Y como esto no puede faltar: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la autora de esta genial historia es FoxxyJ, yo solo la traduzco.

Y me acompaña de nuevo mi querida Beta y amiga Erica Castelo, gracias por tu ayuda y apoyo con las traducciones. ¡Eres la mejor!


El viaje increíble: Una película de 1963 basada en un libro con el mismo nombre. Cuenta la historia de un labrador, un Bull Terrier y un gato Siamés que viajan 483 kilómetros a través de la naturaleza canadiense para llegar a casa. Volviendo a casa fue la versión de 1993 de la misma historia.


Capítulo 22 – El viaje increíble

Em estacionó su Jeep junto al abandonado de Edward detrás del bar SER. Todavía estaba lleno de las pertenencias de Bella, y él sacudió su cabeza al pensar en lo mucho que había pasado desde el domingo. Tomó una respiración profunda y limpió la delgada capa de sudor de su frente. Estaba nervioso—una sensación que era extraña para el corpulento portero.

A fin de pasar al oficial que estaba en ese momento caminando por el callejón hacia él, Emmett tendría que mentir. Siempre se había sentido muy orgulloso de su honestidad, así que esto iba a ser un desafío.

"Buenas tardes, señor. ¿Qué está haciendo aquí?" Preguntó el oficial cuando Emmett salió del Jeep y agarró su enorme bolso de lona.

Em le dio una sonrisa brillante al mismo tiempo que levantaba el pesado bolso sobre su hombro. "Hola. Sí, estoy aquí para empezar a trabajar. Soy de seguridad."

"Señor, ocurrió un accidente aquí el domingo. Todavía está bajo investigación, por lo que las instalaciones no abrirán esta noche."

"Ah, mierda. Eso significa que no me pagarán," Em se quejó. "¿Puedo solo entrar y agarrar algunas de mis cosas? Únicamente voy a estar en la parte de atrás—no en el bar."

"¿Su nombre?"

"Emmett McCarty."

El oficial tenía un sujetapapeles y marcó el nombre de Emmett.

"¿Se le interrogó en la estación?"

"Sí, señor. Aunque no vi nada. No estaba en el bar en ese momento."

El oficial le pidió a Em que abriera su bolso. La peste de su ropa sucia y mojada del gimnasio disuadió al policía de inspeccionar más a fondo.

"No tarde mucho." Cuando Em empezó a caminar hacia las puertas traseras, el oficial preguntó, "No ha tenido noticias de los dueños, ¿verdad?"

Em se dio la vuelta lentamente y con resolución afianzó su expresión. "No, hombre, de lo contrario hubiese sabido que no íbamos a abrir esta noche." Se encogió de hombros antes de continuar hacia las puertas traseras.

Una vez dentro, Em entró corriendo al bar. Agarró la caja de metal con el efectivo debajo de la barra y golpeó el costado de la caja registradora con un solo movimiento. La gaveta de la caja registradora se abrió con un sonoro ring que hizo eco en el espacio vacío. Em hizo una mueca; aunque sabía que el sonido era demasiado bajo para alertar al policía, estaba nervioso otra vez.

Agarrando únicamente los billetes grandes, vació la gaveta. Ese dinero, además del efectivo en la caja probablemente era cerca de diez mil porque por lo general Jasper hacía sus viajes al banco los lunes. Cerrando la caja registradora, para que no pareciera que habían alterado el lugar, se dirigió hacia las escaleras, consciente que estaba a punto de hacer mucho más ruido que un pequeño "ring". Emmett cerró la puerta del departamento de Edward detrás de él solo por si acaso.

Al darse la vuelta, se paró en seco. El departamento estaba exactamente como todos lo habían dejado y tenía un aire escalofriante. Parecía surreal que había sido hace solo cuarenta y ocho horas que todos juntos bromeaban. Las piezas del nuevo ropero de Bella seguían regadas en el piso de la sala, completamente olvidadas. Las cajas estaban a medio desempacar, y las papas fritas y dips con los que estaban botaneando estaban abandonados y echados a perder en la encimera de la cocina. Qué rápido habían cambiado sus vidas, pensó.

Em tiró el contenido su bolso de lona en el piso del baño. La barreta y el martillo aterrizaron con un golpe sordo ya que estaban envueltos con su toalla del gimnasio.

Justo como Edward le había descrito, las baldosas del baño entre el espejo y el tocador eran de un tono ligeramente más claro de gris que el resto. Sin la información que tenía respecto al porqué eran diferentes, Em probablemente nunca las hubiera notado. Agarrando el martillo, preparó su postura y golpeó con fuerza.

¡Chasquido!

Las baldosas se agrietaron desde el punto de impacto hacia afuera pero permanecieron en su lugar. El sudor escurría por el rostro de Em. Si el oficial no había escuchado eso, entonces sería un milagro. Preparándose, golpeó el muro otras tres veces, y las baldosas empezaron a soltarse y caer. Usando la barreta, quitó secciones de la pared y la puso en el tocador, y una vez que el polvo se despejó, una caja con cerradura de tamaño mediano estaba dentro de la pared, cubierta con años de polvo y sarro.

"Maldito bastardo astuto," Em murmuró al agarrar la caja y meterla en su bolso.

Después, agarró las laptop y todos los aparatos electrónicos pequeños y cargadores que pudiera ver. En su camino de regreso al baño, agarró los DVD que le dieron a Edward en su cumpleaños. Por último, Emmett rebuscó en la canasta de la ropa sucia de Edward hasta que encontró la que Edward quería—Labios Dulces.

"Y jodidamente sentimental."

Edward le había pedido a Emmett que agarrara la camiseta. Era la camiseta que había iniciado todo entre Bella y él. Si esa tarde no hubiese llevado esa camiseta puesta en el bar, se preguntaba si Bella hubiese pensado tanto en besarlo. Una vez que empezó a pensar en besarlo, él no pudo resistirse a coquetear con ella porque pensaba en ello de la forma más sensual y erótica, y el resto era historia.

Una vez que las cosas importantes estaban en su bolsa, Emmett la llenó con puñados de ropa de todo tipo de Edward y Bella antes de cubrirla con una capa de su apestosa ropa de gimnasio. Estaba muy seguro que el oficial no querría oler eso por segunda vez.

El día anterior…

A las 4:30 a.m., todavía estaba completamente oscuro, y Carlisle estaba orgulloso de haber hecho tan buen tiempo desde Nueva York. El amanecer se acercaba, y todos rezaron porque no empezara a clarear, tratando de cubrir tanta distancia como fuera posible bajo el manto de la oscuridad.

El yate se sacudió con una ola, y Bella se aferró al timón como si su vida dependiera de ello a medida que el elegante bote se movía por encima del invisible oleaje. Navegar hacia el oscuro abismo no le gustaba mucho, pero Carlisle le había asegurado que no había nada qué golpear en kilómetros, siempre y cuando los mantuviera en dirección al viento. Él tenía que fijar las velas, de modo que su tarea era encargarse del timón, que era casi tan grande como ella.

La voz de Carlisle hizo eco en el viento de vuelta hacia ella desde la cubierta de proa mientras les gritaba instrucciones a su bastante "verde" tripulación. Los cuatro nunca antes habían puesto un pie en un velero y eran verdaderos principiantes, pero el pobre Jasper estaba verde en más de una forma—su estómago le había tomado una aversión inmediata al vaivén del navío.

Alice y Edward estaban agradecidos por sus habilidades combinadas. Las velas en la embarcación de 14 metros eran enormes y tenían que elevarse rápidamente. El barco estaba por el momento con el motor, pero Carlisle quería ahorrar el combustible—en parte porque no sabía cuándo tendrían la oportunidad de reabastecerse, y en parte porque con las corrientes de viento, se moverían al doble de velocidad. Tenían que poner tanta distancia como fuera posible entre ellos y la tierra. Entre menos personas vieran al Isla Esme entrar a mar abierto mejor.

Carlisle comenzó a quitar las cubiertas de la vela mayor.

"Alice, sigue mis movimientos y prepara el foque. Haz lo mismo que yo," le dijo en la proa del barco. Él notó que ya estaba en ello.

"Edward, una vez que amarre esto…" Señaló la driza, la que a Edward le pareció como una soga adornada "… vas a subir la vela mayor con el cabestrante hasta que no haya ni una arruga en la vela a lo largo del mástil."

Alice podía ver las decisiones de Carlisle respecto a lo que se necesitaba hacer a continuación, y Edward recibía una imagen muy clara de cómo hacer cada tarea. Carlisle era como su propio manual viviente para navegar. El doctor estaba pensando en imágenes a propósito porque se dio cuenta rápidamente de lo útil que podía ser el don de Edward. Si pensaba exactamente lo que quería que el joven hiciera, le permitía ahorrar su voz para guiar a Jasper, que era el único ciego. Carlisle no estaba seguro de cómo la pequeña Alice predecía su siguiente movimiento, pero no le interesaba. Ella era eficiente, y eso era lo que importaba.

Una vez que la vela mayor estuvo suelta, le asintió a Edward. Edward empezó a subir la enorme vela hacia el cielo y le sorprendió lo difícil que era al sentir que la pesada tela resistía el viento.

"Ten cuidado si la botavara se da la vuelta," gritó Carlisle.

Edward miró el largo travesaño que soportaba la parte inferior de la vela con precaución mientras trabajaba. Se balanceaba un poco de izquierda a derecha cuando llegaban a la cresta de cada una de las olas.

Jasper estaba ayudando a Alice pero no parecía ser de gran ayuda. Cada vez que el barco pasaba por encima de una ola, perdía el equilibrio y terminaba a gatas.

Bella vigilaba los pequeños faros que representaban cada persona en la cubierta, subir y bajar de un lado al otro a medida que el yate continuaba tambaleándose con el mar. Una repentina ola solitaria golpeó un costado de estribor, y un salpicón de agua salada la bañó. Chilló por la sorpresa y tiró con fuerza del enorme timón para enderezar su curso. A medida que las velas subían poco a poco, podía sentir que el timón se resistía a su mando.

"Mantenlo en dirección al viento, Bella," Carlisle le dijo en voz alta. "Estaré ahí en un minuto."

La gigante vela mayor estaba ahora arriba y segura. Carlisle le dio a Alice luz verde para envolver la vela de foque en el cabestrante y empezar a abrir la vela delantera.

Bella se asustó por el repentino ruido en la proa del barco. El foque se sacudía violentamente en el fuerte viento y hacía un ruido mucho más fuerte de lo que esperaba. Bella solo había visto veleros en televisión y no esperaba ni la mitad del alboroto. Pensó que sería mucho más relajante. Los ruidos del barco y los tambaleos constantes, combinados con el rugido del mar y el rocío salado en sus mejillas, lo hacía bastante estimulante. Si no estuviera casi muerta del miedo, probablemente lo disfrutaría.

Rápidamente, Alice y Jasper bajaron de la cubierta de proa y entraron al puente de mando con ella. Bella pensó que era divertido que el área de asientos alrededor del enorme volante—al que Carlisle seguía refiriéndose como timón—se le llamaba cockpit (1) en inglés. Jasper se sentía más seguro allí abajo que arriba en la cubierta en la oscuridad, cruzando los mares. Empezó a ponerse el chaleco salvavidas de color naranja brillante pero se enredó con las grandes correas blancas en su prisa por ponerse la maldita cosa. Carlisle empezó a recortar las velas al prepararse para de verdad moverse con el viento.

Bella apenas si se dio cuenta cuando Carlisle tomó el mando por ella, porque su atención estaba en Jasper. Estaba inclinado sobre el pasamanos, aferrándose a él como si su vida dependiera de ello, mientras su estómago se vaciaba de lo que había comido en la parada de camino a la marina del Club de Yates Montauk. Las velas se llenaron de aire, y el Isla Esme aceleró hacia adelante como un caballo de carreras saltando desde las casillas.

Los cuatro principiantes perdieron el equilibrio y se agarraron de cualquier cosa o persona al caerse sobre sus inestables piernas en el mar.

"Lo siento," dijo Carlisle, sonriéndoles a todos ellos despatarrados en los asientos empotrados alrededor de donde dirigía la embarcación. "Ya se pueden relajar. Lo tengo bajo control. Pueden bajar a la cabina, pero Jasper te recomendaría que te quedaras aquí arriba con el aire fresco de mar."

Jasper gimió y agarró su estómago. Estaba agradecido porque la protección de la oscuridad significaba que no podría ver el horizonte subiendo y bajando como un balancín.

"Alice, si bajas a la cocina, puedes traerle un poco de agua fría del refrigerador. Puede que le ayude," dijo Carlisle. Se veía como un hombre diferente, frente al timón con el viento soplando su rubio cabello en todas direcciones. De alguna forma se veía más joven, o tal vez más libre.

Bella tomó asiento a un lado del estribor del puente de mando, justo en frente de dónde estaba Carlisle de pie. De hecho, estaba disfrutando realmente de aprender sobre el yate, y podía darse cuenta que Carlisle se sentía orgulloso de poder enseñarles. Nunca fue bendecido con hijos propios, y por primera vez, fue capaz de impartir algo de su vasto conocimiento a la siguiente generación.

Edward se sentó al lado opuesto de ella, su cabello un desorden mayor de lo acostumbrado por el fuerte viento. Le sonrió a ella al mismo tiempo que estiraba sus piernas en el espacio entre ellos para descansar sus pies descalzos contra los de ella. Un velero no era lugar para zapatos de suela negra, ya que podían rayar las inmaculadas cubiertas blancas, por lo que se vio forzado a estar descalzo y estaría así hasta que anclaran en alguna parte dónde pudiera comprar unos nuevos—nueva ropa, nuevos zapatos, todo nuevo. Suspiró, deseando llevar puestas mejores ropas. Todo lo que tenía era la camiseta rasgada de Roger Rabbit y sus viejos jeans desteñidos. Agradeció a los cielos que llevara puesto su bóxer favorito—el de Animal que Bella le dio. Lo usaba constantemente y nunca había lavado una pieza de ropa tan regularmente como a ese bóxer que tanto quería. Al ver a Bella fruncir el ceño, retiró sus pies y entró en sus pensamientos.

Bella estaba perdida en los eventos de las pasadas veinticuatro horas.

Veinticuatro horas…

¿Cómo es eso posible?

Ayer a esta hora de la mañana, estaba arropada en mi cama dormida en mi departamento por última vez.

¡Y, ahora estoy huyendo del país a mitad de la noche en un velero!

¿De verdad está sucediendo esto?

Bella empezó a pensar en el loco y caótico día que la había llevado a estar en el Océano Atlántico, esperando el amanecer. No podía creer que tanto pudiera ocurrir en solo un día. Edward podía ver y sentir la emoción que habían sentido ella al empacar sus cosas y entregar las llaves a Jake. Una vez que tomó la decisión de mudarse con Edward, estaba ansiosa por hacerlo realmente. Quería empezar su vida con el hombre con el que no podía vivir sin él, y quería hacerlo pronto. Pero, esa vida nunca comenzó. Nunca tuvieron la oportunidad de siquiera de dormir juntos una noche en el departamento de ambos, rodeados por sus cosas.

Ella recordó haber escuchado una conmoción en la planta baja y el aterrador grito de Alice. Vio que Jasper y Emmett, que había estado luchando por los destornilladores, de pronto salieron por la puerta en pánico al escuchar el sonido. Para cuando ella y Rosalie llegaron al bar, no podía creer la vista frente a ella. Ese tipo Phil—que había apuñalado a Emmett—estaba tumbado en medio de la pista de baile, y no se movía y había sangre—mucha sangre. El corazón de Bella casi se le había salido por la boca cuando vio el conocido tatuaje, pero Edward estaba a su lado e instándola a entrar de nuevo a la cocina antes de que cayera en cuenta que estaba muerto.

La siguiente hora pasó en un frenético borrón. La policía llegó, las interrogaciones comenzaron, los paramédicos vinieron, los fotógrafos de la policía tomaron muchas fotos—fue un caos. Y luego, Alice, Edward y Emmett fueron llevados a la estación. El corazón de Bella había caído como plomo de su boca hasta sus pies cuando ocurrió. Tenía un mal presentimiento sobre eso pero era incapaz de detenerlo. Una vez que dio su declaración a la policía, ella y Rosalie regresaron a desempacar, pero ya no estaba entusiasmada por ello. Se sentaron en el sofá y esperaron a que Jasper les diera noticias mientras los policías hacían lo suyo en la escena.

Edward hizo una mueca cuando Bella empezó a pensar en la dura experiencia en la estación de policía. Ella había estado petrificada cuando la policía se presentó en el bar y se la llevó a la estación. Tenía mucho miedo de decir algo que pudiera ponerlos sobre aviso sobre Alice y Edward. Él se sintió mal de que ella hubiese estado más preocupada por él en ese momento, cuando debía estar preocupada por ella misma.

Edward se sintió aliviado de que no pensara en lo que pasó en el cuarto del sótano con los agentes. No creía poder soportar el ver eso otra vez en su mente. Vivirlo en carne propia fue lo bastante malo. Edward vio de primera mano su viaje al hospital y luego a la oficina de Esme. Él no había tenido oportunidad de hablar con ella de eso. Y entonces, finalmente, la vio revivir su temor de perderlo, mientras Edward estaba literalmente corriendo por las calles de la ciudad de Nueva York.

Las emociones de Bella, y por defecto las de Edward, comenzaron a estabilizarse cuando ella recordó la segunda vez que vio al amigo de Carlisle, Jenks. Justo antes de que se fueran a Los Hamptons, él había ido a la oficina. El hombre evidentemente había ido a su casa, porque cuando lo vio otra vez, llevaba puesto un elegante traje negro, con zapatos y corbata a juego, su cabello impecablemente peinado sobre su resplandeciente cabeza, y se veía como alguien con el que nunca te meterías o discutirías. Lucía casi letal para Bella. Este era un hombre que podía imaginarse caminando a zancadas a través de una sala de juzgado para decirle al juez unas cuantas cosas. Este era el hombre que había liberado a Edward y Alice, y ahora estaba usando sus conexiones para ayudarlos a salir del país.

Jenks les tomó a todos una fotografía con su cámara digital, incluyendo a Carlisle, y explicó que los pasaportes y papeleo serían necesarios. Bella recordó lo sorprendida que estaba de saber que Carlisle conocía a alguien que podía mandar hacer documentos falsos. Más tarde, Carlisle había explicado en el coche a una Bella aún estupefacta que él no estaba asociado con Jenks en ningún tipo de negocio. Los dos se habían conocido en el club de yates y convertido en amigos de firma hace años porque Carlisle trataba a todos por igual. Ya sea que fueran millonarios o el personal de limpieza, Carlisle trataba a todas las personas de la forma en que deseaba ser tratado, y Jenks lo respetaba por ello. Carlisle sabía que tenía conexiones por el tipo de clientes que representaba en la corte. Conocía a gente que conocía gente.

A la 1:30 a.m., los equipos se habían metido a sus coches, y la segunda etapa de su plan de escape empezó. Carlisle y Jasper condujeron como almas liberadas del infierno y habían logrado llegar a la punta más lejana del norte de Long Island en exactamente tres horas. Afortunadamente, las carreteras habían estado vacías a esa hora en un domingo por la noche. Luego habían abordado el Isla Esme sin ser vistos y dejaron la marina, con dirección a los Cayos de Florida.

"Edward, toma el timón," lo llamó Carlisle, sacando al joven de la cabeza de su novia. "Necesito estudiar los mapas meteorológicos que imprimí en la oficina. Estos vientos están demasiado fuertes para mi gusto, y necesito ver lo que va a pasar en los siguientes días."

El martes por la mañana, Bella despertó desorientada en la pequeña cabina a bordo del Isla Esme. Miró alrededor de la habitación oscura y descubrió a Edward sentado frente a ella en la pequeña banca cerca de la portilla.

"Oye, ¿qué estás haciendo?"

Edward no parecía haber despertado.

¿Dormiste?

"¿Te sientes mal?" Le preguntó. Era común para Bella intercambiar entre hablarle en su cabeza y en voz alta.

Él no respondió.

"Cariño, ¿qué pasa?" Estaba empezando a preocuparse. Se incorporó y le tendió su mano.

Edward sacudió su cabeza.

¿Por qué no quieres tomar mi mano?

Oh…

¿Qué es lo que esperas ver?

Edward agachó la cabeza y suspiró con fuerza. Bella encendió la lámpara colgando a un costado de su cama matrimonial—aunque "matrimonial" era mucho decir. Con la suave luz, ella se dio cuenta que él había estado llorando.

"Dios, cariño. ¿Qué pasa? Me estás asustando." Ella gateó por la cama y se quedó en la orilla, queriendo estar cerca de él.

"¿Has olvidado que día es hoy?" Él preguntó al fin con un tono solemne.

Bella se le quedó mirando, tratando de recordar, pero la verdad era que ni siquiera estaba segura de qué día era, mucho menos su importancia.

"Um…"

"Es martes," añadió, observando su confundida mente.

"¿Martes? Ah…"

"¡Bella!"

"¿Qué?" Lo pensó de nuevo. "¡Oh!"

"Sí, ¡oh! Y está completamente jodido por mi culpa. ¡De hecho, diría que nunca tuviste un cumpleaños que siquiera se le parezca a este! ¿Cuándo fue la última vez que lo celebraste al dejar el país huyendo del gobierno?" Preguntó, molesto.

A Bella no le gustó su tono. Odiaba que se estuviera torturando por esto de todas las cosas por las que tenían que preocuparse en ese momento.

Ella gateó de vuelta hacia la mesita de noche y revisó su reloj. Eran poco más de la cinco de la mañana, y la fecha confirmó que era el trece.

"¿Qué te parece si iniciamos de nuevo la conversación, pero tú dices 'Buenos días, hermosa. Feliz cumpleaños' cuando despierto?" Su tono le dijo que estaba hablando en serio.

La tensión dejó el cuerpo de Edward, y sus hombros se relajaron. Sacudió su cabeza.

"Lo siento. Lo siento tanto, B."

Ella le tendió su mano.

Ven a darme mi beso de cumpleaños.

Por favor…

Incapaz de resistirse a ella, subió a la cama y la envolvió con su cuerpo.

"Feliz cumpleaños," le susurró.

"¿Me besas?"

Edward la besó, suplicándole perdón una vez más con su boca. Veneró su cuello, haciéndola contonearse y retorcerse junto a él.

"Desearía que pudiéramos hacer más que besarnos," dijo Bella, echándose hacia atrás. Los confines del bote no eran el mejor lugar para celebrar con su hombre.

"Tu regalo… bueno… es inútil," le dijo, decepcionado.

Edward había planeado mimar a Bella por su cumpleaños número veintinueve. Desde que ella organizó su primera fiesta sorpresa de cumpleaños, él había estado planeando su celebración. Edward nunca fue el anfitrión de una fiesta en su departamento, pero para celebrar el cumpleaños de Bella, había decidido hacer una en lo que hubiese sido su tercera noche juntos en su departamento. Había estado planeando una comida gourmet de cuatro platos.

Algo que Edward podía hacer bien era cocinar, pero solo había cocinado para él y recientemente Bella. Por primera vez desde que habían abierto el bar, los chicos iban a cerrar el martes por la noche en honor a su día. Una fiesta con cena para ocho hubiera sido un divertido desafío para Edward, pero ahora ya no era posible.

"¿Qué era?" Ella preguntó con el entusiasmo de un niñito.

Edward no pudo evitar sonreírle. No necesitaba estar dentro de su cabeza para saber cuánto amaba los cumpleaños.

"Te pagué un curso de encuadernación en el Centro para el Arte de los Libros. Te iniciaría en la carrera para restaurar libros. Pero… ahora no."

Bella atrajo su rostro de nuevo al suyo al mismo tiempo que lo besaba con fuerza.

"Wow. Eso hubiera sido el mejor presente que he recibido en mi vida, ¿pero sabes qué?"

Él la miró con curiosidad.

"El estar aquí contigo es mucho mejor. No muchas mujeres de veintinueve años logran ser fugitivas," le dijo con una sonrisa. "Definitivamente va a pasar a la historia como el cumpleaños más excitante que he tenido en mi vida."

Edward metió la cabeza de ella bajo su barbilla y acarició la piel desnuda de sus brazos. "Prometo que te lo compensaré."

"Sé que lo harás." La inspiración de pronto le llegó. "¿Qué te parece si eliges un día cualquiera en los siguiente dos meses y me sorprendes con una fiesta de cumpleaños? Me tardé dos meses en celebrar el tuyo."

"No es lo mismo."

"Oye, ¿disfrutaste tu fiesta?"

Edward odiaba cuando lo acorralaba con lógica. Algunas veces sentía que ella era quién veía dentro de su mente.

"Fue el mejor cumpleaños que he tenido en mi vida," le dijo, a sabiendas que ella ya sabía que lo diría.

"Bueno, eso lo decide entonces. Hoy no es mi cumpleaños."

Siete días después, la cuestionable tripulación se encontró entrando rápidamente a la marina de Cayo Largo, Florida. El viaje desde la ciudad de Nueva York había sido agotador para Carlisle, ya que él había manejado el bote casi sin ayuda de nadie durante los primeros cuatro días. No era que Carlisle no confiara en Edward, Alice y Bella, sino que más bien quería pasar la parte más peligrosa del viaje antes de depender de ellos. Cuando rodearon Cabo Hatteras, Edward se había guardado las horrorosas imágenes de cientos de naufragios que había visto en la mente del doctor. Jasper, en particular, que no estaba más relajado ahora de lo que lo había estado cuando recién abordaron, no necesitaba saber esos tipos de detalles.

Con las aguas más traicioneras detrás de ellos, atracaron por la noche en Charleston para recuperarse—haciendo su viaje más largo de lo necesario. Todos necesitaban una ducha—ya que el barco solo cargaba con el agua fresca suficiente para beber cuando comenzaron—y dormir una noche completa. Después de eso, Carlisle felizmente se había hecho a un lado y vio a Edward, Alice y Bella con orgullo mientras navegaban como viejos perros de mar. Edward, en particular, había aprendido todo lo que Carlisle le enseñó y de hecho, tenía un verdadero don para navegar.

Pero Carlisle nunca había estado más feliz que cuando ataron sus amarres en los Cayos. El clima había estado a su favor, pero el doctor sentía la gran responsabilidad de llevarlos a todos a un lugar seguro.

Bella se estaba asoleado en la cubierta de proa bajo el brillante sol en uno de los bikinis de Esme, cuando Edward se sentó junto a ella. Carlisle les había dicho a las chicas que tomaran todo lo que pudieran usar de las cosas de Esme ya que no tenían nada de ropa. Bella abrió un ojo cuando sintió movimiento cerca de ella y sonrió cuando vio a Edward.

Mmmm… hola, marinero.

De verdad podría acostumbrarme a esto.

Edward le sonrió con suficiencia al ver a mini B admirando el nuevo atuendo de Edward. A Bella le encantaba que Edward por lo general estaba sin camisa y solo llevaba puesto unos pantalones cargo tres cuartos color azul marino de Carlisle.

Te bronceas bien, Masen.

¿Quién lo diría?

Tal vez pueda frotarte algo de aceite.

"Bella," la regañó, alcanzándola con sus dedos haciendo contacto con su delgada pierna. "¡Compórtate!" Edward estaba increíblemente frustrado. En los reducidos confines del yate, no podía acosar a su novia de la forma en que le gustaría. Tenían su propio camarote, pero por respeto a Carlisle, no quería que nadie escuchara sus actividades amorosas, así que tenían que abstenerse—por ahora.

Bella cerró su ojo otra vez, pero podía sentir el sendero ardiendo que dejaban los ojos de Edward al subir y bajar por su cuerpo. Él también admiraba su nuevo vestuario o la falta del mismo. La última semana había sido irreal—navegando a lo largo de la Costa Este de los Estados Unidos a la fuga. La pareja no había tenido tiempo a solas, y Bella sabía que Edward quería tener una conversación seria con ella. Ella había tratado de mantener sus emociones bajo control, pero era difícil en un espacio tan pequeño. Edward se veía afectado constantemente por todos los que estaban a bordo.

"¿Dónde está Jasper y Alice?" Ella preguntó.

"Aquí no," respondió Edward. Jasper odiaba navegar y pasaba cada minuto que podía en tierra firme.

"¿Carlisle?"

"Fue por suministros."

Bella sonrió. Deseaba que Edward no estuviera tocándola para que pudiera ver lo que quería hacerle.

"Bella, siento tanto qu—"

Antes de que Edward pudiera terminar su oración, Bella había alejado su pierna y se fue sobre él.

¡No te atrevas a disculparte DE NUEVO!

Termina con eso.

Lo digo en serio.

Para mostrarle que iba en serio, mini B forzó a su mini E a agacharse y empezó a darle nalgadas en el trasero—con fuerza. Él estaba en grandes problemas por arruinar su excitante baño de sol, y estaba harta de que él se culpara por su salida repentina de Nueva York.

Los ojos de Edward se abrieron de golpe por el shock. No podía creer que lo estuviera castigando por su preocupación.

"Bella," le suplicó. "Sé razonable."

"¡Lo soy!"

"No lo has pensando bien. Tal vez nunca vuelvas a ver a tu padre."

"Carlisle dice que lo veré," ella replicó. Bella se sentó y cruzó sus piernas, mirando fijamente a su novio. Estaba resignada al hecho de que él necesitaba tener esta conversación incluso si ella no, así que, ¿por qué no terminar con esto de una vez?

"Edward, no fue tu culpa que nos marcháramos. Incluso si quieres decir que lo es, entonces está bien, pero aun así seguiría aquí de todos modos. ¡Quiero estar contigo—dónde sea que estés!"

Edward no podía verla a la cara y miró hacia otros veleros entrando y saliendo del concurrido puerto.

"Bella."

"No, Edward. Odiaba mi trabajo. Muy apenas tenía unos cuantos amigos, pero de todos modos nunca podía verlos porque o estaba trabajando o visitando a mi papá, y luego te conocí. Por primera vez en mi vida, me sentí libre. Libre de ser yo misma," dijo ella, tratando de conseguir que la mirara. "Y, ¿quieres saber la mejor parte?"

Edward se dio por vencido y encontró su mirada gentil.

"Puedo ser solo yo contigo a mi lado."

Edward hizo una mueca a medida que el amor en las palabras de Bella le abría el pecho.

"No quiero decepcionarte," le dijo en voz baja, mirando sus manos.

"Edward, no lo harás. Creo en ti. Creo en Alice y Jasper. Creo en Carlisle. Él no nos va a dejar botados en alguna isla tropical para que nos muramos de hambre. Podemos hacer esto. Y, ¿sabes qué? Creo en mí. Y, eres la razón por la que al fin lo hago."

"Pero, no sabes lo difícil que es establecerse desde cero. Perdiste todas tus cosas—todas tus fotos, todo lo que era de tu infancia, tus libros. Todo. Se ha ido… por mi culpa."

"No me importa. Pensé que iba a perderte, Edward. Puedo reemplazar todas esas otras cosas pero solo hay uno como tú."

"B, ¿qué pasa si no puedo encontrar trabajo? ¿Qué pasa si no puedo ganarme la vida? Solo quiero darte lo mejor, y no sé si voy a poder hacer eso." Se veía tan perdido que Bella estiró su mano y tomó la suya.

"Cariño, ¿me amas?"

Edward asintió.

"¿Me amarías sin importar dónde estemos o lo que terminemos haciendo?"

"Por supuesto."

"¿Prometes que intentarás hacerme reír todos los días?"

Edward sonrió un poco al mismo tiempo que asentía.

"¿Prometes cuidar de Charlie cuando venga a vivir con nosotros?"

"Sí."

"¿Prometes sacar el mayor provecho posible de lo que nos espera, sea lo que sea?" Le dijo.

Lo pensó por un momento antes de responder. "Sí."

"Bueno, me darás todo lo que quiero y necesito para ser feliz. Eso es todo lo que importa y en este momento, no hay otro lugar en el que preferiría estar que aquí contigo. Edward, estamos por empezar una vida donde ya no tendrás que mirar por encima de tu hombro."

Edward suspiró y empezó a sonreír, sus ánimos levantándose. "No sé qué hice para merecerte."

"Lo mismo digo, Masen. Lo mismo digo."

"Lamento ser… así."

"Cariño, está bien. Es solo que en ocasiones siento que damos un paso hacia adelante y dos hacia atrás," dijo ella con honestidad.

"Por favor, no te des por vencida conmigo."

"No lo haré, pero lo mismo va para ti. Por favor, no te des por vencido con nosotros."

Edward se quedó callado por un momento mientras asimilaba la petición de Bella.

"Nunca antes lo había pensado de esa forma," admitió.

"Estás tan ocupado luchando contra tu mente y luchando por lo que crees que necesito que te olvidas de luchar por nosotros."

"Te amo muchísimo."

"Sé que lo haces," respondió ella, sonriéndole. Ella podía ver la oscuridad abandonando sus ojos y el regreso de la luz.

Bella soltó sus manos.

De hecho, hay un lugar en el que preferiría estar que aquí…

"¿En serio?"

Mmmm… abajo, contigo "muy abajo".

Ella le guiñó un ojo y lo puso de pie. "Vamos. Tenemos hasta que Carlisle regrese para que me muestres exactamente qué tan excitado estás de que estoy aquí contigo."

Cuando Bella caminó por la cubierta por delante de Edward hacia el puente de mando, él agarró el cordón de la parte superior de su bikini alrededor de su cuello. Ella siguió caminando, ansiosa por llegar abajo mientras tuvieran oportunidad, y porque no sabía que él estaba agarrando el cordón de su bikini, inconscientemente hizo que se soltara. Ella chilló y agarró sus senos desnudos cuando la parte superior cayó a su cintura.

¿Quieres que todos los hombres y sus gaviotas me vean desnuda?

"No." Edward estaba pegado a ella por detrás en un instante, tratando de no reírse porque ella se había imaginado a todos los capitanes de los otros botes con gaviotas de mascotas en sus hombros viéndolos. "Permíteme, déjame hacer eso. Mis manos son más grandes," le dijo en su oído, al mismo tiempo que tomaba sus pechos desnudos con firmeza y la hacía avanzar con su cuerpo.

Bella se derritió contra él al sentir sus manos sobre ella pero estaba consciente de que los verían en la cubierta de una marina muy concurrida. Bella sabía que cuando llegaran abajo en otro segundo o dos, solo estarían los pantalones cargo de Edward y su diminuto bikini separándolos.

Sin molestarse siquiera a que llegaran a su camarote, Edward la empujó sobre sus rodillas en la acolchada sala de estar. Abarcaba desde la esquina de la sala cerca de las escaleras hasta la cubierta principal. Él agarró sus caderas y tiró del cordón de un lado de su bikini. Cuando cayó hacia un lado, Edward penetró su humedad con una sola estocada—sus pantalones cargo atorados en sus caderas ya que ni siquiera se había molestado en bajar el cierre por completo.

"Joder," murmuraron al unísono.

Cuando Carlisle regresó, encontró a Edward sentado en el bar con una sonrisa que no podía borrar de su rostro. Bella estaba en la cocina preparando el almuerzo y tarareando alegremente. Carlisle miró a Edward con recelo, manteniendo su mente cerrada. El joven se había puesto cada vez más malhumorado entre más lejos viajaban de Nueva York, por lo que verlo sonriendo era una placentera sorpresa. Carlisle entendía por qué tenía cambios de humor y había intentado ocultarle su estrés a Edward tanto como fuera posible. Pero a Carlisle no le gustaba que Edward se sintiera responsable por la posición en la que estaban todos. No era su culpa, y nadie a bordo lo pensaba.

Edward podía adivinar por qué Carlisle lo estaba observando.

"Bella y yo tuvimos una conversación. Todo está bien, doc," explicó.

Una conversación, ¿eh?

¿Así le vamos a decir ahora?

Tendré que asegurarme de que "conversemos" todos los días, Labios Dulces.

Edward mantuvo sus ojos fijos en Carlisle, pero su sonrisa se hizo más grande.

Carlisle buscó en su bolso—o si Em estuviera aquí, diría bolso de hombre—y sacó un sobre grande. Lanzó cinco pasaportes sobre la silla entre él y Edward. Edward no pudo evitar notar el fajo de dólares americanos asomándose del sobre en el regazo de Carlisle.

La sonrisa de Edward desapareció.

"¿Por qué son cinco?"

"Voy a sacarlos del país, hijo."

"Pero, Carlisle. Esto se está poniendo serio. ¡No quiero arruinar tu vida también!"

¿Arruinar su vida también?

¡Edward!

¿Cuándo vas a entenderlo con esa dura cabeza tuya?

¡Todos QUEREMOS estar aquí!

Carlisle miró de Edward a Bella. Estos días podía reconocer cuando se estaban comunicando.

"Oh, lo siento, Carlisle," dijo Bella. "Solo le estoy diciendo lo que pienso de la palabra 'arruinar'."

"Bien. Ahora no tendré que hacerlo." Centrándose de nuevo en Edward, continuó. "Edward, yo decidí ayudarlos. Nada está arruinado. Tenía demasiado tiempo de vacaciones acumulado, y con todo lo que me pasó este año, mis colegas estuvieron más que felices de encargarse de las cirugías que tenía programadas esta semana. Y, para ser honestos, necesitaba esto. Necesitaba enfrentar la oficina de Esme. Necesitaba terminar de llorar su muerte y empezar a vivir mi vida. Ella estaría muy decepcionada al saber que me quedé sin hacer nada, deprimido, y todos ustedes me ayudaron a saltar otro obstáculo y de hecho, me lo hicieron fácil."

"¿Qué obstáculo?" Bella preguntó. Siempre tenía curiosidad de comprender cualquier detonante u obstáculo con el que su padre tal vez tendría que lidiar.

"El Isla Esme. Como su oficina, no podía soportar el salir en él sin su homónima. Ahora, no solo lo hice, sino que tú y Alice también me ayudaron a ocuparme de las cosas de Esme. Simplemente no tuve valor para deshacerme de ellas, pero ver que las usan me hace feliz."

Bella dejó la cocina y se acercó a Carlisle para abrazarlo mientras todavía estaba sentado.

"Gracias, dulce niña," dijo él mientras ella soltaba su cintura y miró a Edward. "Nunca me imaginé que esta jovencita me devolvería la vida ese día que entró al bar."

"Tampoco yo, Carlisle, tampoco yo," dijo Edward, guiñándole un ojo.

"Entonces, mañana nos trasladamos al yate que Jenks nos rentó. Me dio todos los documentos que vamos a necesitar en caso que el guardacostas nos aborde. Así que ahora, podemos dejar legalmente las aguas de Estados Unidos."

"¿Legalmente? ¿Con pasaportes falsos?" Interrumpió Edward.

"Tan 'legalmente' como mucha gente atraviesa estas aguas," bromeó Carlisle. "Y, vamos hacia Venezuela. Una vez que estén establecidos, navegaré de vuelta, recogeré a Esme y regresaré a Nueva York para disponer de Charlie."

Bella se movió y se sentó en el regazo de Edward. "¿Qué hubiéramos hecho sin ti, Carlisle?"

"Manos arriba— ¿a quién le gusta las margaritas?" Jasper le dijo al grupo. Era la sonrisa más grande que cualquiera de ellos le había visto desde que dejaron tierra firme. Navegar ponía nervioso a Jasper, pero la expectativa de establecerse lo emocionaba.

Todos estaban sentados alrededor de la mesa de la cocina tipo cabina en su yate rentado Twilight. Había pasado un mes desde que dejaron Cayo Largo. El viaje les había tomado mucho tiempo porque fue en medio de la temporada de huracanes. El Twilight logró llegar a Las Bahamas en solo dieciocho horas. Todos pasaron por la aduana sin ningún problema pero se les aconsejó quedarse en el puerto hasta que pasara el siguiente frente meteorológico. Ya que octubre era el peor mes de huracanes, pasaron más tiempo ahí de lo planeado, pero el clima era una de las cosas con las que Carlisle no jugaba.

Por lo que a mediados de octubre, al fin llegaron a la costa de Venezuela. El Twilight estaba anclando en ese momento frente a la costa de Caracas. Edward sacudió su cabeza al escuchar la ridícula idea de Jasper.

"No me sacudas la cabeza, Aladdin. Te encantan las margaritas de mango incluso si no quieres admitirlo. Lo sé," dijo Jasper, dando golpecitos en su sien con su dedo como si él también tuviera un súper poder.

La mano de Bella se levantó tan pronto como preguntó. Edward agarró su muñeca y la bajó.

"Por favor, no lo alientes."

"Bueno, tenemos que elegir algún lugar, Edward," añadió Alice. "Me gusta la idea."

Carlisle estaba sonriendo, mirándolos a todos. Iba a echarlos terriblemente de menos, pero por ahora, disfrutaría de su aventura. Se sentía de nuevo con vida después del mes navegando por el Caribe.

"Por qué no vamos a investigar antes de tomar cualquier decisión final," dijo él.

"¡Síííí!" Dijo Jasper con demasiado entusiasmo para el estrecho espacio del bote. "Sabía que les gustaría. Vamos, capitán, trace un curso hacia Isla Margarita."

Mientras Carlisle, Edward y Alice preparaban el barco para su viaje, Jasper y Bella fueron a la tienda local a comprar lo último de sus perecederos. Jasper estaba absorbiendo cada minuto en tierra firme y sólida como una roca como fuera posible. Aunque estaba consumido por los pensamientos de su siguiente viaje oceánico—que hacía que se cagara del miedo—no le pasó desapercibido que Bella estaba demasiado callada mientras caminaban hacia la pequeña tienda de conveniencia en el puerto.

"¿Estás bien?"

Bella lo miró como si la hubiese despertado de un sueño.

Asintió y volvió a bajar la vista al suelo.

Jasper consideró sus siguientes palabras antes de pronunciarlas. Nunca le gustó interferir en los asuntos de otras personas, pero Edward era prácticamente su hermano, y él solo quería lo mejor para él.

"Para que sepas, nunca lo había visto tan feliz," le dijo, observando su reacción.

"No sé. Estoy preocupada."

"¿Por qué?"

"Bueno, algunas veces siento como si diéramos más pasos hacia atrás que para adelante. Me preocupa no ser suficiente—"

"¡Detente ahí!" Dijo Jasper, haciendo que se detuvieran físicamente. Agarró las dos manos de Bella. "Tú eres la respuesta a cada una de las oraciones que he pronunciado con relación a ese hombre. Solo necesitas seguir haciendo lo que estás haciendo, y él sanará. Han sido años y años de odio a sí mismo, miedo y aislamiento para él. Tuviste una pequeña prueba en Nueva York de lo que él y Alice han vivido. Simplemente él no puede olvidar de la noche a la mañana."

Bella lo escuchó y en seguida se sintió mal por la forma en que estaba pensando. No era que estuviera dudando de sus sentimientos por Edward—era solo que no sabía si ella era lo que él de verdad necesitaba—además de sus ondas cerebrales en tecnicolor.

Jasper se dio cuenta de su repentina tristeza. "Espera un momento. No estés triste. Es normal que tú también tengas días malos. Alice y E—son un concepto difícil de asimilar en ocasiones. Cuando conocí a Alice, oh Dios, sin duda me vio venir," dijo riéndose brevemente. "Admitiré que fue difícil, malditamente difícil, acostumbrarse a ambos, pero al final, hay algo muy especial en ellos que ni siquiera puedes pensar un momento en dejarlos."

Bella sonrió. "Sí, lo sé. Me duele pensar en no estar juntos."

"Él te adora, y créeme cuando te digo que está mejorando día a día por el amor que le das en respuesta. Si alguna vez necesitas un hombro sobre el cual llorar o incluso uno con el que golpear porque te sientes frustrada, aquí lo tienes," le dijo, golpeando su hombro izquierdo. "Lo digo en serio, Bella. Alice y yo estamos aquí para apoyarte."

Arrojando su brazo alrededor de los hombros de ella, continuaron caminando hacia la tienda, y Bella comprendió que no solo era Edward quien la amaba como su familia.

Dos días después, los cinco estaban explorando cada centímetro de Isla Margarita. La isla era de apenas un poco más de setenta y siete kilómetros de largo y solo diecinueve y medio de ancho—y era un importante destino turístico de Venezuela.

A Carlisle le gustó particularmente porque tenía un aeropuerto internacional—solo por si acaso se necesitara alguna vez otro escape rápido. El principal ingreso de la isla provenía del turismo, lo que significaba que había muchos centros turísticos en los que enfocarse. La ubicación ideal—que habían decidido todos—era en la playa, de preferencia una tranquila—y a una distancia que pudiera recorrerse a pie desde al menos uno de los complejos más grandes. Querían estar accesibles a los turistas, pero no justo en medio de todo por el bien de Edward y Alice.

A últimas horas de la tarde, Edward encontró una vista potencial justo en la orilla de la playa Manzanillo. En la arena blanca y caliente entre las palmeras estaba un edificio destartalado de una planta.

¿Estás loco?

¡Esto se ve como si estuviera condenado incluso antes de nacer!

Tenía un porche de madera de unos dos metros y medio de ancho que rodeaba el perímetro y estaba cubierto por un techo de zinc—un lugar perfecto para un cóctel por la tarde. Edward se acercó a la parte delantera de simple madera. La pintura hace mucho que se había desteñido y descascarado por el abandono. Las puertas principales eran dos puertas viejas de columpio tipo cantina. A Jasper le recordó a Texas, y le gustó el lugar de inmediato. El inconveniente era que todas las ventanas tenían tablas de madera clavadas sobre ellas, y dos tablones grandes atravesaban la entrada en un ángulo agudo. Si fueras del tamaño de Bella y te agacharas, podrías caminar por debajo de ellas del lado izquierdo.

"¿Está abandonado?" Preguntó Carlisle.

Todos buscaron signos de vida, y fue Alice la que notó un pequeño cartel escrito a mano que decía "Fortuna, Mujer Medicina (2) 3 p.m. a 7 p.m."

"Espero nunca ser una de sus clientes," dijo Bella con un escalofrío. Le gustaban sus "partes femeninas" (2) demasiado y nunca clasificaría necesitar medicina para ellas como fortuna.

Edward cerró sus ojos y se concentró. Bella extendió su mano y sostuvo la de él para que su disgusto por el potencial sitio no bloqueara cualquier otro patrón de pensamiento. Era difícil hacer esto en un área pública con tantos peatones en la playa. Edward necesitaba concentrarse solo en los pensamientos que resonaban dentro del edificio.

Sonriendo ligeramente un minuto más tarde, abrió sus ojos y soltó la mano de Bella.

"Es una vidente y curandera, y en este momento tiene un cliente allí adentro."

¿Qué?

¡Necesitarías de una buena fortuna para sobrevivir el entrar ahí!

Edward la ignoró. "Terminará en unos diez minutos."

En efecto, diez minutos después, una joven mujer local salió por debajo de los tablones que atravesaban la entrada. Pareció asustarse de verlos a todos esperando.

Inclinándose de nuevo hacia adentro, dijo algo en español antes de irse corriendo por la playa.

Si Bella no hubiese estado vigilando la entrada como un halcón, nunca hubiera creído que una mujer así de alta pudiera caber a través de la entrada. Tenía cabello negro, largo y grueso, y fácilmente tenía la misma estatura o era más alta que Edward.

¡Es una amazona!

¡Por amor de Dios!

Larga, lánguida y flexible fueron las primeras palabras en las que Bella pensó para describir a la mujer alta que apareció frente a ellos. Todo en ella era largo—su cuerpo, sus brazos y piernas, sus manos, incluso su brillante cabello negro. Tenía dos trenzas que se balanceaban y llegaban debajo de su cintura. Su rostro también era largo, pero era sorprendentemente hermosa y sus ojos eran del color del moca recién hecho.

La mujer se irguió y examinó a cada uno de ellos, uno por uno, sin tratar de ocultar el hecho de que los miraba fijamente.

Carlisle, Jasper y Bella mantenían un ojo en la amazona y uno en Edward y Alice. Sabían que los hermanos tenían una conversación silenciosa, y Bella se moría por saber qué estaba pasando, pero esperó pacientemente y le sonrió a la mujer.

Cuando los ojos de la mujer se posaron en Carlisle, Edward tuvo que morderse la lengua para contener la risa. Los ojos de ella se abrieron más, y una sonrisa traviesa iluminó su rostro bastante serio. Caminando hacia el borde del porche de madera, extendió su mano hacia Carlisle y le habló con voz profunda pero melódica.

"Soy Zafrina, y la tuya es una fortuna que me gustaría explorar." Los ojos de Zafrina brillaron con magia y picardía al mirar de cerca al guapo doctor.

Carlisle que se quedó como una estatua—de piedra.

Edward estaba examinando la mente de Zafrina para tratar de averiguar si podían confiar en ella. Satisfecho con lo que vio, se inclinó frente a Carlisle y le ofreció su mano.

"Soy Edward, y él es Carlisle."

El ver a Edward usar su nombre real, en lugar del nombre en el pasaporte en su bolsillo lateral, tranquilizó a los otros, y se relajaron colectivamente. Zafrina se preguntó por qué cinco americanos estaban frente a su normalmente abandonada puerta principal.

"Acabamos de llegar, y estamos buscando rentar un lugar para abrir un bar," le explicó.

"¿Un bar?"

"Bueno, un café/bar. Un lugar donde comprar una bebida o una refrigerio a partir del mediodía hasta tarde."

Alice y Edward tuvieron que actuar como si nada. Edward había visto que a Zafrina le había agradado en seguida Carlisle, y Alice vio su decisión de rentarles gratis el viejo café si significaba que Carlisle estaría cerca. Sin embargo, el doctor no era lo único atractivo, porque su negocio atraería más tráfico a su pequeña villa. Los dólares de los turistas no se gastaban equitativamente en la isla, y a menudo los locales se perdían de la mayor parte.

"¿Esto es algo a corto plazo?"

"No, planeamos quedarnos. Definitivamente," dijo Edward.

Zafrina se preguntó por qué desearían quedarse aquí. Había otros puntos que eran más modernos en la isla, con potencial para ganar más dinero con inversión extranjera. ¿Por qué estaban interesados en su tranquilo pueblo pesquero? Pensó.

"Queremos alejarnos del ajetreo de la vida en la ciudad," explicó Edward. "Ya que no somos locales, vamos a necesitar un socio."

Sus ojos se movieron hacia cada uno de ellos—particularmente Carlisle. No le había pasado desapercibido que el joven guapo frente a ella era muy intuitivo—demasiado intuitivo, notó. Zafrina tenía su propio tipo de intuición. Cuando la gente pasaba cualquier cantidad de tiempo con ella, pronto empezaban a ver las cosas a su manera. Ella usaba esa habilidad para cambiar las costumbres dañinas de sus clientes, y una vez que veían los beneficios, le creían incondicionalmente.

Zafrina tuvo una visión de un pequeño negocio en auge con estos jóvenes americanos, pero su corazón le decía que había algo más en ellos de lo que estaba a simple vista. Su viejo café necesitaba trabajo, pero no quería que lo convirtieran en un lugar moderno y llamativo como había visto suceder con muchas de las cabañas frente a la playa por lo que pronto los locales no se sentían bienvenidos.

"Vamos a tener que trabajar un poco en sus instalaciones, pero preferimos lo retro a cualquier cosa moderna." Edward sabía que le estaba diciendo lo que ella quería escuchar, y esperaba que eso ayudara a que confiara en ellos.

"Nosotros trabajaremos en él, lo manejaremos y le daremos un porcentaje a cambio de las instalaciones y su ayuda con las autoridades locales, licencias y suministros," ofreció Edward.

Zafrina pensó que esto era demasiado bueno para ser verdad. Preguntó qué hacían cada uno de ellos y estaba decepcionada de escuchar que Carlisle no se quedaría.

"¿Un doctor?" Preguntó.

"Sí. Un cirujano del corazón."

"Mmmm… tienes que reparar los corazones que rompes, supongo."

Carlisle se sonrojó.

"Vengan a ver el interior," les dijo, entrelazando su brazo con el de Carlisle. "Conversaremos más."

Lo llevó hacia la entrada apenas accesible y desaparecieron debajo de los tablones, dejando a regañadientes que él pasara primero.

Edward no tenía que ver el interior. Había visto las ideas de ella para el lugar y vio el potencial que tenía, pero pensó que los otros probablemente deberían echar un vistazo alrededor.

Después que todos pasaron por la abertura, estaban contentos de descubrir un techo alto y espacioso. Unos ventiladores grandes colgaban cubiertos de telarañas y se movían lentamente por el viento que lograba entrar desde el mar. Una gruesa capa de polvo y suciedad cubría cada centímetro del lugar, excepto a lo largo del sendero que tomaban los clientes de Zafrina hacia un pequeño cuarto lateral. Tejidos de colores brillantes y varios hilos de diminutas campanas plateadas cubrían la entrada. La pared del fondo tenía una barra y estantes altos, y el resto del espacio abierto estaba vacío. Sillas y mesas estaban apiladas contra la pared de la derecha. Algunas mesas eran de madera, algunas de viejo laminado de los sesenta, y ni una solo silla se veía idéntica, pero eso iba a ser parte del encanto rústico del lugar. Aún colgaban de las paredes anuncios metálicos de cerveza, vino y refresco que parecían ser de los cincuenta o sesenta.

"¿Son originales?" Preguntó Jasper.

Zafrina titubeó. A ella le encantaba su colección y no sabía cómo se sentiría si tuviera que quitarlos.

"Son increíbles," dijo Edward, viendo a las chicas de calendario sosteniendo botellas de Coca-Cola. "Creo que quedarán muy bien."

Zafrina sonrió, mostrando el más perfecto juego de dientes que Edward había visto en su vida. Ella pensó en sus problemas de dinero y en conseguir un trabajo en uno de los centros turísticos en lugar de hacer sus curaciones para ayudar a los locales que se mantenían alejados de las trampas del turismo.

"Conviértete en una socia silenciosa, Zafrina. Todavía podrías leer la fortuna, y Alice te ayudaría."

"¿Por qué todos permiten que él hable por ustedes?" Preguntó. Cuando le ganó la curiosidad.

Bella levantó la vista. Casi había pisado una sección podrida del suelo de madera. "Porque, por lo general, sabe lo que vamos a decir," ella le respondió con honestidad.

"Hay algo en usted, señor Edward. Tengo el presentimiento que no soy la única persona con un don en esta habitación."

Edward y Alice tenían sus caras de póker, Bella miraba a todas partes menos a Zafrina, y Jasper solo sonrió. Esta era la primera vez que Edward había estado tan calmado cuando alguien pensaba que había algo diferente en él. Desde que Bella le pidió que luchara por ellos como pareja, él había intentado aceptar su don como una parte valiosa de él, justo como consideraba valiosa cada parte de Bella, y estaba empezando a funcionar.

Zafrina no tenía intenciones de causarles algún daño, y Edward lo sabía sin lugar a dudas. De hecho, ella ya empezaba a sentir la necesidad de proteger a este grupo nómada que se había acercado a su puerta. Ella se fue a la parte de atrás y regresó con cervezas frías y frituras de maíz hechas en casa.

Arrastraron unas sillas hacia el porche y se sentaron en la brisa del mar conociéndose y haciendo planes para su nueva aventura de negocios juntos. Justo cuando el sol se sumergía en el brillante océano, dos oficiales de policía se acercaron.

Edward había estado tan absorto en las visiones que cada uno de su grupo tenía del bar que al principio no se dio cuenta.

Hablándole a Zafrina en español, era obvio que estaban preocupados por la presencia de extraños que parecían muy cómodos en su destrozado porche. Por primera vez, Edward se dio cuenta que no importaba el lenguaje que hablara la gente porque las imágenes eran universales. Él podía entenderlos perfectamente.

Zafrina los animó a hablar en inglés. "Estos son mis primos del norte, y ahora van a establecerse aquí conmigo."

Esta misteriosa mujer dejó pasmado a Carlisle por segunda vez, pero se sintió agradecido de que habría un adulto cerca para cuidar de sus chicos.

"¿Primos?" Preguntó un oficial, esta vez en inglés.

"Sí, ¿no se nota?"

Los oficiales respetaban a Zafrina por lo apasionada que era con su pequeña isla. No tenía reparos en entregar a las autoridades a la gente que no quería en su isla. Zafrina les acababa de dar un sello local de aprobación, y Edward podía ver que se correría la voz, y nadie cuestionaría su presencia ahí.

Con una sonrisa tan amplia que casi le dolía, él le guiñó un ojo a Bella. Estaba feliz. Por primera vez desde que había dejado a Bella en su cocina para ir por una caja a su coche, estaba realmente feliz por sus expectativas. Sus miedos en cuanto a su futuro se estaban sumergiendo como el sol, y un nuevo día estaba en el horizonte lleno de esperanza, aventura y heladas margaritas de mango en cada puesta de sol.


(1) Cockpit – es el puente de mando del barco y ya se imaginarán porqué le pareció gracioso a Bella. Cock también significa polla ;)

(2) En inglés el cartel decía "Fortunate Lady Medicine" en español sería algo así como "Afortunada Medicina para la Mujer" por eso el comentario de Bella sobre sus partes femeninas :P Dejé una traducción demasiado literal porque la otra opción me parece que no encajaba con lo que en realidad hacía Zafrina.


Pues al parecer nuestro grupo logró escapar y encontrar el lugar perfecto para comenzar su nueva vida, ¿pero será así de fácil? Ya lo veremos. ¿Quién de las lectoras/es es de Venezuela? ¿Conocen la isla? FoxxyJ mencionó que una lectora que empezó a leer la traducción y terminó leyendo la historia en inglés dijo que era de la isla, a ella le sorprendió mucho :) Bueno, como siempre, espero ansiosa su opinión del capítulo, ¿qué les gustó? ¿qué les gustaría que pasara en los capis restantes? Recuerden que SIEMPRE leo sus reviews y me alegran el día, y las autoras también están al tanto de la respuesta de ustedes. Un gracias no cuesta nada.

Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Ana Maria, Aime Cullen, Valeria, Pytufa, YessyVL13, , somas, Laura Katherine, Gabriela Cullen, liduvina, Pauliii, paosierra, Antonia, verdejade469, Roxy Sanchez, Manligrez, Adriu, Cathaysa, Jane Bells, PEYCI CULLEN, Hanna D.L, Marie Edwards, Karensiux, Danny, Marlecullen, Brenda Cullenn, lizdayanna, Shikara65, lagie, Vanina Cantamutto, bbluelilas, glow0718, tulgarita, Angel twilighter, patymdn, Srher Evans, LicetSalvatore, Wawis Cullen, cary, LeidaJim, soledadcullen, Yoliki, AriiPattinson, Mss. Brightside, CarolinaYMD, Tata XOXO, Bertlin, injoa, ginnicullenswan, niyus1205, angelabarmtz, Sully YM, rosy canul, 1999, Jazmin Li, Ericastelo, freedom2604, Mafer, DenniChavez, EmmaBe y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo capítulo.