Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


Show, Don't Tell

Capítulo 2

—Justo así, Emmett. Envuelve esos labios alrededor de Rosie. Mójala muy bien, porque sabes a dónde irá ella. —Lucho contra una sonrisa ante el gemido y los sonidos que hacía al sorber que llenaron la línea debido a mis palabras. Emmett se metía mucho en sus escenarios.

—Estoy listo. Estoy listo para que Rosie me follé.

Sí, le puso el nombre de su esposa a su consolador de correa. Ni siquiera quería saberlo.

—Bien, Emmett, aquí viene. Me pongo detrás de ti y empujo esa cabeza gruesa y mojada contra tu culo.

Soltó un ruidoso gemido, y lo guíe durante el proceso de follarle el culo. Esperaba que no notara lo distraída que me sentía esta noche. Me la mantenía mirando el reloj. Ya pasaban de las nueve y todavía no había sabido de Edward. ¿Dónde estaba? No podía estar segura de que fuera a llamarme. Dijo que iba a estar todo el día en reuniones y que hablaría conmigo más tarde. Ya era más tarde, ¿verdad?

No, no iba a hacer esto. No iba a pensar de más las cosas. Sí, ayer, anoche y más noche otra vez tuve la mejor experiencia sexual de mi vida. Follamos por toda su oficina. Había sido todo lo que había esperado, y más. Eso era suficiente. Quizás tendría que serlo. Pero le creí cuando dijo que quería más. Tenía que quererlo. Apenas habíamos comenzado a rascar la superficie de nuestras fantasías.

—Oh, dios, sí, Rosie, ¡fóllame más fuerte!

Intenté concentrarme de nuevo en Emmett para darle la follada de su vida. Unos minutos después, se corrió con una larga lista de maldiciones y agradecimientos a su Rosie.

—Eso sonó a que se sintió realmente bien —le dije seductoramente.

—Oh, sí se sintió bien. Gracias, Bella. Rosie llegará a casa pronto, y me castigará si me corro muy pronto. Me ayuda el correrme contigo primero.

Ahogué una risita. Rosie era toda una perra.

—Pues me alegra servirte de algo. Sé un chico bueno con tu Rosie para que no te deje el culo rojo.

Se rio.

—Oh, estará rojo, pero está bien, me gusta. Qué tengas una gran noche, Bella.

Sacudí la cabeza. Nadie podría decir que este trabajo era aburrido.

—Tú también, Emmett. Hablamos pronto.

—Por supuesto.

Colgué y le mandé mi tiempo a Angela. Una buena llamada de 34 minutos. Ninguna queja ahí, excepto, por supuesto, que me preguntaba si Edward, er, el señor Masen, habría intentado llamarme. Mi teléfono sonó casi de inmediato, y lo levanté incluso antes de que sonara una segunda vez.

—Hola.

—Hola, Bella. Tengo a Marcus para ti.

Ahogué un suspiro. Amaba a Marcus. Si iba a hablar con alguien que no se llamara Edward, entonces me alegraba que fuera él.

—Pásamelo.

—¡Mi dulce Bella! ¡Cuéntame una historia!

Me reí por su voz chillona y excitada. Usualmente aquí era donde le decía que sus historias eran muchísimo mejores que las mías, pero no esta vez.

—De hecho, Marcus, ahora sí tengo una para ti.

Soltó un gritito femenino y aplaudió.

—¿En serio? ¡Cuéntame, niña!

—¿Recuerdas el enamoramiento que tengo con mi jefe?

Jadeó.

—¿El amor no correspondido? ¿No es tan no correspondido?

Me reí.

—No es no correspondido. —Me mordí el labio—. Ayer tuvimos sexo en su oficina.

—¡Sí! Quiero saberlo tooodo, Bella. ¡Suéltalo, niña! ¿Fue tan bueno como imaginaste?

Mi mente volvió a Edward con su cara enterrada entre mis piernas mientras yo estaba acostada sobre su escritorio. Edward, metiendo su preciosa polla dentro de mí luego de hacer que me corriera varias veces en ese mismo escritorio. Yo montándolo en su silla. Yo empinada sobre el escritorio. Los dos en su sofá de cuero. Los dos en la azotea. Sonreí. Mi lugar especial con Alice nunca volvería a ser el mismo, y no podía lamentarlo.

—Mejor.

Gritó de nuevo.

—¡Cuéntame!

Así que le di un breve relato, dejando de lado la parte de Edward llamándome a la línea telefónica. Eso era sólo para nosotros.

—Cuéntame de su polla. ¿Es enorme? ¿Te destrozó ese dulce coño?

Me burlé porque estaba bastante segura de que Marcus nunca había pensado en un coño como dulce, ni había estado cerca de uno para saberlo.

—Es preciosa. —Realmente lo era—. ¿Ya ves que los penes son muy feos?

—¡Muérdete la lengua! —gritó con horror.

Me reí.

—No intento menospreciar tu órgano favorito, Marcus. Sólo digo que hay muchas pollas feas en el mundo. Estoy segura de que tú mismo has tenido algunas.

Se rio.

—Bien, tal vez sí, pero siempre y cuando puedan llenarme de semen, soy feliz con ellas.

No era broma. Marcus recibía más pollas que yo. Yo era prácticamente virgen comparada con él.

—Como sea, la de él es hermosa. Del tamaño perfecto. No es una polla rara estilo porno, es de un ajuste perfecto. La amé.

Gritó de nuevo.

—¡Estoy tan feliz por ti! ¿Cuándo volverás a verlo?

Me encogí de hombros. Ya pasaban de las diez, así que probablemente esta noche no.

—Espero que mañana en el trabajo. Él estuvo fuera el día de hoy.

—Aww, mi dulce Bella, no te desanimes. No hay manera en que él vaya a desaparecer. Es tu jefe, ¡por dios!

—Lo sé. —Y sí lo sabía. Sabía con cada fibra de mi ser que Edward y yo apenas estábamos comenzando—. Suficiente de mí. ¿Qué has estado haciendo?

—Bueeeeno —gorjeó, extendiendo la palabra como solía hacer.

—Visitaste el sauna, ¿no?

Se rio.

—¡Tal vez! Mientras tú estabas siendo cogida por toda la oficina de tu jefe, yo estuve de rodillas sirviendo a muchas, muchas pollas necesitadas.

Sacudí la cabeza. Juro que Marcus tenía más acción en un día de la que yo había tenido en toda mi vida.

—¿Qué tanto son muchas?

—¡Siete! —No se podía negar la alegría en su voz.

—Eres todo un tragón de pollas, Marcus. —Le encantaba que le dijera así.

—Realmente lo soy. ¿Quieres escuchar sobre eso?

Me reí entre dientes y me recargué.

—Sabes que sí. ¿Cuántas chupaste, y cuántas follaste?

Marcus me contó a detalle su día, terminando con él recibiendo un consolador por el culo y corriéndose mientras se extasiaba con una de diez pulgadas a la que atendió para terminar su visita al sauna. Se corrió felizmente y me dijo que no podía esperar para escuchar sobre mi siguiente visita a mi jefe antes de colgar.

Le mandé por IMed mi tiempo a Angie, el cual había llegado a más de hora y media. Amaba a Marcus. Ella me respondió por IMed antes de que pudiera salirme.

No te salgas. Anthony Masen llamará de nuevo en unos minutos; al menos eso dijo.

Fue mi turno para gritar. Agarré mi juguete y me quité los shorts. Estaba más que lista para una fantasía de verdad. Unos minutos después sonó mi teléfono.

—Hola.

—Alguien tiene un fan.

Ella no sabía ni la mitad.

—Eso parece.

—El señor Masen, ilimitado de nuevo. Diviértete.

—Lo haré. Gracias, Ang. Pásamelo.

—Hola.

—Hola, hermosa Bella.

Carajo, ¡esa voz! Me hacía querer hacer cosas sucias. Y lo haría. No podía esperar.

—Hola, señor Masen.

Se rio.

—Esta noche puedes decirme Edward.

—Edward. —Dejé que mi voz acariciara su nombre de la forma en que él lo hacía con el mío—. Me alegra mucho escucharte.

—Sí, estaba comenzando a preguntarme si todavía podría alcanzarte. Está noche eres una chica muy popular.

Maldición. Claro que él intentaría llamarme en una tarde ocupada. Algunas noches apenas y tenía llamadas.

—Lo siento. En verdad estaba esperando que llamaras.

—¿En serio? —preguntó, sonaba complacido—. ¿Creíste que no lo haría?

—No. Tenía la sensación de que querrías más de mí.

Se rio.

—Siempre. Dime, ¿alguien vigila estas llamadas?

Esa era una pregunta rara.

—No, ¿por qué?

—No quería meterte en problemas al decir algo que pueda ser muy revelador.

Sonreí. Era tan dulce.

—No te preocupes. La transfieren directamente de ellos a mí.

—Bien. Porque pensé en ti todo el día. Te extrañé.

Esas palabras fueron directo a mi corazón.

—También te extrañé.

—Me alegra. —Podía escuchar la sonrisa en su voz—. Pasé por la oficina esta mañana temprano, antes de mis reuniones, y me puse duro en cuanto entre en ella. Te vi, nos vi, en todas partes a donde mirara. Juro que todavía podía olerte ahí.

Dios, sus palabras. Ya estaba sintiendo esos cosquilleos y tirones en mi vientre.

—Tomaré eso como algo bueno. —Quiero decir, él podría estar diciendo que mi coño apestaba, algo que no creía que fuera verdad, pero sería un problema.

Se rio.

—Lo digo como algo muy bueno, Isabella. Lo mejor. Aunque si mi polla va a tener un reflejo pavloviano cada vez que esté en mi oficina, puede que vaya a tener un problemita.

Me reí.

—Es sólo un problema si no tienes a una empleada lista y dispuesta que puede ayudarte con ese no tan pequeño problema.

—Hmm, es un buen punto. Pero tu jefa puede preguntarse por qué te llamo a mi oficina cada mañana y te mantengo ahí hasta que termina el día laboral.

Maldición, ése era un problema.

—Supongo que entonces tendré que pasar por tu oficina cuando termine el día laboral.

Se rio.

—Es una opción.

Alcé las cejas.

—¿Y cuál es la otra?

—Podrías ir a mi apartamento el viernes en la noche y pasar el fin de semana conmigo.

Esa era una mejor opción.

—Me parece bien.

—¿Sí? ¿No te perderás de mucho trabajo?

Me reí.

—No tengo horas fijas, y puedo considerarlo como investigación de mercado para futuras llamadas.

Gruñó.

—Sólo futuras llamadas conmigo. Recuerda, yo recibo la realidad, ellos la fantasía.

Sacudí la cabeza.

—¿Cómo podría olvidarlo? Estuviste en mi mente durante cada llamada esta noche. Estoy bastante segura de que no le di lo mejor de mí a nadie.

Murmuró.

—Bueno, no puedo decir que lamento escuchar eso. ¿Tuviste alguna llamada buena?

Sonreí.

—¿En serio quieres escuchar sobre eso?

—Sí, sí quiero. No me molesta, si eso es lo que quieres saber.

—Bueno, le conté a Marcus sobre ti.

—¿Marcus? —preguntó y, a pesar de sus palabras, tenía un filo en su voz.

—Marcus es un experto en pollas. Está de acuerdo conmigo en que tengo una muy buena con la cual jugar, y él debería saberlo ya que atendió a siete de ellas hoy.

—¿Siete? —soltó Edward, el sonido fue algo entre un bufido y una carcajada.

—¡Te dije que es un experto! Él sabía que tenía un enamoramiento contigo y se emocionó mucho al escuchar que finalmente pude estar contigo. Me ordenó tener una buena historia para nuestra siguiente llamada.

Edward se rio.

—Bueno, supongo que tendremos que trabajar en ello. No queremos decepcionar a Marcus, ¿verdad?

El filo que oí antes en su voz ya no estaba ahí, pero de todas formas quería asegurarme.

—No te molesta si le cuento de ti, ¿verdad? No es como si supiera tu nombre…

—No me molesta, Bella. En realidad, me gusta pensar que hablas de mí, de lo que hacemos. Para serte sincero, no me molesta que estos tipos sepan que tienes pareja.

Sonreí por eso.

—Tengo pareja, ¿eh?

—Oh, sí, Isabella. Eres mía ahora. Igual que yo soy tuyo.

Demonios, sí. Edward Cullen era mío. Y yo suya. Absolutamente.

—¿Todo mío? ¿No hay ninguna sexy ejecutiva con quien competir? —Siempre lo había imaginado con alguna perra corporativa reina del hielo. No sabía por qué.

—No hay nadie, Bella. Nadie más que tú. No me he molestado en hacer tiempo para una relación desde que ocupé el cargo de mi padre y, luego de verte, no iba a haber nadie más. ¿Eso responde tu pregunta?

Dios, sí la respondía. La forma en que dijo esas palabras, tan autoritativo y sexy. Sí, estaba mojada otra vez. Bueno, básicamente había estado mojada todo el día pensando en él, así que esto no era nada nuevo, pero, aun así.

—Sí.

—Bien. ¿Y sabes por qué quiero tenerte en mi apartamento todo el fin de semana, Bella?

Tenía una vaga idea, pero quería escucharlo decirlo.

—No.

—Porque tengo una enorme cama de cuatro postes y, si mi memoria no me falla, tú tienes un gusto por ser amarrada y follada. ¿Lo recuerdo bien?

Cristo. Solté un gemido bajo y comencé a masturbarme. Estaba endemoniadamente mojada.

—Sí. Así es.

—Eso pensé. Tengo una memoria muy buena, Bella. Y una muy buena imaginación. ¿Te gustaría escuchar lo que quiero hacerte este fin de semana?

—Dios, sí.

Se rio ligeramente.

—Una pena. Dejaré que sea una sorpresa.

Maldición.

—Pero pensé que primero podríamos hablar de otra fantasía.

Oh, ¿en serio? Eso picó mi interés.

—Dime.

—Tengo una reunión en la sala de conferencias mañana en la tarde. ¿Alguna vez has visto la sala de conferencias, Isabella?

Mmm, estaba en modo trabajo. Amaba cuando me decía Isabella.

—En la sala de conferencias corporativa, no.

—Bueno, es en la esquina del edificio y tiene una pared de ventanas en dos lados, con vistas a la ciudad. El escritorio mismo puede acomodar treinta personas, diría yo. Es una mesa larga y oval de madera, pulida para que brille la oscura madera de cerezo, elegante y de aspecto caro.

Sonaba maravillosa.

—Suena como una gran sala de conferencias.

—Oh, lo es. Necesita serlo, porque pasamos ahí horas discutiendo varias propiedades y decidiendo qué adquirir y qué dejar de lado. Puede ser muy aburrido.

Escuché un poco de puchero en su tono.

—Pobre bebé.

Se rio.

—Oye, no puedo evitarlo si prefiero escucharte gemir que escuchar a Jenks hablar sin parar sobre los márgenes de ganancias.

Solté un pequeño gemido para él y comencé a tocarme.

—No puedo culparte ahí. Mis gemidos son mucho más interesantes que los márgenes de ganancias.

Suspiró.

—Podría extenderte sobre ese escritorio y follarte en todas las posiciones que imaginemos. Podríamos ir avanzando por el escritorio con cada posición, asegurándonos de bautizar toda la mesa.

Joder y sí.

—Edward, por favor —gemí mientras empezaba a acariciar con más rapidez mi clítoris.

—Te gustaría eso, ¿no, Isabella? Que tu cuerpo se deslicé sobre todo ese escritorio brilloso, dejando marcas indistinguibles de tu culo, tus pechos… cada parte de ti.

—Dios, sí. —Me imaginé extendida ante Edward como un buffet, el hambre en sus ojos ardiendo sólo por mí mientras él se agasajaba con cada parte de mi cuerpo. ¿Había sido apenas ayer cuando hizo eso en su propio escritorio? Dios, lo deseaba.

—Cheney jugueteando con su café, como siempre, moviéndolo de un lado al otro, sin tener idea de que tu perfecto coño se había corrido en ese mismo lugar minutos antes.

Edward ya estaba respirando pesadamente, igual que yo, porque, maldición, quería profanar toda la oficina y que ningún ejecutivo supiera que Edward y yo habíamos follado en toda esa sala.

—Te sientas a la cabeza de la mesa, ¿no?

—Sí. —Su voz sonaba más ronca, más profunda. Sabía que él nos estaba viendo en esa sala tan claramente como yo—. Me siento de frente a las ventanas para poder disfrutar de la vista, incluso cuando no disfruto la reunión.

Eso sonaba perfecto.

—Nada me gustaría más que estar escondida debajo de la mesa cuando todos entren.

Soltó un gemido alto.

—Isabella, eres una chica muy sucia.

Me reí mientras me ponía mi juguete en el clítoris y lo ajustaba en la velocidad más alta. Necesitaba correrme ya. Y muchas veces más antes de terminar con él.

—¿Crees que quepa debajo de la mesa sin que nadie lo sepa? Debe haber suficiente espacio ahí abajo.

Se rio, sonaba sin aliento.

—Probablemente tendrás que gatear un poco evitando cuerpos mientras se sientan, pero sí, podría hacerse.

—Me estás imaginando de rodillas, moviéndome debajo de la mesa, ¿no? —pregunté, sin esconder mi diversión ante su amor obvio por esa imagen.

—Dios, sí. Bella…

—Porque sabes qué voy a hacer cuando comience la reunión y Jenks empiece su aburrido parloteo sobre los márgenes de ganancias, ¿no?

—Sí.

—Me voy a acomodar entre tus piernas, subiré las manos y desabrocharé tus pantalones lo más silenciosamente posible.

—Tienes que ser muy silenciosa —me advirtió Edward.

Me reí.

—Creo que no soy yo de quien tenemos que preocuparnos aquí. Tú eres el que va a tener que ser muy silencioso cuando saque tu hermosa polla de tus pantalones y la acaricie. ¿Crees que escucharás una palabra de lo que diga Jenks luego de sentir mis manos en ti, señor Masen?

—Probablemente no. Él puede mandarme un memorándum luego de la reunión.

Me burlé de eso.

—Qué irresponsable de su parte, señor CEO. ¿Qué crees que pase cuando sientas mis labios envueltos alrededor de esa hermosa polla tuya, cuando sientas mi boca caliente y mojada subiendo y bajando sobre ti? ¿Podrás mantenerte callado entonces? ¿Podrá obtener tu atención el señor Crowley cuando discuta la propiedad Tate?

Exhaló un suspiro.

—No hay ninguna propiedad Tate. Pero me siento obligado a encontrar una luego de estas llamadas. Tal vez puedas trabajar en el asunto Tate por mí. Podríamos tener conferencias diarias sobre eso. En persona, por supuesto.

Sonreí al imaginar la cara de Jessica si Edward y yo fuéramos a tener conferencias diarias.

—Por alguna razón creo que eso podría hacer que la gente hable. Ustedes los ejecutivos no suelen reunirse con gente de mi calaña.

—Un error que necesita ser corregido inmediatamente. Tal vez necesitamos tener algunos ejercicios corporativos para unir lazos. ¿Qué dices, Isabella? ¿Te gustaría unirte conmigo?

Su énfasis en la palabra unir no me pasó desapercibido. Me hizo estremecer con deseo.

—No puedo pensar en nada que me gustaría más que unirme con usted, señor Masen.

Gimió.

—Este fin de semana, Bella. Haremos todo tipo de uniones entonces, te lo prometo.

Maldición. Estaba lista para correrme.

—Lo espero con ansias, Edward. Pero justo ahora, creo que te la estoy chupando debajo de la mesa en la sala de conferencias con tus treinta, o más, ejecutivos que no tienen ni idea de que mis labios están envueltos alrededor de tu perfecta polla.

—Ni idea —gruñó.

—Y no saben que no estoy usando bragas debajo de mi falda.

—¿No? —preguntó, su voz se quebró un poco.

—Oh, no, no las uso. Y estoy bajando la mano y me toco mientras trabajo en tu polla con mis labios y mi lengua.

—Sí, Bella. Isabella. Tócate.

Amé la orden en su tono de voz.

—Lo estoy haciendo, Edward. ¿Puedes imaginarlo? ¿Yo, de rodillas, chupando tu polla mientras me frotó el coño? Luego subo la mano y te acaricio con mis dedos mojados. Lo sabrías, ¿no? ¿Sabrías cómo es que se mojaron, sabrías que estoy frotando los jugos de mi coño en ti?

—¡Carajo! Sí, lo sabría. Te olería y te escucharía, incluso en esa sala llena de hombres y mujeres. Sabría lo excitada que estás.

Sonreí.

—Mmm, sí, sí lo sabrías. Y yo te acariciaría durante unos momentos antes de volver a envolver mis labios alrededor de ti para poder probarnos a los dos al mismo tiempo.

Eso lo hizo. Gritó mi nombre al correrse, y me dejé ir junto con él. Pasó un minuto antes de poder ver claramente de nuevo, antes de que mi cuerpo dejara de moverse y fuera capaz de hablar de nuevo.

—Vaya.

Su hermosa risa llenó la línea.

—Vaya es correcto. De ninguna maldita manera podría tenerte jamás chupándomela durante una reunión. Todos lo sabrían.

Me reí.

—Lo sé, pero es divertido pensarlo. Eso debería ayudarte en tu reunión de mañana, ¿no?

—Sin duda alguna será la reunión más incómoda de mi vida, pero valdrá totalmente la pena.

Me reí de nuevo.

—Vas a mirar debajo de la mesa cuando entres a esa reunión, ¿no?

—¡Por supuesto! Nunca sabes quién podría andar asechando. Tal vez no soy el único pervertido.

Eso casi me mata.

—¿Imagina si me topo a una secretaria o asistente ahí abajo?

Gimió.

—Eso abre todo un mundo de posibilidades, Bella. Ahora estoy imaginando a la asistente de Tyler tocándote mientras me haces una mamada. ¿Alguna vez has estado con una mujer?

Sacudí la cabeza. Era todo un hombre.

—Sólo con Alice.

—¿Qué? —preguntó, su voz sonó chillona.

Me carcajeé por su reacción.

—No de verdad. En ocasiones, algunos de los que llaman quieren a dos chicas. Hemos tenido tríos virtuales, pero eso es todo.

—¿Cómo te fue con eso? —preguntó. Por supuesto que sí.

Me burlé del recuerdo.

—Fue divertido. Ahí estábamos, ambas respirando pesadamente y hablando de lo que nos íbamos a hacer la una a la otra, mientras nos mandábamos por mensajes nuestras reacciones reales. Ella estaba muy ofendida porque yo era la que recibía la polla mientras ella nos lamía a ambos.

Se rio.

—Supongo que no es tan caliente de tu lado.

No, no lo era.

—Aunque nos divertimos, a pesar de todo.

—Apuesto que sí. Bueno, de todas formas, no quiero compartirte de verdad, ni con una asistente cachonda.

Sonreí.

—Eso es algo bueno, porque siempre prefiero uno a uno.

—Yo también. Y no puedo esperar a estar uno a uno contigo este fin de semana. Todo el fin de semana.

Me estremecí por la promesa en su voz.

—Yo tampoco.

Suspiró.

—Se está haciendo muy tarde, y ambos tenemos días ocupados por delante. Debería colgar.

Sí, debería. Ya pasaba de media noche, y yo usualmente ya estaba profundamente dormida para este momento. Pero valió totalmente la pena quedarme despierta por él.

—Supongo que sí.

Se rio.

—Lo sé; te oyes tan feliz como yo por la idea. Pero hablaré contigo mañana.

—¿Lo harás? —Eso me hizo sentir bien.

—De una u otra forma, Bella, lo haré. Dulces sueños.

—Dulces sueños, Edward. Adiós.

Me salí inmediatamente luego de mandarle mi tiempo a Angela. Agarré mi celular y me dirigí a mi habitación. Mi celular sonó en mi mano. Sonreí al ver el número que él había guardado ayer.

—¿Edward?

—Sólo quería decirle buenas noches a mi chica.

Ahora era mi corazón el que aleteaba en lugar de mi coño.

—Sabes, no tienes que llamar a la línea telefónica para hablar conmigo. Siempre podemos hablar en nuestros celulares. —Me acurruqué en mi cama, sosteniendo el celular contra mi oído.

—Lo sé, pero me gusta la idea de tener ambos. Puedo hablarle sucio a mi Bella allá y dulce a mi Isabella aquí.

Este hombre me derretía.

—También fuiste dulce allá.

—Y a veces seré sucio aquí. —Se rio—. ¿Para qué limitarnos? Lo que tenemos funciona bien, ¿no?

Sin duda alguna.

—Sí, funciona bien.

—Bien. Y en realidad sólo quería agradecerte por hoy. Mejoraste muchísimo un día muy largo, y ya estoy esperando con ansias esa sala de conferencias mañana.

Me reí.

—Estaré pensando en ti en esa reunión, deseando estar ahí para hacértela más excitante.

—Yo también. Mañana voy a tener que usar pantalones sueltos.

¡Ja!

—Edward Cullen con pantalonera en la oficina. Me encantaría ver eso.

Se rio.

—No, no te encantaría. Amas mis trajes.

Eso era cierto, sí los amaba.

—¿Exactamente qué tanto nos espiaste en esa azotea?

—Lo suficiente, nena. Lo suficiente para tener las bolas para encontrarte, así que estoy muy agradecido de que a ti y a Alice les guste hablar de cosas inapropiadas en el trabajo.

Me reí.

—Era la hora de la comida, así que no es inapropiado.

—Hasta donde a mí me concierne, nunca es inapropiado.

Por alguna razón, ya sabía eso.

—Pervertido.

—Pero te gustan los pervertido. Claramente.

No podía negarlo.

—Cierto. —No pude contener mi bostezo.

—Lo siento, nena. Te mantuve despierta hasta tarde. Descansa un poco.

—Quiero quedarme despierta…

—No. Necesitas descansar para este fin de semana.

Me estremecí por la promesa en su voz.

—Estás jugando conmigo.

—Sólo es juego si no planeo cumplirlo, y te aseguro que sí planeo hacerlo.

No podía discutir con eso.

—No puedo esperar.

—Yo tampoco. Buenas noches, Bella.

—Buenas noches, Edward.

En un par de días le diría eso estando en la almohada junto a él. Realmente no podía esperar.

Xoxoxoxoxox

—Maldita sea, PS, ¡tu vida es como una porno!

—¡Shh! —golpeé a Alice y miré alrededor de la azotea. Afortunadamente parecía que estábamos solas. Aunque también había pensado que estábamos solas todas esas veces que Edward nos escuchó.

—¡Vamos! No puedes culparme. Quiero decir, ¿su oficina, esta azotea? Espera un minuto, ¿dónde en esta azotea?

Sonreí mientras miraba el lugar donde ella estaba sentada, la hice saltar y limpiarse el culo.

—¡Eww! ¡Gérmenes de sexo!

Rodé los ojos.

—Por favor, has hecho cosas peores que sentarte donde hubo sexo. Además, no fue ahí.

Alice sonrió.

—Cierto. De todas formas, te odio. ¿Cuántas veces he fantaseado con que uno de mis clientes se enamore de mí, que sea rico, guapo y me lleve entre sus brazos? ¡Y, carajo, te pasó a ti! Te odiaría si no te quisiera tanto. —Sacó su labio inferior en un bonito puchero, y la abracé.

—También te quiero, Al. Y, aunque puede que haya obtenido algo de eso, difícilmente diría que ya estamos enamorados. Sentimos lujuria, claro. Y nos gustamos. Pero todavía no nos conocemos tan bien.

—Podrán conocerse muy bien este fin de semana. —Me movió las cejas sugestivamente.

—Sí. —Me sentí calentándome tan sólo con pensarlo—. No me va a decir lo que tiene planeado.

—Bien por él. —Sus ojos centellearon—. Necesitas a alguien que se haga cargo de todo y te sorprenda de vez en cuando.

Ella me conocía muy bien.

—No puedo esperar para descubrirlo.

—Sí, y mientras tanto, él pagará para llamarte y darte sexo por teléfono. Lo mejor de todos los mundos, PS.

Hice una mueca.

—¿No crees que está mal? O sea, ¿no deberíamos tener sexo en nuestros celulares sin que él pague? Me siento algo mal.

Alice negó con la cabeza.

—Primero, el hombre tiene más dinero que Dios, así que no te sientas mal si gasta un poco en hablar contigo. Segundo, es así como ustedes se juntaron, más o menos, lo cual lo hace algo suyo, y está bien. Tercero, necesitas el dinero. Ganas, ganas y ganas.

Tuve que reírme de su lógica.

—Pero, ¿no es cómo si él estuviera pagándome para…?

—Te paga para escuchar sus fantasías, igual que lo hacen todos los demás que hablan contigo. No te está pagando por sexo.

—Supongo. Sólo me siento mal que esté acumulando todos esos cargos por hablar conmigo.

—Míralo de esta manera. Es más barato que una de esas cenas elegantes a las que probablemente te llevará algún día.

Sonreí por eso.

—Buen punto.

—Han hecho las cosas un poco al revés, pero, ¿y qué? Estás satisfecha, él está satisfecho, tú tienes una sonrisa permanente en la cara, y me imagino que él también. No le veas colmillo a sexo regalado, PS.

Me solté riendo.

—Así no es el dicho.

Se rio.

—No, pero me entendiste. Nada de culpa. Si él no quiere pagar por hablar contigo, te llamará a tu celular. Punto. Ahora, hablemos de lo que deberías empacar para este fin de semana. Estoy pensando en algo diminuto…

Y así siguió, pero al estilo Alice, me había hecho sentir mejor. Puede que otras personas encuentren rara nuestra relación, pero funcionaba para nosotros. Eso era lo que importaba.

Xoxoxoxox

—Buenas noticias, Isabella.

Alcé la vista del monitor de mi computadora para ver a Jessica Stanley, que se había parado fuera de mi cubículo.

—¿Qué pasa?

—Los superiores han decidido seguir adelante con la propiedad Sturgis.

Alcé una ceja por eso. Pensamos que sería una escasa posibilidad cuando la encontré, pero de todas formas había decidido meterla para el desarrollo de un nuevo condominio.

—¿En serio?

—En serio. Al parecer, hay una reunión hoy para discutir la adquisición, así que les gustaría un poco de historial de tu parte antes de la reunión. Te quieren en el treinta y tres.

Oh, apuesto a que me querían en el treinta y tres. Sentí que mi cuerpo comenzaba a enrojecerse cuando me puse de pie.

—Supongo que es mejor que vaya a darles mi aporte.

Algo iba a dar un aporte, por supuesto. La polla de Edward en mi coño. Sí, por favor. Me apresuré al elevador e intenté esconder mi sonrisa mientras presionaba el botón para el piso de Edward. Me bajé y comencé a caminar por el pasillo cuando me habló el AP.

—Requieren su presencia en la sala de conferencias treinta y dos, señorita Swan.

La sala de conferencias. De ninguna manera. En serio él no podía pretender que me escondiera debajo de la mesa, ¿verdad? ¿Lo haría? No sé, pero mi culo ya estaba en el elevador y estaba bajando antes de que terminara de hablar, entonces, ¿tal vez sí lo haría? Dios, ¿qué estaba mal conmigo? Me sentía toda sonrojada y loca. Nunca le había temido a mi sexualidad, pero Edward estaba sacando todo un lado nuevo de mí. Al parecer, un lado exhibicionista del que no estaba consciente.

El elevador se abrió, y me dirigí a la derecha, donde estaba claramente marcada la sala de conferencias. Solté un jadeo cuando entré. Edward no le había hecho justicia. Sí, había un largo escritorio oval de madera de cerezo y una pared de ventana, pero la sala era preciosa. Había unas veinticinco sillas de felpa beige en las que mi culo se moría por sentarse, una alfombra afelpada de un profundo color café, paredes de madera café que casi parecían pilares. Sí, quería vivir en esta sala. Y tener mucho sexo en ella. Aunque eso iba sin decirse.

—¿Ve algo que le guste, señorita Swan?

Me giré y vi a Edward de pie cerca de la esquina, junto a la ventana. La vista que presentaba él era casi mejor que la vista de la ciudad. Llevaba un traje negro perfectamente a la medida, por supuesto, y tenía una corbata verde que combinaba con sus ojos. Era precioso.

—Muchas cosas, en realidad.

Alzó una ceja y sonrió.

—Oh, ¿sí? ¿Cómo qué?

—Como que espero que no estés muy encariñado con tu silla, porque me la voy a robar. No crees que se vayan a dar cuenta que de repente estoy sentada en una preciosa silla que parece un sillón, ¿verdad? Puedo ponerle encima una tapicería fea y hacerla pasar como mi vieja silla.

Se rio y avanzó un paso hacia mí.

—Creo que se darían cuenta, pero podemos conseguirte una silla nueva si la necesitas.

Negué con la cabeza.

—Oh no. Es esta o nada. —Me senté en una y, maldición, era cómoda—. Síp, ya me arruinaron para todas las otras sillas.

Se rio y me puso de pie, jalándome a sus brazos para darme un apasionado beso que sentí hasta la punta de los dedos.

—Bueno, esa es una buena manera para evitar que robe tu silla —logré decir cuando pude encontrar mi lengua.

—La mejor manera. —Bajó sus manos por mi cuerpo y me apretó el culo—. Hola. Te extrañé.

—También te extrañé. —Miré hacia la sala y luego lo volví a ver a él, mordiéndome el labio—. Um, ¿Edward? Sé que hablamos de toda esta cosa de esconderme debajo del escritorio, pero, ¿en serio crees que deberíamos hacerlo? Quiero decir, a ti no te despedirán si nos atrapan, pero seguramente a mí sí, e incluso si no fuera así, yo sería como la amante, la puta de la oficina o algo así, y no creo que pueda lidiar con eso. Sería divertido chupártela debajo del escritorio con gente aquí, no me malentiendas, pero en serio necesito mi trabajo.

Su sonrisa seguía creciendo con cada palabra que decía.

—¿Qué?

—No te pedí que vinieras para poder esconderte debajo del escritorio.

—¿En serio? Qué bueno. —Aunque una pequeña parte de mí estaba decepcionada. Hombre, tenía problemas.

Edward se rio y me dio otro caliente beso.

—Te ves como si estuvieras molesta por eso.

—Bueno, quiero decir, quiero que me quieras debajo del escritorio, sólo que no creo que sea una buena idea.

—Bella, así es. —Me jaló más cerca y sentí su polla. Sí, estaba duro—. Claramente que lo deseo, pero guardaremos eso para cuando no haya nadie aquí.

Solté un suspiro, aliviada en su mayor parte.

—Bien. Eso me parece. Entonces, ¿por qué estoy aquí?

—Creí que Jessica te lo había dicho. Para hablar de la propiedad Sturgis.

—¿Eso es en serio?

Se rio mientras lo veía con incredulidad.

—¿Por qué no lo sería? Es una buena idea. Tenemos que ir a la ciudad para la zonificación, pero eso no es tan malo.

—Ya es un área zonificada, así que estaba pensando que podrías sugerir un complejo para vivir y trabajar, algo de comercio y ventas en los pisos de abajo, los de arriba que sean residencias, y el estacionamiento en medio.

—Me encanta. Y tienes razón; si añadimos el elemento comercial, probablemente será más fácil conseguir la aprobación. Voy a poner al arquitecto a trabajar en eso, me preguntaba si te gustaría ser consultante.

—¿En serio? ¿Yo? —Estaba emocionada, pero una parte se preocupaba—. No estás haciendo esto sólo porque somos… lo que sea que somos, ¿verdad?

Negó con la cabeza.

—Bella, no jodo mis negocios. He mirado propuestas de todos en tu departamento, y la tuya era la mejor. Ni siquiera sabía de quién era antes de elegirla, así que no. No tiene nada que ver con que tú y yo estemos juntos. Te lo prometo. —Su voz y sus ojos reflejaban su sinceridad.

—Bien, de acuerdo. Pero pudimos haber discutido esto en una llamada de un minuto.

Sonrió.

—Cierto. Pero quería verte. Aquí. Viéndote así.

—¿Cómo me veo?

—Exquisita. Feliz. Intrigada. Y un poco nerviosa.

Maldición. Le atinó.

—Me conoces bien.

—No todavía, pero para allá voy. —Apretó de nuevo mi culo—. Ahora, tenemos unos treinta minutos antes de la reunión.

—¿En serio? —Me froté contra él como gata en celo, lo que era en realidad—. ¿Qué deberíamos hacer con ese tiempo?

—Bueno, resulta que estás parada justo donde se sienta usualmente Jenks.

Me reí al mirar hacia el escritorio detrás de mí.

—¿De verdad?

—Sí. —Me alzó y me sentó justo ahí—. Y creo que debería compensarte por tu duro trabajo.

—Me encanta cuando mi trabajo es reconocido, especialmente cuando es duro —le dije, riéndome de la sonrisa que me lanzó mientras se ponía de rodillas frente a mí.

—Le mostraré lo que es duro en un minuto, señorita Swan. Primero necesito ver que linda cosita de encaje está usando debajo de esta fada. —Abrió mis piernas tanto como se lo permitió mi falda, lo cual no era mucho. Frunció el ceño, pero luego sonrió y se levantó, me alzó para subir mi falda antes de volver a sentarme.

Solté un gritito cuando mi culo y mis piernas golpearon la mesa fría y brillosa.

—¿Un poco fría, nena? Puedo ayudarte con eso. —Besó la parte interna de mi muslo izquierdo y murmuro—. Mmm, encaje morado. Bonito. —Subió las manos y bajó mis bragas por mis piernas—. Veamos cómo podemos calentarte.

Y sin añadir nada más, su lengua encontró mi clítoris y, sí, ya no estaba fría. Estaba embistiendo contra él, tirando de su cabello mientras él chupaba, mordía, lamia, y me follaba con su lengua. Hice lo mejor que pude para no gritar su nombre, pero definitivamente gemí y me revolqué contra él mientras me trabajaba. Deslizó dos dedos dentro de mí y golpeó mi punto al mismo tiempo que metía mi clítoris con su boca, mandándome a volar.

—Jesucristo, Edward. Eso fue maravilloso —logré decir cuando finalmente me calmé.

—Sí, lo fue. —Sonrió al lamerse los labios y ponerse de pie, bajándome del escritorio. Miré con interés cómo se agachaba para estudiar el lugar donde había estado sentada.

—¿Qué?

—Puedo ver totalmente la marca de tu culo —dijo, sonriéndome mientras le daba una ligera nalgada a dicho culo—. Me encanta.

—Oh, Dios. Deberíamos limpiarlo. ¿Dónde está el Windex?

Negó con la cabeza y me volvió a alzar, cargándome hacia las ventanas.

—Oh no, señorita Swan. La marca de ese culo se va a quedar ahí para la posteridad. Posteridad, ¿me entiende?

Le entrecerré los ojos cuando me dejó frente a una de las ventanas.

—Eres un raro, Cullen.

—Sí, pero soy tu raro. Quédate aquí. —Se fue y se sentó en lo que asumí era su silla, porque estaba a la cabeza de la mesa y quedaba de frente a las ventanas.

—¿Qué estás haciendo?

—Estoy checando algo. Muévete un pie a la izquierda. Tu izquierda.

Me encogí de hombros e hice lo que me pidió.

—¿Así está mejor?

—Sí. Perfecto. —Entonces se levantó y se dirigió a mí, desabrochándose los pantalones por el camino. Perfecto, sin duda alguna.

—¿Qué estás haciendo?

—Bueno, otra de mis fantasías es follarte contra la ventana.

Miré hacia afuera y luego de regreso a él cuando se paró frente a mí, llevaba los pantalones y los boxers alrededor de las rodillas.

—No estamos tan lejos de los otros edificios. —Pero era difícil que eso me importara cuando su dura polla me estaba señalando.

—Las ventanas están polarizadas por fuera. Nadie puede ver hacia adentro. —Me levantó la falda y luego me alzó a mí, y me empujó contra el vidrio, haciéndome gritar cuando mi culo quedó una vez más presionado contra una superficie fría—. E incluso si pudieran, ¿en serio te importaría? —preguntó mientras deslizaba lentamente su dura polla dentro de mí.

Podía decir con seguridad que la respuesta era no.

—Quieres la marca de mi culo en la ventana donde puedas verla, ¿no?

—Es una mujer inteligente, señorita Swan. —Mordió mi labio—. Sube tus manos y apóyalas también contra la ventana. Sobre tu cabeza.

Fue algo incómodo el tener los codos sobresaliendo al alzarlos, pero lo hice. Me encantaba que él quisiera ver mis marcas mientras sucedía la reunión. Sólo podía esperar que él fuera el único en notarlas.

Aunque no tardé mucho en dejar de preocuparme por eso, porque su polla se puso a trabajar, entrando y saliendo lentamente de mí. Me alzó un poco más para poder meter su polla en mí a cierto ángulo, y fue fantástico. Gemí mientras él se movía más rápido, empujándome contra la ventana. Mis manos se separaron del vidrio y encontraron sus hombros, donde me sostuve a la vida mientras su polla embestía dentro de mí.

Envolví mis piernas a su alrededor lo más fuerte que pude, jalándolo hacia mí con mis pies en su culo, guiándolo para que me follara más fuerte y más rápido.

—Bella. Tan maravilloso. Incluso mejor de lo que soñé —dijo mientras entraba y salía, cada vez más y más rápido.

No tardé mucho antes de deshacerme a su alrededor, y él se derramó dentro de mí segundos después.

—Santo Dios —logré decir, intentando recuperar el aliento y encontrar mis piernas.

Edward se rio mientras me ayudaba a pararme, bajándome la falda.

—Esta será fácilmente mi reunión favorita de todas.

Seguí su mirada y, sí, si mirabas de cerca, podías ver las marcas en la ventana.

—Espero que no regañen a los de limpieza —le dije, haciendo lo mejor que podía para acomodar mi ropa y que no pareciera que había sido follada en la sala de conferencias. Alice me miraría y lo sabría, pero esperaba que el resto de mi departamento no lo notara.

—No los regañarán. De hecho, si lo dejan así, les daré un aumento. —Presionó sus labios contra los míos en un beso dulce y suave—. Gracias por dejarme vivir mi fantasía, Bella.

—Cuando quieras, Edward.

Sacudió la cabeza.

—No, la siguiente es toda tuya. Sólo puedo esperar hacerla lo mitad de buena para ti de lo que lo hiciste tú para mí.

—Tengo fe en que podrás. ¿Debería llevar algo especial este fin de semana?

Sonrió y me besó de nuevo.

—Sólo a ti. Y algo que usar para una cena. Quiero sacarte a cenar. Me di cuenta de que no lo he hecho todavía. —Su cara cayó un poco—. Lo siento.

—¿Qué podrías lamentar? ¿Todos los orgasmos que me has dado?

Negó con la cabeza.

—No. Pero debí habértelos dado luego de salir contigo unas cuantas veces.

Le entrecerré los ojos.

—No nos estabas espiando a Alice y a mí hoy, ¿verdad?

Negó con la cabeza.

—No. ¿Por qué? ¿Debí hacerlo?

Me reí de eso.

—No en realidad. Sólo hablamos de que esta no es una manera normal de conocerse, pero funciona para nosotros. No te sientas mal por nada de lo que hemos hecho. Yo no lo hago. —O ahora ya no lo haré. Ninguno de nosotros necesitaba eso. Comenzamos de manera poco convencional, pero estábamos en la misma página y eso era lo que importaba.

—Bien. Y no te molesta que voy a atar todo tu fin de semana, ¿verdad?

Alcé una ceja ante el modo en que usó esa frase.

—No me molesta estar atada todo el fin de semana.

Una sonrisa apareció en su cara y se rio.

—No sé si todo el fin de semana, pero definitivamente una gran parte de él.

Oh sí, un estremecimiento bajó por mi espalda.

—¿En serio?

—Ya verás, nena. Trae un vestido y cualquier cosa sexy que quieras que vea, pero no los usarás por mucho.

Eso funcionaba bien para mí.

—Puedo arreglármelas con eso.

—Bien. Ahora es mejor que te vayas si no quieres que alguien relacione esas misteriosas marcas con ese lindo culo tuyo.

Me reí y estiré la mano por mis bragas, que estaban en el escritorio cerca de dónde él me había comido. Edward las agarró antes que yo y las metió en el bolsillo de su traje.

—Oh no, estas son para mí. Otro recordatorio.

—Eres un pervertido.

—Sí, pero soy tu pervertido. —Me besó de nuevo—. Sabes, si seguimos adelante con el asunto Sturgis, puede que tú y yo tengamos que trabajar muy de cerca.

Me reí mientras frotaba mis pechos contra el suyo.

—Me encantaría trabajar de cerca contigo.

—A mí también. —Otro beso, y miró su reloj—. Hablaré contigo en la noche.

Sonreí al caminar con él hacia la puerta.

—Sí, quiero escuchar todo sobre la reunión.

Se rio entre dientes.

—Me aseguraré de contártelo todo. Adiós, nena.

—Adiós.

La mejor reunión de todas. Aunque si Edward tenía razón y el negocio se concretaba, tal vez tendríamos más reuniones. No podía esperar, por eso ni por el fin de semana. ¡Totalmente atada, en efecto!


Algunas se quedaron con ganas de leer más el cap pasado, y aquí ya pudimos verlos juntos en acción ;) me encanta que no dejen de hablar por la línea telefónica, como dijo Alice, es algo muy suyo que los hizo estar juntos.

Yo sé que este no es mi tipo de historia usual – vaya, que siempre busco historias que tengan más historia que lemmon – pero, no sé, tiene algo que me gusta. Además de que amo la forma de escribir de Nolebucgrl, y sus Bella siempre me encantan porque son fuertes e independientes.

¡Muchísimas gracias por todos sus reviews, alertas y favoritos! En serio que quedé abrumada – de buena manera – por tan lindo recibimiento a esta historia. Me alegra muchísimo saber que les gusta.

Espero que les haya gustado este capítulo, no olviden dejarme su comentario, díganme qué les gustó, qué no les gustó, qué esperan ver en el siguiente… ustedes dejen correr su mente y no se detengan a la hora de comentar.

Nos leemos en el siguiente :)