rostro. Bella era su todo. Era la única persona que había aceptado todo de él y le había hecho sentir que valía la pena vivir.

"Una vida sin amor no es vida. Mírame, hijo. Mi vida terminó con mi Renee." Charlie dejó caer su cabeza en sus manos y lloró en silencio. La realidad y los recuerdos significaban dolor para el hombre que se recuperaba. "Solo quiero que todo esto termine. Quiero morir porque mi vida es un infierno."

"Señor, su hija lo adora. Se sentiría herida si cree que ella no fue suficiente…" Edward no pudo continuar. Limpió su rostro—la mezcla de emociones lo abrumaba. Las últimas seis semanas lo había hecho comprender lo que se sentía estar sin la persona que necesitas—lo que se sentía estar completamente indefenso.

De pronto Charlie miró a Edward a los ojos. Edward continuó.

"… que su amor no fue suficiente para mantenerlo aquí con ella. Eso es todo lo que desea—el que usted sea feliz y esté bien y junto a ella," dijo Edward. "También necesita el amor de su padre. Va estar devastada sin usted."

Un movimiento en la puerta captó la atención de Charlie, y cuando se dio cuenta de quién estaba parada ahí escuchando, rompió a llorar violentamente. Edward se giró y su estómago se apretó cuando vio a Bella medio oculta por el marco de la puerta, con lágrimas bajando por sus mejillas. No había escuchado su mente, y eso lo asustó más que nada.

Bella miró a los dos hombres, apresurándose hacia su padre y envolviéndolo en un abrazo. Charlie se aferró a la chaqueta sastre de Bella mientras lloraba por la desesperanza que había introducido en el mundo de ella sin saberlo. Lloró porque había olvidado lo mucho que ella lo amaba y que valía la pena vivir si lograba ver a su hija encontrar su propia felicidad.

Es un buen día...

Papá está aquí…

¿Edward?

Bella se giró de manera que pudiera ver a Edward. Era la última persona que hubiese esperado encontrar sentada con su padre cuando escuchó voces viniendo de su habitación.

Desde que había salido lastimada por la habilidad de Edward hace un mes y medio, Bella estuvo practicando con empeño para silenciar su parloteo mental. Antes y después de cada miércoles por la noche, se culpaba por no poder acudir a su cita, reprendiéndose mentalmente hasta que se sentía denigrada por sí misma. La estaba afectando emocionalmente, y ya de por sí tenía mucho con qué lidiar. Por lo que se propuso cesar la interminable conversación en su cabeza. Era la única forma en la que podía hacer frente a la pérdida de Edward y tener que soportar su situación.

¿Por qué está él aquí?

"Puedo irme," dijo Edward con voz ahogada, sintiendo que de nuevo estaba invadiendo.

"¡No!" Dijo ella, antes de contenerse. "Quiero decir, vete… si es lo que quieres."

Oh Dios…

Tal vez no se supone que lo viera…

Edward odiaba que Bella dudara de sí misma por él.

"No, estoy aquí por ti. Estaba esperándote."

¿Me das un minuto?

Edward asintió y echó su silla hacia atrás para darle a Bella más espacio. Ella meció gentilmente a su padre de un lado al otro y lo calmó cada vez que un sollozo lo sacudía. Después de varios minutos, Charlie se echó hacia atrás y la miró.

"Lo siento tanto, Bells. Te he defraudado," le dijo entre sus lágrimas. "Perdí la esperanza en ti… en mí… en nosotros."

"Nunca podrías defraudarme. Solo me alegra que estés aquí hoy. Me alegra que eres de nuevo," le dijo, tomando su rostro entre sus manos.

Bella fue tan gentil con su padre que hizo que Edward se sintiera una vez más incómodo. Su propia relación con su padre había sido forzada en el mejor de los casos, y ver una relación padre e hija como la de ellos era reconfortante para él. Miró por la ventana para darles algo de privacidad. Sabía que debía dejar la habitación, pero al habérsele permitido volver a entrar en su mente, no podía alejarse de eso incluso si solo era para esperar en el pasillo. Ahora, Edward sabía sin lugar a dudas lo mucho que necesitaba a Bella en su vida, y estar sentado aquí con ella lo hacían sentirse agradecido por la oportunidad. Solo esperaba que ella pudiera perdonarlo de corazón por sus crueles acciones y palabras. Todavía se encogía al recordar por millonésima vez lo que había hecho.

"Te amo tanto," le dijo su padre al agarrarla por la cintura y abrazarla con fuerza.

"Yo también te amo, papá. Más de lo que crees."

Bella volvió a mecer a su padre suavemente. Él estaba más calmado, y ella lo abrazó para asegurarse que estaba bien. La mente de Bella estaba a punto de perder el control por todo lo que había escuchado, y por tener a Edward a solo unos metros de distancia, cuando pensó en lo más obvio.

¿No debería estar en el bar?

¿Qué, por todos los cielos, significa esa camiseta?

Edward hizo una mueca cuando recibió sus imágenes. Ya no estaba acostumbrado a la vívida claridad que le mostraba su mente. Sus recuerdos no le habían hecho justicia, bueno salvo por la imagen de ella sentada sobre la barra dejándose llevar. Esa imagen estaba tatuada detrás de sus párpados. Jamás nada eclipsaría ese primer encuentro.

Mirándola, él se sonrojó por pensar en ella de esa forma y por su elección de camiseta. Ahora que estaba de pie frente a él, se dio cuenta que Jasper tenía razón. Era patético. Había sido patético por semanas sin ella, pero ahora no importaba. Todo lo que importaba era lo que iba a pasar después.

Se está sonrojando…

Ahora realmente quiero saber.

Se quedaron con Charlie por otra hora mientras comía su cena. Bella pasaba la mayoría de las noches entre semana a su lado durante la cena porque en los días malos era necesario que lo alimentara. Después de vaciar su bandeja, la enfermera nocturna vino a asistirlo con la faena del baño. Charlie nunca permitiría que su hija le ayudara en el baño. Decía que quería algo de dignidad, así que incluso en los días que no estaba muy consciente, Bella siempre dejaba la habitación por media hora o algo así para darle privacidad.

Bella llevó a Edward a la pequeña sala familiar cerca de la máquina expendedora de café. Los miembros de familia podían sentarse ahí o visitarla con los residentes para un cambio de escenario. Cuando Edward se sentó a su lado en el desgastado sofá de dos plazas, se sentía dividido entre tocar a Bella y ver sus pensamientos. Estaba desesperado por sostener su mano si ella se lo permitía, pero eso significaba quedarse fuera, y pensó que realmente necesitaba saber cómo se sentía ella honestamente sobre su repentina aparición.

¿Por dónde comenzamos?

Pensé que nunca lo volvería a ver…

Y Charlie…

"Esto no es justo, ¿sabes?" Dijo ella. "No sé nada de lo que estás pensando."

Edward le tendió su mano con su palma hacia arriba. La decisión fue tomada por ella.

"Gracias," le dijo, colocando su mano en la suya.

Edward no perdió tiempo en entrelazar sus dedos con los de ella. Levantó su mano y plantó un suave beso en el dorso. Aprovecharía esto al máximo mientras durara. Podría ser el último beso que le diera.

"Bella, lo siento me parece una frase tan patética para compensarte por lo que te he hecho. Si pudiera darte entrada en mi mente, lo haría. Quiero que veas por ti misma lo verdaderamente arrepentido que estoy y lo mucho que deseo que regreses."

Sus palabras se quedaron en el aire entre ellos. Por un momento, él se vio tentado a soltarla, pero se aferró a su mano como si fuera su única salvación.

"Yo también lo siento."

Edward la miró con incredulidad y luego alrededor de la pequeña e insulsa habitación antes de hablar de nuevo. Había reproducido esa conversación en su mente tantas veces que solo necesitaba el valor para decirlo realmente.

"No tienes nada de que disculparte. Todo fue por mí," le dijo.

"No, te llamé un fenómeno, y eso siempre lo lamentaré. No eres un fenómeno, Edward," le dijo un poco más fuerte que un susurro.

Edward podía escuchar la emoción en su voz. No quería que se sintiera mal por él, no de nuevo.

"No, Bella. Tenías razón. Soy un fenómeno. Te mantuve alejada pero esperaba que confiaras en mí. Eso no fue correcto. Me hiciste sentir cosas que nunca esperé sentir, y me moría de miedo. Como resultado, entré en pánico y te alejé. Lo siento tanto."

Bella iba a hablar, pero Edward continuó, "Bella, necesito decirte algo. Tienes que saberlo para que entiendas por qué soy tan… por qué soy… como soy. Necesitas saberlo porque si al escucharlo deseas que me mantenga lejos de ti, lo haré." Edward sintió como si ya hubiese usado todo el oxígeno que había fluido en sus pulmones cuando ella no lo corrió de la habitación de su padre. "No quiero ponerte en peligro nunca—jamás."

Bella asintió. Él se levantó, cerró la puerta y regresó a su lado, tomando su mano en la suya una vez más.

"Bella, la razón por la que Alice y yo estábamos tan paranoicos esa noche cuando vino la gente de la televisión fue porque no queremos que nos encuentren. Nos mudamos aquí hace seis años, y nos habíamos mudado varias veces antes de esa."

"Pero, ¿por qué?"

"¿Recuerdas que te conté sobre los experimentos para 'curarnos'? Bueno, un médico que quería expandir nuestras habilidades contactó al gobierno sobre nosotros," dijo con voz calmada.

"¿Al gobierno?"

"No sé quiénes eran, pero era alguna agencia o departamento secreto. CIA, FBI, podrían haber sido de la KGB por lo que sé, los bastardos esos." La voz de Edward cambió en un instante. Era dura, y Bella apretó sus dedos entre los suyos.

"Un día estaba haciendo experimentos, probándonos, y dos hombres entraron al laboratorio. Estaba vestidos con trajes negros. Joder, lucían como si hubiesen salido directamente de Hombres de Negro, con gafas y todo. Nunca se las quitaron. Ni una sola vez vi sus ojos," dijo con una risa fría.

"Empezaron a interrogarnos como si fuéramos unos putos criminales tratando de robar los secretos del país. De cualquier modo, pude leer a uno parcialmente y descubrí que querían usarnos. Nos querían para algún tipo de loca arma secreta para espionaje y esas mierdas."

"Oh Dios mío, eras solo un niño."

"Sí, al parecer esa mierda no pasa solamente en las películas. En el momento que lo descifré, me negué a cooperar y empecé a fallar en los experimentos a propósito. Alice también se percató de su decisión de movernos a un lugar protegido en un búnker en el maldito desierto una vez que estuvieran seguros que podíamos hacer lo que querían."

"Edward, lo siento tanto."

"Eso no es ni la mitad. Ellos…" Tragó, y Bella pensó que se veía pálido, pero la luz fluorescente nunca te hacía ver bien. "… comenzaron a… mierda… nunca le había contado a nadie además de mi madre. Maldición."

Bella soltó su mano pero la agarró con la otra. Usó su mano más cercana a Edward para acariciar su cabello en la base de su cuello. Podía ver que estaba empezando a entrar en pánico.

"Se enojaron y empezaron a usar formas para obligarme a hacerlo bien."

Bella estaba confundida. "¿Formas?"

"Joder, no hay una buena manera de decirlo. Bella, ellos torturaron a Alice. La conectaron a electrodos, y cada vez que equivocaba una imagen mental, la electrocutaban."

Bella jadeó horrorizada.

"Luego nos dejaron en una habitación rodeada de putos espejos, y estoy seguro que tenía micrófonos. Tuvimos que hacer un plan sin que lo supieran. Alice me dijo—en su mente- que continuara fallando, a pesar de lo que le estaban haciendo a ella porque no quería estar encerrada para siempre y verse forzada a trabajar para esta maldita agencia que ni siquiera existía. Dijo que prefería que nos mataran a que nos usaran durante toda nuestra vida."

Edward se detuvo por un momento y se hizo un ovillo, descansando su frente sobre sus manos unidas en su regazo. Su respiración era trabajosa, pero pronto se calmó un poco. Una delgada capa de sudor cubría su frente. Continuó hablando hacia su regazo.

"Así que, eso fue lo que hice. Me equivoqué en todas, y por dos días, me hicieron pagar con creces. Viéndolos lastimarla cuando yo tenía el puto poder de hacer que parara… me siento asqueado tan solo de recordarlo. Alice trató de ser valiente por mí. Lo soportó una y otra vez y entonces fue demasiado, y ella gritó con todas sus fuerzas todo mientras yo tenía que quedarme sentado, viendo. Lloré como un bebé, y no era yo el que se retorcía de dolor."

"¿Cuántos años tenías?"

"Doce. Alice tenía quince."

Bella estiró sus manos y puso a Edward entre sus brazos. La idea de adultos lastimando a dos niños inocentes porque tenían dones hizo que una llama incandescente se encendiera dentro de ella. Había sido revelado mucho del misterio detrás de este hombre. No le importaba lo que le había dicho o hecho en el pasado. Podía perdonarlo porque solo la lastimó para protegerse a sí mismo y a Alice del mal que a Bella se le hacía difícil comprender. Lo hizo por su familia, y Bella comprendía lo que una persona estaría dispuesta a hacer por su familia mejor que nadie. Por eso, nunca lo juzgaría. No significaba que lo que le hizo no le doliera, pero entendía el porqué.

Edward se aferró a Bella, sus manos acariciando su largo cabello mientras intentaba borrar los dolorosos recuerdos de sus pensamientos. En este momento, estaba abrumado por estar de nuevo en sus brazos, pero necesitaba desesperadamente estar dentro de su cabeza. Solo sus ilustraciones mentales de remplazo lo harían olvidar las horrorosas imágenes que recordó al contarle—escenas de brutalidad humana que quería borrar para siempre.

"No eres un fenómeno," le dijo al oído. "Lo que ellos hicieron está mal. Gracias por contármelo, pero no me estás poniendo en peligro."

Edward se echó hacia atrás para mirarla a los ojos. "Bella, si alguna vez nos encuentran de nuevo… Mis padres fueron a recogernos. Creo que ellos les dijeron que era algún tipo de clínica especial dónde teníamos que quedarnos y ser monitoreados por varios días. Como sea, con el tiempo mi mamá quiso vernos. Le pedimos que nos llevara a casa para descansar, y aunque no les gustó a los Hombres de Negro, una vez que mamá dijo que nos quería en casa, no pudieron hacer nada sin levantar sospechas. Nos fuimos de inmediato. Alice tenía marcas de quemaduras por los electrodos, y eso fue lo que convenció a mis padres. Nos mudamos a mitad de la noche incluso cuando teníamos citas para regresar al laboratorio. Nos mudamos cuatro o cinco veces más. Nueva York ha sido el lugar en el que me he quedado más tiempo desde que tenía doce años."

"No voy a dejarte," le dijo, recargándose en el sofá para mirarlo.

"Bella, le prometí a tu papá que te mantendría a salvo, pero no sé si realmente pueda hacer eso."

"Por supuesto que puedes. Solo me tienes que dejar entrar, y eso es exactamente lo que estás haciendo. Voy a cuidar de ti, y tú cuidarás de mí." Ella le sonrió.

"¿No te estás preparando para huir gritando de mí?"

"Ni un poco," le dijo con otra sonrisa, pero su expresión se volvió seria. "Edward, me he sentido miserable sin ti. Pensaba en ti casi todos los días. Sé que no estuvimos juntos mucho tiempo, pero nadie me ha hecho sentir de la forma en que tú lo hiciste."

"Espero que siga siendo así."

La pareja se quedó mirando el uno al otro por un rato antes de que a Bella le ganara la curiosidad. La conversación previa había sido tan intensa que quería cambiar el estado de ánimo. No podía hacer el millón de preguntas que necesitaban respuestas aquí en una estéril sala de espera pública. Una vez más, se quedó anonadada por su sobrecarga emocional. Cada vez que pensaba que había alcanzado su límite, algo nuevo sucedía y rompía las compuertas de su tumultuosa represa. Bella necesitaba aligerar el ambiente.

"Edward, ¿quién es Bella La Ghostly? Me suena familiar."

Edward se sonrojó otra vez. Era algo que Bella no estaba acostumbrada a ver. "¿Alguna vez viste Mis queridos monstruos?"

Los ojos de Bella se iluminaron. "Oh Dios mío, me había olvidado de ese programa. Me encantaba. Wolfie era tan gracioso, pero Boneapart siempre fue mi favorito."

Una vez más, Edward se sentía dividido entre ver los recuerdos de su infancia de uno de sus programas favoritos o sostener su mano. Su necesidad de sentir la suave piel de sus manos ganó, y continúo sosteniéndolas entre las suyas.

Bella vio las letras rojo sangre a través de su pecho. "Pero, ¿por qué ella? ¿Era tu favorita?"

"Um, no exactamente," le dijo con una sonrisa tímida. "No esperaba verte hoy. Solo se me ocurrió dónde podía encontrarte por J después de que abrimos. Una vez que supe dónde estabas, no podía quedarme lejos. He intentado contactarte desde… bueno, Em y Rose no me ayudaron, y nunca conseguí tu teléfono."

"Eso no explica la camiseta," le dijo, todavía con curiosidad. No quería pensar en que nunca le pidió su teléfono; el hecho de que acababa de admitir que la estuviese buscando, combinando con las palabras que le alcanzó a escuchar decir a su padre, estaba haciendo que sus sentimientos resurgieran. La esperanza creció dentro de su pecho.

Edward sonrió y sacudió su cabeza. Ahora que las compuertas se abrieron, al parecer no había nada que no le diría si preguntaba.

"La elegí porque su nombre era Bella. Te extrañaba tanto que solo quería sentir como si estuvieras cerca. Jazz dice que es patético. Pero, solo quería sentirte…"

Bella besó a Edward con intensidad. Su boca se estrelló contra la suya y lo tomó por sorpresa porque no la vio pensando en ello. Él soltó en seguida sus manos y la acercó a él. Su lengua se deslizó dentro de su boca, y los dos gimieron por la reunión.

Bella necesitaba ese beso. Había estado ansiosa al estar tan cerca de Edward. Cuando sus lenguas se encontraron una vez más, sintió su corazón detenerse y latir de nuevo a un ritmo perfecto con el suyo—nada había cambiado entre ellos. Besar a Edward era como encontrarse a sí misma—Bella podía ser ella misma cuando su boca estaba pegada a la suya. El mundo desaparecía, y sus preocupaciones dejaban de existir. Todo lo que estaba presente era el delicioso hombre que su boca exploraba y probaba.

Bella había extrañado la sensación de estar viva que únicamente le daba Edward. Incapaz de controlarse, subió a su regazo. Era difícil con su estúpida falda de trabajo, pero no le importó. Rodeó su cabeza con sus brazos y lo besó largo y profundamente. Esperaba que su cuerpo le expresara cómo se sentía sobre su elección de camiseta. Finalmente, recordando dónde estaban, Bella se apartó. Vio como Edward abrió lentamente sus ojos, y la sonrisa más linda que jamás había visto adornó sus labios hinchados.

"Dios, eres precioso," le dijo con un suspiro.

Él se echó a reír. "Entonces, ¿te gustó la camiseta?" Le dijo, levantándole una ceja.

"Me encantó. La mejor camiseta del mundo. Vamos, creo que papá ya ha de estar en la cama, y podemos despedirnos."

Edward estacionó el Jeep detrás del edificio, pero en lugar de llevar a Bella a través del bar, la llevó arriba. Una vez dentro de su departamento, Edward abrió el refrigerador y sacó contenedores de sobras de comida.

"Come," le dijo, dándole un plato. "Estás demasiado delgada."

Bella no se había sentido hambrienta en meses. Perdió peso y estaba sorprendida de que Edward siquiera lo hubiese notado. Ya estaba cuidando de ella, e hizo que sintiera sus entrañas como malvavisco. Tenía la forma más extraña de hacerla sentir especial—compartiendo su propia cerveza, con mensajes en camisetas, alimentándola. Ninguno de estos gestos eran tradicionalmente románticos o exagerados, pero significaban más para Bella porque eran genuinos, y cuando él los hacía, era obvio por qué se estaba enamorando de un tipo que apenas conocía. Se atrevió a pensar que tal vez también sintiera algo por ella.

"Cuando termines, baja al bar. Tengo que volver. Jazz va a darme una paliza de por sí." Edward se acercó y solo besó su frente, pero ella lo sintió en sus dedos.

Bajó volando las escaleras, dejando a Bella sola en su departamento. No podía creer lo abierto que había sido con ella esta noche. Había ido a buscarla, le había contado su horrible pasado y la dejó en su hogar. Respetando la privacidad de Edward, se contuvo de mirar alrededor, aunque estaba desesperada de atacar sus pilas de libros. Comió rápidamente y se le unió en el concurrido bar.

Jasper se veía hecho polvo, y la barra estaba cubierta de clientes sedientos esperando—más de los que deberían haber sido considerando el número total de gente que había ahí. Cuando Bella apareció, salió por detrás de la barra y esperó su turno para ser atendida.

Desearía poder ayudar.

Siento como si fuera mi culpa el que esto sea una locura.

Podía ver a Edward entre la gente esperando frente a ella, y le sonrió cuando vio su mensaje para él. Verlo tan feliz y al estar de vuelta aquí con él hizo que su corazón latiera con fuerza en su pecho.

Dios, había echado de menos esto…

Me alegra tanto que me hayas encontrado…

Bella vio a Edward atender al joven travesti. Su cabello y maquillaje mejoraba cada vez más. De hecho, se veía algo bonita esta noche. Bella olvidó por un momento que Edward podía escucharla y solo lo recordó cuando soltó una carcajada y miró ligeramente en su dirección.

¡Ups!...

Bueno, casi se ve bonita esta noche.

Lo vio tener una animada conversación con el joven… la joven… lo que sea y señaló en dirección a Bella de nuevo. Edward se movió hacia la siguiente persona mientras la multitud se tragaba a Dame Edna (1). No mucho después, Bella sintió unos golpecitos sobre su hombro y se giró para ver al mismo mujer-hombre pasándole un banco entre la multitud.

Mierda, me gustaría saber cómo referirme a él… ella.

Hazlo, maldición.

"Toma, Bella me dijo que te diera esto." Le dijo, señalando a Edward. El nombre la confundió por un momento porque se preguntó cómo sabía el chico su nombre, hasta que se dio cuenta que se refería al nombre de bar de Edward.

Mierda… eso es extrañamente… caliente.

"Oh, gracias," le dijo, sonriendo, pero el joven no se quedó. Deseó poder recordar su nombre, pero la tarde en la que había sido echado del bar, Bella tenía otras cosas en mente.

Bella se sentó y esperó, locamente feliz de estar ahí, y de que Edward y ella fueran amigos otra vez.

Les tomó a los bármanes cerca de una hora el tener las cosas bajo control una vez más. Edward colocó una coca grande de cereza frente a ella y limpió su frente. Se había estado moviendo a tal ritmo que había comenzado a sudar. Bella podía ver las partes oscuras de su camiseta, delineando los músculos definidos de su pecho.

Edward sudoroso…

Edward y yo sudorosos… oh sí…

Joder…

Los ojos de Edward se estrecharon, se lamió lentamente el labio inferior.

Labios Dulces…

Besando… lamiendo… chupando…

Tomando un largo trago de su bebida helada, Bella trató de comportarse.

"Llamarte Bella es muy extraño para mí," le dijo, sonriéndole desde el banco junto a la barra.

"Bueno, la próxima vez que use esta, te conseguiré una camiseta de monstruo. Puedes usar el vampiro con mi nombre," le dijo, guiñándole un ojo mientras ella reía. Bella encontró divertido que él hubiese encontrado personajes de vampiros de los sesenta y setenta que compartían sus nombres.

"Solo si tiene una foto en blanco y negro del pequeño Eddie al frente," le dijo en broma.

Dios, te extrañé.

"Yo te extrañé más, Muñeca," le dijo, antes de inclinarse sobre la barra y besarla suavemente en la boca. Sabía a coca de cereza. Sabía a Bella. Edward sintió que tenía muchos besos que darle para compensar el tiempo perdido, y le encantaba que siempre que besaba a Bella, su mente saltaba en seguida al siguiente paso. Le emocionaba ver que lo deseaba, y cada vez, lo dejaba acomodándose discretamente detrás de la barra.

"No olvides eso," le dijo con un guiño descarado y su favorita sonrisa engreída. "Lo convertiré en una realidad cuando termine aquí por la noche."

No habían hablado de que Bella se quedara, pero Edward no quería que se fuera. Todavía no podía creer que estaba aquí con él, pero una voz dentro de su cabeza le decía que recuperaría el sentido si se iba a su casa y pensaba en todo esto. Recordaría el dolor que le había hecho pasar y le diría que se perdiera. Edward no quería tomar ese riesgo. Todavía había mucho que necesitaba decirle. Necesitaba que se quedara esta noche, y tampoco era sobre sexo. Solo quería que estuviera con él, que se quedaran dormidos y despertaran juntos. El sexo sería un extra, pero no era todo lo que quería de ella esta vez, y necesitaba que ella lo entendiera.

Las palabras de Edward hicieron que Bella imaginara su cama grande y arreglada.

"¿Por qué no vas a dormir un poco?" Le dijo, señalando con sus ojos arriba de él. "Ponte cómoda. Mis camisetas están en el segundo cajón. No tardaré mucho."

Edward cruzó los dedos detrás de su espalda, deseando que accediera a su idea. Nunca una mujer lo había hecho sentir tan nervioso, y podía decirse que le gustaba.

La mente de Bella la proyectó dormida acurrucada a su lado en la cama. Este era otro sencillo gesto de Edward. Le estaba ofreciendo su cama para dormir en lugar de tratar de seducirla, y sin embargo, derritió sus bragas de todas formas.

Le sonrió y asintió. "Eso me gustaría."

Edward esperó hasta que desapareció por la cocina antes de lanzar un puño al aire. Luego cargó a un desprevenido Drac por detrás en celebración, para solo bajarlo cuando lo golpeó repetidamente en la cabeza. Estaba tan feliz, y quería que el mundo lo viera.

Una chica hermosa estaba subiendo a su cama en este momento, y no solo era una chica—era su chica.


(1) Dame Edna Everage es un personaje creado e interpretado por el comediante australiano Barry Humphries , famoso por su cabello de color lila "Tonalidad glicinia" y gafas de ojos de gato, su flor favorita, el gladiolo y su saludo ruidosa: "Hola, zarigüeyas!"


¡Awwww me derrito! Sé que algunas de ustedes van a ser duras de convencer, pero les diré que esté capi fue el que hizo que perdonara a Edward, no sé si soy muy blandita, pero el saber de todo lo que sufrió de niño me hizo comprender por qué se resistía tanto a dejar entrar a Bella y considerando lo fácil que pudo lastimarla con su don, me pareció convincente el que pensara que era mejor alejarla de él. Que fue una locura, bueno, sí, pero tenía razones que para él eran válidas. ¿Ustedes que piensan? Como siempre, me encantaría saber su opinión, y hacia dónde creen ustedes que se dirigen estos dos. Disculpen que no subí hasta ahorita, pero aparte de que no pude terminarlo rápido porque no he tenido mucho tiempo, mi querida Beta padece de un caso extremo de husby en casa :P En fin, llegó y espero que lo hayan disfrutado.

Gracias a quienes dejaron su review en el capi anterior: PRISGPE, Shikara65, Hanna D.L, Rosibel, YessyVL13, Antonia, Manligrez, Kdaniela, Gabriela Cullen, AndreCullen, Lunita Black27, Diablillo07, Patts Tovar, patymdn, JeniZuluCullenM, Wawis Cullen, Krom, freedom2604, adyperales, angelabarmtz, rosycanul, Roxy Sanchez, Yoliki, soledadcullen, PEYCI CULLEN, Sully YM, Merce, Kath's cats, SummerLove20, Tsuruga Lia1412, paosierra, shamyx, injoa, Adriu, Jade HSos, labluegirl94, xelatwi, Tata XOXO, ginnicullenswan, Pily, lizdayanna, AriiPattinson, Dess Cullen, LicetSalvatore, FerHerrera, Bertlin, Mony Grey, lagie, Lady Engel, Pam Malfoy Black, verdejade469, Charlie Bronte, bbluelilas, Jazmin Li, glow0718, Ericastelo, Mafer, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo capítulo.