Y como esto no puede faltar: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la autora de esta genial historia es FoxxyJ, yo solo la traduzco.
Y me acompaña de nuevo mi querida Beta y amiga Erica Castelo, gracias por tu ayuda y apoyo con las traducciones. ¡Eres la mejor!
Los X-Men: Cómic de 1960 del que se han hecho varias películas—todas las cuales me encantan. Véanlas. Primera Generación es genial.
Capítulo 19 – Los X-Men
Después de mostrarle a Carlisle, Edward se unió a Alice, J y Bella en la sala. Apenas eran las 10 p.m., pero se sentía como si hubiese vivido lo equivalente a una semana en las últimas veinticuatro horas. Se sentó en la mesita de café frente a ellos y a propósito resistió el deseo de tocar a Bella.
¿Cómo te fue?
Sé que él los protegerá.
Edward asintió y luego explicó cómo se sentía mucho mejor con Carlisle de su lado. Los tres estaban sorprendidos por lo bien que el amable doctor se había tomado las noticias. Edward no había compartido nada del don de Alice con él, y le dijo que era su decisión si quería ponerlo al tanto de ello.
Deseando estar a solas con su increíble y sorprendentemente generosa novia, corrió a su hermana y mejor amigo. Tenía otro tema que considerar antes de que pudiera relajarse, y ahora parecía un buen momento como cualquiera.
Bella extendió su mano para tocar la rodilla de Edward, pero él la apartó.
¿Qué pasa?
"Tengo que hablar contigo… y… quiero ver tu reacción," le dijo en voz baja, con el sudor comenzando a formarse en su frente.
¿Es algo malo?
"Espero que no."
Bella tenía muchas ganas de tocarlo pero se refrenó, aceptando su petición. Su mente se disparó hacia las terribles posibilidades como consecuencia de su conversación con Carlisle, pero estaba confundida porque acababa de decirle que salió bien. Su desconfianza en sí misma—que había desaparecido recientemente—surgió de nuevo, y comenzó a sentir pánico.
Sacudiendo su cabeza, él continuó, "Oye, no te preocupes, cariño. Yo… ahh…"
La miró a los ojos, y Bella sintió como si estuviera tratando de leer sus pensamientos, pero se sintió diferente. Fue casi como si estuviera tratando de comunicarse con ella mentalmente. Intentando permitirle ver dentro de su mente.
"Yo…" Dijo con un suspiro. "Quiero que te mudes conmigo."
¡Mierda!
¿En serio?
¿Tan pronto?
¿Estás seguro?
Wow…
Me tenías preocupada.
Su mente trabajaba a toda velocidad, cubriendo todos los ángulos. Edward se sentía aliviado porque ni una sola vez dudo si quería estar con él a largo plazo. Estaba más preocupada de que se estuvieran moviendo demasiado rápido, pero podía ver claramente que ella esperaba que algún día tomaran juntos ese paso.
Suspirando de alivio, él se movió hacia el sofá junto a ella y la puso sobre su regazo.
"Oh, gracias a Dios," dijo en su cabello.
"¿Eh?" Bella no estaba segura a qué exactamente estaba respondiendo porque ella sabía que su mente se había disparado fuera de control cuando él expresó su idea.
"No te asustó la idea," él le aclaró.
"No, ¿pero no crees que es un poco pronto?"
"B, no somos como las parejas normales."
"Como otras parejas," lo corrigió. Odiaba que él no se sintiera normal.
Él rodó sus ojos juguetonamente. El estrés lo había abandonado en el en instante que vio dentro de su mente, y ahora sentía que podía divertirse un poco.
"Múdate conmigo," le dijo, acariciando su cuello con su nariz.
Bella se contoneó y retorció, tratando de concentrarse.
"Edward."
"Bella."
Oh Dios, no el tono sensual…
Esa voz provoca cosas en mí…
Él continuó saboreando su cuello, y sus manos ahora se unieron a la diversión, dirigiéndose directamente al interior de sus muslos.
"Hablo en serio." Le dijo ella con un suspiro, sintiendo que su traicionero cuerpo respondía a sus atenciones.
Oh joder…
Mantente…
Firme…
"Yo también. Sobreviviste la semana conmigo y no quisiste matarme."
Bella sonrió para sí misma. Sabía que cuando pasó sus vacaciones con él había sido un tipo de prueba, pero no sabía para qué exactamente. Así que él había querido ver si ella podía lidiar con él veinticuatro horas al día los siete días de la semana.
Tontito…
Por supuesto, puedo lidiar contigo…
Hablando de lidiar…
No…
No te distraigas por sus habilidosos dedos y su insistente lengua…
Edward se puso de pie con ella en sus brazos y caminó a zancadas hacia su cama. Su boca empezó a acariciar todos los puntos favoritos de ella mientras él los acostaba a ambos.
"Piensa…" beso "… en todas…" beso "…las ventajas." Él le había quitado la camiseta y estaba tratando de quitarle el sujetador.
"Pero…" Consiguió decir, tratando de mantener el control. Estaba encontrando increíblemente difícil no restregar sus caderas contra las de él.
"Solo escucha…" Beso, mordisco, chupetón, mordida. Él agarró sus dos manos y las colocó sobre su cabeza, sujetando sus muñecas con una de sus grandes manos. Se echó hacia atrás para mirarla a los ojos, mientras su mano libre trazaba ligeros patrones en su pecho y estómago, volviéndola loca. "Si te mudas aquí, puedes ahorrar más dinero para Charlie."
Los ojos de Bella se ampliaron un poco. Él sabía que no había pensado en eso.
"Vas a estar más cerca del trabajo." Ahora se agachó y pasó su nariz a lo largo de su mandíbula. El aliento de él se sentía caliente en su cuello. "Más tiempo para dormir en la mañana… conmigo…"
Joder…
Resiste…
Mirándola una vez más, él dijo, "Tendrás un amo de casa que lave y limpie mientras estás en el trabajo." Su rodilla se movió para separar sus piernas mientras él se acomodaba más entre ellas. "La cena va a estar preparada y en el refrigerador para ti."
Le sonrió con suficiencia porque ella definitivamente no había pensado en eso. Él aplicó más presión a su centro con sus caderas.
"Tu propio barman… privado… sin camisa…" Le dijo, besándola con intensidad antes de al fin liberarla del sujetador, antes de probar su fresca y rosada carne.
"Y, vas a tener acceso a sexo…" beso "… diario…" beso "… siempre…" beso "… que lo desees." Se prendió de su garganta y chupó con fuerza, a sabiendas de que marcaría su piel y que ella sucumbiría en cualquier momento.
Bella gimió con fuerza, y Edward sintió que sus brazos se relajaban. Ella no iba a resistirse por más tiempo. Empujó sus caderas contra ella con rudeza, dándole a ambos la fricción que necesitaban.
"¡Oh, joder… sí!" Gimió ella, retorciendo una de sus manos para liberarla de manera que pudiera agarrar un puñado de su cabello y atraerlo hacia ella. Se besaron con ardor por varios minutos antes de que ella se apartara, jadeando por aire. "Juegas sucio."
Él se rio entre dientes contra su ahora seno desnudo. "¿Cuándo?"
"¿Qué?" Bella abrió sus ojos y lo miró, molesta.
Él le sonrió de nuevo, disfrutando de la necesidad del cuerpo de ella por el suyo. "¿Cuándo vas a mudarte?"
"Maldición, no me importa, solo fóllame de una vez," le ordenó, meciendo sus caderas contra las de él, mientras su mano abría su bragueta con botones.
"Desnúdate para mí," le ordenó él en respuesta.
Él se incorporó deshaciéndose de su ropa, dejando solo las placas de identificación colgando contra su pecho desnudo. Bella se levantó de un salto de la cama para hacer lo mismo. En seguida estaba una vez más recostada, esperándolo. Ansiosa. Él la miró, abierta y deseándolo, y la euforia que sintió fue demasiada. Seguramente esto era un sueño. Ciertamente esto no podía estarle sucediendo a Edward Masen. Seguramente.
Sin querer arriesgarse a despertar si era un sueño, no perdió tiempo y empujó rápidamente dentro de ella. Bella envolvió su cuerpo en él, y él la imitó al aferrarse a ella tanto como le fue posible. Edward creía que su corazón iba a explotar.
"Joder," dijo entre su aliento contra su cuello. "Soy un maldito suertudo. Algunas veces juro que eres un sueño."
Bella agarró su rostro y lo silenció con su boca. Ella era la suertuda. Él era su sueño, y en ese momento estaba convirtiendo todos los salvajes en una realidad.
…
Tres semanas después, el domingo justo después de almorzar, Edward, Bella y todo el grupo estaban ocupados mudándola al departamento de Edward. Desde la noche de la fiesta, Bella había vivido con Edward. Se había rendido a sus sentimientos y decidió disfrutar del viaje. Su corazón estaba seguro que su lugar era junto a Edward, así que acalló su mente y simplemente se dejó llevar para variar. Por fin estaba dominando la regla de "solo ser". Ahora se estaba convirtiendo en su favorita.
Bella estaba sorprendida de lo fácil que fue encontrar a alguien que se quedara con su arrendamiento. Jacob estaba harto de compartir, y cuando escuchó que ella tenía un pequeño departamento de una recámara en Queens, aprovechó la oportunidad de quedarse a cargo de la renta. Su pandilla lo estaban mudando allí y la de ella la estaba sacando el mismo día. Su departamento nunca había visto tanta actividad.
El Jeep de Edward estaba estacionado detrás de SER, estaba lleno hasta el tope con cajas y pequeñas piezas de muebles. Em y Jasper estaban arriba discutiendo sobre las instrucciones del nuevo ropero de Bella. No había ningún espacio que sirviera de armario en el departamento de Edward, y la única condición que puso ella fue que tuviera su propio ropero doble. Edward había salido el día siguiente y compró uno, pero todavía no se habían hecho el tiempo para ensamblarlo.
"No, pendejo. Estás sosteniendo el diagrama al revés," dijo Em, exasperado.
"No, no es cierto," respondió Jasper, frunciendo el ceño. Estaba de pie, con las dispares piezas de armario dispersas en el normalmente inmaculado piso de Edward. Le dio vuelta disimuladamente al dibujo hacia el otro lado para ver si tenía más sentido. "Oh, es cierto."
Emmett rodó los ojos.
Edward estaba en el baño vaciando la mitad del espacio para Bella. Ella estaba en la cocina con Rose, encontrándole hogar a todos sus utensilios. Había dejado la mayoría de sus cosas de cocina para Jake porque Edward tenía de todo. El estar atrapado dentro de su casa la mayor parte de su vida lo había convertido en un chef de televisión, y su amor por el canal de compras significaba que tenía casi todo lo que una buena cocina necesitaba. Todas las cosas con las que se quedó fueron elegidas por razones sentimentales.
Edward se acercó sigilosamente detrás de ella mientras se estiraba para colocar unas copas de vino en la repisa superior. La rodeó con sus brazos.
"Voy a bajar por otra carga. ¿Algo en particular que quieras subir ahora?"
"¡No, Emmett!" Gritó Jasper. "Así no es como va…"
"¡Como si fuera a creerte!" Respondió Em.
Rose, Edward y Bella se volvieron para ver a los dos hombres forcejeando por el destornillador, las piezas en el suelo no eran ni de cerca parecidos a un ropero. Jasper tenía la hoja de las instrucciones sujeta entre sus dientes. Se aferró a la punta de mental del destornillador con todas sus fuerzas, pero Em solo se rio y lo empujó como si fuera un niñito. Sin querer darse por vencido, Jasper se lanzó sobre la bolsa de destornilladores, y la competencia empezó de nuevo.
"No, solo lo que sea más fácil. ¿Quieres una mano?" Preguntó Bella.
Dejó que sus ojos vagaran sobre su hombre. Estaba encontrando un poco surreal el que fueran a vivir juntos. Iba a tener acceso a él a cualquier hora del día o de la noche y nunca tendría que preocuparse de nuevo por empacar una estúpida maleta para pasar la noche. Edward llevaba unos jeans viejos, rotos en ambas rodillas. Traía puesta una camiseta vieja y descolorida del bar SER, la imagen a color en su pecho agrietada y descascarándose. Miró la curveada caricatura pelirroja en el frente, pero en lugar de sentirse poca cosa, recordó verse y sentirse como un millón de dólares en su vestido Bond. La confianza de Bella en sí misma estaba aumentando, y ella sabía que era por ese encantador hombre.
"Estoy bien. Ustedes dos quédense aquí y asegúrense que no destrocen el lugar."
Edward bajó saltando las escaleras interiores con nuevos bríos. Bella era suya. Se estaba mudando. Su vida tenía propósito una vez más, y no podía estar más feliz. Esa noche, después de cerrar el bar, subiría las escaleras hacia el departamento de ellos—no de él—sino de los dos. Esa noche, sería oficial.
Al dar la vuelta a la esquina para salir a la parte de atrás, se congeló a media zancada y sujetó la pared cuando su mente procesó la decisión de ella.
"Alice… no," dijo en un jadeo, cuando comprendió lo que estaba a punto de pasar en la habitación de a un lado.
Edward se giró y atravesó corriendo la cocina.
El tema para el bar de esta noche era Los X-Men. A Edward y Alice siempre les había gustado ese cómic al crecer porque podían identificarse con los mutantes. Alice siempre había tenido la esperanza de encontrar a alguien que compartiera su talento o uno similar, para no estar solos. Edward siempre se había burlado de ella, declarando que estaba loca. En la mente de él, eran fenómenos de la naturaleza que estaban solos, y no había necesidad de arrastrar a otras personas al infierno que había sido su vida por tanto tiempo—ocultando constantemente sus habilidades y nunca confiando en nadie.
Alice había querido echar la casa por la ventana y colgar equis de un brillante color rojo del techo, así que había estado abajo decorando el bar y haciendo el trabajo de preparación para los chicos. El grupo decidió que Jasper y Edward serían más útiles para cargar y desempacar, de modo que Alice dejaría todo preparado para la sedienta multitud del domingo por la noche.
Entrando al lugar, Edward vio el destello plateado del cuchillo cortando el aire frente a su hermana. Alice estaba retrocediendo y saltó hacia atrás justo a tiempo para escapar de la hoja. Obviamente, había visto la decisión del enfermizo hijo de puta, pero se había arrinconado entre las mesas y sillas. Alice tenía que mantener los ojos en el hombre que quería matarla, pero estaba atrapada contra una mesa. Los ojos de Edward se clavaron en el conocido tatuaje.
"No puedes correr. Te atraparé, perra," el hijo de puta gruñó al dar un paso más cerca. "¿No sabes que no es inteligente dejar la puerta trasera abierta en esta ciudad? Nunca se sabe quién podría entrar de la calle."
Sin vacilar, Edward agarró su bate de béisbol y saltó por encima de la barra. Se movió como un rayo cuando su mente registró los pensamientos del bastardo. Ese cabrón se iba a arrepentir de volver a su bar y lastimar a su familia.
La atención del hombre estaba enfocada en Alice, así que nunca escuchó venir a Edward. Edward tensó su cuerpo, echando el bate detrás de sus hombros a medida que cerraba el espacio entre ellos.
En el último segundo, Alice gritó cuando registró la decisión de su hermano.
"Edward, NOOOO…" Gritó.
El hombre se dio la vuelta en el último momento justo cuando Edward soltó el golpe. Su objetivo había sido los hombros del tipo, queriendo derribarlo con fuerza, pero el movimiento repentino del hombre hizo que fallara e incluso Edward no pudo detener lo que se había puesto en marcha.
Su bate giró y se estrelló a un costado de su cráneo con una fuerza rompe huesos. El cuerpo del hombre se giró bruscamente hacia la dirección contraria del atónito par, y por un segundo, se quedó suspendido en el limbo antes de desplomarse en el suelo.
"¡Joder!" Rugió Edward, sus ojos amplios por la conmoción al ver lo que acababa de hacer accidentalmente. Quería derribarlo, pero no así.
Alice fue la primera en salir de su estupor temporal y se acercó al cuerpo ahora sin vida. Verla moverse despertó abruptamente a Edward de su coma. Agarró su brazo, deteniéndola. No tenía que ver eso de cerca.
"No lo hagas. Dame el teléfono."
Edward dio tres pasos para ver al hombre e hizo una mueca cuando vio la sangre de un intenso carmesí impregnar la oscura alfombra. El líquido claro goteando de su oído y mezclándose con el desastre no podía ser bueno. Edward le echó un vistazo a la punta del bate, todavía en sus manos, y le sorprendió encontrarlo limpio. No se veía como si acabara de terminar la vida de un hombre.
"¿Qué hice?" Las náuseas lo inundaron.
Alice estaba a su lado y le daba el teléfono. Lo alejó de cuerpo desfigurado y de regreso hacia la barra. En ese momento exacto, Emmett y Jasper chocaron uno con el otro, tratando de pasar por la pequeña puerta de la cocina que no estaba hecha para dos hombres grandes.
Antes de que tuvieran tiempo de hablar, la voz de Edward lo explicó todo.
"Con los paramédicos, por favor. Creo que acabo de matar a un hombre," dijo en el auricular.
…
El BAR SER no iba a abrir pronto. A medida que los clientes llegaban, un policía haciendo guardia junto a la cinta de la escena del crimen que cruzaba la entrada hacía que se marcharan. Varios miembros de los medios de comunicación se habían presentado pero también se les hacía retroceder.
Edward, Alice y Emmett estaban en la estación, mientras Jasper se había quedado para vigilar el bar y a las chicas. Jasper no estaba contento al ser separado de Alice mientras a ella se la llevaban a la estación, pero el oficial a cargo le aseguró que estaría bien. Jasper no había querido discutir en caso de que levantara sospechas innecesarias. Rezó porque fuera un caso cerrado de defensa propia y que encontraran evidencia en la casa de ese bastardo que sugiriera que Edward le había hecho al mundo un favor.
Bella caminaba de un lado al otro de su nuevo hogar como un lobo enjaulado. Estaba fuera de sí por la preocupación y el miedo. Su día había sido tan perfecto, y ahora había quedado en ruinas. No podía estar quieta sin importar lo mucho que lo intentara, y hasta que el cuerpo fuera removido del bar, no iba a bajar. Quería estar con Jasper porque sabía que se estaría sintiendo como ella.
¿Y si descubren quiénes son?
¿Qué pasa si va a prisión?
O peor…
¿Qué demonios puedo hacer para ayudar?
Oh, Edward…
La policía ya había interrogado a las chicas y les habían permitido volver arriba. Rose accedió a quedarse con Bella mientras Emmett estaba en la estación.
Emmett, al igual que Jasper, no habían sido testigos de nada, pero él identificó al tipo como el hombre que lo había apuñalado y por lo tanto también se le requería en la estación. Él estaba feliz de ir con los hermanos para tratar de protegerlos si podía y mantener la atención en el pendejo que había causado todo este lío en lugar de su amigo, que había actuado en defensa propia. Se iban a hacer preguntas sobre por qué ninguno de los hermanos tenía un registro público de estar en la ciudad. Licencias para conducir expiradas de un estado diferente iban a poner algo en marcha que incluso Emmett no sabía cómo lo iban a detener.
Edward estaba sentado en la sala estéril de interrogación. Las paredes grises y el vidrio de espejo no hicieron nada para calmar sus nervios. Ya había contado su historia tantas veces que estaba seguro que no había un policía en la ciudad que no la hubiese escuchado directamente de él. Las miradas que había recibido en cada ocasión que trató de explicar por qué su única forma de identificación era tan vieja, y por qué había estado conduciendo sin licencia como resultado, lo estaba haciendo sudar.
Sabía que empezaba a actuar culpable, y que los policías iban a leer su lenguaje corporal como un intermitente cartel de neón en un bar, pero no podía evitarlo. Podía ver lo que estaban empezando a pensar. Comenzaban a preguntarse si no era un simple caso de defensa propia, y eso lo estaba poniendo jodidamente nervioso. Ahora tenía que cuidar lo que decía. Quería decirles que él no había atraído al tipo ahí para vengarse, pero no podía hacerlo porque, ¿cómo podría saber que estaban pensando eso? Nadie había expresado esas ideas, y le frustraba increíblemente el tener que mantener silencio cuando su inocencia estaba siendo cuestionada.
Se quedó en silencio y escaneó los alrededores en busca de las ondas cerebrales de Alice. La había captado hace una media hora repitiendo su historia, pero ahora no estaba en su radar. Empezó a preocuparle lo que eso significaba. ¿Por qué no podía escucharla? ¿A dónde la habían llevado? ¿Por qué esto les estaba tomando tanto tiempo? ¿Qué hora era, de todos modos?
A Emmett lo habían dejado ir antes de la estación. La policía estaba complacida con la información y la identificación que les había provisto, pero como había estado arriba cuando ocurrió el incidente, no les servía. Emmett hizo lo mejor que pudo para enviarle un mensaje a Edward, pero sus figuras de palitos seguían siendo completamente desconcertantes para leer. Edward pensó que su amigo regresaría al bar pero sus imágenes mentales sugirieron que iba a ir a encontrar a una… drag queen. Edward estaba totalmente confundido por los raros dibujos en la mente de Emmett. La figura de palitos tenía una extraña peluca y llevaba puesto un vestido, pero estaba seguro que era un hombre. Edward trató de descifrar los posibles lugares a los que Emmett iría pero no pudo encontrarle ningún sentido. Sabía que la policía definitivamente había terminado con él, y Edward solo quería que Em regresara con Bella y se asegurara que ella estuviera bien sin él.
El tiempo pasó.
Tal vez una hora…
Tal vez dos… o más…
Edward no podría decirlo. Todo lo que sabía era que algo definitivamente no estaba bien. Había golpeado la puerta dos veces en desesperación, pero nadie le había respondido. Podía ver muchas imágenes mentales en el área a su alrededor, pero ninguna de ellas eran de los policías involucrados en su caso. La mayoría eran criminales insignificantes, tratando de inventar alguna historia creíble. Estaba dividido entre el pánico creciendo en su pecho y la necesidad de actuar de forma indiferente, tranquila e inocente. Él era inocente—casi. No era realmente su intención el matar a ese tipo, pero sabía que a los ojos de la policía, él y su hermana darían la impresión de ser fugitivos. Sin registros, sin antecedentes, huyendo, ocultando algo.
Culpables.
El estar rodeado de personas culpables tratando de actuar también como inocentes, solo elevaba sus niveles de estrés. A los policías les mentían todos los días. Edward sabía que iban a ver los errores en su historia y la de Alice si hacían las preguntas correctas.
Escuchó el parloteo mental de un oficial que venía por el pasillo. Edward iba a ser trasladado. La puerta se abrió y dos policías uniformados entraron, seguidos por el detective que había ido antes al bar. Edward vio a cada uno de los hombres, tratando de determinar qué iba a pasar ahora. El policía con las imágenes mentales estaba pensando en lo enojada que iba a estar su esposa porque iba a llegar tarde—de verdad tarde—otra vez.
"Señor Masen, coloque sus manos sobre la mesa," ordenó el detective.
Edward hizo lo que le pidió y fue esposado sin demora con sus manos frente a él.
"¡Oiga! ¿Qué es esto? ¿Estoy bajo arresto o algo así?" Preguntó. Edward estaba tratando de no entrar en pánico. Sabía que los oficiales sospechaban cada vez más de su historia. Edward intentó hacer a un lado el terror que aumentó cuando el frío y duro metal apretó sus muñecas.
"Señor, usted mató a un hombre esta noche. Se me ordenó hacer esto. Está siendo trasladado para ser interrogado junto con su hermana… o eso es lo que usted afirma."
Edward sintió como si le hubieran sacado el aire. Ahora la policía ni siquiera estaba convencida de que fueran quienes decían ser. Estaba jodido—los dos estaban jodidos—y no había una maldita cosa que pudiera hacer al respecto.
Los dos oficiales uniformados lo pusieron de pie y lo llevaron por una serie de pasillos. Pasaban cada vez menos gente entre más se internaban en el edificio. Frente al ascensor, un oficial se quedó, y Edward estaba ahora acompañado por el detective y el oficial de policía de bajo rango. El trayecto hacia abajo no lo tranquilizó. Lo estaban llevando a un lugar subterráneo—muy por debajo. Los pelos de su cuello comenzaron a levantarse a medida que los recuerdos de otro compartimiento bajo tierra torturaron sus pensamientos.
En el sótano, caminaron por otra serie de corredores. Se sentían como túneles para Edward, y empezaba a sentirse como la rata en el laberinto. Cuando pasaron por una enorme puerta de acero que pareciera pertenecer a una bóveda de banco, Edward por poco y se desmaya. Esto no estaba bien.
Edward estaba seguro que ya no estaban en el mismo edificio, cuando se detuvieron afuera de una puerta sin marcas en otro insulso pasillo de concreto. El hecho de que no estuvieran en las instalaciones de la estación de policía le preocupaba enormemente. Se despidió al oficial de bajo rango uniformado, antes de se metiera a Edward en un cuarto frío y húmedo.
Alice estaba sentada al borde de su silla de metal y gritó de alivio cuando entró su hermano.
"Alice, gracias a Dios. ¿Estás bien?" Preguntó Edward, arrodillándose a sus pies. Se aseguró de no tocar sus rodillas o cualquier parte de su cuerpo con sus manos esposadas.
"Estoy bien. Solo asustada. Quiero ir a casa," dijo en voz baja, pero en su mente, le estaba gritando todas las decisiones tomadas que había visto. La había dejado ahí abajo por algún tiempo pero estaba segura que habían encontrado un registro de dónde eran Edward y Alice. Sabía que se había hecho llamadas y que el detective a cargo estaba esperando que llegara alguien. Él ya no estaba a cargo—una autoridad superior estaba por llegar. Y, eso era lo que ella más temía.
"¿Cómo estás tú? ¿Por qué estás esposado?" Le preguntó, manteniendo su fachada mientras la pequeña luz roja de la cámara de vigilancia parpadeaba desde la esquina de la sala.
Le mostró a Edward una imagen de quienes pensaba que veían, y él palideció visiblemente, meciéndose ligeramente porque su propia mente había considerado brevemente la misma idea, pero suplicó estar equivocado.
Ella le ordenó que se concentrara y se mantuviera firme. Nadie iba a lastimarlos, y si lo hacían, tenía que resistir y no ceder. La mente de Edward daba vueltas. Tenía que controlarse. Mentalmente, decidió que sin importar qué, no los traicionaría. Haría lo que hizo cuando era un muchacho. Juntos lucharían. Alice suspiró en alivio, satisfecha de que su hermano estaba en la misma sintonía que ella, y entonces la puerta se abrió revelando su peor pesadilla vuelta realidad.
Los Hombres de Negro… estaban de vuelta.
Aun cuando había pasado dieciocho años desde la última vez que Edward había posado sus ojos en el hombre que cruzó primero la puerta— ese cabrón cruel y despiadado, que se veía igual—solo canoso y más delgado. Al levantar la vista y ver su propio reflejo muerto del miedo en las gafas oscuras hizo que Edward sintiera náuseas. Era como si el tiempo no hubiese pasado en lo absoluto. Se teletransportó al pasado al instante para ver a su hermana siendo torturada y él solo sentado ahí, llorando, mientras permitía que pasara. MIB1 (1) era el mismo, pero su compañero era nuevo—y completamente silencioso de mente.
El detective original se quedó en el corredor, y después de un rápido apretón de manos, se fue sin decir otra palabra. Su única imagen mental fue de alivio por salir de una puta vez de ahí.
Eso no podía ser bueno.
Sin decir nada, los hombres entraron a la sala, la puerta cerró con un clic y un grueso sobre fue arrojado sobre la mesa. Edward notó que sus pensamientos no revelaban mucho. Se preguntó cómo lo sabían pero supuso que habían tenido una década para pensar en lo que habían aprendido de él. Tenían toda la investigación y pruebas del doctor. Pruebas que Edward había pasado una y otra vez esforzándose por probar que no era un mentiroso que quería llamar la atención y para enorgullecer a su madre por primera vez al ser capaz de hacer algo que ella quería que hiciera.
Los hombres se quedaron parados frente a ellos, con la espalda erguida, sus manos detrás de ellos, mirando justo frente a ellos como si estuvieran en un desfile militar.
Alice cogió el sobre y sacó del paquete un montón de lo que sintió eran fotos. Edward descansó sus manos todavía esposadas sobre la mesa y miró para ver lo que su hermana sostenía. Cuando ella las puso hacia arriba, jadeó y las dejó caer como brasas ardiendo sobre la superficie de la mesa.
Las fotos se dispersaron revelando imágenes horripilantes de una mujer a mitad de sus cuarenta con su cerebro salpicando toda la alfombra.
Su madre.
Muerta.
Desfigurada por la herida en su cabeza.
"¿Qué demonios es esto?" Gritó Edward, actuando impactado por las espantosas fotos. Él nunca permitió que Alice entrara en la casa ese día y empacó sus cosas él mismo para evitarle a su hermana los dolorosos recuerdos de lo que su madre se había hecho a sí misma. Ahora, eso había sido para nada. Ahora, Alice nunca podría deshacerse de esas violentas imágenes, igual que su hermano menor.
Los hombres no dijeron nada. Edward fulminó con la mirada a MIB1 porque él era el que estaba detrás de esta treta. Edward lo sabía.
Alice se dio la vuelta, incapaz de mirar por más tiempo esas fotos. Le informó a Edward la decisión que alcanzó a ver. Iban a ser acusados de asesinato—ahora de doble asesinato.
"¿Qué demonios significa esto? Quiero un puto abogado. ¿Qué demonios?" Edward gritó a medida que el pánico crecía en su pecho. Estaba teniendo problemas para introducir el viciado aire en sus pulmones, pero tenía que ser fuerte por Alice. Tenía que sacarlos de esto, pero el shock por lo que había visto en la mente de ella lo dejó mareado.
"¿Un abogado?" MIB2 dijo, antes de volverse para darle una sonrisa malvada a su cómplice.
"Solo los hombres culpables piden abogados," respondió el más viejo MIB1.
"Esas son malditas pendejadas."
Edward sabía que tenía que controlar sus emociones, pero las imágenes de su madre muerta lo habían tomado totalmente desprevenido. Ni en un millón de años se había esperado eso. Nunca pensó, ni por un segundo, que el que ellos se fueran se vería sospechoso.
Se quedó ahí y se concentró en su respiración, tratando de no mirar las fotos que atraían de nuevo su atención, una y otra vez.
"Macabro, ¿no es así?" MIB1, que había estado a cargo la última vez que lo mantuvieron cautivo, declaró. "Pensar que esa pobre mujer fue asesinada a sangre fría por sus propios hijos."
"Sabes que esa mierda no es verdad," dijo Edward, su voz ronca por la conmoción. Por dentro, él sabía que era inútil, pero maldito fuera si iba a aceptar esa mierda en silencio.
Alice le pidió que se callara, pero él continuó. "Quiero mi llamada. Quiero hablar con mi abogado." Edward estaba perdiendo el control. Su táctica de sacarlo de quicio y ponerlo nervioso estaba funcionando. Él no tenía un maldito abogado. ¿A quién demonios iba a llamar si le daban la oportunidad?
Alice le estaba gritando en su cabeza que se calmara.
"La madre es encontrada muerta, los hijos dejan la ciudad, nunca se vuelve a escuchar de ellos…" Dijo él, mirándolos a ambos. "¿Qué creen que pensó su padre?"
"¿QUÉ?" Edward rugió, levantándose de golpe. "¿Ese pendejo te dijo que nosotros lo hicimos?"
"¡Siéntate!" MIB2 le ordenó. Su tono hizo que Edward retrocediera, porque le mostró que era capaz de cosas horribles. Por un segundo, Edward se preguntó si él y Alice de verdad superarían esto. Técnicamente no había registros de que estuvieran en la ciudad de Nueva York, así que, ¿alguien los echaría de menos? Por supuesto, su familia lo haría, ¿pero qué podían hacer? Un escalofrío lo recorrió porque sabía que Bella nunca dejaría pasar esa mierda.
Tomando asiento, se quedó callado y esperó a que hicieran su siguiente jugada.
"¿Dime que pasó?" MIB2 preguntó.
"Ella se mató," Alice habló. Ella quería tomar el control de esto para darle a Edward una oportunidad de recobrarse.
Los dos hombres trasladaron su atención de Edward a Alice. "¿Suicidio? Vaya, ¿por qué no pensamos en eso?" Dijo sarcásticamente.
"¿No es sospechoso cómo dos maestros vieron a tu hermano dejar las instalaciones de la escuela justo antes de la hora estimada de su muerte?" MIB1 declaró. "¿No es interesante? Y, tú nunca te presentaste a tu clase vespertina."
Los bastardos habían hecho su trabajo. Edward se preguntó si su padre de verdad los había delatado o si esta organización secreta había armado este plan y decidió esperar al acecho hasta que aparecieran de nuevo en el radar. Entonces, armados con toda su evidencia incriminatoria, los acorralarían, pero ahora tenían dos muertes para provocarlos.
"¿Le importaría explicar eso, señorita?" Le dijo con una mueca de desdén.
Alice y Edward sabían que la única forma de limpiar sus nombres era admitiendo que habían usado sus habilidades ese día hace tanto tiempo, pero nunca olvidado por ninguno de ellos. Alice había visto la decisión de su madre, y Edward había intentado llegar ahí a tiempo para detenerla.
Alice se enderezó en su asiento. "Estaba enferma. Llamé a mi hermano para decirle, y él insistió en encontrarme en casa para asegurarse de que estaba bien. Cuando llegamos ahí, la encontramos y nos fuimos."
"¿Dejaron a su madre muerta y desaparecieron? ¿No pidieron ayuda? Ningún paramédico. Nada," dijo MIB1.
"Era bastante obvio que no había mucho que los paramédicos podían hacer por ella en ese momento," Edward dijo furioso. Se sentía más controlado, pero todavía estaba enojado.
"¿Solo la dejaron para que se pudriera y a su padre para que limpiara su desastre? Porqué harían eso, ¿eh? ¿Por qué harían eso dos niños ordinarios?" Añadió MIB2.
Y ahí estaba—su introducción para que admitieran sus habilidades.
Niños ordinarios.
"Diría que esos niños ordinarios recibieron el susto de su puta vida cuando entraron a esa casa e hicieron lo que la mayoría de los niños ordinarios harían—se aterrorizaron. Cometieron un error y luego nunca pudieron volver a resolverlo," dijo Edward.
A Alice no le gustó el tono de Edward, y quería que se mantuviera alejado de una puta vez del tema de lo ordinario. Se lo dijo en su cabeza.
"Demasiado enferma para quedarse en la universidad pero no lo bastante enferma como para cruzar líneas estatales. Interesante."
"Interesante—sí. Imposible—no," dijo Alice con calma.
Ver a su hermana tomar el control y no permitir que esos pendejos la pusieran nerviosa era lo que Edward necesitaba. Si ella podía luchar por ellos, entonces él también podía. Él había luchado por ellos toda su vida, entonces, ¿por qué estaba permitiendo que lo intimidaran ahora?"
Él se enderezó en su asiento y descansó sus manos esposadas una vez más sobre la mesa. Encerrado sus emociones por ahora, concentró todas sus fuerzas en captar cada pequeño indicio flotando en las mentes a su alrededor para sacar a su hermana y a él de ahí sin equivocarse.
Era difícil estimar el tiempo en el ir y venir entre Alice y él y los Hombres de Negro. Ellos tomaron café y descansos para ir al baño en las horas que pasaron—Alice y Edward no recibieron tales lujos.
Pasaron del asesinato de su madre al asesinato que había tenido lugar en el bar, y viceversa. Los agentes intentaron atraparlos y esperaban hacer una conexión, para ver sus habilidades reveladas, pero juntos, los hermanos, se mantuvieron firmes y fuertes.
Cuando hubieron llegado a otro callejón sin salida, los agentes se miraron el uno al otro. MIB2 le dio a Edward la única captura de su cerebro de toda la noche, y la brillante imagen asustó a Edward con su repentina aparición.
El agente estaba pensando en una pistola paralizante. Necesitaba una—pero una vieja sin la función de seguridad de apagado automático. Se les estaba acabando el tiempo. Era la única forma.
Edward hizo una mueca. Su fortaleza y resolución se esfumó como rocío en el viento.
No.
Alice no.
No de nuevo.
Le había tomado la mitad de su vida el conciliar la culpa que sentía por permitir que su hermana fuera electrocutada por esos hombres. El quedarse ahí, viéndola retorcerse de dolor, cuando él tenía el poder de detenerlo, fue lo más duro que había hecho en su vida. Alice había manejado la desgarradora experiencia mejor que él. Ella eligió aceptar el dolor. Había sido su decisión, y felizmente había vivido con ello, al saber que eran libres y que no estaban siendo usados para espionaje letal, sin una vida propia. Edward, sin embargo, fue atormentado por ello.
El agente sacó su teléfono móvil de su chaqueta y dejó la habitación. Edward sabía lo que venía, y temía desmayarse por solo la idea de pasar por eso otra vez, no se diga al realmente experimentarlo. Sentía que su tráquea se contraía. De repente, sintió su lengua demasiado grande para su boca. Sus pulmones no se estaban expandiendo como deberían. El aire se sentía sofocante en su garganta. No estaba llegando a sus pulmones. Se sentía mareado. Se desvanecía.
Alice agarró su hombro mientras él forzaba a que entrara aire por su boca abierta. Estaba teniendo un ataque de pánico.
MIB1 estaba sonriendo.
"Cálmate. Todo va a estar bien. Solo respira," ella le repitió.
Entre más lo intentaba Edward, menos aire parecía llenar su pecho.
"Tráiganla," MIB1 dijo a través de la puerta cerrada.
Edward y Alice miraron al agente. No tenía sentido lo que decía.
¿O sí? Edward escuchó con su mente y de pronto quería gritar. No era posible. No podía ser. Ella estaba a salvo, metida en su cama—en la cama de ambos. No estaba siendo arrastrada del cabello por el pasillo.
Todavía luchando por recuperar el control de su cuerpo y resistiendo las imágenes que conocía muy bien pero esperaba que no pertenecieran a ella, la puerta se abrió de golpe, y empujaron a Bella dentro de la sala. Ella chocó contra la pequeña mesa de metal frente a la que estaban sentados Edward y Alice. Se agarró de lo que sea—la mesa, las manos esposadas de Edward—intentando recuperar el equilibrio y enderezarse.
"Oh, Edward," jadeó.
Joder… usé tu nombre.
Lo siento…
Oh Dios mío…
Tengo tanto miedo…
El mundo de Edward se ensombreció. De hecho, se paralizó—igual que su corazón.
La intensidad de las imágenes de Bella casi provocó que su lóbulo frontal dejara de funcionar. Estaba aquí. La habían sacado de la cama. Estaba muerta de miedo, y todo por su culpa.
Su miedo proyectándose en la mente de él acabaría con el último vestigio de su cordura. Necesitaba respirar, pero no podía. Su cuerpo estaba tenso, y sus pulmones parecían haberse cerrado por completo.
MIB2 entró, trayendo consigo otra silla. Colocándola frente a ellos dos, pero bastante lejos del alcance de Edward, MIB1 empujó a Bella con rudeza en esa dirección.
"Siéntate ahí y no digas una sola sílaba de mierda," le ordenó.
La figura de la pistola paralizante regresó a la mente de Edward, y la agonía que trajo consigo era insoportable.
Edward se preguntó si alguien alguna vez se había asfixiado solo por el pánico. Su estómago tuvo el impulso repentino de deshacerse de su contenido. No solo no estaba recibiendo suficiente aire, sino que su cuerpo también iba a asfixiarlo.
Se inclinó y vomitó en el suelo, tratando de dar bocanadas de aire entre arcadas, escupiendo en el suelo para liberar su boca al mismo tiempo que jadeaba por aire de nuevo, pero todavía sin lograrlo. Estaba seguro que su lengua debía haberse inflamado y estaba impidiendo que entrara el aire. Sentía que su garganta se estaba inflamando de adentro hacia afuera. Los sonidos que estaba haciendo probablemente estaban contribuyendo a la angustia de las chicas porque le recordó a una criatura alienígena ahogándose en su propia sangre en una película de ciencia ficción que había visto recientemente, pero no podía evitarlo. Intentó una vez más jadear por aire, pero su mente estaba centrada en una cosa—en quién iban a usar la pistola paralizante.
¿Estás bien?
Joder…
¿Qué puedo hacer?
Tienes que respirar, cariño. Solo respira…
Creo que te estás poniendo azul.
La preocupación de Bella por él solo hizo que su pánico aumentara. Ella no tenía idea de lo que se avecinaba, pero Edward lo sabía.
Y, Edward tenía el poder de prevenirlo.
Frente a Bella, mientras ellos la sujetaban contra su voluntad, el ver el miedo paralizante en sus ojos y su mente fue más de lo que podía soportar. Nunca, jamás se perdonaría si su silencio le provocaba dolor. Le partiría en dos el corazón, y soportaría cualquier miserable sufrimiento que tuvieran en reserva para él por el resto de su vida si eso significaba evitar el sufrimiento de ella.
Edward y Alice vieron mientras las manos de Bella eran esposadas una por una a la estructura de metálica de la silla ligeramente detrás de ella. Ella recordó la amenaza del agente porque no pronunció un solo sonido mientras lo hacían, pero sus ojos lo decían todo. Edward no necesitaba ver la expresión de horror en el rostro de Bella porque podía ver a mini B a punto de colapsar. Notó momentáneamente que Alice no tenía una sola idea. Estaba tan horrorizada como lo estaba él al ver la apariencia de Bella.
El estómago de Edward se desgarró violentamente una vez más, pero nada salió esta vez. Era doloroso sentir como si su cuerpo estuviera intentando ahora expulsar órganos completos desde adentro. Necesitaba oxígeno. Ahora.
MIB2 apareció de nuevo, el artefacto en su mano. Acercándose a un lado de Bella, apuntó a su pecho, y sin siquiera formular una sola pregunta hacia los hermanos, abrió fuego.
El grito que escapó de los pulmones de Bella hizo un doloroso eco en la pequeña sala de concreto y vidrio. Edward sintió su cuerpo encogerse de dolor en reacción directa a la dolor mental disparado desde la mente de Bella. Vio con horror en cámara lenta como las dos puntas de la pistola perforaban la delgada camiseta de Bella sobre su seno izquierdo, justo sobre su corazón. El zumbido de la corriente eléctrica chasqueó en el aire hasta que fue sofocado por sus dolorosos gritos.
El cuerpo de Bella ser arqueó en la silla de metal de inmediato al convulsionarse y retorcerse contra el impacto—sus interminables gritos abrieron un hoyo en los pulmones de Edward de modo que al fin pudo introducir oxígeno en su pecho en llamas. Necesitaba oxígeno para hablar, y necesitaba hablar para conseguir que los cabrones pararan. Llenó sus pulmones por primera vez en minutos.
Todo pasó tan rápidamente, pero al mismo tiempo, los segundos que Bella fue sacudida por el arma parecieron una eternidad. Aunque había sido esposada a la silla de metal, el impacto por la pistola paralizante fue suficiente para forzar a su cuerpo a ponerse derecho y rígido, provocando que se volcara en el suelo. El cuerpo de Bella golpeó fuertemente el suelo con un estruendo, quedando la silla encima de ella por las esposas, pero el agente continuó apretando el gatillo, electrocutándola un poco más de lo necesario.
A esas alturas, Edward había recuperado la función de su cerebro y cuerpo y se había lanzado de su silla y sobre la mesa de metal que lo separaba de Bella. El tener sus manos esposadas hizo que perdiera el equilibrio, y mientras su atención estaba en el cuerpo de Bella, falló en darse cuenta que MIB1 lo estaba esperando.
Antes de que pudiera llegar a MIB2 para hacer que se detuviera, estrellaron su cuerpo contra la pared, su pómulo conectando dolorosamente con el duro concreto. El ardor le dijo que estaba vivo, y mientras estuviera con vida iba a luchar.
"Dinos cómo lo haces, cabroncete," MIB1 le siseó a Edward al oído por detrás. "Dinos o ella recibirá otra dosis."
Edward no podía moverse un centímetro, pero se forzó a bajar la vista. Solo podía distinguir la parte superior del cuerpo de Bella. Ella trató de rodarse de su estómago hacia su costado, ahora que el dolor había cesado, pero la silla de metal estaba atorada incómodamente en su espalda impidiendo que se moviera más. Sus ojos estaba fuertemente cerrados por la tortura, y su hermosa mente estaba en confusión. Edward nunca la había visto tan perdida y errática. Quería salir. Quería liberar a Edward y a Alice. Quería usar la pistola en las bolas de ese hijo de puta, pero estaba aterrorizada—aterrorizada de qué iba a pasar ahora, y aterrorizada de que iban a hacer eso de nuevo.
Cuando Edward dio su siguiente inhalación dolorosa, luchando contra la presión que apretaba su cuerpo por detrás, la resignación recorrió lentamente sus venas.
Alice se sobresaltó, pero él habló antes de que ella pudiera golpearlo con su propio mensaje mental.
"Lo haré," dijo con voz rasposa, como si acabara de correr una maratón. "Les diré cualquier mierda que quieran saber. Solo déjenla ir… por favor."
En ese momento cerró sus ojos con fuerza, tratando de bloquear las imágenes mentales de dos mujeres iracundas que aporreaban su cerebro.
"Por favor… solo déjenla ir."
MIB1 – MIB son las siglas en inglés para 'Men in Black' o Hombres de Negro traducido al español, lo dejé en su forma original porque HDN no se ve muy bien :P
*Corre y se esconde* *Ondea una bandera blanca, asoma un ojo y habla* Ya sé, ya sé, pero no me maten, recuerden que yo no soy la autora. Empezamos muy bien, ellos iban a empezar su vida viviendo juntos y el violador hdp tenía que aparecer otra vez, está muerto, pero ahora los Hombres de Negro están de vuelta, y como ya vieron, son crueles no les importa lastimar a un inocente a fin de lograr lo que quieren. Pero, ¿qué les pareció a ustedes? Y de una vez les digo que como les prometí, tengo el capi siguiente preparado. ¿Cuándo lo voy a subir? Depende de ustedes ;)
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: , Jane Bells, Shikara65, Lunita Black27, Maryfer VC, Marttha Cullen Dollanganger, Aime Cullen, Hanna D.L, Antonia, Cinthya5, Pam Malfoy Black, LeidaJim, lagie, Laura Katherine, larosaderosas, paosierra, patymdn, Brenda Cullenn, cary, Cathaysa, Angel twilighter, YessyVL13, nnuma76, Tata XOXO, PEYCI CULLEN, soledadcullen, Anastacia T. Crawford, ginnicullenswan, lizdayanna, Ericastelo, bbluelilas, Srher Evans, Gabriela Cullen, Wawis Cullen, Manligrez, Roxy Sanchez, angelabarmtz, niyus1205,Verdejade469, JeniZuluCullenM, valeria, Sei, rosy canul, merce, Sully YM, injoa, johanna, Bertlin, AriiPattinson, Yoliki, Mss. Brightside, freedom2604, DenniChavez, glow0718, alo-star, DaianaAg, Mafer, EmmaBe, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, recuerden que ustedes deciden cuándo lo publico.
