Por fin un nuevo capítulo, uno más sentimental en esta ocasión... debe ser este frío mes :) Muchísimas gracias por seguir comentando, prometo responderos a todos. Espero de todo corazón que os guste, ¡Un abrazo enorme!

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Ranma despertó sonriente, su charla la noche anterior con Akane sobre artes marciales había encendido esa llama que creía apagada. Decidió ir a entrenar un poco, las enfermeras se lo prohibían, le dejaban como mucho correr en la cinta durante media hora, pero él pensó que si empezaba a practicar de nuevo, poco a poco, paulatinamente cada vez aguantaría más y al final volvería a ser el mismo de siempre. Tenía todo el domingo por delante, así que trazó un plan para que no le pillaran, tenía que controlar bien los horarios de sus medicinas y de la comida, pero durante las otras horas podía deslizarse hacia el tejado y entrenar sin que nadie se enterara.

Akane salió del hospital temprano a la llegada de su padre, y decidió que aprovecharía ese día para estudiar, aunque su mente no le dejaba concentrarse como debía. Pensaba en Ranma y en todas las dudas que tenía sobre él. Le parecía tan misterioso y a pesar de los malos modales del chico, creía ver en él un lado muy tierno. Recordó la mirada del de la trenza hablando de la Escuela de combate libre, una mirada sincera, emocionada, como la de un niño al que acaban de invitar al parque de atracciones. ¿Qué probabilidades había además de que los dos practicaran el mismo estilo de artes marciales? Por lo que sabía solo ella y su padre la seguían. Tenía ganas de que fuera lunes de nuevo para volver a hablar con él, aunque odiaba que fuera en un hospital, le encantaría poder conversar tomando un helado, o incluso enseñarle el dojo para que él le mostrara sus técnicas. Ojalá pudiera ayudarlo, pero ni sabía qué era lo que él tenía. ¿Y si era grave? No lo parecía, normalmente se le veía bien, no en plena forma, y algo más pálido de lo normal, pero como mínimo no tenía que estar en cama 24 horas. Esperaba que él acabara confiando en ella y le contara todo.

Al llegar a casa se encontró con sus dos hermanas, que la esperaban para desayunar en la mesa del comedor, aunque Akane sabía por la mirada de Nabiki que la interrogaría para saber más de Ranma.

-"Y bien A-ka-ne-chan, ¿no tienes nada que contarnos?"

-"¿A qué te refieres?" preguntó aún sabiendo la respuesta.

-"Pues a Ranma-kun, a qué va a ser" dijo la mediana maliciosamente.

-"Ranma es solo un amigo que he conocido en el hospital"

-"Acabas de llamarle Ranma, y en ayer también lo hiciste. Sin embargo a Ryoga-kun, tu amigo de la infancia siempre le llamas Ryoga-kun y a Kuno, Kuno-senpai… claramente te sientes mucho más a gusto con Ranma…" la menor de las hermanas se sonrojó… tenía razón. Era mucho más cercana y natural con Ranma que con cualquiera de sus otros amigos… no utilizaba ningún honorífico con él, simplemente le llamaba por su primer nombre, algo que ella no tenía por costumbre hacer. En Japón lo normal era nombrar a las personas por su apellido o utilizar el nombre seguido de algún honorífico para mostrar respeto si aquel con quien se habla no es muy íntimo, pero con Ranma simplemente, no le hacía falta.

-"Nabiki-chan, no la molestes, debe estar cansada de dormir en el hospital. Ves a descansar y tranquila, a mí me parece que Ranma-kun es un gran chico, tengo un buen presentimiento sobre él." Sonrió dulcemente Kasumi a su hermana pequeña para tranquilizarla.

La peliazul se retiró a su habitación, tenía que estudiar sí o sí si quería mantener sus buenas notas y hacerle ver a su madre que todo seguía igual en sus vidas. Empezaba a hartarse de no conocer el estado real de la mujer, los médicos no confirmaban ni desmentían nada. Probaban nuevos medicamentos a diario en ella para ver cuál era el más afectivo y nunca les daban una fecha exacta de alta. En realidad echaba de menos la vida tal y como la conocía antes, echaba de menos cenar con todos y explicarles cómo le había ido el día, entrenar en el dojo con su padre o ir a comprar con su madre, incluso las fatídicas clases de cocina con Kasumi. Tenía que concentrarse y sacar lo mejor de sí, mantenerse positiva y ayudar a todos en cuanto pudiera.

Por otro lado el joven Saotome comió a las 13h como de costumbre y cuando la enfermera recogió los restos, él le dijo que quería dormir un poco, que se notaba cansado y que por favor no le molestaran en 2 horas, la chica asintió y cerró la puerta al salir. Ranma colocó la almohada simulando su cuerpo debajo de las sábanas y escaló por la ventana hasta llegar al tejado, su habitación estaba en el primer piso así que llegar hasta arriba del todo ya podía contar como parte del entrenamiento. Tenía un par de horas para ejercitar los músculos que ya empezaban a notarse dormidos, así que lo aprovechó al máximo aunque era consciente de su estado y conocía sus limitaciones.

Lunes llegó rápido, Akane quedó con Yuka al salir de la escuela para ir directas al hospital. Al llegar fueron hacia la habitación de la señora Tendo y Yuka le obsequió con un pequeño detalle de parte de sus padres. Hablaron con ella un rato hasta que su madre le dijo a Akane:

-"Deberías presentarle Ranma-kun a Yuka-chan, si no le visitas hoy se extrañará" la peliazul se sonrojó y sorprendió, ¿desde cuándo su madre sabía de la existencia del muchacho? ¡Nabiki! pensó.

-"Mamá…cómo…"

-"Una madre lo sabe todo hija, además mi ventana da al jardín y Nabiki no sabe tener la boca cerrada" le guiñó un ojo a la menor de las Tendo sonriendo con picardía. Ella rodó los ojos al pensar en lo entrometida que era su hermana.

Akane salió de la habitación seguida por su amiga, no sabía dónde encontrar al muchacho así que caminaba con la esperanza de toparse con él, ahora que lo pensaba aún no sabía el número de su habitación, tenía que preguntárselo. Regresando de nuevo hacia donde se encontraba su madre puesto que desistía en la búsqueda del chico vio a lo lejos como él se encaminaba hacia la puerta de la habitación de la señora Tendo. Tenía que prevenir como fuera que ella lo viera, seguro que si se conocían su madre diría algo que podría ponerla en evidencia. Su familia era experta en este tipo de cosas. La joven emprendió una carrera hacia Ranma y su amiga le seguía, aunque de lejos, no podía alcanzar la velocidad de la peliazul. Ella empezó a gritarle y él se giró, a 5 pasos del muchacho tropezó con uno de los asientos del pasillo e iba directa al suelo cuando Ranma saltó rápidamente y la cogió en brazos evitando que cayera. Yuka tenía los ojos como platos, qué rapidez, qué fuerza, qué ojos y qué cuerpo pensó ella.

-"Resulta que además de marimacho también eres torpe" dijo él sin dejar de sujetarla, Akane sonrojada le pellizco el brazo para que la soltara.

-"Eres un idiota…" los dos jóvenes se quedaron mirando fijamente, sus miradas transmitían entre rabia y enfado, pero poco a poco se iban tornando más mansas, una admiraba los ojos azul marino del chico y el otro se había perdido en las largas pestañas de Akane. Yuka no quería romper ese raro momento, pero decidió que tenía que intervenir.

-"Ejem, Akane-chan, sigo aquí…."

-"Oh perdona, Ranma esta es Yuka-chan mi mejor amiga, Yuka-chan él es Ranma mi… un…" Akane no sabía cómo presentarle, ¿eran ya amigos? ¿Conocidos? ¿Algo más? Su cabeza empezó a doler con tanto pensamiento. Ranma la vio dudar, así que se adelantó a la muchacha.

-"Hola, soy Ranma Saotome, encantado" él hizo una leve reverencia y la sonrisa de Ranma llamó tanto la atención de Yuka que sin querer se sonrojó.

-"Ranma… ¿estás bien? Te veo más pálido que otros días" dijo algo preocupada Akane que vio al joven de la trenza un poco agotado.

-"¿Eh? Ah sí, no te preocupes, me entraron ganas de entrenar e igual me he esforzado más de lo que debería" respondió él rascándose la nuca sin perder la sonrisa.

-"Estás muy fuerte Ranma" le dijo Yuka tocándole el brazo al muchacho, él la miró con desgana y Akane frunció el ceño.

-"Creo que nunca te había visto con el uniforme Akane, ¿vienes del instituto?"

-"Sip, hemos venido a ver a la señora Tendo y a conocerte. Dice Akane-chan que practicas artes marciales como ella, ¿sabías que se le da muy bien? Cada día lucha contra un montón de chicos que quieren una cita con ella" dijo coqueta Yuka "pero yo estoy libre" continuó la joven. No es que quisiera robarle a su amiga el chico, pero la peliazul, testaruda como ella sola la convenció de que Ranma no le interesaba para nada, que solo eran amigos y que eso sería todo lo lejos que llegarían. Así que se lo tomó en serio y decidió probar suerte con el apuesto joven.

-"¿Significa eso que tu no estás libre Akane?" Preguntó él sin hacer caso a la chica. La peliazul sonrió, Ranma seguía ignorando a Yuka y eso la contentó, iba a responder pero su amiga se adelantó.

-"¿No te lo ha contado? Mañana tiene una cita con Kuno-senpai. Es un chico de nuestro instituto que lleva muuucho tiempo detrás de Akane-chan, cada día la recibe en la entrada de la escuela con un ramo de rosas y la reta para conseguir una cita. Ella siempre gana, pero, aún no sé cómo ella ha accedido a salir mañana con él" explicó Yuka enérgica, se alegraba de que Akane por fin saliera con algún chico, aunque éste fuera Kuno…

-"¡Ja! ¿y quién querría tener una cita con una marimacho como tu?"

-"Uy Ranma, ¿no será que estás celoso?" dijo tímida Akane, desde luego el chico parecía celoso.

-"¡Yo no estoy celoso! Cómo podría…yo…yo…no…" Ranma empezó a ver borroso, poco a poco la silueta de las chicas se difuminó y perdió el control de su cuerpo, empezó a caer lentamente, sus piernas no respondían "no, ahora no…" es todo lo que pudo pensar antes de chocar contra el suelo.

El joven de la trenza despertó poco a poco, abrió los ojos y rápidamente supo que se encontraba estirado en la cama de su habitación. Miró fijamente la mancha del techo, aquella mancha que cada mañana veía, una con forma de flor de cerezo que le recordaba los meses que llevaba internado. Se notaba cansado, le pesaba todo el cuerpo, pero especialmente el brazo derecho. Intentó mover su inmóvil extremidad, pero no pudo, se giró lentamente para ver qué ocurría y de golpe vio a Akane encima de éste. Tenía su mano cogida y reposaba su cabeza encima de su brazo.

Se quedó mirando a la peliazul que dormía dulcemente. Ya era de noche, Ranma no sabía qué hora era, pero la oscuridad de la calle le hizo pensar que ya serían más de las nueve. "¿Ha estado aquí todo el rato? Su amiga se habrá ido ya… es tarde. Akane habrá perdido la tarde conmigo, tendría que haber estado con su madre… no la entiendo… no sé por qué sigue hablándome, mostrando interés en mi… ni le he contado porqué estoy aquí, y aún así sigue a mi lado…¿Es esto lo que llamarán tener un amigo?"

Ella se desveló poco a poco y vio como él la estaba observando pensativo, tenía cara de preocupación pero parecía que ya se encontraba mucho mejor. Los dos se quedaron mirando unos segundos intentando entender los pensamientos del otro, sin separar sus manos que aún seguían entrelazadas. Un ruido en el exterior les hizo entrar en razón y ambos se soltaron sonrojándose.

-"¿Cómo estás?"

-"Bien, mejor, gra-gracias por estar aquí, no hacía falta"

-"¡Claro que hacía falta! Te has desmayado de repente Ranma, me he asustado mucho"

-"Lo siento, debí advertírtelo… pero no quería preocuparte, bastante tienes con lo de tu madre"

-"¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? Ranma, puedes confiar en mi" Él levantó su cabeza y la miró de nuevo fijamente a los ojos. De verdad alguien se preocupaba por él, después de tanto tiempo pensó que ya no tendría que pasar por todo eso él solo, que por fin tenía a alguien a su lado capaz de entenderle.

-"Akane, lo que te voy a contar te va a parecer muy raro, y puede que ni lo creas pero por favor, voy a ser del todo sincero contigo, deja que te cuente todo y luego juzga tu misma. ¿si?" ella asintió mientras él se levantaba de la cama y se sentaba en el borde del colchón, ella se levantó de la silla y se colocó junto a él. "Como te conté el otro día, he dedicado mi vida a entrenar con mi padre desde que tenía cuatro años, recorrimos muchos países, entre ellos China. Cuando tenía 16 años, hará un año y pico, fuimos a Jusenkyo, ¿has oído hablar de ese lugar?" Ella asintió de nuevo mientras permanecía en silencio "bien, allí mi padre y yo caímos en dos de los estanques malditos, él en el del panda ahogado y yo en el de la… de la… chica. Como debes saber, gracias a esta maldición cada vez que yo era mojado con agua fría me convertía en mujer y mi padre en panda." Akane abrió los ojos de par en par, pero prefirió no decir nada. Ranma seguía hablando con la mirada clavada en el suelo. "Después de eso decidimos que era tiempo de regresar, pero no podía volver con mi madre. Mi padre le juró que yo volvería siendo un hombre entre hombres, y si no lo lograba ambos cometeríamos seppuku. Me obsesioné. Todo lo que quería era deshacerme de esa estúpida maldición, no me atrevía a ver a mi propia madre, de hecho mi padre me lo prohibió y desde los cuatro años que no la veo, ya no sé ni qué cara tiene. Traté de deshacerme de la maldición de mil maneras, a cada cual más absurda que la anterior, pero nunca lo conseguía. Un día, hace 5 meses, desesperado conocí a un hombre que me juró tener el remedio. Fui con él a un edificio casi abandonado, él vivía allí, malvivía mejor dicho. Decía que era un brujo que años atrás ejerció como médico, pero que lo suyo era mezclar la medicina convencional con la brujería. A cambio de mi vitalidad, él me suministró 5 inyecciones durante 7 días. La maldición desapareció".

Ranma suspiró fuertemente, era un suspiro que caminaba entre el alivio y la melancolía. Por fin lo había soltado. Aquello que se negó a contar a todo el mundo, ni los médicos, ni las enfermeras, ni su padre ni evidentemente su madre conocían el trato que él había hecho con ese hombre, nadie sabía lo inmaduro que había sido al aceptar un trato así, excepto Akane. ¿Qué pensaría ella de alguien que regaló parte de su vitalidad por una maldición que lo único que hacía era convertirle en chica? Decidió continuar con su explicación sin mirarla, no se atrevía.

"Cuando regresaba de casa de aquel hombre empecé a sentirme débil, me cansaba rápidamente, me costaba mucho hacer cualquier cosa, y cuando más intentaba hacer algo, peor me sentía, hasta que un día, me desmayé. Desperté en este hospital, y desde entonces no he salido. Dicen que mi sistema nervioso falla, no saben por qué, yo sí, mi vitalidad se esfuma cuando hago cualquier esfuerzo, lo noto, lo siento, es como si pequeñas partes de mi desaparecieran, como si mis fuerzas murieran. No me dan el alta porque me desmayo casi a diario, el día que te conocí acababa de recuperarme de uno de ellos. No quiero preocupar a nadie, ni a mis padres ni a aquellos que de alguna manera podría considerar mis amigos, por eso no intento salir de aquí. Me siento culpable de esta situación, cómo pude haber sido tan ingenuo, tan inmaduro… mi maldición no era nada comparada con esto. Decidí que al merecerme este castigo por idiota no lucharía por salir de aquí, no volvería a entrenar, hasta que te conocí." Akane levantó su mirada y posó su mano encima de la de Ranma mientras le caían lágrimas de los ojos. No podía controlarse, no entendía por qué él decidió pasar por todo esto solo, la historia era increíble, pero si era cierta, era muy triste. Por el bien de sus seres queridos prefirió quedarse allí solo sin molestar a nadie antes que pedir ayuda para encontrar su cura. "Sé lo que estás pensando Akane, ¿por qué no intentas curarte?, ¿verdad? La respuesta es fácil. Al intentar curarme de la maldición de Jusenkyo lo empeoré todo, hubo ocasiones en que puse en peligro mi vida y la de los demás por salvarme a mi mismo… no pienso dejar que eso vuelva a ocurrir. No volveré a ser tan egoísta." Ella le apretó la mano, muy fuerte.

-"Ranma, por favor, deja que yo te ayude…"

-"No. Es algo que he decidido yo. Después de hablar contigo sobre artes marciales, después de recordar lo bien que me hacen sentir y después de…de… ver el brillo en tu mirada cuando me hablabas de tu dojo quise recuperar el tiempo perdido. Entrené ayer, y esta mañana, y lo único que he conseguido ha sido desmayarme y preocuparte. ¡Preocuparte y causarte molestias Akane! Aquello que juré que no volvería a pasar, lo he vuelto a hacer" él se derrumbó, colocó los codos encima de sus rodillas y se sujetó fuertemente la cabeza, hundida hasta el cuello.

-"Ranma, yo también soy una artista marcial, deja que te ayude, entre los dos estoy segura de que encontraremos una solución. Tu fuiste quien me dijo que tenía que permanecer alegre por mi madre, ahora… yo… lo estaré por ti también. Quiero que me veas sonreír cada día, y quiero… quiero verte sonreír a ti también.

-"Akane…"

-"Así que nos vemos el miércoles Ranma, no te esfuerces demasiado, te juro que investigaré y juntos conseguiremos deshacernos de esta nueva maldición" ella le sonrió y se levantó estirando y alisando la falda, para después secarse las lágrimas que ya tenía casi secas en las mejillas.

-"Gracias Akane, suerte en tu cita mañana" él sonrió sinceramente y ella movió los labios en señal de desagrado.

-"No es lo que crees… Kuno es un pesado y ni me gusta para nada, pero le prometí a Nabiki que saldría con él, y no puedo echarme para atrás. Pero si intenta algo raro, si se acerca demasiado a mí le patearé toda la cara" gritó enérgica.

-"jajaja tan femenina como siempre. En ese caso, cuando salga de aquí le patearé la cara contigo".

...

¡Próximamente la cita de Akane y Kuno, novedades en la enfermedad de la madre de Akane y un Ranma protector y celoso!