Tras salir del plantel llamé a Kagura, pero su adormilada voz me dio a entender que interrumpía algo tan profundo como lo es su sueño, por lo que decidí decirle que llegaría un poco más tarde.
Llevo unos minutos caminando, no es que necesite un auto para ir y volver del trabajo cuando se vive a tres manzanas, la diferencia es el peligro que hay en las profundidades de las ciudades durante el día y la noche, pero cuando todos te conocen en el área es más sencillo, como es mi caso.
Entré a una pequeña tienda konbini, suelo comprar algunas cosas como ramen y chucherías que Kagura no compra por su estricta dieta establecida por sus managers, algo que realmente me molesta cuando cenamos fuera.
Tomé unos cuantos paquetes de ramen y algo de carne de cerdo, es probable que la cena sea vegetales a la plancha y salsa roquefort. Tan refinado como ella.
Nuestra historia de amor es tan cliché que crea spoilers: Un estudiante universitario, becado, durante su primer año de residente conoce a la millonaria donadora del hospital donde está residiendo. Comienzan las interacciones, las salidas, la relación y los besos, me divertía mucho cuando salíamos juntos, pero los rumores empezaron a expandirse.
Claro, los rumores no se quedan atrás cuando esa millonaria es actriz y modelo. La mujer perfecta, toda una dama y totalmente gentil con todo el mundo, el ejemplo a seguir. La mujer ideal comenzó a salir con el doctor de un hospital infantil, que tierno ¿verdad? Para evitar chismes hicimos nuestra relación publica hace unos años, la actriz y el doctor, ambos lados beneficiados.
La actriz tenía más fama por sus buenas obras y el doctor recibía mayores ingresos por crear mejor imagen al hospital. Todos contentos mientras esa se convertía en mi propia prisión, obviamente no me había dado cuenta de ello en el momento del auge, pero ya el auge ha pasado y la rutina nos ha acabado.
Tomé el ramen, el cual sin querer hice pedazos y lo eché en la canasta. Tras comprar algunas cosas, doblé hacia nuestro departamento e introduje la llave del portón principal.
4to piso, su departamento, mi residencia, nuestro hogar.
Tras entrar, noté que todas las luces estaban apagadas y la calefacción encendida, los cuales son signos de que Kagura se había vuelto a dormir. La cocina impecable, como siempre, y sobre la mesa mi cena cubierta con el papel aluminio que mantenía intacto el sabor y calor de la comida.
Vegetales a la plancha y salsa roquefort, como había previsto que haría.
Preparé el ramen y la carne, tras unos minutos me dediqué a devorar mi aperitivo de media noche. Kagura se despertó con todo su pelo negro alborotado y sólo una de mis camisas como su pijama, pude notar sus piernas demasiado delgadas, ya no era sexy, es tecnológicamente insano.
─Buenas noches, bella durmiente -me dio un pico y se sentó a mi lado- ¿Has tenido un largo día?
─Sí -bostezó cansada, aún mantenía sus ojos adormilados- Aunque no tanto como el tuyo.
─Hoy cuidé de uno de mis pacientes, personalmente -sonreí al pensar en el día que había tenido con la pequeña adulta. Llevé un trozo de carne a la boca y lo degusté con placer, estaba realmente bueno y no lo digo porque yo lo haya cocinado.- Fue bastante entretenido.
─Comer esas cosas es malo para tu salud -aportó ignorando mi comentario, pensé que podría decir algo acerca de su día, pero no, las costumbres que le habían inculcado salían a flote.- Más a estas horas.
─Estás demasiado delgada, eso no es bueno para tu salud -remarqué apuntándole con los palillos- ¡Deberías tomar unas vacaciones o te matarán de hambre!
─Algo así iba a decirte -una sonrisa se formuló en los labios- Me ha llamado el director del hospital para decirme que ha contratado personal y también un suplente para ti.
Solté los palillos sin querer y unos fideos se quedaron colgando en mis labios. Kagura se acercó un poco y los tomó con su boca para degustarlos por si misma.
─Están buenos -tomó mi tazón y comió un poco, yo le miré serio- Como iba diciendo, me llamaron para avisar que estás de vacaciones y aproveché para pedir las mías también.
─Oh~... -sólo pude formular.
─Sí, desde mañana estamos de vacaciones y nos vamos de viaje. -¿nos vamos de viaje? ¿Por qué esto no me cuadra? -Tú escoges el destino.
Tras un sorbo a mi tazón de ramen, me dio otro beso en los labios y se dirigió a nuestra habitación. Ya había empezado a planear las cosas que haría con Rin al día siguiente, pero de la nada esos planes se convirtieron en "planes con Kagura".
Tomé una ducha y me recosté en la cama junto a Kagura, quien desde que notó mi presencia me abrazó por el área abdominal y suspiraba a gusto.
─Maru -ella me llamaba por las ultimas letras de mi nombre desde nuestra primera cita.- Feliz aniversario.
Mi corazón se detuvo y sudé frío, giré un poco hacia el calendario digital-y alarma de Kagura- y comprobé que era nuestro quinto aniversario recién iniciado, claro son apenas las una de la madrugada.
─Feliz aniversario, bebé -me acurruqué más a su lado y besé sus labios una vez más antes de dormir.
Kagura se acunó más contra mi pecho, sus brazos, mi propia prisión. La jaula es de oro, pero no deja de ser prisión.
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