Al día siguiente, Henry y Regina pasaron a buscar a Emma cuando el sol estiraba sus primeros rayos. La morena había cambiado su mercedes por una camioneta 4x4, lo que hizo pensar a la sheriff que no irían a un lugar de fácil acceso. Sonrió, no debería haber esperado otra cosa de la reina.
-Buen día, alcaldesa – Saludó la rubia subiendo al asiento del copiloto tras dejar en el baúl su equipaje.
-Shhh, Henry duerme – Señaló hacia atrás.
-¿Recién subo y ya me está callando? – Susurró fastidiada, poniéndose el cinturón de seguridad.
-Usted es una molestia desde el primer momento, señorita Swan – Devolvió, con una leve sonrisa divertida que Emma no pudo ver, en cambio refunfuñó y se acomodó contra la ventanilla en un acto que Regina identificó como típico de su hijo.
Giró la llave y el motor se encendió con un suave ronroneo, saliendo rápidamente del pueblo que aún mostraba sus calles desiertas. El suave deslizar de las ruedas sobre el asfalto se convirtió en un bálsamo para Emma quién no pudo evitar sumirse en un sueño profundo. Cuando volvió a despertar el sol estaba en lo alto de un cielo completamente despejado. A su lado, Regina se encontraba absorta en la carretera, tarareando una canción francesa que sonaba en la radio. Emma no sabía si seguía durmiendo o de verdad estaba presenciando esa imagen, sin embargo tuvo dos revelaciones: a Regina le sentaba estupendamente estar relajada y el acento francés parecía su segundo idioma. Movió su cabeza tratando de despejarse, esos pensamientos no eran normales en ella, no volvería a saltearse su café matutino, por las dudas.
-¿Mamá? – Sonó la voz de un adormilado Henry desde el asiento trasero, llamando la atención de la morena quien descubrió a Emma observándola intensamente.
-¿Si, cariño?
-Me desperté – Avisó, ahogando un bostezo.
-Ya veo ¿Querés desayunar? – La sonrisa se le notaba en el tono de voz, nada quedaba de la Reina Malvada frente a su hijo.
-Sí, tengo hambre. ¿Ya llegamos?
-Por cierto, ¿A dónde estamos yendo? – Interrumpió Emma traída a la realidad por Henry. No había hablado con Regina luego de irse de su despacho y no tenía idea acerca del lugar al que se dirigían.
-A buena hora se acuerda de preguntar, señorita Swan. Si así se preocupa por usted, no quiero ni pensar en cómo podría cuidar del pueblo. Debería empezar a buscarle un reemplazo, a esta altura podría estar muerta o secuestrada si quisiera.
-Muerta quizás pero ¿Secuestrada? Dudo que su majestad quiera secuestrarme y pasar obligadamente tiempo conmigo – Respondió con sorna.
-En eso le doy la razón – Apuntó la morocha.
-Por favor, no peleen – Intervino Henry – Y denme comida.
-Los modales, príncipe Mills – Regina le envió una mirada severa a su hijo a través del espejo retrovisor – Abrí el bolso que está detrás de mi asiento, agarrá tu desayuno y dale el suyo a tu madre, por favor – Ordenó.
Emma recibió sorprendida una taza térmica con café caliente y unas tortitas de chocolate y manzana que parecían recién salidas del horno. Por varios minutos el auto volvió a sumirse en silencio, esta vez producto del placer que estaban disfrutando madre e hijo alimentándose.
-¿Puedo dejar de tratarla de usted? – Inquirió Emma, en una pausa de tortitas.
-Puede, pero que no se le haga costumbre.
Emma giró los ojos ante esa respuesta.
-¿Dónde compraste el desayuno? Nunca probé esto en Grannys.
-Porque no son de allí – Su voz tenía toques de autosuficiencia – Las hice yo misma esta mañana.
-¿En serio? – Emma se giró para observar a Henry que asintió despreocupadamente, terminando su chocolatada – Wow, debo admitir, me sorprendiste. Son las mejores que comí – Halagó – Podrías dejar la alcaldía y dedicarte a la repostería, ¿Sabes?
Regina rio ante esa perspectiva, Emma la secundó.
-¿Y quién llevaría el pueblo? – Negó con la cabeza – Cualquiera puede hacer tortitas pero no cualquiera puede llevar adelante ese lugar de locos.
Esta vez fue Emma quien tuvo que darle la razón.
-Entonces tortitas sólo para mí.
Regina apartó brevemente los ojos de la carretera para dedicarle una ceja alzada a Emma, que se encogió de hombros como toda respuesta.
-Y para mí – Intervino Henry, que había terminado de desayunar y estaba concentrado en su tablet.
-Serán todas para vos, cariño – Le respondió la reina, sacándole la lengua a una sorprendida y enojada Emma – Quiero creer que trajiste otro pantalón ¿Verdad? – Su ceja alzada, amenazante.
-Eh… Yo… -Emma balbuceaba, buscando ayuda en Henry que sólo se encogió de hombros.
Regina bufó.
-Me lo imaginaba. ¿Es que ahora tengo dos hijos?
-No tengo intenciones en ser tu hija, bastante traumático fue descubrir que era hija de Blancanieves como para aceptar que me adopte la Reina Malvada.
-¿Y de qué tenés intenciones? Si se puede saber.
Emma no estaba segura si se lo había imaginado o esas palabras realmente fueron acompañadas por una mirada de Regina hacia su entrepierna. No podía ser ¿No? Se removió nerviosa en su asiento, sintiendo unas leves y desconocidas puntadas en su miembro. No, por favor, ahora no. ¡No quiero tener mi primer erección en un auto con Regina, si se da cuenta las próximas tortitas las va a hacer con mis sesos!.
-¿Emma? – Su voz había sonado suave y provocativa.
Oh, por un demonio… La rubia revoleó los ojos, empezando a sentir la dureza bajo sus manos.
-¿Si? – Apenas susurró la sheriff, llamando la atención de Regina que la observó con infinita curiosidad.
-Ya tenías pocas cualidades, ¿Ahora también perderás la de hablar? – Se burló la reina, sin embargo no obtuvo una réplica irónica como siempre. ¿Qué estaba pasando? Observó más detalladamente el cuerpo de Emma. Sus hombros estaban en tensión, sus brazos alargados con los músculos marcados y sus manos… Oh, sus manos tapaban una… ¿Erección? Regina se removió en su asiento, preguntándose qué le habría provocado eso a su acompañante.
Emma carraspeó y la devolvió a la realidad donde tenía que mirar la carretera si no quería que se estrellaran todos contra algún árbol. Y más importante, la rubia la había descubierto mirándole fijamente la entrepierna.
La morena dobló en la ciudad que se aparecía frente a ellas y se internó en el tráfico del lugar hasta divisar un shopping y frenar frente a él.
-Haremos unas compras, no pienso estar un mes entero viendo ese horrible pantalón – Ordenó, con un tono de voz más grave de lo que le hubiese gustado.
-¿Puedo ir a los juegos mientras? – Preguntó un entusiasmado Henry.
-Sí, cariño, cuando terminemos te iremos a buscar – Apenas pudo terminar de hablar que su hijo ya estaba camino a la puerta del centro comercial - ¿Estás lista para bajar? – Preguntó haciendo referencia al problema que la rubia tenía entre manos.
-Esto es vergonzoso – Se pasó las manos por el cabello, sin darse cuenta de que así dejaba a la vista su abultado pantalón.
Los ojos de Regina se fueron hacia allá como magnetizados. Un escalofrío le recorrió toda la espalda y sintió su boca repentinamente seca. Lamió su labio inferior.
-Eh... Eso no… Eso no ayuda, Regina – Emma se acarició la nuca, desesperada por estas nuevas sensaciones. Quería llevar la pelvis hacia arriba, frotarla con algo. Contra alguien, dijo su mente.
-Oh, lo siento, señorita Swan. -¿Eh? ¿Me mira la… entrepierna y luego me habla así? – La esperaré afuera.
Y Regina se escabulló del auto como si el mismísimo diablo estuviera dentro de él.
-Perfecto, Swan, un comienzo realmente perfecto – Se quejó Emma mirando su erección.
Varias respiraciones después, decidió que no podía quedarse dentro de la camioneta todo el día y salió a encontrarse con una ensimismada reina.
Sin hablar, la morena la guio por varias tiendas de ropa, haciendo que se probara más jeans de los que había tenido en su vida.
-¿En serio Regina? ¡¿Cinco skinnys necesito?! – Exclamó indignada Emma, saliendo de una tienda con las manos llenas de bolsas – En mi vida tuve tantos pantalones.
-En tu vida tuviste tan buen gusto como lo que te acabo de comprar – Se jactó.
-¿Y cinco jogging skinnys? – Habló sin escuchar a la morena – ¡Ni siquiera entiendo por qué toda la ropa es ajustada cuando sólo quería usar pantalones anchos como una casa!
-Bueno, querida, para un atributo que tenés hay que resaltarlo – Se encogió de hombros.
-¿Y qué voy a hacer con los quince bóxer? ¡Es un pene temporario! – La gente se volvió hacia ellas, mirándolas como si les hubiese salido una segunda cabeza.
Regina seguía caminando sin prestarle la menor atención, estaba acostumbrada a esos estallidos por su hijo.
-Me gustaría algunas musculosas, tus brazos también se ven muy bien – Hizo el amago de entrar a otra casa de ropa, sin embargo un brazo la detuvo. Giró su cabeza y se encontró con Emma bastante más cerca de lo recomendable. Una de sus cejas se levantó automáticamente.
-De ninguna manera, tendrá que bastarte con mis camisetas. No sé qué estúpido juego es este pero no soy tu sex toy.
-¿Sex toy? ¿Quién habló de sexo? – Regina sonrió divertida, poniendo nerviosa a la rubia.
-No quise decir… Bah, da igual. Voy a buscar a Henry, te vemos en el auto.
-Huya, señorita Swan, huya – Se burló la alcaldesa, entrando finalmente en el local.
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Ey! Son los mejores :) gracias por los comentarios, favoritos y todo eso. Voy a admitir que actualicé rápido por sus palabras, siempre es más divertido escribir sabiendo qué piensan o sienten los que leen. ¿Qué creen o les gustaría que pasara? Un mes da para mucho! Nos leemos pronto :D
