Y como esto no puede faltar: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la autora de esta genial historia es FoxxyJ, yo solo la traduzco.

Y me acompaña de nuevo mi querida Beta y amiga Erica Castelo, gracias por tu ayuda y apoyo con las traducciones. ¡Eres la mejor!


¿Quién engañó a Roger Rabbit?: Película de 1988 sobre un personaje de caricatura que es incriminado por asesinato. Estoy segura que todos ustedes conocen esta.


Capítulo 20 – ¿Quién engañó a Roger Rabbit?

"Bueno, eso no fue muy difícil, ¿verdad?" MIB1 dijo con una sonrisa entusiasmada. Era la primera emoción remotamente positiva que Edward había visto en sus endurecidos rasgos. Se agachó y levantó el laxo cuerpo de Bella—con silla y todo—y una vez más la sentó derecha.

Ella tenía una delgada capa de sudor en su rostro y se veía terriblemente pálida, pero sus ojos estaban encendidos y salvajes. Se clavaron en los de Edward cuando el otro agente lo apartó de la pared y a la fuerza hizo que rodeara la mesa para tomar su asiento otra vez.

Maldición, no les digas nada…

¿Me escuchas?

¡NO LO HAGAS!

¡No puedes!

Van a usarte…

Bella estaba como loca. Su ira hacia él por decirles a los agentes que estaba dispuesto a cooperar igualaba la de Alice. De hecho, Edward estaba sorprendido de que su hermana pudiera quedarse ahí y pensar cosas tan agresivas hacia él sin mostrar ninguna reacción externa. Iba a matarlo con sus propias manos si esos agentes los dejaban solos el tiempo suficiente.

Alice había podido ver el mensaje de Bella para ella. Bella no iba a negar que la pistola paralizante dolía como el puto infierno, pero no estaba dispuesta a entregar a estos pendejos al amor de su vida y a su hermana si podía evitarlo.

Puedo manejarlo…

Puedo soportarlo…

Solo nos les digas una sola palabra…

Edward desvió la mirada. En ese momento no podía encarar a ninguna de esas fieras mujeres. Una cosa era que ellas fueran capaces de soportar esto, pero él sabía a ciencia cierta que él no podría. No podría quedarse sin hacer nada y verlos electrocutar a Bella una y otra vez. Esos bastardos también lo harían, y si no tenían cuidado podrían matarla. Él no iba a arriesgarse a que sucediera eso—no ahora—nunca. Había una razón por la que las nuevas pistolas paralizantes tenían un interruptor de apagado automático.

Edward no podía bloquear las imágenes mentales que Bella le estaba enviando a Alice. Le estaba mostrando que no quería que él les admitiera sus habilidades más de lo que lo quería Alice. Ella iba a resistir y luchar, incluso si significaba que tuvieran que torturarla. Lo había decidido. Quería que Alice supiera que amaba tanto a Edward que lo haría por él—por todos ellos.

Edward hizo una mueca de dolor. Las imágenes que Bella le estaba mostrando a su hermana le dolían. Ella había decidido amarlo y protegerlo sin importar lo que ellos le hicieran. Su pecho le dolió físicamente. Al ver su adoración y compromiso con alguien que le había provocado tanto dolor era demasiado para él.

"Sáquenla de una puta vez de aquí, o no voy a decir una sola palabra," gritó Edward, el pánico intensificándose en su pecho. "Lo digo en serio."

La sonrisa en el rostro de MIB1 desapareció a medida que se inclinaba sobre la mesa para quedar frente a la cara de Edward.

"Ella no va a ir a ninguna parte. Sin ella te vas a negar a hablar, y he esperado mucho tiempo por este día. Soy el único en esta sala que puede hacer un trato. Tú no vas a negociar nada porque vas a cantar hasta que te diga que te calles."

Aléjate de él, maldito bastardo.

Déjalo en paz…

Edward, te amo.

Sé fuerte…

Hazlo por mí… por Alice… por todos nosotros.

Bella quería sangre. Se preguntaba qué tan rudos serían esos tipos si ella y Edward no estuvieran esposados. Estaba realmente sorprendida que Alice pudiera permanecer sentada. Se preguntaba si Alice estaba formulando un plan y maldecía su incapacidad de escuchar lo que estaban pesando. Observó a Edward mientras sus ojos pasaban del agente a Alice, a Bella y otra vez de vuelta.

¿Qué estás viendo?

¿Qué está pasando?

Haré lo que sea necesario…

Solo no les digas nada…

Edward quería gritar. Las emociones en la pequeña sala eran demasiado con lo que lidiar. Estaba lleno de miedo y ansiedad al pensar en lo que podían hacerle a los que amaba, las chicas estaban en alerta, listas para luchar y querían la sangre de esos dos bastardos, y el agente estaba tan emocionado de conseguir lo que quería, sin considerar el costo, que lastimaba físicamente a Edward ser testigo de todas esas poderosas emociones a la vez, todas mezcladas.

El sudor escurría por su espalda mientras esperaba que los agentes hicieran su siguiente jugada. Las dos chicas no querían que dijera nada, pero él podía ver el plan de los agentes de usar a Bella hasta que consiguieran por lo que habían venido. Electrocutarla tampoco era su último recurso.

Sus entrañas se retorcieron a medida que las contradictorias emociones de las chicas, los agentes y las suyas reverberaron en él. Edward aún no había decido lo que haría a continuación, cuando MIB1 se inclinó sobre la mesa frente a él.

"Dinos todo lo que sabes que quiero saber."

Incluso antes de que Edward tuviera la oportunidad de decidir si responder o no, MIB2 electrocutó a Bella otra vez, sin ninguna advertencia—mental o de cualquier tipo. Ella se arqueó una vez más en la silla pero esta vez consiguió no gritar, aunque quería hacerlo. Al continuar electrocutándola, Bella se tambaleó y cayó al suelo con fuerza por segunda vez en unos minutos.

Edward estaba una vez más fuera de su silla como si fuera él el que estaba siendo electrocutado, pero el agente lo estaba esperando. En una milésima de segundo, lo empujaron hacia atrás contra la pared de espejo con un férreo agarre en torno a su garganta.

"Bella…" dijo con voz ahogada, mientras unos dedos gruesos cortaban su suministro de aire. "D-deténganse… yo… s-se los diré… t-todo."

MIB1 esperó un momento más, viendo a Edward de cerca mientras lentamente se ponía rosa. Apretó la garganta de Edward un poco más antes de soltarlo de su llave al cuello y le hizo una seña a su compañero para que dejara de lastimarla. Edward jadeó por aire.

Bella gimió, aun cuando ya no estaba siendo electrocutada, y se rodó sobre su costado, subiendo sus piernas en posición fetal. Edward cayó de rodillas y dejó salir las emociones que borboteaban queriendo salir de él. Su angustioso sollozo irrumpió en el súbito silencio de la sala cuando rompió a llorar. Edward sabía que su única salida era darles lo que querían. Lo mataba pensar que estaba a punto de traicionar a su hermana después de toda una vida de protegerla, pero no podía hacerle frente a la alternativa.

Cayendo sobre sus manos esposadas, siguió llorando con fuerza, sus hombros sacudiéndose violentamente por sus intensos sollozos. El corazón de Alice se partía en dos al ver el dolor de las decisiones de su hermano mientras pasaba de una a la siguiente. Comprendió que si Jasper estuviera en los zapatos de Bella, ella probablemente hubiera hecho lo mismo. Cambió su táctica y le envió imágenes comprensivas y tranquilizadoras, tratando de ayudarlo a controlar sus emociones.

Antes de que Alice pudiera lograr más con sus silenciosos mensajes de apoyo a Edward, su atención regresó abruptamente a Bella.

Bella escupió sangre en el suelo, casi manchando el par de resplandecientes zapatos de cuero lustrados que estaban cerca de su rostro. Se había mordido la lengua durante el último espasmo doloroso para impedir que gritara.

Cuando Edward vio la sangre, dio una arcada aún más violenta y empezó a murmurar cosas incomprensibles entre sus lágrimas.

"N-nena…" Logró decir, pero el resto de la oración fue indescifrable una vez más. Edward se sentó sobre sus talones de manera que pudiera extender sus manos esposadas para tratar de tocarla, a pesar del imposible espacio entre ellos. Sus lágrimas nublaban su visión, pero todavía podía ver la preocupación en los ojos de ella.

La emoción dentro de Alice de pronto fue demasiada para contenerla.

Bella Swan era un genio.

Alice sabía que Edward podía ver la decisión de Bella, pero no estaba segura de que estuviera en condiciones de creer que su plan fuera posible.

Bella arqueó su cabeza hacia atrás repentinamente y gritó de dolor.

"Mi corazón," gimió, sus ojos rodaron dentro de su cabeza.

Alice voló a un lado de Bella, colocando una mano en su sudorosa frente.

"Shhh… vas a estar bien," le dijo a Bella con cariño. Levantado la vista hacia el agente a sus pies, Alice dijo con un tono serio y determinado. "Tenemos que llamar una ambulancia. Ella tiene un problema del corazón, y dudo que hayan traído su bolso con sus píldoras."

MIB1 miró a MIB2—un breve destello de incertidumbre entre ellos.

Bella redujo sus respiraciones a propósito, haciéndolas breves e irregulares, al mismo tiempo que se retorcía sobre el suelo, arrastrando la silla de metal con ella mientras se movía como una extraña tortuga mutante.

Alice empezó a gritar órdenes a los agentes, mientras trataba de calmar el cuerpo de Bella.

"Quítenle las esposas, idiotas. Está a punto de convulsionar. ¡De prisa!"

Al mismo tiempo, Edward seguía llorando a gatas. Ahora estaba usando sus emociones para ayudarlas y comenzó a plañir, "Ustedes la mataron. La mataron. Su corazón es muy delicado."

Su pánico incrementó el caos. La escena frente a los agentes no era para nada lo que habían anticipado, y sin titubear, MIB2 agarró las llaves de su cinturón y empezó a quitarle las esposas a Bella. En el momento que un brazo quedó libre, Bella lo llevó con desesperación a su pecho, empuñando su blusa entre sus dedos, y gimiendo con fuerza.

"Doctor…" Bella logró decir entre respiraciones agitadas. "… Carlisle."

"Oh Dios mío… por supuesto. ¿Trajiste tu teléfono?" Alice comenzó a tocar los bolsillos de Bella, sabiendo muy bien que el agente ya debía habérselo quitado

"Llama a… Carlisle…" Bella gimió otra vez.

Edward ya había dejado de llorar y se levantó para agarrar la cintura de MIB1 con sus manos esposadas con desesperación. "Llamen al hospital y que voceen al doctor Carlisle Cullen. Es su especialista del corazón. ¡Háganlo! O será a ustedes a quienes se acuse de asesinato," les dijo.

Eso es, cariño.

Te amo.

Convéncelos de que voy a morir.

"Por favor. Ella necesita sus medicamentos," continuó. "Si la salvan, les juro que cooperaré. Si muere, será mejor que me maten ahora."

Tratando de distanciarse de la desesperación que exudaba por cada poro del cuerpo de Edward, MIB1 se alejó de su alcance y puso el móvil en su oído. El agente se veía asqueando cuando Edward lo tocó—como si su lloroso estado emocional fuera algún tipo de letal enfermedad contagiosa.

Alice y Bella continuaron su rutina enfermera/paciente mientras Edward se sentaba sobre sus talones, meciéndose y cubriendo su rostro con sus manos.

Repetía una y otra vez, "Por favor, no dejen que muera." Podía ver que el que él perdiera la compostura era lo que estaba poniendo a los agentes nerviosos

Lo repetía como una mantra, mientras se concentraba en revisar la mente de MIB2. En pánico, el agente había bajado la guardia por completo y estaba transmitiendo de nuevo. El agente estaba preocupado que lo forzaran a cargar con el muerto si algo le pasaba a esta muchacha. A su departamento le daban mucha libertad, pero pedir permiso para deshacerse del cuerpo de una chica inocente era excederse incluso para ellos. Ella era una ciudadana americana, después de todo.

Edward entonces repitió palabras murmuradas que fácilmente pudieran ser interpretadas como rezos. Tenía que mantener su pánico para que los agentes creyeran la farsa. Estaba funcionando con MIB2, ya que estaba a punto de llamar a la ambulancia.

"Carlisle te traerá tus píldoras," Alice le dijo con voz tranquilizadora.

La voz de MIB1 tenía la atención de cuatro pares de oídos. "Con el doctor Carlisle Cullen, por favor. Es una emergencia."

Una pausa.

"¿Es usted el doctor Carlisle Cullen?"

Otra pausa.

"Ya veo. Tengo aquí a una señorita Isabella Swan, y al parecer está convulsionando."

Otra pausa.

Frunció el ceño.

Sus ojos se ampliaron.

MIB1 estaba junto a Bella en dos pasos. Empujó a Alice para pasar y sostuvo el teléfono en el oído de Bella.

Ella gimió y escuchó.

Es él.

Sabe que algo está mal.

"Carlisle," dijo con voz rasposa. "Es mi corazón. Está en peligro. Ayúdame." Bella rezó que Carlisle recordara lo que le había dicho una vez sobre su corazón—su corazón era Edward. Edward estaba en peligro.

Bella escuchó de nuevo y murmuró varias respuestas sí y no. "Estoy en la estación de policía con Edward y Alice," dijo, provocando que MIB1 alejara el teléfono de ella rápidamente. Bella gimió con fuerza, esperando advertirle a Carlisle que el teléfono ya no estaba en su oído justo antes de que el agente escuchara otra vez.

Sus ojos se movieron rápidamente por la sala, y Edward deseaba poder ver lo que estaba pasando en su cabeza.

"Sí, doc. En la entrada principal," respondió.

Carlisle sabe que tú y Alice están conmigo, y sabe que estamos en problemas.

Va a venir por nosotros.

Va a traer refuerzos.

Mientras Bella trataba de mantener sus "problemas de corazón," tenía que concentrarse mucho para pensar claramente. No sabía cómo expresar sus pensamientos como una decisión para informarle a Alice que Carlisle venía para acá, ya que no era su decisión. Era demasiado para ella, pero esperaba que Alice hubiese percibido lo que estaba sucediendo por sus pensamientos anteriores.

Bella dio gracias a su suerte que Carlisle, de hecho, estaba de turno en el hospital. Estaba segura que su plan hubiera fallado si él no hubiese respondido al llamado, y tuviera que llamar a su móvil. El que estuviera en el hospital le dio mayor credibilidad a su historia.

Bella empezó a temblar y cerrar sus ojos con fuerza, tratando de hacer que su rostro luciera contorsionado por el dolor.

Al ver esto, los rezos de Edward cambiaron a algo más desesperado, "Oh, por favor, Dios, no."

MIB1 miró a su alrededor. Edward nunca había podido leerlo, pero Alice podía ver sus decisiones. Decidió no arriesgarse a que su única ventaja muriera, así que iba a trasladarla arriba de inmediato para la llegada del doctor. No estaba seguro de qué hacer con Alice y Edward porque la chica le había dicho al doctor que estaban todos juntos.

Edward podía ver las decisiones de MIB1, gracias a Alice. Edward, como Alice, no sabía si solicitar permanecer cerca de Bella con la esperanza de salir de aquí, o si eso levantaría sospechas y echaría a perder el astuto plan de Bella.

Bella continuó retorciéndose y rodando por el suelo, incluyendo el gemido ocasional y mano en el pecho. Alcanzó la mano de Alice y la sujetó.

"No… me… sueltes," le suplicó. "Me duele."

"Estoy contigo, B. Solo respira. Carlisle está en camino. Llegará aquí pronto y te dará tus medicamentos. Todo va estar bien. Estoy contigo," le dijo para tranquilizarla.

Edward estaba feliz de que Alice estuviera junto a Bella. Si las únicas dos mujeres que había amado en su vida podían salir de aquí, no importaría lo que le pasara a él. Todo lo que importaba en este mundo era la seguridad de su hermosa Bella y Alice.

Alice quería lanzar su puño al aire cuando MIB1 decidió que Alice acompañara a Bella a ver el médico. Se sintió mal ante la idea de separarse de Edward, sobre todo porque él no podía ver la mente de MIB1, pero estaba segura que Carlisle podría salvar a su hermano.

El agente mayor hizo otra llamada, y esperaron.

Cada minuto atrapados en el frío cubo de concreto subterráneo se sentía como una eternidad.

Esperaron.

La camilla para Bella finalmente llegó. Edward se sintió complacido de ver los pensamientos del oficial que la cargaba. Creía que la joven sufría de un infarto y estaba determinado a llevarla a la entrada de la estación con el doctor lo más rápido posible.

Cuando más cuerpos de los que en realidad cabían entraron en la sala, Edward estiró sus manos de nuevo y sujetó el cinturón del agente, ya que se vio forzado a entrar de nuevo a la zona de alcance de Edward.

"Por favor, sálvela. Juro que haré lo que quieran," le suplicó, algunas lágrimas más cayeron por su rostro ya húmedo. Edward no estaba seguro si alguna vez volvería a ver a sus chicas, así que no tenía que pretender que lloraba. Podía sentir que su pecho se apretaba ante la aterradora idea. Estaría solo otra vez—verdaderamente solo—y eso tenía el poder de paralizarlo. Apenas se estaba acostumbrando a la idea de ya no estar solo. Iban a vivir juntos. Iniciar su nueva vida—en su departamento—juntos.

Tragándose la pena al pensar en lo que estaba a punto de perder, aceptó que era la única forma, pero no pudo contener las dos lágrimas que cayeron de todos modos. Era, sin duda alguna, el mejor desenlace posible, y saber que las dos estaban a salvo y vivas le permitiría soportar cualquier horrible futuro que esta agencia había planeado para él.

El agente mayor miró con desdén a Edward. Estaba furioso de que por fin se había acercado a que este excepcional par admitieran sus habilidades, solo para que se le retrasara una vez más. Podrían serle de utilidad dos mentes como las suyas en su equipo de operaciones especiales. Estaba indignado de que no quisieran ofrecer sus talentos, pero ellos no eran los primeros reclutas que había tenido que "persuadir" antes.

"Suéltame," le escupió al mismo tiempo que arrancaba la mano de Edward de su cinturón. Usando su cadera, chocó contra Edward, haciendo que perdiera el equilibrio.

Edward cayó de costado. En el suelo a este nivel, pudo alcanzar a ver el rostro de Bella entre el mar de piernas en movimiento.

Aunque sabía que estaba fingiendo estar en agonía, odiaba que esa fuera la última expresión en su rostro que él iba a ver y recordar. La peor pesadilla de Edward se había convertido en realidad.

De pronto, todas las razones por las que en el principio había sido cruel con ella cuando se dio cuenta que ella quería salir con él, eran válidas. Le había hecho daño—no él mismo físicamente—pero por su culpa. La habían maltratado y torturado, justo como había temido que pasaría si ella se involucraba con él. Una vez más, su cruel realidad le había dado una fuerte bofetada en el rostro.

Por un breve segundo, Edward deseó haberse apegado a su plan original de mantener a Bella alejada. Cuando le prohibió la entrada al bar, su plan había funcionado. Estaba segura, pero su necesidad de estar con la única mujer que lo había entendido en toda su vida la había arrastrado de vuelta al caos que era su vida. Ninguno de ellos estaría en este lío ahora, con los agentes teniendo una ventaja real, si no se hubiera enamorado de ella, pero la idea de renunciar a los últimos siete meses y medio desde que Bella entró en su vida era demasiado para él. Al saber lo que ahora sabía sobre el amor, no había forma de que renunciara a ella si su tiempo hubiese acabado. Era demasiado egoísta.

Bella era una de las pocas mujeres que entraron a su bar y no lo juzgaron. Ni una sola vez lo vio solo como el barman. Noche tras noche, Edward veía el interior de la mente de las mujeres que lo deseaban, pero una y otra vez, básicamente, quedaban decepcionadas porque carecía de posición social. Era un lindo juguete, pero casi nunca era más para ellas, que fue la razón por la que nunca antes le había preocupado realmente el estar solo—eso fue hasta que cierta morena tímida entró de la calle por cambio y terminó cambiando toda su existencia.

Las palabras le fallaban para describir lo eufórico que se sentía por la oportunidad de que ella consiguiera salir de aquí, pero la idea de nunca verla, tocarla o contemplar la belleza de su mente rasgó su pecho. Iba a estar solo.

Solo.

Para siempre.

Edward había estado solo toda su vida. Claro, siempre había tenido a Alice, pero nunca tuvo a otro ser humano que eligiera estar con él—hasta que llegó Bella.

Previamente, solo había aceptado su destino, pero ahora que no tenía que estar solo—ahora que sabía lo que el amor daba a cambio—quería aferrarse a ello. El único problema era que la lucha en la que estaba a punto de lanzarse para salvar la vida de su amor también era lo que significaría que la perdiera definitivamente. Su vida siempre había sido dura, y ahora no era diferente.

Bella fue colocada sobre la camilla por el oficial de policía de bajo rango. Ella se aferró a la mano de Alice. Bella giró su cabeza hacia un lado y abrió brevemente sus ojos. Se sorprendió de encontrar la mirada de Edward desde el piso de concreto. No sabía por qué estaba tumbado sobre el suelo, pero con el caos dentro de la sala de interrogación, no estaba segura de qué se había perdido. Había centrado todas las fuerzas que tenía en mantener su fachada.

Cariño, ¿estás bien?

En el momento que Edward vio su pregunta, Bella notó que su rostro se contorsionó con lo que parecía ser tristeza.

Cariño, ¿estás llorando?

¿Te lastimaron?

¿Qué está mal?

Bella sintió que su corazón de verdad iba a detenerse. Su pecho dolía con tristeza por Edward. Se veía tan desconsolado, confundido y… solo.

Oh Dios mío.

Todo está bien.

No voy a dejarte.

Bella no necesitaba ser capaz de leer mentes para saber cómo pensaba Edward. Siempre la ponía primero ella y todavía estaba aceptando el hecho de que había encontrado la felicidad. Todavía no creía de verdad que la mereciera, y comprendió que seguía preparado para sacrificarse a fin de salvarla.

Bella sabía que su preocupación por Edward en medio de la locura lo haría sentirse mal. Estaba tan acostumbrado a que la gente no se interesara en él que el experimentar el genuino interés de una persona en él, de hecho, le provocaba algo parecido al dolor. Cada vez que lo sorprendía o cuidaba de él, su primera expresión siempre fue una de breve agonía, y luego se tomaba un momento para asimilar sus emociones y se sentía eufórico como solo Edward podía. Su alegría era algo digno de verse, porque él apreciaba cada momento como si fuera un regalo. Nunca tomó a la ligera nada que tuviera que ver con Bella.

Lo último que vio Bella del rostro de Edward, antes de que los oficiales levantaran su camilla, fueron sus ojos cerrados y su frente arrugada por la pena. Sabía que ya estaba de duelo por perderla.

¡Edward!

Escúchame…

¡Te amo!

No voy a dejarte.

Se fuerte.

Te veré pronto.

¡Te lo prometo!

El movimiento en la pequeña sala despertó a Edward de su momento de duelo. Tenía que besarla una última vez. De repente no podía recordar la última vez que la había besado o le dijo lo preciada que era para él. Sabía que había sido en algún momento de ese día más temprano, pero el pánico había dejado su mente en blanco.

Poniéndose de rodillas, trató de pasar a los oficiales para llegar a ella antes de que se la llevaran.

"ESPEREN…" Gritó. "Bella… por favor, esperen."

Lo derribaron de nuevo cuando un oficial que no sabía que estaba detrás de él, dio un paso atrás, buscando la fuente del ruido.

La camilla casi atravesaba la puerta para cuando se puso otra vez de rodillas, tratando de ponerse de pie. Sus manos esposadas no lo estaban ayudando a equilibrarse.

"Quiero despedirme," les suplicó.

La mano de MIB1 sujetó el hombro de Edward, al mismo tiempo que empujaba al joven en apuros otra vez sobre sus rodillas.

"Silencio," le dijo en un tono que dejó a Edward paralizado. Edward comprendió que muchas personas ya los habían visto a él, Alice y Bella aquí abajo en este calabozo bajo tierra, y que el agente estaba loco de furia.

Cuando Edward desvió la mirada de la furiosa, fría y cruel del agente, las dos chicas estaban fuera de la vista. Cerró sus ojos con la esperanza de alcanzar a dar un último vistazo a la mente de Bella.

¿Debería dejar de gemir?

No, creo que los gemidos están funcionando.

Carlisle va solucionar esto.

Me pregunto si de verdad me trajo drogas falsas.

Oh, Edward…

Edward, te a—

Los pensamientos de Bella se interrumpieron abruptamente cuando obviamente la habían subido al ascensor y llevado de vuelta arriba a la estación de policía original.

La sala se sintió de pronto muy grande, cuando las únicas personas presentes eran los agentes especiales, el primer detective y el oficial de menor rango que lo había interrogado cuando llegó. Edward escuchó con sus oídos y su mente, buscando cualquier información. El oficial de menor rango informó a los agentes que el doctor había llamado a la línea de la estación principal y ordenó que tuvieran lista a su paciente en el vestíbulo, y que estaba a solos unos minutos de distancia.

Edward captó que el oficial sintió que el doctor se estaba reportando o algo así, y que se había escuchado sospechoso, pero se abstuvo de mencionarle eso a sus superiores.

Edward se recargó contra el frío concreto debajo del gigante espejo polarizado. Estiró sus piernas acalambradas frente a él a medida que la fatiga de los eventos de la tarde le exprimía la vida. Se preguntó qué hora era porque el reciente estrés había sofocado las punzadas del hambre, y recordaba que Bella había estado en la cama cuando los oficiales habían ido por ella. Con Bella y Alice cerca de estar a salvo, solo quería hacerse un ovillo e hibernar del mundo.

"Traigan a la señora Masen de vuelta aquí en el momento que la ambulancia se lleve a la chica. ¿Me escuchó? Sin errores. Sin complicaciones. Se le traerá de vuelta aquí de inmediato," ordenó el agente.

Al oficial de bajo rango no le gustaba tratar con estos agentes. Edward podía ver las preguntas disparándose en su cabeza. En el momento que estuvieran donde no pudieran escucharlos, el oficial iba a decirle al detective lo que pensaba de todo esto. Los dos testigos no habían sido acusados oficialmente de nada, y sin embargo, se les mantenía aquí abajo. Estas salas solo se usaban para los peores casos.

"Sí, señor," respondió el detective.

"Y, envíe un oficial con la señorita Swan. Ella es una testigo clave, y la quiero protegida todo el tiempo."

"¿Testigo?" Preguntó el detective, confundido.

"Solo haga lo que le digo," le gritó él.

Eso despertó a Edward de su aturdimiento. Bella no estaba libre—un oficial la acompañaría—y Alice sería traída de vuelta aquí. Oró porque Carlisle resolviera esto, o todos estarían jodidos.

"¿Va a levantarles cargos esta noche, señor?" Preguntó el detective.

Los dos agentes especiales se miraron el uno al otro antes de empujar a los dos oficiales de la sala y cerrar la puerta.

El que pensaba con mayor claridad del grupo era el oficial joven, y pasaba de una cosa a otra—pensando en su iracunda esposa, seguro que estaba ocurriendo algo ilegal, y preocupado por su propio cuello. Edward maldijo que no pudiera escuchar a los agentes para que pudiera ver su respuesta.

Carlisle entró a zancadas a la estación como un ejército invasor.

"¿Dónde está ella? ¿Dónde está mi paciente, Isabella?" Preguntó en voz alta.

Mirando a la izquierda, Carlisle vio un grupo esperando, como había solicitado, en una sección despejada de la sala de espera.

Cuatro oficiales estaban cerca de la camilla, y Alice estaba arrodillada junto a Bella.

"Fuera de mi camino. Despejen el área. Necesito examinarla," ordenó, haciendo que los oficiales se dispersaran como insectos huyendo de la luz de la linterna.

El rostro de Carlisle apareció sobre Bella cuando se inclinó sobre ella. Ella dio un suspiro de alivio y esperó por algún indicio de Carlisle de lo que iba a pasar a continuación.

"Todo está bien, Isabella. He traído lo que necesitas," le dijo, mirándola significativamente.

Un momento después, un caballero que se veía algo incómodo usando el uniforme médico con un estetoscopio apareció a un lado del doctor. Bella pensó que le parecía familiar pero se concentró de nuevo en Carlisle cuando habló.

"Garret, necesito la nitroglicerina para Isabella. Alice, tráeme un poco de agua."

¿Garret?

¿Tu chofer?

¡Oh, mierda!

Bella no estaba segura qué haría Carlisle para salvarlos, pero traer a su chofer como su único "refuerzo" no era lo que hubiese deseado. El alma se le cayó los pies porque la idea de lograr sacar a Edward de aquí ahora parecía imposible, y las lágrimas se acumularon por su cuenta. Bella hubiese preferido quedarse en ese calabozo, siendo electrocutada junto a Edward, que estar aquí arriba separada de él, particularmente si esa era la última vez que lo vería. Cómo podría llevar una vida normal y feliz sin él, al saber que estaba encerrado y siendo forzado a usar su habilidad para atrapar dobles agentes o quiénes demonios fueran los tipos malos.

¿Qué hice?

Esto va a fallar…

Solo empeorará las cosas para Edward…

Ellos van a estar furiosos…

Carlisle notó la angustia de Bella al instante.

"Shh… todo va a estar bien," le dijo, limpiando la primera lágrima que escapó con su pulgar.

Alice había regresado con un pequeño vaso de plástico lleno de agua fría. Se tomó un momento para agarrar uno para ella porque estaba muerta de sed. Cuando pasó por la entrada principal de la estación cuando venía de regreso, notó que de verdad era de noche afuera. Se preguntó cuánto tiempo habían estado aquí porque se veía que era tarde.

Alice le tendió el vasito de agua, y mientras Carlisle lo agarraba de su mano, lo remplazó discretamente por su teléfono.

"Manda un mensaje por refuerzos. Vamos a necesitar dos coches más," le dijo apenas más fuerte que un susurro.

Carlisle sostuvo la cabeza de Bella y colocó dos píldoras en su lengua. Ella lo miró fijamente y se dio cuenta que sus preguntas sí/no estaban descartadas con él ya que no podía leer su mente. Había pasado mucho tiempo con Edward recientemente, y eso había confundido su percepción de la comunicación. Esperaba que no fueran nada más que pastillas para el dolor de cabeza, porque seguramente le vendrían bien unas de esas. Su cabeza le palpitaba, sin mencionar los moretones que seguro aparecería por aterrizar en el suelo con esa silla atada a ella.

Carlisle le echó un vistazo a su reloj de pulsera de una forma excesivamente obvia.

"Solo tengo que esperar diez minutos para que su corazón se tranquilice antes de arriesgarme a moverla," anunció con todas sus fuerzas con un aire de autoridad.

Suplicó en silencio que ninguno de los oficiales hubiera prestado atención durante sus interacciones con los paramédicos con el paso de los años y dijera que su decisión eran "pendejadas".

Bella y Alice lo miraron, confundidas.

¿Vamos esperar?

¡Vámonos de una puta vez de aquí, doc!

Alice se inclinó sobre Bella como si estuviera revisando cómo se estaba sintiendo ahora que había tomado el medicamente "salvavidas". Empezó a mandar mensajes como loca. Se sabía el número de Jasper de memoria, pero no tenía idea del de Em. Atrás habían quedado los días en los que tenías que recordar el número de todo el mundo y de hecho, marcarlo.

Varios segundos después, el teléfono sonó en su regazo. Estaba agradecida que el doctor no tuviera algún loco y ruidoso tono rapero.

"J y Em están en camino," susurró.

"Diles que esperen al frente y que mantengan el motor encendido."

Alice no le gustó el sonido de eso. Se preguntó si iba a sacarlos literalmente de ahí.

Garrett comenzó a tontear con un brazalete para la presión sanguínea al otro lado de Bella. Se hizo penosamente evidente que el chofer no tenía idea de cómo poner la maldita cosa. Alice quería quitarlo de en medio y hacerlo ella misma, pero nunca tuvo la oportunidad, ya que Carlisle se inclinó y tomó el control.

Bella notó que Carlisle estaba empezando a sudar. Pequeñas gotas bajaban por sus sienes, y no le gustaba lo que eso significaba. El doctor estaba nervioso, pero si estaba tan nervioso, entonces, ¿por qué demonios no salían de ahí?

Mientras los minutos pasaban, los oficiales de policía que estaba cerca se ponían cada vez más inquietos. Uno de ellos se acercó a preguntar si necesitaban ayuda para meterla en la ambulancia.

Carlisle empezó a soltar un rollo de términos médicos para desconcertar al joven. Lo último que necesitaba era que ellos salieran y se dieran cuenta que no había ninguna ambulancia. Carlisle no podía secuestrar conscientemente una ambulancia en funcionamiento y su equipo para venir a salvar a sus amigos del gobierno de los Estados Unidos. Eso sería moralmente incorrecto y si una persona en la ciudad muriera porque no había una ambulancia disponible para ella en una verdadera emergencia, el doctor nunca se lo perdonaría. En vez de eso, llamó a su chofer, que nunca estaba lejos, y juntos habían venido a la estación. Solo necesitaban unos minutos más y con suerte su plan funcionaría.

Carlisle hizo que el oficial retrocediera y empezó a checar la presión de Isabella. Frunció el ceño al ver la lectura. Era mucho más alta de lo que esperaba, incluso dado su actual predicamento.

"¿Cómo te sientes?" Le preguntó, mirándola de forma críptica. Por supuesto, no podía mencionar su presión elevada porque se supone que estaba sufriendo de un "problema letal del corazón," pero quería saber por qué estaba tan estresada.

"Me electrocutaron," le dijo bajito, mientras miraba por encima de su hombro a los oficiales para asegurarse de que no escucharan el intercambio.

Carlisle tuvo que morder su lengua. De pronto comprendió lo que estaba sucediendo. Edward no estaba detenido por la policía de Nueva York; estaba siendo torturado por la agencia de la que le había hablado al doctor, de la que escapó cuando era un niño.

Bella estaba agradecida de que Carlisle estuviera de su lado al ver su ira al escuchar sus palabras transformar su apariencia normalmente tranquila. Su espalda se tensó, y sus ojos poseían un fuego mortífero.

Mirando a Alice, le preguntó en voz baja, "¿Cuándo los trajeron?"

"Al mediodía."

Sus ojos se abrieron ligeramente al mismo tiempo que le mostraba su reloj. Eran un poco más de las once.

"Ugh. No me sorprende que estoy que reviento de ganas de hacer pipí," gimió Alice.

Carlisle le echó un vistazo a su reloj una vez más. "Vamos," repitió para sí mismo antes de mirar a Bella otra vez.

"¿Dónde, cariño? Muéstrame dónde," le preguntó, quitando el cabello de su rostro con mucha ternura.

Bella le indicó su seno derecho y su hombro. Estaba agradecida que el segundo ataque no había sido de nuevo en su seno. Carlisle inspeccionó los dos verdugones con apariencia de picadura de abeja que las sondas habían dejado en su piel.

"¿Sabías que podría haberte dado un paro cardíaco de verdad?" Le dijo suavemente, levantando sus cejas. "Tuviste suerte, aunque me es difícil describir tu experiencia como afortunada."

Justo cuando Carlisle empezaba a pensar que iba a tener que llevar a Bella afuera, un caballero mayor entró a zancadas a la estación, poniéndose su chaqueta de tweed (1). Su canoso peinado emparrado (2) estaba totalmente levantado y le daba un aire de idiotez. Parecía aturdido, en el mejor de lo casos, mientras revisaba la entrada de la estación pero se detuvo cuando los vio.

En seguida se abrió paso entre el muro de oficiales de policía y se acercó a un lado de Carlisle. Desde la posición de Bella en la camilla, notó que no llevaba calcetines debajo de sus pantalones, y sus zapatos no eran iguales. Los dos eran de piel en color negro, pero a la altura de ella, era obvio que estaban disparejos. Luego ella empezó a estudiarlo y a su extraña vestimenta más de cerca. Se veía como si se hubiese puesto la primera ropa que encontró. Su pantalón no combinaba con su chaqueta, y al parecer tenía una camiseta debajo. Estaba un poco viejo como para tratar de adoptar un look tipo Miami Vice. Era eso, o se había perdido el Expreso de Hogwarts.

"Jenks. Oh, gracias al cielo," dijo Carlisle, poniéndose de pie. Extendió su mano y estrechó la del hombre como si fueran viejos amigos. Una conversación en susurros comenzó entre ellos dos mientras Bella y Alice intercambiaban otra mirada de preocupación. Un segundo más tarde, Carlisle puso a Alice de pie por información.

"¿Dónde está Edward?"

Alice miró por encima de su hombro y notó que el detective que había estado a cargo los observaba con repentino interés. El humor del grupo de oficiales también había cambiado. Bella lo vio todo desde la camilla y se preguntaba si todavía debería estar fingiendo su enfermedad.

Mierda, ¿ahora me veo muy bien?

¿Quién es este hombre?

Esos policías no se ven felices.

Tan bajo como Alice pudo, les explicó sobre la sala de interrogación en el sótano. El canoso Jenks maldijo bajito antes de cuadrar sus hombros, tirando hacia bajo de cada una de sus mangas y usando su expresión para la sala de audiencias.

Girándose sobre sus talones, caminó a zancadas hacia el escritorio, y el detective lo recibió.

"Señor, ¿en qué puedo ayudarle?" Sonó vacilante.

El detective reconocía al caballero de pie frente a él. Era el más famoso abogado de defensa criminal en la Costa Este. Había estado involucrado en algunos de los más grandes casos judiciales en la historia de la ciudad. Había representado a varios tristemente célebres jefes de la mafia en el transcurso de su carrera de casos de alto perfil.

No debían meterse con este hombre.

"Mi nombre es Jay Jenks, pero creo que eso ya lo sabe. Soy la representación legal de los Masen. La señora Masen me ha informado que la detuvieron a ella y a su hermano por más de doce horas. Insisto en que me lleven con el señor Masen de inmediato," declaró, como si fuera la ley.

"Ah… um… ah… un momento," el detective tartamudeó.

Antes de que pudiera irse, Jenks agarró su brazo a través del escritorio. "Será mejor que el señor Masen no esté abajo en ese calabozo." Jenks miró al detective, dejándole saber que sabía de esas salas de interrogación. "Será mejor que esté en esta estación en los siguiente dos minutos, y será mejor que esté en buena condición, o voy a llamar al New York Times."

"Bueno, espere. No hay nada qué reportar."

Jenks podía darse cuenta por la inseguridad en el tono del detective que en realidad no creía sus propias palabras. Treinta y siete años de interrogar testigos y criminales en el estrado le daba una asombrosa habilidad de detectar una mentira a kilómetros de distancia.

"No. No lo habrá si me llevan con mi cliente."

Mientras el detective se fue, Carlisle, Jenks y Alice compartieron otra conversación en susurros. Alice podía hablar a mil por hora cuando era necesario porque podía ver qué preguntas venían. Justo cuando se estaban decidiendo por un punto de encuentro, el detective apareció otra vez.

"Venga por aquí, señor Jenks."

Un momento más tarde, Jenks era conducido a una de las salas de interrogación de la estación. Edward estaba sentado a la mesa con un humeante vaso de café frente a él. A pesar de que Jenks nunca antes había posado sus ojos en el joven, podía notar que había tenido una noche horrorosa. Su vieja camiseta de Roger Rabbit estaba desgarrada del cuello, y sus muñecas estaban en carne viva.

Frente a Edward estaban dos trajeados, en posición de firmes y usando gafas oscuras. Jenks sacudió lentamente la cabeza, porque si creían que iban a intimidarlo, entonces estaban muy equivocados. La mayoría de sus clientes se comerían a estos dos en el desayuno—y eso era solo los insignificantes secuaces de más bajo rango.

"¿De quién es el café?" Jenks preguntó, con una pequeña sonrisa y algo de sarcasmo. "Claramente no es de mi cliente."

Nadie respondió.

"¿Cómo están tus muñecas, Edward? Al menos tuvieron la decencia de quitarle las esposas antes de que las viera," dijo Jenks, viendo a los dos agentes.

Edward le sonrió a MIB1 y MIB2. Claramente, este tipo que lucía como el profesor chiflado sabía lo que estaba pasando. Edward se preguntó quién demonios era, pero no le importaba, siempre y cuando no fuera un idiota. Desafortunadamente, Edward no podía leerlo. No era un pensador visual. ¿Por qué demonios su bar estaba lleno hasta el tope todas las noches con mentes visuales? Solo dentro de esta estación, la mitad de las personas eran silentes para él, y se preguntó cuáles eran las posibilidades de que eso ocurriera en un momento de su vida cuando menos necesitaba que fuera así.

Centrándose de nuevo en la situación, Edward sintió un destello de esperanza en su pecho. Tal vez—solo tal vez- había una oportunidad de salir de aquí como un hombre libre. Independientemente de si eso pasaba o no, Edward sintió que todo su cuerpo se relajaba. No estaba solo, y este caballero definitivamente sería capaz de liberar a Bella.

Edward vio la mente del detective. No estaba feliz y había decidido seguir el protocolo al pie de la letra de ahora en adelante, a pesar de lo que esos agentes le habían ordenado hacer antes. No iba a enfadar a uno de los abogados más poderosos. Edward se sintió mejor al saber que el sujeto de apariencia extraña tenía influencias porque iba a necesitarlas.

Jenks no se molestó con formalidades como presentaciones; solo se fue directamente al grano.

"¿Mis clientes han sido arrestados?"

"No," respondió el detective. Los agentes miraron furiosos su espalda cuando respondió.

"Entonces, ¿con qué base los mantienen bajo custodia?" Entrelazó sus dedos frente a él, dando la impresión de estar bastante tranquilo.

El detective titubeó, y Edward podía ver que no tenía idea por qué se habían presentado estos agentes y estaban deteniendo a dos víctimas de un desagradable allanamiento de morada. Se había activado una alerta cuando se introdujo sus números de licencia en la computadora central, y vino una orden de sus superiores para detenerlos hasta que estos dos aparecieron directamente desde el aeropuerto.

Jenks continuó, sin inmutarse. "¿O, en efecto, mis clientes son libres de irse, si esto ha sido solo un interrogatorio habitual sin arresto?" Levantó una ceja desafiando en silencio al oficial, porque ambos sabían que doce horas era demasiado para ese procedimiento.

"¿Se les leyeron sus derechos?"

El oficial no quería responder porque al principio solo los había traído a la estación para poner en orden el papeleo por el cuerpo. Ahora se estaba empezando seriamente a cuestionar si sus derechos civiles habían sido violados y a preocuparse que él estuviera conectado por omisión.

MIB1 por fin habló. "Están aquí porque son sospechosos en la investigación de un asesinato."

"¿Asesinato?" Jenks dramatizó, limpiando sus oídos. "¿Escuché bien? ¿Asesinato?"

Edward estaba disfrutando del show. Se sentía a salvo. No podía deducir si Jenks era un idiota por no tomarse en serio a estos dos, o si en realidad no lo intimidaban. Edward se preguntó qué tan poderoso era en realidad.

MIB1 no respondió, pero su ceño fruncido le dijo a Edward que él sabía a dónde se dirigía esto.

"La desafortunada pérdida de una vida ocurrió hoy, pero proteger su familia y propiedad de un conocido criminal difícilmente amerita un cargo de asesinato, sobre todo cuando hay testigos oculares declarando que fue en defensa propia."

Edward deseaba poder ver detrás de las gafas polarizadas para ver el tamaño de los ojos de MIB1.

Sin darle a ninguno de los hombres presentes una oportunidad para responder, Jenks continuó.

"Bueno. Si necesitan hacerles más preguntas a mis clientes, entonces, contácteme, y volveremos mañana a una hora específica—juntos, pero por ahora, hemos terminado."

"Él no se va," dijo el agente, señalando a Edward.

"¿De verdad quiere hacer esto a las malas?" Preguntó Jenks.

"Él no se va a ir de aquí."

"O lo acusan de algo, o voy a llamar al New York Times." Jenks sacó su móvil y abrió sus contactos. Su pantalla mostraba los números móviles personales de varios de los principales periodistas del periódico y el editor en jefe, y se aseguró que todos en la sala tuvieran una clara vista de eso. "La señorita Swan tiene indicios de numerosas heridas por un arma paralizante. Me pregunto cuál sería la opinión de la oficina del alcalde de que suceda esto en la estación de policía más grande de la ciudad."

El rostro del detective palideció. Se volvió lentamente para mirar a los agentes. El que se le recordara lo que le había sucedido a Bella ensombreció el estado de ánimo de Edward. Vio el sincero horror en la mente del oficial ante la idea de lastimar a una chica inocente. Lo iban a culpar por esto. Fue cuando estaba de turno, y se había hecho de la vista gorda, pero nunca en un millón de años hubiera adivinado que estos dos electrocutarían a una joven e inocente chica en custodia.

"¿Electrocutada?" Preguntó, mirando a cada agente, esperando que no fuera verdad.

"Oh, no puede actuar como si no lo supiera," Jenks le dijo al oficial. "Y, tal vez no lo sabía. Tal vez estos dos son los responsables, pero puedo asegurarle que pasarán semanas antes de que los detalles sean publicados."

"El señor y la señora Masen son libres de irse," el detective dijo en seguida.

Edward y Jenks salieron por la puerta antes de que los agentes intervinieran. Escucharon gritos de ambos lados mientras se dirigían hacia la salida. Rosalie estaba de pie en la puerta, viéndose agitada. Dio un suspiro de alivio al ver a Edward.

Jenks sacó a Edward por la puerta y bajaron unos cuantos escalones. Rose estaba ahora frente al coche y había abierto la puerta trasera del Jeep para que subiera.

"¿Sabes cómo vas a llegar ahí?" Jenks le preguntó a Emmett por la ventana.

"Sí, señor. Ningún espía va a seguirme," respondió Em con su alegre sonrisa.

"Buen chico. Estén ahí a la medianoche."

Edward había estado demasiado aturdido por la rapidez en que Jenks lo había sacado de la estación para notar el Mercedes negro ronroneando dos coches más abajo, o la camioneta pickup de Jasper esperando al otro lado de la calle.

Em se alejó de la acera, muy apenas logrando evitar que chirriaran las llantas.

"¡Espera! ¿Dónde demonios está Bella?"

"Con Carlisle. Estaremos pronto con ella, amigo. No te preocupes," dijo Em.

"¿Y Alice?"

"Con Jasper."

Edward miró por la ventana para ver a los dos agentes subir a su vehículo. Se volvió para mirar por la ventana de atrás, esperando ver que seguían al Jeep, pero le sorprendió cuando se echaron de reversa y arrancaron detrás del Mercedes último modelo.

"Em, ¿dónde está Carlisle?" Edward preguntó con un mal presentimiento.

"En ese Mercedes."

"¡No! ¡Joder! ¡Bella! ¡No!"


(1) Tweed – es un tejido de lana áspera, cálido y resistente, originario de Escocia. La textura es calada y elástica, parecida a la del cheviot, pero más apretada. Se fabrica en liso o tejido de sarga y a menudo muestra el patrón en forma de espina de pescado, o herringbone.

(2) Emparrado – Peinado de los hombres para encubrir, con el pelo de los lados de la cabeza, la calvicie de la parte superior.


Bueno, al menos sabemos que ya los sacaron del calabozo, ¿no? ¡Gracias a Carlisle! Vaya que sirvió el que Edward le hubiera contado de su don y lo que les había pasado de chicos, pudo identificar que estaban en peligro e ideó un plan genial para sacarlos. Pero ahora, ¿alcanzarán a Bella? ¿Qué hará Carlisle ahora? Lo veremos en el siguiente en el que ya estoy trabajando. Mientras tanto, espero ansiosa por saber qué les pareció este y ya saben que entre más compartan sus impresiones conmigo, más me apuro :P

Muchas gracias a las que dejaron su review en el capi anterior: tulgarita, patymdn, cary, Wawis Cullen, Mss. Brightside, nnuma76, Tary Masen Cullen, Meli, AriiPattinson, MonZe Pedroza, Bertlin, Carmenc03, Roxy Sanchez, PEYCI CULLEN, , Lizzy-0401, injoa, Jade HSos, CarolinaYDM, lizdayanna, rosy canul, Sei, dushakis, LicetSalvatore, Yoliki, Brenda Cullenn, freedom2604, Jazmin Li, Lunita Black27, YessyVL13, Adriu, BLANKITAPIA, Sully YM, lagie, Mafer, Shikara65, Pauliii, Tata XOXO, Mary de cullen, Ericastelo, Pam Malfoy Black, johanna, Majin, niyus1205, bbluelilas, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente.