Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.


Show, Don't Tell

Capítulo 4

Hice lo mejor que pude para prestar atención en la cena, pero la anticipación que sentía a través de mí no tenía precedentes. No era que no encontrara a Edward fascinante; en serio sí lo veía así. Era bastante joven para ser CEO; con treinta y dos años él a duras penas había esperado ocupar el lugar de su padre, pero cuando la salud de Carlisle comenzó a deteriorarse, no hubo opción. Admiraba su dedicación al legado de su familia. Y en realidad lo admiraba muchísimo a él.

Estaba sentado frente a mí en uno de esos trajes hermosos y elegantes que usaba en el trabajo, y la luz de la vela proyectaba las líneas de su cara, haciéndolo verse más precioso de lo normal, si es que eso era posible. Estaba debatiendo eso mientras él me contaba sobre sus proezas en el tenis y el golf.

Sonreí por eso.

—Deportes de niño rico.

Se rio entre dientes y me señaló con su tenedor.

—No creerías la cantidad de negocios que se resuelven en una partida de golf.

Sacudí la cabeza.

—No querría creerlo.

Se rio.

—Sí, bueno, tampoco yo, pero papá insistió en que aprendiera. Al final fue una buena decisión. Llevar a un potencial compañero de negocios al club es algo que hago seguido.

No pude evitarlo. Mi mente fue ahí sin permiso y la risa salió de mí.

Edward alzó una de sus sexys cejas y esperó a que terminara mi diversión antes de aclararse la garganta.

—¿Puedo preguntar qué tiene de divertido eso?

Sacudí la cabeza y me incliné hacia enfrente, bajando la voz.

—Es que, en mi otra línea de trabajo, he escuchado varias historias sobre lo que pasa en el club mientras estás en el sauna. —Lancé comillas al aire alrededor de la última palabra y me reí con más fuerte cuando la cara de Edward se puso roja—. ¿Hay algo que todavía no me ha contado, señor Cullen? No te preocupes, no te juzgaré.

Se unió a mis risas entonces.

—No tengo nada que contar, sucia. Sólo pensaba que es mejor que sea más observante la próxima vez que esté ahí.

Me reí más fuerte por eso.

—A Marcus le encanta agarrar hombres y darles una mamada en los vestidores y la ducha.

—Y ahora estoy pensando que es mejor que tenga cuidado con a quién invito al club de ahora en adelante. Nunca sabes quién podría estar malinterpretando la invitación.

Edward sacudió la cabeza y me hizo reír de nuevo.

—Antes de tomar ese trabajo no tenía ni idea de la cantidad de cosas extrañas que sucedían justo en mis narices. —Le sonreí cuando tomó mi mano y rozó sus labios sobre ella—. Espero que no te moleste que mi mente vaya ahí de vez en cuando.

Se rio entre dientes y besó de nuevo mi mano.

—Me encanta a donde va tu mente. ¿Crees que no sé dónde ha estado desde que nos sentamos a cenar?

Me mordí el labio y sacudí la cabeza.

—No puedo evitarlo. Saber a dónde vamos a ir y preguntarme qué vas a hacer cuando estemos ahí hace que me sea difícil concentrarme. —Me di cuenta de que él podría tomar eso de mala manera, así que me apresuré en explicarme—. No es que no quiera saber más de ti. ¡Sí quiero! Me encanta conocerte mejor. Es que… —me callé y me encogí de hombros.

Sonrió y jugó con los dedos de la mano que sostenía.

—Bella, ¿crees que no es lo mismo para mí? Estoy sentado frente a ti y tú estás usando ese sexy vestido rojo, y todo en lo que puedo pensar es en que, dentro de una hora, te tendré atada a mi cama y completamente a mi merced.

Solté un gemidito por sus palabras, y juro que sus ojos se oscurecieron.

—Exacto. Pero al mismo tiempo, me encanta conocerte. No quiero que pienses que te quiero sólo por el sexo. Sí, así es cómo me acerqué a ti y cómo comenzamos, pero no lo es todo. He pasado meses esperándote. Así que, aunque una gran parte de mí quiere cargarte y salir corriendo de este restaurante, estoy intentando controlarlo.

Que me maldigan si ese discursito no me puso más caliente por él.

—Tenemos todo el fin de semana —le recordé.

Edward sonrió.

—Sí, exacto.

No lo entendió, que dulzura.

—Tenemos todo el fin de semana para conocernos. —Sonreí cuando sus ojos verdes se agrandaron—. Llévame a tu casa y muéstrame lo que tienes.

—Isabella Swan, de verdad creo que eres la mujer perfecta para mí. —Edward se paró y echó dinero en la mesa antes de ponerme de pie.

Besé su mandíbula.

—Lo soy.

Un estremecimiento de anticipación pasó a través de mí cuando su mano bajó por mi espalda. Ya estaba ardiendo por él.

—Vamos.

Xoxoxoxox

El viaje en el carro fue mayormente en silencio. Sentía la excitación y los nervios creciendo con cada milla que manejaba. Miré sus dedos flexionarse en el volante de su carro caro, sabiendo que muy pronto esas hermosas y competentes manos estarían en mí.

—Maneja más rápido.

Se rio y pisó el acelerador.

—Necesito saber… ¿hay alguna regla aquí?

Aparté la vista de sus manos y miré su cara igualmente hermosa.

—¿A qué te refieres?

—¿Hay algo que estés segura que no quieres que haga? No quiero hacer algo que no te guste.

Pensé en ello por un minuto, pero sabía que podía confiar en él.

—Los únicos límites que tengo son cosas que tú no harías.

Se rio con nerviosísimo.

—¿Cómo puedes estar segura?

—Porque no eres desagradable.

Edward sonrió por eso, y me reí.

—Bien. Ya sabes cómo me siento respecto a la popo. Lo mismo aplica para pipi. Y nada de niños o animales.

La cara que hizo no tenía precio. Se veía horrorizado. Debería estar agradecido por no haber estado cerca para ese tipo de llamadas. Eran las peores.

—Exacto. Y nada de compartir. Los tríos son calientes en teoría, pero no quiero que mi hombre me quiera con alguien más.

Soltó un gruñido por eso.

—No tienes que preocuparte por ello. No tengo interés alguno en compartirte. Eres toda mía.

Debía admitir que eso me complacía; solté un suspiro.

Edward me miró de nuevo.

—¿Qué, estás sorprendida?

¿Lo estaba?

—No exactamente. Es que… te portas tan tranquilo por mi trabajo y no te molestó jugar conmigo mientras estaba en el teléfono con un cliente, así que supongo que una parte de mí pensó que estarías de acuerdo en compartir.

Se rio y tomó mi mano.

—Bella, soy un hijo de puta muy posesivo. Probablemente muy pronto descubrirás eso. Lo que haces en el teléfono, bueno, creo que es sexy, sí, y me fascina porque amo escuchar cómo funciona tu mente. Y creo que es endemoniadamente caliente que seas tan abierta de mente respecto a lo sexual. Además, creo que la línea telefónica te da buenas ideas que me encantaría trabajar contigo.

Sonrió ante la risita que solté.

—Una cosa es que un hombre te oiga, que imagine estar contigo, y otra es que uno esté de verdad contigo. Ninguno de tus clientes va a ver exactamente lo preciosa que eres cuando te corres. No sentirá lo suave que es tu pie, o verá cómo se sonroja cuando te excitas. No tienen idea de lo bien que hueles y lo increíble que sabes. Sólo pueden imaginar tu perfecto cuerpo, mientras que yo puedo verlo y tocarlo. Eso es sólo para mí. Así que no, no te compartiré con ningún hombre o mujer; o cualquier otro ser vivo. —Hizo una carita que no tuvo precio por esa última parte.

Usé mi mano libre para echarme aire porque sus palabras me dejaron muy caliente y excitada.

—Qué bien —logré decir cuando finalmente pude hablar—. También soy muy posesiva, así que lo mismo va para ti.

—No me molesta, nena. —Se aclaró la garganta—. ¿Algo más fuera de consideración?

—Bueno, nada de dolor en sí. No me molesta unas nalgadas o algo así, pero nada de látigos, cintos y cosas así.

—Oye.

Lo miré.

—Nunca te lastimaría. Ni físicamente ni de otra manera. —Los ojos de Edward ardieron en los míos—. Sé que es pronto, pero estoy comprometido con esto. Tú eres la única para mí. Nunca antes en mi vida he estado más seguro de algo.

Esas palabras. Lo que me hicieron. Llevaba meses obsesionada con este precioso hombre, y saber que él se sentía igual que yo me asombraba.

—Lo mismo digo —le dije, suspiré cuando sus labios chocaron con los míos.

Nos besamos por quién sabe cuánto tiempo antes de que él se apartara y me sonriera.

—Por cierto, ya llegamos.

¡Ja! Ni siquiera me había dado cuenta de que el carro se había detenido. De hecho, incluso había olvidado que estábamos en el carro cuando me besó. Era por mucho el hombre más potente que alguna vez había conocido.

Edward se bajó del carro y vino a mi lado para ayudarme, agarró mi maleta de la cajuela antes de guiarme dentro del elegante edificio de condominios.

—Debí haber sabido que vivías aquí. —Twilight Towers era fácilmente el lugar más caro y lujoso de la ciudad.

Edward se encogió de hombros, asintiéndole al portero cuando pasamos junto a él, y tiró de mi mano cuando yo lo que quería era quedarme y mirar el hermoso lobby.

—Es conveniente. Está cerca del trabajo y de todo lo demás, de hecho. Es más fácil así. Justo ahora no tengo tiempo para preocuparme por una casa en los suburbios.

Me llevó al elevador y me reí cuando el chico que al parecer operaba el elevador presionó el botón para el último piso.

—Sólo lo mejor, Isabella —susurró Edward en mi oído, mordiéndome el lóbulo y haciéndome estremecer.

Estaba ansiando mucho obtener lo mejor de él. Pronto. Y Edward también lo sabía. Su sonrisa lo decía todo.

Edward le agradeció al conserje, o como quiera que se llame el que opera el elevador, y me llevó directo a su sala. Jadeé ante los brillantes pisos de mármol y las paredes de ventana que nos rodeaban.

—Dios, Edward, este lugar es asombroso.

Soltó mi bolsa y pasó sus brazos a mi alrededor desde atrás, besándome el cuello.

—Me sirve. Te daré un tour. Más tarde.

Sí, más tarde. La verdad podríamos estar en una bodega justo ahora, y lo único de lo que estaría consciente sería Edward. Todo mi cuerpo se encendió cuando sentí su erección presionada contra mi espalda.

—Más tarde está bien.

Se rio y me cargó en sus brazos, sus zapatos resonaban en esos pisos de mármol mientras me cargaba hacia su habitación. Encendió la luz cuando llegamos ahí y miré boquiabierta la cama que dominaba todo el cuarto.

—Cuatro postes —murmuré, mirándolo todo. Noté que cada uno de los postes ya tenía una corbata de tela blanca en ellos—. Conveniente.

Edward se rio mientras me dejaba gentilmente de pie. Solté un gemidito cuando mis pies se hundieron en la alfombra más suave alguna vez inventada. Vaya.

—¿Te molestaría si te dijera que la cama es nueva?

Aparté la vista de esa hermosa cama y miré a Edward sobre mi hombro.

—¿Qué tan nueva?

Sonrió.

—Ayer la entregaron. Todavía no he dormido ahí. Quería que la primera vez fuera contigo.

Un golpe de emoción se movió a través de mí por eso.

—Ciertamente te mueves rápido. Acabábamos de hablar sobre esta fantasía. —Me giré y envolví mis brazos alrededor de su cuello—. Me encanta.

Me besó suavemente.

—Me alegra. Tuve que persuadirlos un poco para que la entregaran de inmediato, pero lo logré.

Me reí por eso.

—Creo que te refieres a sobornarlos, pero no me importa. Es perfecta. —Si alguien hubiera sacado la cama directo de mis fantasías, se habría visto exactamente así. Era de una madera oscura de cerezo, con una suave tela blanca en la parte superior y una cabecera que tenía tablillas en lugar de madera sólida. Se veía como una cama que encajaría con una princesa o una reina.

—Les hice que cambiaran la cabecera.

Era como si hubiera leído mi mente. Le alcé una ceja y sonrió.

—Esposas.

Jódanme. Empecé a sudar frío por las imágenes que entraron en mi cerebro. Él esposado y a mi merced, yo esposada y a la suya. Sí, por favor.

—Para ambos —dije, mordiendo su barbilla.

—Absolutamente —aceptó.

—Muy bien. —Miré de nuevo la cama y estiré la mano para tocar una corbata blanca—. Supongo que añadiste esto después de que fue entregada.

Bufó.

—Oh no, les dije que necesitaba unas buenas corbatas para atar a mi novia, y me las dieron gratis.

Se rio cuando le golpeé el pecho, luego me jaló hacia él en un fuerte abrazo.

—Te diré que fue un gran placer comprar estas por mi cuenta. Me la mantuve imaginando cada corbata en tu piel, y quería las de la seda más suave que pudiera encontrar. No quiero lastimarte, Bella.

Me derretí un poco por sus palabras y froté la tela. Era suave.

—Me encanta.

—Muy bien. —Comenzó a besar mi cuello, y sus manos bajaron a la bastilla de mi vestido. Lo levantó lentamente para revelar las sexys bragas de encaje rojo que había usado para él—. Carajo. Eres tan hermosa.

Y así me sentía mientras sus manos se movían tan ligeramente sobre mi piel, subiendo cada vez más el vestido sobre el sostén a juego. Lanzó mi vestido a una silla en la esquina cuando me liberó de él y pausó para mirar mi cuerpo.

—Estoy dividido entre querer dejarte esto puesto, porque te ves endemoniadamente sexy, o quitártelo antes de atarte, porque será un poco difícil más tarde.

Me reí ante la mirada desgarrada en su cara.

—Tengo más que podría usar para ti más tarde.

Sonrió.

—Muy bien, entonces. —Y volvió a besarme y tocarme, dejando un camino de fuego en todas partes que sus labios y manos tocaban. Estaba ardiendo por él y todavía ni siquiera habíamos comenzado. Apenas noté cuando me soltó el sostén y éste cayó, ni cuando mis bragas comenzaron a irse. Sólo lo noté entonces porque sus labios se apartaron de los míos mientras él las bajaba y me ayudaba a quitármelas.

Mi estómago se tensó un poco cuando tomó mi mano y me llevó a la cama. Apartó ese esponjoso edredón verde, y suspiré un poco cuando vi las sábanas. Tenían ese brillo caro que significaba que serían endemoniadamente suaves y, efectivamente, sentía como si estuviera acostada en una nube cuando Edward me recostó.

Se paró junto a mí, mirándome y sonriendo.

—¿Qué? —pregunté, enterrando las manos en las sábanas para evitar retorcerme sobre la cama más increíble alguna vez creada.

—No he hecho nada más que imaginar cómo te verías en esta cama desde que la elegí. La realidad es incluso mejor que la fantasía.

Estiré la mano hacia él, se agachó y le di un ardiente beso.

—Ese es nuestro mantra, ¿no? —pregunté cuando pude concentrarme de nuevo.

Se rio.

—Así es.

Sus labios se alejaron de los míos, y dejó besos a lo largo de la orilla derecha de mi mandíbula, bajó por mi cuello, siguió a lo largo de la curva de mi hombro, y bajaron hasta llegar a mis dedos. Había estado tan ocupada disfrutando de cómo me sentía que no me di cuenta de que estaba estirando mi brazo hasta que sentí la seda blanca contra mi muñeca.

—¿Está muy apretada? —preguntó, y negué con la cabeza, incapaz de formar palabras ya que mi fantasía comenzaba a cobrar vida. Él ya estaba haciéndolo mejor de lo que imaginé al seducirme mientras me ataba en lugar de esperar a que estuviera atada por completo.

—Tira de ella.

Hice lo que me pidió, y se mantuvo firme, pero podía notar que podría liberarme si necesitaba hacerlo.

—Está un poco floja.

—Quiero que sientas que puedes detenerme en cualquier momento, incluso si no puedes decir las palabras. —Sólo sonrió por la mirada que le dediqué—. Quiero que estés cómoda con todo lo que hacemos.

—Lo estoy.

—Muy bien. —Y volvió a besarme, comenzó con mis labios y dejó un camino ardiente que bajó por mi cuello y brazo, asegurándome al otro poste—. ¿Qué tal?

—Maravilloso —respondí, porque lo era. Todo mi cuerpo estaba vivo en una manera en que nunca antes lo había estado, y apenas habíamos comenzado.

Regresó a mis labios, me besó profundamente por unos minutos antes de bajar besando por mi cuerpo, presionó sus suaves labios contra mis pezones, mi estómago y bajó a mi coño, donde pasó muy pocos segundos besando y lamiéndome antes de bajar a mi muslo y pierna. Solté un lloriqueó de disgusto, lo cual hizo reír a Edward.

—No te preocupes, nena. Prometo volver a visitar esa área en algún momento de la noche.

Sonrió por la mirada de odio que le lancé mientras ataba mi tobillo derecho a la cama. Oficialmente me iba a volver loca esta noche. No podía esperar, pero al mismo tiempo quería exigirle que terminara lo que había comenzado. Antes de poder sacar las palaras, él ya estaba de nuevo lamiendo mi coño, fue un momento muy breve mientras bajaba por la pierna izquierda igual que había hecho con la derecha.

—Estás disfrutando de torturarme, ¿no? —le pregunté cuando mi pierna izquierda quedó atada a la cama.

—Apenas comienzo, Bella. —Se levantó de la cama y presionó sus labios sobre los míos, dejándome probarme a mí en él. Tan caliente—. Esto es lo que querías, nena. Prometo que va a ser increíble. Confía en mí.

Estaba usando su voz de sexo conmigo, y eso fue suficiente para volverme loca.

—Sí confío en ti.

—Muy bien.

Me besó de nuevo antes de estirar la mano por algo en su buro. Levantó mi cabeza y deslizó una venda sobre mis ojos. Jadeé un poco cuando me quitó esa ventaja que tenía; la habilidad de ver lo que me iba a hacer, incluso si no podía hacer nada al respecto. Ahora Edward tenía completamente el control, y yo no tendría ni idea de lo que iba a pasar.

—¿Te parece bien? —preguntó suavemente y asentí, no estaba segura de poder confiar en mí para no rogarle que me la quitara. Estaba renunciando al control, y eso significaba a todo por completo. Me asustaba, pero también me excitaba. Me gustaba un poco que él lo hubiera llevado un paso más allá de atarme. Estaba tomando el control, pero seguía asegurándose de que yo estuviera de acuerdo con lo que él hacía.

—Me alegra. Ahora, si quieres que detenga cualquier cosa que haga, di "Edward alto" y lo haré. Si dices que no riéndote u cualquier otra cosa, serás ignorada, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

Sentí la cama moverse cuando se levantó, y escuché sus pisadas alejarse de la cama. ¿A dónde iba? No tenía idea de cuánto estuve ahí, el tiempo transcurría mientras la anticipación crecía dentro de mí. Jugué con tirar de las corbatas e ir a investigar lo que él estaba haciendo, pero eso iba en contra de toda la fantasía. Tenía que confiar en que él regresaría a mí, esperaba que pronto.

Solté un suspirito cuando escuché algo sonar junto a mi cabeza y la cama se hundió en el lado izquierdo. No podía ver a Edward, pero podía olerlo. Soltaba un aroma a condimentos y menta del que estaba más consciente ahora que no podía ver.

—¿Alguien se estaba impacientando? —preguntó, sus labios estaban justo junto a mi oído.

Su lengua trazó la orilla de mi oreja y mordió mi lóbulo, haciéndome soltar un gemido alto. Bastardo. Sabía lo sensibles que eran mis orejas.

—¿Y bien, Isabella?

Me estremecí porque usó mi nombre formal.

—Sí.

Hizo un sonidito de tsk.

—Chica sucia. Iba a ponértelo fácil al principio, pero ahora creo que tendré que empezar antes la tortura.

Sus palabras me excitaron y me asustaron. La idea de tortura conjuraba todo tipo de cosas malas, pero confiaba en Edward, y él había prometido no lastimarme. Si pensara que él era el tipo de chico que haría eso, no lo habría dejado hacer esto en primer lugar.

Esperé conteniendo el aliento cuando la cama se movió de nuevo. Se estaba alejando de mí y tiré de las corbatas, queriendo agarrarlo. Si su tortura era dejarme por más tiempo, lloraría. Preferiría que me nalgueara a que me dejara sola de nuevo.

—Relájate, nena. Te va a encantar.

Ciertamente lo esperaba. El hecho de que él no fuera a dejarme me hacía sentir mejor, y dejé que mis brazos se relajaran de nuevo.

Cayó el silencio y me esforcé por escuchar cualquier movimiento. No escuché nada, pero de repente sentí el toque más ligero en la planta de mi piel, tan ligero que no estaba segura de no haberlo imaginado. Pero entonces se repitió en el otro pie, a lo largo del arco. ¿Era una pluma? Era suave, pero no… ¿cerdas? ¿Alguna especie de cepillo?

Lo que sea que fuera, viajó a lo largo de mis dos pies, primero de manera ligera, luego más y más duro. Y entre más duro se ponía, más cosquilleaba. Comencé a reírme e intenté alejar los pies, pero por supuesto que no podía. Edward había atado mis pies más fuertes que mis manos, suponiendo que si liberaba las ataduras de mis manos entonces podría soltarme los pies yo misma si lo necesitaba. Ahora veía por qué había hecho eso. Genio malvado.

—¡Edward! ¡Me hace cosquillas! —grité, riéndome cuando lo que sea que fuera eso se metió entre mis dedos.

—Lo sé. Hay más formas divertidas de torturar un cuerpo que con látigos y cadenas, nena. —Sonaba tan presumido. Definitivamente se estaba divirtiendo. Ambos nos divertíamos.

La brocha; en definitiva, era una brocha, se hundió de nuevo en el arco de mi pie, haciendo gritar e intentar torcerme de nuevo, pero no podía alejarme. Rozó un dedo, y con las cosquillas llegó ese tirón en mi vientre. Era una tortura dulce, y ya lo deseaba desesperadamente.

Sentí las cerdas subir por mi pierna, dejándome la piel erizada tras su paso. Jadeé cuando la brocha rozó ligeramente sobre mi coño. Santa mierda. ¿Quién sabía que eso se sentiría tan bien? Solté un lloriqueó cuando siguió subiendo por mi torso, rodeando mis pezones. Tan sensibles. Definitivamente estaba más excitada de lo que lo había estado en toda mi vida.

—Eres una hermosa obra de arte, Bella.

Ese comentario me hizo preguntarme si en realidad estaría pintando algo en mí. No se había sentido así, pero no tenía ni idea. Y ese hecho me excitaba todavía más.

La brocha bajó de nuevo por mi estómago, e inhalé bruscamente cuando la rozó de nuevo sobre mi clítoris.

—Parecería que disfrutas de eso, cariño. Tendremos que volver a ello más tarde.

Maldición. Solté un gemido de frustración, y Edward se rio.

—Todo a su tiempo, nena. La noche es joven, y tenemos mucho por hacer.

Bueno, eso era prometedor.

—Te ves un poco caliente y excitada, Isabella. Hagamos algo al respecto, ¿te parece?

—Bien —susurré. No tenía ni idea de qué era… no me había amordazado, pero sentía que no debía hablar. Quería que esto fuera todo sobre él. Era raro.

Solté un jadeo alto cuando algo húmedo y frío se presionó contra mi pezón derecho. Hielo. Santa mierda. Podía sentir el pezón endureciéndose inmediatamente, y luego Edward bajó el hielo por mi pecho y lo movió hacia el otro, dejando un camino de agua helada tras él. Me estremecí, luego suspiré cuando una boca caliente y húmeda se cerró en el pezón derecho, su lengua daba vueltas contra él, lo caliente remplazó el frío.

Estaba muriendo por enterrar mis dedos en el cabello de Edward y sostenerlo contra mí, pero no podía. Y luego esa lengua caliente trazó la línea que había dejado con el hielo hacia el pezón izquierdo, y chupó, lamió y mordió ese. Los sonidos que estaba haciendo no tenían precedentes, maullidos bajos, jadeos y suspiros. El ser incapaz de hacer algo más que eso me estaba volviendo loca.

Edward me soltó, y de repente sentí el frío de nuevo bajando por mi vientre, dirigiéndose directo a… no, no lo haría. Pero sí lo hizo. El frío se presionó contra mi clítoris y me hizo gritar su nombre una y otra vez mientras subía y bajaba por mi clítoris antes de meterlo en mí. Era más largo de lo que esperaba, estaba claro que no era un cubo de hielo normal. Desearía poder verlo, pero no podía hacer nada más que sentir el frío entrando y saliendo de mí.

—¡Edward! Por favor. —Pero no dije que se detuviera. No quería que se detuviera. Sabía lo que seguía, si es que él se apegaba a lo que les había hecho a mis pezones.

—Oh, Bella. Es todo un placer para mí, créeme.

Y entonces eso helado salió de mí y su lengua estaba lamiendo el camino que hizo al bajar por mi torso. Quería, con todo lo que había en mí, abrir más mis piernas cuando su lengua tocó mi clítoris, pero tuve que quedarme quieta y dejar que la lengua de Edward hiciera su magia, calentándome antes de meterse en mi coño y follarme lentamente.

Las sensaciones, de caliente a helado, la talentosa lengua de Edward, fue demasiado para mí, y me corrí con su lengua enterrada en mí.

—Deliciosa. Eso uno —murmuró antes de presionar sus labios sobre los míos.

Su boca estaba fría, y juro que sabía a uvas. ¿Qué demonios?

—¿Ya estás lo suficientemente caliente, nena? Tus pezones siguen durísimos. Hagamos algo al respecto. —Escuche a Edward respirar profundamente—. Si no te gusta esto, dímelo, ¿de acuerdo?

Ni sabía de qué estaba preocupado, pero de todas formas acepté. Un minuto después, sentí escozor en el pezón derecho cuando algo caliente lo golpeó. No dolió en sí, pero fue inesperado.

—¿Es demasiado? —preguntó Edward suavemente, sus dedos se presionaron sobre él. Luego del escozor, sólo se sentía cálido y un poco pegajoso.

—No. Es diferente, pero no en mal sentido.

—Bien.

Segundos después, el otro pezón recibió el mismo tratamiento. Este fue menos sorprendente, y me sentí anticipando el escozor, amando la forma en cómo se sentía. Arqueé la espada, disfrutando la sensación.

—¿Quieres más? —preguntó.

Asentí ansiosamente y sentí el escozor en la parte baja de mi vientre. Tan bueno.

—Es algo bueno que estés depilada —dijo Edward suavemente antes de que el escozor golpeara mi clítoris, me hizo gritar mientras me corría por ese calor blanco.

»Bueno, eso te gusto. —Se rio entre dientes, frotándome, o estaba… espera un segundo. Me estaba despegando algo.

—¿Era cera?

Se rio.

—Todo se revelará más tarde, Isabella.

Sentí sus manos bajar a mi tobillo y suspiré cuando liberó el primero, luego el otro. ¿Ya habíamos terminado? Intenté no sentirme decepcionada, pero quería más. Sentí mi brazo derecho aflojarse, pero luego me di cuenta de que la corbata seguía amarrada.

—¿Creíste que ya habíamos terminado? Niña tonta. —Edward besó mi cuello y luego me soltó el brazo izquierdo—. Date la vuelta y estira las manos sobre tu cabeza.

Gracias a Dios. Me di la vuelta y estiré las manos hacia la cabecera. Edward tiró de ellas hasta dejarlas donde las quería, y luego sentí las corbatas atar mis dos manos juntas.

—Qué espalda tan preciosa. ¿Qué haré con ella? —se preguntó, su dedo trazó una línea que bajaba por mi espina hasta todo lo largo de la raja de mi culo. Salté un poco cuando presionó ese dedo contra mi culo, y Edward se rio.

—Esta vez no, nena. Nada de qué preocuparse.

No sabía si me sentía aliviada o decepcionada. No era algo que yo le hubiera dicho que estaba en la lista de cosas prohibidas, pero nunca lo había hecho tampoco. Tenía curiosidad por el anal, y Dios sabía que hablaba de ello todo el tiempo con mis clientes, pero me faltaba hacerlo de verdad. Estaba bastante segura de que sí quería hacerlo.

—¿Eso te decepciona? —preguntó Edward.

—No sé. ¿Algo? —Fue más una pregunta que una respuesta.

—Necesitamos prepararnos para eso, nena. Pero te prometo que muy pronto cada parte de ti será mía.

Eso mandó estremecimientos por mi cuerpo, y solté un gemidito.

—Parece que lo apruebas.

Asentí.

—Sí. Toda yo. Tuya.

Se rio.

—Me encanta.

Escuché un chasquido y lo siguiente que supe fue que sentí un líquido cayendo sobre mi espalda. Estaba un poco frío, pero nada como el hielo de antes. Luego las manos de Edward se movieron sobre mí, sus dedos extendían el líquido en todas partes, enterrándose en músculos que ni siquiera sabía que estaban adoloridos. Era una especie de aceite para masaje que se calentaba gradualmente con su toque, y olía increíble.

—Relájate. Sólo siente.

Edward se sentó en mi trasero y se puso a trabajar de verdad. Este hombre sí que sabía dar masajes.

—Si alguna vez quieres dejar toda esta cosa de ser un magnate de bienes raíces, en serio podrías ganar buen dinero como masajista —le dije, sonreí cuando se rio.

—Lo tendré en mente si la economía se hunde de nuevo.

—Hazlo.

Me fue a la deriva en una bruma de un delirante placer mientras él trabajaba en mi espalda, piernas y pies. Si, esto era definitivamente mejor que la fantasía, y eso que todavía ni siquiera me follaba.

Estaba a punto de dormirme cuando un repentino golpe en el culo me hizo saltar de sorpresa.

—¡Edward!

—Sólo me aseguraba de que siguieras despierta.

Sus dedos acariciaron el ligero escozor de donde me había nalgueado, y me relajé un poco. Aunque justo cuando estaba a punto de conseguirlo, su dedo regreso a mi culo y esta vez lo metió, haciéndome jadear. No dolió exactamente, pero se sintió raro.

—Relájate —dijo de nuevo, metió la mano debajo de mí y deslizó un dedo dentro de mi coño.

Jadeé y me tensé alrededor de ambos dedos, y él se detuvo, esperó hasta que me relajé antes de moverse de nuevo para follarme lentamente. Justo cuando estaba acostumbrándome a la intrusión, metió un segundo dedo en ambos lugares.

—Estás tan apretada, nena. Se va a sentir muy bien cuando te folle por aquí —murmuró Edward.

Tan sólo el pensar en eso, bueno, junto con sus dedos, me prendió de nuevo, y me corrí a su alrededor.

—Oh sí, te encanta, ¿no? —dejó un beso en la parte trasera de mi cuello luego de sacar ambos dedos de mí.

Salté cuando algo frio bajó por mi espalda hacia la raja de mi culo. No pude evitar apretarme, lo que hizo reír a Edward.

—Confía, nena.

Luego su lengua subió por esa línea, desde el culo hasta el cuello. Tan bueno. Ahora estaba acostado sobre mí y suspiré al sentir finalmente su piel desnuda en la mía.

—Pronto —susurró, mordiendo mi cuello mientras sus manos me acariciaban los costados.

Se apartó de mí, desató mis muñecas y luego me giró antes de atarme de nuevo con las muñecas juntas sobre mi cabeza.

—¿Puedes aguantar un poco más?

No tenía idea de cuánto más podría aguantar. Mi cuerpo ya era prácticamente gelatina, pero acepté de todas formas. Quería saber qué más haría.

Recibí mi respuesta rápidamente cuando algo comenzó a vibrar. Lo presionó contra cada pezón, haciéndome gemir, antes de llevarlo a mi clítoris. Lo sostuvo ahí, haciendo que me removiera y gimiera. Justo cuando estaba a punto de correrme, lo quitó. Comencé a maldecirlo, pero lo metió en mí y luego siguió trabajando con su lengua. No tardé mucho antes de correrme, pensé que al fin me follaría, pero no. Sólo cambió de lugares, metió la lengua y puso el vibrador en mi clítoris, de un lado a otro, me estaba volviendo loca.

Perdí la cuenta de cuántas veces me corrí. Mi cuerpo ya no era mío, y si no hubiera estado atada a la cama, probablemente habría levitado sobre ella, así de perdida estaba en el placer.

Al fin Edward apagó el juguete y subió por mi cuerpo. Sentí sus manos en mi cara y parpadeé sorprendida cuando me quitó la venda, dejando entrar la luz. La primera cosa que vi fue la hermosa cara de Edward, sus ojos verdes brillaban con deseo. Abrí la boca para decir algo – qué, no estaba segura – pero antes de poder hacerlo, él me abrió las piernas y entró en mí. Estaba tan mojada que fue fácil entrar y ambos gemimos cuando me llenó.

—Al fin —dijo, sonriéndome para luego besarme suavemente, sólo mantenía su cuerpo dentro del mío.

—¿Por qué me quitaste la venda? —pregunté. No me molestaba, sólo sentía curiosidad.

—Porque quería ver tu preciosa cara cuando te tomara.

Su respuesta me emocionó, y envolví mis piernas alrededor de su cintura, urgiéndolo a moverse.

—Ya me has provocado lo suficiente. Fóllame, maldita sea.

Así que eso hizo. Nuestros cuerpos se movieron juntos, ansiosos de unirse finalmente luego de tantos juegos y tortura. Edward siguió sonriéndome entre besos. Se tomó su tiempo, y de alguna forma se sintió cómo si estuviéramos haciendo algo más que tener sexo. No estaba lista para ponerle nombre, a pesar de que creía saber qué era. Además, estaba mareada por el sexo, así que no iba a decir cosas que él no estuviera listo para escuchar.

Cuando Edward se acercó a su liberación, metió la mano entre nosotros y movió sus dedos sobre mi clítoris que ya estaba sensible. No costó mucho encenderme, y cuando me corrí a su alrededor, él finalmente se dejó ir. Colapsó sobre mí por unos minutos, y finalmente tuve que rogarle por mi liberación.

—Edward, por favor, desátame.

Levantó la cabeza con rapidez, estudió mi cara con ansiedad cuando pasó las manos entre las tablillas y desabrochó las corbatas.

—¿Estás bien? ¿Te lastimé?

Negué con la cabeza, moviendo la mano hacia su hermosa cara.

—Sólo quería tocarte. Fue más tortuoso no poder tocarte que todo lo demás que me hiciste.

Sonrió por eso, y dejó un beso en mi nariz.

—Me gusta que no puedas mantener tus manos lejos de mí.

Tuve que reírme.

—A mí también.

Me miró a los ojos.

—Pero, sobre lo que te hice, ¿te gustó? ¿Cumplí tus expectativas?

Era difícil creerlo, pero mi confiado Gerente se veía un poco nervioso por mi reacción.

—Puedo decirte con honestidad que eclipsaste cualquier expectativa que pudiera tener. —Sonreí por la mirada de orgullo y felicidad que apareció en esa preciosa cara. ¿Cómo es que él era mío? Era la chica más afortunada de todas.

—Hablando de eso… ¿qué me hiciste?

Edward se sentó y me jaló para sentarme también, señalando su buro. Por supuesto, había una brocha para pintura, un vibrado – el cual iba a tener que robar o a tener que comprarme el mío porque era maravilloso –, aceite corporal, velas y un cuenco que tenía un palito junto con un residuo morado.

Lo miré.

—¿Es… era una paleta? ¿Me follaste con una paleta, Edward Cullen?

Sonrió.

—De uva. Delicioso, especialmente al ser combinada contigo.

Santa mierda. Nunca pensé… pero me gustó.

—Vaya.

—¿Estás enojada? —preguntó, de repente parecía ser un pequeño niño atrapado con la mano en las galletas. O en el refrigerador, supongo.

—No. Fue un poco diferente, pero divertido. Tengo que admirar tu creatividad.

Se rio.

—Me alegra. No estaba seguro de las velas, pero sabía que era tu fantasía desde hace mucho y quería hacerlo bien para ti.

—Lo hiciste de maravilla. —Envolví mis brazos a su alrededor—. Fue mejor que cualquier cosa que yo haya soñado. Gracias por darme mi fantasía. —Presioné mis labios con los suyos.

Me regresó el beso de manera suave.

—Apenas estoy empezando.

Tiré de su cabello.

—Corrección. Apenas estamos empezando. Tenemos mucho por delante.

Edward sonrió.

—Me gusta eso. Diría que tenemos años y años de material.

Mi corazón se saltó un latido por la promesa que escuché en sus palabras.

—Me parece bien.

—Y a mí también. —Me empujó de nuevo sobre el colchón—. Comencemos ya con esos años.

Le sonreí.

—No me digas. Sólo muéstrame.

Sus preciosos ojos verdes se oscurecieron.

—Siempre. —Y así lo hizo.


¡Volví! Lamento mucho haberme perdido tanto tiempo, pero a veces la vida te pone retos que son muy difíciles de superar. Espero poder regularizarme un poco con las traducciones ahora que mi vida es un poco menos caótica.

¿Qué les pareció? ¿Edward también cumplió sus expectativas o sólo las de Bella? ;)

Esta historia termina aquí, yo ya la voy a marcar como completa. Nolebucgrl comentó que existe la posibilidad de añadirle más capítulos a la historia en un futuro, pero de momento para ella hasta aquí quedaba. Si sube otro capítulo, tengan por seguro que lo traduciré.

Espero que les haya gustado, no olviden dejarme sus comentarios!