-¿Tengo que pedirle perdón? – Preguntó separándose brevemente de la Reina.

-Mm, lo voy a pensar.

-¡Regina! – Hizo un puchero.

Las risas de la morena no tardaron en hacerse escuchar.

-Me dijo que te iba a conquistar – Le confesó la rubia que no se cruzaba de brazos sólo porque para hacerlo debería soltarla.

-Emma no hace ni dos minutos que nos reconciliamos ¿Estás segura de seguir por ese camino?

La rubia gruñó.

-Ok, perdón de nuevo, prometo comportarme.

-No prometa cosas que no puede cumplir, Miss Swan – Le dio un beso rápido - ¿Venís con nosotros al lago?

Emma asintió, nadie le iba a impedir estar cerca de su familia. Se puso el bañador en tiempo record y bajó para encontrarse con la mujer que estaba resquebrajando todas sus estructuras. Empezaron a caminar en silencio.

-Sólo te voy a pedir que te abras a ella y sobre todo, Emma, no entres en sus juegos ¿Si? Nosotras estamos juntas, no dudes de eso – Rompió el silencio – Le gusta provocar y molestar a la gente, pero es encantadora en verdad.

Emma contuvo un bufido. "Encantadora, sí, claro", pensó.

-Está bien, sólo por vos – Le apretó la mano que tenían entrelazada – No pensé que sería tan parecida a Jolie, es como su doble.

-¿A quién? – Cuestionó confundida.

-Jolie, ¿De verdad no la conoces? ¿Cómo demonios se mantuvieron alejados de toda realidad? – Negó con la cabeza, sorprendida – En fin, la actriz de Maléfica.

-Ah, sí, es cierto. ¿Curioso, no? Le podemos preguntar si tuvo algo que ver.

Regina observó a Emma que de repente se veía consternada, como si quisiera decir algo que no se atrevía.

-¿Emma? ¿Qué es esa cara?

-Estaba pensando… Yo de verdad me odio por pensar esto, quiero que quede claro – Le envió una mirada casi amenazadora. Luego tomó aire y lo largó – Ustedes juntas son la imagen más erótica que puedo imaginar – Confesó abochornada.

Regina rió y no pudo evitar frenar para besar a la rubia contra el árbol más cercano.

-Vaya, si hubiera sabido que iba a generar esto te lo hubiera dicho antes.

-Callate Swan – La morena arrastró a Emma tirando de su mano.

Llegaron al lago sonrientes, de lejos parecían dos quinceañeras enamoradas. Henry las observó divertido, no sabía quién le sorprendía más en esa actitud. Maléfica y él ya se habían metido al agua y jugaban pasándose la pelota.

-Tenemos niñera – Regina arqueó una de sus cejas, derritiendo a Emma.

-Pienso aprovecharme de eso – Le guiñó un ojo.

-¡Ma y ma vengan!

-Chico, debe estar helada el agua, no tengo cal…- Las palabras murieron en su boca cuando al girar su cabeza descubrió a Regina desnudándose lentamente. Cada pedazo de piel que quedaba al descubierto la volvía loca.

-Swan, compórtese, hay público.

Emma salió de su ensoñación.

-¿Sabes lo mucho que me excita que me hables así?

Regina sonrió satisfecha.

-¿Debo suponer que ya tiene calor suficiente para meterse al agua? – Habló orgullosa mientras se alejaba de la rubia que no perdió el tiempo para quitarse las zapatillas, la camiseta y lanzarse al agua salpicando a la Reina.

Sacó su cabeza del agua justo a tiempo para observar como Regina se introducía con la elegancia que la caracterizaba. Quiso acercarse a ella pero Maléfica se le adelantó, tomando de la mano a la morena para ir a reposar en unas piedras ligeramente hundidas en aquel lago.

-¿Ma jugamos? – Henry la sacó de sus pensamientos.

-Claro que sí, chico.

Trató de recordar la voz de Regina diciéndole que nada tenía que temer y alejó sus ojos de las dos mujeres para concentrarse en pasar un buen momento con su hijo.

-¿Maléfica no te cae bien?

-Eh, no sé, no la conozco, ¿Por?

-Por como desapareciste hoy – Henry arqueó su ceja, digno hijo de Regina.

Emma se encogió de hombros.

-Ya te dije, tenía que ir a ejercitarme.

-Ok, si me vas a mentir no te gastes en hablarme – Henry frenó el juego y parecía estar a punto de alejarse.

-Uff – Resopló – Vení acá, chico – Lo llamó y le dedicó una débil sonrisa cuando volvió a acercarse – No quiero mentirte pero tampoco puedo contarte ¿Podés entenderlo?

-¿Por qué no podés contarme?

-Porque es algo entre tu mamá y yo, y deberíamos decírtelo juntas.

El joven la miró interesado y al final plasmó una sonrisa en su rostro.

-Está bien, pero quiero saber, no voy a olvidarme de esto – La apuntó con el dedo, tomando distancia para seguir el juego.

-Prometo que vamos a tener una charla pronto – Le guiñó un ojo - ¿A vos te cae bien?

-¿Quién? – Se burló su hijo.

-Maléfica – Bufó, viendo la sonrisa de autosuficiencia del niño.

-Mm – Pensó – La verdad es que sí, mamá siempre me habló bien de ella, creo que se quieren aunque se hayan distanciado.

Emma frunció su ceño, conteniendo sus ganas de voltear la cabeza para observarlas.

-¿Cómo es eso?

-¿Qué cosa?

La rubia rodó sus ojos, su hijo podía ser frustrante a veces.

-Eso que dijiste, chico, que se distanciaron. ¿Se pelearon o qué?

-Ah, no sé, mamá no me explicó pero creo que tiene que ver con…

-¿Qué cosa no te expliqué, querido? – La voz de Regina los sobresaltó, sobre todo a Emma que sintió las manos de la morena acariciar su cintura al pasar.

-Nada – Se apresuró a responder la rubia, levantando las sospechas de la Reina que la miró suspicaz - ¿Querés jugar con nosotros? – Intentó poner su sonrisa más inocente.

-En realidad venía a preguntarles si tienen hambre.

-¡Sii! – Respondió Henry.

-Tu hijo siempre tiene hambre – Se burló Emma, sacándole la lengua al pequeño.

-Nuestro hijo, querrá decir Miss Swan – Enarcó su ceja y le dedicó una seductora mirada marca Mills.

-Mi Reina, si no empieza a contener esas provocaciones, voy a tener que tomarla entre estos árboles – La rubia habló cerca del oído de la morena.

Regina tragó fuerte, sintiéndose súbitamente excitada por aquellas palabras.

-¿Es una amenaza, Princesa Emma?

-Es una promesa, Su Alteza.

¿Cuándo se habían acercado tanto? Podían sentir la respiración agitada de la otra, la tensión en el espacio entre sus cuerpos que querían borrar para poder tocarse.

-Quiero alzarla y que rodee sus piernas sobre mí. Que sienta lo duro que se está poniendo Swancito sólo por escuchar su voz y sentirla tan cerca – Susurró con la voz quebrada.

Las pupilas de Regina se dilataron y sus ojos se volvieron negros como la noche, llenos de deseo. Negro versus verde se batían a duelo hasta que llegó la interrupción en forma de pelota golpeando en la cabeza a la rubia.

-¡Mamá, tengo hambre! – Henry habló divertido por haber dado en el blanco.

-Oh pequeño, ¿De verdad te atreviste a golpearme? – Emma lo miró amenazante y dio pasos lentos acercándose al muchacho que intentaba alejarse rápido.

-Fue sin querer, ma, sólo tengo hambre – Explicó entre risas Henry.

-No hay excusas, chico, ¡Te voy a agarrar y ya verás! – Exclamó más fuerte y se tiró para llegar nadando a él, que no pudo escapar y se vio tomado por la rubia que empezó a hacerle cosquillas, con cuidado de que no se ahogara.

-Basta, basta, mamá, por favor, ayudame – Llamó a Regina que ya había salido del agua y los observaba divertida desde la manta, preparando los sándwich.

-Me temo, cariño, que tendrás que arreglártelas con tu madre – Le respondió sonriente.

-¡Traición! ¡Traición al príncipe! – Gritaba Henry sumamente feliz con su actuación aunque cansado de tanto reírse y tener que mantenerse a flote.

-Oh, pero si es el pequeño príncipe Henry – Exclamó Emma, haciéndose la sorprendida – Súbase a mi espalda, lo llevaré al reino de su madre la Reina Malvada – La rubia le dio la espalda y sintió como el chico se subió a caballo, blandiendo su brazo como si tuviese una espada.

-Al fin se me reconoce en este reino, adelante caballero, debo tomar el almuerzo con mi bella madre.

Maléfica se unió al juego, interponiéndose entre ellos dos y Regina.

-¡No, un dragón! – Exclamó Henry, casi ahorcando a Emma con su brazo – Atrás, no queremos lastimarlo, váyase ahora o tendremos que matarlo.

-Nadie ha podido herirme, pequeño príncipe, su reina ahora es mi rehén y deberán matarme para llegar a ella – Maléfica respondió, con su mejor cara de malvada y empuñando sus manos como garras.

-¿Listo para luchar, Principe Henry? – Preguntó Emma, hundiéndose en el agua para que su hijo se siente en sus hombros y poder estar más alto.

-Siempre listo, ¡Allá vamos! Mamá no temas, el caballero blanco y yo te salvaremos.

-¡Mis hermosos caballeros, apúrense! – Jugó también Regina, divertida observándolos desde su lugar.

Henry y Maléfica empezaron la imaginaria guerra y tras algunas estocadas, el dragón murió y pudieron llegar victoriosos hasta la Reina, que tomó en brazos a su hijo para llenarlo de besos.

Emma se acercó al agua para ayudar a salir a Maléfica.

-Buena lucha – Le sonrió por primera vez, sorprendiendo a la morena.

-Oh, gracias querida, tengo años siendo un dragón – Rio – Habrías sido un buen caballero blanco – Le devolvió la sonrisa y tomó su mano para salir del agua e ir juntas a la manta.

Regina observó contenta el intercambio entre las dos mujeres y cuando la rubia estuvo sentada, le apretó disimuladamente la mano en señal de agradecimiento.

Aquella noche Henry se había ido a dormir a la casa de su reciente amigo, dejándoles a las tres mujeres la intimidad necesaria para una grata charla entre adultos. Maléfica y Emma tomaron asiento en dos sillones enfrentados y esperaban a que Regina volviera con sus copas de sidra.

-Querida, no confundas esto con ingratitud hacia tu visita pero ¿Qué te trae por acá? – La morena les entregó sus copas y se acomodó al lado de la rubia, quien entrelazó sus manos en un acto tan inconsciente como natural.

-Siempre directa, Regina – Sonrió un momento para luego ponerse seria – La verdad es que vengo por apoyo. En unos días saldrán desde mi castillo las invitaciones para mi boda con la princesa Aurora – El gesto sorprendido de su amiga la hizo volver a sonreír – Sí, parece que al final tenías razón y nuestra relación poco tenía de madre-hija – Suspiró recordando aquellos momentos.

-A esta altura ya deberías saber que siempre tengo razón – Sonó orgullosa y al mejor estilo Reina Malvada.

-Directa y narcisista – Se burló.

-Realista me queda mejor, querida – Le guiñó un ojo – Entonces ¿Venís a pedirme apoyo para que el Rey Stefan no destruya tu reino?

-Sí, a pesar de que te crean la Reina Malvada, tu reino es el único que tuvo excelente relación con todos los demás y me vendría bien que aparecieras ahora para que no se desate un conflicto bélico, del que realmente no tengo interés en ser parte.

Regina asintió y se mostró pensativa, evaluando los beneficios y todo aquello que podía salir más si accedía a la petición de su amiga.

-Bien, hace tiempo que tengo ganas de volver a vestir como una verdadera reina – Dictaminó y acto siguiente el rostro de Maléfica se relajó en una gran sonrisa – Querida, felicitaciones por la boda – Acercó su copa y con el ruido del vidrio chocando entre sí, quedó sellado el pacto de alianza entre las dos.

-¿Eso quiere decir que volveremos al bosque encantado? – Preguntó medio confusa Emma.

-¿Cómo te ves ejerciendo de Princesa? – Respondió la morena, riendo al ver la cara de espanto de la rubia – Tranquila, te dejaré ser mi caballero blanco.

-Eso me gusta más – Le sonrió - ¿Cuándo nos vamos? ¿Henry vendrá con nosotros?

-No, ni hablar, lo dejaremos en casa de sus abuelos antes de partir. Maléfica, estamos a tus órdenes.

-Deberíamos salir cuanto antes, podemos esperar hasta mañana pero no más – Aclaró.

-Así será.

Emma desconectó de la conversación que se siguió desarrollando, total poco entendía sobre tácticas, reinos y reyes. Observar a la morena le parecía una forma mucho más interesante de pasar su tiempo y si aquella morena encima estaba en plan Reina Malvada, era casi un placer visual. Ella nunca había tenido gran intención por ir al mundo del que todos venían, sin embargo saber que iba a poder ver a Regina en todo su esplendor de Reina, le generaba tanta ansiedad que por si ella fuera se hubieran puesto en marcha en ese mismo momento.

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Ey, perdón por la tardanza. Fin de año siempre es muuuy movido. Parece que viajamos de nuevo! Qué pasará en el bosque encantado? Por cierto, tienen tumblr? :) Nos leemos!