Sango, la enfermera encargada de los cuidados de Rin, ha empezado su estado de reposo por su embarazo. El hospital está falto de personal, por lo que hemos tenido que improvisar algunas cosas, y como yo no tengo citas programadas, he accedido a cuidar a la pequeña adulta.

─¿Quieres comer algo, Rin? ─le pregunté tras observar que seguía mirando su programa de Tv, acostada boca abajo y alternando las piernas.─ ¿Rin?

Ella se giró un poco y colocando su dedo índice sobre los labios me mandó a hacer silencio. Si quería algo de Rin, tendría que esperar que esperar que su programa acabe. Rin, se colocó en su posición anterior y de tal aburrimiento empecé a sentirme somnoliento, cerré los ojos por unos momentos.

El ruido de mi teléfono me hizo despertar de inmediato.

¿HABÍAN PASADO 6 HORAS? El tiempo vuela, literalmente. Miré a todos lados en búsqueda de mi paciente, no hay rastros de ella. ¿Dónde se habrá metido?

Busqué en todos los niveles, en los baños, cuartos de juegos, comedor, sólo faltaba el jardín y mi jodido móvil no paraba de sonar, pero no me interesa contestar. Debo encontrar a Rin.

Con todo el peso del mundo por no encontrarle por ningún lado, me senté sobre una de las banquetas que estaba frente a un pequeño estanque del jardín. Mi teléfono empezó a sonar una vez más y decidí terminar con esa molestia, quien lo diría, era Kagura.

─ ¿Si?

¿Vendrás a cenar? ─dijo mi novia─ ¿Estás muy ocupado hoy?

─Sí, iré a cenar. ─suspiré con todo el cansancio a causa de buscar a Rin por todos lado─ Hoy he estado a cargo personalmente de uno de los pacientes.

Ella rió levemente y yo le imité por inercia.

La sesión de fotos terminará luego de un par de capturas ─en ese preciso momento escuché como era llamada para continuar con su agenda─ ¿Quieres que te pase a buscar?

Iba a responder, pero logré visualizar a Rin tirado en el piso e instintivamente empecé a correr.

─Lo siento bebé, se presentó algo. ─colgué sin esperar alguna afirmación.

Cuando estuve más cerca de ella, noté que su suéter blanco estaba sucio, al igual que el resto de sus prendas, pero estaba sonriente. La comisura de sus rosados labios estaban encorvadas hacia arriba y sus mirada estaba fila en algo, algo que no pude visualizar muy bien.

Rin notó mi presencia y me invitó a ser espectador de tal vista. Al acercarme quedé maravillado por la manera en que dos mariposas volaban con suma gracia sobre unas flores de color violeta, pensé que me estaba señalando las flores, pero no, en realidad tenía una de las mariposas descansando sobre su dedo.

Rin me mostró sus dientes en una amplia sonrisa y yo le devolví el gesto. Luego de unos minutos contemplando la vista, las mariposas volaron fuera de nuestras miradas.

─Te he estado buscando por todas partes ─sacudí un poco su cabeza para remover las basurillas que allí reposaban. Su estómago rugió.─ ¿Tienes hambre?

Negó levemente y un pequeño sonrojo apareció, porque juro que noté que se tornaron rosadas. ¿Aún no había comido?

─Bueno, la verdad es que estaba esperando que el Señor Sesshomaru despertara para que comamos juntos ─volvió a sonreír y mi corazón se sintió cálido. Ni siquiera Kagura me esperaba para comer.

─Pero primero, vamos a darte un baño.

Ella asintió y me tomó de la mano para dirigirnos hacia el interior del recinto. Me aseguré de lavar bien su cuerpo y su cabello, tenía tierra hasta detrás de las orejas. Si no fuera porque soy su médico, me preguntara ¿por qué estoy bañando a una chica de 23 años de edad? pero yo conocía la respuesta de cabo a rabo, no lo hacía ya por responsabilidad.

He empezado a tomarle cariño a esta tonta.

Luego de su merecido baño y ponerle el pijama, le ayudé a cenar y vimos uno de sus programas favoritos mientras le acunaba para que se durmiera más rápida. Eran alrededor de las 23:00, ella debía estar dormida a las 20:00, pero tampoco tenían que saberlos, ¿cierto?

La acomodé en su cama y la cubrí con una manta. Justo cuando apagué la luz, ella susurró "Gracias por jugar conmigo hoy, Señor Sesshomaru" a mi suponer entre sueños. Sonreí y cerré la puerta con sumo cuidado, era hora de volver a casa.

Por primera vez en todos los años que tengo trabajando aquí no quiero irme.