Y como esto no puede faltar: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la autora de esta genial historia es FoxxyJ, yo solo la traduzco.

Y me acompaña de nuevo mi querida Beta y amiga Erica Castelo, gracias por tu ayuda y apoyo con las traducciones. ¡Eres la mejor!


Los Wombles (1): Una serie de televisión Británica de 1973 sobre un grupo de Wombles. Estaba basada en una serie de libros y fue lo primero que leí a los 6 años. Cada semana casi atacaba a nuestro cartero esperando mi libro de historietas. Por favor, denle un vistazo a YouTube porque son unos bichitos simplemente adorables.

Capítulo 23 – Los Wombles

Bella tosió con fuerza cuando una espesa nube de polvo la envolvió después de que tiró de lo que quedaba de las cortinas para bajarlas. Edward accionó el interruptor, localizado detrás de la barra, para los ventiladores de cielo. Un siseo, un chasquido y una pequeña chispa estallaron desde el panel de control, seguidos por una fuerte explosión afuera.

Creo que eso fue la caja de fusibles.

Alice trató de no reírse al ver la expresión en la cara de su hermano. Hace tres días, había estado más emocionado que un duende en Navidad, pero ahora estaba luchando de nuevo con sus cambios de humor.

Cada vez que algo salía mal, se culpaba que todos estuvieran atrapados en este desastre. Sabía que los agentes lo querían a él por encima de Alice—aunque de todos modos estaban felices de reclamar el conjunto—de modo que a pesar de lo que ella dijera, en su mente, era completamente su culpa.

Carlisle dejó a un lado su brocha. "Voy a echarle un vistazo a eso. Por amor de Dios, no enciendan nada más," les dijo, preocupado por su salud y seguridad.

Edward frunció el ceño y se apoyó contra el mostrador detrás de la barra. Rechinó y gimió bajo su peso.

Bella lo observó de cerca. Ella lo había estado monitoreando desde que llegaron. Podía ver que Edward ansiaba su vieja soledad—lo que ahora siempre incluía a Bella por supuesto—después de semanas de vivir en espacios cerrados. Aunque no le importaba vivir rodeado de las mentes de su nueva familia extendida, no había tenido nada de paz y tranquilidad desde que dejaron Nueva York.

Los constantes rollos de película empezaban a pasarle factura. Bella y Alice eran las únicas que pensaban únicamente en imágenes, ya que Carlisle y Jasper eran una mezcla, pero era la mente de aquellos que estaban constantemente alrededor de ellos las que eran agotadoras para él. Además de que no haber dormido mucho en la marina de la isla le estaba haciendo mucho más difícil el sobrellevar la situación. Para ahorrar los preciados fondos, todos seguían durmiendo a bordo del Twilight, y el volumen del tráfico de paso era demasiado alto en el concurrido puerto para que Edward se relajara. Incluso los pensamientos de Bella que por lo general lo distraían, no eran suficientes para sostenerlo durante el asalto pictórico.

¿Estás bien?

¿Hay gente cerca?

La choza de la playa estaba en realidad un poco apartada del camino transitado. Los dos edificios a cada lado de ella estaban abandonados, ya que los grandes centros habían eliminado todos los negocios del área. Zafrina era la última que se mantenía, e incluso ella admitía que solo lo hacía para protestar más que por el dinero que ganaba. Muchos de sus clientes pagaban con productos o favores—favores que ahora se cobraría para conseguir que el lugar volviera a funcionar. Si los inversionistas veían cuadras completas de negocios abandonados, se abalanzarían y comprarían la tierra para otro centro a un precio más bajo, y Zafrina no iba a permitir que nadie se adueñara de su parte de la isla.

¿Quieres que te distraiga?

Bella le meneó sus cejas con una sonrisa descarada.

"No hay nadie cerca. Soy solo… yo."

¡Oh!

Edward, no es tu cul—

"Lo sé." Dijo con un suspiro. "Pero, mira en lo que nos metí ahora." Agitó sus brazos hacia el caos sin remedio que los rodeaba. La choza estaba incluso en peor estado del que habían creído.

Resultó que cuando empezaron a caminar en el piso de madera fuera del camino libre de polvo que conducía al cuarto de Zafrina, la mitad de la madera estaba podrida y necesitaba remplazarse. Carlisle obtuvo algo de la vieja pintura roja de Zafrina y estaba marcando las tablas que no eran confiables, lo que incluía algunos de los paneles de los muros, de modo que el lugar definitivamente tenía un aire macabro.

Jasper trató de ocultar la pequeña puerta de alacena de la parte baja de la barra, que se había caído sola en sus manos cuando la abrió, mientras Edward hacía su dramática declaración. Sin embargo, Edward lo vio y levantó dos puertas más en sus manos, que también se habían caído cuando Edward quiso ver lo que había dentro.

"No la escondas, J. Un hombre ciego podría ver el desastre que es esto."

Jasper se irguió y se acercó a su buen amigo. Añadió la puerta a la colección.

"Hombre, tú puedes ver cómo nos sentimos todos—no es la culpa de nadie. Sabes lo que estamos pensando," le dijo, señalando a los otros. "Alice vio que decidiste luchar por Bella y tú—bueno, lucha también por nosotros. Lucha por tu familia. Lucha contra tus demonios y ponlos detrás de ti. Todo estamos juntos en esto—a largo plazo."

Los dos hombres se quedaron uno frente al otro, y Bella sabía que Edward estaba escuchando a Jasper con su mente así como con sus oídos.

"Para ser honestos," continuó Jasper. "No podría estar más feliz. Sabía cuando me casé con tu hermosa y talentosa hermana…" Le sonrió a Alice al otro lado de la habitación "… que tal vez tendríamos que huir. Nunca quise que pasara eso porque me gustaba mi vida en Nueva York. SER me hacía feliz. Estaba orgulloso de ser el dueño. Pero, ¿sabes qué? Estaba equivocado. Esto es mejor."

Imitó el movimiento de antes de Edward con sus brazos abiertos y señalando el caos y el desastre que los rodeaba por todos lados.

"Esto va a ser mejor porque finalmente ustedes dos pueden relajarse. Aquí puedes ser tú mismo y Alice no a va tener que vigilar sus espaldas todo el tiempo. Tengo un buen presentimiento sobre este lugar, y una vez que encontremos dónde vivir, creo que todos vamos a amarlo."

Cuando Jasper terminó su discurso, Edward lo atrajo en un abrazo fraternal y palmeó su espalda repetidamente.

Bella y Alice rodearon la barra y lo convirtieron en un abrazo de grupo. Los chicos alegremente incluyeron a las dos mujeres dentro de su abrazo.

"Además," dijo Jasper, con un brillo en sus ojos, "¿A quién no le gustaría vivir en un cóctel gigante?"

A finales de esa semana, mientras ellos cuatro continuaban trabajando en la choza, Carlisle y Zafrina les encontraron una casa para rentar. Al parecer Zafrina haría lo que fuera para hacer sonreír a Carlisle, y si podía pasar tiempo a solas con él—entonces no desaprovecharía la oportunidad.

Carlisle había superado el shock inicial de la atracción de ella por él, pero eso no detuvo a Edward de llamarlo Romeo, cuando ella no estaba cerca, y decirle qué exactamente le gustaría Zafrina hacerle. Alarmado por eso, Carlisle había hablado de inmediato con Zafrina y le explicó, que por más halagado que estuviera por su atención, él realmente necesitaba más tiempo ya que apenas estaba emergiendo de su confusión posEsme. Zafrina entendió. Le agradaba Carlisle y solo quería verlo feliz. Había notado su tristeza el día que se conocieron. Aunque le informó que solo porque algo no estaba a la venta, no significaba que ella no pudiera admirarlo de todos modos. También le dijo con una sonrisa traviesa que sus futuros estaban entrelazados—lo había visto—y que era su misión hacer que amara su vida una vez más.

El cuarteto se había propuesto conseguir que Carlisle hiciera todos los pedidos a Zafrina por suministros o información. No es como si a ella le importara ayudar a los otros. De hecho, tenía un interés particular en ayudarlos, ya que estaban reparando su inmueble, pero ella siempre lo hacía con muchos más bríos cuando era para el guapo doctor.

Carlisle también pasó muchas horas enseñándole sus habilidades básicas de diagnóstico. Había visto a demasiados locales venir con Zafrina por ayuda médica, cuando debían haber acudido a un verdadero médico. A pesar de que él no tenía permitido practicar legalmente, ella lo había llamado por ayuda con varios casos más serios, y porque Zafrina confiaba en el americano de ojos azules, los locales comenzaron también a confiar en él.

Carlisle pasó por las puertas estilo cantina que aún rechinaban. Tomó nota de pintarlas cuando regresaran, no porque estuvieran podridas, sino porque pensó que las puertas principales deberían verse bien y acogedoras. Algo así como un punto focal para atraer.

"Vamos. La encontré," los llamó alegremente. "¡Pronto estaremos durmiendo en camas reales!"

Jasper soltó un vaquero "yeehaw" a todo pulmón. Él era el único que no se había enamorado de navegar o de vivir en un yate.

Carlisle comenzó a recitar mentalmente la tabla periódica de los elementos. Sabía que cuando estaba emocional, le proyectaba con claridad a Edward, pero esta vez, quería que todos sus "chicos" vieran su nueva casa al mismo tiempo.

"No es justo," murmuró Edward.

Carlisle sonrió, complacido de saber que estaba funcionando. Le tenía mucho cariño a su familia adoptiva y se sentía muy aliviado de que al fin les había encontrado un lugar para vivir. Quería que todos estuvieran instalados y trabajando antes de regresar a los Estados Unidos. Notó que le era cada vez más difícil referirse a Nueva York como su hogar, y se preguntó qué significaba eso a largo plazo.

Los diez mil de Alice se estaban acabando. Eso—junto con el efectivo de Jenks—los había llevado a Suramérica, les compró un oxidado y descolorido Volkswagen Escarabajo 1969 color verde, y por último, les había rentado una nueva casa.

Edward hizo hacia adelante el asiento del frente y esperó a que Alice, Jasper y Bella subieran a la parte de atrás. Ya que Edward era varios centímetros más alto que Jasper, le tocaba viajar en el asiento delantero mientras J siempre viajaba entre las chicas. Edward besó a Bella mientras esperaba que Jasper se metiera en el loco y pequeño vehículo. Zafrina los despidió con su mano mientras Carlisle daba una vuelta en u con el insecto—que Bella insistió que llamaran Herbie— entre las palmeras dispersas para regresar a los restos de un camino de concreto que corría a un costado de la choza.

Choza era un término que todos ellos sentían que describía perfectamente sus nuevas instalaciones. El tamaño era el único aspecto que no coincidía correctamente con la descripción. La mayoría de la gente, de acuerdo a Edward—ya que él era el experto evaluador mental—pensaba en un choza como una pequeña estructura. Esa choza no era pequeña. El interior era al menos del tamaño del Bar SER y medio más, y también tenía un amplio porche cubierto. La parte que sí calificaba como choza era su estado deteriorado y descuidado.

Incluso después de una semana de trabajar sin cesar en el lugar, no se veía mucho mejor—más limpio, sí—pero aún viejo y de apariencia abandonada. Su estilo retro iba a ser usado como su truco promocional para separarlo de los ostentosos bares con aire acondicionado de los centros turísticos. Nada ahí iba a ser nuevo o a combinar—salvo por el equipo del bar—lo que hacía mucho más fácil preparar el lugar para abrirlo.

En los siete días desde que iniciaron la restauración, todos ellos habían sopesado nombres de bar. El Bar SER tenía un lugar especial en sus corazones, pero concordaron en que un lugar como SER no podía duplicarse. Además, la adición de Bella y Carlisle—que estaba con ellos por ahora—significaba que se necesitaba un nuevo nombre que representara al nuevo grupo.

Entre la multitud de chucherías que Zafrina había almacenado en la cocina abandonada, Jasper había encontrado un montón de pósteres originales de conciertos y álbumes de los principios de los setenta hasta los finales de los ochenta. Entre ellos estaba Love Shack (2) de Los B-52. Era un póster cuadrado con letras en negrita ocupando todo el espacio, y en el fondo estaba un arcoíris de colores empezando por el azul-verde en la parte superior e incorporando el amarillo, rojo, y rosa en la parte de abajo. Mostrando al grupo el póster roto, nació La Choza del Amor, y uno de los "favores" de Zafrina fue trabajar en enmarcarlo, junto con otros pósteres más para colgar en el bar.

Adelantándose a una camioneta pickup en el carretera principal que tenía seis cabras en la parte de atrás—adelantarse en realidad era mucho decir considerando que el Escarabajo estaba muy cargado y no era tan rápido para empezar—Carlisle se dirigió literalmente a los colinas. Playa Manzanillo, donde estaba ubicado el bar, estaba en el punto más hacia el norte de la isla. Alardeaba de hermosas puestas de sol, aguas tranquilas y, de las quince playas a lo largo de la costa, era considerada la bahía más hermosa, salpicada con botes de madera pintados de colores vivos.

Al extremo occidental de la playa, la carretera principal serpenteaba por la parte baja de las colinas que estaban al borde del agua, haciendo de su pequeña bahía mucho más especial. Un amigo de Zafrina conocía a un hombre de negocios que se estaba mudando de regreso a Caracas y estaba interesado en rentar su casa. Estaba en lo alto de las montañas bajas a las afueras de la ciudad y en medio de docena de acres de naturaleza. Era muy necesaria la paz y tranquilidad lejos de los otros residentes de la isla.

La casa era una villa enlucida con ladrillos color terracota y era considerada un inmueble de dos plantas, pero tenía una terraza cubierta en el techo plano, dándole casi tres niveles de espacio habitable. Tenía siete recámaras, cuatro baños, una sala formal y comedor, dos salas de juegos, y un cuarto para la empleada del servicio. Además, había una piscina profunda para nadar detrás de la casa y un Jacuzzi de agua caliente en la terraza. Era el lugar perfecto para adultos que necesitaban su propio espacio.

Los cinco salieron de Herbie y todos, excepto Carlisle, se quedaron mirando con la boca abierta al ver la asombrosa casa.

"¿Estás hablando en serio?" Preguntó Alice, mirando de la madera oscura de las puertas principales, situadas en un nicho de baldosas bordeado con plantas podadas en macetas, de vuelta a Carlisle. "¿Rentaste esto? ¿Para nosotros?"

"Hogar, dulce hogar. Espero que les guste," respondió, sosteniendo un juego de llaves.

Alice las agarró y corrió hacia la puerta. Los otros pronto la siguieron, y parecía que las palabras de Jasper de antes se iban a volver realidad.

El interior de la casa—a pesar de que estaba completamente vacía—era como algo salido de un folleto para unas vacaciones de lujo. Estaba nueva y limpia y exactamente lo contrario a La Choza del Amor. Todos deambularon de habitación en habitación, sonriendo y riendo.

"Carlisle, ¿podemos pagar esto?" Preguntó Bella.

Ella seguía siendo la más práctica cuando se trataba de dinero. Las viejas costumbres nunca mueren, y sus años de vigilar cada centavo había sido útiles en el último mes. Bella podía hacer rendir el dinero más que el resto de ellos juntos.

"Te sorprendería," le dijo. "En comparación a las rentas en Nueva York, este lugar es un robo."

Bella mordió su labio al mirar alrededor de la enorme cocina llena de brillantes electrodomésticos.

Oh, cariño, te va a encantar cocinar aquí.

Nunca imaginé que viviría en algún lugar así de espléndido.

Edward pronto se le unió.

"Lo has hecho mejor de lo que podía haber esperado, Carlisle. Gracias," él dijo, estrechando su mano.

Todos miraron hacia la puerta cuando escucharon gritar a Alice a todo pulmón, "Me pido esta habitación."

¿Cuántos años tiene, cinco?

Edward rodó los ojos. Los tres caminaron por el fresco pasillo hacia la parte de atrás de la casa. Descubrieron una enorme habitación doble que daba a la terraza de la piscina. Alice y Jasper se estaban abrazando en medio.

"Esta es mía," dijo en confirmación cuando ellos entraron a la habitación.

"¡Nuestra!" Jasper la corrigió, frunciéndole el ceño.

Carlisle abrió las puertas dobles y salió a la piscina. Edward agarró la mano de Bella. "Ven, será mejor que reclamemos una para nosotros."

La pareja le echó un vistazo a las otras dos habitaciones de la planta baja antes de subir las escaleras.

En el momento que entraron a la grande recámara hacia el frente de la casa, se enamoraron. Tenía puertas que daban a un pequeño balcón privado con barandales de hierro forjado ornamentado que tenía una impresionante vista de 180 grados de las colinas circuncidantes y el imponente océano azul.

"Wow," dijo Bella, girando en el enorme espacio. "¿Podemos comprar una cama king size?"

La idea de una cama con Bella en ella hizo que Edward se acomodará en seguida en sus pantalones. Había pasado demasiado tiempo desde que pasaron tiempo como pareja, y él estaba desesperado por sentirse conectado a ella otra vez. La vio como un tigre a la caza y caminó sigilosamente hacia ella.

Oh…

Hola…

Labios Dulces…

Bella retrocedió mientras él cruzaba lentamente el piso de baldosas hacia ella. Pronto, ella se encontró sin espacio y estaba pegada contra la fría pared de piedra. Ella también había echado de menos su tiempo a solas, y su cuerpo se erizó al verlo venir hacia ella.

Sin decir nada, él subió un solo dedo por su brazo, a través del cuello v de su camiseta, y por su cuello hacia sus labios. Cuando delineó su labio inferior, ella lo sorprendió al morder su dedo, antes de chuparlo con ganas y arremolinar su lengua en torno a él.

"Ugh, mierda," gruñó Edward, presionando sus labios en los de ella en una respuesta condicionada. Ahora estaba duro como una roca por su pequeño truco y no deseaba nada más que follarla, parada justo ahí, en ese momento.

"Pequeña provocadora."

Bella le sonrió con el dedo de él todavía entre sus labios. Empujó sus caderas hacia él, deseando sentir más fricción. Sus delgados pantalones cortos de algodón le permitieron sentir cada centímetro de él. Edward la agarró por la barbilla con su mano e hizo su cabeza hacia un lado. Entonces mordió su cuello y chupó el punto con fuerza. Marcaría su piel, pero ese era su plan.

"Oh, Dios," gimió ella al sentir sus dientes, su lengua y sus labios. Bella trató de subir una pierna pero no encontró de dónde atorarse. Su pierna se deslizó de nuevo hacia el suelo, pero la había dejado más abierta, y Edward llenó todo el espacio cuando empujó hacia ella con más ímpetu.

Su otra mano se deslizó hacia la parte baja de sus pantalones cortos, y estaba tratando de meter sus dedos en ellos. Sus pantalones cortos eran un poco largos como para permitirle tocarla dónde él quería.

"Apuesto a que estás mojada," gruñó en su oído.

Acarició su cuello con su nariz e inhaló profundamente. Bella sintió su deseo por ella hasta la punta de sus dedos.

"¡Oh joder! Ahora lo estoy," respondió mientras su corazón se aceleraba en su pecho. "No puedes decir esa mierda y no acabar lo que empezaste. Quiero… sentirte… follándome… como solíamos hacerlo," le susurró a él mientras su cuerpo se estremecía por completo.

Edward se dio por vencido tratando de meterse en sus bragas. Agarró su muslo y lo subió a su cintura como ella había querido, y entonces frotó su abultado cierre de botones hacia arriba y hacia abajo en su centro—restregándose lentamente y torturándolos a ambos al hacerlo. Bella agarró su camiseta en un puño con una mano y su cabello con la otra y lo acercó para otro beso ardiente.

Edward apenas estaba considerando cerrar la puerta y follarla con fuerza, cuando un tosido detrás de ellos hizo que se congelaran a medio giro de sus caderas. Bella miró por encima del hombro de él, y el color que tomó al instante le recordó a Edward una mujer sumamente quemada por el sol que había visto el día anterior.

Dejando caer su pierna, retrocedió un paso pero no se dio la vuelta—eso le tomaría un minuto o dos.

"Ahhh," dijo Carlisle, sintiéndose incómodo. Estaba tratando de pensar en ecuaciones de química pero le salían irremediablemente mal. Encontrar a tus chicos haciendo eso no estaba bien. Edward se sintió un poco mal por avergonzar tanto al doctor.

Jasper empujó a Carlisle para pasar y entró. "Bueno, tal parece que ya estrenaron esta. Supongo que entonces es suya."

Edward solo le levantó un solo dedo por encima de su hombro en respuesta.

"Oh, eso es lindo," dijo Alice, mirando hacia su pequeño balcón. "¿Ya elegiste tu habitación, Carlisle?"

Edward todavía no podía darse la vuelta. Le dio a Bella una sonrisa engreída, quien seguía recargada contra la pared, provocando que su sonrojo regresara con más intensidad.

"No, solo dormiré en cualquiera," le dijo.

"Pendejadas," ella le respondió. "Eres parte de esta familia y debes elegir una habitación. Te la guardaremos para cuando nos visites, y lo harás," le dijo, dando golpecitos en su sien y sonriéndole.

"Está bien, me quedaré con la azul al final del pasillo," le dijo. Quería estar tan lejos de Edward y Bella como fuera posible después de esa demostración.

"¿Cómo vamos a pagar por los muebles?" Bella preguntó, una vez que recuperó su compostura.

"No te preocupes, cariño," le dijo Carlisle, sacando su móvil. "Jenks, soy Clark. Necesito que les mandes algo de dinero a mis chicos. Al fin encontramos un lugar al que llamar hogar."

Cinco días después, Bella despertó rígida, adolorida, un poco de mal humor y completamente exhausta. Era la primera noche que dormía en una verdadera cama desde que habían dejado Nueva York, y no era cualquier cama, sino su cama king size nuevecita en su nueva recámara. La razón por la que estaba de mal humor era que había sido una total decepción.

La noche anterior había comenzado como su propia novela de romance erótica en vivo. Edward no había sido capaz de dejar de tocarla hasta altas horas de la madrugada, y había cumplido todos sus deseos y algo más. De esa parte no estaba decepcionada. Se deleitó en el familiar dolor muscular de ser follada, amada y adorada plenamente.

Lo que la tenía decepcionada fue que apenas si había cerrado los ojos desde que Edward se quedó profundamente dormido. Dio vueltas en la cama y no pudo ponerse cómoda a pesar de lo glorioso que se sentía estar de vuelta en tierra firme y en una cama tan grande que podía perderse en ella.

Sin querer despertar a Edward con su inquietud o su molestia mental a las cuatro de la mañana, se aventuró a la cocina en busca de leche caliente—algo que su madre solía hacer cuando no podía dormir cuando era niña. Al entrar a la cocina, encontró a Carlisle iluminado por el resplandor del refrigerador abierto, bebiendo jugo directamente del cartón.

"Te atrapé," le dijo.

Carlisle se sobresaltó, derramando el jugo en su camisa de dormir.

"¡Mierda!" Exclamó antes de limpiar su barbilla y verse sumamente avergonzado. "Discúlpame, Isabella. Primero me atrapas actuando como un troglodita, y luego maldigo frente a ti."

Ella se echó a reír. Bella disfrutaba ver el lado humano de Carlisle. Le recordaba cuando se conocieron en el bar, y él estaba tan al natural y expuesto. A medida que Carlisle restauraba poco a poco su vida desde entonces, las expectativas de comportamiento de un cirujano de primera clase también regresaron. Ella prefería ver su lado hogareño. Bella agarró el cartón y bebió un trago.

"No te descubriré si tú no lo haces," le susurró.

Carlisle sonrió, y Bella sabía que él estaba recordando que de verdad tenía una familia de nuevo que lo amaba.

"No puedo dormir," se quejó ella. "Tengo una cama celestial, y la siento como si estuviera llena de rocas. No puedo ponerme cómoda."

La sonrisa de Carlisle se hizo más grande.

"De verdad pareces mi hija. Yo tampoco puedo dormir, porque echo de menos el calmante y suave balanceo del yate. Siempre me pasa cuando regreso a tierra. Extraño el bote meciéndome para dormir."

"¿En serio? Oh." No había pensado en eso.

"Sí, no te preocupes. En dos días o tres, volverás a la normalidad."

Bella había regresado a la cama después de su charla a primeras horas de la mañana.

Bella se dio la vuelta y se estiró en la cama, bostezando. Se preguntó si el doctor había podido dormir después de su chocolate caliente. Moviéndose hacia la orilla de la cama, estaba a punto de meterse a la ducha cuando una mano agarró su muñeca.

Sonrió cuando Edward tiró de ella por el colchón hacia él y la envolvió con sus piernas y sus brazos por detrás.

"¿A dónde crees que vas?" Le dijo en el oído con su tono mañanero bajo y ronco. Ella sabía que estaba sonriendo y estaba contenta de que al menos él había despertado bien descansado.

"Tenemos que prepararnos para el trabajo."

"Trabajo" era la tarea interminable de limpiar y reparar La Choza del Amor.

"Alice ya sabe que nosotros no vamos a ir hoy. Ella se lo dirá a Carlisle."

"¿A qué te refieres con que 'nosotros' no vamos a ir?"

"Lo decidí," respondió él, todavía sonriendo contra su cuello.

"¿Ah sí?" Dijo ella juguetonamente, dándose la vuelta para quedar frente a él.

"Necesito un día de silencio," explicó él, ahora viéndose serio, y cuando ella lo vio de cerca, se dio cuenta que seguía cansado, pero no el tipo de cansancio que una noche de descanso podría solucionar. Estaba mentalmente fatigado. "Ha sido agotador, y ahora que estamos compartiendo una casa, el único momento que tendré algo de paz es si todos los otros no están."

"¿Pero qué hay de mí? Puedo irme y permitir que tengas un día de descanso." Su agarre en ella se afianzó mientras hablaba.

"De ninguna manera. Además, quiero celebrar oficialmente nuestro primer día de vivir juntos. Nosotros… ya sabes… nunca pudimos… antes." Su voz se fue apagando.

Bella odiaba su titubeo porque sabía a dónde exactamente se había ido su mente.

A esa noche.

La noche que había cambiado su vida para siempre.

"Hemos estado viviendo juntos desde que dejamos Nueva York, tontito. Esta, difícilmente, es nuestra primera noche juntos."

"No, hemos estado subsistiendo. De ahora en adelante, vivimos juntos. Es nuestra segunda oportunidad, y todo es por ti."

"Difícilmente."

"Me salvaste. Salvaste a Alice. Nos salvaste a todos esa noche." Él besó su mejilla delicadamente con un amor reverente.

"Carlisle nos salvó."

"Pero fue por ti que me sentí lo suficientemente a salvo como para confiar en él. Tú nos salvaste, y nunca lo olvidaré."

"Nos salvamos entre todos," dijo ella, pensando en la dinámica de su nueva familia. "Todavía creo que deberías tener un día de silencio mental. Te ves exhausto."

"Mientras nos toquemos, tendré silencio mental." Él sonrió y le levantó una ceja.

"Pero no puedes tocarme todo el día," le respondió.

"¿Quieres apostar?" Le dijo en broma, empujando su excitada entrepierna en su pierna. "Planeó estar 'conectado' contigo todo—el día," le dijo entre besos.

Las mejillas de Bella tomaron un poco de color. No creía que alguna vez superara lo guapo que era Edward o lo deseada que la hacía sentir.

Al ver la reacción de ella, él continuó, "Señorita Swan, tengo que recuperar siete semanas de hacer el amor."

Luego, Edward terminó su conversación al deslizar su mano debajo de su camiseta para rozar su piel ligeramente con sus dedos mientras besaba su garganta. El sutil arqueado de su cuello y el casi inaudible suspiro le dijo que ella de verdad aprobaba sus planes para el día.

Noviembre se convirtió lentamente en diciembre, y La Choza del Amor emergía día a día como una mariposa dejando su crisálida. Al final de la primera semana de diciembre, los seis estaban de pie en medio de la choza e inspeccionaban su duro trabajo.

La Choza del Amor estaba lista para el negocio.

¿Quién diría que convertiríamos un basurero en esto?

¡Wow!

Nunca hubiese pensado que era posible.

Edward sonrió al ver el recuerdo de Bella del negocio de Zafrina cuando llegaron. Odiaba el lugar pero había confiado en su juicio—siempre lo hizo.

La falda larga de Zafrina susurró cuando entró a su retiro para agarrar su bolso de mano.

"Tengo un día ocupado," anunció. "Si vamos a abrir mañana en la noche, entonces tengo que asegurarme que tengamos muchos turistas sedientos para llenar nuestra caja registradora de dólares americanos."

Y con eso, desapareció a través de las puertas de vaivén recién pintadas de color rojo.

El viejo café había sido transformado. El grupo había tratado de salvar el estilo original de Zafrina tanto como fuera posible. Todavía se veía y sentía como si perteneciera a la playa, medio escondido entre las hojas de palmera, pero ya no era una inminente demanda de salud y seguridad en el trabajo.

La fresca brisa del océano entrando a raudales por las ventanas bajas y abiertas, le daban al lugar un aire espacioso y limpio. Desde la entrada frontal, el grande y colorido póster de Love Shack de B52 podía verse colgado sobre el mostrador del bar y café que cubría el largo del muro del fondo. El área a la derecha tenía dispersas todas las sillas y mesas retro sin combinar. Cada dos mesas había una lámpara reciclable diferente. Eso era para que en las noches, el bar tuviera una atmósfera íntima ya que Zafrina había prohibido completamente todo lo neón. Todas las lámparas eran anticuadas—algunas de las pantallas con flecos—y le recordaban a Jasper su formal y vieja abuela sureña.

El extremo derecho de la barra tenía la altura de un mostrador solo para café. Ahí era donde los clientes ordenarían comida durante el día. Tenía una nueva vitrina de cristal, esperando a ser llenada con panecillos gourmet y pasteles deliciosos—la comida perfecta para un refrigerio después de la playa.

El lado izquierdo de la barra era más alto—la altura de bar acostumbrada—y equipada con licuadoras y cocteleras de metal para la creación de sus especiales nocturnos. Repisas de resplandecientes vasos estaban en la pared bajo filas y filas de botellas de licor sin abrir en los estantes de arriba.

Edward y Carlisle habían navegado a Caracas unos días antes para recoger todo el nuevo equipo a precios mucho más razonables, ya que no se necesitó que se entregaran a la isla.

El lado izquierdo de la choza era conocido como el Rincón de los Arrumacos. Habían comprado un montón de sofás de segunda mano e hicieron pequeñas secciones íntimas en el espacio. La gente podía pasar el tiempo y relajarse por las noches en la informal sala. Las telas de colores descoloridos de cada silla le daban a las paredes y pisos de madera un suave toque.

Atravesando el Rincón de los Arrumacos estaba la entrada al área de Zafrina y Alice. Habían lavado las pesadas cortinas de terciopelo que colgaban sobre la puerta y todos se sintieron aliviados cuando las viejas cortinas no se desintegraron en la lavandería.

Colgado junto a la puerta estaba otro póster de B52 para el álbum Cosmic Thing (3). Todos pensaron que era un nombre adecuado. Las paredes habían sido cubiertas con suaves cortinas y tapetes, lo que creó dos secciones, para que ambas mujeres pudieran ver a un cliente al mismo tiempo. La sección de Zafrina tenía un sofá y mesa de masaje y salía incienso ya sea que ella entrara o saliera. Alice tenía una mesa redonda con dos sillas suaves para sus lecturas, y Zafrina había colocado una bola de cristal en un soporte en medio para dar el efecto.

Alrededor de las paredes del bar, colgaron los anuncios metálicos de bebidas limpios con las curvilíneas chicas de calendario de los años cincuenta, y una selección de pósteres de bandas de rock de los ochenta. Entre esos estaban nueve pósteres a color para realzar el efecto de las camisetas con el tema de la noche. Clark, Nemo, Mushu, Aladdin, Hong Kong Phooey, Elastagirl, She-Ra y El Fantasma, todos vigilaban el nuevo local.

La Choza del Amor también tenía la ventaja adicional del porche cubierto. Más sillas y mesas cubrían las verandas que la rodeaban, y Jasper había colgado hamacas entre los postes de soporte y los árboles de palmera vecinos. Había sido sorprendido probándolas en la sombra de la tarde en varias ocasiones antes de que encontraran su nuevo hogar. No había sentido la confianza para dormir en el barco así que se recuperaba cuando nadie miraba.

Junto a la puerta principal estaba otro importante letrero enmarcado—condiciones de entrada.

El grupo había decidido que el nuevo bar mantendría las viejas reglas.

Deja tus problemas en la puerta

Siempre… siempre dirígete al personal del bar por su nombre

Solo se tú mismo

A Edward particularmente le gustó esa decisión porque por primera vez en su vida, podría seguir las tres. Era feliz, amado y estaba rodeado por su familia que solo deseaba que siempre fuera él mismo. Todavía luchaba diariamente contra el deseo de no "solo ser él mismo", pero al menos aceptaba que finalmente era una posibilidad para él.

"¿Vas a hacer lo de los cilindros dorados?" Preguntó Jasper.

Edward negó. "No, aquí no."

Siempre me pregunté sobre eso…

"¿Sí?" Respondió él.

"Bueno, odias que la gente sepa lo que haces, pero les dabas una gran pista," dijo Bella.

"Te sorprendería cuántas personas no creen que es posible leer la mente. Sabían que era algún truco ingenioso—igual que David Copperfield—creen que en realidad no es real."

"¿Por qué empezaste a hacerlo?"

Edward se vio un poco avergonzado. "Para hacer dinero. Cuando recién abrimos, necesitábamos dinero. Era una forma de engañar a la gente para que ordenaran cócteles realmente caros y sofisticados, porque creían que los recibirían gratis."

Edward se encogió de hombros cuando Bella se vio horrorizada.

"Sin embargo, habría pensado que te causaría problemas," dijo ella.

Edward miró a Jasper, y sonrieron compartiendo el recuerdo.

"Solo una vez," dijo Jasper, sonriendo y sacudiendo la cabeza. "Joder, vaya que estaba encabronado."

Edward se rio entre dientes. "No fue mucho después de que empecé a hacerlo. Un tipo grande entra y cree que va recibir gratis toda una botella de un tequila muy bueno. Mierda de primera. Bueno, cuando coloqué la botella nuevecita con fuerza frente a él, se puso como loco. Le habría costado doscientos cincuenta, y no tenía intenciones de pagar."

"Y, el señor Ego aquí presente dijo que reglas eran reglas e insistió en que el tipo pagara," añadió Jasper.

"Fue entonces cuando Emmett y yo nos hicimos amigos," dijo Edward, sonriendo. "Nunca estuve tan agradecido por su tamaño que cuando estábamos arrastrando a ese pendejo a la calle, pateando y maldiciendo. Em fue increíble. Simplemente se lo tomó con calma y nunca me cuestionó."

La mención del portero favorito del mundo los silenció a todos. Se le extrañaba profundamente, y todos sabían que el nuevo bar no sería lo mismo sin él. Inconscientemente, todos miraron hacia El Fantasma observándolos desde la pared. Bella imaginó el rostro de Em detrás de la máscara púrpura.

Bella se tambaleó un poco cuando levantó en el aire la bandeja completamente llena de bebidas. Al otro lado de la barra, Edward hizo el intento de ayudarla, pero mini B lo detuvo.

Lo tengo.

¡Puedo hacerlo, Masen!

Deja de inquietarte.

Edward levantó sus manos en señal de rendición y le sonrió. Todo el grupo se había reído cuando Bella dijo que ella era "de pie tan firme como una cabra montesa" cuando estaba discutiendo sus habilidades de camarera.

Dándose la vuelta, se dirigió hacia el escandaloso grupo de turistas británicos que seguro terminarían ahogados de borrachos.

"Errres la más linda y pequeña womble que he vvviiisto en mi vida," un tipo joven le dijo arrastrando las palabras por lo borracho que estaba cuando ella descanso su bandeja en una de sus mesas.

"Gracias," respondió con un vistazo rápido hacia Edward.

Él podría haber perforado dos hoyos en la cabeza del incauto tipo con la maligna mirada furiosa que le estaba dando. Bella le guiñó un ojo a Edward antes de inclinarse para distribuir sus bebidas. Su camiseta de Womble color rojo era una ajustada versión para chicas, y la había acompañado con una mini falda negra con tablones. Bella nunca había usado algo así en Nueva York, pero el abrasador calor tropical los obligaba a usar mucho menos en estos días. También tenía una nueva apreciación de su cuerpo por la amorosa atención de Edward.

Consciente de que los ojos de su joven admirador probablemente estaban viendo su trasero y al saber que Edward indudablemente podía ver lo que estaba pensando como resultado, se apresuró porque no quería poner a prueba su suerte. Lo último que quería era que Edward le diera una paliza a un cliente en su noche de apertura.

Cuando Bella regresó a la barra con su bandeja vacía, Edward le indicó que se diera la vuelta hasta su lado de la barra. Una vez que ella estuvo detrás del mostrador, se encontró pegada contra la caja registradora por su hombre posesivo. Él agarró su cintura y la besó en una demostración que ella normalmente diría que solo era aceptable en su recámara. Tan rápido como Edward la había atacado, se había ido, dejándola ahí aturdida, sin aliento y totalmente excitada.

¡Provocador!

Si solo tuviéramos un cuarto frío…

Bella notó que el contingente británico estaba un poco más callado ahora, y Edward estaba tarareando la canción que sonaba de los Stones al mismo tiempo que llenaba la licuadora como si nada hubiera pasado.

¡La expresión de inocencia es la que menos le sale, señor!

Bella se sintió agradecida por los clientes ingleses y escoceses. Cuando entraron al bar, dejaron muy claro que definitivamente Los Wombles no se les había olvidado. Eso hizo sonreír a Bella y portar la camiseta de Wellington con orgullo. El resto del grupo había dudado de su elección para el tema de esta noche, pero ahora ella reía al último.

La semana anterior, todos ellos se habían devanado los sesos pensando en un tema para la noche de apertura. Querían algo que representara sus últimas semanas de duro trabajo manual, pero a ninguno de ellos se le ocurrió nada hasta que a Bella sí.

Los Wombles eran unos pequeños bichos graciosos con largas narices y grueso pelaje. Vivían en un área comunitaria ordinaria y cubierta de césped como un parque, y recolectaban cosas que la gente común abandonaba. Llevaban lo que encontraban a su taller y creaban nuevos objetos útiles para ellos. De alguna forma, estaban adelantados a su tiempo como los primeros ecologistas reales que iniciaron el movimiento del reciclaje.

Bella se había quedado anonadada cuando descubrió que había visto un programa de televisión que Edward no había visto. Edward había visto todo—bueno, él pensó que lo había visto todo—al pasar muchos días de su vieja vida en soledad en su departamento. Le informó a ella que esa mierda solía ser su hobby, pero ahora era comerse a besos a su novia.

Un cambio de SER a La Choza del Amor fue que se necesitaron más camisetas temáticas. Eso lo hizo más divertido, pero también más difícil porque se necesitaron más personajes cada noche.

Después de tres rondas de piedra, papel y tijeras, Bella había ganado el derecho final de seleccionar el tema de la noche, lo que significaba que también seleccionaría quién sería quién. El Womble favorito de Bella siempre había sido Wellington. Era un joven Womble, tímido y pequeño que amaba leer. Encajaba como guante con Bella—o en este caso como camiseta. Su rostro feliz cubría su pecho, sonriendo a los clientes.

El siguiente personaje que eligió fue el Tío Abuelo Bulgaria. Era algo así como el Womble líder porque era muy sabio, extremadamente amable, y era a quienes los otros acudían por ayuda o guía—Carlisle. Además, el Tío Abuelo Bulgaria le gustaba el tartán (4), y resultó que Esme le había prohibido a Carlisle comprar más pantalones a cuadros para el golf antes de que muriera.

Edward también fue una elección obvia para Bella, entre más pensaba en Los Wombles, encontraba más similitudes con los rasgos de personalidad de los personajes. Bungo era un joven Womble descarado que afirmaba saber todas las respuestas. El único problema era que a menudo se equivocaba. Edward se rio cuando Bella le explicó su elección para él, pero titubeó al escuchar el lema de Los Wombles—"dándole buen uso a la basura". Él esperaba que no fuera él "la basura", pero mini B lo nalgueó sin demora y le dijo que no podía ser más ridículo.

Jasper era Orinoko, más comúnmente conocido por su característica perezosa, algo que Alice le dijo a Bella era más acertado de lo que le gustaría cuando se trataba de las labores del hogar. Su amor por la comida y el hecho de que le gustaba tomar siesta lo hacía el adecuado para Jasper. A sus hamacas ahora se les conocía como "la guarida de Orinoko" ya que las usaba más que todos los demás juntos. Las afirmaciones de Jasper de que no podía dormir en una cama que se movía debajo de él en el mar pronto fueron acalladas por el hecho de que las hamacas también se balanceaban con la brisa, pero eso no parecía molestarle.

La última camiseta que Bella insistió que se hiciera fue de Tomsk. Tomsk era el Womble más grande y fuerte, quien era eficiente cuando estaba en apuros. También se destacaba en los deportes y no le gustaba mucho leer.

"Nena, es un desperdicio," Edward le dijo en voz baja.

"Es mi noche, así que yo tengo que decirte qué mandar a hacer."

"Pero, él no está aquí."

"Bueno, no me importa." Quería dar un pisotón pero se contuvo, tratando de actuar como un adulto. "Sigue siendo parte de la familia, y cuando nos visite, puede usarla."

"Sé que lo echas de menos. Todos lo hacemos," dijo Edward, dándole un beso en la frente.

La camiseta de Tomsk se quedó en uno de los estantes de atrás en la cocina. El que Em no estuviera en la puerta simplemente no parecía correcto. Por ahora, Carlisle estaba afuera en el porche revisando las identificaciones, ya que después de las 7 p.m., era para los de dieciocho años para arriba. Le tomaría al grupo algo de tiempo el acostumbrarse a que chicos tan jóvenes tuvieran permitido beber legalmente. Carlisle estaba haciendo un excelente trabajo recibiendo a los clientes con una sonrisa genuina, pero Edward y Jasper sabían que si era necesario, serían ellos dos los que lanzaran a los parrandistas alborotadores. Incluso Zafrina había comentado—a espaldas del doctor—que hasta ella serviría más para remover gente que Carlisle, y ninguno de los chicos lo dudaron.

Alice y Zafrina se vistieron de acuerdo a cómo se sentían en el día, y Alice permaneció como El Oráculo. Ayudó a atender la sección de mesas con Bella y pasó más tiempo detrás de la barra pero estaba feliz de mantener su vieja identidad.

Cuando Bella pensó en lo triste que era que La Choza del Amor no tuviera cuarto frío, le dio a Edward una idea. Alice estuvo a su lado un segundo después, sacudiéndole su cabeza con fingida repulsión, pero en seguida le informó a Jasper de su cambio de planes.

"Nos vamos a llevar a Carlisle y nos iremos temprano esta noche. Edward quiere que le vayamos a echar un vistazo a la competencia mientras él y Bella cierran."

Jasper pensó que sonaba razonable y estuvo de acuerdo.

El "equipo de animadores de Wellington" habían salido tambaleándose a la oscuridad como a las 10:30 p.m. Todos habían prometido volver, ya que Bella les había explicado que de ahora en adelante se daría una camiseta de la suerte por la noche y lo que implicaba. Aunque era una hora de cierre bastante temprana para lo que Edward estaba acostumbrado, estaba feliz de cómo había resultado su primer día de operaciones. La gente había venido, habían seguido las reglas, todos habían pasado un buen rato, y su frasco de las propinas se veía abundante.

Cuando Alice dijo que todo fue gracias a la minifalda de Bella, Edward se sintió divido. Amaba ver sus hermosas piernas desnudas, pero odiaba que todos los demás también podían verlas. Siendo el hombre que era, decidió que necesitaba recordarle a Bella cómo se conocieron.

"¡Uf! Qué noche," dijo ella, limpiando la última bandeja. "Fue divertido."

Edward no dijo una palabra pero la observó con atención. Ya había cerrado las puertas y apagado las lámparas. Bella guardó la última bandeja y se inclinó sobre el mostrador bajo cuando comenzó también a limpiarlo. Antes de que llegara más lejos, sintió un duro cuerpo caliente pegado a ella. Las manos de Edward aparecieron en la encimera a cada lado de ella, y él se inclinó cubriendo su cuerpo con el suyo.

"Esta faldita atrajo bastante la atención," le dijo en voz baja y profunda.

El traidor cuerpo de ella comenzó a reaccionar.

"¿En serio? N-No me di cuenta."

"Pendejadas, que no. Todos se dieron cuenta, y quiero meterme por debajo de ella."

Una mano comenzó a subir dejando un rastro de suaves caricias en su muslo. En ese momento Bella no podía hablar. Por primera vez, estaba agradecida de que Edward no pudiera ver lo que estaba pasando en su mente. Quería que él eligiera cómo lo harían para variar.

"¿Ah sí?" Finalmente logró decir e hizo una mueca mentalmente al pensar que sonó como una estrella porno con ese susurro sin aliento, pero ese era el efecto que su sexy novio tenía en ella.

"Mmm… no creo que sea correcto llamarlo La Choza del Amor si no ha sido estrenada."

Por segunda vez esa noche, Edward se alejó, dejando a Bella mojada y deseándolo. Ella se levantó del mostrador con incredulidad mientras lo veía rodear hacia el lado del público y arrastrar una silla para colocarla frente al mostrador bajo.

"¿Qué estás tramando?"

Edward sonrió de forma engreída al mismo tiempo que tomaba asiento antes de llamarla con un gesto de su mano para que se le uniera. Ella iba a dar la vuelta, pero él la detuvo.

"No, no, por encima del mostrador. Vas estar sentada ahí cuando te saboree de todos modos."

¿Un bar-gasmo?

¡Mierda"

¡Sí!"

¡SÍ!

Edward se rio con fuerza. Sabía que sus palabras harían que mini B recordara lo que pasó en SER y se abriera para él en un instante—y así fue. Dios, amaba la mente de su mujer, y amaba que se conocieran tan bien que podían jugar así el uno con el otro. Era jodidamente sexy.

En su prisa por llegar a Edward al otro lado del mostrador, Bella pateó al otro lado de la habitación el contenedor de servilletas, seguido por los popotes.

A Edward le encantaba su entusiasmo pero también quería sentirse conectado físicamente a ella. Agarró sus rodillas, dándole vuelta para que quedara frente a él y deslizó su trasero por el mostrador. Ella chilló por la feliz anticipación.

"Algo me dice que ya estás mojada," le dijo él con seguridad, y Bella estaba impresionada de que sus bragas no se desintegraran de inmediato.

"Por qué no dejas de parlotear y pones esa boca a trabajar," replicó descaradamente.

Un instante después, su ropa interior estaba colgando de uno de sus tobillos y la boca de él subió por su muslo interno provocando que se retorciera.

"¡Joder! Hazlo ya," demandó ella, agarrando un puñado de su cabello. Antes de que tuviera tiempo de atraer su rostro a dónde lo necesitaba, él la miró, le guiñó un ojo y luego se lanzó, metiendo su lengua dentro de ella.

Las caderas de Bella se levantaron del mostrador, y Edward la agarró, manteniéndola quieta. Justo como en su primer bargasmo, no le tomó mucho tiempo enviar a Bella dichosamente a la cima.

"Oh, Dios, ¿cómo es posible que ahora seas aún mejor en eso?" Preguntó ella, levantándose sobre sus codos mientras su respiración volvía a la normalidad.

"Conozco cada centímetro de ti y lo que te gusta," le dijo, limpiando su barbilla con orgullo.

A Bella se le escapó un suspiro de satisfacción cuando se sentó. Los ojos hambrientos de Edward nunca la abandonaron, y tenía una vez más esa expresión de estar listo para atacar.

"¿Qué sigue, Labios Dulces?" Preguntó, sonriendo.

Edward lamió sus labios, probándola de nuevo y lentamente, muy lentamente bajó el cierre de sus jeans.

Ella se tomó su tiempo admirando su miembro liberado.

"¿Ves algo que te guste?"

"Mmm… hmmm. ¿Con mi boca?"

Edward sacudió su cabeza. "No soy conocido por mi amor por el coño (5) por nada, señorita Swan."

Tanto Edward como Bella no pudieron contenerse. Pensar en el tema de Alicia en el País de las Maravillas siempre hacía sonreír a Bella, pero ahora Edward estaba sonriendo con ella también. Era en raras ocasiones que él de verdad encontrara ese tema gracioso. Estaba de buen humor. Su cuerpo casi se estremecía por la felicidad.

Ella se bajó de un salto del mostrador y se puso a horcajadas sobre su hombre. Manteniendo contacto visual con él, agarró su polla, la frotó contra su suave carne dos veces, provocándolos a ambos antes de guiarlo suavemente dentro de ella.

"Oh, mierda," dijo él, tratando de mantener el contacto visual. Se sentía tan bien que quería echar su cabeza hacia atrás y cerrar los ojos, pero en vez de eso continuó viéndola mientras ella se acomodaba en su regazo con él muy dentro de ella.

"Me gusta mucho eso," dijo con voz rasposa.

Bella sintió que hacía bizcos por lo bien que se sentía estar conectada a Edward otra vez.

"Um." Se concentró. "¿Qué?"

"Cuando agarras mi polla y la metes dentro de ti, tomando el control. Malditamente caliente. Me deseas."

Bella comenzó a mover sus caderas hacia adelante y hacia atrás. Profundo. Con ganas.

"De cada forma posible."

Entrelazó sus dedos detrás del cuello de él para sostenerse, y luego se movió con ímpetu, girando sus caderas. No le importaba no correrse de nuevo ya que definitivamente era el turno de Edward, y todavía le emocionaba el verlo perder el control debajo de ella en cuestión de minutos.

El brazo de Bella estaba estirado por encima de los asientos de vinilo de baja calidad del Escarabajo. Estaba girando un mechón de cabello de la nuca de Edward alrededor de sus dedos mientras él conducía. El codo de él descansaba en la ventana abierta, y conducía con una sola mano, mientras el aire salado del mar volaba su cabello furiosamente en todas direcciones. Ella sonrió hacia la oscuridad, pensando en lo que acababan de hacer en el bar.

Edward la miró. Él estaba muy relajado, y Bella supo que su vida aquí iba a ser perfecta.

"¿Qué estás pensando?" Le divertía a Edward cuando de verdad tenía que preguntar.

"Me estaba preguntando…" La sonrisa de ella creció.

"¿Mmmm?"

"Bueno, me preguntaba si vamos a terminar así nuestros días de trabajo cada vez que un cliente piense que soy linda."

Los dedos de Edward se aferraron al volante, y ella vio que el músculo de su mejilla se tensó.

"Si solo hubiera pensado que eras 'linda', entonces no, pero lo que él estaba pensando… bueno… digamos que o te marcaba como mía, o hubiese tenido que arrancarle la cabeza."

La risita de Bella relajó a Edward. Él le frunció el ceño, porque no pudo evitar sonreírle también. Ella estaba feliz. Él estaba feliz. Y, a juzgar por su noche, no iban a tener que preocuparse por ganarse la vida en Isla de Margarita.

La sonrisa de Edward de repente creció.

"¿En qué estás pensando?" Preguntó ella.

"Bueno, olvidaste lo que pasa con mis emociones cuando veo en la mente de las personas."

"Adoptas sus sentimientos," respondió ella pero seguía sin entender qué quería decir.

"Hay muchos tipos cachondos en los bares, B." Le guiñó un ojo y los de ella se abrieron como platos cuando pensó en lo que significaba para ellos.

¡Mierda, Labios Dulces!

¿Es por eso que eres tan insaciable?

Todo…

El…

Tiempo…

¡Wow! Nunca deduje eso antes.

Cuando Edward y Bella metieron el Escarabajo en la rotonda de su casa, se sorprendieron de ver el viejo Chevy destartalado de Zafrina estacionado ahí. Siguiendo la risa, encontraron a Carlisle, Jasper, Alice y Zafrina en la cocina. Jasper estaba sirviendo para todos lo que lucía como margaritas de mango.

"Justo a tiempo," dijo él, llenando dos vasos más.

"¿Cómo estuvo?" Edward preguntó, con verdadera curiosidad por sus competidores.

"Nada de qué preocuparse, al menos no en nuestra playa. Aunque quiero ver algunas de las otras áreas durante la semana," añadió.

Zafrina levantó su vaso.

"Quiero agradecerles desde el fondo de mi corazón por darle una nueva vida a mi choza. No pude haberla confiado a mejores personas. Preveo que esto será una gran aventura. Por La Choza del Amor."

Todos repitieron su brindis y chocaron sus vasos.

¡Oh, rico!

Tengo que aprender cómo hacer estas.

Carlisle seguía para hablarle al grupo.

"Es con gran pesar en mi corazón que debo despedirme y volver al trabajo," dijo él. La emoción del éxito de su negocio se ahogó en seguida por sus noticias.

"Pero…" Alice quería discutir, pero había aprendido hace mucho tiempo que no tenía caso. Él había tomado su decisión, y ella tenía que respetar eso, así que se amarró la lengua.

"Gracias, Alice. No quiero irme. Estos tres meses han… ni siquiera puedo describirlo," dijo, poniéndose emocional. "Pero, debo irme. El deber llama."

Bella dejó su cóctel sobre la mesa y fue a pararse junto a Carlisle. Tomó su mano en las suyas.

"Creo que deberías retrasar tu ida por otra semana."

Una expresión de pánico cruzó por el rostro de Carlisle, pero rápidamente la ocultó. "¿Lo recordaste?" Dijo bajito solo para ella.

Ella asintió, viéndose triste.

"No. Es un viaje largo de regreso. Debo ponerme en marcha."

La cabeza de Edward se levantó de golpe, y las imágenes que vio hicieron que frunciera el ceño.

"Carlisle, quédate. Puedes irte de este martes en una semana, porque deberías de estar con la familia el próximo lunes," le dijo.

Carlisle se sentía abrumado y tan querido que dolía un poco.

"Por favor," Bella le suplicó.

Después de un momento de silencio, Alice sonrió. "Genial. Tendremos 'papá' por otros diez días."

Los seis sostenían sus manos en un círculo a la orilla del agua. Justo cuando el sol se asomaba por el horizonte, tornando el océano en un ondulante espejo plateado, los dos guitarristas y el violinista comenzaron una suave melodía.

La playa que Zafrina había elegido estaba del otro lado de la isla, y ellos eran las únicas almas de pie en ella. Se sentía como el amanecer del tiempo. Hoy hace un año, a esta misma hora, la preciosa Esme de Carlisle había partido de este mundo. Bella leyó un poema, seguido de un pasaje de la Biblia. Zafrina fue la siguiente leyendo una bendición venezolana, y finalmente Carlisle habló.

Les contó del día que conoció a Esme, y el día que lo dejó. La emoción de las palabras de Carlisle y verlo con su herida de nuevo abierta hizo que todos derramaran una lágrima o dos por una mujer que nunca habían conocido. Viéndolos tristes por su encantadora Esme solo aumentó la aflicción de Carlisle. Bella lo abrazó por la cintura con un brazo, mientras él explicaba por qué hoy era un trago verdaderamente amargo para él.

"Hoy marca el inicio de lo que es," dijo él, tomándose un momento para limpiarse los ojos.

"Cada día del año pasado, despertaba y decía 'hoy hace un año Esme y yo estábamos haciendo esto y aquello', recordaba y revivía lo que tenía con ella, pero… ahora…" Nuevas lágrimas cayeron por sus mejillas "… ahora, soy solo yo. Hoy hace un año, sentí como si mi vida hubiese terminado. Y cada día a partir de ahora cuando diga 'hoy hace un año'… seré solo yo. Ella se ha ido."

Carlisle agachó su cabeza y lloró bajito, cubriendo sus ojos con una mano. Edward cubrió los hombros de Bella con su brazo y colocó una mano sobre Carlisle. Su dolor era inmenso. Era demasiado para que Edward lo soportara.

Después de unos momentos, Edward apretó el hombro de Carlisle y habló, "Pero ahora hay una diferencia, Carlisle. Hoy hace un año, no nos tenías a nosotros."

Carlisle encontró la mirada de Edward y asintió una vez, tratando de tragarse el siguiente sollozo. Edward entendía la aislante desesperación de sentirse realmente solo, y en lo que a él respecta, el doctor nunca volvería a sentirse de esa forma.

Después del homenaje en la playa, el grupo fue a uno de los centros turísticos cinco estrellas por un desayuno buffet completo. La multitud de vacacionistas matutina estaba bastante relajada, sin molestar a Edward demasiado. Bella lo distrajo con recuerdos de otros dibujos animados de su infancia y programas de televisión mientras trataban de pensar los temas para una semana. Carlisle comió en silencio, pero para cuando todos habían comido su peso en panqueques, pastelillos, tocino y croquetas de papa, Carlisle se veía mejor.

Zafrina había organizado un día de diversión. No era porque no se tomara en serio la pena de Carlisle. Era justo lo contrario. Zafrina sentía mucho cariño por el hombre destrozado y haría lo que fuera necesario para sanarlo—ya que sanar era lo que ella hacía. Verlo tan mal había tenido un gran impacto en ella. Sabía que si ella hubiese dejado un hombre tan asombroso como él en la tierra, como Esme lo hizo, entonces hubiese querido que riera y sonriera, y apreciara cada aliento de vida que entrar en sus saludables pulmones.

La primera actividad después de que digirieran su desayuno fueron lecciones de windsurf. Por mucho que Jasper odiara navegar, estaba totalmente emocionado por dominar las olas sobre una tabla de windsurf. Había pasado muchas tardes observando a los windsurfistas que acudían en manada a algunas de las playas de la isla debido a las condiciones ideales. Tenía confianza en que lo dominaría por sus días de andar en patineta en su juventud.

Por más bueno que Jasper fuera en windsurf, resultó que Carlisle era el natural. Nunca había surfeado o practicado algún tipo de deporte involucrado con el equilibrio, pero una vez que se subió, solo se detenía porque estaba cansado o se adentraba mucho en el mar. Sus pantalones cortos ni siquiera estaban húmedos.

Deslizarse por la superficie, saltado la ocasional ola, con el viento en su rostro y el sol calentando su espalda, lo hacía feliz. Carlisle se sintió libre. Se sintió vivo, y juró que empezaría a vivir de nuevo. A Carlisle tampoco le había pasado desapercibido cómo Zafrina desvió la mirada cuando se quitó su camiseta. Estaba en excelente forma y el sol había besado su cuerpo todos los días, dejándolo con un saludable brillo, pero apreciaba la consideración de ella por él. Zafrina tenía un espíritu genuino, y a él le gustaba eso mucho de ella. Él también desvió la mirada cuando ella se quitó su pareo, pero sonrió para sus adentros pensando que algún día no lo haría. Sabía en su corazón que eso sería lo que Esme querría.

Como a las 3 p.m., el grupo estaba cansado de su windsurf, y sus estómagos empezaban a gruñir.

Me encanta la sensación de hambre después de nadar.

Siento como si realmente me hubiese ganado mi comida.

Edward se estaba secando su cabello vigorosamente con una toalla pero en realidad estaba rociando gotas de agua de su cuerpo sobre todos los demás mientras se movía.

Dios, te pareces a un perro.

Deja de hacer eso.

Bella sostuvo su toalla como un escudo.

"Pero, no estábamos nadando. Estábamos haciendo windsurf."

"Sí, restriégamelo en las narices," respondió ella. "Tal vez tú lo hiciste, pero yo pasé el tiempo nadando de regreso a aguas menos profundas, arrastrando esa maldita cosa. ¿Sabes lo pesada que se pone cuando la vela se llena de agua?"

Zafrina llevó a todos a su casa. No había vivido en La Choza del Amor por años y tenía una casita pintoresca con vista a una de las playas cercanas. Les presentó un festín de tapas españolas dignas de un rey, pero la parte impresionante fue la cantidad de alcohol que ella planeó que consumirían. Le había conseguido a cada uno de ellos una botella de su alcohol favorito—sin tener en cuenta el precio—para empezar. Después de eso, había margaritas, cosmopolitan, cervezas y licores que consumir.

Carlisle puso una mano sobre su corazón cuando ella le hizo entrega de una botella de Hennessey Paradis magníficamente empaquetada. Él hizo una mueca al pensar en los mucho que debía haberle costado ese raro coñac. En casa, el promedio era seiscientos dólares por botella.

"No, Zafrina. No puedo aceptarlo," le dijo.

"Pffft. Hoy tu Esme se merece solo el mejor de los brindis. Dices que se ha ido, pero estás equivocado. Ella vive dentro de ti, en tus recuerdos, y después de esta noche, vivirá en todos nosotros porque tú vas a compartir cada momento en que esa mujer te hizo sonreír."

"Pero—"

"Oh, lo sé, cariño. Vamos a estar aquí toda la noche porque ella te hizo sonreír muy a menudo. Esa es la razón por la que estoy bien abastecida."

Ella deslizó una bandeja de vasos de cristal sobre la mesa redonda junto a la que estaba parados.

"Ahora, no los rompan. No son míos," les dijo. Cuando la miraron confundidos, ella explicó que solo lo mejor se usaría para Esme.

Edward sacudió su cabeza. Odiaba conocer algunos de los métodos de "adquisición" de Zafrina.

Esa mujer estaba conectada, pero no solo eso, tenía un encanto extraño, casi gitano, que le permitía salirse con la suya. No mintió cuando les dijo que la mayoría de las personas terminaban viendo las cosas a su manera.

Sirviendo sus respectivas bebidas, chocaron sus vasos con cuidado. Bebieron juntos, brindando por Esme y así empezó la noche de Los Relatos de Esme Cullen—ausente, pero nunca olvidada.

Carlisle había planeado zarpar hacia Caracas el día siguiente; sin embargo, ese plan había volado por la ventana, cuando todos vieron juntos por segunda vez el amanecer.

Los cinco habían sido llevados en taxi a casa por cortesía de más de los "primos" de Zafrina y se habían desplomado en seguida. Bella y Jasper estaban de guardia en el baño. Cada uno "protegía" un inodoro con ferocidad por temor a que lo necesitaran mientras estuviera ocupado. Bella se aferró al suyo como un amante que había perdido hace mucho tiempo. Afortunadamente había cuatro baños, pero eso no detuvo a Edward de tomarle el pelo al dejarla afuera una o dos veces. Mini B era graciosa hasta las lágrimas cuando estaba tan borracha como una cuba, y Edward anhelaba verla así más a menudo.

De pie en el muelle, Carlisle levantó la barbilla de Bella y limpió unas cuantas lágrimas.

"Deja de inquietarte, niña. Voy a estar bien," le dijo.

Todo el grupo estaba reunido junto al Twilight para despedirse de su amigo.

"Pero—"

"Voy a conseguir una tripulación en Caracas. Relájate."

"Mándame un mensaje," le suplicó.

"Todos los días." Carlisle sonrió y besó su frente.

Alice y Jasper se despidieron y luego fue el turno de Edward.

De nuevo se encontró deseando egoístamente que Carlisle compartiera su habilidad. Edward estaba seguro que viendo al interior de su mente era la única forma en que el doctor entendería cómo se sentía. Sin decir una palabra, se agarraron el uno al otro.

Los dos hombres se abrazaron por unos buenos cinco minutos. No se necesitaron palabras, ya que los dos entendían que se habían devuelto entre ellos el mayor regalo posible—sus vidas.


(1) Wombles – Son criaturas salidas de la imaginación de alguien, no hay ningún animal con ese nombre.

(2) Love Shack – Su traducción al español es Choza del Amor pero como título de la canción lo dejé en su idioma original.

(3) Cosmic Thing – La traducción al español sería "Algo Cósmico" por eso lo consideraron apropiado para Zafrina y Alice, pero dejé el nombre en inglés porque es el nombre de una canción.

(4) Tartán - El tartán (del francés, tartan) es un tipo de tejido asociado tradicionalmente con Escocia. El patrón del tartán o tartan consiste en una serie de líneas horizontales y verticales que, cuando se cruzan, forman un efecto de cuadrados, de ahí que también se conozca como tejido de ajedrez.

(5) ¿Recuerdan el juego de palabras con la palabra en inglés "pussy"? Traducción: Marica, Coño, Gatito. Pues aquí vuelve a aplicar :P


Sniff…. Le decimos adiós a Carlisle, pero será definitivo, ¿ustedes qué creen? Al menos logró lo que quería y dejó a sus chicos establecidos, con un trabajo y una casa en la cual vivir. Ahora, muchas preguntaron por Emmett y Rosalie (ya ven, sí leo los reviews ;) ) Ya vimos que esperan que Emmett los visite, pero, ¿qué hay de Rosalie? ¿Y se quedará con ellos? Bueno, eso lo veremos en los últimos capítulos (solo faltan dos y un outtake) será mejor que lo vean por ustedes mismos. Como siempre estaré ansiosa por saber su opinión del capítulo, ¿qué les gustó más? ¿Qué les gustaría ver en los últimos capítulos? Recuerden que sus reviews son el único pago que autoras y traductoras recibimos de ustedes, solo piensen en todas las historias y traducciones que se quedan a medias por la falta de respuesta de los lectores. Nada cuesta decir gracias.

Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Antonia, Gabriela Cullen, paosierra, Cathaysa, Laura Katherine, cary, Shikara65, Hanna D.L, Melina, Jane Bells, AriiPattinson, Kimm, Albayass, Merce, Brenda Cullenn, catabeauvoir, YessyVL13, Roxy Sanchez, BLANKITAPIA, Marta Salazar, Angel twilighter, EmmaBe, lagie, Vanexx, Anastacia T. Crawford, Manligrez, Diablillo07, tulgarita, patymdn, freedom2604, Srher Evas, Yoliki, Adriu, Jessb, Pauliii, Wawis Cullen, Arlette Cullen Swan, lizdayanna , Injoa, Tata XOXO, glow0718, rosy canul, Sully YM, Sei, Bertlin, Gabs Frape, Pam Malfoy Black, ginnicullenswan, DenniChavez, somas, Mafer, Ericastelo y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo.

PD. Fue genial que algunas de ustedes fueran venezolanas y disfrutaran de ver el nombre de su isla en este fic :)

Vanexx: Gracias por tus aclaraciones, se las pasaré a Foxxy a ver si ella decide hacer las correcciones en el fic original. Lamentablemente, yo no puedo tomarme esas atribuciones porque sería cambiar el contenido del fic y es algo que no puedo, ni debo hacer. Gracias de todos modos ;) y me alegra que estés disfrutando de la historia.

PD 2. A las lectoras de esta historia les pido un gran favor, está no terminó entre los nominados para los premios del grupo de Facebook FFAD (Fanfiction Addiction) pero si lo están otras de mis traducciones, y me encantaría recibir su apoyo. En mi grupo pueden encontrar las nominaciones que tengo y dónde pueden votar. Gracias de antemano!