Y como esto no puede faltar: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la autora de esta genial historia es FoxxyJ, yo solo la traduzco.

Y me acompaña de nuevo mi querida Beta y amiga Erica Castelo, gracias por tu ayuda y apoyo con las traducciones. ¡Eres la mejor!


Los Muppets:

2011 La película. Al fin pude ver la película más reciente de los Muppets. Fue genial y me recordó mucho al show original. Creo que también había más adultos que niños en el cine.


Capítulo 15 – Gonzo el Magnífico

El lunes por la mañana, Bella se prometió a sí misma conseguir una buena noche de sueño. Su plan era ir de compras después del trabajo y gastar algo del dinero ganado con el sudor de la frente de Edward, antes de regresar a su departamento a lavar ropa. Apenas si había dormido ahí desde que habían regresado, y aunque necesitaba una buena noche de descanso, no estaba ansiosa por dormir sola.

Edward había tratado de convencerla de que dormir en su casa un lunes por la noche era un total desperdicio de la noche libre de él. Era la única noche que podían comer juntos a una hora razonable.

Bella había argumentado que también era la noche que él no estaba cansado por el bar, y eso significaba que la mantendría despierta la mitad de ella, complaciendo su cuerpo hasta que los dos se desplomaran por el cansancio. Eso estaba bien para él ya que podía quedarse dormido hasta tarde, pero ella tendría que arrastrarse al trabajo y doparse con café para llegar al final del día. De modo que no cedió y se negó a verlo después del trabajo para poder dormir bien. Además, al darle a Edward una noche sin ella le permitiría pasar tiempo en el hospital con su viejo amigo. A Edward todavía no se le había permitido visitarlo, pero los policías le habían dicho a Rosalie que ese día terminarían con Emmett.

Presionando reproducir en la computadora de su trabajo, Bella se concentró en el CD de meditación que su colega le había dado. A Bella se le habían olvidado las relajantes palabras del yogui indio y quiso practicar el pensar sin que Edward lo viera. El estrés bajo el que últimamente todos habían estado dejó muy claro ese hecho. Necesitaba poder bloquearlo para protegerlo de su estrés en momentos como estos.

Como James estaba visitando otra galería, sabía que estaba a salvo por al menos una hora. Cerrando sus ojos, relajó su mente y se concentró en los colores del arcoíris—uno a la vez. A medida que cada uno de los colores llenaba su mente, ella tomó unas respiraciones relajantes a tiempo con las palabras del yogui. Se sintió en paz, y entonces, una idea la golpeó como un rayo.

Necesito visualizar algo más cuando pienso…

Necesito mostrarle a Edward una imagen, mientras mi mente charla consigo misma.

Puedo engañar a mi mente para que no visualice mis pensamientos.

Sonriendo como el gato de Cheshire, Bella empezó a practicar de inmediato su idea.

El martes por la tarde, Bella dejó temprano el trabajo con nuevos bríos y se dirigió directamente a SER. Iba a encontrar a Edward ahí, y juntos acompañarían a Carlisle a su cena mensual. Habían pasado siete meses desde que había enterrado a su encantadora Esme, y aunque se le estaba haciendo más fácil lidiar con ello, el cumpleaños de su esposa hacía que en este mes le fuera particularmente difícil la batalla para permanecer sobrio.

Al comprender lo que estaba sufriendo, Edward y Bella accedieron felizmente a acompañarlo en honor al día de su esposa. Había hecho tanto por ellos que era lo menos que podían hacer.

Edward estaba sentado del lado de los clientes en la barra cuando Bella llegó. Jasper llevaba puesta su camiseta de Pastelito y servía una cerveza a un trabajador de la construcción que había entrado por una bebida fría.

Mierda.

Cómo es que no sabía que te veías tan sexy con corbata…

Oh mi…

Edward se había vestido para la ocasión. Llevaba unos pantalones azul marino oscuro, y una camisa de vestir azul marino con una corbata gris.

Que me jodan…

En serio… quiero que me jodas usando eso.

Bella nunca antes había pensado en Edward vestido con elegancia, y al verlo en persona quería arrástralo al piso de arriba.

¿Podemos ir arriba?

Edward la miró de soslayo. Sonrió, pero no le llegó a sus ojos. "Nena, no tenemos tiempo. Me gustaría, créeme, pero Carlisle llegará pronto."

¿Estás bien?

"He estado mejor," murmuró, bebiendo de su escocés, el hielo tintineando contra el cristal.

Bella estiró su mano y acarició su brazo. "Tengo que mostrarte algo. Solo será un minuto."

Edward pensó que todavía tenía planes de atacarlo y negó. Su postura emitía el hecho de que cargaba el peso del mundo en sus hombros.

Bella dejó de tocarlo a propósito pero se acercó a él. "Hazme una pregunta."

Todavía de frente hacia la barra, Edward preguntó, "¿Qué compraste ayer?"

Bella comenzó la técnica de meditación que había estado practicando por las últimas treinta y seis horas. Un lienzo rojo en blanco llenó su mente.

Compré mi ropa interior de Gonzo.

También te compré un bóxer de Animal.

Edward la miró de soslayo.

Estaba pensando en ponerme un piercing en la lengua para que al hacerte sexo oral sea mucho más divertido.

Nada.

Bella no tenía intenciones de ponerse el piercing, pero sabía que si Edward hubiera visto sus pensamientos, hubiera respondido a eso. Empezó a sonreír.

Poco a poco Edward se dio cuenta de lo que pasaba, y giró todo su cuerpo para quedar frente a ella, frunciendo el ceño.

"Joder. ¿Qué estás haciendo?" Su voz sonó ligeramente desesperada. Sus ojos miraban intensamente a los suyos, y ella se preguntó brevemente si era por miedo.

"Nena," le dijo con voz ronca. "¿Qué acabas de hacer? Todo lo que podía ver era rojo."

Bella sabía que tenían que hablar sobre esto, y el bar no era el lugar para ello. Pensando nuevamente de forma normal, se comunicó con él.

Funcionó, ¿no es así?

¡No pudiste ver!

Él asintió, pero ahora se veía realmente asustado, se estaba poniendo de un desagradable tono de verde, y verlo angustiado hizo que por un momento Bella se sintiera mal por su descubrimiento.

Tenemos que ir a arriba por un momento.

Sin lugar a dudas el miedo se había apoderado de Edward. Asintiendo despacio, se bebió lo que quedaba de su whisky. Ahora se veía como un niño aterrorizado, haciendo que Bella entrelazara sus dedos con los suyos al conducirlo detrás de la barra y por las escaleras.

En el momento que la puerta se cerró, Edward la atrajo hacia él, deteniéndolos justo en la entrada.

"¿Qué demonios hiciste?" Le preguntó en pánico, su voz más fuerte de lo habitual.

"Cálmate. Está bien."

"No, no está bien. Te necesito. No puedes dejarme fuera. Bella, por favor."

Bella estaba impactada por la reacción de Edward a su descubrimiento. Hace solo unas semanas, los dos habían estado practicando juntos, y entonces Edward parecía estar de acuerdo con que ella aprendiera a bloquearlo. Bella comprendió que con su vívida mente, él no creyó que realmente fuera capaz de dejarlo fuera.

"No voy a bloquearte siempre. Es solo que hay ocasiones en que necesito mi privacidad," le dijo, frotando con sus manos sus brazos cubiertos por las mangas para calmarlo.

"Pero, no me importa."

"Edward, no tienes que verme pensando en tampones y cólicos, ¿o sí?"

"Pero…"

"No, Edward. No está bien. Ya lo hablamos." Bella se estaba alterando al ver lo aterrorizado que se había puesto Edward. La expresión de agonía en su rostro le hizo sentir náuseas. Por primera vez ahora ella se sentía como el villano.

"Sé que no está bien," le dijo él, cerrando sus ojos. "Sé que lo que hago está mal, pero te necesito, Bella. Esto se siente como el principio del fin."

"¿Qué?" Bella no podía creer lo que estaba escuchando. Se preguntó qué, por todos los cielos, le había sucedido a él desde que lo dejó la mañana anterior para ir a trabajar. Algunas veces, estar mucho tiempo a solas le daba a Edward mucho tiempo para pensar, y él siempre pensaba lo peor. Ella esperaba que su visita a Emmett hubiese salido bien pero le preocupaba que tal vez no hubiese sido así. Tirando de él hacia el sofá, hizo que se sentara junto a ella.

"Edward, ¿qué está pasando? No voy a dejarte, y, ¡por el amor de Dios! No hay nada malo contigo. Me estás malinterpretando," le dijo, suplicándole con los ojos que le creyera.

Bella no había planeado esto, pero sabía que tenía que decirlo. Ya que seguía sosteniendo su mano, sabía que él no podía ver lo que estaba pensando o simplemente qué tan en serio veía esto.

"Edward Masen, te amo. Y, no solo te amo, estoy perdidamente enamorada de ti. Amo cada parte de ti, y tu increíble mente te hace quién eres, y no cambiaría ni una sola cosa de ti si tuviera la oportunidad."

Edward se le quedó mirando perplejo, parpadeando por la conmoción. Literalmente, no lo había visto venir y no estaba acostumbrado a las sorpresas, no sabía cómo reaccionar a ellas.

Bella sonrió, agradecida de que el miedo hubiera dejado sus ojos. "Tontito, estás atrapado conmigo tanto tiempo como me aceptes."

La sonrisa más impresionante y hermosa iluminó lentamente su rostro. "¿Me amas?" Preguntó, pero Bella se dio cuenta que no lo podía creer y necesitaba escucharlo una vez más.

"Te amo con todo mi corazón."

Edward tocó la mejilla de Bella y la besó con mucha delicadeza. Era como si pensara que podría romperse y esfumarse. Como muchos de sus besos, Bella sintió que se corazón se detenía y luego comenzaba a latir de nuevo solo por el hombre bajo sus labios. Deseando que Edward entendiera lo mucho que sentía por él, profundizó el beso, deslizando su lengua contra la de él. Su cuerpo respondió de inmediato cuando su conexión desencadenó su deseo.

Edward gimió y la acercó más, pero era difícil acercarse lo suficiente al estar sentados en el sofá con ella en su traje sastre.

"Oh, Dios, Bella," le dijo, tomando una respiración. "Te amo tanto. Nunca pensé que viviría para escuchar que me dijeran esas palabras."

Bella lo silenció de nuevo con su boca. Escucharlo decir esas dos grandes palabras en respuesta provocó que lo deseara aún más. Levantando su falda, se sentó a horcajadas sobre él, envolviéndolo en su abrazo mientras continuaban besándose. Bella podía sentir a Edward endurecerse entre sus piernas, y no deseaba nada más que consumar su declaración, pero la realidad no lo permitiría.

Agarrando un puñado de su cabello, apartó su boca de ella cuando Edward empezó a bajar por su garganta. Bella sabía hacia dónde se dirigía eso.

"Edward," le dijo. "No tenemos tiempo, ¿recuerdas?"

Edward la miró, con el indicio de una sonrisa en sus labios. Todo vestigio de su miedo e inseguridad se habían ido, siendo remplazados con asombro y adoración.

"¿De verdad lo dices en serio?" Le susurró otra vez.

"De verdad," le confirmó.

La pareja se quedó en silencio por un momento, mirándose a los ojos. Bella sentía como si Edward estuviese mirando su alma y encontraba sorprendente que lo hiciera mientras la tocaba. Por lo general solo sentía eso cuando él estaba dentro de su mente.

"Te lo juro, nadie te amará y cuidará de ti tanto como yo. Lo juro," le prometió. "Esa primera noche que viniste a SER, tomé un gran riesgo al revelarte lo que podía hacer. Más tarde, estuve muy molesto conmigo mismo por poner en peligro a Alice, pero ahora… tú… estás aquí… conmigo… siempre estaré agradecido por esa loca y entretenida mente tuya que me convenció de tomar ese riesgo. Te encontré, y nunca te dejaré ir."

"Edward, no voy a dejarte," le reafirmó. "Solo quiero ser capaz de pensar en algunas cosas y no preocuparte. Odio que mi estrés se transfiera a ti. Odio eso. Esa es la única razón por la que lo hago. Te lo juro."

El ceño fruncido apareció de nuevo.

"Entonces, ¿todavía me dejarás entrar?"

"Por supuesto, me encanta que entres a mi mente. Sinceramente, no puedo decirte el don tan precioso que es. Solo lo haría para protegerte."

Edward no parecía convencido.

"Amo tu mente, Bella," le susurró, su voz gruesa por la emoción. "Me calma. Me sana. Ahora me volvería loco sin ella. Tú me das serenidad."

"¿A qué te refieres?"

"Tus pensamientos son tan vibrantes y poderosos que anulan las imágenes más pequeñas y borrosas. Me devolviste la cordura. No puedo decirte cuánto han mejorado mis noches en el trabajo desde que has estado sentada en el extremo de la barra, con tus hermosos pensamientos," admitió él.

"No tenía idea," dijo Bella, verdaderamente sorprendida. Pensó que a Edward solo le gustaba su show porno categoría X.

"Yo… um…"

"¿Qué?" Preguntó ella.

"Me siento mal… y yo…" Edward no podía mirarla.

"¿Mal? Cariño, ¿qué te pasa?" Se echó hacia atrás sobre su regazo, sin querer presionar su estómago si no se estaba sintiendo bien.

"No, vuelve." Sus dedos sujetaron sus caderas al acercarla otra vez. "Estoy muy nervioso por esta noche," explicó. "Lo único que conseguirá que resista eres tú, y el ver que puedes bloquearme hace que me cague del miedo. Te necesito esta noche, por favor."

"Cariño, te juro que no te bloquearé," le dijo, dejando un beso en sus labios al comprender sus nervios.

Bella había estado emocionada que por primera vez ella y Edward saldrían juntos a cenar. Su situación los había llevado a pasar por alto las acostumbradas primeras citas para llegar a conocerse, y Bella estaba emocionada de salir en público con un hombre tan sexy a su lado.

Una vez más, no había comprendido lo que esta noche le reservaba a Edward en realidad. Cuando Bella lo miró, notó que la incertidumbre había vuelto a sus ojos.

"¿Solo estás preocupado porque te bloquee?"

"No exactamente."

"Oye, mira… escucha. Si no quieres que te bloquee, entonces tú tampoco puedes bloquearme. Tienes que decirme lo que está pasando aquí," le dijo, dando unos golpecitos a su sien con su dedo.

Edward sonrió un poco. Su chica no le iba a permitir que se saliera con la suya.

"Me preocupa… bueno… nosotros. Es la primera vez que me verás afuera, y no quiero decepcionarte. En el hospital con Charlie es diferente."

"Oh, Edward. Todo lo que me importa eres tú. Si el restaurante es demasiado, entonces nos iremos."

"Carlisle se va a dar cuenta que algo está pasando."

"¿Y? Solo va a hacer conjeturas, y de todos los médicos que conozco, apostaría mi vida a que puedes confiar en él."

Edward se encogió de hombros.

"Cariño, te ayudaré con esto," le dijo, levantándose de su regazo.

"La parte difícil va a ser el no tocarte en toda la noche."

Dímelo a mí.

Me he vuelto adicta a esos dedos…

Sobre mí…

Dentro de mí…

"¡Bella!"

La tranquila cena para tres que Carlisle, Edward y Bella habían esperado se convirtió en un caótico evento para veintiséis—veintiséis de los amigos y colegas de Carlisle y Esme. Armand—el maître en Le Bernardin—adoraba a Esme. Cada año, organizaba con el chef un plato especial de cumpleaños, solo para Esme Cullen. Este año, odiaba la idea de no celebrar su cumpleaños, y sabía que sería un momento particularmente difícil para Carlisle, así que organizó en secreto una reunión en su memoria. A través de los años, Esme había celebrado varias funciones benéficas en el restaurante, lo que le dio a Armand contactos para hacer esta noche posible.

Carlisle palideció considerablemente cuando se dio cuenta de lo que había hecho Armand cuando entraron al restaurante, pero pronto recuperó la compostura. Esta no era realmente la forma en que quería pasar la noche e insistió en que Edward y Bella se sentaran directamente junto a él.

Cuando Edward entró a la zona del comedor detrás de Bella y Carlisle, había sido atacado por una oleada de traumática pena. Si fuera posible para la gente ordinaria ver lo que otros piensan, entonces se vería como si veintiséis rayos lo golpearan simultáneamente.

La mayoría de los invitados estaban recordando a la encantadora mujer con tristeza en sus corazones y entonces sintieron lástima por el pobre viudo que dejó. El primer instinto de Edward fue estirar su mano y agarrar la de Bella por apoyo. En el instante en que lo hizo, fue como si alguien hubiese bajado la intensidad de las luces y el contraste de color aumentó dentro de su mente. Las imágenes mentales que se veían opacadas por los cegadores pensamientos de Bella, de repente se hicieron notar para él. La soltó con la misma rapidez, sobresaltándose por el impacto de la oleada de pensamientos dirigidos hacia Carlisle. Las imágenes visuales de cuando se enteraron de la muerte de Esme lo golpearon con fuerza cuando casi toda mente en la habitación lo recordó.

Bella puso su cara de póker, de pie entre los dos hombres, sintiéndose completamente inútil. Quería agarrar a Edward y a Carlisle y sacarlos de ahí. Hubiesen tenido una mejor noche sin el alboroto, pero eso no era posible. Mirando a Edward, vio el dolor que estaba experimentando en el marcado surco de sus cejas y sus ojos suplicantes.

Bella recorrió el mar de rostros de pie mirándolos a los tres y de pronto notó las lágrimas y las expresiones de tristeza.

¡Mierda!

Te están ahogando en su pena.

Edward asintió ligeramente, tragando saliva. Pareciera que fuera a llorar, eso o vomitar.

Bella imaginó una extensa playa dorada con agua cristalina lamiendo la arena mientras Edward y ella caminaban de la mano por la orilla. Imaginó la fresca sensación del agua fría en su piel caliente por el sol a medida que una ola subía hasta sus rodillas, tomándolos desprevenidos. Carlisle empezó a hacer las presentaciones, y Bella solo asintió y les dio un cortés hola al concentrase en mantener la imagen para Edward. Carlisle pudo haberle presentado a Santa Claus y al Conejo de Pascua, y no lo hubiese notado.

Mirando hacia Edward cuando pensó en salpicar el agua fresca en su bronceado pecho desnudo, vio que su frente se relajaba, y tomaba una respiración profunda. Estaba funcionando.

Bella había pasado las últimas dos semanas aprendiendo a bloquear a Edward. En realidad, debió haber practicado cómo enviar imágenes a Edward mientras mantenía conversaciones mundanas con desconocidos. Esa habilidad hubiera sido mucho más útil, y considerando que estaba planeando permanecer cerca de Edward Masen, era algo en lo que tendría que enfocarse en el futuro para protegerlo.

Se preguntó cómo lidiaba con todas esas mentes en el bar todas las noches, pero en el momento que pensó eso, su imagen se esfumó. Tenía que concentrase.

Hicieron pasar a la pareja al restaurante, mientras Carlisle hacía sus rondas, saludando gente y agradeciéndoles por su apoyo inesperado.

Edward y Bella encontraron sus asientos y se sentaron solos por un minuto en la enorme mesa.

"El bar es diferente," le dijo él, el estrés evidente en su voz. "Te sorprendería la cantidad de personas que piensa en sexo y emborracharse. Además, las reglas son una verdadera ayuda. Las camisetas siempre le dan a la gente una perspectiva positiva."

Bella iba a tomar su mano pero se detuvo antes de hacer contacto.

"Esto es particularmente difícil porque todos están muy tristes. Una vez que salga la comida, será más fácil." Edward tomó la mano de Bella y besó cada uno de sus nudillos. "No te imaginas lo mucho que me gustaría estar en esa playa contigo en este momento."

Bella sonrió, feliz de poder ayudarlo. Estaba empezando a verse un poco mejor. "Lo superaremos."

"Siento hacerte esto. Lamento que estés preocupada por mí." Edward dejó caer sus hombros. Se sentía avergonzado de que su novia estuviera preocupada por su cordura, en lugar de disfrutar de una buena cena en un restaurante elegante.

"Shh, no seas tontito, y no hay nada de qué lamentarse."

Bella soltó su mano, y los dos regresaron a la playa desierta, riendo y besándose en el sol, relajados y despreocupados. Bella esperaba que la diversión en el sol fuera suficiente para sacar a Edward de su repentina melancolía provocada por los otros invitados. El ambiente era definitivamente triste y sombrío en la habitación, y Bella sabía que le afectaría profundamente. Considerando esto, no le sorprendió realmente lo que dijo a continuación.

"Bella, ¿por qué me aceptaste de vuelta? Te dije algunas cosas que eran imperdonables, sin mencionar lo que hice. ¿Por qué?"

Por todos los cielos, ¿a qué viene esto?

Edward, ¿por qué estás pensando en eso?

A Edward definitivamente le estaba afectando el ambiente en la habitación. Bella podía notar que temía su respuesta y no estaba seguro si preguntándole le haría darse cuenta que era una tonta por aceptarlo de nuevo.

"Porque solo hay un Edward Masen, y tú me haces sentir más como Bella Swan cuando estoy contigo de lo que nunca antes me había sentido. Además, nunca supe lo que se sentía ser tan amada por lo que la idea de no estar contigo rompe mi corazón. Te amo, y entiendo por qué hiciste lo que hiciste."

"Joder, soy el hijo de puta más afortunado en el mundo," le dijo, atrayéndola hacia él.

"Apuesto a que nunca pensaste que dirías esas palabras," le dijo, sonriéndole a sus brillantes ojos verdes.

Edward solo negó—todavía asombrado de la chica que había capturado su corazón y liberado su mente—antes de inclinarse y darle una de sus cosas favoritas—un beso tan apasionado que dejó su piel ardiendo por más.

Una hora más tarde, un agotado Carlisle al fin se les unió. "Mis más sinceras disculpas a ustedes," les dijo lo bastante fuerte para que solo ellos escucharan. "En realidad, solo quería una cena tranquila con ustedes dos, y luego ahogarme de borracho con la ayuda de Edward."

Edward cogió su whisky y se inclinó sobre Bella para chocar su vaso con el de Carlisle.

"Tendré que dejarlo para después."

"Es una cita."

A medida que el restaurante cobraba vida con un ejército de camareros entregando el primer platillo, dos mujeres de mediana edad se unieron a la mesa. Fueron presentadas como Tanya e Irina, y a Bella no le gustaron las miradas hambrientas que las dos le dirigieron a Edward. Quería entrelazar sus dedos y descansar sus manos unidas sobre la mesa como una clara demostración de que el guapo hombre junto a ella estaba fuera del mercado, pero en vez de eso, se concentró de nuevo en la escena costera.

Edward captó un destello de sus celos, y en medio del caos del restaurante, le causó gracia. También hizo que su polla se removiera. Una Bella celosa marcando su territorio—marcándolo en público—era malditamente caliente. Agradecido por esta hermosa criatura que lo ayudaba a sobrevivir esta noche con sueños vacacionales que esperaba experimentar algún día, se acercó a ella y le dio otro beso ardiente, pero esta vez en su cuello. No era un comportamiento del todo apropiado al estar sentados a la mesa, pero había captado un fragmento de los pensamientos de Irina.

Era una pensadora visual, aunque en blanco y negro, y estaba tratando de calcular un periodo de tiempo aceptable para insinuársele al afligido viudo. A continuación se preguntó si el sexy semental frente a ella podría llenar el vacío, hasta que pudiera ir tras el acaudalado doctor. Edward encontró eso bastante inapropiado considerando que la cena era en memoria de la esposa de dicho viudo.

No podía ver a Tanya para nada y estaba agradecido, considerando la sensual mirada que le estaba dando. Era por eso que se sintió justificado a provocar que Bella se sonrojara por sus persistentes e impacientes labios.

Gracias.

Necesitaba eso.

"Lo sé," le dijo al oído antes de enderezarse en su asiento y centrarse de nuevo en el artístico plato de comida frente a él.

El que Edward probara su piel mientras estaban sentados a la mesa envió la mente de Bella hacia el sur. No pudo contenerse porque su boca le hacía cosas que simplemente no podía controlar. Ese chico sabía besar.

Desearía que me comieras a mí en vez de a ese filete de salmón.

El subsiguiente ataque de tos de Edward mientras se atragantaba con un bocado de salmón puso toda la mesa en alerta. Al parecer había inhalado un gran pedazo de pescado y estaba jadeando por aire entre tosidos, sorbos de agua y golpes a su pecho.

Bella mordió su labio y lucía convenientemente avergonzada mientras todos le preguntaban al pobre hombre si estaba bien—todos al mismo tiempo.

Estás tosiendo y apenas puedes respirar, ¿y aun así te hacen preguntas?

La gente es verdaderamente estúpida.

Edward la miró al mismo tiempo que tosía un par de veces más, luchando por respirar. El preocupado camarero ahora se había sumado a comprobar su bienestar y ver si había algún problema con la comida.

Cuando su respiración volvió a la normalidad y se reanudó la conversación en la cena, Edward le dio a Bella en broma una mirada molesta.

Lo siento.

Pero, me alegra saber que todavía puedo hacer que te ahogues.

Edward sacudió muy ligeramente su cabeza, expresando que pensaba que era demasiado atrevida para su propio bien, pero tenía la esperanza de que regresaría a la idea de la "cena" en lugar de la playa. O tal vez un "una botana en la playa".

Parte de lo que hacía a Carlisle un cirujano excepcional era lo observador que era. Notaba hasta las cosas más pequeñas, y eso ya había salvado más de una vida de sus pacientes. Al ver el amor joven develarse junto a él era prácticamente lo único que lo animaba últimamente. Edward y Bella enamorándose le recordaba mucho sus días cortejando a Esme. El amor era un milagro espectacular para contemplar.

Al observarlos durante la cena, tuvo la impresión de que se estaba perdiendo de algo. La pareja parecía ser capaz de comunicarse con solo intensas miradas, contacto visual y la ocasional palabra de Edward. Le asombraba lo intenso que se había vuelto su vínculo.

Durante su segundo platillo, empezó a preocuparse por el joven barman. A Carlisle siempre le había agradado Edward—como había aprendido recientemente que era su nombre—porque Edward había convencido a su compañero en el bar de permitir que Carlisle continuara bebiendo mucho después que otros establecimientos.

En los primeros días después de la muerte de Esme, la única forma en que Carlisle sobrevivía era al ahogar su tristeza en whisky de malta hasta que no podía sentir nada—o caminar, si vamos al caso. La mayoría de los bares no lo permitían, pero ya que no estaba operando y siquiera trabajando en ese entonces, y tenía su propio chofer, Carlisle estuvo agradecido con el personal de SER por permitirle simplemente ser.

Las reglas había sido exactamente lo que afligido viudo necesitaba. Cada vez que visitó el bar hizo un gran esfuerzo para dejar sus preocupaciones en la puerta. El resto del tiempo, el fantasma de Esme lo acompañaba a todas partes, pero cuando estaba en SER, también intentaba dejarla en la puerta. Le daba un par de horas de alivio y le permitía respirar de nuevo.

Los chicos habían sido muy comprensivos y pacientes. Siempre fueron rápidos para llenar su vaso y conversar de nada en particular. En SER, no había decepcionado a nadie—en particular a sus preocupados colegas, que pensaban que el jefe de cirugía estaba perdiendo su grandeza. Carlisle no estaba perdiendo su grandeza. Solo había perdido la otra parte de su alma, y los chicos le dieron el tiempo para sanar la herida, de la única forma que conocía.

Notó que Edward había estado tenso, nervioso y casi ligeramente asustado durante toda la noche. Al principio, lo atribuyó a que posiblemente se sentía fuera de lugar en un restaurante como Le Bernardin, pero entre más lo observaba, más quería hacerle una revisión médica. Se sorprendió al creer que Edward pudiera sufrir de ataques de ansiedad, pero su actual estado de angustia lo señalaba así.

Edward tenía fuertemente agarrados el cuchillo y el tenedor. Sus expresiones faciales cambiaban rápidamente de sorpresa, a preocupación, a un poco de enojo e incluso miedo, o eso pensaba el doctor. Edward tenía una ligera capa de sudor en su frente, que parecía estar empeorando conforme avanzaba la comida. Varias veces, pareció tener problemas para tragar su comida, y se centraba constantemente en Bella a su lado. Ella conversaba cortésmente con los que estaban a su alrededor, pero su atención nunca estaba lejos del hombre junto a ella. Le daba sonrisas sugestivas y parecía estar checándolo constantemente.

De pronto, Edward sujetó el borde de la mesa, y cuando le frunció el ceño a Bella, confirmó la teoría del doctor. Carlisle estaba seguro que Edward tenía problemas de ansiedad y se preguntaba cómo podría abordar el tema para conseguirle ayuda. La ansiedad era un desorden manejable, y considerando lo mucho que el joven había ayudado a Carlisle a sanar, también parecía lo correcto el facilitar su vida.

Edward se contoneó y se removió en su asiento mientras el camarero retiraba su plato vacío. Estaba orgulloso de sí mismo por haber terminado su comida, considerando la dulce tortura a la que su novia lo estaba sometiendo. La mente de Bella estaba en la recámara, y Edward tenía que sentarse en público, tratando de comer mientras ella le daba una erección tan grande que sudaba ante la idea de tener que levantarse y dejar la cubierta protectora de la mesa.

Todavía le admiraba que una chica tan dulce tuviera una mente tan pecaminosa. Para todos alrededor, ella parecía tener una inocencia angelical, pero él podía ver dónde estaba su mente—su diablilla sexual estaba en su apogeo. Si Edward hubiese sabido lo mucho que su corbata y camisa la excitaban, los hubiera usado hace meses cuando trataba de tentarla para que lo besara.

Edward no podía esperar a llegar a casa para dejar que realizara su fantasía realmente. En su mente, Bella lo tenía desnudo y atado a su cama con su corbata. Edward había atado a unas cuantas chicas cuando era más joven, pero nunca lo habían atado a él. La idea lo excitaba, lo que empeoraba la incómoda situación en sus pantalones. Era la tortura más deliciosa y había aliviado su estrés por el concurrido restaurante. Ninguna otra imagen podría acercarse a la mente de Edward con la película porno de Bella en reproducción continua.

Edward hizo a un lado su postre sin tocar. Sus abdominales estaban hechos nudos por su constante estado de excitación. Jugando sucio, Bella se imaginó embarrándose el pegajoso pudin de bayas sobre sus senos desnudos, a solo unos centímetros del rostro de Edward, mientras él seguía atado a la cama.

Edward gimió audiblemente y cerró sus ojos. Ahora no sabía si comerse el postre o no. Carlisle se inclinó frente a Bella.

"Hijo, ¿te sientes bien?"

"Oh, él está bien, Carlisle," le respondió Bella por él, sosteniendo una cucharada del decadente postre en los labios de Edward. La mirada que ella le dio a Edward lo desafiaba a tratar de resistirse.

Edward sabía cuándo lo habían derrotado. Abrió la boca y aceptó el dulce bocado. Cuando Edward deslizó la cuchara en su boca, Bella cambió la imagen mental para hacer que al mismo tiempo comiera el cremoso postre de su pezón derecho. Estaba mezclando la realidad con su show mental y sabía que eso le afectaría. Tenía razón.

En respuesta, Edward se aseguró de hacer una escena de lamer la cuchara hasta dejarla limpia, al saber muy bien cómo reaccionaba su chica a sus labios húmedos. Edward decidió, que los dos podían jugar sucio.

Bella cruzó sus piernas, tratando de darse la fricción que deseaba allá abajo. Su movimiento no pasó desapercibido.

Carlisle se acomodó en su silla y los observó más. Su vínculo era como ningún otro. Algo estaba pasando, pero tal vez no era ansiedad.

Bella iba a tomar otra cucharada de postre. Edward agarró su muñeca y se comió su porción sin demora pero soltó su mano como si lo hubiera quemado. Mientras seguía cerca de ella, le dijo, "Será mejor que tengas cuidado, hermosa, o nos quedaremos aquí toda la noche."

La mirada que acompañaba sus palabras le dio el verdadero mensaje.

¿No estás en condiciones de levantarte, eh, Masen?

Bella visualizó en seguida los sorprendidos jadeos de horror cuando Edward se levantara, exhibiendo orgullosamente la tienda de campaña en sus pantalones a los demás comensales, pero en su mente, el bulto en sus pantalones era de más de medio metro de largo y sobresalía como una varita mágica.

Una vez más, tomado por sorpresa por su descarada mente, Edward roció el agua que había estado tomando sobre le mesa, provocando una segunda escena. Bella ocultó su risita detrás de su mano, mientras él se disculpaba profusamente con los atónitos amigos de Carlisle y limpiaba el desastre con su almidonada servilleta de lino.

Edward agarró la mano de Bella y la sostuvo con firmeza. Necesitaba un descanso, o su imagen mental se volvería una realidad. Bella se acercó y lo besó suavemente en los labios. Su rostro estaba divertido y vivo por la emoción. A Edward le encantaba que fuera él y su "don" los que la hicieran tan feliz. Por primera vez desde que hizo trampa en los exámenes del instituto, pensó que tal vez, solo tal vez, no era tan malo ser él. Con Isabella a su lado, tal vez podría simplemente ser él mismo.

Bella usó todo el autocontrol que poseía para alejarse de la cama. Edward estaba completamente desnudo y tendido sobre ella. Bella había usado su corbata gris para asegurar sus dos muñecas, antes de atarlas a la cabecera. Edward se veía absolutamente glorioso, y su erección estaba finalmente libre para erguirse totalmente.

Caray, me quiero sentar en eso.

"Joder, sí."

Tomando una respiración profunda, Bella se dio la vuelta y atravesó la sala de camino hacia el baño. Todavía estaba completamente vestida en su traje de trabajo y quería cambiarse para provocarlo totalmente.

Concentrándose en un tono claro de amarillo limón, Bella se cambió en su conjunto de Gonzo. Como Edward le sugirió, compró la camiseta a juego una talla más pequeña. Las apretó para meterlas y admitió que sí, se veía ardiente por la forma en que abrazaba su pecho. La diminuta cara de Gonzo descansaba sobre su corazón. Las bragas a juego se pegaban muy bien a su trasero, y para variar, Bella se sintió realmente sexy.

Bella despejó su mente del color para bloquear.

¿Listo, Masen?

"Desde la entrada, nena," le respondió a través de la puerta cerrada.

Sonriendo, caminó descalza hacia la cama —sus dedos color cereza centellando con la luz. El dinero de Edward le había permitido a Bella pequeños lujos que hace mucho había olvidado—sus brillantes dedos también contribuían a su seguridad.

Levantando la vista desde sus pies, Bella vio los ojos de Edward recorrer su cuerpo.

"Gonzo, ven aquí."

No creo que estés en posición de hacer demandas.

Los ojos de Edward se abrieron por la encantadora sorpresa, y tragó saliva.

Abre tus piernas.

Él lo hizo.

Bella subió y se sentó entre sus rodillas con sus piernas dobladas hacia atrás. Se aseguró de no tocarlo. El ver a Edward esperando a que tomara el control aumentó la humedad entre sus piernas.

Joder, te deseo.

"Soy tuyo."

Quiero probarte.

"Oh, cielos," gimió él, sus brazos tirando de sus ataduras.

Bella cerró los ojos y comenzó la mamada de sus sueños más salvajes.

Bella nunca había conseguido dominar el arte de llevarlo a lo más profundo de su garganta. Nunca pudo relajar lo suficiente su garganta y mandíbula como para no querer vomitar. En la universidad, como parte de una iniciación para los de primer año, Bella había visto una película porno que había estado grabada en su mente desde entonces. La protagonista de cabello negro había conseguido tragar la polla más grande que Bella había visto en su vida. El protagonista masculino lo tenía como un toro, y su coestrella ni siquiera parpadeó cuando lo rodeo por completo con su boca.

Bella se imaginó igual de talentosa, y que la polla de Edward estaba en ese momento en su garganta, en lo más profundo de su boca. Visualizó la escena exacta que la mujer había interpretado en el video. Murmuró, enviando estremecedoras vibraciones desde la polla de Edward hasta los electrificados nervios de su columna. Tragó y chupó, incrementando la fricción al mismo tiempo que lo llevaba aún más profundo, pero todavía en su cabeza.

Edward estaba casi ciego por el placer. Aun cuando los labios de Bella estaban a un metro de su polla, habría jurado que ella de verdad estaba haciendo su magia, a ese grado era la intensidad de su visualización. Su cuerpo estaba tenso por la necesidad, sus músculos y tendones sobresalían cuando forcejeaba contra su corbata.

"Oh, mierda, nena. Oh sí," la alentó.

En la visión, la cabeza de Bella subía y bajaba por su longitud, tomándolo completo antes de volver a sacarlo. Estaba arremolinando su lengua en torno a su cabeza y de vez en cuando lo rozaba ligeramente con sus dientes.

Bella abrió los ojos, todavía dándole placer en su mente, y fue recibida con la expresión más salvaje de deseo que jamás haya visto. Deslizando su mano dentro de sus bragas de Gonzo, estimuló de verdad su húmeda carne.

"¡Joder!" Exclamó él cuando sus ojos siguieron los dedos de ella. Bella se aseguró de añadir la estimulación con sus dedos a la mini B que estaba inclinada sobre su polla. Una vez más Bella estaba difuminando los límites entre la fantasía y la realidad, porque había visto lo bien que había funcionado al probar el postre en el restaurante.

"Oh, Jesús," blasfemó Edward. "Vas a hacer que exploté."

El escuchar las palabras de Edward la alentó. Hacerlo perder el control sin tocarlo era su objetivo.

Bella agarró su camiseta y se la quitó—sus senos libres expuestos para Edward. Regresó su mano donde estaba y ajustó la imagen mental como correspondía.

Bella no había planeado correrse, pero la visualización doble la estaba excitando tanto que decidió no contenerse. Edward podía ver a la verdadera Bella temblando y retorciéndose a medida que la tensión se acumulaba entre sus piernas.

"Hazlo, nena," la motivó.

Abriendo más sus rodillas, Bella introdujo más profundo sus dedos y gimió por la sensación. Se concentró con todas sus fuerzas en seguir devorando a Edward en su cabeza, y su erección se sacudió en reacción a sus pensamientos. Los dos estaban cerca.

"Por favor, nena…" Edward gimió. "Por favor, tócame."

Bella cogió sus bolas con su mano libre—en su fantasía.

"No, de verdad," le suplicó. "Por favor."

La desesperación en su voz, combinada con la visión de cada músculo de su cuerpo luchando contra su eminente liberación, la llevó a la cima.

"Oh, Ed… Edward, cariño…" Murmuró, sintiendo la ola de euforia avanzar por su cuerpo.

"Dios, me encanta verte correr, pero por favor, estoy muy cerca. Por favor," le suplicó otra vez.

El cuerpo de Edward estaba rígido. Los músculos de sus muslos estaban tirantes y tensos, sus abdominales sobresalían con tanta claridad que podía contarlos, mientras que sus bíceps podían verse saltar de sus brazos cuando tiraba para liberarse, al demorar su orgasmo hasta que sintió el de ella con su cuerpo y su mente.

Bella imaginó a Edward perdiendo el control y simultáneamente lo tomó en su boca—de verdad. En el segundo que sus labios envolvieron su polla, y succionó con fuerza, Edward explotó en su garganta, rugiendo obscenidades y su nombre a todo pulmón.

Bella disminuyó la presión sobre él al mismo tiempo que subía y bajaba por su tembloroso miembro, antes de incorporarse—de lejos, la mujer más orgullosa de Nueva York.

Edward se derrumbó en la almohada, respirado pesadamente. "Eso…" Jadeó "fue… la mierda más caliente… que he experimentado en mi vida."

"No estaba segura de poder hacerlo."

Todavía mirando hacia el techo porque los músculos de su cuello y espalda se acercaban a la misma consistencia de la gelatina, juró, "Mierda, si eso es lo que te motiva a hacer la nueva ropa interior, entonces de ahora en adelante, nunca volverás a usar el mismo conjunto dos veces."

Bella soltó una risita.

"Hablo en serio. Voy a comprar todo el maldito cargamento."

Edward la miró con una mezcla de lujuria, asombro y puro deseo.

"Será mejor que te prepares, jovencita," le dijo, su voz todavía ronca. "Desátame."

Bella miró su carne blanda con una sonrisa. "Creo que tengo mucho tiempo," le dijo, orgullosa por lo agotado que estaba por ella.

"Calculo unos tres minutos y luego tu coño será mío," gruñó, todavía tirando de la atadura de su muñeca.

Bella miró de nuevo su polla y le levantó una ceja con incredulidad. "Parece que está noche hemos terminado," le dijo en broma.

Edward sacudió su cabeza y trató de no reírse. Ya podía sentir que su polla volvía a la vida porque realmente la deseaba. Bella lo liberó de sus demonios mentales y por ello, la amaría por siempre.

"Desátame," ordenó. "La noche aún es joven, Muñeca, y apenas me estoy calentando."


Queda claro que, como explicó Edward en el capi pasado, a Bella le quedó bien el papel de Gonzo. Atrevida la muchacha jajaja Y sin duda es lo que Edward necesitaba para recuperar la cordura. De todo un poco en este capítulo y por lo que vimos, Carlisle ya está sospechando. ¿Será que Edward tenga la confianza suficiente para contarle de su don a Carlisle? Ya lo veremos.

Muchas gracias por seguir acompañándome en esta traducción, gracias también por sus reviews que siempre alegran mis días. Me encanta leer que disfrutan de la historia y sus teorías respecto a ella, pero si me escriben con tan solo un gracias, no duden que se los agradeceré y disfrutaré de leerlo :) Gracias a quienes lo hicieron en el capi pasado: lagie, paosierra, SummerLove20, Marttha Cullen Dollanganger, Roxy Sanchez, becky grandchester, soledadcullen, Prisgpe, Gabriela Cullen, Laura Katherine, Hanna D.L, Cathaysa, Maryfer VC, Carolina YDM, Brenda Cullen, Dess Cullen, Antonia, tulgarita, YessyVL13, PEYCI CULLEN, Injoa, , ginnicullenswan, glow0718, freedom2604, larosaderosas, Adriu, danielitaavahen, Ericastelo, Jade HSos, Nnuma 76, Shikara65, Sully YM, Bertlin, rosy canul, Mony Grey, Tata XOXO, JeniZuluCullenM, xelatwi, Jazmin Li, Rosibel, Yoliki, Mafer, Pam Malfoy Black, blankitapia y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo capítulo.