Después de almorzar, Regina se había retirado a su despacho y no apareció hasta que sol se ocultó en el horizonte.
-¿Qué hacen? – Cuestionó a Emma y Henry, que estaban cómodamente despatarrados en el sillón.
-Jugamos a la play, mamá ¿Querés unirte? – Su hijo ni siquiera se dignó a mirarla, ocupado como estaba en matar zombies.
-Si, su majestad, sería un gran honor para nosotros que nos acompañara en la batalla – Emma se giró y le envió una divertida mirada a la morena, que sonrió brevemente.
-¡Ma, no te despistes que te matan! – Exclamó Henry, golpeando el brazo de la sheriff que llevó sus ojos nuevamente al televisor.
-¿Qué tal si mejor vemos una película? – Propuso Regina, ya que no pensaba jugar a eso, suficiente sangre había visto en su vida como para meterse en guerras cibernéticas.
-Me encanta esa idea, ¿Qué decís, chico?
-Pero ma, ya casi terminamos la misión – La voz de Henry sonó molesta.
-Todavía nos quedan muchas vacaciones por delante, chico – Y sin más explicación, guardó el juego y apagó la play sin darle mayor relevancia a los quejidos de su hijo – Basta Henry, ¿No sos vos quien siempre quiere pasar tiempo con sus dos madres?
El chico bajó la cabeza, callándose de pronto pero demasiado orgulloso como para decir algo. Regina se acercó y le acarició la cabeza con cariño, contenta interiormente de que Emma al fin se pusiera firme con su hijo, odiaba ser quien debía cargar con la responsabilidad de ponerle límites. Le dedicó una mirada de agradecimiento que la rubia respondió con una sonrisa.
-Busquen algo para ver, yo voy a buscar la comida – Habló Emma y desapareció camino a la cocina, volviendo al rato con una bandeja llena de empanadas – No soy muy buena cocinando pero me pareció que ya debías estar cansada después de manejar todo el viaje.
Regina levantó la mirada, sorprendida, no estaba acostumbrada a ese tipo de detalles. Emma tomó asiento, quedando Henry en medio de ellas.
-Gracias, seguro estará muy rico.
-¿Eso es un halago, su majestad? – Bromeó.
-Toda reina debe saber cuándo reconocer a sus plebeyos – Explicó con fingido tono de Reina Malvada.
-Mamá, no somos tus plebeyos.
-Oh, cariño, por supuesto que vos no, pero tu madre es otro cantar.
-¡Ey! Te vas a quedar sin empanadas – La apuntó con el dedo.
-Y usted sin sidra, señorita Swan – Levantó su ceja, haciendo callar a la sheriff.
-Eso es chantaje, no se vale – Refunfuñó como su hijo - ¿Eligieron qué veremos?
-Maléfica – Respondió Henry, metiéndose una empanada en la boca – Mamá tiene fotos con ella y me da curiosidad su historia.
-Henry no hables con la boca llena – Acotó Regina, sirviéndose un vaso de sidra.
-¿En serio la conocés? – Preguntó la rubia, viendo como la otra asentía - ¿Jugaban a aterrorizar sus pueblos? – Cuestionó divertida.
-Jugábamos a otras cosas, si usted me entiende – Levantó su ceja, terriblemente sensual, haciendo que Emma se atragantara con la comida y empezara a toser.
-Yo también te entiendo, mamá y prefería no hacerlo – Habló con cara de asco, dándole palmaditas en la espalda a su otra madre.
-Lo siento, cariño.
-¿En serio, Regina? ¿No es demasiado cliché hasta para ustedes? – Cuestionó ya recuperada.
-¿A qué te refieres, querida? – La reina no parecía tener mayor conflicto, mientras agitaba con suavidad la sidra que tenía en su copa.
-La Reina Malvada y Maléfica juntas – Se burló – Seguro eran la fantasía de todo el pueblo.
-¿Acaso nos está imaginando, señorita Swan?
-¡Ay, no, por favor! De verdad, ¿Podrían guardarse esos comentarios y miraditas para cuando estén solas? – Henry se levantó del sillón y las miró con su ceño fruncido y los brazos en jarra. Emma dudó de que su hijo no hubiese estado en realidad en el vientre de Regina.
-Está bien, chico, sólo estamos bromeando, no es para que te pongas así – Se excusó la rubia.
-Sí, bromeando – Revoleó sus ojos y volvió a tomar asiento entre sus madres, poniendo play a la película antes de darles tiempo de volver a comenzar.
A la mañana siguiente, Emma se enfrentó al mismo problema que la acechaba los últimos días: una gran erección. Por puro instinto, llevó su mano a la zona de su cuerpo que reclamaba atención y presionó con fuerza, gimiendo con la cara oculta en su almohada. Dio la vuelta para quedar boca arriba y se destapó enojada.
-Estúpido hechizo, estúpida yo y estúpido swancito – Gruñó, poniéndose de pie para ir al baño a asearse.
Decidió que tenía que hacer algo con toda esa energía que venía acumulando su cuerpo y bajó las escaleras vestida con un joggin ajustado y una camiseta sin mangas, dispuesta a tomarse un café.
-Buenos días, señorita Swan, no tenía idea de que era madrugadora – Regina la observaba por encima del periódico, sentada en los taburetes altos que había en la cocina. Sus ojos recorrieron todo el cuerpo de la sheriff, satisfecha con lo que veía.
-Buenos días, Regina – Se dirigió a la cafetera y tras poner una capsula esperó que se estuviese hecho su latte – No lo soy, pero últimamente no descanso bien. Henry me comentó que había un gimnasio y quería saber si podía utilizarlo.
-Por supuesto, está bajando las escaleras – La morena observaba el rostro de Emma donde se veían unas marcadas ojeras – Había pensado que podíamos ir a recorrer el bosque o la playa, lo que deseen.
La rubia se sorprendió de que Regina la estuviese incluyendo en un plan, aunque tenía sentido si iban a pasar un mes juntas. La cafetera terminó de llenar su taza y tomándola, se acercó hasta sentarse en el taburete frente a la alcaldesa.
-Sí, me gusta la idea ¿Te parece bien hacer un picnic? Seguro a Henry le haría ilusión.
-No soy mucho de picnic, ya sabe, comer en el suelo no está destinado a las reinas, pero puedo intentarlo.
-No te creo, ¿Nunca hiciste un picnic? – Preguntó horrorizada Emma, haciendo reír a la morena.
-Cora no fue una madre particularmente cariñosa, querida, y yo no tenía tiempo libre para simplemente reposar en el césped – Se encogió de hombros – Cada minuto de mi vida estuvo destinado a convertirme en una reina perfecta.
Emma se sorprendió de la soltura con la que Regina le estaba haciendo esa confesión. Decir que la vida de la reina le parecía injusta era el eufemismo del siglo, sin embargo esas palabras no iban a salir de su boca, sabía que Regina odiaba sentirse expuesta.
-No pude salvarte de eso pero puedo darte un picnic ahora.
La ceja de la morena se elevó, observando la tierna sonrisa que le dedicaba Emma.
-¿Sabes que no sos de mi guardia real, no? No entiendo tu obsesión con salvarme constantemente.
Emma se encogió de hombros, riendo suavemente.
-Sólo hago lo que siento – Respondió y el silencio se instauro entre ambas. Emma aprovechó para terminar su café y levantarse – Y para ser sincera, estoy segura de que en el bosque encantado sería de tu guardia real. ¿No hay algo que me estés ocultando?
-¿Por qué lo decís? – Preguntó curiosa por el rumbo que tomaba la conversación.
-Bueno… No sé cómo explicarlo, pero no me imagino reinando o siendo la tranquila princesa de los encantadores.
Regina observó a Emma que parecía perdida en sus pensamientos.
-Tiene sentido, querida, desde que llegaste a Storybroke no hiciste más que meterte en problemas y salvar gente – Se rio suavemente, siendo acompañada por la rubia – Sin embargo, tus padres jamás te hubieran dejado ser parte de mi guardia real.
-¿Vos sí?
Ese comentario despertó la curiosidad de Emma, que ahora veía a Regina ligeramente nerviosa.
-El amor ver…- Pausó sus palabras, con una mueca de desagrado ante lo que estaba por decir – Una reina sabe lo que es mejor para su pueblo, si hubieses demostrado serlo, seguro te lo hubiera permitido. Habría valido la pena sólo por ver la cara de horror de los encantadores – Volvió a reír.
Esta vez la rubia no acompañó su risa, se había quedado enganchada en la primer frase inconclusa de la reina. ¿Estaba por decir amor verdadero? No entendía a qué se refería pero ya estaba acostumbrada a que Regina ocultara más de lo que revelaba. Sus ojos estaban fijos en los de la morena que imaginaba sus pensamientos y estaba esperando la pregunta inevitable. Sin embargo, cuando Emma habló la sorprendió.
-Voy a entrenar ahora, así estoy lista para nuestra prometedora tarde familiar – Sonrió suavemente – En un tiempo podrás evaluarme para ser tu guardia real – Le guiñó un ojo y salió de la estancia.
Emma bajó las escaleras que la reina le había indicado y descubrió un pasillo de lo más extraño. Por un momento creyó que había pasado por un transportador y había acabado en el palacio de la Reina Malvada, pero eso no podía ser cierto ¿No?
Las paredes estaban cubiertas con un tapizado bordó y azul marino, creando dibujos abstractos. Unas luces similares a antorchas iluminaban el camino. Empezó a recorrerlo, había tres puertas, dos contra la pared y una al final del pasillo. La morena le había dicho que el gimnasio se encontraba en la primer puerta, sin embargo había algo de la última que le llamaba poderosamente la atención. No es que quisiera meterse en problemas, pero era la sheriff, debía investigar.
Convencida con su excusa, se apresuró a llegar hasta el final del recorrido. Un suave haz de luz rojo salía por debajo de la madera. Su intriga aumentaba a cada segundo, levantó su brazo y apoyó su mano en la madera de roble, acariciando la superficie. Un escalofrío la recorrió entera. Desconocía qué podría haber tras la puerta pero sintió la magia en ella. Sin pensarlo, tomó el picaporte e intentó abrirla, descubriendo para su pesar que estaba cerrada.
Dio unos pasos hacia atrás, aun no entendiendo la extraña sensación que la embargaba. Decidió que sería mejor alejarse, ya tendría tiempo de preguntarle a Regina. La puerta del gimnasio sí estaba abierta y cedió fácilmente bajo su mano, haciendo que la boca de Emma se abriera de sorpresa.
Se adentró en la habitación, observando curiosa a su alrededor. La estancia era moderna y toda acristalada, haciendo que la luz solar inundara cada rincón. Se sintió repleta de energía y se puso en marcha, olvidándose al instante del tiempo.
-¿Señorita Swan? – a Regina no le hubiera importado haberse quedado media hora más bajo el marco de la puerta, sólo observando a la rubia ejercitarse, sin embargo el tiempo pasaba y quería disfrutar del día.
Emma se incorporó sobresaltada al descubrir allí a la reina.
-Regina, no te oí llegar – Se disculpó, dejando la pesa a un costado y secándose el sudor de la frente – ¿Pasó algo?
-Hace más de dos horas que desapareciste y Henry ya está todo lo ansioso que mi paciencia puede soportar – La morena tuvo que recordarse cómo hablar luego de ver a Emma incorporarse y notar lo transpirada y pegada que tenía la camiseta. Su cola de caballo se había aflojado levemente y ahora caían mechones rubios enmarcando un rostro visiblemente acalorado por el esfuerzo. Las pupilas de Regina se dilataron de deseo observando cada músculo de los brazos de Emma resaltados por el sudor y el ejercicio. Lamió su labio inferior, preguntándose qué sabor tendría la transpiración de la sheriff.
Emma ajena a los pensamientos que estaba teniendo la mujer frente a ella, se sacó la camiseta transpirada revelando un corpiño deportivo y unos perfectos abdominales marcados. Cuando su mirada se enfrentó a la de la reina, casi se cae hacia atrás por el fuego que desprendían sus ojos. Tragó fuerte, sintiendo la electricidad recorrerle toda la espalda y como acto reflejo, se tapó su entrepierna con la remera que acababa de quitarse.
-Eh… Sí – Carraspeó – Me entretuve, pero ya terminé.
Emma rogaba a todos los dioses que Regina dejara de mirarla de esa forma o no podría controlarse más y le haría el amor encima de cualquier máquina. Swancito ya estaba más que despierto y deseoso de atender a su reina, por quien evidentemente sentía devoción.
Genial, absolutamente genial, yo me esfuerzo en liberar toda la energía y en dos segundos vos ya estás listo para entrar en acción. ¡En mi barrio eso se llama traición, Swancito! ¡Traición! Emma se debatía mentalmente.
La mirada de Regina no sólo no subió, si no que descendió y alzó una de sus cejas al observar cómo la rubia estaba ocultando su miembro. Carraspeó e intento olvidar el fuego que sentía en su centro.
-Perfecto, le voy a avisar a Henry mientras te das una rápida ducha, Emma.
-Sí, mi majestad – La rubia tensó su cuerpo como si fuese un soldado, aflojando un poco la tensión entre ambas y viendo una floja sonrisa en el rostro de la morena que desapreció momentos después.
Las piernas finalmente cedieron y Emma cayó arrodillada.
¡Por el amor de dios, cómo dolés Regina! Apretó su entrepierna, sintiendo la dureza bajo su mano. Dejó salir su acelerada respiración y tiró su cabeza hacia atrás, cerrando con fuerza sus ojos. Sin darse cuenta, una de sus manos se coló por debajo de sus pantalones y dentro del bóxer.
Aah…Sí, Regina – Se perdía en sus fantasías, sintiendo la mano de la reina en vez de la suya propia mientras empezaba un lento movimiento sobre su miembro. De sólo imaginarse a la morena tocándola, Swancito se agrandó más si eso era posible.
-Señorita Swan, si vuelvo a tener que bajar por usted, le aseguro que esta vez no será agradable. Para nadie – La fría voz de Regina la sacó de su ensoñación y se levantó de manera apresurada, sintiéndose atrapada. Sin embargo, no había nadie en la puerta. Respiró aliviada o todo lo aliviada que podía estar al sentir su dolorosa erección apretarse contra su bóxer.
Estúpida y sensual Reina Malvada, pensó mientras subía las escaleras de dos en dos para darse una ducha de agua fría.
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Ey! Muchas gracias por los comentarios. Descubrí que puedo ver de qué lugares entran a leer y es increíble! México, Francia, Puerto Rico, no sé, todo es un flash! Jajaj. En sus comentarios pueden decirme de dónde son? Voy a admitir que empecé la historia sin haber visto ni un capítulo de la serie, me enamoré de esta pareja por los fanfic increíbles que hay, así que perdón si hago omisiones extrañas. Les gusta cómo va la historia? Todavía falta mucho por descubrir. Henry tendrá su hermanitx? Emma habrá sido guardia real de Regina? Regina y Malefica..? Swancito parece bastante afectuoso con la presencia de Regina, no? Mm veremos :) Comenten sus ideas que me encanta saber qué se imaginan que pasará!
