El sol le acariciaba el cuerpo, despertándola; intentó girarse para darle la espalda a la ventana pero algo se lo impidió. Gruñó molesta y agudizó sus sentidos: cansancio corporal, la erección matutina de siempre, la lengua de Regina en su miembro… Momento, ¿Qué? Abrió los ojos de golpe, encontrándose con la mirada juguetona de la morena, una de sus manos sosteniendo su miembro y su lengua recorriéndolo en toda su longitud. El gemido le quebró la garganta y retumbó por las paredes.
-Buen día, Miss Swan – Acompañó su saludo envolviendo la cabeza del pene con su lengua, sintiendo como la rubia se estremecía bajo ella.
Emma bajó una de sus manos hasta enredar sus dedos en la cabellera morena y presionarla contra su miembro, al mismo tiempo que arqueaba su cuerpo y alzaba su pelvis.
-Ah ah, qué ansiosa, Miss Swan – Se burló esquivando la presión ejercida sobre su cabeza – Quietita si querés que continúe, querida.
La rubia volvió a gruñir en lo que parecía su nuevo idioma para comunicarse y suavizó el agarre pero no la soltó, le excitaba demasiado ver a la morena entre sus piernas y tenerla controlada por el cabello.
-Mucho mejor, ahora ¿Por dónde iba? – Se preguntó y dio toquecitos rápidos con la punta de su lengua alrededor del pene erecto, siendo respondida por los gemidos de la rubia– Mm, sí, creo que por acá.
Las cosquillas recorrían todo el cuerpo de Emma que se sentía sobre estimulada por la morena al verla lamer su pene como si fuese el último chupetín sobre la tierra. ¿Había mejor forma de despertar que esa? Una sonrisa se abrió paso entre sus labios, Regina era una caja de sorpresas. Su pelvis parecía tener vida propia y no dejaba de alzarse en un vano intento de introducirse al completo en la boca morena.
-Ahg, Regina, por… por favor – Sintió la sonrisa de la morena y creyó morir cuando los dientes arañaron toda la longitud de su miembro.
-¿Te gusta? – Preguntó y su voz de Reina Malvada envió descargas eléctricas por todo el cuerpo de Emma.
-Me… Me en..canta – Logró decir, rogando para que su chica terminara con aquella tortura y como si hubiese leído su mente, se introdujo lentamente el pene en su boca con sus ojos negros clavados en los verdes.
Tres golpes secos las sacaron de su burbuja sexual.
-¡Lamento interrumpir su mañanero, pero una boda y posible conflicto bélico nos espera! – La voz de Maléfica se filtró por debajo de la puerta, rompiendo el encanto pero no logrando desaparecer la erección de Emma, que maldecía en voz baja a la malvada bruja.
-Buen día para usted también, Su Alteza – Se burló Regina - Enseguida salimos, Male – Una carcajada y los pasos alejándose fue su respuesta – Lo siento, cariño, Swancito tendrá que esperar – Depositó un beso sobre la hinchada cabeza e hizo el amago de levantarse, sin embargo Emma tenía otros planes y antes de que pudiera darse cuenta, la morena se hallaba boca abajo con el cuerpo de la rubia presionando el suyo.
-Ni hablar, Miss Mill, no puedo permitir que incendie toda una ciudad por su frustración sexual – Le habló al oído, con voz firme que no dejaba lugar a dudas. Regina se sintió humedecer ante el rol dominante de la siempre pasiva rubia.
Emma deslizó su mano entre sus cuerpos y guio su pene hacia la entrada de la morena, gimiendo al unísono tras sentirse, la cabeza de su miembro resbalando y abriendo los labios vaginales gracias a la gran humedad que allí había. Dedicó unos eternos segundos a masturbarse mutuamente, su propia mano subiendo y bajando por su pene mientras con la cabeza rozaba en círculos el clítoris hinchado de la Reina.
-Adentro, Miss Swan – Rugió, sin poder controlar sus caderas que se movían erráticas.
La rubia sonrió y clavó sus dientes en el hombro desnudo bajo ella, al mismo tiempo que daba un golpe seco con su pelvis y penetraba a la morena, entrando tan profundo en ella como su largo miembro se lo permitía. Los gemidos llenaron la habitación, sus cuerpos se acoplaban perfectamente en aquella danza tan carnal. Los dedos de la morena se clavaron desesperados en el cabello rubio cuando esta comenzó a masajearle el clítoris al tiempo que seguía entrando y saliendo de su interior.
-No aguanto mucho más, cariño, acabá conmigo – Gimió Emma al oído de la Reina que le respondió alzando aún más su cola.
La mano libre de la rubia se agarró con fuerza de la cadera morena y usando todas sus energías aceleró las penetraciones acompasadamente con los círculos que trazaba la yema de sus dedos en el mágico botón de Regina.
Y como todas las veces anteriores, sintieron el fuego creciendo desde lo más bajo de sus pelvis, comiendo territorio hasta colmar sus cuerpos y ambas se dejaron ir en aquel devastador orgasmo. La reina se retorcía de placer al sentir hincharse aún más el miembro dentro suyo y como éste explotaba, llenando de semen su interior.
Lentamente sus respiraciones se fueron tranquilizando y a regañadientes, Emma salió de Regina, acomodándose a su lado, aprovechando la nueva posición para dejar suaves besos en su hombro hasta que la morena la abrazó y se fundieron en un largo beso, acariciando con delicadeza el otro cuerpo transpirado.
-Buen día, mi amor – Susurró la rubia sobre aquellos labios que la volvían loca - ¿Siempre tenés tan buen despertar?
La sutil risa de la morena llenó la habitación y tras morderle el labio inferior a la rubia, respondió:
-Sólo cuando la compañía lo merece – Le guiñó un ojo, coqueta - ¿Compartimos ducha?
-Eso no se pregunta – Volvió a besarla y la tomó en brazos para llevarla hasta el baño.
El tiempo se les había echado encima, sin embargo disfrutaron cada instante de aquella rápida ducha compartida, con besos, y caricias robadas, para luego vestirse entre risas.
La felicidad que estaban sintiendo no tenía comparación, Emma en sus 28 años de vida solitaria jamás tuvo esperanza de sentir tal plenitud y Regina por su lado había enterrado hacía mucho los deseos de un amor tan profundo. Juntas se sentían invencibles y no precisaban manifestarlo con palabras, de alguna forma sentían un lazo que las conectaba a la otra y tenían la certeza de que el sentimiento era recíproco.
De Maléfica se podía decir muchas cosas pero no que era mala invitada: cuando llegaron a la cocina la encontraron desayunando con Henry y sobre la mesa, dos cafés esperando ser tomados por ellas. Aquel simple gesto ablandó a la rubia y pasaron una agradable mañana, poniendo al corriente al niño acerca de los nuevos planes. Al menos la parte que creyeron que debería saber un chico de su edad.
Para la media tarde, su hijo las despedía con la mano delante de Mary Margaret que las observaba extrañada sin entender qué podría haber pasado para que las dos mujeres se mostraran tan unidas.
Escondida en la casa de la alcaldesa, las esperaba Maléfica, profundamente ansiosa. Cuando el sonido de la cerradura se oyó, poco le faltó para abalanzarse sobre aquella puerta.
-¡Al fin! ¿No querían tardar un poco más? – Se quejó, sorprendiendo a las recién llegadas – Lo siento, estoy un poco nerviosa.
-No recuerdo haberte visto alterada en la vida, Male, no tenés de qué preocuparte – Le aseguró Regina, acercándose a ella para tomarla de las manos en señal de apoyo – Ahora en marcha – Y sin más dilación, las tres se tomaron de las manos y fueron transportadas al reino de Maléfica.
Emma miraba a su alrededor conmocionada, aquel castillo era sencillamente precioso. Maléfica las había trasladado a las afueras de su castillo y desde allí se podía apreciar el lugar con toda exactitud. Varios kilómetros de jardín separaban las rejas de la construcción. En un rápido conteo, Emma llegó a notar más de cincuenta tipo de flores diferentes. Y eso solamente en lo que alcanzaba su visión. Detrás, se alzaba majestuoso el castillo, gris, blanco y bordo eran los colores que lo adornaban.
-¿Emma? – La voz de Regina la sacó de su ensoñación, se giró hacia ella – Vamos, cariño.
La aludida se aferró a la mano que le tendía la morena y subió al carruaje que aguardaba su llegada. Cuando las tres estuvieron dentro, se puso rápidamente en marcha.
-Van a tener que cambiar de vestuario, queridas, mucho me temo que sus atuendos llamarían demasiado la atención por estos lados.
La rubia esbozó una gran sonrisa que desconcertó a las dos morenas, quienes la interrogaron con sus miradas.
-Si hay algo que me gusta de esta parte del mundo, es ver a mi Reina Malvada vestida como tal – Respondió desvergonzada, enviándole una mirada llena de deseo a Regina.
La carcajada de Maléfica distrajo a la morena que se sintió repentinamente excitada tras la confesión de Emma.
-A vos y a todo el reino, querida, lo primero que se comentaba era qué tan malvada podría ser, pero lo segundo… -Sonrió, divertida – Lo segundo eran esos maravillosos escotes que usaba.
Las mejillas de Regina tomaron un suave sonrojo mientras Emma fruncía el ceño, molesta ante la idea de otras personas observando el cuerpo de su chica.
-¿Podrían dejar de hablar de mi como si no estuviera presente? – El rostro afilado de la Reina las alertó, y ésta disfrutó riéndose de la cara aterrada que habían puesto aquellas dos – Lo siento, estoy practicando mis gestos de Reina Malvada, veo que aún funcionan a la perfección – Añadió divertida, sin molestarse por la mirada ofendida que le enviaban - ¿Qué puedo decir de mis vestidos? Una reina debe mostrarse magnífica – Sonrió coqueta sólo a Emma que se sintió derretir bajo aquella insinuante mirada.
-¡Por favor, parecen un par de adolescentes hormonados! – Se quejó Maléfica.
-¿Celosa, querida?
-Ansiosa, más bien, deseo encerrarme largas horas con Aurora – Gruñó molesta.
La pareja se rio de la frustración sexual que mostraba la otra Reina y entre burlas llegaron finalmente a las puertas del castillo.
Apenas pusieron un pie en suelo firme, vieron a Aurora cruzar la distancia como un rayo y saltar al cuello de Maléfica, fundiéndose ambas en un necesitado abrazo. Rubia y morena se miraron enternecidas y decidieron alejarse para darles la intimidad del reencuentro.
-Este lugar es precioso – Observó Emma, aspirando el perfume de las flores.
-Lo es, realmente puedo ver el cambio que efectuó Aurora en ella, antes todo esto era más bien lúgubre – Reflexionó en voz alta – Como mi castillo.
La rubia rodeó con sus brazos el cuerpo de Regina, nada contenta con la mirada ensombrecida que vio en sus ojos.
-Son épocas pasadas, cariño – Depositó un beso en sus labios – Si querés podemos renovar tu castillo – Le guiñó un ojo y sonrió satisfecha cuando la alegría volvió al rostro de su amada.
-Si nos queda tiempo, me gustaría hacer eso – Le devolvió el beso y fueron interrumpidas por las otras dos mujeres.
-Como te decía, princesa, un par de adolescentes – Volvió a burlarse Maléfica, junto a su prometida que sonreía suavemente.
-Emma, querida, recordame quién confesaba querer encerrarse con su mujer en su alcoba.
-Ouch, golpe bajo, Regina – La señaló con el dedo.
La Reina desestimó lo dicho con un simple gesto de su mano y se giró hacia la callada Aurora.
-Creo que no nos hemos presentado adecuadamente, Regina Mills, ex Reina Malvada, a su servicio Princesa Aurora.
Emma observaba embelesada el intercambio. Podía pasarse horas y horas admirando la belleza de Regina y la forma en tan majestuosa en que se relacionaba con el mundo. Cuando las miradas se volvieron hacia ella, advirtió que era su turno de presentarse.
-Oh, si, disculpen – Sonrió, enterneciendo a la Reina por su torpeza – Emma Swan…- Titubeó – No sabría bien cómo presentarme así que sólo voy a decir eso – Y la carcajada de las tres mujeres alivió su incomodidad-
-Un placer, Regina, Emma, gracias por venir a apoyarnos – Aurora tomó sus manos y las apretó con cariño – ¿Les parece si almorzamos y detallamos el plan de acción?
-Después de ustedes – Respondió Regina, entrelazando sus dedos con los de la rubia para seguir a las futuras esposas.
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Hola gente :) Perdón por el retraso, estoy haciendo un viaje por américa latina (ahora en Lima) y se me dificulta sentarme a escribir, pero prometo terminar la historia. Igual que Destinadas, gracias a quienes preguntan por ello, voy a ver si pronto puedo actualizar esa historia :) A ver qué nos trae el mundo mágico por acá! Nos leemos pronto!
