La hora de dormir llegó y decidieron que la sheriff le cedería su habitación a Maléfica, por nada del mundo iba a perderse la oportunidad de dormir con su reina malvada. En aquel momento le pareció una idea fantástica, pero ahora… La rubia ya estaba costada, una fina sábana de seda negra cubría la parte inferior de su cuerpo que sólo vestía un bóxer. Sus ojos estaban fijos en el techo, y si no fuera por el movimiento de su pecho al respirar, todo llevaría a pensar que estaba muerta.

Escuchaba los ruidos de Regina en el baño, preparándose para dormir y no podía dejar de pensar en las horas que la separaban de estar en el bosque encantado y poder ver a la morena vestida de Reina Malvada.

Sí, ya la había visto así, pero antes no era consciente de la atracción que ejercía sobre ella la Reina y ni hablar de que tampoco contaba con un miembro revelador. El mismo que ahora estaba duro y ella intentaba disimular teniendo una pierna flexionada. Una adolescente, ni más ni menos.

-Espero que tus padres no quieran acompañarnos al bosque encantado – Interrumpió sus pensamientos Regina.

-¿Eh?

La morena apagó la luz del baño, cerrando la puerta tras de sí y se giró con su ceja alzada a la rubia que tenía la mirada absolutamente perdida en su cuerpo.

Regina se sintió arder bajo la pasión de aquellos ojos.

-¿Ve algo que le guste, Miss Swan? – Ronroneó acercándose a la cama y apoyando su rodilla en el suave colchón para gatear hasta la otra mujer. Emma tragó saliva con fuerza, sintiendo como todo su cuerpo pedía a gritos ser acariciado por Regina - ¿Qué tenemos acá? – Preguntó curiosa, con su voz juguetona y aquella mirada depredadora que podría derretir todo el hielo del mundo. Levantó una de sus manos y con suavidad deslizó la sábana por las piernas de la rubia, revelando el bóxer abultado. Volvió a clavar sus ojos en los otros, con más fuego que antes, lamiendo su labio inferior con tanta sensualidad que Emma cerró sus puños sobre la tela y dejó escapar un gemido ahogado.

-Regina…- Susurró, extasiada por todas las sensaciones que le provocaba, por su cuerpo tan cerca del suyo apenas cubierto por un mínimo camisón bordó. Intentó incorporarse y besarla, sin embargo la morena fue más rápida y la frenó apoyando la mano en su pecho.

-Quieta – Le ordenó y esta vez pareció hablar la Reina Malvada.

Emma quería rebelarse y tomar el mando, pero se sentía hipnotizada por la morena, por lo tanto se recostó nuevamente contra la almohada, a la espera.

-Así me gusta – Le sonrió con maldad – Obediente – Y acompañó sus palabras rasguñando el vientre desnudo de la rubia, que sólo pudo cerrar los ojos y echar su cabeza atrás.

La ahora molesta sábana desapareció con un ágil movimiento de muñeca, y le siguió la camiseta de Emma, quedando sólo cubierto su hinchado miembro. Con suavidad le bajó la pierna que mantenía flexionada y se acercó despacio al elástico del bóxer, sintiendo los ojos verdes clavados en ella. Con sus dientes rasguñó la piel hasta agarrar la tela y tirar levemente hacia abajo, revelando el vello que cubría aquella zona.

Escuchó gemir a la rubia y al instante sintió como apoyaba con delicadeza la mano encima de su cabeza, incitándola a acercarse más. El fuego incendió todo el cuerpo de Regina, cada terminación nerviosa fue sacudida por una corriente eléctrica que la recorrió entera y ayudándose con sus manos, bajó un poco más aquel incordioso bóxer. Sólo un poco. Observó con lujuria los abdominales ligeramente marcados de Emma y como su pelvis se perfilaba como una flecha hacia abajo, invitándola.

-Regina, por favor… Te necesito – La voz quebrada por el deseo le quitó lo poco que le quedaba de paciencia y su boca comenzó a besar, lamer y morder el torso desnudo que tenía debajo.

Las manos de la rubia no se quedaron atrás y arañándole la piel, fueron subiendo el camisón hasta dejarlo olvidado a un costado de la cama. Emma hubiera querido tomar un respiro luego de ver a Regina sólo cubierta por una sexy pieza de lencería, sin embargo la morena comenzó a jugar con uno de los pezones, torturando el otro con sus dedos, impidiendo otra reacción que no sea la de disfrutar.

Emma gemía y despeinaba a la Reina, con una de sus manos aún en su cabeza. Su pelvis no paraba de danzar hacia arriba en un vano intento por poder sentir la intimidad de la morena.

Con un gemido de frustración, llevó sus manos a la cintura de Regina y con un decidido movimiento la sentó encima de su entrepierna. El estallido fue instantáneo, sus gritos se mezclaron en el aire al sentir como mil burbujas explotaban en su interior. Emma creía que iba a volver a acabar sólo sintiendo la ropa húmeda de la morena y el calor que desprendía su intimidad, sin embargo estaba decidida a llevar hasta el final aquel encuentro.

-Nos van a escuchar – Recuperó la conciencia, y Regina hubiera reído al ver su cara de espanto si no estuviese demasiado atravesada por las sensaciones que hacían vibrar su cuerpo.

-¿Realmente me crees tan despreocupada? Silencié la habitación apenas entramos, querida – Y su voz sonó tan sensual como lujuriosos estaban sus ojos.

-¿Algo se escapa de tu control alguna vez? – Cuestionó divertida.

Regina fingió pensar y luego respondió, enarbolando su mejor sonrisa de Reina Malvada, aquella que congelaba corazones pero que en Emma sólo ascendía su temperatura.

-Nada ni nadie, Miss Swan y si no empieza a moverse en este mismo instante, bueno, no querrá saber las consecuencias.

Emma cerró los ojos, extasiada por aquel tono de voz que nunca descubriría cómo podía sonar tan provocativo y amenazador a su vez. Sus manos llevaron las piernas de la morena alrededor de su cuerpo y se enderezó, quedando sentada en la cama con Regina encima suyo.

-Desnúdanos – Le susurró al oído y gemido después, sintió como su erección entraba en contacto con los labios vaginales de la morena.

Sus voces volvieron a mezclarse, febriles, y un sinfín de movimientos erráticos empezaron a sucederse hasta que Regina besó a Emma y así, con sus lenguas reconociéndose, pudieron sincronizarse y empezar a deslizarse contra la otra.

La rubia no recordaba sentirse tan excitada en su vida. Todo su cuerpo era una zona erógena cuando la morena la rozaba: arañando su cuello, sus hombros, su espalda. Sus pezones, el vientre, las piernas…

-Emma – Le agarró de la cara con fuerza, fundiendo sus miradas – Quiero, necesito sentirte adentro mío. Ahora.

En respuesta, apretó sus pechos con fuerza y le arrancó nuevos gemidos a la Reina, que se dejaba hacer mientras frotaba su sexo contra el de su compañera. La manera en que el pene le estaba rozando el clítoris la llevaba al extremo, al borde del estallido.

-Protección, necesitamos protección – Murmuró momentos antes de deslizar su lengua por el duro pezón.

-¿Qué? – Apretó con fuerza la rubia cabeza contra sus pechos.

-Tengo un pene, Regina, podría dejarte embarazada – Y la risa que llenó sus oídos la confundió tanto que la hizo frenar todos sus movimientos.

-Emma – Sonó dulce – No puedo quedar embarazada, creí que ya lo sabías.

La rubia se sintió mal por un breve instante, al pensar que nunca podría tener un hijo del vientre de Regina, pero la morena no le dio tiempo para más, guiando su mano hacia el encuentro de los dos cuerpos para tomar con sus dedos el miembro palpitante.

-Adentro, cariño, no me hagas rogarte.

Para tortura y placer de ambas, la Reina comenzó un a masturbarse con el pene de Emma, mientras su mano subía y bajaba por toda su longitud. Las respiraciones eran erráticas y entrecortadas, los gemidos inundaban toda la habitación. Cuando notó que la rubia no podía aguantar más, la dirigió hasta su entrada y tras un movimiento, la sintió dentro suyo.

Brazos y piernas se aferraron con fuerza del cuerpo de Emma que correspondió al instante, nublada por el éxtasis en el que se hallaba. Sus dedos bajaron a estimular el hinchado clítoris de Regina, que gemía con los ojos cerrados y la cabeza hacia atrás. En medio de la nebulosa de deseo, la rubia se tomó un instante para observar a su compañera y sintió como si su corazón se expandiera tanto que no le cabía en el pecho. Era hermosa, transpirada y jadeante, su cuerpo parecía tallado a mano de tal perfección que tenía. Si Emma tuviera que creer en algo, creería en la Diosa Regina.

-Voy a llegar, Emma – Gimió.

-Regina… - Sintió cosquillear su lengua al nombrarla – Vamos a hacerlo juntas.

Y la morena quiso mirarla, pero cuando su compañera aumentó la velocidad de las embestidas y frotó con mayor precisión su clítoris, nada pudo hacer para impedir que el estallido se hiciera eco en cada parte de su cuerpo, olvidando toda razón y control. Sintió el orgasmo crecer como una pequeña luz primero y luego como un fuego que todo lo eclipsa, hasta convertirse en el típico estallido producto de un beso de amor verdadero. La energía fluyó como una onda expansiva desde el interior de sus cuerpos. Cayeron de espaldas, agotadas. La morena se acomodó al costado de la sheriff, dejando descansar su mano en el pecho de la otra, sintiendo el rápido latir del corazón bajo su palma.

-Eso fue… - La voz de Emma todavía sonaba débil.

-¿Increíble, majestuoso, mágico?

-Todo eso junto, sí – Sonrió, acariciando el cabello de Regina.

Su mente estaba vacía, sólo disfrutaba de aquel nuevo sentimiento: paz.

-¿Dónde estuviste toda mi vida? Nunca tuve un amante tan bueno – Se confesó la Reina.

-Me temo que en su vida anterior yo era apenas una criatura para hacerla disfrutar así, su majestad – Se burló, divertida.

-Detalles – Le quitó importancia, dejando un beso en la mandíbula de Emma.

-Es usted hermosa, Su Alteza – La rubia invirtió los lugares y atrapó a la morena bajo ella – Es el mapa y el tesoro, lo es todo – Le sonrió, y en sus ojos Regina vio amor – La descubriré toda la noche, hasta que se quede sin voz de tanto gemir mi nombre – Y esta vez su voz fue un sensual susurro directo al oído de la Reina, que sintió como su cuerpo reaccionaba al instante y su entrepierna nuevamente se cubría de humedad.

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Corto pero intenso. Qué les pareció? :)