Austria... ahora con el pelo largo como su padre atado en una cola baja no vive en las montañas como Suiza, si no en su palacio de gobierno, que es un palacio austero y frío, porque no es un país rico ni tiene una nobleza muy potente, pero al menos puede ser un señor feudal y vivir de lo que los campesinos aran en la tierra a cambio de protección militar.
Suiza tampoco vive rodeado de dorados ni va de tacón con un montón de joyas... Pero sí trae a la moda de la época un solo anillo incrustado en oro, un bastón con la manija de plata y un traje de esos que compran clientes... Al igual que un sobrio carro de rápidos caballos.
Desde luego, Austria sí intenta aparentar tener todo lo que no tiene, a pesar de tener que pagar un diezmo de las cosechas regularmente a Suiza para poder mantener su estatus, lo que lo hace tener que visitarle para ello como si fuera a venderle leche.
Suiza no deja de ponerse muy nervioso cada vez que le visita, y aunque sabe que podría condonarle a el pago del diezmo, deliberadamente no lo hace, contando todas y cada una de las monedas que le lleva.
Y no sólo eso, cada año le sube un poco más, y suele pedirle cuentas de todo "si se ha podido comprar esa capa nueva que trae, es que puede pagarme un poco más por mis excelentes servicios..."
Así que cuando su único... ÚNICO sirviente (prácticamente un esclavo niño huérfano) le anuncia quien es, se tensa completamente pero no tiene más remedio que hacer que lo dejen pasar, yendo igualmente a buscar sus ropas más caras para tratar de parecer como mínimo a la altura del suizo y no tan por debajo... aunque secretamente agradece que no use tantos ropajes y joyas haciéndole esa parte más fácil.
(Aunque sospecha que lo hace sólo porque le considera un desgraciado que se esfuerza demasiado, como si le diera una satisfacción por beneficencia.)
Pobre Veneciano… No es Veneciano, Veneciano vive con Suiza... o con Francia o España o incluso Prusia si Suiza no le quiere.
¡Anda! Puede vivir con Suiza, hombre, si son amiguis. Cielos, el mundo sería muy distinto con Veneciano viviendo con Suiza, dafaq. Austria no puede mantenerle e igual España no fue por él, fue Francia quien fue por Suiza... Así que los italianos debieron quedarse con Suiza o con España.
Suiza se sonroja y se esconde en el pelo de Austria al plantearse esa premisa, abrazándole un poco más fuerte agobiado repentinamente al notar que Veneciano debería vivir con él, igual que Francia. Viviendo en la opulencia en un mundo súper raro... Sin Austria, porque Austria no quería vivir con él.
Francia y España se los habrían dividido, seguro Francia se habría quedado a Veneciano y España a Romano.
Si sigue o no viviendo con Francia es cosa de Suiza. Sí, SEGURO. Y Suiza debía "pelear" por Sacro Imperio con Prusia.
—Yo no creo que siguiera yo viviendo con France mucho más tiempo de no ser estrictamente necesario... —susurra Suiza pensando que Francia se tira a todo el mundo y a quien quiere es a Inglaterra...
Seguro Suiza se dividió a sí mismo y con él a Veneciano en Cantones, y le trata como si fuera Liechtenstein. Pensando, por cierto, en dividir igualmente a SIR en cuanto Prusia deje de hacer el payaso con eso de sus aires imperialistas.
El caso es que Austria está prácticamente siempre al borde de convertirse en un cantón más, si es que no lo es ya de algún modo, pero sospecho que recibe ayuda de algún lado, de los enemigos del Sacro Imperio y de Suiza siendo demasiado fuerte.
Como los otomanos, o Hungría o tal vez del mismo Prusia. Suiza piensa secretamente que esta historia le gusta un poquito.
Ya dejará de gustarle.
Tal vez Inglaterra sea el que le ayude más porque Francia está del lado de Suiza. A nadie le extrañaría que Inglaterra fuera el que le ayudara. Inglaterra que debe ODIAR a Suiza.
Suiza suspira porque no se puede tener todo en esta vida.
De hecho, si Austria e Inglaterra no fueran tan sajones los dos... de hecho, debe pasarle un poco como con Alemania. Francia hace los ojos en blanco y le asegura a Austria que no duraría ni cinco minutos.
¡Jum! Eso dice él, habría que verlo. Pero estábamos hablando con Suiza así que... *gesto de "desaparece"* qué además hoy estamos delicados aún con este tema Suiza-Francia.
Suiza le da otro besito tranquilizados en la cabeza.
Bueno, el caso es que Austria se viste... ¡Él solo! Corriendo mientras piensa en si le faltó algo de pagar del último diezmo, aunque está seguro que no, ni tampoco ha ido a solicitar ningún préstamo. Debe muchísimo dinero a todo el mundo pero NO a Suiza. Se niega completamente a sentarse ahí a discutir cuestiones económicas más allá de las estrictamente imprescindibles con él, que bastante humillante le parece ya tener que hacerlo.
Y en definitiva, tratando de deducir, si no es por eso a qué exactamente a ido, antes de presentarse frente a él. Y más aún, lamentándose que haya venido en vez de haberle hecho llamar porque por mucho, mucho prefería las juntas en Berna que en su casa en Wien, que le parecía simplemente no lo bastante grande, limpia, ordenada y rica para lo que sentía que debía ser.
Suiza espera a Austria en el salón, sentado en el sillón principal, mirándolo todo y pensando que Austria por más que quiera, no puede ocultar su pobreza, para empezar, porque el fuego no está lo bastante fuerte. Se acurruca entre sus pieles oscuras y le da un traguito a una copa que ha pedido que le traigan.
Baja por fin después del tiempo estrictamente necesario porque su situación no le permite jugar a enfurecer a Suiza ahora, pasándose una mano por el pelo con el ceño fruncido.
El suizo mira a la puerta en cuanto entra y hace los ojos en blanco... Ejem... Sonrojándose un poco igualmente. Porque joder con este hombre, conseguía verse bien incluso de haber vestido harapos. Austria se acerca a él, con la barbilla levantada y gesto de enfado... pero muy tirantemente, se obliga a sí mismo a hacerle una pequeña reverencia
—Sabes que odio que me hagas esperar.
Austria cierra los ojos con solemnidad sólo que para evitar hacerlos en blanco.
—Siéntate —pide directamente y se sonroja un poco más moviéndose en su sitio —. ¿Te hace falta leña?
El anfitrión le mira de reojo y aparta una maldita silla de madera de la mesa porque butaca no hay más que una.
—Nein.
—Hace frío aquí, puedo enviarte una poca. No hace ninguna falta que pases frío.
—No estoy pasando frío. Wolf, pon más leña al fuego —ordena en un tono severo para su esclavito.
Y ahí va el nombrado a hacer lo que le han dicho... a sabiendas que además Austria está de un humor de perros y va a pagarlo él luego. Suiza le mira hacer y niega un poco con la cabeza.
—¿Y a qué debo el placer? —pregunta intentando acabar rápido con esto, en un tono adecuado para que la frase acabara con algo como "de que me arranquen los ojos y me abandonen en la agonía". Suiza se sonroja levemente otra vez y mejor le da otro trago a la bebida que le han dado.
—Son varias cosas.
El menor se humedece los labios con un sarcástico "qué bien" bailándole en los labios que nunca acaba de salir de ellos.
—Primero, está el aumento de precios de este año que aún no hemos discutido.
—La reunión estaba planteada para primero de mes como habitualmente.
—Ja, pero he tenido que venir antes a Wien y pensé pasar a verte.
El austriaco suspira profundamente y... trataría de fingir una sonrisa pero sabe que le saldría tremendamente sarcástica. Suiza se pone el pelo tras la oreja y se sonroja un poco más.
—Verás... Hay un... Evento. Un concierto. Quiero que toques.
—Was? —le mira directamente.
—Un concierto.
Y se lo plantea por un segundo realmente, volver a tocar... música, como cuando era pequeño. Siente que hace mil años que no toca, porque tiene un laúd, sí que lo tiene, uno medianamente caro que compró a base de ahorrar y ahorrar durante un año... y que de todos modos tiene guardado y rara vez puede tocar con todo lo que implica estar yendo y viniendo de todos lados con escasos recursos y escaso equipaje.
Tampoco es la primera vez que ve esos instrumentos raros que hacen los italianos y que más de una vez hubiera querido hablar con ellos al respecto. Había oído tocar al niño italiano ese de Francia alguna vez y sentía que tenía un enorme potencial... sólo si alguien se tomara un segundo en imponerle un poco de disciplina y atención en vez de dejarlo ser. Pero también sentía que necesitaba eso mismo para sí y la música que a veces se le ocurría en su mente.
—Lamento tener que declinar la oferta.
—¿Cómo vas a declinarla? Se te pagaría.
Se humedece los labios mirándole intensamente considerando bastante ofensivo que insista porque lo que siente es que le falta tanta practica que no sería capaz de estar a la altura y todo resultaría un ridículo desastroso.
—No necesito tanto el dinero y tengo abundantes quehaceres.
—Pues vas a tener que detenerlos porque hay un concierto y no tengo otro músico y yo sé perfectamente bien que tú puedes hacerlo bien. Te traeré el instrumento que requieras.
—No soy el músico del imperio, ni puedo detenerlos. Ni tampoco puedo aceptar un instrumento que me sitúe en deuda contigo sólo por tu capricho.
—Pero es una cosa que te gusta hacer y es una buena oportunidad para hacerla.
—No es como que estemos en términos de que me hagas favores y yo los acepte tan felizmente agradeciendo tu benevolencia —responde duramente.
—Creo que estamos en términos en los que la idea de hacerme a mí un favor no te resultará tan mala, Österreich.
—Aun así estaré encantado de asistir y pagar mi entrada si me informas de cuando es.
Suiza le mira fijamente porque no es eso lo que quiere.
—Es en Marzo. Vamos a tener que subir aún más la cantidad que cobro o cobrar un par de horas extraordinarias, si es que voy además a tener que pagar a otro sólo por tu capricho.
—No es mi capricho, es tú concierto —aprieta los ojos porque se resiste a decir que lo que pasa es que no se ve capaz.
—Es mi concierto, y tú puedes tocar en él a cambio de un pago y un instrumento musical. Ahora dime cuál es el problema de ello.
—Deja que piense en ello —se humedece los labios —, te mandaré un mensajero con la respuesta la semana entrante.
El suizo se revuelve un poco y le mira a los ojos y es que no tiene IDEA de cómo acercarse un poco más a él hasta hacer esto algo... Físico.
Austria, desde luego, ahora está con la idea de tocar de nuevo, sintiendo cosquilleo en los dedos al pensar en cómo se sentirían las cuerdas del laúd bajo sus dedos. Tal vez podía pedirle uno de esos violines que sonaban tan elegante y venían con un arco... sonaban mucho mejor que el laúd pero no sabía tocarlos y además eran condenadamente más caros.
O tal vez un órgano como el de la catedral. Ese sí sabía tocarlo y en realidad no le vendría mal uno nuevo para la de Wien... eso sí sería caro y valdría la pena, pero no estaba seguro que pudiera convencerlo de que el instrumento que requería para su concierto tenía que ser un armatoste de mil kilos que media quince por quince metros y que iba a estar adecuadamente empotrado en su catedral.
—¿Qué vas a hacer ahora?
—¿Hacer de qué?
—En general. ¿Qué cosas tienes que hacer?
—Es mejor que el señor de las tierras no se preocupe de esas minucias —podría sonar a algo muy bonito, pero es bastante tenso.
—Bueno, no me preguntaré por eso entonces. Levántate que nos vamos.
—Was?
—Lleva una capa gruesa que hace frío —se levanta.
—¿A dónde vamos?
—A ver esto del concierto. Tienes que ver dónde es y qué instrumento podrías tocar.
—Nein, he dicho que te daré una respuesta la semana entrante, no puedo ir a Bern ahora.
Suiza hace los ojos en blanco.
—Me has dicho que no me preocupara por esas minucias. Bien, entonces levántate y vámonos que quiero que vengas conmigo —porque yo no tengo IDEA de cómo organizar esto y tú seguro sabes mejor que yo.
—Estoy pendiente de la visita de alguien más, sería una descortesía partir ahora. Te ruego que en la próxima ocasión me avises con más antelación.
—¿Visita de quién puede ser más importante que esto, Österreich? No nos llevará mucho tiempo.
—Nos llevará tiempo de ir hasta Bern y volver.
—Pues cancela eso que tienes que hacer, esa persona que va a venir. ¿Quién es?
—No puedo nada más mandar un mensaje a alguien que viene de lejos para decirle que nada más no estaré.
—Bien. Lo esperaremos y luego vendrás conmigo —se cruza de brazos.
—W-Was? —vacila con eso porque... no sabe a qué hora es que va a llegar, desde luego e implica que se va a quedar aquí aguantando seguramente una charla laaaaarga por todas las horas que queden sobre maldito dinero y presupuestos.
—Estoy seguro de que encontraremos algo que hacer —carraspea y se sonroja mucho más.
Ojos en blanco, aun pensando en que va a querer revisar sus libros de contabilidad desde aquí hasta como... la caída del Imperio Romano. Y la verdad es que no podrían ser un mayor desastre, porque no tiene una obsesión compulsiva con apuntar todo en lo que gasta ni todo el dinero que entra como ya quisiera Suiza.
De hecho tendrá suerte si encuentra algo escrito en él del último trimestre, que desde luego aún no ha preparado porque el encuentro a principios de semana, no hoy. Esto es como una maldita auditoria. Y casi como si le leyera el pensamiento...
—Venga, saca tus libros que los ponemos al día —Suiza y sus fabulosas ideas. El menor aprieta los ojos.
—No están... no están al día.
Suiza suspira y le medio fulmina.
—¿Crees que no lo sé?
—No, es que no te imaginas como de no al día están —se pasa una mano por la cara y el rubio bufa un poco.
—Pues más trabajo aún para nosotros. Sácalos.
Austria toma aire profundamente otra vez y llama a Wolf para que vaya a por ellos. Suiza sonríe un poco de lado conforme con esto. Se cruza de brazos y se hace un buen silencio tenso hasta que llega el chiquillo con los libros.
—A ver, ven a sentarte aquí a que me expliques.
—Es más cómodo hacerlo en la mesa —responde Austria cuando Wolf se los deja delante con una mirada cargada de sentido.
—En la mesa —susurra Suiza pensando en todo menos en revisar los libros. Aprieta los ojos porque esto no lo sabe hacer esto PARA NADA.
El moreno aprieta los ojos también, riñéndose a sí mismo, porque cree que el problema de Suiza son las bastas sillas de madera.
(Suiza que, no es por nada, tiene unas de esas parecidas en su casa. Porque la realidad es que a pesar de todo, su casa no deja de ser bastante simple.)
—Nein, ven a sentarte aquí a mi lado —pide, y esta vez lo pide con cierta suavidad.
Austria le mira y frunce un poco el ceño, porque es una butaca individual. No esperará que se siente en el suelo o algo parecido... Aun así, toma los libros y una de las sillas llevándolas hasta ahí él mismo.
—Nein, nein. Cabemos los dos aquí —susurra sonrojadito.
El moreno le mira fijamente, deteniéndose. Suiza decididamente no le mira haciéndose a un lado para que pueda entrar ahí mismo en la butaca.
—Es una butaca individual, Schweiz —le recuerda fríamente, porque sí, no tiene un sofá grande ni un diván ni nada parecido.
—Ja. Es lo que hay. ¿Te sientas o qué? —se aparta un poquito más. El austriaco vuelve a arrastrar su silla porque le parece más digno —. Nein, Österreich. Mein gott —hace los ojos en blanco irritado porque bastante difícil ya es esto.
—No vamos a compartir asiento como si fuéramos criaturas.
—Tampoco tendríamos por qué revisar tus libros como si fueras tú una criatura.
—Entonces no lo hagamos.
—Ja, sí que lo haremos, ahora ven y siéntate aquí que tienes bastante espacio antes de que me enfade de verdad.
Se humedece los labios con la amenaza y acaba por... tener que acceder, pues qué remedio. Así nos gusta, buen chico. Suiza se sonroja un poco más porque sí que está muy cerca, mucho más cerca de lo que han estado hace décadas.
Austria se acomoda como puede, aunque en realidad está demasiado fastidiado pensando en que está intentando humillarle como para darse cuenta de la cercanía. El suizo se tiene que mover para que el libro no se le caiga encima al austriaco y lo lastime, demasiado preocupado con la cercanía como para darse cuenta del fastidio.
Cuando por fin se ha acomodado Austria lo mejor que puede, le mira, provocando que el mayor se sonroje aún más, revolviéndose un poco.
—Was? —nota por primera vez el sonrojo y que su corazón se está acelerando.
—¿A-A qué te refieres? —levanta un brazo y lo pone tras él como solía hacerle Francia. Sólo que a Francia le salía súper natural... A él le salía súper torpe.
Mira el brazo de manera súper acusadora, frunciendo el ceño. Suiza se sonroja y lo medio recoge quedándose a la mitad.
—¿Qué estás haciendo?
—¡Intento ponerme cómodo para ver el desastre de libro que tienes! —chillonea sonrojándose más con el tono acusatorio.
—Estarías más cómodo en la mesa.
—¡Pues no quiero estar en la mesa! —justo porque se ha puesto a medias es que, en lo incomodo de su posición, le pone la mano a media espalda.
Ojos en blanco y se echa para atrás, apoyándose en el respaldo y atrapándole la mano. El de ojos verdes levanta las cejas sin esperar esto. Austria le mira, desde ahí, cero preocupado en la mano, aunque la nota a su espalda.
—Ehm... Bueno... E-Explícame entonces qué es lo que te falta.
Austria levanta el brazo y apoya el codo en el respaldo junto a la cabeza de Suiza, pero en vez de estirar el brazo hacia él, lo dobla hacia sí apoyando la cabeza en su propia mano. Luego hace un gesto con la otra para que abra el libro. Lo hace y le mira de reojo volviendo a pensar que... es guapo, mucho, y eso es difícil. Mucho.
—Deberías mantener esto al día —le regaña dentro de lo que puede en esa situación. El menor pone los ojos en blanco.
—Lo habría preparado para la reunión de la semana entrante.
—Es que debería estar al día. Es más fácil si lo haces al día... Cielos, ¡¿desde hace cuanto tiempo no metes información aquí?!
El más alto cierra los ojos y apoya la cabeza en el respaldo.
—¿Cuándo fue nuestra última reunión? —pregunta tan cínico. Él helvético bufa FULMINÁNDOLE.
—Al parecer vamos a tener que hacer reuniones más a menudo.
—Nein, no podemos hacer reuniones más a menudo.
—¿Vas a decirme a mí cada cuanto nos reunimos? ¿Por qué no podemos?
—Porque no podré hacer regularmente las rondas de control en mi región si tengo que ir a Bern más a menudo aun.
—Österreich, no haces nada regularmente. No las haces igual. Aunque vale, una idea para ti: yo vengo una vez entre cada visita y de paso reviso el estado de las cosas ya que no estoy seguro de que estés muy en control de esto...
Austria frunce el ceño.
—No soy uno de tus cantones.
—Pues te comportas bastante peor que ellos.
—Bastante es que te deje entrar aquí y ver mis libros de cuentas a cambio de la protección.
—Es información importante y completamente relevante —asegura y le mira a los ojos —. ¿Por qué no lo haces todas las semanas al menos?
—No eres Vater como para estar riñéndome por mis métodos.
Suiza se humedece los labios, de verdad mucho más interesado en... Él. Y lo cerca que está, que sólo le está regañando por vicio.
—Y de todos modos este es el motivo por el que las reuniones son programadas con antelación —se incorpora y se levanta porque está nervioso e incómodo y no le quiere aquí ni quiere hacer esto.
—Estamos ocupando el tiempo —aprieta los ojos y le deja levantarse —. A menos que prefieras ocuparlo en hacer alguna otra cosa.
—¿Qué otra cosa? —se acerca a servirse una copa sin prestar demasiada atención.
—Alguna otra cosa —se sonroja más y se le vuelve a acelerar el corazón.
—¿Cómo qué?
Es que es absurdo pedirle algo más cercano. Le mira a los ojos de nuevo y frunce un poco el ceño porque no parece estar entendiendo nada de todo esto. Así que se levanta, y se le acerca.
¡Valor, Suiza, valor!
El músico toma un sorbo de lo que se ha servido, un poco por nervios, un poco por barrera entre ellos. Suiza se le acerca otra vez con el corazón cada vez más acelerado.
—Me refiero, Österreich a... Una cuestión completamente distinta que también he venido a hablar co-contigo.
—Was?
Se lo había pensado más de una vez... Qué hacer una vez que estuviera aquí. El muy idiota... El muy, muy idiota, no entendía NADA. Pero había llegado el momento, y ya le había Veneciano comido lo bastante el coco... Así que se le acerca con seguridad, como hacía Francia, hasta que está casi encima de él.
Austria le mira fijamente a lo lejos sin entender lo que hace, pensando que a pesar de todo, de lo poderoso que fuera ahora gracias a que Roma se lo había enseñado todo sobre el dinero y él, estúpido austriaco infantil e idiota no había prestado atención a ni una sola cosa. Ni UNA.
Porque estúpidamente había creído que siempre iban a estar juntos. Hasta que se fue. Se fue por estúpidos motivos injustificados, para demostrarle cuanto dependía de él... y vaya que dependía y vaya que había quedado absurdamente claro tal como estaban ahora que hasta tenía que estar a su servicio y hasta tendría que tocar y hacer el ridículo frente a todo el mundo si se empeñaba lo suficiente.
Y aun así, seguía siendo el mismo... hombre que había sido de niño, pequeño, nervioso y callado. Si hasta le oía el corazón latir con desesperación como para salírsele del pecho y fingía querer seguir siendo su amigo a pesar de todo lo que le había hecho. Mientras todos seguían dándole la espalda por ser un país de... el este, como si los ciudadanos de ese lugar fueran de segunda. Por no tener dinero, ninguno de los hijos de Roma sabía apenas su nombre o lo tenía en cuenta por algo.
Si acaso, como ese pelele subordinado de Suisse a quien este protegía a cambio de unas monedas más por pura nostalgia infantil que por que necesitara la miseria que podía pagarle.
Y de repente, estaba empezando a emerger de las desgracias. Inglaterra, desde el otro lado de Europa y más allá del mar, hijo de su padre también por lo que se decía, ¿quién podía saberlo? Había empezando a propagar publicidad anti-francesa y a esparcir rumores de guerra.
Justo a la persona que estaba esperando. Prusia solía pasarse también por su casa, bastante a menudo últimamente y aun no entendía con qué fines, pero era amable con él y a veces también hablaba de una posible alianza. Todo parecía en realidad empezar a tomar forma y ahora de nuevo estaba aquí frente a él el mismo muchacho rubio que dependía de él para relacionarse con el mundo como Austria dependía de él para todo lo demás, nervioso, sonrojado y a saber queriendo qué nuevamente.
Tal vez había oído los rumores y pretendía hundirle de nuevo. Y todo, sólo porque tuvo el golpe de suerte de poder substituirlo a él por Francia para que hiciera lo que requería, mientras él no había conseguido nada que supliera la carencia. Le sostiene la mirada cuando se le acerca.
Mientras Austria piensa todas esas cosas, de manera aleatoria y aparentemente absurda, Suiza se le acerca con el corazón a punto de explotar y completamente a saco se pone de puntas y le da un beso en los labios. Cosa que Austria interpreta como un movimiento agresivo, echándose para atrás para que no le alcance.
El horror. ¡¿Cómo coño a Francia le salía esto tan bien, y Austria estaba ahí habiéndose quitado?!
—¿¡Qué haces!?
El sonrojo y bastaste pánico, mirándole a los ojos de manera clara y transparente.
—Te-Te beso —a saco de nuevo, y se arrepiente un poco.
—W-Was? —incrédulo. Debe haber oído mal. SEGURO ha oído mal.
Había algo tremendamente irreal en hacer esto, porque... No era lo que debía hacer, no era lo que merecía, Austria era un completo idiota, un completo desastre y él, por todos los cielos, se había dado el lujo de deshacerse de Francia, tenía una buena vida estable y Austria era la piedrecita en su zapato... Sin embargo, había oído a Francia hablar con España... Había oído hablar de la guerra, había oído de Prusia y quizás, sólo quizás, había tenido terror de que esto fuera más definitivo. Y como Veneciano decía, había ciertas cosas que tenía que PROBAR...
—¿S-Sólo relájate, quieres? —se lo estaba diciendo a sí mismo.
—Nein!
—No hablo contigo, hablo conmigo —susurra poniéndole una mano en la cintura con suavidad. Estaba sudando y nervioso, sonrojado como quizás nunca lo había estado... Aterrorizado de estar haciendo esto.
Austria aun no acaba por entender, le aparta la mano de su cintura y trata de dar un par de pasos alejándose pero Suiza le toma de la muñeca con la mano y da esos dos mismos pasos hacia él impidiendo que se vaya.
Veneciano querría matarle seguramente por este movimiento. NO lo lastimes, no lo toques.
—Suéltame, Schweiz. ¿Qué estás haciendo? —chilla un poco en pánico.
—Nada, nada malo —vuelve a intentar abrazarle con la otra mano tirando un poco de su muñeca.
—¡Wolf! —grita de repente por ayuda—. ¡WOLF!
El suizo le cubre la boca con la mano en pánico también. Sosteniéndole.
—¡WOLF! —grita como puede intentando apartarle y tropezando con algo al tratar de andar hacia atrás.
Es que intenta atraparle y se van a ir al suelo, Suiza en completo pánico porque además está viéndole aterrorizado... De él. El muchacho entra corriendo y se acerca a ayudar a Austria a quitarle a Suiza de encima, desde luego.
—¡Paren, PAREN los dos! ¡Qué no estoy haciéndole nada! —protesta separándose de Austria y tratando de quitarse al niño de encima.
Niño que le sigue sosteniendo como puede mientras Austria se arrastra por el suelo un par de pasos atrás con la respiración y el corazón agitados.
—Para matarte vengo aquí y te arranco la cabeza, ¡¿qué coño no sabes que es un estúpido beso!?
Se le abren los ojos como platos de nuevo porque otra vez ha oído beso. Claramente. BESO.
—Detente, Wolf —es lo único que responde a ello, aun en el suelo y aun sin procesar lo que está pasando, pero por lo menos el niño deja de sostenerle.
—No has cambiado ni un poco, sigues siendo un... —Suiza aprieta los ojos, sonrojado y enfadado, sin terminar la frase.
—¡Tú eres el que ha cambiado por completo! ¿Qué haces intentando besarme?
—¡Besarte! ¡No atacarte!
—¡No tiene ningún sentido que hagas eso!
—¿Y atacarte sí? ¡Uno ataca con un batallón, no viniendo aquí! —protesta sonrojándose histérico y súper, SÚPER nervioso.
—¡Uno definitivamente tampoco viene a besar a su peor enemigo por las buenas! —grita también súper nervioso sin poder procesar lo que está pasando todavía.
—¡Pues uno no se larga así por las buenas!
—¿Largarme de dónde? Wolf, sal de aquí —ordena poniéndose de pie, intentando calmarse.
—¡Uno no se quita NUNCA de un beso además!
—Uno se quita de un beso si no sabe que es un beso —replica sin pensar en lo que dice realmente.
—¡Te dije que lo era!
—Después de intentarlo —responde mientras Wolf sale del cuarto como le han pedido. Austria acaba de quitarse un poco el polvo de la ropa con cierto desinterés en todo esto que sólo esconde como de realmente deprisa está pensando en todo lo que acaba de pasar y lo que implica.
Suiza... Suiza había venido hasta aquí a besarle. Suiza el que estaba con Francia que se presumía el mejor amante del mundo, había, al final, venido a buscarle a él. Claramente ese era el motivo de la visita. Nada de ese supuesto concierto que claramente era sólo una excusa, nada de los libros de contabilidad, ni de más dinero.
Significaba que al final, el suizo no había tenido tanta razón en el motivo de marcharse de su lado, no era cierto que al final solamente él dependiera del helvético sin una dependencia en retorno. No era verdad que no le echara de menos y no era verdad que fuera tan fácil de substituir. Todo un sentimiento cálido emana de esta revelación.
—¡Era obvio que lo era! —chillonea levantándose del suelo y pasándose las dos manos por el pelo.
—Era todo menos obvio —y la verdad es que sonríe un poco casi sin darse cuenta.
Suiza trata de escrutarle. De mirarle y ver exactamente qué es lo que está pensando, furioso porque sigue siendo imbécil e irritante que no entienda que era obvio.
—¿Cuántas veces te he atacado?
—Más de las que me has besado.
Suiza se sonroja con la palabra "besado" y traga saliva porque no recuerda nunca haberle atacado físicamente... No hasta hoy, justo el día que le ha intentado besar. Pero es que él no habla de físicamente. Ya, ya... Suiza sí piensa en físicamente en este momento.
—¡Nunca te había puesto un solo dedo encima y tú le has gritado al muchacho como loco, aterrorizado! —protesta.
—Quién sabe que podías haber decidido hacer... ha resultado la cosa más inesperada.
El helvético se rasca la nuca y mira el suelo.
—Bien. Aclarado ese maldito punto...
—Estará claro para ti, yo aun no entiendo qué se te pasa por la cabeza. ¿Tan insatisfecho estás con tu novio? —levanta una ceja, con humor. El mayor aprieta los ojos y rabia un poquito.
—No es mi nada, ya. No estamos juntos ya.
—Was? —levanta las cejas porque no se había enterado de eso —. Así que se ha hartado, te ha dejado y vuelves corriendo en brazos de la única persona que sabes que te quiso... una vez. En el pasado.
—Nein, Nein. Le he dejado yo, idiota. ¡Y no le he dejado ayer!
—Por lo visto es habitual esto tuyo de... cansarte de la gente —suelta cruelmente. Suiza le mira y frunce un poco el ceño. Austria le sostiene la mirada.
—Me fui, porque tú no tenías ni idea... Y no querías tenerla.
—A lo mejor eras tú el que no tenía ni idea.
—Así que aún piensas que tú tenías la razón y yo no.
—Acaba de demostrarse.
—Lo único que se ha demostrado es que tú no sabes aún no cuándo es que alguien te ataca y cuando no —asegura sonrojado.
—Ni tú demostrar tus intenciones.
—Veo entonces que nadie ha cambiado demasiado —responde esta vez bastante menos agresivo, dando un pasito hacia él.
—No es como que nos viéramos tan poco a menudo que no pudieras deducirlo.
—Tú asumiste que iba a atacarte. Eso me asegura que tú tampoco has deducido nada muy útil.
—Salvo que te gusto, por algún motivo —responde aun no muy seguro. Suiza se pone de color rojo brillante con esa deducción y aprieta los ojos —. A pesar de... todo —se humedece los labios.
—No creas que vas a pagar menos nada después de hoy, ni que no tienes que llenar los libros —es incapaz de negarlo.
—Todo va a cambiar después de hoy.
—Deja de hablar en absolutos —da otro paso hacia él, y hace un gesto con las manos.
—Aunque... aunque... —es que se ríe pensando en todas las cosas horribles que ha pasado. Suiza parpadea con eso, frunciendo el ceño.
—Was? ¿Aunque qué? ¡De verdad no vas a dejar de pagar nada! —chilla un poco, nervioso, dando otro pasito hacia él.
—Esa es una cuestión secundaria ahora mismo —vuelve a sonreír un poco.
—No es tan secundaría considerando por qué me fui de casa en principio... —levanta una vacilante mano hacia su cintura de nuevo pero a la mitad se arrepiente un poco.
—Lo es considerando lo que te ha traído hoy aquí —y sinceramente, piensa que tal vez podría seducirlo y luego romperle el corazón. Que sería una buena venganza. ¡Galo! ¡No hagas cosas galas!
—¡No sabes lo que me ha traído hasta aquí! —chillonea recordando la larga lista de cosas que le han traído hasta aquí.
—Sé perfectamente lo que te ha traído hasta aquí —y de paso ahorrarse una guerra y bastante dinero sólo a cambio de algunos besos.
—Mi concierto me ha traído hasta aquí... ¡Eso y la seguridad absoluta de que tenías los libros mal completados!
—¿Eso te aseguraste a ti mismo todo el camino?
—Créeme, ¡no es que me interese demasiado ver esta pocilga como la tienes, por más aires que te des! —insiste sonrojándose un poco más porque sí que se había asegurado muchas cosas en la vida.
El moreno se queda paralizado con eso, profundamente ofendido y Suiza vuelve a acercarse de golpe intentando besarle, histérico. Esta vez va a conseguirlo, pero va a ser como besar a una pared...
Suiza se mantiene con los labios puestos sobre los del austriaco unos laaaargos segundos y consigue que, de repente, los abra un poco. Y eso sí, años de práctica con el galo (el otro galo…) hacen que le lleve una mano con suavidad a la mejilla y le roce los labios con la lengua.
En solo un segundo, Austria abre más los labios y profundiza el beso, porque no es el primero que recibe, aunque sí el más importante.
El helvético siente que le tiemblan las piernas, porque esto no es para nada como un beso con Francia, pero es sin duda un beso que ha deseado por mucho más tiempo, y se ha imaginado muchas más veces. Y este es Austria. Profundiza más y le sostiene de la nuca haciendo esto bastante más guarro casi en un instante. Y está el gemidito...
Y Austria que le estaba besando más por rabia y por destruirle... esto es todo lo que dura. Suiza estaba seguro de estar haciendo esto con un plan, ahora mismo no hay plan alguno, simplemente le besa como puede, y le abraza todo lo que puede. Y eso sí, una mano curiosa le intenta quitar el saco con suavidad, reaccionando casi de inmediato tan sólo con el beso.
Y a partir de aquí es que entramos en terreno peligroso porque el moreno no sabe lo que sigue… Y suele parar a cualquiera en este punto. Suiza consigue quitarle la chaqueta y empezar a desamarrarle el pañuelo. Y debe haber sido fácil ya que el menor está un poco abrumado sin estar seguro de lo que pasa y es la primera vez que le pasa eso.
Francia es mal maestro para la velocidad que requiere Austria, aunque Suiza tampoco es el más espabilado. Así que una vez que le quita la chaqueta se queda ahí, solo dándole este beso laaaaargo. En realidad, eso ya es suficiente para Austria y funciona muy bien, lo bastante como para haberle quitado de verdad toda la rabia y el rencor acumulados por los años.
Suiza no se acuerda momentáneamente en lo absoluto de sí alguna vez estuvo enfadado o no... Con nadie. De hecho le preocuparía más en estos momentos que se le saliera el corazón pero a estas alturas no parece tampoco muy enterado de su situación física. Pues va a necesitar tumbarlo o sentarlo en algún lado si quiere seguir con esto un buen rato.
Sólo porque está acostumbrado a que todos son más altos que él es que se sabe este truco. Se separa un poquito del beso sólo para bajar unos centímetros de su altura y tomar al austriaco de las piernas por debajo del culo para levantarle. Austria da un chillidito porque no se lo esperaba y lo abraza del cuello.
—No pasa nada, rodéame con las piernas —susurra.
—P-Pero... —vacila y lo hace.
—Was? —pregunta moviéndose hacia la butaca.
El moreno aprieta los ojos y lo aprieta a él sin saber qué decir. El suizo le pone ahí colocándosele encima con bastante cuidado, sonrojado y además, visiblemente... contento. Ni se entera, secretamente orgulloso de haber llegado hasta aquí.
—Te echaba de menos —susurra de corazón sin que su cerebro pueda emitir una opinión en sí debe o no decirle eso.
Cielos, creo que lo vas a hacer llorar.
Es que a Suiza no le extraña ni un poco porque cuando Austria vino por él, si le hubiera dado un minuto a pensar, se le hubiera colgado del cuello a llorarle encima por diez horas.
Es que sí llora...
Suiza le mira a los ojos porque no esperaba que llorara, y se le cae a él también el alma, porque aunque en su mundo y en su mente Austria merece cada una de las cosas que le pasaban ahora, porque era flojo y no sabía hacer nada, y a su parecer no quería que le enseñara nada y tampoco quería estar con él... Esto indicaba que quizás no le odiara tanto por haberse ido, y quizás sí quería volver y quizás sí quería estar con él, y quizás ambos se habían equivocado. Se le humedecen los ojos.
—Todo va a estar bien... —asegura yendo a besarle en los labios.
Austria sigue con el corazón destrozado, llorando todo lo que no lloró cuando se fue y lo abandonó y todo lo que no ha llorado desde entonces porque no había nadie para abrazarle mientras lo hacía.
Y es que después de sólo unos segundos, al ver que llora del todo, el rubio se separa del beso y sólo le abraza, apretándole contra sí. Ya le besará después, cuando se tranquilicen ambos.
Puede que pase un bueeeeeeen rato.
oxOXOxo
Después de una hora y media. UNA HORA Y MEDIA enteras más tarde, que nadie subestime el aguante de Austria llorando, es que parece que empieza a calmarse un poco. Bueno, entrenó por años de pequeño. Exacto.
Suiza le acaricia un poco el pelo y le susurra al oído cosas en sajón antiguo que en realidad sólo ellos dos saben que se susurran cuando hacen eso. Austria se queda nada más sollozando, con hipo, escuchándole.
—¿Estás bien?
Austria niega con la cabeza y el helvético se humedece los labios.
—¿Estabas mejor antes de que viniera? —pregunta sintiendo la cara un poco pegajosa por los mocos, pero él no ha llorado toda la hora y media así que está un poco más tranquilo ahora. Austria niega de nuevo —. Intente venir varias veces antes... —confiesa.
El moreno traga saliva con profundidad en un sollozo y le mira a los ojos.
—Y tú... No me... —traga saliva sin saber realmente el que esperaba.
—Was? —susurra con la voz temblorosa.
—No he dejado de repetirme que te merecías todo esto... —susurra. El menor aprieta los ojos —. ¿Pero tiene algún caso... todo esto, como una especie de… castigo?
—No lo sé.
—¿Has aprendido algo de esto? Si ni siquiera llenas los libros —susurra no como reclamo esta vez.
Austria asiente porque tonto no es, aunque no estoy segura de qué tanto ha aprendido.
—No estoy seguro ya de que empujarte al borde sea una buena idea. No cuando además... —traga saliva. El moreno le mira, haciéndole sonrojar —. ¿Tú qué piensas?
—Que todo ha cambiado ahora.
—¿Cambiado? —se mueve un poco para acomodarse mejor porque joder que incómodos eran estos muebles.
—Ja, no sé aun como, pero todo va a ser diferente a partir de este momento.
—No puede ser peor... —pero en su mente sí que piensa que puede serlo.
—Eso depende mucho de ti...
Suiza frunce un poco el ceño tratando de entender a qué se refiere exactamente. Aunque no sabía muy bien qué pasaba después de este momento. Era un poco como si, de acuerdo a su plan, su vida terminara ahora mismo. Sin que hubiera nada más.
—Yo creo que aún me hacen falta... cosas... Para suponer qué va a pasar.
—¿Cómo cuáles? —pregunta el menor con curiosidad y algo raro en la garganta. Suiza se sonroja un poco más.
—Aún no estoy seguro de... —se humedece los labios.
—¿De qué?
El rubio le da un beso suave en los labios y se espera. Austria parpadea un poco aun mirándole. Suiza se muerde el labio y espera.
—¿De qué no estás seguro? —insiste.
—P-Pues de que... De... —se vuelve a acercar y el beso ahora no es suave y delicado en los labios. Mira Austria lo bien que te besa ahora mismo sin que se lo pidas y lo convenzas por horas.
Austria abre los labios un poco esta vez para devolvérselo y de nuevo esto se vuelve un poco menos inocente... Aunque Suiza se tranquiliza. Y esta vez Austria está un poco más consciente de lo que está pasando, así que es un poco más dulce y menos intenso.
Pero funciona y el suizo le besa de vuelta con un tinte no de niños pequeños, o de hermanitos. Y así van a estar hasta que el moreno se separe. Entonces a medida que pasa el rato, Austria empieza a... hacer experimentos a ver qué tal funciona una cosa u otra y a imitar movimientos de Suiza.
¡Galo!
Todo lo que haga funciona bastante bien, aunque Suiza nota que Austria no es Francia, y bastante para su agrado, porque Francia a estas alturas ya estaría a la mitad del sexo. Y esto... es bastante abrumador. Ya es raro que Austria no esté tocándole todo.
Es que a Austria le da más respeto esa otra parte, al menos esto más o menos sabe cómo se hace. Y poco a poco, nota como es que tiene que hacerlo y se va volviendo más lánguido en el característico beso habitual donde Suiza tiene que estar todo el rato buscándole proactivamente porque parece que vaya a irse, pero no se va... sólo que le gusta que Suiza le busque.
Y Suiza, que está habituado a los besos en los que Francia hace lo que se le da su gana, sin echarse atrás, se debe mantener MUY activo en estos, yendo tras Austria con ansias. Debe pronto Austria notar que... Suiza está súper contento.
Cuando ha jugado bastante a los besos... no, no es bastante, pero cuando se da cuenta de ello en un roce raro, se separa más de lo habitual. Y Suiza se va tras él... pero esta vez no se lo permite, relamiéndose.
—W-Was? —pregunta extrañado con la respiración agitada.
—Espera... estás...
—¿Eh?
—Excitado —susurra en realidad no de un modo burlón.
Suiza traga saliva y se sonroja un poco de que se lo diga, aunque el tono ayuda mucho... Y perdón que insista con Francia, de verdad, pero a oídos de Suiza en este contexto, estar excitado con un beso es una cosa perfectamente normal.
—No sé... no... —empieza a vacilar y de repente se siente súper torpe así que vuelve a besarle sin saber qué hacer para que... acabe. Tal vez si el beso ha funcionado, siga haciéndolo.
—Tú... —empieza a hablar y se calla claro cuando le besa pensando que eso es... Sigamos en esto. Levanta las cejas y le busca un poco a él por ahí abajo.
O sea, ahí va la malévola mano de Suiza a torpemente... Porque hay cosas que no se aprenden y a no ser torpe no se aprende. Y encuentras lo que buscas, él no se había ni dado cuenta de su propio estado.
Suiza quita la mano sonrojándose más y apretando un poco los ojos. Porque de aquí en adelante él en general no hace nada. Nada de nada. Si hacía esto con Francia antes, era Francia el que guiaba y hacía todo.
Pero esa mano... ha ayudado y de manera muy clara.
El helvético se le repega un poco sin saber muy bien cómo seguir porque además cada vez tiene menos sangre circulando. Pero el bendito instinto hace que al menos, lo siguiente que quiera es una poca más de piel, así que ahí va a tirar de su camisa para desfajarle, y a separarse un poco de el beso.
Austria se mueve ante eso dejándole hacer, aunque la verdad es que se pone más nervioso y trata de desnudarlo a él también. A Suiza le ayuda mucho que Austria intente lo mismo, se incorpora un poco y le ayuda a quitarse las veinte pieles que trae encima.
El cuerpo de hombre de Suiza, que ya no es un niño pequeño, también ayuda, la verdad. Además debe oler a hombre, lo siento, pero esta vez no va tan excesivamente bañado. Le da un escalofrío en cuanto se quita del todo las pieles y la camisa, quedándose desnudo del torso. Le mira... sintiéndose torpe y muy nervioso con estas pausas, como si el austriaco se pudiera repensar esto.
—T-Tú... has...
El músico le mira a los ojos saliendo del embobamiento.
—¿Hecho esto... ya? —pregunta sin querer escuchar que sí, que Prusia o Inglaterra ya han venido a esto antes, y que de hecho quizás ahora es que está con alguno de ellos que es quien va a venir en un momento y toooodo esto va a explotar como una burbuja de jabón.
De hecho, antes de que Austria pueda contestar, es que tocan a la puerta.
¡Malditos! Es la suerte Brit. Ahí está Inglaterra gritando si hay alguien en casa.
Suiza además más desnudo que vestido. De hecho, los dos, tanto Austria como Suiza están más desnudos que vestidos y más excitados de lo que es cómodo.
El mayor mira a Austria con la pregunta en la mente y se le encoge un poco el corazón de pensar que de verdad... Quizás sí tiene algo con él. No se mueve del todo de arriba del moreno, aletargado con su pensamiento.
—U-Un minuto... England, bitte —grita Austria hacia la puerta y se separa de Suiza para empezar a vestirse.
—¿Qué hace aquí? —pregunta Suiza en un susurro, un poco más agresivo de lo que debería.
—Te he dicho que esperaba a alguien.
Suiza se pasa una mano por el pelo porque está tremendamente excitado y feliz y... Es que definitivamente no quiere a Inglaterra aquí.
—¿Que... qué vas a hacer? —vacila Austria porque no quiere que Suiza se vaya ahora así pero van a hablar de planes de guerra contra Francia, tampoco es muy inteligente que se quede.
—Lo que dije que haría. Acompañarte. Aún quiero que vengas conmigo.
El de ojos violeta se humedece los labios. El suizo le mira, y mira a la puerta. Le mira otra vez y frunce un poco el ceño, poniéndose la camisa.
—Bien... —acaba de vestirse y se pasa las manos por el pelo intentando peinarse de nuevo, cosa que es imposible después de que Suiza haya estado consolándole por dos horas.
—¿Desde cuándo England viene a visitarte?
—Desde que... no hace mucho.
—¿E-Es tu... pareja o algo así? —ya había oído los rumores.
No contesta a eso porque... no está muy seguro, en realidad no lo es, porque Inglaterra está COMPLETAMENTE OBSESIONADO con Francia, pero no es la primera vez que hablan de la posibilidad de una alianza... bastante fuerte.
Suiza le mira fijamente. Muy fijamente. MUY fijamente. Pero Austria se va a abrir la puerta... "ignorándole".
El rubio termina de vestirse y de ponerse una de sus pieles. Se va detrás del moreno hacia la puerta donde Inglaterra está saludándole y sonriéndole. Suiza se para ahí detrás como si fuera un cuervo de GoT, con los brazos cruzados y frunciendo el ceño.
—Ah... Switzerland —el tono de asco de Inglaterra.
—Angleterre.
—Ehm... él va a estar aquí... con nosotros —asegura Austria para el inglés, con sangre fría—. Ha venido a escuchar nuestras ideas a ver si le convencen.
—A espiar, más bien diría yo —replica Inglaterra. Suiza frunce el ceño con eso.
—Puedes irte si no te parece que escuche.
—Tú eres el que debería irse, los tratos de Austria son conmigo, no contigo —se acerca al moreno y le toma de la mano por algún motivo.
Austria parpadea con ese movimiento inesperado de Inglaterra. Suiza nota inmediatamente el movimiento y se le oscurece un poco la mirada.
—Österreich sabrá bien qué es lo que le conviene —Suiza mira a Austria y aprieta los brazos cruzados.
—Desde luego que lo sabe... Por eso estoy aquí, quien sabe por qué estás tú.
Él helvético mira las manos de ambos, unidas.
—Tengo derecho de estar aquí, Österreich recibe mi protección. Además él me ha... Él... Nos has interrumpido.
—¿Interrumpido?—Inglaterra mira a Austria.
Suiza se sonroja porque no dijo de hacer qué, aunque ahora piensa que quizás es evidente... ¡Pues mejor que lo fuera!
—Realmente este es un momento un poco complicado, England... Schweiz ha dejado a Frankreich.
—Ya lo sé, ¿y eso qué? —tan ancho el inglés. Suiza bufa con todo eso, apretando los ojos y sonrojándose más.
—Österreich está hoy ocupado.
—¿Lo sabías? —protesta Austria para Inglaterra.
—Of course, ¡pero eso no cambia nada del plan!
—¿Cual plan?
—Desde luego que sí, si no están juntos la amenaza es muy inferior. ¿Ya lo sabe Preussen?
—No, France sigue siendo el problema, una cosa no quita la otra.
—¿Qué amenaza? —pregunta otra vez el helvético y me lo ignoran.
—Nein, el problema es el poder, pero si se dividen la triple alianza no tiene sentido, vendrán a atacarnos a nosotros, van a unirse de nuevo contra nosotros.
—Österreich... No debes discutir esto con Angleterre.
—¡Pues no va a discutirlo contigo! —replica Inglaterra.
—Österreich —le llama Suiza y este le mira.
—No puedo creer que estés dudando de esto, ¿qué es lo que ha hecho? Venir aquí con mañas aprendidas de France a quien sabe qué. Seguro mandado por él —protesta Inglaterra a Austria.
—Yo tengo un plan mejor. Cualquiera que sea... —Suiza se interrumpe de hablar a la vez que Inglaterra y le mira con el ceño fruncido —. No aprendí ninguna... ¡No me mandó nadie!
—Yo sólo digo que es súpero curioso que justo ahora que estamos hablando de esto aparezcas por aquí con ideas distintas e intereses —responde Inglaterra haciendo dudar a Austria.
—¡Yo digo que a ti no te interesaría en lo absoluto si France no estuviera metido en esto! ¿Le has cuidado? ¿Le has visto? ¿Le has... algo? —responde Suiza de vuelta y mira a Austria —. Österreich...
—¡Yo no tengo ningún interés en France! —chilla sonrojándose.
—¡Desde luego que lo tienes como él tiene interés en ti, verdammt!
—¡Él no tiene interés en mí!
—¡Él SÓLO tiene interés en ti! —protesta Suiza enfadado.
—Pues no me importa —responde igualmente sonrojándose más.
Suiza aprieta los ojos porque ya bastante era todo lo que había pasado hoy con Austria como para tener una extraña y desgastante experiencia con Inglaterra.
—Vete de aquí, Angleterre.
—No. Sabes, Switzerland? Te lo voy a dejar muy claro. El que está ahora con Austria soy yo, que soy el que ha venido a verle este tiempo y me he preocupado por él en vez de andar cobrándole abusivas cantidades por algo que no haces realmente. Y que además cualquier otro podría hacer mejor.
Suiza mira a Austria porque eso no se lo dijo. Estaba con England. Todo, toooodo esto para haber llegado demasiado tarde. Traga saliva y le escruta buscando una confirmación. El austriaco está con la boca abierta y las cejas en el techo porque no habían hablado de nada de eso abiertamente.
—¡Ni siquiera te has dado cuenta de cómo está! —protesta repentinamente Suiza al notarle los ojos hinchados a Austria —. Nein, ¡no está contigo ya!
—¡No vas a ser tú quien lo decida!
Suiza bufa, empezando a perder la paciencia e Inglaterra se vuelve a Austria.
—¿Qué ha hecho? ¿Acostarse contigo? ¡La semana pasada me escribiste diciéndome todo lo que le odiabas! ¡Te aseguro que con quien te has acostado sólo es una sombra de France! —exclama haciéndole sonrojarse. Y a Suiza también porque no se han acostado por su culpa.
—E-England —vacila Austria nervioso.
—Verdammt! ¡Lárgate! —el suizo hace un gesto hacia la puerta.
—¡Sólo quiere seducirte para romper nuestros planes! —insiste el inglés.
—¡Sólo quiere usarte para conseguir a France!
Austria aprieta los ojos con los dos.
—Österreich! ¡Tienes que venir conmigo a lo de la música! —Suiza se le acerca del todo.
—¿Qué estupidez es esa? ¡Tienes que luchar! Prussia está en camino, él va a convencerte.
Suiza mira a Austria con el corazón acelerado porque al fin estaba aquí y al fin le había besado y... Es que se acerca a Austria y lo levanta y va a salir corriendo con él.
—Basta, basta los dos —pide Austria apretando los ojos y masajeándose las sienes porque aun no acaba de digerir lo que ha pasado con Suiza para esto.
—Nein, ¡basta de dos nada! ¡Échale! —protesta Suiza a la mitad de su idea de llevárselo de ahí —. ¡Tú y yo estábamos en una cosa!
—¿Que me eche a mí? ¡Échale a él! ¡Si es por eso puedo hacértelo yo mil veces mejor! —replica Inglaterra.
A Suiza se le vuelve a ensombrecer la mirada. Traga saliva al ver que Austria no se decanta por él.
—Deberíais iros los dos. Lamento la descortesía con ambos, pero necesito pensar.
—Bien, si es así, hubiéramos empezado por ahí —murmura Suiza frunciendo el ceño con esa respuesta.
—¡No hay nada que pensar! ¡Eso es, lárgate! —protesta Inglaterra a ambos.
Suiza mira a Austria intensamente sabiendo que si sale por esa puerta no va a volver. El moreno aprieta los ojos pero... es que todo esto es demasiado.
—Que te proteja Angleterre de ahora en adelante... —murmura.
—Lo haré mejor que tú —replica el inglés.
Pero es que... Suiza no se mueve de ahí. Aún mirando a Austria fijamente.
Austria le mira también sin decir nada porque hace un momento estaban... ahí, besándose y hablándose como de pequeños y llorando y... todo ha sido demasiado intenso y no quiere que se vaya, pero Inglaterra podría tener razón y él necesita pensar.
Pero es que... No. No se mueve de ahí. No si no se va Inglaterra con él con su esquela y firme humanidad, se queda plantado del todo en el piso.
—¿Qué haces aun aquí? ¡Te ha dicho que te vayas! —insiste el británico.
—A mí me ha dicho antes que iría conmigo una vez te despachara a ti. Aún quiero ese favor.
—Está claro que ha cambiado de idea.
—Österreich.
Austria mira a Suiza y nada más… Ya vale, entendemos el mensaje.
Suiza bufa y se larga rabiando, a lo que Inglaterra sonríe triunfante y Austria le mira irse un poco desconsolado.
Azota la puerta además que hasta de cimbra la casa.
Inglaterra es prácticamente lanzado fuera de la casa por Wolf unos tres minutos más tarde, si le consuela.
Y asegura que Austria no le va a volver a ver a él en lo que les quede de vida. Y... Oh. Jum... Bueno, pues vale, ¡que se lo tire Prusia entonces, que le tiene sin cuidado! ¡Le ha echado de casa! ¡Eso debió hacer él el día que fue! ¡ECHARLE!
Los ha echado a los dos.
Bueno, ¿y va a hacer algo después de eso o sólo va a quedarse témpano de hielo pensando?
No os enfadeeeis.
Suiza se ha enfadado un montonazo, juuum.
¿Y qué esperaba? Pues... Acostarse con él, sinceramente *desconsuelo*. Es que otra vez él ha terminado con el corazón en un hilo, y en totales términos de Austria.
Eso iba a ser más difícil de lo que cree que está igual o peor de nuevo, porque no confía en Suiza.
Vaaaale. Y en este caso entonces, ¿terminaría acostándose con Prusia? Suiza actual refunfuña contra Austria.
No.
Es que... Suiza esperaba ser él. Quizás con una vuelta larga, pero esperaba tener alguna posibilidad, no pensamos que a la primera...
Nadie ha dicho que esto se haya acabado, sólo que no va a ser hoy.
Suiza ya está muy definitivo en que no se volverán a ver JA-MÁS.
A no ser que Francia se adelante a Suiza con Austria. Quizás. Aun puede invitarle al concierto.
¿Suiza? Suiza les odia a ambos.
De hecho, Austria irá a cualquier cosa social que le invite.
No olvides agradecer a Josita su edición
