Y como esto no puede faltar: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la autora de esta genial historia es FoxxyJ, yo solo la traduzco.

Y me acompaña de nuevo mi querida Beta y amiga Erica Castelo, gracias por tu ayuda y apoyo con las traducciones. ¡Eres la mejor!


NOTA DE TRADUCTORA: Por favor, lean esto antes de empezar a leer. Como no soy traductora profesional no me siento cómoda cambiando totalmente un juego de palabras para hacerlo gracioso en español como lo es en inglés, así que lo dejé tal cual con esta pequeña explicación. En este capítulo se usa un juego de palabras con la palabra "pussy" que en español se traduce, "gato/gatito" "coño" "marica o cobarde". Tomen esto en cuenta al llegar al final de este capítulo y el próximo. Aunque les haré saber cuando se use la palabra ;)


Alicia en el País de las Maravillas: 1951 La que tengo en mente es la película original de dibujos animados, no la versión reciente de J. Depp. Youtube: (Original de 1951) Tráiler de Alicia en el País de las Maravillas.

***Solo para aclarar… B no estaba enojada con E después de su mensaje de los cazarrecompensas. Ella ya se sentía como una puta y de hecho, estuvo de acuerdo con él. Se sintió muy lastimada pero no pensó que se hubiese extralimitado con su comentario***


Capítulo 12 – Alicia en el País de las Maravillas

Edward nunca antes estuvo ansioso por cerrar las puertas del bar porque nunca había dicho que no a un cliente comprando otra ronda de bebidas. En su línea de trabajo, cada bebida contaba, pero esta noche, quería que se fueran—y ahora. Casi se sentía como un hiperactivo perro pastor acechando a los perdidos y empujándolos hacia la puerta. Hizo de todo excepto morder sus tobillos para hacer que se fueran.

A pesar de los mejores esfuerzos de Edward por cerrar temprano, los borrachos no se iban, y Jasper tampoco estaba ayudando. De hecho, estaba provocando a Edward de todas las formas posibles. Seguía eligiendo canciones en la rocola que harían que la gente quisiera bailar—su rutina acostumbrada para cerrar era tocar canciones que no eran precisamente populares para que empezaran a irse a casa—pero esta noche no. Esta era una venganza, y en cuanto a venganza se refería, Edward no podía quejarse en realidad. Él hubiera matado a Jasper si lo hubiese dejado a esas horas un jueves por la tarde y no regresara por horas, así que se dio por vencido en cerrar temprano y trató de no pensar en la bella durmiente que lo esperaba arriba.

Cuando el último cliente al fin salió tropezándose por la puerta, Edward subió lentamente a su oscuro departamento. El corazón latiendo con fuerza en su pecho porque no podía esperar a posar sus ojos en Bella dormida en su cama. Las luces de la ciudad le dieron suficiente luz por los grandes ventanales para verla claramente. Estaba dormida sobre su estómago y las relucientes letras rojas de las palabras "Labios Dulces" brillaban con la luz de la lámpara a través de sus pequeños hombros. Su corazón revoloteó en su pecho al verla, y sonrió para sí mismo porque hubiera escogido esa de todas sus locas camisetas.

Edward entró al baño para una ducha rápida. Había sido un gran día, y necesitaba deshacerse de su erección si quería tener la oportunidad dormir algo. Después de tomar el asunto en sus manos y quitar de su piel el olor del bar, lavó sus dientes. Sacó un cepillo extra debajo del lavabo y agarrando un post-it (1) dejó un mensaje para Bella. Tal vez se levantara antes que él, ya que su cuerpo estaba acostumbrado a dormir mucho después del amanecer. Caminando desnudo por su sala de vuelta a su cama, Edward consideró su vestimenta para dormir. Por lo general dormía desnudo pero no creía que fuera correcto después de todo lo que habían pasado.

De mala gana, sacó un bóxer. Su paja en la ducha al parecer no sirvió de nada, porque el solo pensar en meterse en la cama junto a ella le había dado una semi. Estaba loco por su bella durmiente pero ya había decidido antes que no la despertaría a las dos de la mañana por sexo. Se controlaría y le permitiría que ella diera el primer paso físicamente. Ni siquiera estaba seguro si todavía lo desearía de esa forma después de todo lo que le había dicho y hecho. Sacudió su cabeza a lo malditamente estúpido que había sido y la puta suerte que tenía de que ella estuviera aquí ahora. De verdad era demasiado buena para ser real, y un bastardo egoísta como él ciertamente no se la merecía.

Al bajar el edredón y meterse a la cama junto a ella, recibió dos imágenes en tecnicolor por un breve segundo. La primera imagen era una cubeta gigante de burbujas, como espuma de jabón, pero la cubeta era, probablemente, lo bastante grande que Bella cabría dentro. La segunda imagen fue un enorme camello color marrón chocolate con ojos soñadores y grandes pestañas parado en el sol, rumeando perezosamente. Bella estaba soñando, y una sonrisa se extendió en el rostro de él al ver la locura que era su tentadora mente. Hizo una nota mental para preguntarle por la mañana cuando fue la última vez que bañó a camello.

Edward se sentía incómodo en este lado de la cama. Por lo general dormía en el derecho, pero Bella estaba acurrucada ahí. Se rodó sobre su costado de espaldas a él, y otra imagen nítida lo asaltó. Esta vez, fue un brillante tigre con rayas anaranjadas y negras saltando a través de un aro de fuego, y cuando la imagen desapareció, fue remplazada con un montón de resplandecientes globos metálicos de helio. Nunca antes había visto a alguien soñar, y lo hizo reír que la primera vez que ocurría, fuera una noche en el circo. Necesitando dormir, porque el agotamiento mental de las últimas seis semanas se le estaba filtrando por cada poro, curveó su cuerpo alrededor de ella, abrazándola con fuerza. La decisión de tocarla o no la tomó al ver su vivido sueño. Mientras Edward se acurrucaba, ella suspiró, y fue el último sonido que escuchó antes de que el sueño lo reclamara.

Edward despertó tan sobresaltado que casi se cae de la cama. Parpadeando repetidamente, miró alrededor, confundido, hasta que sus ojos se enfocaron en una visión junto a él. Bella estaba tendida de costado con su cabeza descansando en su mano, su codo en la almohada. Le estaba sonriendo.

Edward comprendió que se había despertado por los pensamientos de Bella. Había visto una imagen de sí mismo dormido en la cama, pero lo asustó porque fue como una experiencia extracorporal. Se veía así mismo desde el ángulo de ella, y confundió a su cerebro adormecido. Había pasado gran parte de su vida mirando por encima de su hombro y el verse a sí mismo desde los ojos de otro lo hizo preocuparse de que alguien lo estuviera observando. Alguien lo estaba observando, pero esa persona podía observarlo tanto como quisiera—particularmente desde su cama.

"¿Estás bien? ¿Te desperté?" Dijo con voz baja.

Su pánico desapareció cuando abrió sus brazos y la puso en el recoveco de su hombro.

"Mmmm… estoy mejor ahora," murmuró. "Voy a tener que acostumbrarme a eso."

"¿Qué?"

"Tus pensamientos me despertaron. Fue un poco extraño por un momento," le dijo. Sus ojos se cerraron de nuevo ya que quería dormir un poco más.

"Lo siento. Gracias por el cepillo de dientes," le dijo ella.

"Mmm…" Murmuró.

Bella lo miró para checar si estaba dormido otra vez.

"Tengo que ir al trabajo," le informó.

Su declaración recibió una respuesta instantánea. Sus ojos se abrieron de golpe al mismo tiempo que se rodaba hacia ella, encerrándola en un fuerte abrazo debajo de él.

"Eres mi prisionera. No vas a ir a ningún lado," le dijo en su cuello. Edward no quería entrar en pánico, pero seguía preocupado pensando que si ella salía por su puerta, no regresaría.

"Edward."

"Bella."

"No, hablo en serio," le dijo, tratando de quitárselo de encima.

Edward había envuelto todo su cuerpo alrededor del de ella, y cerró sus ojos mientras se acurrucaba, poniéndose cómodo en su cama de Bella.

"Te sientes caliente. Creo que tienes fiebre. Quédate en casa," le dijo al oído. "Dormiremos, más tarde le llevaremos a Charlie su almuerzo favorito, e incluso tal vez encontremos un par de cosas más qué hacer…"

Edward no pudo resistirse. Al estar acurrucado en su cuello, su aroma lo abrumó. Ella era deliciosa. Sabía que era realmente un bastardo egoísta cuando no podía resistirse a ella, pero sentía que estos eran los preciosos momentos finales y si no se aferraba a ellos, se escurrirían entre sus dedos. Sus labios se prendieron de la delicada piel donde su cuello se unía al hombro.

Bella estaba agradecida de que no pudiera ver hacia dónde se había ido su mente al instante, pero sabía que sentía su cuerpo estremecerse en reacción a sus labios. El deseo de su cuerpo por Edward no se había desvanecido durante su tiempo de separación.

"Ohh…"

"Mmmm…" Dijo él mientras continuaba probando su dulce carne.

La mano de Edward se deslizó por debajo de su camiseta y pasó rozando ligeramente su vientre desnudo. Estaba desesperado por pasar el día con ella y estaba dispuesto a hacer trampa para convencerla de informar que estaba enferma. Haría lo que fuera necesario para mantenerla a su lado hasta que hablaran todo lo que tenían que hablar juntos.

Al sentir que su entrepierna había despertado también, trató de mantener sus caderas alejadas. Ella gimió con fuerza, alentándolo. Edward abandonó su carne desnuda, abrió sus piernas con su rodilla y empezó a masajear la suave carne entre sus piernas sobre su ropa interior. Quería hacerla sentir bien, y esta era una forma en la que él sabía que podía. El cuerpo de Bella respondía a él como a ningún otro, y él sabía por su mente que su atención física le permitía ser ella misma. Olvidaba todas las reglas sociales y normas morales y podía simplemente ser ella misma. También sabía que era más feliz cuando estaba siendo ella misma, y él quería hacerla feliz.

"Quédate," le canturreó.

"Solo si no te detienes," ella respondió.

Los planes de Edward de dormir más quedaron en el olvido ante su invitación. Sus ojos se abrieron de golpe, y se apoyó en un codo para mirarla mientras sus dedos continuaban sus atenciones en la parte baja de su cuerpo.

"¿Estás segura?" Nunca, ni en un millón de años se esperaba él eso. De hecho, había estado esperando que lo empujara para que se quitara de encima, que chillara y le gritara como sabía que se merecía. Se preguntó qué estaba pensando ella en ese momento. Se preguntó si todavía sentía que no se lo merecía a él y también estaba tomando lo que podía en estos últimos momentos.

"Sí," susurró ella.

Bella agarró la parte de atrás de su cabeza y acercó sus labios a los suyos. Ella sabía a menta fuerte y fresca cuando la lengua de él encontró la suya. Si lo deseaba, entonces él no se resistiría.

Edward podría besar a Bella hasta que el tiempo se detuviera. Amaba su boca. Provocaba que sus pensamientos de arreglar las cosas entre ellos se desvanecieran por el momento. Se movió sobre ella y colocó sus caderas entre sus piernas para poder aplicar más presión dónde los dos la necesitaban.

Empujar…

Restregar…

Mordisquear…

Chupar…

Bella estaba hambrienta de los devastadores orgasmos que solo Edward le daba. Había pasado tanto tiempo desde que se sintió bien consigo misma que ansiaba el éxtasis que él podía darle. Ella enganchó sus dedos en el elástico de su bóxer y tiró. Sus movimientos no tuvieron mucho efecto, pero Edward recibió el mensaje. Sentándose entre sus piernas abiertas, él agarró la orilla de la ropa interior de ella y se la quitó. Deshaciéndose de la suya, vio a Bella quitándose su camiseta.

Edward se puso a gatas y volvió a subir sobre ella, sin hacer contacto a propósito mientras su cuerpo se cernía tentadoramente sobre el suyo. Lamió lentamente su labio inferior, y Bella entendió en seguida.

Mirándolo a los ojos, imaginó claramente lo que quería de él. El único problema fue que no pudo concentrarse en una sola cosa que quisiera. Lo quería por todas partes, al mismo tiempo, mientras imágenes de varias posiciones destellaban en su mente en rápida sucesión.

Edward se sentó sobre sus talones y se rio con fuerza, su polla orgullosamente erguida contra los planos de su firme abdomen.

"Nena, sé que soy bueno, pero no así de bueno." Bromeó. "Tienes que elegir una."

Viéndolo ahí arrodillado con su prominente y orgullosa erección, apoyado en sus musculosos muslos le dio una idea, y se la mostró.

"Oh, joder. Sí, nena. Ven aquí," gruñó.

Bella se sentó mientras Edward se acariciaba a sí mismo un par de veces. Ella subió a su regazo y gimió con fuerza cuando sintió su polla llenarla, estirándola satisfactoriamente. Con estos dos no había espera. La habilidad de él y la pervertida mente de ella eran todo el juego previo que necesitaban.

"Oh, Dios. Te sientes perfecto," jadeó ella, rodeando su cuello con sus brazos con fuerza mientras enterraba su rostro en su cuello.

Su pecho estaba pegado con el de Edward, y la sensación de su duro cuerpo mientras ella pegaba sus senos contra él los tenía a ambos gimiendo.

Edward empujó sus caderas hacia arriba, penetrándola. Tan cerca como estaban, Bella quería más, y entrelazó sus tobillos detrás de él, permitiendo que su polla entrara de nuevo más profundo.

Edward la aseguró a él con sus brazos rodeando su espalda e incrementó la velocidad de sus estocadas. Sus labios se prendieron a ese sitio donde la había probado antes cuando el deseo de marcar su piel de porcelana se apoderó de él mientras perseguían sus orgasmos juntos.

"Mierda, no voy a durar," dijo él, cerrando sus ojos con fuerza en un intento de esperar por ella. No podía mirar su espléndida figura si quería controlarse. "Maldita sea."

Cada vez que Edward y Bella habían estado juntos, él perdía el control por completo. Su cuerpo lo anulaba cada vez. O tal vez era su completa aceptación de quién era él y que a pesar de eso lo deseara.

Bella estaba cerca e inclinó sus caderas hacia delante para incrementar la fricción contra su clítoris mientras sus cuerpos se mecían juntos.

"Ya casi," dijo con un suspiro.

Edward se enderezó sobre sus talones, permitiendo que el peso del cuerpo de Bella ayudara a llevarla a la cima.

"¡Oh, sí! Bésame," demandó ella cuando la intensidad dentro de su cuerpo se disparaba hasta los cielos.

Cuando la lengua de Edward encontró la suya, el cuerpo de Bella se tensó por un momento mientras las ondas de choque de su orgasmo comenzaban. Edward sintió sus músculos tensarse y empujó dentro de ella con fuerza mientras su propio orgasmo sacudió su cuerpo un momento después. Murmuró maldiciones incoherentes en la boca de ella mientras su cuerpo experimentaba el éxtasis.

Aún reticente a soltarla, se dio la vuelta y se dejó caer de espaldas, poniendo a Bella encima de él. Su risita lo hizo sonreír—había echado de menos ese sonido—y empezó a dejar besos por todo su rostro donde sea que pudiera alcanzarla para conseguir que lo hiciera de nuevo.

Bella tomó su rostro entre sus manos para cesar su ataque. Al mirarlo, sus emociones emergieron en su interior y amenazaron con hacer erupción. Bella mordió su labio, y una ligera mueca se formó mientras trataba de pensar en las palabras para expresar lo que estaba pasando dentro de su cuerpo y su alma. Se preguntó si Edward sentía lo mismo y entonces empezó a sentir algo de pánico porque tal vez no era así. Había pasado mucho entre ellos, y se preguntó si juntos podrían superarlo todo.

Aun cuando se estaban tocando, fue como si Edward de todos modos hubiera leído sus pensamientos.

"Lo sé, cariño," la tranquilizó. "Lo sé."

Sus labios buscaron los de ella, y la besó con todo su corazón para hacerla entender que él también lo sentía. Había sentido la conexión con ella el día que entró por primera vez al bar, pero el vínculo que ahora compartían era mucho más grande y mucho más poderoso que cualquier cosa que podría haber imaginado. Él era suyo, y esperaba que ella fuera suya. Lo que compartían cuando él no lo complicaba era como debería ser una relación. Fuerte. Honesta. Sólida.

Carlisle tenía razón—el gran amor existía para aquellos que daban el salto de fe. Tenías que arriesgarte—desnudar tu alma—y confiar en que aquella persona que amas será tu protección. Bella era la armadura de Edward—con ella, era invencible, y sin ella, estaría derrotado. Este hecho lo había asustado y llevado a hacer y decir las cosas más horribles, pero ahora que lo estaba aceptando, se sentía vivo. Ahora entendía a lo que ella se refería cuando decía que simplemente podía ser ella misma cuando él estaba a su lado. Bella le daba fortaleza, y juntos vencerían los obstáculos, sin importar qué.

Todavía enredados, la pareja se rodó y satisfechos cayeron en un sueño ligero.

Edward podía darse cuenta por la luz en su departamento que eran más o menos las once en punto cuando despertó otra vez. Bella estaba acurrucada a su lado, y pensó que se veía como una gatita, acurrucada en una bolita.

Por más tentado que estuviera a darse la vuelta y dormir un poco más, había hablado en serio sobre llevarle el almuerzo a Charlie. La comida de 'la casa' no se veía tan mal, pero Edward creía que un hombre de su edad no se debería ver obligado a comerla si no era absolutamente necesario.

Además, todavía se sentía culpable por llamar a Charlie un inválido. Lo había hecho para herir a Bella y hacer que olvidara la idea de que fuera su novio, pero ahora que había hablado con su papá, realmente quería asegurarse que ella no creyera que tenía algún problema con su situación. Charlie no era un inválido. Necesitaba cuidados y tratamiento médico, pero Edward nunca se referiría a él como un inválido. Esperaba que Bella de verdad pudiera ser capaz de perdonar su cruel insulto.

Se retorció con cuidado para zafarse de ella, agarró algo de ropa y se dirigió a la ducha. Su despertar esta mañana con Bella había aliviado la tensión en su cuerpo. Por primera vez en su vida, se sentía verdaderamente afortunado. Solo una mujer con el corazón del tamaño de Bella le daría la hora después de lo que él le había hecho. Sabía que tenía mucho que hacer para compensarla y supuso que si el tráfico era bueno, tendría suficiente tiempo para mostrarle cómo se sentía antes de que tuviera que abrir el bar.

Al secarse, los ojos de Edward se posaron en el flamante cepillo de dientes verde que estaba junto al suyo bastante usado de color rojo. Edward sonrió cuando pensó que los cepillos los describían a los dos. Él estaba viejo y usado con bordes duros al haber visto durante toda su vida una parte tan horrenda de la raza humana, mientras que ella era flamante y nueva, y todavía llena de esperanza y optimismo. Esperaba que su actitud positiva se le pegara un poco, pero al mismo tiempo era lo bastante realista para apreciar que la experiencia en la vida de él los mantendría a salvo. Mantener a Bella a salvo era todo lo que le importaba. Si ella se lo permitía, pasaría el resto de sus días compensándola por todo.

Bella estaba sentada en su sofá, saboreando una manzana cuando salió del humeante baño.

"Me serví," le dijo, sosteniendo lo que quedaba de su manzana.

"Bien. Eso me hace feliz," le dijo al mismo tiempo que se inclinaba y tomaba un trozo de su manzana.

La acción envió una sacudida de deseo chisporroteando por el cuerpo de ella. La hizo pensar en los dientes de Edward enterrándose en su carne mientras la mordisqueaba y la chupaba. Al darle una mordida a la manzana dónde acababa de estar la boca de él la excitó inexplicablemente.

¡Oh mierda!

De pie frente a ella, chupando el jugo de su labio inferior, Edward le guiñó un ojo, provocando que Bella se sonrojara. Iba a tomar algo de tiempo el que se acostumbrara a que leyera todos sus pensamientos. Sabría exactamente cuántos pensamientos sexuales tenía de él a cada hora.

Edward empujó su rodilla con la suya. "Oye, no quiero que te sientas avergonzada o que te censures. Amo tu mente. Prefiero estar dentro de ella que en la mía."

"Pero, yo no sé cuando estás pensando cosas sexies de mí."

"Eso es porque las pienso constantemente," le aseguró.

Bella lo miró como si no estuviese convencida.

No te creo.

"Bueno, en la ducha decidí que aceleraría en todo el camino de regreso aquí de visitar a Charlie para asegurarme de tener algo de tiempo 'libre' antes de abrir el bar."

¡Oh, que me jodan!

"Eso planeo hacer." Bella se sonrojó con fuerza al ver el deseo que tenía por ella. Nunca conoció a un hombre que la deseara tanto como Edward. "Dios, eres linda," le dijo él.

Edward tenía que alejarse, o no se irían pronto. Mientras Bella se duchaba rápidamente, él hizo una nota de los suministros que necesitarían para el fin de semana y preparó un tazón de granola, ahogada en rico y cremoso yogurt en vez de leche.

Bella apareció recién duchada, pero otra vez solo llevaba puesta su camiseta de Labios Dulces.

"Um, ¿qué voy a usar?" Preguntó ella con timidez.

"Ponte de nuevo tu ropa, y haremos una parada en tu casa en el camino. También puedes traer una mochila con cosas."

Edward había caminado desde la cocina hacia la sala para ponerse frente a ella cuando habló.

"¿Una mochila con cosas?"

Él metió una gran cucharada de su empalagosa granola en la boca de ella.

Deja de hacer eso.

"No, estás demasiado delgada," le dijo. "Y, tus cosas para el fin de semana."

Oh, ¿en serio?

¿Me estás invitando a algún lado?

Edward sonrió con timidez, mientras continuaba comiendo y alimentándola alternando bocados.

"Señorita Isabella Swan, ¿me haría el honor de complacerme con su placentera compañía este fin de semana?"

Con todo gusto te complaceré este fin de semana.

"Compórtate," le dijo él, aun cuando no quería que lo hiciera.

"Me encantaría, señor Masen." Bella había aprendido su apellido por la carta que le envió hace cinco semanas.

"Bien. También, vas a tener la oportunidad de elegir las camisetas que usaremos esta noche."

"¿En serio?" A Bella le encantaban los temas de las camisetas de Edward y se sentía honrada de que se le asignara la tarea de seleccionarlas.

"Aunque tendrán que ser unas de las viejas. No tenemos tiempo para imprimir unas nuevas para hoy," aclaró.

"Ya sé cuál," le dijo, saltando de puntillas antes de aceptar otra cucharada de delicioso cereal.

"Pero, no has visto ni la mitad."

"Esta," le dijo, señalando la camiseta que todavía llevaba puesta. "Y, tus jeans rojos… por favor."

Joder. Me encanta como se ve tu trasero con esos.

Necesitamos un nuevo comienzo.

Bella no pudo contenerse. Cada vez que escuchaba o veía el nombre "Labios Dulces", sus recuerdos del bar-gasmo la consumían. El cuerpo de Edward dio un respingo cuando sus recuerdos eróticos inundaron su mente.

"¡Mierda!" Exclamó. "Suficiente."

Con dos zancadas, había arrojado la granola al borde la encimera de la cocina. Otras dos, y estaba de regreso, cargándola en sus brazos. Bella chilló.

"Me doy por vencido tratando de controlarme," murmuró cuando la dejó caer sobre la encimera. Ella se retorció y chilló más cuando la parte trasera de sus muslos desnudos y su trasero hicieron contacto con el frío acero.

"¿Te serviría un orgasmo de encimera?" Preguntó, separando sus muslos y arrastrando sus dedos con rudeza por ellos.

"¿Hay tiempo?"

"Siempre hay tiempo para devorarte," le dijo antes de empujarla para que se recostara, abierta para él sobre la encimera de su cocina.

Cuando Edward dijo que la devoraría, no estaba bromeando. Su boca consumió su húmeda carne con entusiasmo. Todo en lo que Bella podía concentrarse era en la exquisita tensión acumulándose en su cuerpo. Su lengua la llevaba cada vez más cerca con caricias largas y uniformes antes de tentar su clítoris con una serie de movimientos rápidos. Las caderas de Bella se elevaron alentándolo. Tratando de evitar retorcerse hasta caerse de la encimera, Bella estaba teniendo problemas para concentrarse. Su lengua lo estaba haciendo casi imposible, pero de pronto ella sintió como que la estaban viendo.

Levantando su cabeza, encontró dos desesperados ojos verdes mirándola fijamente. La idea de Edward observando su inminente orgasmo envió un escalofrío por su cuerpo mientras ella temblaba debajo de él.

"Mmmm…" Murmuró él.

Bella estaba teniendo dificultades en mantener la cabeza levantada, quería verlo a los ojos cuando se corriera, pero sentía la cabeza como un peso muerto al luchar por controlarse.

"Estás… me estás mirando," le dijo.

Edward murmuró en respuesta y asintió hacia su centro.

"Me gusta. Oh, mierda."

Al sentir los pequeños temblores que precedían a su clímax, Edward deslizó sus dedos dentro de ella, haciéndola jadear y retorcerse aún más. Sosteniendo su pelvis con una mano, él dirigió su cuerpo con sus talentosos dedos y su boca atrevida hasta que ella gritó de alivio cuando su orgasmo borró todo en su consciencia excepto el bronce desordenado y el intenso verde.

Edward se irguió orgulloso entre sus piernas, sus manos acariciando sus muslos con movimientos uniformes para calmar el veloz latido de su corazón.

"Tus labios van a ser mi muerte," logró decir.

Él la tentó al lamer sus labios una vez más.

"Mmmm… el mejor almuerzo que he tenido."

El olor a pepperoni se hizo notar en los pasillos parecidos a los de un hospital de 'la casa'. Cuando el aroma llegó a las fosas nasales de Charlie, Bella pensó que casi podía verlo recuperando la memoria.

"Hola papá."

"Bells," le dijo, estirando sus brazos para abrazarla por la cintura desde su sillón.

"Este es Edw…"

"Lo sé. No soy un idiota," dijo Charlie, interrumpiéndola. "Es tu chico. De ayer."

Recuerda a Edward…

Bella se agarró el pecho. La memoria de su papá estaba funcionando. Esta era la primera cosa nueva que recordaba en casi un año.

Mi chico…

"Ah." Bella no estaba segura. De verdad necesitaban hablar pero no habían tenido una buena oportunidad. Tenían mucho que discutir. No podía posponer por más tiempo lo inevitable.

¿Lo eres?

Quiero decir… ¿quieres serlo?

Antes que la duda se arraigara en ella, Edward asintió en confirmación y le guiñó un ojo.

"Sí, es cierto, papá." Le sonrió, pero no fue solo una sonrisa—el alivio recorrió su cuerpo, haciendo que se iluminara.

Para cuando los tres se pusieron cómodos en el pequeño jardín afuera de la habitación de Charlie, la pizza estaba un poco fría. La temperatura no pareció molestarle a Charlie cuando tomó su tercera gran rebanada.

"¿En serio, papá?"

Bella no había visto a su papá con apetito en años.

"¿Qué? Un hombre podría morirse de hambre con lo que te dan aquí."

"Es buena comida," Bella replicó.

"Sí, pero le falta sabor… y sal," murmuró.

Bella le meneó un dedo con falso enojo, pero Charlie le dio una sonrisa tonta en respuesta. El corazón de Bella se aceleró. Su padre estaba actuando como antes—antes de la muerte de su madre. Su día no podía ser mejor. Por más bien que estuviera Charlie, no estaba consciente de qué día de la semana era, así que no la regañó por no ir al trabajo.

Poco después, la caja de pizza estaba vacía en el sol. Edward estaba sentado en el césped con sus piernas estiradas y recostado hacia atrás apoyándose en una mano. La cabeza de Bella descansaba en su muslo mientras él acariciaba su suave cabello. Charlie se movía de planta en planta, admirando el trabajo de los jardineros. Verlo más como un hombre cansado provocó que Bella frunciera el ceño. Hoy estaba presente mentalmente, pero todavía tenía un largo camino para la recuperación. El estar en un estado vegetativo por varios meses lo había llevado a perder su masa muscular, y Bella se preguntó si también necesitaba terapia física.

Otro médico…

Otra cuenta…

Más dinero…

Michael…

¡Oh Dios, MICHAEL!

¡JODER! ¡OH, DIOS, NO!

En la dicha de las últimas doce horas, Bella de verdad se había olvidado de Michael y su acuerdo. Bella había estado atrapada en un infierno durante las últimas seis semanas, por lo que automáticamente se había aferrado a la distracción que era Edward cuando lo encontró en la habitación de su padre. Estaba agradecida que Edward no pudiera ver su pánico porque se estaban tocando. Ella levantó su mano, y él la tomó en seguida. Bella lo agarró con fuerza para salvaguardar su mente. Edward malinterpretó el cambió en su lenguaje corporal por preocupación por su padre. No se imaginaba que su ansiedad tenía que ver con cómo continuaría ahora con el cuidado de Charlie, no por cómo se veía ahora.

Oh, Dios mío… soy realmente una puta… solo me metí a la cama de Edward cuando ya estoy comprometida…

No quiero que ese pendejo me vuelva a tocar nunca…

¡No vomites!

¡Cálmate de una jodida vez!

¿Pero, cómo?

No puedo ver a Charlie volver a esa prisión mental…

Oh Dios, ayúdame…

"Oye, no pongas esa cara. Él está feliz," le dijo Edward de manera que solo ella pudiera escucharlo. "¿Estás bien?"

Bella no podía mirarlo mientras la culpa y las náuseas la invadían. Su burbuja de felicidad de Edward estaba a punto de romperse, y no estaba segura cómo podría evitar que eso sucediera.

No lo soportaría si me rechaza de nuevo…

Pero yo me rechazaría después de lo que he hecho…

Él probablemente lo olvidó… pero ese mensaje en el bar…

¡Oh Dios!

Los dedos de Edward masajearon el profundo pliegue entre sus cejas.

"Está pensando en ella. ¿Le gustaba la jardinería?"

"Oh, ¿puedes ver?" Le dijo Bella, comenzando a sentarse. Pero se detuvo a tiempo y se recostó de nuevo, manteniendo el contacto. Era demasiado riesgoso. Necesitaba elaborar un plan y luego discutirlo con Edward. Estaba muy emocional en este momento como para controlar sus pensamientos.

Él asintió y le sonrió.

"No es como tú—las imágenes. Están en color, pero turbias y borrosas. Puedo ver a tu mamá haciendo jardinería. Está recordando," le susurró.

Bella sintió que las temidas lágrimas llenaban sus ojos. Recuerdos de su madre encima de todo lo demás era demasiado para que se contuviera.

"Oye, shhh…" Edward la tranquilizó. "Está realmente feliz. No estés triste."

Bella vio a su padre inclinarse despacio para oler una pequeña flor de violeta. Como estaban sentados detrás de él, no podía ver su rostro ya que él estaba de frente hacia el jardín justo afuera de su ventana, pero podía darse cuenta que estaba relajado.

"Mi mamá no trabajaba, por lo que hacía jardinería, y a papá le encantaba el jardín, así que acostumbraba relajarse afuera admirando su trabajo. Ella construyó un mundo para él en nuestro patio trasero. Era increíble," explicó Bella.

El pensar en los momentos más felices contuvo sus lágrimas, pero se quedaron apenas bajo la superficie.

¿Cómo terminó mi vida aquí?

¿Por qué tengo que elegir entre mi felicidad y la de mi padre?

Edward es mi mundo… él dijo que soy su todo…

Con el puedo ser simplemente yo misma…

Joder, lo quiero tanto que a veces duele…

Bella trató de controlar las emociones que manaban dentro de ella cada vez que pensaba en Edward desde que se conocieron. La forma en que él la hacía sentir era como con nadie más. La confundía y la asustaba, pero también era estimulante y provocaba que su espíritu se elevara. No fue sino hasta esa tarde en el bar cuando asestó el golpe con su espada de caballero en su escamoso vientre que ella sepultó sus sentimientos por él. El que atacara a Charlie fue demasiado. Bella se sintió como un dragón solitario ocultándose en una cueva, y Edward tenía el poder de matarla de verdad. Ella comprendió eso, solo por sus crueles palabras de esa fatídica tarde. Pero, a pesar del poder que él tenía, ella no podía permanecer lejos de él. Lo amaba, y si amarlo partía su corazón en dos, entonces tendría que sufrir el dolor porque ya no tenía su gruesa piel de dragón que la protegiera de sus avances.

Al pensar en cómo se sentía anoche y hoy por la mañana con Edward, comparado con cómo la hacía sentir Michael fue como una bofetada en el rostro. No había comparación y no había forma de negar que en realidad amaba a Edward Masen. La parte difícil era descifrar cómo quedárselo.

Bella se sintió estúpida por permitir que la fantasía de estar con Edward la hiciera olvidar su dura realidad.

Michael…

Mierda…

Cuando Edward había sugerido llevarle a su padre su almuerzo favorito, Bella sintió que la herida de su espada comenzaba a sanar. Las acciones de Edward hablaban mucho más que cualquier disculpa que le pudiera haber dado. Sabía que él le estaba haciendo saber lo mucho que lamentaba su discusión y que no tenía ningún problema con que Charlie estuviera en una casa de retiro. Incluso sin la explicación de cómo Charlie había terminado aquí, Edward lo había aceptado y no estaba juzgando al hombre ligeramente encorvado, moviéndose como un caracol por la pequeña jardinera.

"Gracias," le dijo, mirándolo desde su regazo y luchando contra las inminentes lágrimas. "Nunca le conté a nadie de él porque quería salvar su dignidad. No quería que nadie lo viera así—ni siquiera Rose. Ha sido muy difícil estar sola."

"Oye, ahora estoy aquí." Edward le echó un vistazo a Charlie para asegurarse que seguía cautivado con la vegetación. Luego agachó su cabeza y la besó. Lo que intentaba fuera un beso rápido se volvió intenso cuando Bella agarró su cuello y deslizó su lengua entre sus labios. ¿Sería esta la última vez que pudiera besarlo?

Edward sintió una ligera desesperación en su pasión, y se preguntó brevemente de dónde había salido y por qué, pero sus pensamientos fueron breves ya que la boca de ella lo distrajo. Felizmente profundizó el beso, atrayéndola a él.

Bella se incorporó e intentaba ponerse sobre su regazo. Edward se sintió de nuevo como un pícaro adolescente y miró en dirección a Charlie. Prometerle cuidar de su pequeña y acosarla en su presencia, Edward pensó, eran dos conceptos muy diferentes. En realidad no quería ver la reacción de Charlie a lo último, pero sus ojos vieron algo mucho peor que un padre protector.

Michael.

El chupapollas hijo de puta estaba de pie en la habitación de Charlie viendo a Bella y a Edward besarse.

El odio y la repugnancia hicieron estallar el control de Edward. En su alivio por recibir el perdón de Bella, se había olvidado de ese puto cretino.

"Voy a matarlo," juró Edward mientras empujaba a Bella de su regazo y se dirigía a la entrada.

En una milésima de segundo, ella pasó de besar a Edward a ver su figura alejándose. Estaba pasmada y confundida por sus palabras. Miró alrededor desesperadamente hasta que comprendió. Ahí, parado en la ventana y viéndose enojado, estaba Michael.

Oh mierda.

Corre, estúpido cabrón.

Él va a matarte.

"Papá, espera aquí. Volveré en un momento," le dijo, levantándose de un salto y saliendo rápidamente detrás de Edward.

Bella corrió como el viento de vuelta a la entrada para alcanzar a Edward. Al parecer, su ira le había dado alas, ya que volaba por el corredor de un blanco brillante hacia la habitación de Charlie.

"Edward," le suplicó. "Espera."

Sus hombros cuadrados y rígidos dieron vuelta en la puerta y desaparecieron. Cuando Bella logró entrar a la habitación un momento más tarde, Michael rodaba por el suelo de linóleo, sosteniendo su cara y lloriqueando ruidosamente.

¿Eso es sangre?

Edward se cernía sobre él, viéndose tan feroz como el diablo mismo.

"Joder, vas a mantenerte alejado de ella. ¿Me escuchaste?" Le escupió al hombre con ojos como platos y que aún gemía. "Se terminó. ¡Definitivamente! Maldición, si la vuelves a tocar de nuevo, te arrancaré la maldita cabeza."

"Oh Dios mío," dijo Bella.

Michael giró su cabeza en dirección a ella al mismo tiempo que trataba de arrastrarse alejándose de Edward. El vivo color rojo que estaba embarrando por todos lados en su intento por escapar del enojado ángel vengador, contrastaba con la blancura de la habitación y su uniforme. Sus manos cubiertas se deslizaban por el suelo en vano.

"No puedo creer que me hayas delatado, pequeña rata," le dijo, escupiendo sangre en el suelo a sus pies.

Edward se lanzó hacia él y lo agarró por su uniforme, golpeándolo de nuevo. "Ella nunca delató a nadie, cabrón. Yo lo averigüé. Créeme, ella no dijo nada," le gruñó a un centímetro de su nariz sangrando. Esperaba que el segundo golpe le hubiese dejado un ojo morado.

Michael se le quedó mirando confundido y con miedo mientras el dolor aumentaba en su pómulo.

"Si la conocieras como yo," continuó Edward, "Sabrías lo que le costó acceder a tu repugnante idea."

"Edward, por favor…" Bella se encontraba de nuevo atrapada entre la espada y la pared. Una parte de ella quería que Edward lo pateara en las bolas con tanta fuerza que jamás pudiera usarlas de nuevo, pero la otra parte estaba aterrorizada por lo que iba a pasar con Charlie en el minuto que los dos se fueran de aquí.

"Edward, ¿qué hay de Charlie?"

Edward la miró, y la expresión en su rostro le dijo a Bella que no había considerado eso.

"Él saldrá de aquí," escupió Michael desafiante.

Esas cuatro palabras fueron como una chispa a una lata de gas.

"Si te atreves a mirar al señor Swan, estaré frente a la Junta de Directores más rápido de lo que puedes decir 'chúpame'. Serás ahorcado, destripado y descuartizado por el consejo médico y nunca volverás a trabajar en este estado. ¿Entendido?" Rugió.

Michael parecía tener el temor de Dios en él. Asintió despacio, y Edward lo soltó, volviéndolo a tirar en el suelo.

"Lo digo en serio, te acercas a él y lo sabré, pendejo. Lo sabré," le dijo.

Edward se sentía aliviado de regresar a la seguridad de las cuatro paredes del bar. Todas esas mentes salvajes en 'la casa' le estaban dando migraña. Se había tomado siglos convencer a Bella de dejar a su padre en 'la casa'. Edward le había pagado a dos enfermeras todo el dinero que tenía con él para que vigilaran de cerca a Charlie y lo llamaran si algo ocurría. Él vio en sus mentes que habían pensado que era sexy, por lo que tener su número las hizo jurar que lo vigilarían de cerca en caso de que hubiera una razón para llamar a ese pedazo de hombre más tarde en la noche.

También había pasado todo el viaje de regreso al Bajo Lado Este disculpándose con Bella por no controlar al furioso neandertal interior que se había apoderado de él cuando vio a ese hijo de su puta. Le dijo que aunque no podía prometerle nada, realmente intentaría no hablarle en el futuro como un novio dominante porque la última vez que hizo eso, había aprendido que lo odiaba. Aclaró que no estaba arrepentido de golpear a ese cabrón y deseaba que también lo hubiese pateado, pero lamentaba haber puesto a su padre en una posición vulnerable.

Antes de que bajaran al bar, Edward tuvo que abordar su mayor miedo—pedirle a Bella que lo perdonara por esa noche. No podía postergarlo por más tiempo.

La mente de Bella estaba en completa agitación. Había sido estúpida al pensar que podría bloquear su realidad y permitir que la sensación de euforia de estar con Edward resolviera todos sus problemas. Su mente repasó rápidamente las últimas seis semanas, y la hizo sentirse asqueada una vez más.

"¡Bella!" Edward dijo de forma un poco ruda. Le estaba molestando que ella no podía verse a sí misma con claridad, pero sabía que él era en parte responsable de eso.

Bella lo miró, y frescas lágrimas se acumularon en sus ojos una vez más.

"Bella…" Suspiró. No había una forma fácil de decir esto. "Por favor, deja de pensar así. Yo no—y nunca—pensé que eras una… puta. Por favor. Sé lo que te dije esa noche, pero todo fue una mentira." La miró, suplicándole que le creyera.

¿Qué?

Pero…

"Joder," gimió. "Bella, soy el cretino más grande del mundo, y tarde o temprano te darás cuenta de ello. Usé tu mayor miedo contra ti. Sabía lo que te asustaba, y lo hice real. Maldición, lo siento tanto. Hablaba en serio cuando dije que desearía que pudieras ver mi mente. Verías verdaderamente cuánto lamento lo que te hice."

Edward se sentía asqueado recordando nuevamente lo que le había hecho. Incluso después de todas esas semanas, todavía no podía creer que había llegado tan bajo.

"Necesitaba alejarte por muchas razones."

"¿Qué razones?"

"Sabía que estabas mejor sin mí en tu vida por lo mal que ya te había hecho sentir. Mereces algo mejor que yo—todavía lo creo. Además, estar cerca de mí es peligroso. Si alguna vez algo te pasara por mí, nunca me lo perdonaría. Pero la última razón es lo peor," le dijo, mirando sus pies.

"Soy un maldito cobarde." Bella lo miró confundido, de modo que supo que tenía que explicarse. "Tener un vistazo de tus emociones cuando estabas tan molesta casi me mata. La forma en que él te hizo sentir y saber que todo fue por tu papá—joder. Luego como te sentiste cuando yo me enteré. Fue tan abrumador que tuve que protegerme. Mierda, lo siento tanto. Esa tarde en el coche no sabía si podíamos ser amigos porque no sabía si era lo bastante fuerte para sobrevivir tu tristeza mental. No debería pedir tu perdón pero—"

"Nunca pensaste que era una—"

"¡Ni siquiera digas esa maldita palabra! ¡No! Nunca lo pensé. Sabía por qué lo estabas haciendo." El dolor que estaba grabado en el rostro de Edward mostró que estaba diciendo la verdad.

El dolor y la preocupación que había estado consumiendo a Bella brotaron en una nueva oleada de lágrimas. Edward la puso entre sus brazos y se aferró a ella, meciéndolos de un lado al otro para tranquilizarlos a ambos.

"Juro que si me das una oportunidad, pasaré el resto de mis días tratando de hacerte ver quién eres realmente. No te ves correctamente, y si puedo hacerte ver lo hermosa que eres por dentro y por fuera, entonces me perdonaré a mí mismo," susurró contra la parte superior de su cabeza.

Bella siguió a Edward al bar y vio a Jasper paseándose ansioso de un lado al otro.

"Llegas tarde, hombre. ¡Vamos! Tu camiseta está ahí," le dijo, señalando una camiseta de un vivo color naranja doblada encima de la barra. Los viernes por la noche eran una locura, y su compañero sabía que no debían llegar tarde.

Los ojos de Jasper se posaron en Bella en el momento que dejó de hablar, y de pronto se sintió como un pendejo.

"Joder, ¿estás bien, B? ¿Edward?" Jasper miró a la destrozada pareja. Los ojos de Bella estaban rojos e hinchados, y Edward se veía como si fuera a estallar en cualquier momento. Se preguntó cuándo tendrían un descanso estos dos.

"Estoy bien, Jasper. Gracias. Es…" Ella empezó a decir.

"Es complicado, hombre," dijo Edward. No quería que ella sintiera que le debía a Jasper una explicación por la tardanza de Edward. "Siento llegar tarde. ¿Qué demonios llevas puesto?" Dijo Edward, señalando la camiseta azul claro de Jasper que acaba de notar.

"Hoy mandé a imprimir las camisetas. ¿Estás orgulloso de mí?" Bromeó, tratando de aligerar el ambiente.

Jasper se puso frente a Bella con las manos en sus caderas, erguido, mostrando su pecho tanto como fuera posible. Incluso en el frágil estado de Bella, no pudo evitar que se le escapara una pequeña carcajada.

Cubriendo casi toda la camiseta estaba una foto en negro y gris de Alicia en el País de las Maravillas. Escrito en elegante cursiva a través de su corazón estaban las palabras "Yo Amo a Alicia (2)".

Edward lo fulminó con la mirada. "Esa mierda no es graciosa."

"Sentí que mi dama también tenía que ser honrada con una camiseta."

Bella se rio con ganas al mirar a los dos chicos, frente a frente a través de la barra como si estuvieran listos para un tiroteo. Estiró su mano y extendió el modelo color fucsia de Edward para revelar una imagen en negro y gris del sonriente gato de Cheshire, pero la encantadora escritura a través del hombro derecho de Edward decía "Yo Amo al Gatito". El único problema era que "gatito" estaba escrito con enorme letras mayúsculas y lo demás era tan pequeño y localizado casi en su axila que solo podías verlo si estabas muy cerca de él.

Edward trató con todas sus fuerzas de no reírse cuando la imagen mental de Bella entró a su mente. Recordó el desayuno concordando con lo mucho que él amaba eso.

Oh, sí que le gustan el gatito (coño).

Tratando de comportarse, entonces pensó en una escena de la película original con Jasper en un lindo vestido como el de Alicia en el País de las Maravillas, con todo y sus perfectos rizos rubios y a Edward flotando junto a él en un disfraz de un gigante gato púrpura. La mente de Bella pintó en Edward una linda nariz de gato y tres pequeños bigotes negros en cada mejilla. Se veía absurdo.

"Eso no es gracioso," le dijo, tratando de verse serio. "Me gustó más lo que pensaste primero. Y, no lo alientes," le dijo, señalando a Jasper. "No es gracioso."

"Lo que digas, gat (marica)—" Jasper comenzó a decir.

"¡Oh, joder no!" Edward exclamó con ojos amplios, al caer poco a poco en cuenta. "¿Cómo demonios me va a llamar la gente durante toda la noche?"

Ven aquí, gatito, gatito, gatito.

¿O tal vez prefieras mariquita?

"Bella," le dijo en tono de advertencia.

"Las reglas del bar," Bella y Jasper le respondieron al unísono.

"Que me jodan. Va ser una larga noche."


(1) Post-it, nombre comercial de las notitas de papel que se pueden pegar por todos lados.

(2) Alicia en inglés es Alice, así que ya sabrán porque eligió Jasper ese personaje.


¡Pobre Edward! Imagínense lo que van a pensar todos los clientes cuando lo llamen "Gatito" jajajaja una larga noche sin duda. Muchas habían preguntado sobre qué había pasado con Michael, ahora la saben. ¿Qué les pareció la reacción de Edward? ¿Y qué pasará ahora con Charlie? Porque aunque Edward lo asustó, bien podría quitarle todos los privilegios que le había dado por su trato con Bella. ¿Y qué me dicen de Edward, cómo va con sus actos de redención? Sin duda el chico se está esforzando por mostrarle a Bella lo mucho que lo siente y que está ahí para ella. Espero que hayan disfrutado del capi y recuerden que no recibo nada por hacer esto más que sus palabras diciéndome si disfrutan de la historia, el leer sus review siempre me hace sonreír :)

Gracias a quienes dejaron su review en el capi anterior: , Dayis, YessyVL13, liduvina, Merce, only love g, tulgarita, somas, Maryfer VC, Hanna D.L, SummerLove20, adyperales, paosierra, ginnicullenswan, labluegirl94, Nadia616, Diablillo07, JeniZuluCullenM, Ericastelo, Antonia, Bertlin, lizdayanna, lagie, Manligrez, Arlette Cullen Swan, Lunita Black27, florecitacullen1, Dess Cullen, Roxana, Adriu, soledadcullen, shamyx, Shikara65, PEYCI CULLEN, Wawis Cullen, glow0718, Gabriela Cullen, Lady Grigori, Tsuruga Lia1412, krom, rosy canul, angelabarmtz, kitty, Roxy Sanchez, Jade HSos, patymdn, Sully YM, AriiPattinson, freedom2604, Verdejade469, ang3lpop, xelatwi, jgav28, Pam Malfoy Black, injoa, Mafer, Tata XOXO y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo capi.