Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.
Show, Don't Tell
Capítulo 3
—Así es, cariño. Pon tu mano en la base de tu polla y súbela y bájala para mí. Justo así.
—¿Así, mamá?
Me estremecí. Odiaba las llamadas de madre/hijo, pero eso era lo que había. No eran las peores que tenía que hacer, y podía agradecer eso.
—Justo así, pequeño. ¿Te gusta cómo se siente?
Así que seguí con la moción de enseñarle a mi supuesto hijo cómo tocarse mientras miraba mi ropa. Empacar para el fin de semana era muchísimo más interesante que la llamada en la que estaba. ¿Qué le gustaría verme puesto a Edward? Muy poco, sabía eso. Agarré el sostén y las bragas de encaje negro. Estaría bien usarlos debajo del vestido de estambre color frambuesa que planeaba llevar a la cena del viernes. Se veía serio, hasta que me lo ponía, cuando abrazaba cada pulgada de mi cuerpo. Acompañado de mis botas negras y ya tenía lista la noche del viernes. ¿Y el sábado?
—Mamá, ¿qué es esa cosa blanca?
Dios.
—Es tu corrida, bebé. ¿No se siente bien?
—Sí, muy bien.
Claro. Como sea, de vuelta al fin de semana. Sábado. No sabía si él tenía planeado que saliéramos de la habitación, pero una chica nunca podría equivocarse con un par de jeans y una camiseta. Agarré eso, una pantalonera para el domingo, junto con otra camiseta y una sudadera. Muy fácil. La ropa interior era la más importante.
—Gracias, mamá.
Me volví a concentrar, agarrando mi celular para detener el temporizador.
—De nada, Michael. Qué tengas una buena noche.
Colgué y le mandé mi tiempo a Angie. 11:34 de Newton. Muchas gracias. Ella sabía que no soportaba al tipo.
Oye, pudo haber sido peor. A Alice le mande al viejo Alec.
Oh, dios. Me reí y revisé mi teléfono, y claro, tenía varios mensajes de Alice quejándose, junto con emojis de popo, porque sí, a Alec le gustaban los juegos de popo. No y gracias.
¡Olvídalo! Newton está bien. Gracias.
Sabía que se reiría de eso. Volví a empacar. Ropa interior. ¡Oh! Podría usar ese lindo camisón rojo que había comprado hace meses en un momento de debilidad. No tenía razón para usar esa cosa, pero es que era muy lindo. Sí, eso funcionaría bien para el sábado en la noche. ¿Y quizá algo dulce y virginal de algodón blanco para contrastar con todo el encaje y la seda? Por qué no. Lo peor que podría pasar sería usarlos en casa el domingo. Agarré varios sostenes más y otras bragas para tener variedad. Veríamos qué traía el fin de semana y elegiría de acuerdo a ello.
Luego de que termine de empacar, regresé a la sala y abrí mi temporizador y el IM en mi laptop. Haría otra hora de llamadas antes de irme a dormir para compensar el no juntar nada de tiempo durante el fin de semana. Los sábados eran muy erráticas las llamadas, pero por alguna razón, los domingos había siempre muchas llamadas. No estaba segura de cómo debería interpretar tantas llamadas sexuales en un día de iglesia, pero no le veía el diente a caballo regalado.
Tomé una rápida llamada de una mamada, le mandé mi 3:17 a Angela, y miré mi celular. Sabía que no iba a escuchar de Edward esta noche. Iba a tener más reuniones y una cena, y no esperaba que me llamara ya que iba a obtener la realidad durante el fin de semana. La realidad… yum. Sentí un estremecimiento pasar a través de mí al pensar en lo que podría ser esa realidad.
Había hecho toda esa cosa de estar atada un par de veces en el pasado y, en retrospectiva, me había sentido muy decepcionada. Quiero decir, estuvo bien, estar atada y ser follada, pero no había habido nada de la creatividad, de la seducción que anhelaba. Hasta ahora Edward había eclipsado cada fantasía sexual que había tenido de él, así que tenía esperanzas muy altas esta vez, pero no podía evitar preocuparme un poco de que no fuera a ser todo lo que había imaginado. Y sí, podía decirle a él lo que quería, pero eso eliminaría el propósito de ceder todo el control en primer lugar.
Mi línea sonó mientras lo consideraba, y respondí.
—David Banner, quiere a alguien en sus 30, rubia, tetas grandes.
—Entendido.
Acepté la llamada y me lancé en una descripción falsa de mí cuando él me preguntó qué aspecto tenía. Pareció gustarle porque su respiración se hizo muy pesada cuando me pidió que entrara en pornhub y cargara unos vídeos de corridas. Oh sí, uno de esos. Hice lo que me pidió y, efectivamente, eligió un video y me pidió que hablara de lo que pasaba en cada escena. Bueno, era una llamada fácil. No tenía que ponerme nada creativa mientras hablaba de una corrida que caía en el cabello de alguna chica. Quiero decir, en serio, ¿quién querría eso? Yo estaría muy enojada si Edward lanzaba su corrida en mi cabello. Debería decirle eso antes de que comenzara el fin de semana, por si acaso.
Mientras estaba hablando, mi celular sonó, mostrándome que alguien hablaba abajo. Qué raro. No estaba esperando nada, pero tal vez era para alguno de los vecinos. Le pedí a Banner que me diera un segundo rápido y lo puse en silencio mientras respondía. Estaba totalmente prohibido poner en espera a un cliente, pero no tenía otra opción.
—Hola.
—Hola.
Edward. Sentí que todo mi cuerpo se calentaba.
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Estaba en el vecindario y pensé en pasar por aquí de camino a casa. ¿Puedo subir?
Mierda. No debía mantener toda una conversación mientras tenía a alguien en la línea.
—Seguro, pero estoy…
—En el teléfono, sí, lo supuse. Está bien. Sólo déjame entrar.
—Bien.
Le abrí y colgué, corrí a abrir la puerta antes de que él llegara y tocara.
—Lamento eso, David.
—No hay problema. Ahora, ¿qué está pasando?
Miré de nuevo mi laptop.
—Oh, hay tres pollas grandes lanzándole chorros por toda la cara. Está cayendo por su nariz, su barbilla, sus ojos…
Edward entró justo cuando dije eso, sonriéndome al cerrar la puerta. Dios, se veía pecaminoso. Gris carbón era el traje de este día, y lo usaba bien. Su cabello estaba despeinado y hecho un desastre, y sus ojos brillaban de color jade. Dios, lo deseaba.
—Sí. ¿Ahora qué?
Suspiré y aparté mis ojos de la belleza frente a mí, en lugar de eso miré a una reina del porno empapada en corridas en la pantalla de mi computadora.
—Oh, ese es un chorro muy grande el que cae sobre su mejilla.
David soltó un gemido y pude adivinar que estaba cerca. Muy bien.
Edward se acercó al sofá y se dejó caer, se soltó la corbata mientras se inclinaba y dejaba un beso en mi mejilla.
—Estamos viendo porno, ¿eh? Qué divertido.
Ahogué una carcajada mientras él me mordía el cuello.
—Oh, mira eso, David. Él se corrió sobre sus labios, y le resbala por la barbilla. —Ya recordaba qué era lo que le gustaba a él—. ¿Y si te obligara a lamerlo de su linda cara? ¿Tragarte esa gota gorda y lamer esos sensuales labios rojos?
Edward se reía silenciosamente contra mi piel mientras chupaba y lamía mi mandíbula. Estaba muriendo por besarlo.
—¡Oh sí! ¡Sí! —gritó David, explotando finalmente ante las imágenes que yo le plantaba de él lamiendo corrida de esas chicas desconocidas.
—Mmm, eso sonó maravilloso. Qué tengas una buena noche.
—Tú también. Gracias, Bella.
Colgué y jalé los labios de Edward hacia los míos, dándole un beso muy caliente.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté cuando nos separamos para respirar.
—Pues al parecer estoy viendo porno con mi novia.
Oh, por Dios. Suspiré y cerré la página web, mandándole un rápido IM a Angela con mi tiempo.
—No tienes que quitarlo por mí —dijo Edward, besándome el oído—. Créeme cuando te digo que la mayoría de los hombres estarían emocionados por llegar a casa y encontrar a sus chicas viendo porno.
Rodé los ojos.
—Primero que nada, no estaba viendo porno. Estaba viendo lo que el cliente quería que viera. Si yo estuviera viendo porno, no sería eso.
—¿De verdad? ¿Y qué estarías viendo tú? —Esa sonrisa socarrona apareció de nuevo—. Cuéntame.
Sacudí la cabeza.
—Hum. ¿Te gustaría saberlo?
—Sabes que sí. —Volvió a besar mi cuello, dejando que sus manos bajaran por mis brazos y acunaran mis pechos—. Cuéntame, nena.
—Um… —me removí cuando sus dedos se movieron sobre mis costillas—. Me gustan las que cuentan historias, o que al menos lo intentan. Que me hacen reír.
—No se supone que el porno deba ser cómico, Isabella. —Mordió detrás de mi oído—. Se supone que debe excitarte.
—Bueno, también hace eso… quiero decir, a veces. No es que lo necesite.
No justo ahora, cuando todos mis sentidos estaban ardiendo por sus manos y sus labios.
—¿Qué necesitas, Bella?
Eso era fácil. Me giré y me senté a horcajadas en su regazo.
—Sólo a ti. —Le quité el saco de su traje y comencé a desabrochar su pulcra camisa blanca.
—Soy todo tuyo.
—Maldición, sí que lo eres —le dije, besándolo con fuerza.
Su mano se metió debajo de mi camisa y comenzó a quitármela, justo cuando mi teléfono sonó.
—Mierda. Déjame decirle a Ang que no puedo tomarla y me salgo.
—Espera. —Edward me detuvo sacudiendo la cabeza—. Acéptala.
—¿Qué? ¿Ahora?
Algo en el brillo de sus ojos me puso muy caliente.
—Sí, ahora. Tengo otra fantasía que cumplir.
No sabía exactamente cuál era la fantasía, pero al parecer involucraba escuchar a su novia teniendo sexo telefónico con otro hombre. Qué raro, pero difícilmente era la cosa más rara que había escuchado. Mantuve mis ojos en los suyos al responder.
—Hola, Ang.
—Hola. Tengo a Paul Lahote para ti. Cinco cuarenta.
Huh. Bueno, si iba a tomar una llamada con Edward escuchando, esta era la mejor que podía aceptar.
—Bien, Ang.
Edward alzó una mano.
—Un segundo.
—Ponlo en altavoz.
Alcé una ceja, pero me encogí de hombros. Supongo que quería escuchar ambos lados de la llamada.
—Estoy lista. Gracias, Angela.
El teléfono sonó, y comencé el temporizador en mi celular.
—Hola, Bella.
—Hola, Paul. ¿Cómo has estado? Mucho tiempo sin hablar.
Se rio.
—He estado bien. Te extrañé.
—También te extrañé.
Edward me lanzó una mirada por eso, y negué con la cabeza.
—Actuando un rol —le musité.
—Altavoz —musitó en respuesta.
Cierto.
—Oye, Paul, ¿te molesta si te pongo en altavoz? Sé que voy a necesitar ambas manos libres para hablar contigo. —Eché un tono sexy en mi voz, haciendo que mi novio se riera en silencio.
Le picoteé el pecho, el cual, Dios mío, era hermoso. Nop, nada de distracciones. Concéntrate, Bella.
—Mmm, me gusta. Hazlo, bebé. Quiero que disfrutes.
—Siempre disfruto contigo, Paul. Dame un segundo.
Silencié el teléfono y fulminé con la mirada a Edward.
—No te atrevas a hacer sonido alguno, sin importar lo que él diga.
Edward se rio.
—Corazón, voy a estar tan callado como un ratón. Tú eres la que estará haciendo ruido.
Bueno, por supuesto que sí. Tendría que pretender que me corría con Paul. No estaba segura de por qué Edward quería ver eso, pero él era bastante abierto y me apoyaba en este trabajo. Tal vez sólo quería ver ambos lados. No podía culparlo por eso.
—Bien. Prométemelo.
Alzó ambas manos.
—Palabra de scout, nena. No haré sonido alguno.
Se veía lo suficiente confiable, excepto por sus brillantes ojos. Y por esa sonrisa. Pero, maldición, era lindo.
Respiré profundamente y le quité el silencio al teléfono, activando el altavoz.
—Bien, Paul, estoy lista.
—¿Estás lista, bebé? ¿Ya está listo y mojado ese lindo coño para mí?
Mantuve mis ojos en Edward al responder.
—Sabes que sí, cariño.
Edward alzó una ceja por eso y lo siguiente que supe, es que él había metido sus dedos en mis shorts. Oh, demonios. No pretendía… ¿o sí?
Sacudí la cabeza cuando él alzó dos dedos brillantes, asintiendo como si estuviera diciendo que, en efecto, ya estaba mojada. Por supuesto que lo estaba. Edward estaba aquí, medio desnudo, y me había vuelto loca con su lengua y sus dientes justo antes de que Paul llamara.
—¿Qué estás usando para mí, bebé? —preguntó Paul, su voz sonaba sin aliento. Paul era una llamada que iba directo al sexo, la fantasía del novio, donde le gustaba darme placer oral antes de follar en alguna manera. Es por eso que estaba contenta de que Edward estuviera escuchando esta llamada, en lugar de una de las más raras.
—Mmm, estoy usando ese camisón blanco de encaje transparente que tanto te gusta en mí. Puedes ver mis pezones duros a través de él, ¿recuerdas?
En cuanto dije eso, Edward alzó mi camiseta para asomarse, sacudió la cabeza y sostuvo su pulgar y su índice un poco separados, como si estuviera diciendo que no estaban tan duros. Bueno, todavía no lo estaban, pero con él viéndolos, probablemente ese no sería el caso por mucho tiempo más.
—¡Sí! Sabes que amo verlo en ti, Bella. Me encanta quitártelo lentamente de tu cuerpo.
Y con eso, Edward me sacó la camiseta por la cabeza y bajó mis shorts. Esa era mi ropa de noche y, por supuesto, no estaba usando nada debajo. Me sonrió al verme desnuda en mi sofá.
—Amo la forma en que me miras. —Esas palabras no eran para Paul, y los ojos de Edward siguieron ardiendo mientras miraba mi cuerpo. Aunque era cierto. Amaba la forma en que me veía, como si yo fuera todo lo que él necesitaba.
—Eres tan preciosa, bebé.
Edward asintió por las palabras de Paul. Así me sentía. Me sentía preciosa cuando estaba con él.
—Me inclino y beso tus labios.
Edward lo hizo, y gemí al sentir sus labios de regreso en los míos. Finalmente.
—Bajo besando por tu cuello.
Y como si estuviera siendo guiado, como si Paul le estuviera diciendo qué hacer, Edward dejó un camino de besos por mi cuello mientras yo me recargaba en el sofá. Así que esta era su fantasía. Actuar lo que uno de los chicos decía en el teléfono, mientras que ellos no tenían ni idea de lo que realmente estaba pasando, de que mis sonidos y reacciones eran reales. Mierda. Esto era caliente. Gemí cuando los dientes de Edward rozaron mi omóplato.
—Meto en mi boca uno de esos lindos pezones duros. —Sí, ya estaban duros. Cada parte de mí estaba tensa y esperando.
Edward no se llevó un pezón a la boca, en lugar de eso señaló el derecho y luego el izquierdo. Me tragué una carcajada.
—¿Cuál pezón? ¿Izquierdo o derecho? —exigí saber, porque necesitaba esa hermosa boca de regreso en mí de inmediato.
—Derecho.
Gracias a Dios. Los labios de Edward rodearon mi pezón y comenzó a chupar. Tan bueno.
—Usa tus dientes —ordené, sonriendo cuando Edward me mordió.
—Por supuesto, bebé. Chupo y tiro gentilmente de ese hermoso pezón, luego me muevo y hago lo mismo con el otro.
Edward cambió de teta y gemí en voz alta, enterrando los dedos en su cabello mientras su talentosa lengua y sus dientes seguían trabajando.
—Bajo las manos y pongo una entre tus piernas, sintiendo ese lindo coño. ¿Está mojado para mí, bebé? —preguntó Paul mientras la mano de Edward bajaba y comenzaba a sobarme.
—Sí —jadeé, empujándome contra esos dedos largos y sexys que me daban tanto placer. Edward tenía las mejores manos. Estaba segura que las de Paul no podían ser ni la mitad de buenas.
—Eres tan sexy, Bella.
Edward asintió contra mi pecho mientras sus dedos seguían jugando con mi clítoris. Tiré ligeramente de su cabello para que me viera.
—Tú me haces sentir como la chica más sexy del mundo. —Quería que Edward supiera eso, incluso mientras escuchábamos las palabras de Paul.
—Lo eres —musitó, justo antes de que Paul hiciera eco del sentimiento.
Quería reírme, pero controlé el impulso, gimiendo en lugar de eso cuando la lengua de Edward jugó con mi pezón al mismo tiempo que deslizaba un dedo dentro de mí.
—Bajo besando por tu estómago, lamiendo y chupando, mientras juego con ese precioso coño mojado.
Los labios de Edward rozaron sobre mi torso, y me hicieron cosquillas. Solté una risita.
—Eso me hace cosquillas.
—Mmm. Amo hacerte cosquillas, bebé. ¿Debería cosquillear tu coño con los labios?
Edward asintió ante las palabras de Paul, y acepté rápidamente.
—Oh, sí, por favor.
—Me gusta cuando dices por favor, Bella.
La cabeza de Edward se alzó y sus ojos me quemaron cuando abrió mis piernas.
—Por favor —susurré suavemente—. Por favor, lame mi coño.
—Por supuesto, Bella. Me agacho y le doy una larga lamida a ese clítoris. Está tan mojado e hinchado para mí, ¿no?
La lengua de Edward estaba en mí, y era difícil siquiera pensar en responderle a Paul.
—Sí —dije un poco ahogada, justo cuando él chupo y mordió mi clítoris con su boca—. ¡Oh, Dios!
—Eso es, Bella. Déjame probarte. ¿También quieres mis dedos?
Edward alzó su mano mientras yo intentaba responder.
—Dios, sí.
—Bien, bebé. Meto mi dedo en ti mientras chupo ese dulce clítoris, moviendo mi lengua a su alrededor.
Edward hizo justo eso, y me perdí, me corrí con fuerza por las acciones de Edward acopladas a las palabras de guía que Paul había dicho sin saber. Eso me puso tan caliente. Me corrí con fuerza y de manera ruidosa, tensándome alrededor de los dedos de Edward, atrapando su cara entre mis muslos mientras veía estrellas.
—Dios, Bella. Suenas tan bien esta noche. Tan bien. Casi me corro con tan sólo escucharte. ¿En serio te corriste para mí, bebé? —preguntó Paul cuando Edward sacó sus dedos de mí y se echó atrás, sonriendo mientras se lamía los labios.
—Oh, me corrí de verdad, Paul. No hay duda de ello. —Aunque no era por él, y no iba a decirlo. Todo era por Edward.
—Mmm, tan buena, bebé. Veamos si aguantas otro.
Un asentimiento y una sonrisa de Edward me hicieron saber que definitivamente estaba a punto de aguantar otro. Uno muy bueno, por cierto.
—Estoy bastante segura de que sí, Paul. —Me enderecé y jalé a Edward de regreso al sofá, le desabroché los pantalones con prisa y se los bajé. Sabía lo que venía ahora—. ¿Debería montarte, bebé?
—Eso suena bien, cariño. Baja ese coño en mi gran polla de diez pulgadas. Está doliendo por ti.
Puse mi mano sobre la boca de Edward porque vi la sonrisa y la risa doliendo por salir de él. Nop, no tenía permitido hacer sonido alguno, ni siquiera cuando me alineé y me bajé lentamente sobre su polla, gimiendo mientras él me llenaba.
—Sí, te gusta eso, ¿no, Bella?
—Me encanta. —Me sostuve de los hombros de Edward, mirándolo a los ojos cuando comencé a subir y bajar en él—. Me llenas tan bien.
—Así es, bebé. Te estiro tanto ese lindo coño, lo lleno tan bien.
Edward sólo sacudió la cabeza mientras agarraba mi cintura, ayudándome a subir y bajar.
—Tan bien —logré decir, sintiendo el dolor familiar construyéndose dentro de mí de nuevo. No tardaría mucho.
—Tan mojada, tan apretada —gruño, y supe que también Paul se estaba acercando. Los dientes de mi hermoso Edward estaban tensos mientras lo montaba más y más rápido. Sí, se correría junto conmigo.
—Me voy a correr en ese lindo coño, Bella. Te voy a llenar con mi corrida.
—¡Sí! Quiero sentirte corriéndote dentro de mí. —Una vez más, esas palabras eran para Edward, y me aseguré de que lo supiera, mirándolo a sus preciosos ojos.
—Tómalo. Tómalo, bebé. —Paul gruñó y se corrió justo cuando Edward jalaba mis labios a los suyos y se derramaba dentro de mí. Comencé a correrme justo después de él, el haber hecho que dos hombres se corrieran casi simultáneamente fue un gran aliciente.
Pasaron unos buenos treinta segundos de respiraciones pesadas por parte de Paul, yo estaba jadeando e intentando calmarme mientras me bajaba de Edward.
—Santa mierda.
—Bella, eso fue en verdad maravilloso. Creo que ha sido lo mejor que hemos hecho.
Luché contra otra carcajada. No tenía sentido arruinarlo ahora, cuando había logrado pasarlo sin revelar que no estábamos solos.
—Estoy de acuerdo contigo, Paul. Fue fantástico. —Besé suavemente a Edward—. Qué tengas una buena noche, y espero hablar contigo pronto.
—¡Así será! Buenas noches, Bella.
Colgó y detuve el reloj, mandándole mi tiempo a Angela y desconectándome inmediatamente luego de eso. De ninguna manera iba a sobrevivir a otra ronda de sexo telefónico con Edward aquí.
—Eso fue diferente —dije cuando me jaló a su regazo.
—Eso esperaba —dijo Edward con una risita, riéndose al apretar sus brazos a mi alrededor.
—¿Qué fue eso exactamente? —pregunté mientras me giraba de lado para poder verlo.
—Eso fui yo actuando el sexo telefónico contigo. —Se encogió de hombros—. Tengo que admitirlo… esta noche, cuando estaba en otra aburrida cena, estaba pensando en ti, preguntándome si estabas aceptando llamadas y qué podrías estar escuchando y haciendo. Luego me pregunté lo que ya habías escuchado. Quiero decir, me has contado unas cuantas cosas, pero imagino que tienes algunas historias.
Me reí de eso.
—Ciertamente las tengo.
Sonrió.
—Y las espero con ansías. Como sea, pensé en llamar cuando estaba en el carro, pero eso no era suficiente, así que saque los archivos de los empleados, conseguí tu dirección y vine. El haberte encontrado en el teléfono, mirando porno, bueno, me excitó, y luego pensé que sería divertido actuar contigo una de las llamadas. Le diste un gran espectáculo a Paul, nena.
—Corrección. Le dimos un gran espectáculo a Paul, Edward. Y fue caliente.
Se rio.
—Sí que lo fue. ¿Alguna vez has pensado en ello, en hacer lo que hicimos?
No podía negarlo.
—Sí, pero en realidad no fue mi idea. He tenido uno o dos clientes que dicen que desearían poder hacerme las cosas mientras yo estoy en el teléfono, y admito que me gustaba la idea. Nunca pensé que lo haría, pero ahí lo tienes. —Besé su nariz—. Tienes suerte de que nos tocara un buen cliente y no uno raro.
—Oh, entonces Paul es un buen cliente, ¿no? —preguntó Edward, haciendo comillas en el aire para enfatizar su punto.
—Si te refieres a que no le interesan las mamás, los papás, o la popo, entonces sí.
—¿Popo? —preguntó Edward, riéndose con tanta fuerza que casi me tira de su regazo—. ¿Estás jugando?
Negué con la cabeza y agarré mi teléfono, abriendo los mensajes de Alice.
Ugh. Alec está en la tina frotándose popo sobre sí mismo. Odio este trabajo, te odio por no tomar esta llamada y odio mi vida.
¿Cómo se supone que debo pretender que esto es caliente? ¿En qué tipo de llamada estás? Dame algo sexy en que pensar.
Pobre Alice. Tal vez podría darle algo para ayudarla.
De hecho, yo tuve una buena llamada sexy y Edward estuvo aquí, así que actuó todo lo que el cliente decía. Fue la cosa más caliente de todas.
Él se rio al leer mi mensaje.
—Me alegra mucho que no te tocara el de la popo. No habría actuado eso.
Resoplé.
—Si lo hubieras hecho, te hubiera echado por la puerta y nuestro fin de semana hubiera sido cancelado.
—Qué bueno que lo sé. Nada de coprofilia cuando te tenga atada.
—¡Ewwwww! ¡Ni siquiera lo pienses! —golpeé su sexy pecho desnudo—. Hazme eso, y te juro que te lo haré de regreso, tomaré fotos y se las mandaré a toda la mesa directiva.
Edward se carcajeó.
—No te preocupes, corazón. Eso no está en la lista de lo que haré cuando te tenga a mi merced. No puedo decir que encuentre eso sexy en alguna manera.
Mi teléfono vibró con un mensaje.
Ahora te odio más. Estás despedida como mi mejor amiga.
—Uh-oh, problemas en el paraíso de la amistad. Dile que se consiga un novio y que lo haga aceptar llamadas con ella. Le encantará —me aconsejó Edward.
Sacudí la cabeza. Le encantaría, pero ella estaba pasando ahora por un periodo de sequía. Hasta que llegó Edward, las interacciones de ambas habían sido sólo en base al teléfono.
Entonces supongo que no te contaré nada mañana en la comida. Lo siento, ex mejor amiga.
Edward sonrió.
—¿Vas a darle detalles?
—A menos de que tú no quieras que lo haga.
Se encogió de hombros.
—No me molesta. Fue caliente. No me importaría hacerlo de nuevo alguna vez.
Puse mis brazos a su alrededor.
—Tal vez. Aunque me gusta mucho tenerte para mí sola.
Mi teléfono sonó de nuevo.
Olvídalo. Estás reintegrada como mi mejor amiga. Detalles completos en la comida. Ve a divertirte con tu novio mientras yo rezo para que mi siguiente llamada no sea un pervertido raro.
¡Buenas suerte con eso! Te veo mañana.
—Alice da buenos consejos. —Edward se paró conmigo en sus brazos—. Vayamos a divertirnos nosotros, veamos si puedo mejorar la visión de Paul.
Me reí entre dientes y acaricié su cuello mientras él se dirigía a mi habitación.
—No tengo duda alguna de que sí puedes. —Y no me preocupaba que él no cumpliera mis fantasías el fin de semana. Mi Edward tenía una mente deliciosamente sucia y no podía esperar para verla en acción de nuevo.
—Maldición, así es, nena.
Me encanta que este Edward sea tan abierto de mente y saque lo mejor de cada situación. Como en la llamada de Paul, pudo haberse sentido incómodo, pero en lugar de eso la aprovechó para darle una experiencia única a su chica. Se mencionan detalles medio asquerosos jajaja pero qué se le puede hacer, son cosas que suceden en la vida real.
Espero que les haya gustado, muchas gracias por sus comentarios, alertas y favoritos. ¡No olviden dejarme sus comentarios! Díganme qué les pareció, qué les gustó o qué no les gustó. El siguiente ya es el último capítulo :)
Nos leemos en el siguiente ;)
