Nota de autora: Lamento la tardanza, fue un poco difícil de escribir esto. Este fanfic es clasificación M por una razón, y aquí está (hay sexo, pues).
No olviden comentar.
(La cámara va aclarando la imagen poco a poco, hasta que enfoca correctamente a Blake. Él sostiene una carpeta entre sus manos, y la lee con cuidado. Sostiene un cigarrillo entre sus dedos y cuando voltea hacia la cámara, lo apaga.)
BLAKE: La siguiente es la transcripción del diario encontrado en el domicilio de los Pinkman, perteneciente a la joven Bonnibel. Narra eventos previos a su desaparición. Durante meses, el contenido de este diario fue clasificado como de uso exclusivo de la policía de New Haven, y posteriormente del FBI, hasta que algunos fragmentos fueron traspasados al archivo público.
(Toma aire y empieza a leer.)
"13 de octubre de 2014. Pensé que este sería otro día aburrido, sin nada nuevo bajo el sol, hasta que Sarah llegó muy nerviosa a la escuela, balbuceando algo acerca de cosas raras que pasaban en su casa. Decía que la ropa se acomodaba sola, y que su habitación ahora estaba más fría. Lo de la ropa me parece muy práctico, y lo de la habitación fría no es para tanto. Basta con que se tape con otro cobertor, y listo. Pero está muy asustada e insiste que esto es cosa del ritual de la otra noche, aquel en el que no pasó absolutamente nada. Hoy toca ir a ver qué pasa, en realidad.
Fue Lana quien dibujó la cara sonriente en la pared, esta vez. Y de nuevo no ha pasado nada. Tal como lo pensé.
Bueno… "nada", así, entre comillas. Porque en realidad sí que ha pasado algo. Como a las tres de la mañana, Lana se despertó de golpe, asustándonos a todas. Pensé que a lo mejor le dieron ganas de ir al baño, pero despertó reclamándonos acerca de ser unas pesadas. Yo no entendí a qué se refería, pero dijo que sintió que alguien estaba sobre ella y no la dejaba respirar. De verdad, muy raro. Pero debe ser la sugestión. Fue ella la de la idea del ritual, después de todo.
(Blake da la vuelta a la hoja. Lo único que se escucha es el susurro del papel.)
"15 de octubre de 2014. Entre esa bola de tontas me van a volver loca. Ahora resulta, que todas están experimentando cosas raras. Todas, menos yo, claro está. Qué conveniente. Se la pasan secreteándose entre ellas, y poco me importa a mí, pero ahora les ha dado por estar paseando a todas partes con la maldita cámara de Lana. Se creen que están en una de esas películas de Actividad Paranormal, o algo por el estilo. Si quieren dirigir su propia película, por mí está bien, pero que no me incluyan en sus cosas. Están preguntando si alguna de nosotras ha sentido cosas raras, y Sarah no ha perdido la oportunidad para contarnos de sus pesadillas. Dice que algo la observa por las noches, y que en cuanto está por quedarse dormida, se le pone encima.
¿Pero cómo no va a estar pensando esas cosas? Si ya se sabe cómo es Sarah. Pero es culpa suya: cuando Lana ha propuesto el tonto ritual, ahí estaba ella. Nadie la obligó. Y ahora tenemos que estar soportando sus lloriqueos. Por eso me he llevado una sorpresa cuando todas se han puesto en mi contra. Sé que Sarah está mal, caramba. Pero ahora resulta que incluso Ruby siente cosas raras. La racional Ruby Lam.
He explotado. Me traen harta con todo ese asuntito. Sé que están aburridas… hasta yo lo estoy, por Dios santo; el otro día estuve a punto de ver Jersey Shore. Y no por eso ando por la vida inventando cuentos para llamar la atención. Pero les he dicho todo lo que pienso. He soltado toda una perorata y al final les dije que dejaran el asunto por la paz. Al final me ablandé con Sarah; podrá ser asustadiza y crédula, pero es mi amiga, al fin y al cabo. Contrario a lo que ellas puedan pensar, no me gusta verla así. Está genuinamente asustada, aunque sigo sin entender por qué.
(…)
"23 de octubre de 2014. ¡Casi me atrapan! Estaba tan entrada tocando 'Feel', disfrutando como no hacía en un rato y de repente, papá llega. Pensé que ya se había marchado… es mi culpa por no haber esperado un rato más. No quiero ni imaginar cómo se pondría al descubrir que me pongo a tocar baladas pop en cuanto se va. ¡Me tiene tan aburrida con la música clásica! Es hermosa, por supuesto, pero yo necesito variar mi repertorio. Por desgracia, él no parece comprenderlo, pero da igual.
Ah, y por supuesto, no podía faltar que me recordara usar el estúpido metrónomo. Cómo odio ese maldito aparato. Desearía que un día, papá no pudiera obligarme a usarlo más. Es útil, y todo, pero siento como si me estuviera encasillando. Quiero ser libre para decidir mis tiempos. Sólo me queda practicar mis propias composiciones, a los tiempos que me plazcan. Sólo para rebelarme, toqué sólo cosas modernas. Bueno, 'modernas', para papá.
No quiero sonar paranoica como mis amigas, pero juraría que al cerrar la puerta, he escuchado algo extraño. Como si las últimas notas de lo que toqué, se hubieran repetido. Pero lo único raro fue que olvidé apagar la cámara. Por supuesto.
(…)
"25 de octubre de 2014. Pasé la noche en casa de Ruby. Me encanta eso: pasamos la noche tocando lo que nos plazca, haciendo duetos, hablando de los covers que hemos hecho… Le hablé de mis covers y hasta risa le dio. Ella, mejor que nadie, conoce cómo son mis padres. Le mostré la última composición que hice. Ella sabe que no quiero ser una simple intérprete: quiero ser compositora.
(…)
"Lo único que no me ha gustado, es su reacción al ver la última parte del video. En serio, todas están tan paranoicas…"
"26… ¿o 27? De octubre de 2014. ¡Pero qué rayos! He tenido un sueño de lo más extraño. Soñé que terminaba mi composición, y sonaba tan perfecta, pero no tocaba yo sola. Había alguien más tocando conmigo. En el sueño, yo trataba y trataba de voltear, pero algo me mantenía mirando las teclas del piano. La persona tocando a mi lado, tenía los brazos detrás de mí. Yo no podía ni voltear, ni moverme. Sólo tocaba, y estaba entre asustada y emocionada. Me levanté a tocar el piano, sin importar que pudiera despertar a mis padres. Estaba excitada, pero mi entusiasmo se apagó al ver que estaba yo sola, y que mi composición no sería igual a mi sueño, hasta que alguien estuviera tocando conmigo. Me pregunté entonces, quién era esa persona que había tocado conmigo.
Al día siguiente, las chicas estaban hablando de boberías, como siempre. Por extraño que parezca, esto me alivió: al menos ya habían dejado el tema del ritual por la paz. Yo me sentía agotada: no había podido pegar ojo después de despertar abruptamente del sueño. Tenía tantas ganas de tocar ese acompañamiento…
De repente me sueltan algo de que Finn quiere invitarme a la fiesta que habrá la noche de Halloween, pero a mí podría importarme menos. Al menos ya han vuelto a la normalidad.
¡Ah! Y por la noche, me he puesto a tocar algo de Chopin, tratando de sacarme ese sueño tan vívido de la mente. Es obvio que fue inútil, pues en cuanto comencé a tocar las primeras notas, se escucha la voz de mi padre, gritando que use el metrónomo.
¡Estoy tan enfadada! Pero aun así, me paro a buscar el bendito aparato. Lo pongo en marcha y vuelvo a tocar, pero algo raro pasa: después de un minuto o algo así, el metrónomo se detiene. Como a mí me da igual, sigo tocando como si nada. Pero claro: papá empieza a gritar como un loco, que use el estúpido metrónomo, que no ha pagado tanto dinero por él solo para que yo lo tenga guardado. Yo le respondo que se descompuso y él viene enseguida a ver 'qué es esa tontería de que el metrónomo se descompuso'. Pues que ya no funciona. Eso es lo que pasa. Ya no marca el tiempo, o más bien, ya no marca nada. Él pasa y lo trata de poner en marcha, como si yo fuera idiota y no supiera como ponerlo a andar, pero sucede lo mismo y papá intenta echarme la culpa. Pero claro.
Vuelve a darle cuerda y sigue sin andar. Intenta forzarlo y sigue sin andar. Vuelve a forzarlo una vez más, hasta que lo rompe. Yo, por dentro, estoy extasiada de felicidad: al fin se ha roto ese odioso aparato.
Yo pensé que ahí quedaría el asunto: bueno, qué mal, el metrónomo se ha roto. Ahora puedes tocar en paz, que al fin y al cabo eres talentosa y no lo necesitas. Evidentemente, esto no pasa así: papá me dice que vamos a comprar otro, ¡demonios!
Pero cuando volvemos, la cosa se torna extraña: el nuevo metrónomo, que ahora es digital, vuelve a hacer lo mismo. Aquello ya no es normal, y por mucho que me deleite que los metrónomos se descompongan, empiezo a extrañarme. Por supuesto, papá intenta echarme la culpa. Y no lo intenta, más bien, lo hace: ahora resulta que estoy castigada y que no puedo salir más que a mis clases. Adiós a la fiesta del fin de semana con mis amigas.
Y cuando más airada estaba, cuando le estaba diciendo a papá que no necesito un estúpido metrónomo y que todo esto no habría pasado si él no me forzara a usarlo cada que pongo un dedo sobre el piano, el metrónomo sale disparado hacia la pared y listo. Adiós, metrónomo infernal.
Y para no variar: papá intenta echarme la culpa de eso también. No lo entiendo, me ha prohibido ir a todas partes, pero yo solo puedo examinar la grabación del acontecimiento, una y otra vez. De verdad, ha sido tan raro…
(…)
(La pantalla se pone azul, y cuando la imagen retorna, Phoebe está hablando.)
PHOEBE: Bonnibel estuvo tan extraña después de esa noche… después del 31, quiero decir. Nos enteramos de que pasó el sábado entero en el hospital, y después de eso, el domingo estuvo convaleciente en casa, pero cuando la vimos el martes…
(Negó con la cabeza, como si no pudiera comprenderlo.)
"Bonnibel era la encarnación de la responsabilidad, por eso no fue sorpresa verla el martes, pero su estado… estaba tan pálida… tan delgada. Era como si hubiéramos dejado de verla por semanas, en vez de días. Se sobresaltaba con cualquier sonido, y no parecía prestarle atención a la gente a su alrededor. Siempre parecía mirar a algún punto muerto."
BLAKE: ¿Qué respondía, cuando le preguntaban acerca de lo acontecido el 31 de octubre?
PHOEBE: Empezaba a responder, que se había sentido mal de la nada y luego… como que olvidaba qué hacía allí. Se quedaba a medias. Era tan extraño.
Castigada, un viernes por la noche… ¡la noche de Halloween, por Dios santo! Suspiré, resignada. De nada valía llorar. Papá me había castigado por una tontería… mira que culparme de lo que le pasó al estúpido metrónomo…
Por otra parte, feliz estoy que haya terminado así. Al fin podré librarme de ese aparato. Es útil, y todo, pero detesto que papá me recuerde que tengo que usarlo incluso tocando cosas en las que no lo necesito. Aunque no tarda y me compra otro más.
No dejo de darle vueltas a ese sueño extraño: ese en el que estoy tocando mi composición, con alguien detrás de mí, pero no puedo voltear a ver quién es, sólo sé que estamos conectados, que es como si una sola persona tocara.
Suspiro. Trato de no pensar en el sueño, y tampoco en el hecho de que mis amigas deben estársela pasando genial en la fiesta del año. Las fiestas de Halloween siempre son algo memorable en nuestra escuela. Miro el reloj, y veo que apenas debe estar comenzando. Tengo muchas horas más para lamentarme.
Prefiero apartarme de esos pensamientos: mejor me paro, me siento frente al piano y empiezo a tocar. Me pongo a tocar baladas pop, como canciones de Adele, aprovechando la ausencia de mis padres. Al menos estoy castigada, pero tengo libertad de tocar lo que me plazca. Luego comienzo a pensar en otro sueño que tuve.
Llevo ya horas tocando y tocando. Al final, termino por aburrirme también. Mis padres estarán fuera toda la noche, y mis amigas estarán en la fiesta hasta bien entrada la madrugada. Estoy completamente sola.
Y entonces…
¿Y si…?
Me mordisqueo el labio. Intento tocar mi composición. Tocar sola se siente extraño después de haber tenido ese sueño en el que todo sonaba tan perfecto que parecía irreal. No suena igual, por supuesto, así que vuelvo a tocar. Y repito una vez más… y así continúo. Me esfuerzo para que suene lo más parecido al sueño, pero sé que es inútil. No hay quien toque conmigo. Resignada, comienzo a tocar una vez más. He decidido que esa será la última vez del día.
De repente me paralizo, algo me hace enderezar la espalda y mirar al frente, y ahí está. Escucho que alguien invisible toca conmigo. Es idéntico al sueño: tenemos sincronía, y yo me esfuerzo por dejar de tocar, y lo que quiero más bien, es empezar a gritar, pero mi garganta está atrofiada. Un grito se queda ahogado y para siempre se quedará ahí.
Yo también moría por tocar contigo, Bonnibel.
Estoy aterrada. No sé en qué momento me habré quedado dormida, porque sin duda alguna, es así.
Si esto es un sueño, ¿por qué tienes tanto miedo, Bonnie?
Una sensación helada me recorre por completo. Hay alguien murmurando en mi oído. No es una voz difusa, como las que pintan en las películas de horror justo antes de que el protagonista enloquezca por oír voces. Se escucha claramente, como si hubiera alguien justo a mi lado, aferrándome para que no me levante ni deje de tocar.
Pero si es que estoy justo a tu lado.
Mi composición alcanza el clímax y eso ya es suficiente. Quiero levantarme y no puedo.
¿Te vas en la mejor parte?
Me levanto de golpe; la fuerza que había sobre mí se ha ido y aprovecho ese pequeño descuido para intentar correr, pero descubro que no es un descuido: soy derribada de inmediato y quedo tendida boca abajo sobre la alfombra, sintiendo que un enorme peso se posiciona sobre mí.
Duele…
No puedo respirar.
¿Te lastimo?
Una de mis manos está extendida hacia el frente, en un vano intento de arrastrar mi cuerpo hacia la puerta. Algo oscuro se posiciona al lado, como si quisiera burlarse de mi postura. Volteo a verlo y de nuevo intento gritar de horror, pero entonces, algo me aplasta la cabeza contra el suelo. Algo grande, que se me entierra en la piel.
Quería seguir tocando contigo, ¿y te marchas?
La presión sobre mi cabeza va aumentando. Siento como si cuchillos me atravesaran el cráneo y comienzo a llorar, y en cuanto grito, la presión va en aumento. Aún no he logrado ver lo que me está oprimiendo, pero tan solo imaginarlo me hace palidecer.
Y entonces, aquello que está sobre mí, empieza a reírse. Es una risa gutural, inhumana, que no suena a nada que haya escuchado antes. Se ríe por un rato que me parece eterno, desternillándose como si hubiera escuchado el mejor chiste. Incluso parece como si se quedara sin aire.
Pero qué descortés he sido. Déjame presentarme.
Acto seguido, en un rápido movimiento, me voltea para quedar boca arriba y le miro de frente. Mi reacción normal sería gritar, pero no puedo. Esta vez no es porque algo me lo impida, sino porque no encuentro mi voz. Encima de mí está una… cosa enorme, con alas. Una bestia. Tiene un pelaje oscuro como la brea, alas enormes y una cara que recuerda a un murciélago. Sus garras se hunden en mi carne y siento la sangre tibia empaparme, pero yo sólo estoy perpleja ante lo que veo. Tiemblo tanto que veo borroso y es mejor así. No quiero seguir viendo esa cosa ni un segundo más.
Entonces la cosa me pone una de sus garras en la cara y comienzo a llorar, porque nunca había sentido un dolor tan fuerte, ni un miedo tan profundo.
¿Te doy miedo? ¿O acaso es asco, tal vez?
La cosa suena bastante molesta y yo solo puedo temblar de manera incontrolable.
¿Te gustaría más de esta forma?
Entonces, la criatura para de presionar mi cara y se deja ver. Pienso en tratar de escaparme, pero antes de que pueda hacer algo, se transforma ante mi mirada atónita. Ahora veo una masa amorfa y descomunal con incontables tentáculos. Sigue conservando ese color negro azabache que me inquieta… es como un agujero negro: parecía absorber la luz y no dejarla salir. Trato de arrastrarme por el suelo para salir de su alcance, pero uno de sus largos tentáculos me alcanza. De pronto, todos mis órganos internos se apretujan y parecen pugnar por querer ocupar el mismo lugar. La sensación de asfixia es aún peor que cuando la cosa estuvo sobre mí.
¿Es miedo, o asco? ¿O ambos?
Por estúpido que suene, la criatura parece estarse divirtiendo. Y entonces afloja la presión que ejercía sobre mí e inhalo profundamente. Mi vista había comenzado a nublarse y me desplomé sin gracia sobre el suelo. Jadeé y tosí por un buen rato, apenas pudiendo mantenerme consciente. De nuevo escucho su risa. Es un sonido suave, pero al escucharlo, provoca que la piel se me erice. Como si hubiera caído en un lago, en pleno invierno.
Comienzo a darme cuenta de que no podría huir. Me quedo muy quieta durante unos segundos, pero en cuanto me moví, volví a sentir su increíble fuerza aplastante.
¿Por qué te marchas, Bonnibel? Aún comienza la diversión. No querrás que me la pase aburrida, ¿verdad? Después de todo, tú me invitaste.
Abro los ojos de golpe y trato de voltear, pero estoy completamente inmovilizada.
— ¿Qué?
Tardo un segundo en notar que hablé en voz alta.
Entonces, la criatura me habla con falsa sorpresa y tono afectado. Se está burlando.
Oh, Bonnibel… no me dirás que lo has olvidado, ¿verdad? Tú y tus amigas me invitaron a jugar. Qué descortés de su parte… cuando quise divertirme con ellas, parecían haber cambiado de opinión. Pero tú no harás eso, ¿verdad, Bonnie?
—Yo… no… quiero… jugar…
Decir eso hace que me duela el tórax a cada palabra.
Pero Bonnie… el juego ya ha comenzado.
— ¿Qué…?
La criatura regresa a la que asumo, es su forma original… aquella con grandes alas rotas y aspecto de murciélago. Yo sigo forcejeando, o al menos eso intento.
Te confesaré que, de todas, era contigo con quien tenía más ansias de jugar, Bonnie. Pero no lograba llamar tu atención. Soy muy tímido, verás.
Y soltó una risotada al tiempo que sentía algo puntiagudo rasgando mi ropa, apenas alcanzando mi piel y lancé un quejido.
— ¡No, para…!
¿No te gusta sentir como te acaricio, Bonnibel?
Me habla con un tono ofendido que pretende burlarse de mí. Comienzo a llorar. No sé cómo escapar de esta situación y lo único que quiero es despertar de esta horrible pesadilla.
En mi desesperación, empiezo a pensar:
Pater Noster… qui es in caelis… sanctificétur nomen…
Y para mi sorpresa, la criatura me interrumpe. Ya no es una voz risueña; incluso parece estar molesta. Cierra sus garras en torno a la carne de mi brazo y comienzo a llorar.
Oh, Bonnie… puedes repetir eso cuantas veces quieras, pero ¿de verdad te lo crees?
Decido hacer caso omiso y continúo a pesar del dolor. Ahora sé que le molesta.
Tuum, adveniat Regnum...
Siento dolor intenso, como si un cuchillo me atravesara la piel, con tanta facilidad como si de mantequilla se tratase. No se adentra demasiado, pero duele mucho.
No entendiste, ¿cierto? Lo que quise decir fue que te callaras.
Fiat volúntas tua,sicut in caelo et in terra…
Y sus uñas se entierran sobre mi carne, lacerándola.
¡¿ME VAS A OBLIGAR A HACERTE CALLAR, ZORRA INMUNDA?!
Yo comienzo a llorar y a gritar cosas ininteligibles; ya ni siquiera tengo control de lo que digo. La cosa se enfurece y me acalla con una mano, aplastándome la cara contra el suelo. Sus largas uñas se entierran a los costados de mi cabeza.
¡¿Es así como me tratas al invitarme a tu casa?! ¿Incomodándome con oraciones a tu Dios inútil? Él no te escucha, Bonnibel. Tú lo sabes; ni siquiera crees en él.
Tengo tanto miedo. Miedo, y dolor, e incertidumbre, y sólo quiero que lleguen mis padres y me hagan despertar. Que me lleven con un loquero, a una iglesia, a donde sea que esa cosa no me pueda alcanzar. Me invade el terror; aun estando boca abajo, sigo recordando su forma, su aspecto horroroso.
Yo soy mejor que él, Bonnibel. Te lo demostraré.
Su voz pretende ser dulce, pero sólo logra que me invada un escalofrío. Es dulce, pero como un fruto venenoso. Empiezo a murmurar cosas que ni yo mismo logro entender.
¿Por qué lloras, Bonnie?
Odio que me llame Bonnie. Es como recibir una caricia justo antes del golpe. Le digo algo, pero estoy llorando tan descontroladamente que no se me logra entender nada. Al final, logro articular una frase, pero tartamudeo.
—M-m…
¿Qué dijiste, Bonnie?
—T-tengo… mi-miedo…
Se queda en silencio por un segundo, como meditando.
No tengas miedo, Bonnie.
Pretende darme una caricia, pero me rasguña y renuevo mi llanto.
Yo sé quién eres. Sé lo que de verdad anhelas. Y puedo dártelo. Esto puede ser doloroso… o muy doloroso. Haz tu elección.
Siento algo húmedo y viscoso en mi oreja. Volteo y veo y una horrenda lengua bífida.
Eso es todo, se acabó. Me derrumbo y empiezo a gritar. Ni siquiera sé qué estoy diciendo.
Vamos, Bonnibel… Esto es lo que quieres.
Y entonces, ese gran peso sobre mí, se esfuma. Puedo respirar profundamente y eso hago, saboreando el precioso aire que llena mis pulmones. Ahora siento un peso mucho más ligero, pero sé que está ahí, aun.
¿Está mejor así, Bonnie? Mírame.
Se levanta por completo y quedo libre. Respiro agitadamente… ¿Qué debería hacer? ¿Voltear y mirarle? Estoy debatiendo internamente, cuando la criatura, con una voz mucho más limpia, vuelve a hablar.
Mírame, Bonnie.
Estoy muy asustada y sigo temblando.
Mírame.
Esta vez es una orden y me voltea de manera brusca. Quedo boca arriba y lo que veo me hace dar un respingo.
Delante de mí, está una mujer muy hermosa. La más hermosa que haya visto. Y no me refiero a las mujeres que haya visto en persona, sino en general. Ninguna mujer que yo haya visto en una película, fotografía o cualquier imagen, se le asemeja. Es perfecta.
Así es, Bonnibel. Soy perfecta. Al contrario de ese Dios que te ha dejado abandonada.
Se ríe y ahora su risa suena ligera, femenina.
Soy tu invitada, Bonnibel. ¿Jugarás conmigo?
Yo no respondo, estoy demasiado atónita viendo cómo la criatura espantosa que estaba ante mí, ahora era perfecta.
Y entonces me sobresalté.
Ella no podía saber…
¡Por supuesto que lo sé, Bonnibel! Yo sé lo que deseas. Yo sé lo que piensas cuando ves a una mujer. Yo sé tus miedos, yo sé todo de ti.
Mientras decía esto, me recorría con las manos. Ya no tenía garras enormes, pero sentía como hundía sus uñas en mí.
Sigues teniendo miedo. Oh, Bonnibel…
Sus manos pellizcaron mis muslos y solté un quejido.
—No.
Y apretó más fuerte. Nuevas lágrimas anegaron mis ojos.
Fue un error. Eso parecía gustarle. Me soltó un mordisco.
Me quise soltar, pero…
Te agradecería que dejaras de referirte a mí como una 'cosa', Bonnie. Soy una mujer, ¿no me ves? Me he vuelto una mujer sólo para ti.
Palidecí. De nuevo comencé a temblar.
Aún no te has orinado encima. Eso es muy extraño. Todas lo hacen.
Se cernió sobre mí, como un ligero manto. Siento su lengua, esa espantosa lengua, en mi oreja, descendiendo por mi cuello…
Y un mordisco, uno muy fuerte.
Diviértete.
Y con horror, comprendo que todo este tiempo, no había escuchado su voz. No movía los labios, y solo yo podía escucharla en mi mente.
Sus manos pasan por mis senos, y yo ya ni siquiera protesto. Estoy paralizada por el miedo, pero entonces vuelve a ponerse frente a mí, con todo su esplendor, con toda su belleza.
Así es. No soy una bestia horrible como tú crees.
Sin aviso alguno, su boca se cierra en torno a uno de mis senos. Es agresiva, me duele… y…
Te gusta. Dilo.
—No. —le digo con los dientes apretados.
Sus dedos se hunden en mis glúteos y vuelvo a sentir dolor.
Te gusta.
(Ella me gusta. Es hermosa.)
— ¡No me gusta!
Soy una mujer tan hermosa que no puedes creértelo. Esto es lo que tú deseas, Bonnibel.
— ¡No me…!
Y me vuelve a hundir la cara en el suelo. No con tanta fuerza como antes, por supuesto…. Pero no era una fuerza natural.
Quiero hundir mi cara entre tus piernas, Bonnie.
Comencé a forcejear, tratando de liberarme de la bestia que se había convertido en una bella mujer.
Espero que estés preparada.
Me encontraba resistiéndome, cuando de repente siento un dolor distinto a los que he experimentado con anterioridad. Es un dolor repentino, y me hace retorcerme. Y es… extraño, porque no se siente mal. Es dolor combinado con una sensación placentera.
Esa bella mujer, que antes era una cosa, me ha enterrado la lengua tan al fondo como ha podido y yo sólo puedo reprimir las lágrimas. Las lágrimas sólo le alientan.
Me gusta tu sabor.
Sé que es estúpido… pero su comentario me hace sonrojar.
Ella ríe, y estoy convencida más que nunca, de que ella escucha los pensamientos de la gente alrededor.
El teléfono comienza a sonar y doy un respingo. Timbra varias veces, luego hay silencio. La mujer lo ha estrellado.
Tu piel, Bonnibel… es tan hermosa… toda tú, eres tan hermosa.
Ni siquiera puedo sollozar en paz, pues…
¿Qué es eso?
¿Es un demonio, acaso?
Así es, Bonnibel… has invitado a un demonio. Nos divertiremos tanto…
Pero…
Debe haber una manera de combatirlo.
No, Bonnibel. No luches.
Siento sus rasguños. Me duele. No quiero que duela.
Y al final, ella vence. Estoy exhausta.
Cuando ella percibe mi rendición, se entretiene con mi cuerpo.
Me muerde, me rasguña… siento una invasión en mi parte más íntima y suelto un grito.
Duele mucho.
Duele porque así lo has decidido. Si cooperaras un poco…
No quiero más, por favor ya para.
Pero no se detiene.
Y continúa, y continúa… ¡Me duele!
Ella está jugando. Pero sólo es ella la que se divierte.
Tal vez dejaría de dolerte si dejaras de pensar tanto.
Me duele mucho, y una parte de mí se pregunta si es de tanto pensar, como dijo el demonio. Entonces, solo me dejo hacer y tengo la sensación de que ahora ya no duele tanto.
Buena decisión.
Me armo de valor para volverle a ver. Volteo y casi tengo que ahogar un gemido. Si es que es tan hermosa. Su cuerpo es esbelto y no tiene marcas de ningún tipo, ni un solo lunar, nada. Sólo su piel nívea, que luce tan suave que es difícil de creer que me pueda provocar dolor un ser de tan delicado aspecto. Su cabello es negro y reluce tanto que parece emitir luz propia, y sus labios son tan rojos que parecen estar sangrando.
Pero sus ojos…
Son negros.
¿Qué es?
Me parece que tarda horas. Y cuando termina, estoy agotada.
Estoy sollozando en un rincón, y me habla con su voz risueña.
Te gustará, Bonnibel. Ya lo verás.
Yo sólo derramo más lágrimas y me hago un ovillo en el suelo. No me doy cuenta en qué momento me duermo.
Creo que estoy soñando de nuevo.
Esta vez, la mujer regresa, pero me da una caricia. Es extraño, pero aún en el sueño siento su tacto frío, pero suave. Empieza a recorrer mi cuerpo sin ignorar ni un centímetro de este y yo me quedo tensa. Estoy esperando el momento en que me haga sentir dolor una vez más.
Pero no llega. Ella solo se limita a acariciarme, pero yo sigo muy nerviosa. Entonces, con uno de sus largos dedos recorre el contorno de mi rostro.
Eres tan bella, Bonnie. Me alegra tanto haber sido la primera.
Usa su boca poniéndola sobre mi piel y me sobresalto. Lo que más me alarma es lo bien que se siente. Es totalmente distinto, como si de dos mujeres diferentes se tratase.
Ya te lo he dicho: esto puede llegar a gustarte. Pero sólo si tú lo permites.
Esto es un sueño, no hay nada de peligroso en ello.
Esto no es un sueño, Bonnie, es real. Es más real de lo que tú podrías llegar a tener con tu amiguita Ruby.
¿Qué?
Me desperté, sobresaltada. Respiraba rápidamente, como si hubiese hecho un sprint. Mis manos se apretaron en torno a las sábanas y entorné los ojos… ¿en qué momento había llegado a la cama?
Me sentía apaleada. Todo me dolía y la cabeza me daba vueltas. Rodé hacia un lado, muy a tiempo para vomitar en el suelo. El regusto a bilis me hizo fruncir la boca y escupí, asqueada.
Me volví a recostar.
Dos sueños. Eso era.
Agradecía que las persianas estuvieran corridas, pues seguramente la luz me haría sentir peor. Me sentía muy enferma. Volteé a ver el reloj de la mesita de noche.
8:33 A.M.
Mis padres seguramente estaban de vuelta ya. Dios, me escocían los ojos…
Y al querer levantarme para lavarme la cara, aparté las sábanas y lo que vi, me hizo soltar un grito que me dejó escociendo la garganta.
Había sangre en mi ropa interior.
(Blake entrevista a Ruby Lam)
BLAKE: "Cuando llegaron a visitar a Bonnibel después de su hospitalización, ¿hablaron de la noche del 31 de octubre y de por qué no pudieron contactarla?"
(Ruby se queda pensativa)
RUBY: "Fue extraño. Lo primero de lo que nos enteramos, fue que Bonnie estaba en el hospital por una fiebre repentina. Estaba delirante y sus padres la tenían en una tina con agua fría, hasta que la ambulancia llegó. Nadie sabe cómo fue que pasó eso, pues no daba signos de estar enferma. De hecho, Bonnie nunca enfermaba."
BLAKE: "¿Con quién hablaron primero?"
RUBY: "Con su mucama. Nos contó que ella llegó muy temprano, y estaba lavando la ropa cuando escuchó que Bonnibel gritaba. Ella y los señores Pinkman salieron corriendo de inmediato y la encontraron en estado de shock, pero se puso violenta cuando el señor Pinkman la tomó de las manos. Entonces notó que estaba hirviendo y gritaba cosas."
BLAKE: "¿Qué gritaba?"
RUBY: "Nadie lo entendía. Pero dice que sonaba como si estuviese hablando en otro idioma."
BLAKE: "¿Los médicos notaron algo extraño?"
RUBY: "Tenía sangrado."
(Ruby parece incómoda.)
RUBY: "Pero no era su periodo. Vomitaba, y tenía una fiebre altísima. Pensaron que tal vez había sido víctima de una agresión sexual, pero…"
(Se quedó pensando un rato)
RUBY: "Además del sangrado, no había nada más que indicara eso. No tenía lesiones de ningún tipo, excepto un rasguño que parecía como si se hubiese rascado muy fuerte… era todo tan extraño. Y las grabaciones en casa de los Pinkman no mostraron nada fuera de lo normal."
BLAKE: "¿Cuándo volvieron a ver a Bonnibel?"
RUBY: "El martes. Por si no fuera lo suficientemente extraño, la fiebre se fue tan rápido como llegó. El lunes ya estaba de vuelta en casa, pero le dijo a sus padres que no quería recibir visitas."
BLAKE: "Cuando la vieron, ¿cómo estaba?"
RUBY: "Pálida. Se veía terrible. Lucía como si no hubiese dormido en días, y temblaba. Daba un respingo cada que alguien le dirigía la palabra."
BLAKE: "¿Les dijo algo acerca de la noche del 31 de octubre?"
(Ruby niega con la cabeza, enérgica)
RUBY: "No, para nada. Le preguntamos en varias ocasiones y ella insistía en cambiar el tema."
BLAKE: "¿Tardó en volver a la normalidad?"
RUBY: "¡No, para nada! Y eso es lo más raro de todo. Quiero decir, si usted la hubiese visto… era como ver a dos personas distintas. De la nada, volvió a ser ella misma, pero era desconcertante. Y todavía hay algo que me hace ruido en la cabeza."
(Blake espera pacientemente. Ruby tiene el ceño fruncido.)
RUBY: "Cuando volví a visitarla, una vez que estuvo mejor, se portó de lo más normal. Pero su cuarto era frío. Ella también tenía un tacto frío. Y estaba distinta. No sé cómo, pero estaba muy extraña."
(Ella niega con la cabeza, y tarda un minuto antes de proseguir.)
RUBY: "Yo no sé qué haya pasado esa noche, pero estoy segura de que tiene que ver con su desaparición. No me importa que la policía no haya encontrado nada. Algo pasó."
Fin de la cuarta sesión.
