Y como esto no puede faltar: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, y la autora de esta genial historia esFoxxyJ, yo solo la traduzco.

Y me acompaña de nuevo mi querida Beta y amiga Erica Castelo, gracias por tu ayuda y apoyo con las traducciones. ¡Eres la mejor!


Capítulo 24 – Los ochenta nunca morirán

"Pequeña B, eso está muy mal."

Edward acababa de abrir todas las ventanas y vino a pararse junto a Emmett cerca del mostrador bajo del café.

"Te diría que estás perdiendo tu tiempo, pero tal vez tú puedas hacerla entrar en razón," dijo Edward.

Los dejó a los dos mirándose el uno al otro por encima del mostrador para poner afuera el letrero de abierto debajo de las palmeras e indicar que estaban listos para la hora del almuerzo.

"¿Qué? Es hermoso," respondió Bella.

Estaba de pie detrás del mostrador rascando debajo de la barbilla de Godzilla. "Te dejaré que le des de comer sus grillos," le ofreció, como si fuera un gran premio a ganar.

Em arrugó la cara.

"¿Cómo puede ser higiénico esto?" Preguntó él, señalando hacia la enorme rama de árbol torcida que ocupaba un tercio del mostrador. En la rama más baja en toda su gloria, aceptando felizmente la cariñosa atención de Bella, estaba Godzilla—el lagarto espinoso multicolor que ella había adoptado.

La cabeza y hombros escamosos de Godzilla eran de un iridiscente azul verdoso. El color se oscurecía sobre su gordo estómago antes de cambiar a un impactante turquesa a lo largo de su larga cola. Su vientre era de un azul oscuro y también era su lugar favorito para las cosquillas. A pesar de su nombre, Godzilla apenas tenía unos veinte centímetros de largo. Al reptil mexicano se le había dado el lugar de honor en el mostrador porque Zafrina también tenía un "antinatural"—según Edward—amor a los lagartos, como su novia.

Incluso después de conocerla por más de un año, Bella seguía sorprendiendo constantemente a Edward. Nunca nadie había sido capaz de asombrarlo y ser tan impredecible como ella.

Zafrina había decidido el voto a favor que Godzilla fuera instalado sobre el mostrador, declarando que sería otra atracción para los turistas. Ninguno de los otros bares tenía mascotas exóticas para que la clientela alimentara. Al día siguiente, hizo que instalaran una lámpara de calor para su escamoso amigo, y desde entonces, la rutina matutina de Bella en La Choza del Amor incluía cuidar del miembro más pequeño del grupo.

"Es perfectamente limpio, Em. Y, no es como si se arrastrara sobre la comida o algo así. El flojo solo come y duerme todo el día. Si sube de aquí hasta aquí—" Señaló la rama de arriba "—ese es un gran día."

"Lo que está mal es lo que es, B," replicó Em.

Emmett y Carlisle había llegado muy tarde la noche anterior. Era el último domingo de marzo—seis meses desde que se habían despedido frenéticamente de Em en la oficina de Esme—y aunque estaba exhausto por su largo viaje, Em estaba ansioso por ver el nuevo bar y comenzar a trabajar.

Había pasado los últimos seis meses de trabajo en trabajo. Ningún otro bar se sintió el correcto para él. Los encargados lo trataban como si fuera un tonto Neandertal que le gustaban las cosas pesadas. A Em tampoco le gustaba la actitud de muchos de los otros porteros con los que trabajó. Muchos de ellos estaban atiborrados de esteroides, haciéndolos excesivamente agresivos. En situaciones cuando clientes—no borrachos como los otros se referían a ellos—tenían que ser echados, agresión era lo que menos deberían añadir al momento. Muchas veces, Emmett se encontró protegiendo al que echaban del uso excesivo de fuerza de sus colegas, y pelear iba en contra de su naturaleza gentil.

Cuando Carlisle regresó a la ciudad de Nueva York en enero y cenó con Emmett, el portero tomó su decisión de unirse a sus hermanos adoptivos—permanentemente. Escuchar a Carlisle describir su nueva vida y negocio hizo que Emmett se diera cuenta lo perdido que se sentía desde que todos se fueron.

Había visitado a Charlie—a quien seguía llamando Birdman—de vez en cuando en los últimos seis meses porque él era la única persona que sentía la pérdida al mismo grado que él. Rose había sido… bueno… Rose. Se sentía mal por Em, pero no había podido comprender sus quejas sobre cada uno de sus nuevos patrones. Em tuvo que enfrentar con gran pesar que su mujer pensaba que él era "solo seguridad". Em sabía que estaba siendo demasiado susceptible, pero para él, ser portero era más que eso. Podía interactuar con una gran diversidad de la población y mantenerlos a salvo y felices. Hacer el viernes por la noche de alguien, una noche para recordar, era una gran responsabilidad para él, y era una de las razones por las que los clientes de SER se hacían regulares.

Rosalie había quedado destrozada cuando le contó su decisión. En una reacción completamente inusual en ella, había llorado toda la noche. Em pensó que se desmayaría por la agonía de poner tan triste a su hermosa dama, pero esto era algo que tenía que hacer por él mismo. No hubiese sido capaz de hacerla feliz a largo plazo si en el fondo él no era feliz.

Desde que se mudó de joven desde Gatlinburg, Tennessee, Em nunca miró hacia atrás. Nueva York se había convertido en su hogar, pero últimamente algo faltaba. Ya que solo veía a sus padres una vez al año, mudarse a Venezuela no afectaría realmente su relación con ellos. Ellos todavía eran jóvenes y viajaban más en su casa rodante de lo que estaban en su casa. Aun podría visitarlos anualmente dónde sea que estuvieran en el momento.

"Te doy una semana, Em, y entonces tú lo amarás también," dijo Bella con seguridad.

Em miró al minidragón verde y sacudió su cabeza.

Para el horror de Edward, Zafrina había tenido razón, y a los clientes les encantaba Godzilla. Era sin duda una atracción estrella, lo que solo hizo que su mami se sintiera más orgullosa.

Al alimentar a Godzilla con su último grillo, Bella sonrió.

"Ven, te mostraré todas las camisetas que mandé hacer para ti."

"¿Para mí? ¿En serio?"

Em rodeó el mostrador y siguió a Bella a la cocina. En la caja grande sobre el estante al fondo estaba un montón de camisetas enormes.

"¿Para mí?" Preguntó otra vez, todavía sorprendido.

Bella asintió. Estaba tan feliz que pensó que estallaría, y esa felicidad hizo que Edward asomara la cabeza alrededor de la puerta de la cocina para ser testigo de lo que la hacía brillar en su cabeza. El ver a Bella feliz hizo vibrar su corazón como nunca. Era su droga personal a la que, sin duda, ahora era adicto.

Em inspeccionó la caja, sosteniendo diferentes camisetas contra su enorme pecho. Su sonrisa igualaba la de Bella.

Incapaz de resistir las maravillosas emociones, Edward se acercó y le dio a Em una palmada en la espalda.

"Nunca te olvidamos, hombre. Bella no se atrevería a permitirlo. Solo me alegra que finalmente estés aquí para usarlas. Cada vez que añadía una a la caja, su cara triste se hacía cada vez más larga."

"Eres la mejor hermanita del mundo, y voy a probarte que soy el mejor hermano mayor." Ahuecando su mano a un lado de su boca, susurró, "J no tiene oportunidad."

Cuando Em encontró la camiseta del Fantasma, agarró a Bella y le dio una vuelta, provocando que chillara.

"Joder, Em," exclamó Edward, sintiéndose mal de pronto. "Si hubiese sabido que deseabas tanto las camisetas con el tema—"

"No, hermano. Era algo entre tú y J, pero no te mentiré. Me emociona el que ahora sea parte de ello."

Esa noche con Emmett de vuelta en su trabajo dando la bienvenida en la puerta, el lugar de verdad se sintió como en casa. Simplemente, Em era el tipo de hombre que no podías evitar que te agradara, y eso se notaba en los rostros de todos los asistentes cuando entraron esa noche. También aceptó con mucha seriedad la responsabilidad de seleccionar al cliente afortunado para la camiseta.

Para celebrar el regreso de Emmett, habían vuelto a usar sus viejas camisetas favoritas—Labios Dulces, Pastelito, y Muñeca con la adición de Hoyuelos para Emmett y Caramelito para Carlisle.

Em no podía sacar más su pecho si lo intentara, presumiendo las relucientes letras rojas a través de su parte delantera en simple color negro. Los chicos habían hecho nuevas camisetas de Pastelito y Labios Dulces, y en la nueva versión, sus nombres de bar estaban al frente.

Edward, sin embargo, estaba extremadamente agradecido con Em por rescatar su camiseta de Labios Dulces original. En ese momento estaba cariñosamente doblada bajo la almohada de Bella. Em había traído con él tanto de sus cosas como le fue posible. Edward le había entregado directamente la camiseta a Bella y le sugirió usarla más tarde cuando estuvieran solos.

Bella también había prescindido esa noche de su minifalda negra en favor de sus viejos jeans oscuros que abrazaban su trasero—sus favoritos. En la primera noche de Em, no quería ningún problema para Edward, que todavía sentía la necesidad de "marcar" su territorio cuando los clientes masculinos coqueteaban con ella. Ella culpaba completamente a la minifalda.

Em fue el primero en ponerse su camiseta temática para la noche. Sacando el pecho con orgullo.

"Hombre, nunca supe que querías ser incluido en las camisetas," comentó Jasper cuando llegó al bar para su turno de la noche. "Debiste haber dicho algo."

"No. Ya le dije a Edward que era algo entre ustedes, pero estoy orgulloso de ser parte de ello ahora junto con Bella y Carlisle." La sonrisa de Em se apagó un poco.

Estaba pensando en lo mucho que deseaba que Rosie estuviera ahí con él usando su propia camiseta especial. Se preguntó si ya lo estaba extrañando. Le había dicho que sí en sus mensajes, pero con ella nunca lo sabía en realidad.

Edward se dio cuenta por la tetona figura de palitos en la mente de Em que estaba pensando en Rosalie. No estaba seguro exactamente en qué, pero podía adivinarlo. Em era como un libro abierto incluso sin su claridad mental. Viendo la melancolía de su honorable amigo, Edward se sintió un poco culpable por lo que Jasper y él habían hecho. Miró a J, tratando de trasmitir sus pensamientos.

Jasper vio la expresión de Edward y miró en dirección a Em una vez más. Lo que Emmett no sabía era que en la parte de atrás de su camiseta, a través de sus amplios hombros, en nítida tinta que brillaba en la oscuridad estaba la frase "patrocinado orgullosamente por Tampax."

Emmett iba a matarlos cuando se oscureciera lo suficiente para que todos los vieran. El tipo había estado parado afuera con la luz del ocaso por horas, y los dos sabían que su espalda se iluminaría como el Cuatro de Julio en la tenue luz ambiental del bar más tarde.

En efecto, cuando Emmett permitió que todos los clientes legales entraran al bar y entró a saludar, las palabras a través de su espalda eran como un faro brillante. Pastelito no podía mirarlo, porque seguía estallando en carcajadas incontrolables. Em siendo Em no pareció sospechar de la feliz reacción del barman cada vez que él pasaba. Solo continuó con sus rondas en las mesas y checando para ver si alguien más estaba esperando entrar, conversando con diferentes grupos de gente. De vez en cuando, fruncía el ceño cuando se detenía a hablar con algunos de los clientes.

A Labios Dulces se le estaba haciendo mucho más difícil que a Pastelito mantener la fachada de normalidad en presencia de Em. Edward podía ver a algunos de los pensamientos de los clientes masculinos referentes a usar una camiseta "como esa". Algunos cuestionaban su masculinidad, mientras que otros pensaban que tenía el más grande par de cojones que habían visto.

Los chicos se dieron cuenta en qué momento Caramelito vio la parte de atrás de la camiseta de Em. Cuando el doc miró de nuevo casi provocó que Jasper llorara de la risa otra vez, pero cuando Carlisle se levantó discretamente y fue al baño—sin duda a revisar la espalda de su camiseta—Jasper perdió el control hasta el punto de que varios de sus clientes se alejaron del tipo loco unos cuantos pasos cautelosamente por su seguridad.

Cuando el tercer cliente consecutivo hizo una broma sobre "esos productos de los que los hombres no hablan", Hoyuelos empezó a sospechar y vio a los dos chicos al otro extremo del lugar. Labios Dulces se estaba mordiendo el labio, y Pastelito parecía estar llorando sin lágrimas al tratar de contener otra ronda de histeria. Hoyuelos caminó lentamente hacia Muñeca y se puso frente a ella antes de que se dirigiera por otra ronda de bebidas.

"¿Es Hoyuelos algún tipo de código de chicas para… bueno… ya sabes, como para… cosas… de damas?"

"¿Eh?"

Bella no tenía idea de lo que estaba hablando. No se le había informado de la broma y hasta ahora había estado tan concentrada en su bandeja de bebidas y en no derramar los cócteles de colores fluorescentes sobre la gente que no había notado su anuncio en neón.

Justo en ese momento, una mujer de la mediana edad se acercó a la barra para ordenar sus bebidas. Le guiñó un ojo a Em.

"Wow, eres un hombre muy valiente. Mi marido nunca usaría algo patrocinado por Tampax."

La expresión en el rostro de Emmett era graciosísima.

El color desapareció lentamente de sus rosadas mejillas a medida que asimilaba sus palabras.

Dándose la vuelta despacio, le mostró a Muñeca su espalda.

¡OH…

DIOS…

MÍO!

Los va a matar a los dos…

¡Lentamente!

Y… quiero verlo.

La expresión en el rostro de Bella lo dijo todo. Sin necesitar más confirmación, él estiró su brazo, agarró la parte de atrás de su camiseta y se la quitó, revelando su musculoso torso. La cicatriz de un furioso color rojo en lo que podría haber sido un abdomen liso hizo que Bella volviera a la realidad. Le recordó cómo terminaron todos ahí.

Por lo general, Edward tenía muchos problemas para leer claramente a Em—como le había pasado más temprano en la noche—pero ahora no. No había duda de lo que había en su mente. La figura de palitos más grande estaba persiguiendo a las dos pequeñas gritando alrededor de un montón de palmeras de coco—con una motosierra.

El portero con el pecho desnudo provocó un incremento en los pensamientos relacionados con sexo en las mujeres presentes. Edward hizo una ligera mueca, adaptándose a la explosión repentina en su cabeza. Si Em supiera que solo eso era venganza suficiente.

Emmett se puso frente al mostrador más alto del bar y apoyó sobre él sus enormes brazos directamente frente a los dos chicos. Ninguno de ellos estaba sonriendo ahora. Caramelito observó la interacción con una enorme sonrisa desde su banco.

"¿Conocen el dicho "la venganza es una perra"? Bueno, voy a tener que canalizar a mi perra con síndrome premenstrual interior cuando reciba la mía."

La noche siguiente—que afortunadamente ocurrió que era la noche que la Choza cerraba cada semana—encontró a los siete comiendo en un pequeño establecimiento pesquero local. Servía la pesca del día y solo lo frecuentaban los locales, haciéndolo perfecto para que Edward pudiera relajarse.

El grupo levantó sus cervezas heladas y brindaron por el regreso de Carlisle y la llegada de Emmett.

"Jenks tiene todas sus pertenencias de SER y los dos departamentos en un almacén," explicó Carlisle.

"¿Estás bromeando?" Preguntó Jasper.

"No, dijo que las dos locaciones estaba bajo vigilancia cuando envió la mudanza. Probablemente no sean capaces de acercarse a ese almacén por algunos años, pero al menos no han perdido nada."

¡Oh, gracias a Dios!

Vacío…

Los ojos de Edward se clavaron en Bella. Desde que aprendió su técnica de meditación en color, nunca necesitó vaciar su mente. Había pasado un largo tiempo desde que vio su mente en blanco, y de repente ver nada lo preocupó. Significaba que ella realmente, realmente le estaba ocultando algo.

"Eso es increíble, hombre. Tengo un raro juego de tarjetas de colección que nunca podría remplazar," dijo Jasper con una sonrisa tímida. "Sin mencionar mi colección de camisetas de concierto."

Cuando el grupo pasó a discutir los mejores conciertos de todos los tiempos, Edward se acercó a Bella.

"Sabes que vi eso. ¿Qué pasa?" Esperó que le dijera y no se preocupara aún más de lo que ya estaba.

"Yo… solo me alegra tener mis cosas a salvo," le dijo ella.

"Pero, dijiste que no te importaban esas cosas. Dijiste que podían remplazarse." Frunció el ceño, recordando su charla en el Isla Esme cuando se sintió culpable por arrancarla de su hogar. Su ceño fruncido se hizo más pronunciado.

"Sí, el noventa y nueve por cierto puede ser remplazo. Edward, cuando se trata de elegir entre estar contigo o tener mis cosas—no hay opción. Siempre serás tú."

"¿Pero cuál es el uno por ciento?"

"Cosas que eran de mi mamá. Algunas joyas, algunas cartas que me escribió cuando estaba en la universidad porque odiaba el internet, y uno de sus viejos suéteres de lana. Cosas tontas en realidad."

"No, no tontas. Nunca he tenido pertenencias sentimentales que significaran algo para mí hasta que llegaste tú, B," le dijo Edward, frotando su mano sobre las placas de identificación que Bella le había dado que yacían contra su pecho debajo de su camiseta. "Debí haber pensado más en eso."

Edward acarició la mejilla de Bella con una mano y se acercó y besó su frente.

"Lo siento. Lo siento ta—"

Antes de que Edward terminara, lo golpearon misiles de todas direcciones. Le arrojaron servilletas echas bola, papas fritas, tapas de botella de cerveza e incluso gorras de béisbol.

"Váyanse a la mierda," dijo él, protegiéndose con su brazo.

"¡No!" Jasper medio gritó al otro lado de la mesa. "¿Cuántas veces tenemos que decírtelo? No puedes disculparte por algo que no es tu culpa." Continuó lanzando misiles de papas fritas al otro lado de la mesa.

Desde que se reubicaron en la isla, Edward se había esforzado mucho en luchar contra sus demonios por Bella y su familia. A menudo era una lucha diaria, pero con todos ellos a su lado, su necesidad por decir "lo siento" había disminuido drásticamente. Bella y Alice había hablado entre ellas en privado de cuánto progreso había hecho Edward en tan poco tiempo. Alice le había explicado a Bella que vivir ahí fue como si le quitaran una gran pesa de metal de sus hombros. Por fin era capaz de caminar por la calle y no preocuparse. Alice nunca miraba por encima de su hombro o revisaba quién podría seguirla cuando iba y venía de la Choza—todas las cosas habituales que hacía en Nueva York. Al fin era libre y se sentía relajada por primera vez desde que era una adolescente, y sabía que también su hermano se sentía de esa forma.

Edward se había reído más en los últimos cinco meses de lo que Alice lo había visto en su vida. Se veía más joven y pasaba menos tiempo dentro de su cabeza aborreciendo lo que podía ver sin su propio consentimiento consciente. A los treinta y un años de edad, finalmente empezaba a disfrutar de la vida.

"¿Carlisle?" Bella preguntó.

"¿Sí, Isabella?"

"¿Cuándo crees que papá pueda unirse a nosotros?"

Edward podía ver lo ansiosa que estaba por su respuesta. La noche anterior solo le había preguntado a Carlisle del progreso de Charlie pero no había podido elaborar las preguntas de las que más deseaba respuesta. Bella echaba terriblemente de menos a su papá pero se apaciguó cuando Emmett asumió su rutina de visita. Ahora que estaba ahí con ellos, le preocupaba que Charlie dejara de hacer progresos.

Carlisle descansó los codos sobre la mesa y entrelazó sus dedos frente a su barbilla—estaba en modalidad doctor.

"Es una pregunta difícil de contestar, Isabella. Hizo un gran progreso en los primeros dos meses después de ser trasladado. Desafortunadamente, después de que Garrett lo sacara de la casa, se perdió de mucha de la rehabilitación porque yo estaba aquí, y era demasiado para que Jenks organizara. Jenks tenía cosas más importantes de las que preocuparse, como preparar todos nuestros documentos," dijo antes de tomar un sorbo de su cerveza, las gotas de agua condensada bajando por su brazo mientras bebía.

"Sin embargo, una vez que Charlie regresó a su tratamiento, empezó a hacer un buen progreso otra vez. Garrett dijo que había vuelto a tener un día aquí o allá que no quería hablar con él, y eso me preocupó mucho, pero una vez que volvió con los médicos, comenzó a mejorar de nuevo."

Edward llevó su mano detrás de ella y enganchó su dedo medio en la presilla de sus jeans, dejando que su dedo índice acariciara ligeramente su piel. Mini B acababa de soltar un gran suspiro, y pudo verla relajarse hasta el punto que no tenía que monitorearla por lo que pudo tocarla nuevamente.

"Como dije, es muy difícil predecir cuándo estará listo, pero reservé más tiempo de vacaciones para mayo. Creo que podría estar listo en otras seis semanas." Carlisle sonrió cuando vio que el rostro de Bella se iluminó como el Times Square en Año Nuevo.

"¿Mayo? ¿Podría estar aquí en mayo?" Sus ojos se abrieron como platos mientras hablaba.

"Sí, cariño. Espero que para mayo si él continúa mejorando como lo ha hecho recientemente."

Bella estaba sentada en el sótano, con olor a humedad, de la biblioteca encorvada sobre un libro de apariencia desgastada. Estaba totalmente concentrada en la reliquia antigua y no notó que Edward entró.

Se quedó quieto y observó sus pensamientos, encantado que ella no supiera que estaba ahí, definitivamente estaba recibiendo una versión sin cesura. Estaba imaginando a todas las personas que habían rezado usando el libro—o Biblia como ahora estaba captando de ella. Se preguntó quién sería la primera persona que la abrió allá en 1892. Mini B hizo la cuenta y se alejó del libro cuando se dio cuenta que la Biblia estaría celebrando su cumpleaños número 120 en algún momento de este año.

Se maravilló por las historias que la edición podría contar.

Si tan solo pudiera hablar mejor el español.

Si los libros pudieran hablar… supongo que solo hablarían en el idioma en que fueron escritos.

Oh bueno.

Necesito a Edward para que traduzca.

Me pregunto si también sería capaz de ver lo que dicen.

Supongo que tendría charlas solo con libros ilustrados.

Soltó una risita.

Edward se mordió la lengua para evitar reírse en voz alta y alertarla de su furtiva presencia. Estaba muy linda. Sintió que su corazón no cabía en su pecho porque aunque estaba de voluntaria en la biblioteca y concentrada en restaurar un libro antiguo, todavía pensaba en él. Le encantó que recibiera una oportunidad de ayudar en la biblioteca—una vez más las gracias iban a Zafrina. Las horas que Bella pasaba de voluntaria la hacían feliz, pero él la echaba de menos en la Choza, y esa era la razón por la que estaba ahí a punto de sorprenderla.

¡Mierda!

Creo que acabo de rasgar esa página.

Se acercó aún más al libro. Sus manos con guantes se quedaron quietas al inspeccionar el centro del lomo a través de la lupa con luz que estaba sujeta a su escritorio.

No, no fui yo.

Gracias a Dios.

Me pregunto qué quiere Edward para cenar esta noche ya que es mi turno de cocinar.

Mmmm…

Incapaz de contenerse más tiempo y muriéndose por besarla, le respondió.

"Me gustaría unos rollos de sushi si no es mucho problema."

Bella saltó en su asiento y golpeó su cabeza en la oxidada lámpara de escritorio cuando se enderezó demasiado rápido.

¡Me asustaste!

Sonrió cuando el latido de su corazón volvió a la normalidad.

"¿Cuánto tiempo has estado ahí?" Le preguntó, mirándolo.

"Mmm… lo suficiente para saber que desearías poder hablar con los libros."

Bella se sonrojó un poco.

Debes pensar que estoy loca.

"No. Sé que lo estás," le dijo en broma. "Tienes que estar loca para soportarme."

"Loca por ti, dirás."

A Bella le gustaba que podía ser cursi con Edward. Lo adoraba tanto que de todos modos era la verdad. Solo le alegraba que estuvieran solos. Zafrina bromeaba a menudo sobre cuán enamorados estaban estos dos, y justo en ese momento, pondría los ojos en blanco al verlos.

Edward se acercó a Bella por detrás y besó su mejilla. Su dedo índice hizo un patrón circular sobre la piel de su cuello expuesto junto a su cola de caballo. Provocando que la piel de Bella se erizara.

Bella le echó un vistazo a su reloj.

¿Eh?

Dejó que su cabeza cayera hacia atrás apoyándola en él al mirarlo hacia arriba. Edward hizo una mueca cuando su cabeza hizo contacto con su entrepierna y dio un paso hacia atrás.

No estás excitado, ¿o sí?

"¿Qué estás haciendo aquí?" Bella se dio la vuelta en su ruidosa silla giratoria para mirarlo mejor. No necesitaba leer su mente—conocía su lenguaje corporal tan bien como el suyo. Lo siguiente que notó fue lo apretado que estaban sus jeans.

"Edward Masen, ¿esto es un encuentro sexual?" Le preguntó, completamente estupefacta.

Edward bajó la vista y cruzó sus manos frente a su cierre.

¡Oh!

¡Dios!

¡Mío!

"¡Sí lo es!" Exclamó.

Mini B encontró sus pompones de porrista y empezó su baile de la victoria, provocando que Edward se echara a reír porque Bella definitivamente no era del tipo porrista.

"¿Sería muy terrible si lo fuera?" Le preguntó él con timidez.

"No, solo estoy sorprendida. ¿Qué provocó esto?" Ella le sonreía como el gato de Cheshire en hierba gatera, mientras se giraba para un lado y para el otro con la silla desvencijada.

"Te extrañaba," le respondió.

Sí, claro.

¿Y?

"¿Qué? ¿Extrañarte no es suficiente?"

"No cuando dejaste el trabajo para hacerlo. ¿Quién te está cubriendo?"

"Carlisle."

Bella jadeó. "¿Qué? Edward, va estar borracho en menos de una hora."

Todos ellos sabía que nunca debían dejar a Carlisle solo a cargo del bar. No era que no pudieran confiar en él rodeado de tanto alcohol, sino más bien que por ser una persona genuinamente amable, todo el mundo insistía siempre en comprarle una ronda o dos. Y porque era una persona genuinamente amable, no podía decir que no, por lo que chupito tras chupito de tequila lo dejaba con los ojos cruzados y usando la barra de apoyo para mantenerse en pie.

Jasper y Edward habían aprendido el sutil arte de decir que no con los años, pero Carlisle simplemente no podía decepcionar a un alma amistosa y siempre decía que sí.

"Estaba muy tranquilo cuando me fui."

Bella sonrió y le sacudió su cabeza.

"No creo que estés aquí con él allá porque me extrañes."

Edward necesitaba tocarla. Dio los tres pasos que los estaban separando y la miró. Ella le sonrió antes de quitar las manos de él y ver el bulto en sus jeans.

Bella levantó una mano y pasó sus uñas sobre su longitud cubierta por la mezclilla.

Edward siseó. "¡Joder! Pequeña provocadora."

"Dime por qué estás realmente aquí, o voy a volver al trabajo."

Suspirando, sabía que no tenía sentido resistirse a ella. "¿Recuerdas a ese grupo de chicos universitarios que fueron hace dos noches?"

"Sí." Bella estaba recelosa. Edward casi había perdido el control con ellos.

"Volvieron para el almuerzo."

"¿Y?" Definitivamente ya estaba preocupada.

Dime que no golpeaste a uno de ellos.

No, no pudiste haberlo hecho porque no tienes marcas.

Eran seis, ¿verdad?

"Incluso si ellos fueran seis, todavía podría acabarlos," él alardeó.

¡Chicos!

Seis contra uno.

¡Lo que tú digas!

Al grano.

"Está bien, está bien. Bueno… te echaron de menos," finalmente admitió.

Ella le levantó sus cejas.

¿Y?

"¿De verdad vas obligarme a decirlo?" Le preguntó, mirando alrededor a las pilas de cajas cubiertas de polvo y libros desparramándose de las filas de estanterías de metal que conducían al fondo de la biblioteca.

"Edward, no te estoy entendiendo."

"B, volvieron para babear una vez más como unos pervertidos con tu lindo trasero," le dijo, un poco exasperado. "¡Así que… eran seis tipos cachondos pensando de ti cosas de las que sus madres estarían avergonzadas!"

¡Oh cariño!

Dolor de bolas al séxtuplo…

¡Oh, esto va estar bueno!

"Entonces, te dejaron con un pequeño problema," le dijo, señalando a sus pantalones mientras trataba de contener su emoción.

"No lo llamaría pequeño." Edward sonrió. "Sí, de modo que vine a ver si mi chica del trasero lindo podría aliviar mi dolor."

Bella soltó una risita y luego miró alrededor.

Está sucio aquí.

Hay por lo menos siete centímetros de polvo en todas las superficies.

"Lo sé." Edward dejó caer su cabeza en sus manos. "Lo siento. No debí haber venido. Dejaré que continúes," le dijo, señalando a su ahora abandonado libro.

"¿Mi novio-dios del sexo está tan cachondo que deja su trabajo para venir a buscarme, y crees que voy a decir que no? A la mierda. Solo dame un minuto. Podemos hacer que funcione." Le guiñó un ojo.

De pronto se sintieron como adolescentes traviesos. Edward regresó a la puerta y la cerró con seguro, lo que incluyó darle un buen empujón con su cadera. Concordó con mini B en que esperaba que volviera abrir porque sonó como si el seguro no hubiese sido puesto desde el cambio del siglo anterior. Cuando se dio la vuelta para mencionarle eso, ella ya no estaba.

A la derecha de su escritorio había filas y filas de estanterías del piso al techo que creaban un laberinto de libros y documentos polvosos.

"¿Bella?" La llamó, mirando por la primera estantería. No la veía por ningún lado. Se quedó quieto y escuchó, oyendo solo el constante goteo del agua que probablemente era la responsable del húmedo ambiente. No solo estaba siendo sigilosa con sus movimientos, sino que también había vaciado su mente.

Edward siguió caminando mirando en tres pasillos más antes de darse cuenta que los estantes correspondientes a mitad de los largos corredores no concordaban, así que podía ver sin problema hasta el final. Había otra hilera de pasillos en medio de la sala. Ella podía estar en cualquier lado.

El saber que iba a tener que cazar su premio envió una sacudida de deseo directamente a su entrepierna. Bella lo deseaba en ese momento tanto como él la necesitaba a ella. Si era posible amarla más de lo que ya lo había hecho, entonces lo haría cuando le pusiera las manos encima. Tratando de decidir su plan de ataque y en qué pasillo buscar primero, titubeó. De repente, lo golpeó una brillante imagen de la camiseta azul de ella metida en un espacio en una de las estanterías. Fue solo un breve destello—demasiado veloz para que la localizara, ya que Edward nunca había sido bueno usando el leer las mentes como un recurso de localización. La mayoría de las personas mostraban su ubicación en sus mentes, por consiguiente, dándole la información, pero si no lo hacían, y él se concentraba con todas sus fuerzas, de vez en cuando podía captar una dirección imprecisa. Las estanterías no ayudaban, pero al pensar en la imagen que su fierecilla le había enviado, podía ver las etiquetas de los estantes. Ella estaba… bueno, su camiseta estaba con los libros sobre YATES.

La penúltima estantería mostraba que almacenaba los libros de consulta que inician con Y. Corriendo por el pasillo, Edward sonrió, la excitación corriendo por su cuerpo. El final de la estantería no tenía nada cuando buscó de la cima hasta abajo. Salió del pasillo corriendo por la mitad de la habitación y cruzando a la segunda fila de estanterías. La tercera estantería contenía su premio. La camiseta de Bella estaba metida entre dos enormes volúmenes. Todavía se sentía caliente cuando la cogió y la llevó a su nariz. Olía como a cielo—solo a Bella, placenteros rayos de sol y la brisa del océano. Era un encantador contraste con la peste de la sala.

"Tengo tu camiseta, Muñeca. Vas a necesitarla de vuelta, así que ven por ella. ¿O planeas dejar medio muertas del susto a la mitad de las viejas señoritas en el mostrador de registros cuando te vayas con el pecho desnudo?"

Un breve resoplido con risitas que se detuvo tan abruptamente como comenzó le dijo que estaba más adelante a su izquierda.

Sus Nike no hicieron ruido al avanzar sigilosamente. Luego vio la punta de su tenis rojo asomándose de una hilera. Acercándose sin hacer ruido, Edward salió de un salto gritando "Te atrapé" solo para descubrir que no estaba usando el tenis. Era la pista número dos.

"Joder. Me estás matando, Muñeca."

Lo cogió y miró a lo largo del pasillo—su otro tenis lo tentaba justo a la vuelta de la esquina más lejana.

Cogiendo su otro zapato, Edward rogó a quien fuera que estuviera escuchando que ahora encontrara sus jeans. Había algo increíblemente erótico en saber que su chica estaba en un lugar público con nada más que su ropa interior, mojada y esperando para que él la amara.

Tocó sus siempre apretados jeans para darle a su polla algo de la presión que necesitaba.

"Vas a estar en muchos problemas cuando te ponga las manos encima," le dijo. Su voz ahogada por la concentración de libros y papeles.

Igual de veloz que la primera, una imagen de sus jeans colgando de los tobillos a través de la entrada de un pasillo lo asaltó. Edward era un hombre con suerte, un hecho que todavía estaba aceptando. Las estanterías le indicaron que había estado en la sección J, y buscó una señal de si era a la derecha o a la izquierda. Bajando por el siguiente pasillo, descubrió que en realidad había un tercer grupo de hileras de estanterías. Esta sala era enorme. Nadie los encontraría incluso si tenían una llave.

Agarrando sus jeans, se torturó a sí mismo al llevarlos también a su rostro. Olían a Bella—su hermosa chica.

"Mierda, será mejor que estés preparada."

La mejor parte de la conexión mental de Edward y Bella era que servía como una inusual forma de juego previo para su novia. Bella se excitaba con provocarlo mentalmente y siempre estaba mojada cuando finalmente le ponía las manos encima. Al principio, a él le fascinó y fue una de las razones por las que empezaba a aceptar su don. Ser capaz de volverla loca sexualmente por leer su mente definitivamente era un don, y un don del que aceptaría felizmente todas las desventajas a cambio.

Bella le envió la última pista. Era una imagen de sus manos sujetándose del estante por encima de su cabeza y entre sus manos estaba la etiqueta que decía "Historia Eduardiana". Edward soltó una corta carcajada por su descaro antes de que se diera cuenta que la posición de sus manos en la imagen sugería que quería que la tomara por detrás contra las estanterías.

Gimiendo, corrió por las hileras – H—G – F – E – Mierda. Ya casi llegaba. Al dar la vuelta hacia el pasillo, vio a Bella de pie con su sujetador y bragas negras, inclinada hacia la estantería, lista. Estaba mirando hacia él.

"Ya era hora, mi amante. ¿Tengo que enseñarte el abecedario?"

Edward dejó caer la colección de ropa. Agarró su camiseta y la sumó a la pila. Caminando lentamente hacia ella, ahora con el pecho desnudo, Bella abrió su mente para él. Lo quería—intenso—veloz—y ardiente.

Edward cerró sus ojos con fuerza. Necesitaba controlar su lujuria, o se correría antes de que siquiera empezara. Bella arqueó su espalda y se aferró al estante con más fuerza en anticipación. Abrió más sus piernas preparándose para él. Eso hizo que su pecho y sus caderas sobresalieran más mientras curveaba su cuerpo lascivamente por él. Bajó la vista para ver a Edward duro y listo.

"¿Hoy no fue Animal?" Le dijo, comentando sobre su falta de ropa interior cuando él se quitaba sus jeans.

"Están en la lavadora."

Ahora estaba detrás de ella.

"Mucho mejor para hacerte el amor, de todos modos." Su aliento le hizo cosquillas en su oreja, pero él todavía no había hecho contacto físico con ella.

Ella le mostró velozmente una imagen de él acariciando su cuello, mientras deslizaba sus dedos por su vientre, en el interior de sus bragas y dentro de ella. Edward nunca dejó que terminara su pensamiento cuando reaccionó a su deseo e hizo exactamente eso.

"¡Buen Dios, estás preparada!"

"Solo para ti," gimió ella en respuesta.

La estantería se bamboleó cuando Edward empujó sus caderas contra su trasero. Las estanterías definitivamente no estaban lo bastante sólidas para el aporreo que tenía preparado.

Agarrando su seno con su mano libre, la atrajo hacia él al mismo tiempo que él se erguía y los hacía caminar el medio metro hacia la pared de concreto del fondo. Sus dedos nunca se detuvieron en el proceso.

"Vamos," le suplicó ella, por encima de su hombro.

El segundo siguiente, sus manos estaban contra la pared, sus bragas desaparecieron y Edward estaba muy dentro de ella, sujetando sus caderas pegadas a las suyas al mismo tiempo que mordía su hombro.

Jadeos, gemidos, gruñidos y el sonido rítmico de piel golpeando piel llenó la sala de archivos por los siguientes diez minutos, mientras los libros almacenados sumaban este espectáculo a su lista de reveladoras historias que contarían—si pudieran.

"Oh Dios mío, ahora de verdad es Herbie," Bella chilló.

Em le dio una amplia sonrisa. Frotaba un trapo encima de la enorme calcomanía circular con el número 53 que había colocado en medio del capó.

Edward salió al porche para ver por qué mini B estaba saltando arriba y abajo y llenando de besos a su Montaña de Carne.

"Em, vas a convertirla en una mocosa malcriada," Edward le gritó.

"Aw, no puedo evitarlo. Siempre quise un hermanita, y ahora tengo una. Se supone que los hermanos mayores hacen estas cosas," le dijo encogiéndose de hombros.

Emmett había visto lo mucho que a Bella le gustaba el viejo Escarabajo. El coche le recordaba su vieja camioneta roja. La que le había llevado al Bar SER esa trascendental tarde. Ansioso por hacer lo que hiciera a Bella feliz, Em usó el internet y ordenó una calcomanía de Herbie. De alguna forma, el hacer sonreír a Bella aliviaba el constante dolor que sentía en su pecho cuando pensaba en Rosie. La extrañaba mucho, y Bella era su conexión con su novia a larga distancia. Estaba contando los días hasta su visita.

Bella caminó por la brillante arena, el calor hacía que sus pasos fueran rápidos. En la orilla del agua fría, levantó una mano para bloquear el resplandor al mirar hacia el tentador océano. Sonrió cuando sus ojos encontraron las siluetas conocidas no muy lejos de la orilla en un bote de madera de color rojo y amarillo. Se quedó observando a los reyes de la pesca—Charlie y Carlisle—mientras subían abordo a alguna pobre y desprevenida criatura.

Era principios de junio, y después de solo tres semanas en su nuevo hogar, su papá era casi un local. Jenks—el obrador de milagros—de alguna forma había logrado no solo vender la residencia de la familia Swan, sino que también lo había hecho a un ridículo buen precio. El dinero había permitido que Charlie comprara su propia cabaña en la playa, un bote pesquero y todavía tenía suficiente para vivir confortablemente para los estándares venezolanos. Pero ni de cerca tenía en mente el retirarse ahora que estaba de nuevo en control de sus facultades. Charlie le había vendido suficiente pescado al mercado local para pagar todos sus gastos básicos desde que llegó. Sus ahorros estaban sin tocar. Su papá había logrado convertir su pasión en su siguiente comida y en más de una forma.

Al principio, Carlisle estaba dudoso de que Charlie comprara su propia casa y sobre sus necesidades de tratamiento a largo plazo en la isla. Zafrina había tranquilizado al preocupado doctor al instante al ofrecerle mantenerlo vigilado—a través de su vecina, que por primera vez resultó ser de verdad su prima. Ella tenía opiniones sólidas sobre la necesidad moderna de ese tipo de ayuda en comparación con las antiguas costumbres de la villa. En una verdadera comunidad, nadie se quedaba solo el tiempo suficiente para deprimirse, y todos cargaban con los problemas de todos. Su pequeña playa era realmente una comunidad en el verdadero sentido de la palabra, y le aseguró que la nueva comunidad de Charlie cuidaría de él.

También se comprometió a tener su propia sesión con el padre de Bella un día a la semana, y dijo que se pondría en contacto con Carlisle si sentía que se necesitaba más de lo que ella podía dar. Carlisle también sabía que Bella lo vigilaría como un halcón, y Edward sabría si algo estaba realmente mal.

"Nada puede ser mejor que esto, ¿eh, Godzilla?"

El lagarto estaba a lo largo de su cuello y hombros, disfrutando de su viaje en el sol. Bella se dio la vuelta y dio de saltitos por la arena caliente hacia la orilla sombreada. Sabía que a las 4 p.m. sus dos papás estarían de turno en el bar y que en realidad no tenía que preocuparse tanto por ellos. Preocuparse por Charlie era una vieja costumbre—aunque no había estado con ella en los últimos ocho meses no significaba que no se hubiera preocupado por él todos los días. Ahora que era el de antes, y posiblemente una versión mejor, realmente no había nada de qué preocuparse.

Carlisle y Charlie tenían camisetas para las noches, igual que el resto del grupo, para usar en el bar. Se les conocía como "Los Ayudantes" porque lo que hacían cada noche era indefinido y totalmente su decisión. Si el bar estaba ajetreado, entonces Charlie servía las cervezas, mientras Carlisle mezclaba las bebidas básicas, dejando la preparación de cócteles a sus colegas más jóvenes. Eso se había decidido después que Charlie sirviera un Cosmopolitan de un apagado color amarillo.

Su otro trabajo incluía ayudar a Em, pero más que nada charlaban o bebían con el público nocturno. Al ser dos hombres disponibles de mediana edad, siempre era un espectáculo digno de ver cuando se daban cuenta que una cliente femenina estaba tratando de coquetear con ellos. Ninguno de los dos se sentía cómodo todavía y tartamudeaban y se sonrojaban antes de que finalmente sintieran la imperiosa necesidad de lavar vasos en la parte de atrás.

La sorpresa del nuevo negocio era lo populares que eran Alice y Zafrina. En el pasado, ninguna de ellas habían tenido clientes asiduos y fiables, pero en La Choza del Amor, había una fila de turistas durante toda la noche para verlas. Se había corrido la voz de lo precisos que eran sus talentos combinados, y como resultado, el negocio florecía. Alice todavía ayudaba detrás de la barra para darles a los otros un descanso, pero ahora tenía que apartar tiempo de su horario para ello.

Lo que a Edward en particular le gustaba sobre el nuevo nombre era que cuando la gente oía La Choza del Amor, en seguida comenzaban a cantar el pegajoso éxito en sus mentes mientras recordaban a The B-52's, seguido de bailes de la escuela, primeros conciertos y vergonzosos cortos de los ochenta. Le gustaba ver esos recuerdos tanto como los temas de las camisetas, pero el tema de esa noche era algo especial con todas las grandes películas de los ochenta reproduciéndose en todas las mentes de los clientes. No importaba si hubieras nacido o no después de los ochenta; algunas películas simplemente eran clásicos que todas las generaciones han visto múltiples veces.

En general, el bar era todo un éxito. Em había regresado justo antes de que el negocio creciera. Ahora, se le necesitaba no solo para revisar las identificaciones, sino también para monitorear el número de personas en el lugar. En la isla, el tiempo se detenía, y ya que la mayoría de su clientela no tenía que levantarse para ir al trabajo el día siguiente, el bar estaba en su apogeo hasta altas horas de la madrugada todos los días que estaba abierto.

Para hacer frente a la demanda, habían convertido una de las grandes ventanas en el porche lateral en una barra improvisada. Esto permitió que más gente pudiera comprar bebidas y disfrutar del ambiente, incluso si era desde la arena entre las palmeras. Habían colgado lucecitas de colores en las palmeras y seccionaron un área grande para extender sus instalaciones usando varios botes pesqueros abandonados como un tipo de cerca. A pesar de la falta de servicios, a la gente no parecía importarle y seguía regresando a su pequeño e improvisado bar al aire libre por un cóctel bajo las estrellas en el cálido aire nocturno.

El Bar SER había producido mucho dinero, pero tenían que pagar una renta exorbitante para adquirir todo el edificio por la cordura de Edward. Con Zafrina como socia paritaria y sin renta qué pagar, combinado con gastos operacionales mucho más bajos—La Choza del Amor era una mina de oro.

No solo había gente que venía directamente desde el otro lado de la isla y pasaban muchos buenos bares para llegar ahí, sino que el personal de todos los demás clubes nocturnos también elegía beber en La Choza después de las horas de trabajo. Las reglas del bar y los temas de las camisetas crearon una atmósfera relajada que estaba volviendo muy rico al nuevo equipo—muy pronto.

Em estaba en la cima de los dos escalones de madera en la arena. Su camiseta de Los Cazafantasmas de un brillante color púrpura sobresalía entre los clientes.

"Creo que voy a necesitar que me muestres tu identificación, hermosa," dijo con una reconfortante sonrisa.

Rosalie le dio un puñetazo en el pecho, su puño aterrizó en medio de la cara del fantasmal Hombre de Malvavisco. Echaba de menos la forma en que Emmett la hacía sentir, que fue la razón por la que vino en unas vacaciones de dos semanas para echarle un vistazo al lugar.

Su piernas largas y desnudas destacaban, no por su microscópica minifalda de mezclilla, sino porque eran las únicas piernas unidas a unos brillantes zapatos de tacón de quince centímetros de Prada. Sin importar lo mucho que Bella lo había intentado, no pudo convencer a Rose de usar sandalias o bailarinas. A Rose ni siquiera le importó cuando tuvo que caminar como pato por la suave arena de puntillas. Los zapatos de tacón eran obligatorios si iba a salir.

A Rose casi le da un ataque al corazón cuando vio el nuevo atuendo de Bella. También estaba un poco celosa del brillo dorado en todo su cuerpo por pasar el tiempo sin hacer nada en la piscina en sus mañanas libres. Rose estaba contenta de que su vieja amiga finalmente estaba mostrando su figura. Bella dijo que no lo hacía para atrapar un hombre porque ya tenía uno, sino que lo había hecho simplemente por ser práctica. Era solo que la mayoría de los días hacía demasiado calor para su antiguo look, pero Rose solo le levantó una ceja, sin importarle cuál fuera la inspiración de Bella.

Para tratar de convencer a Rose de empacar y mudarse permanentemente al paraíso tropical, Em y Bella también le habían conseguido una camiseta de los ochenta. La foto de Jennifer Grey como Baby estaba en su amplio pecho, y al acostumbrado estilo de Rose, la había atado para dejar su abdomen descubierto. Había combinado su camiseta púrpura con una banda para el cabello casi del mismo tono llamativo.

"Así que, ¿cuál es mi trabajo esta noche?" Rose le preguntó a su sonriente hombre.

Incluso Rose tenía que admitir que la única vez que Em se había visto más feliz fue cuando accedió a salir con él. Sus ojos brillaban, su sonrisa no era forzada como había sido hacia el final de su tiempo en Nueva York, y su entusiasmo por la vida era contagioso.

"Nena, solo quiero que disfrutes. Puedes ayudarme ya que se va a volver una locura cuando baje el sol, pero en realidad solo quería ver si podrías estar aquí, con nosotros, a largo plazo." El rostro de Em estaba lleno de esperanza, y por su bien, Rose accedió a intentar ver si podía hacer una vida en La Choza con él.

"Solo dame algo qué hacer, Em."

"Las camisetas son de verdad populares, y a los chicos les molesta venderlas porque interrumpe su ritmo detrás de la barra. ¿Podrías venderlas?"

A Rose le gustó la idea porque era un trabajo que le permitiría ayudar pero todavía hacer lo suyo. Podría dar vueltas por el bar a su antojo, recibiendo la atención que Baby merecía. Zafrina había escuchado un pedido tras otro en la barra de las camisetas con temas de personajes de dibujos animados o de televisión. Edward y Jasper cada vez respondían amablemente que no había, pero Zafrina vio el potencial. Usó el póster de The Love Shack (1) encima de la barra como inspiración y mandó hacer camisetas con y sin mangas para hombres y mujeres, además de gorras y toallas de playa para promocionar el bar. En la parte de atrás, puso "Los cócteles favoritos de Isla de Margarita", y eran tan populares que no podía ordenar las suficientes.

Bella le puso la tapa a la licuadora, y la máquina zumbó a la vida. Alineó cinco copas de cóctel sobre la barra y, un minuto después, empezó a servir la dulce agua nieve de color naranja en cada copa.

¡Sí!

La consistencia perfecta.

Agarrando rebanadas de piña y mini sombrillas, decoró cada uno tan rápido como pudo.

¿Qué te parecen?

"Perfectos," Edward le canturreó con orgullo al oído. "Voy a cobrarlos, mientras empiezas esta orden. Solo haz las que te enseñé," le dijo, empujando un pedazo de papel por la húmeda barra.

Edward sacudió su cabeza y rodó los ojos al ver a Bella y a mini B—por quinta vez esa noche. Al parecer a ella le parecía adorable usando la camiseta de Mogwai. Edward no estaba de acuerdo. La razón por la que había pedido primero el tema de Los Gremlins fue porque al igual que Mogwai, sentía que había en él un lado ruin que acechaba bajo la superficie. Jasper había adivinado por qué Edward eligió ese personaje por los años que observó los mensajes sutiles y no sutiles de su amigo, pero Bella se había sorprendido cuando se lo explicó. De todos modos, eso no la detuvo de pensar durante toda la noche que era lindo, adorable y hermoso, igualito que el pequeño Mogwai.

Ya que el bar era tan popular, Edward y Jasper ya no podía manejar solos las bebidas. La idea del servicio a la mesa hace mucho había sido abandonada, y Bella era ahora un elemento permanente detrás de la barra. Edward le estaba enseñando las recetas poco a poco, y en secreto le encantaba tenerla lejos de la irritante y caliente población masculina. Los bastardos no podían intentar mirar por debajo de su falda cuando ya no estaba inclinándose sobre las mesas, pero no había compartido ese detalle con ella.

Enseñarle era más fácil que con cualquiera que había tratado de entrenar antes debido a la vista que tenía de su mente.

"No, ron no. Necesitas Malibu, Inigo," le dijo Mogwai, agarrando la parte de abajo de la botella de Bacardi antes de que pudiera servirlo.

"Lo siento," dijo Inigo, mordiendo su labio y tratando de recordar nuevamente los ingredientes.

"Está bien. Lo estás haciendo muy bien. Solo piensa en cada uno de las bebidas antes de servir." Le guiñó un ojo antes de darse la vuelta para agarrar sus propias bebidas para mezclar del estante superior.

Bella limpió sus pegajosas manos en la parte inferior de su camiseta de Inigo Montoya. Ella había insistido en que La Princesa Prometida se incluyera en su tema de la noche de "las mejores películas de los ochenta", por sus fanáticos. Ahora empezó a mezclar daiquiris.

Ferris Bueller se acercó a Jasper en ese momento para ordenar otra ronda gratis. Em había elegido a una chica que venía desde Australia como el cliente afortunado porque era la única australiana que había entrado a La Choza del Amor. Portaba la camiseta de Bueller con orgullo.

"Si puedes esperar cinco minutos, Ferris, entonces te recomiendo que lo hagas porque Inigo hace las más deliciosas margaritas de mango en esta isla," dijo lo bastante fuerte para que Bella lo escuchara por encima del barullo de la música y la risa.

¿En serio?

Tal vez todavía tengo esperanzas de convertirme en barman.

Edward le hizo gesto rápido con la cabeza a su viejo compañero. Apreciaba que tratara estimular la confianza de ella detrás de la barra, y de verdad hacía una margarita bestial.

"Gracias, Bender," Bella le gritó en respuesta. "Sí, Ferris, ahora preparo el tuyo." Le sonrió a la rubia linda y amigable.

El tema de las películas de los ochenta había provocado el debate más enérgico y casi acalorado de todos los temas.

Todos ellos tenían diferentes opiniones sobre qué películas seguían influenciando a los cinéfilos hasta nuestros días. Jasper afirmó que El Club de los Cinco era un rito de iniciación, y a los adolescentes no se les debería permitir graduarse sin verla al menos una vez.

Al final, para detener las discusiones, cada miembro del grupo tuvo que escoger su propia camiseta, y luego la camiseta afortunada se sacó de las grandes películas que quedaron. Bueller le había ganado a Indiana Jones, Cocoon y Volver al Futuro. Edward casi había cambiado su elección y se ponía un sombrero y látigo para la noche porque realmente le gustaba Indiana. Llamó a Bella una pequeña y sucia tramposa cuando resultó que Charlie quiso usar una enorme imagen de Falcor en su pecho. Charlie solo se encogió de hombros y dijo que le gustaban los perros y que Edward podía dejar de lloriquear. Su comentario solo le confirmó a Edward que ella le había jugado sucio, pero Bella le iba a dar bueno uso a las palabras de su padre para él.

Sí, deja de lloriquear, Masen.

Eres muy mal perdedor.

Las cosas que tengo que soportar por aquí.

Mini B estaba dando un giro tras otro detrás del sonriente Dragón blanco de la suerte en victoria.

"¡Eres una pequeña y sucia tramposa!" Le respondió.

Así que Edward y Jasper habían usado la idea de Bella para tratar de influenciar la elección de Carlisle—porque la selección de camiseta era un arte con el que no se debían joder en opinión de ellos—pero Carlisle los sorprendió al decir que quería ser el señor Miyagi. Ninguno de ellos pudo debatir por un segundo su elección, de modo que El Karate Kid se convirtió en la octava camiseta que completaba su conjunto.

Edward le dio bebidas gratis a cualquier persona que pensó que era un crimen que Indiana no fuera representado. No haces secuelas de películas que no fueron exitosas después de todo. La parte graciosa fue que no podía explicar por qué lo estaba haciendo sino solo les decía que era debido a su buen gusto y así lo dejaba.

Y, así empezó la nueva rutina del grupo en La Choza del Amor. Los días y noches eran largas, pero estaban juntos y felices, y amaban su nueva vida, sin nunca mirar atrás a lo que habían dejado en la ciudad de Nueva York.

"¿Ya llegamos?" Edward preguntó en su más irritante tono infantil posible.

Estaba sentado en el asiento del pasajero de Herbie, con los ojos vendados y moviéndose inquieto, mientras Bella conducía hacia una locación secreta para el amanecer. Su mente había sido un verdadero arcoíris por las últimas dos semanas, y ya que Edward sabía que su cumpleaños se acercaba, no estaba preocupado en lo más mínimo en saber por qué. Estaba feliz estos días y finalmente había aceptado que Bella no quería estar en ninguna parte otra parte más que ahí—con él.

"Ya casi," le dijo por décima vez.

"Estoy aburrido." Trató de no reírse.

Mini B empezó un striptease mientras Bella seguía el sinuoso camino costero hacia su apartada playa favorita.

Edward gimió. No debió tratar de molestarla porque ella siempre ganaba.

"Algunas personas simplemente no aprenden," reflexionó ella.

Edward se retorció en su asiento, y Bella se echó a reír, contenta de que la playa seguiría desierta a esta hora. No podría caminar junto a él con una furiosa erección como esa. Pensó en él con una ridícula erección demasiado grande como con la que lo había torturado en el restaurante con Carlisle todos esos meses atrás. Algunas imágenes eran simplemente demasiado buenas para olvidar.

"Basta. Eso no es gracioso," le dijo él, cruzando los brazos y pretendiendo hacer un puchero.

Bella sabía que por su habilidad de sorprenderlo, realmente empezaría a creer que los cumpleaños no podían ser tan malos.

Ya que nunca veían los espléndidos amaneceres dorados y rosas sobre el océano debido a sus largas noches, Bella había querido compartir un desayuno sorpresa en la playa al amanecer solo ellos dos.

Al estacionar el coche, lo rodeó y ayudó a Edward a salir. Agarró su mano y lo guio al inicio del sendero que conducía a través de una pequeña sección de suelo virgen hacia las dunas de arena más abajo.

"¿Confías en mí?" Le preguntó ella.

"En realidad no." Dijo él con una sonrisa engreída.

Bella soltó su mano y caminó los primero dos pasos por el sendero de tierra irregular.

"Oye, vuelve."

Tomándose un momento para concentrarse, Bella centró cada pizca de poder mental que tenía en recrear la locación exacta en su mente, con especial atención al suelo.

"Mierda. No estás sugiriendo lo que creo que estás sugiriendo, ¿verdad?" Preguntó él, algo maravillado de su increíble mente. Había recreado donde estaban parados hasta la última piedrita.

"Como dije. ¿Confías en mí?"

En lugar de responder, Edward dio un paso desde el estacionamiento de concreto sobre el sendero. Bella sonrió.

Te amo.

"Y yo a ti, o nunca haría esto."

Despacio pero seguro, sin tocarlo, Bella condujo a Edward por el pequeño sendero hacia la arena blanca inmaculada. Edward estaba sudando un poco para cuando sintió los fríos granos entre sus dedos. Eso había sido difícil. Su cerebro había querido decirle que se quedara quieto porque estaba ciego, pero su corazón sabía que de todas las mentes que podían guiarlo, la de Bella era la que lo haría a salvo. Nunca permitiría que se lastimara y lo había probado una y otra vez en las formas en que protegía su mente y espíritu todos los días. Y, una vez más, acababa de sorprenderlo al guiarlo perfectamente con su mente. Solo Bella, pensó él alegremente. Su vereda mental había sido perfecta, y él nunca titubeó.

Caminando por la arena hacia el suave susurro de las diminutas olas lamiendo delicadamente la orilla, Edward sintió de pronto una suave manta bajo su pie.

"¿Ya llegamos?"

La risita de ella respondió su pregunta.

Bella levantó su mano y le quitó el pañuelo de su rostro. Edward parpadeó a medida que resplandor del sol del nuevo día bañaba su rostro de una luz tenue y cálida. A sus pies estaba un festín de sus comidas favoritas tendido en una enorme manta de picnic. El brillante océano estaba a solo unos metros más allá de arena.

"Sorpresa número uno," le dijo ella, saltando un poco por la emoción.

Edward la agarró y la puso entre sus brazos. Le dio la vuelta, y juntos se quedaron de pie como las últimas dos personas en la tierra y observaron la gigante orbe dorada tomar forma al salir del reluciente mar.

"Feliz Cumpleaños, Edward," le dijo, mirándolo.

Él se agachó y tocó sus labios suavemente con los suyos una vez, dos, tres veces, antes de abrazarla con más fuerza entre sus brazos.

"Te amo," le dijo él.

"Siempre."

Sentándose en la manta, la pareja celebró con el banquete que la prima de Zafrina les había llevado. La vecina de Charlie era una amiga útil, sobre todo porque Edward no podía leerla.

Bella tenía planeadas las siguientes diecinueve horas hasta el último minuto. Este cumpleaños iba a ser uno que él nunca olvidaría.

Espero que funcione…

Vacío…

¡Ups!

Bella sonrió cuando Edward la miró de forma extraña. Su control mental era asombroso estos días, pero de vez en cuando, todavía se le escapaba cerca de él.

"¿Qué más tienes planeado para hoy?" Preguntó él.

"Tendrás que esperar y verlo por ti mismo. Ahora, come tu desayuno." Bella le arrojó una uva, y rebotó en su nariz hacia la arena.

Después que comieron, solo se quedaron tumbados en la manta agarrados de las manos por un largo rato. No se pronunció ni una palabra a medida que el sol subía poco a poco por sus cuerpos. Solo disfrutaron de la compañía del otro y del total y perfecto silencio.

Sintiendo que su corazón iba a estallar, Bella no pudo soportarlo más. Por más relajada que le pareciera a Edward, su mente se disparó como un cohete atravesando la atmosfera—y girando ciegamente fuera de control. Bella se puso de pie y le tendió a Edward su mano una vez más. Lo levantó con ella.

"¿Me acompañas a caminar?"

Le señaló más allá en la playa hacia el punto arenoso que se extendía dentro del mar. A todos ellos les gustaba visitar esta playa en particular porque los turistas nunca iban ahí. El extraño local era la única otra alma que te encontrabas ahí. Emmett se había reído como un niño la primera vez que la descubrieron porque había un punto estrecho de arena que sobresalía hacia el mar, y él pensó que se parecía a un pene—una gran erección arenosa.

Caminando agarrados de las manos a lo largo de línea de agua, llegaron hasta la punta. Daba la impresión de que estuvieran parados en medio del océano mientras el agua lamía la arena a ambos lados, abrazando la delgada franja de arena.

"Emmett va estar encantado de que visitamos la "punta" de la isla en mi cumpleaños," dijo él con una suave risa.

Bella se veía como si fuera a vomitar.

¡Oh por amor de Dios!

Nunca me dejará olvidarlo.

Estúpidos hermanos adoptivos.

No te arrepientas ahora, Swan.

¡Hazlo!

Tomó una respiración profunda, sabiendo que Edward no había visto ninguno de sus recientes pensamientos porque ella sujetaba sus manos como un salvavidas, y encaró al hombre.

"¿Estás bien?" Preguntó él, tratando de aflojar sus dedos.

"Lo siento."

Bella siguió agarrando sus manos, solo que no con tanta fuerza, antes de ponerse de rodillas frente a él.

"¿Qué estás haciendo?" Le preguntó, cerniéndose sobre ella. "Ya eres bastante bajita de por sí. Ven aquí." Trató de tirar de sus manos.

"Necesito preguntarte algo," respondió ella nerviosa.

"Bueno, está bien, pero no puedes hacerlo allá abajo," le dijo, poniéndose de rodillas en la arena húmeda, imitando su posición.

Bella se vio un poco exasperada, pero pasó. Su rostro se relajó de nuevo, y le sonrió a él.

No tienes idea, ¿verdad, Masen?

Bella sabía que todavía no podía ver su pregunta, pero la hizo relajarse un poco.

"¿Qué, cariño?" La animó a hablar.

"Edward Masen, hace trescientos sesenta y seis días me encontraste."

Bella contaba los días que Edward y ella habían sido una pareja desde el día que él la encontró en el hospital. En su mente, ese era su aniversario. Edward, sin embargo, contaba el día que ella entró al bar y sacudió su mundo con su increíble mente como la fecha en que se habían unido.

"Desde ese día hemos estado en una aventura increíble e inesperada. Algunas veces no puedo creer que solo ha pasado un año. Han sucedido muchas cosas, y siento como si siempre hubieses estado en mi vida. Mi vida antes de ti es como un sueño extraño y confuso." Le sonrió, y una lágrima apareció en la comisura de su ojo.

"Te amo con todo mi corazón, mi cuerpo y mi "brillante" mente. Quiero compartir contigo cada una de las aventuras que se presenten de este día en adelante," le dijo ella. "¿Te casarías conmigo?"

Edward parpadeó—repetidamente. Abrió su boca para hablar dos veces pero no tuvo palabras. Lo había hecho de nuevo.

En sus primeros treinta años, lo único que lo había sorprendido era cuán bajo podría llegar la gente. En el año y medio que ella había estado en su vida, lo sorprendió en formas que nunca imaginó que fueran posibles. Si alguien le hubiera contado de esta mujer antes de conocerla, les hubiera dicho que era un ingenuo producto de su hiperactiva imaginación.

Su mente, sus obscenos y sensuales pensamientos, su confianza en él, su perdón cuando él no había hecho nada para merecerlo, su amor cuando él la había herido, su habilidad de bloquearlo, su habilidad de protegerlo con un escudo de asombrosa belleza, el primer regalo sorpresa que él había recibido en su vida, su primera fiesta sorpresa eran solo el principio. Su pervertido lado sexual, su amor y afecto infinitos, la forma en que conocía sus secretos sin que él se los dijera, la forma en que lo hacía reír, su sorprendente habilidad de lidiar con lo que sea que la vida le lanzara, y finalmente esto—su propuesta de matrimonio sorpresa—eran más de lo que él hubiese creído posible.

OH.

DIOS.

MÍO.

No quiere casarse conmigo…

El diminuto gesto que frunció la frente de Bella fue lo que sacó a Edward de su estupor.

Antes, el corazón de Bella quería estallar por lo rápido de sus latidos, pero ahora no lo sentía latir en lo absoluto. Se sentía como si se hubiese detenido—como si estuviera muerto.

"¡SÍ!" Gritó él, abalanzándose a ella tan rápido que los derribo a ambos sobre la arena húmeda. "Sí. Sí. Sí," le dijo antes de darle el beso de su vida. Cuando sus labios encontraron los suyos, su contacto reinició su nervioso corazón. Sintió que voló con las alas del júbilo por lo amada que se sentía en ese preciso momento.

Edward había dicho que sí.

Él iba a ser suyo por siempre.

Y para siempre.

Edward seguía repitiendo su respuesta entre besos. Cada vez que sus labios dejaban su piel por un segundo, lo decía antes de antes de pegarse a otra parte de ella. Se quedó encima de ella atacándola con amor y felicidad porque era la única forma en la que él podía expresar cómo se sentía. Ella podía ver cuán eufórico estaba él en ese momento, y él quería que ella entendiera lo que esto significaba para él.

Bella soltó una risita cuando la ligera barba en su barbilla le hizo cosquillas en la parte inferior de su cuello. Edward entonces empezó a hacerle cosquillas en sus costillas al sentir que su felicidad se desbordaba, y la risa y chillidos de alegría de ella saturaron la vacía playa.

Después de unos minutos, él cesó su ataque y la miró, cerniéndose sobre su cálido cuerpo. Se quedaron sonriendo el uno al otro, solo sintiendo el momento.

"Te amo," le dijo él, besándola suavemente una vez más.

"¿No te incomodó que yo haya hecho la pregunta?"

Hizo una cara absurda, frunciendo el ceño como si ella estuviera completamente loca.

"Tontita, por supuesto que no. El que tú me lo preguntes significa que en verdad, que realmente quieres estar conmigo."

"Edward, siempre he querido estar contigo—lo sabes. Solo sabía que nunca me lo preguntarías. Sé que en el fondo todavía piensas que no eres bueno para mí," admitió ella.

Él la besó otra vez. Ella conocía sus más oscuros secretos pero aun así lo quería. Bajando su blusa lo suficiente, plantó un beso sobre su corazón. Edward la besaba ahí a menudo. Aunque la marca de las puntas que habían perforado su piel hace mucho se desvaneció, ninguno de ellos lo olvidaría en realidad, y Edward esperaba que cada vez que besara ese lugar, los dos se sentirían mejor por ello.

La miró por un momento más.

"Me gustaría pensar que algún día habría encontrado el coraje, pero si yo lo hubiera hecho, siempre me hubiera preguntado si habría alguien mejor para ti. Pero de esta forma, sé que me quieres a mí. Tú—me quieres—a mí. Por siempre. Para siempre. Justo como soy." Besó su nariz, y ella se acurrucó en su pecho al mismo tiempo que él la arropaba con su cuerpo mientras el agua lamía sus pies.

"Justo como eres," dijo ella.

"Quieres que sea solo-yo," le dijo, antes de besarla una y otra vez.

"¡Sí! Al fin, lo entendiste. Solo tú—justo como eres." Bella le sonrió.

Edward Masen había luchado contra sus demonios y ganó. El amor de Bella y su aceptación al fin habían curado su cancerosa aflicción y liberado su alma. Él podría al fin—con ella a su lado por el resto de la eternidad—ser solo él.

El Fin.


(1) The Love Shack – el nombre original de la canción que los inspiró para poner el nombre al nuevo bar 'La Choza del Amor' en español :)


Y a la una, a las dos y a las…. Awwwwwww *SUSPIROS* Qué tiernos estos dos, al fin Edward entendió que podía ser feliz al ser él mismo y tener el amor de Bella. Espero que hayan disfrutado del capítulo, toda la banda está junta y todos están poniendo su granito de arena para ganarse la vida en la isla. ¿Alguien quiere un Daiquirí de La Choza del Amor? ¿Les gustó cómo concluyó Foxxy la historia? A algunos tal vez les parezca raro la pedida de mano de Bella, pero como lo dijo ella, Edward nunca lo hubiera hecho. Lo hubiera tomado como una forma de amarrarla a él y que se quedara solo por compromiso. El que ella se lo pidiera le demostró que ella realmente quería estar con él. Todavía bastante inseguro nuestro barward. Pues ahora espero sus comentarios, me encantaría saber qué les pareció. Recuerden que no cuesta mucho decir 'me gustó' 'me hubiera gustado ver xxx' o un simple 'gracias', siempre me hacen sonreír con sus palabras.

Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Laura Katherine, Marttha Cullen Dollanganger, lulycullen19, paansaro cullen swan, paosierra, Cathaysa, YessyVL13, Roxy Sanchez, liduvina, Antonia, Hanna D.L, Antastacia T. Crawford, Gabriela Cullen, Brenda Cullenn, Angel twilighter, ROSIBEL, Monica1602, Shikara65, Jane Bells, Merce, Manligrez, cary, Pauliii, Bertlin, patymdn, Marta Salazar, lagie, Adriu, bbluelilas, Tata XOXO, tulgarita, catabeauvoir, Sei, Wawis Cullen, lizdayanna, Yoliki, ginnicullenswan, freedom2604, carol, nelsy, Sully YM, rosy canul, glow0718, injoa, Ericastelo, Pam Malfoy Black, Mafer, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en uno de los outtakes.