N/A: Holi, soy yo de nuevo y los amo. No pensé que fuera a tener tanta respuesta positiva en el capítulo anterior, un besote para todos ustedes. La verdad el capítulo original era mucho más oscuro y violento, pero decidí autocensurarme por el bien de su sanidad mental. No hace falta que sepan qué tan podrido tengo el cerebro.

Disfruten la lectura.


No lo entiendo.

Estoy en el hospital, y me siento tan mal como podría sentirse una persona después de algo como lo de anoche.

Anímicamente, al menos. Porque en realidad, mi cuerpo se siente bien. Podría decirse que nunca había estado mejor. Me siento ligera y de la nada la fiebre se ha ido y la cabeza me dejó de dar vueltas. Me dijeron que en cuanto ingresé, el personal médico llegó a hacerme "unas cuantas pruebas". Creo que es bastante obvio lo que están buscando.

¿Qué se supone que debo decir? No puedo decir que llegó un demonio a violarme en la noche de Halloween porque mis amigas y yo hicimos un ritual de invocación. Me meterían al manicomio de inmediato, aunque parte de mí se pregunta si no sería eso mejor.

Al final, no encuentran evidencias de agresión sexual… o de agresión de ningún tipo. Eso es lo que más desconcierta, pues claramente recuerdo que la cosa me hundió las garras en más de una ocasión. No termino de creérmelo, y me reviso el cuerpo yo misma, buscando algún rasguño. Encuentro unos cuantos, pero son superficiales. Yo recuerdo incluso la sensación de la sangre corriendo por mi piel.

—Eso te lo provocaste tú misma.

Me sobresalto al escuchar eso, y a mi lado veo a una enfermera de expresión afable que ha llegado a verme.

— ¿P-Perdón?

—Los rasguños. —me dijo señalando con la cabeza. —No dejabas de rascarte cuando llegaste aquí.

No recuerdo nada de eso. La enfermera pareció darse cuenta y me habló con tono conciliador.

—Fue la fiebre. Estabas delirando.

— ¿Cuánto tiempo estuve así? —Sólo recordaba despertar en una cama de hospital, con una intravenosa en la mano.

—Bastantes horas.

Volteo y al no ver ventanas que me permitan saber si es de día o de noche, le pregunto a la enfermera.

— ¿Qué hora es?

Ella voltea a verse un pequeño reloj de muñeca.

—Las 10:35 A.M.

— ¿Del domingo? —pregunto alzando una ceja.

Ella me sonríe, condescendiente.

—No, cariño. Del lunes. Queríamos tenerte en observación un poco más.

La miro de reojo. Sé muy bien que me hicieron pruebas toxicológicas para asegurarse de que no estuviera fumada.

— ¿Cuándo me iré a casa? —pregunto, no porque esté ansiosa por irme, sino porque no quiero estar sola de nuevo. Sé que esa cosa sigue ahí, estoy bastante segura.

—No debe faltar mucho. Sé que te darán el alta en un rato más y podrás irte a casa. De hecho, has estado bastante bien y sólo queríamos descartar una posible recaída. —entonces nota que mi desayuno está intacto. —No comiste.

—Aún tenía sueño cuando me lo trajeron. —mentí.

—Deberías comer antes de irte.

A regañadientes, tomo el postre y lo abro. Me echo unas cuantas cucharadas en la boca hasta que ella termina conmigo y se marcha.

Tengo el estómago hecho un nudo y no quiero pensar en el momento en que vuelva a casa. No quiero pensar en qué sentiré al estar ahí.

De camino a casa, mis padres no dicen nada. Mamá está tensa y puedo ver que papá aprieta el volante con furia. Estoy bien, gracias por preguntar.

Cuando cruzo el umbral de la puerta, tengo que reprimir un sollozo. No quiero estar aquí, sé que volverá.

—Bonnibel.

Papá se está quitando el abrigo. El día ha estado nublado, asemejándose a mi estado de ánimo.

— ¿Sí?

— ¿Qué te has metido?

Abro la boca, y como no encuentro nada útil que decir, la vuelvo a cerrar. Al final, digo lo primero que se me viene a la mente, al ver que él aún espera una respuesta.

—Si estás hablando de drogas, sabes que la prueba salió negativa.

—Eso no es lo que yo te estoy preguntando, Bonnibel. Te estoy preguntando a ti.

— ¿Crees que me he estado drogando? —pregunto, incrédula.

Él me mira con intensidad mientras mamá se hace la loca en la cocina. Normalmente estaría encogiéndome de temor ante su mirada gélida, pero después de los horrores que viví, es como si tratase de intimidar a una piedra. Mi padre daba tanto miedo como un chihuahua bebé si lo comparábamos con lo que me atacó.

—Actúas muy raro últimamente. Primero te pones insolente con lo del metrónomo…

—Pero ya te he dicho que lo del metrónomo no lo hice yo…

Él me acalla con la mano. Me sigue mirando fijamente y yo sólo rio por dentro, pensando que no hay mirada que se compare a la de aquellos ojos negros que disfrutaban mi dolor la noche anterior.


(Lana Spacey, 18 años.)

"Ver a Bonnibel el martes fue irreal."

(Suelta un resoplido. Está sonriendo.)

"Todos sabían que estuvo enferma, y con lo grave que estuvo, todos pensaron que pasaría más tiempo para que la volviéramos a ver. Pero no. Estaba ahí el martes… pálida, ojerosa y paranoica, pero ahí estaba."

"Pero Bonnibel no quiso hablarles acerca de su estancia en el hospital, ¿cómo supieron cuál era su estado de salud?"

(Lana pone los ojos en blanco, como si la respuesta fuera muy obvia.)

"Ya sabes: toda la información fue obtenida por alguien que conocía a alguien trabajando en el hospital donde ingresaron a Bonnibel, y todo eso. A nosotras nos lo contó su mucama. Todos decían que se había mejorado de repente, como de milagro."

"¿Cuánto tiempo tardó en volver a la normalidad?"

"¡Eso es lo más raro! Se veía fatal, pero, no sé, pasó menos de una semana y ya estaba de vuelta en el equipo de lacrosse y lucía igual de perfecta que antes."


(4 de noviembre de 2014. Escuela Secundaria Ooo. Alguien está grabando y se ve cómo ajustan la imagen hasta enfocar correctamente a Bonnibel Pinkman. Ella está comiendo con gesto distraído, y mira hacia el suelo.)

RUBY: Bonnie.

(Es ella quien está grabando. Pasa un rato y ella no responde.)

LANA: Bonnie, míranos.

(Bonnibel obedece y las mira, pero tiene la mirada perdida.)

PHOEBE: ¿Qué pasa? ¿Por qué estás así? Si te sientes mal, podemos llamar a tus padres para que te lleven a casa…

BONNIBEL: ¡No!

(Todas le miran extrañadas.)

BONNIBEL: Es sólo que estoy muy cansada, chicas.

SARAH: ¿No has dormido bien?

(Le acaricia la espalda y Bonnibel pone expresión atribulada.)

LANA: Yo sigo diciendo que sería mejor si te fueras a casa… No entiendo por qué viniste a clases, ¡incluso hiciste la tarea!

BONNIBEL: Estoy bien, sólo he tenido malas noches, es todo. Supongo que eso debilitó mis defensas y por eso enfermé.

(Suspira con pesar y sigue comiendo. La grabación se corta.)

(…)

Es el martes por la noche. Al regresar a la escuela, sentí como si hubiese estado ausente por muchísimo tiempo. Mis amigas no dejaban de lanzarme miradas raras, y cómo no: al mirarme al espejo por la mañana, apenas si pude reconocerme. Pasé la noche despertándome a cada rato, creyendo que ella volvería. Tal vez, ahora que había obtenido lo que quería, me dejaría en paz. Me permití pensar esto, aunque sentía su presencia. Estaba conmigo.

Pero es noche de nuevo, y no podré quedarme despierta por mucho tiempo.

Quedarte despierta no te servirá de nada, Bonnie.

No, no puede ser.

Oh, descuida. Estás más que dormida. Lo que quiero decir, es que yo podría llegar a ti aún despierta, pero prefiero verte así. Tan apacible.

Yo ya estoy comenzando a sollozar al recordar la noche anterior

—Descuida, Bonnie. Si quisiera hacerte más daño, ya lo habría hecho.

Doy un respingo al notar que me está hablando. Hasta ahora, le había escuchado como un eco.

Ella sonríe al notar mi sorpresa.

— ¿Te gusta mi voz?

Tiene una voz muy bella. Es suave y se desliza como seda. Nota mi embelesamiento y sonríe. Su sonrisa me hace temblar. Eso hace que sonría más pronunciadamente, y entonces me toma la cara. Yo cierro los ojos con fuerza, como si así pudiera huir de la situación.

Pero ella solo me acaricia con el pulgar. Me observa detenidamente.

—Seguro te preguntas cómo es que nadie se ha dado cuenta de que ahora eres mía, Bonnie.

Se acercó a mi oído, hasta que sentí que estaba a milímetros de mi oreja.

—Sólo lo que sientes es real.

Me apartó de sí para ver si había entendido.

—Recuérdalo.

— ¿Qué…?

—Déjame entrar, Bonnie.

Y entonces comprendí.

La cabeza comenzaba a darme vueltas. El dolor era tan real…

Sólo lo que sientes es real…

—Yo puedo destruir todo lo que te molesta, Bonnie. Yo destruí el metrónomo por ti, y puedo hacerlo con lo que quieras.

Desperté. Me froto la cara, y con sorpresa veo que ya es hora de prepararme para ir a la escuela.

Pienso en lo extraña que ha sido mi noche.

Déjame entrar.

No dejaba de recordar eso.

Suspiro y me lavo la cara. Me quedo un rato apoyada sobre el lavabo, respirando hondo. Aún me siento como si hubiese recibido una paliza y tiemblo al recordar por qué. Lo que es peor, puedo sentirla, a ella, observándome. Casi hasta puedo escuchar su risa. Me apresuro y me visto tan rápido que seguramente me he saltado unos botones a la hora de ponerme la blusa, y al final salgo corriendo, casi llevándome por delante a mi padre, que pasaba junto a las escaleras con una taza de café. Él me grita algo que no escucho y no me importa, lo único que me interesa es poner la mayor distancia posible entre esa cosa y yo.


(De vuelta en el estudio, Blake entrevista a Phoebe.)

BLAKE: "¿Cuándo fue que Bonnibel volvió a la normalidad?"

(Phoebe frunce el ceño, tratando de recordar.)

PHOEBE: No lo recuerdo bien, pero pasaron… ¿una semana? ¿Dos? Bueno, ustedes ya vieron el video, ¿no? Algo raro le pasaba a Bonnie. Y no digo porque fuera algo notoriamente malo, sino porque… bueno, sonará raro pero ella ya era casi perfecta… y después de eso, prácticamente se volvió perfecta. Así, sin más.

"¿Perfecta en qué sentido?"

"Entregaba los exámenes en tiempo récord, hacía todo en clase de gimnasia sin sudar una gota… Dios, si en un partido de lacrosse le rompió unas costillas a una de sus rivales. Y todo eso habría estado bien, si no hubiese cambiado en su forma de ser."

"¿Cuáles eran las diferencias más notorias?"

"Se tardaba muchísimo en contestar cuando le hacías una pregunta y se molestaba si se lo hacías notar. Se quedaba con la mirada perdida por un largo rato y después volteaba a verte, muy sonriente, como si hubiese estado poniéndote atención todo ese tiempo y…"

(Juguetea con sus manos, sin saber cómo dirá lo siguiente.)

"A veces pienso que estoy loca, pero… (Ríe) nos pareció escucharla hablar otro idioma… era latín. Bueno, Ruby dice que lo era. Ambas estaban en clases de latín. Así fue como empezaron los cambios extraños. Lo hablaba en voz muy bajita, estando sola."

"¿No hubo ningún evento que marcara pauta para ese cambio? ¿Nada, en absoluto?"

(Pensando) "Bueno… creo… creo que podría tener relación. Pero hubo un viernes… recuerdo que era viernes, porque no vimos a Bonnie sino hasta el lunes… se veía mal, muy cansada y tenía un poco de temperatura. Pensamos que la veríamos aun peor que antes, o que incluso volvían a hospitalizarla. Pero el lunes… Sí, fue ese lunes. Se veía saludable. Creo… tal vez fue esa vez."

(7 de noviembre de 2014.)

SARAH: Chicas, Bonnie no está bien.

LANA: Oh, ¿en serio eso te parece, Sarah? Qué observadora.

SARAH: Basta ya, Lana, hablo en serio.

LANA: Sí, yo también hablo en serio, Sarah, ya todas nos hemos dado cuenta de que Bonnibel NO está bien. Mírala, cualquiera que tenga ojos lo puede ver.

(Hace un acercamiento con la cámara hacia Bonnibel, que tiene la cara hundida entre las manos, y está encorvada en su asiento. Están en un pasillo de la escuela.)

SARAH: ¿Qué hacemos? Chicas, es horrible verla así.

LANA: Sí, quién diría que la falta de sueño y maquillaje convertirían a la chica más guapa de esta escuela en un esperpento.

RUBY: Lana, esto es serio.

LANA: ¡Hablo en serio!

PHOEBE: Oigan, Bonnibel está mal.

LANA: (pone los ojos en blanco) Gracias, 'Capitana Obvia', eso ya quedó claro.

PHOEBE: No, idiota, me refiero a que está mal ahora. Está diciendo algo.

(Corre hacia ella. Está llorando y se frota los ojos. Murmura algo pero no se escucha hasta que Phoebe y Ruby están junto a ella. Sarah las persigue con la cámara en la mano, seguida de Lana.)

RUBY: Bonnie… Bonnie, ¿qué pasa? ¿Qué tienes?

BONNIBEL: (susurra) Quiero dormir…

(Phoebe le pone una mano en la frente.)

PHOEBE: Está un poco caliente.

BONNIBEL: Sólo quiero dormir…

RUBY: Hay que llevarla a la enfermería y llamar a sus padres.

(Al escuchar esto, Bonnibel se suelta del agarre de Ruby.)

BONNIBEL: ¡No! No quiero que les llamen, sólo necesito dormir, es todo… estaré bien si duermo…

(Ruby no le presta atención y empieza a marcar desde su celular mientras Phoebe, Sarah y Lana ayudan a Bonnibel a ponerse en pie.)

PHOEBE: Nos vamos.

RUBY: (asiente) Allá las alcanzo.

(Mientras llevan a Bonnibel a la enfermería, ella sigue hablando, pero en voz tan baja que no se escucha nada.)

(PAUSA)

(ABRIR ARCHIVO)

(Es el mismo video, pero en otro formato y con el sonido limpio)

(CONTROL DE VOLUMEN )

(VOLUMEN DE SONIDO DE FONDO HA SIDO MODIFICADO)

(De regreso en el estudio)

BLAKE: "¿Nunca supieron qué era lo que Bonnibel decía en voz baja?"

PHOEBE: "Todas pensamos que era más de lo mismo: 'quiero dormir', 'estoy cansada'… nos pareció muy normal, ya que mientras pasaban los días, notábamos que Bonnie no estaba descansando por las noches."

(VELOCIDAD: 1x)

BONNIBEL: (ininteligible)

(VELOCIDAD 0.5x)

BONNIBEL: … dormir. Ella no me deja.


Tres noches. Llevo tres noches sin poder pegar ojo por más de una hora. Y no es porque ella me ataque, o porque me hable en sueños, no. Ella sólo está ahí, parada en una esquina, muy quieta, con el aspecto de una gárgola. O más bien, de una bella escultura. Había decidido dejarse la forma femenina que adoptara la noche de Halloween. Un monstruo disfrazándose de humano, y no al revés, como suele ser en esa fecha.

El cuarto está oscuro como una boca de lobo, pero había aprendido que era mejor así. Ya intenté dejar la luz encendida en una de las noches anteriores. Eso era peor, porque podía ver su sonrisa socarrona por completo. Y dejar la lámpara de la mesita de noche encendida, resalta sus hermosas facciones de manera escalofriante. Al menos, en la oscuridad, lo único que puede distinguirse son sus ojos. Sé que están fijos en mí; a veces se entrecierran, cuando perciben que estoy a punto de dormirme de nuevo.

Para ella, esto es un juego. Sé que no le costaría nada ponerse encima de mí y tomarme como lo hizo antes. Es un juego que sé que tengo perdido desde el primer momento, pero eso no lo hace más fácil de asimilar. Abro los ojos con violencia, esperando que el sueño remita, en vano. No podré aguantar mucho más y ella lo sabe. La veo sonreír; incluso desde la oscuridad, su sonrisa reluce y antes de dormir pienso en el gato de Cheshire.

—Pero qué obstinada eres.

Me lo dice al oído, y hay un dejo de diversión en su voz. Es como si quisiera reírse, pero no lo considerara correcto. Me mordisquea el lóbulo de la oreja con suavidad y me remuevo bajo ella.

—Ya te he dicho que esto no tiene por qué ser así.

Se aparta para poder mirarme a la cara y tengo que ahogar un gemido al ver su belleza. Al ver mi cara, se echa a reír y casi espero ver lágrimas en sus ojos.

— ¿Sabes? No te entiendo. Uno pensaría que para un demonio, entender lo que un humano quiere es pan comido. Pero es obvio que me deseas, y aun así no cedes. —me toma la mandíbula con fuerza, sin dejar de reírse y comienzo a sollozar. —Yo podría cogerte, ya sea en esta forma, o en mi forma "monstruosa", como le llamas tú y no podrías hacer nada para evitarlo. Podría partirte por la mitad, si decidiera no contenerme.

Comienzo a negar con la cabeza mientras sus dedos se hunden más y más a los costados de mi cara.

—N-no… yo no…

— ¿Eh, qué dijiste? —me soltó y acerca su oído hacia mi boca, pero antes da un mordisco juguetón a mi barbilla.

—Yo no te… yo no te deseo.

Ya está, seguro que ahora me mata. Y si va a ser así, pues que sea rápido.

En vez de eso, suelta una carcajada más efusiva que la anterior.

— ¿Acaso estás sorda? Acabo de decirte que podría cogerte, matarte y cogerte otra vez, ¡y aun así me sales con eso! —su risa es tan fuerte que la ausencia de eco me erizó la piel. —Mira, Bonnibel, hacer eso sería muy fácil…

Se irguió hasta quedar a horcajadas sobre mí, entre mis piernas, las cuales tomó con fuerza, atrayéndome hacia sí.

—Pero no mentía cuando dije que de todas, tú eras con la que más ansiaba jugar. No, olvida eso: eras la única a la que de verdad deseaba. Tus amigas habrían sido un blanco tan fácil… —alzó una de mis piernas y yo trato de alejarme, pero su mano se cierra con fuerza en torno a mi tobillo y lo coloca sobre su hombro, dándole un lengüetazo tan frío que se siente como un cubo de hielo. —Pero tú… tan escéptica… ¿cómo podía llamar tu atención? Debía ser muy directa contigo.

Volvió a reír.

—Puedo escribirte más música, Bonnibel. Eso te gustó, ¿verdad? Yo haré todo por complacerte, ¡hasta he adoptado mi forma humana! —besa la mitad de mi pierna, mientras su mano acaricia la otra mitad, poniendo especial atención a mi muslo interno. Es increíble que una criatura tan violenta, que tanto dolor me hizo sentir antes, me estuviera llenando con esas sensaciones y tuve cerrar la boca con fuerza para no gemir. —Eres tan bella que podría matarte si pierdo el control, Bonnie.

Comienza a inhalar mi piel, como si quisiera captar toda mi esencia y yo siento como se me hiela la sangre ante sus últimas palabras.

— ¡D-DÉJAME! —digo antes de poder detenerme. Ella se sorprende, pero vuelve a sonreír, y me preparo para lo peor. Me hará sufrir.

—Te propondré algo: si hago algo que no te gusta, sólo dilo, y no te volveré a molestar más… —antes de que pudiera abrir la boca, ella alzó un dedo. —Pero tienes que decirlo en serio, Bonnie. Tienes que odiar lo que te hago, ¿te parece?

Lo consideré un segundo y asiento. Su mano se desliza con odiosa suavidad por la delicada piel de mis piernas, y se pone sobre mí. Me paralizo al recordar que ya había hecho eso mismo, pero antes de que pueda decirle que pare, una de sus manos me toca. Lo hace con tanta gentileza que cuesta creer que este mismo ente me haya hecho pasar la peor noche de mi vida, y en menos de un minuto estoy jadeando, mientras ella muerde mi cuello y me comienzo a mover sin control, sin saber bien si quiero alejarme o seguir. Intento incorporarme y ella me pone una mano en el cabello, manteniéndome en mi lugar y ahora pasa su lengua fría por mi tráquea. Suelto un gemido y trato de apartarla, pero suelta mi cabello y me inmoviliza con fuerza, mientras su boca baja y siento la frialdad húmeda de su lengua en mi clavícula, y va bajando. Su boca se cierra en torno a uno de mis senos, al tiempo que dos de sus delgados dedos se hunden en mí, y arqueo la espalda. Sus manos son tan frías como su boca, pero eso solo lo hace más placentero.

Me da un pequeño mordisco antes de alzar la cara y mirarme, con media sonrisa en su hermosa cara.

—Quieres decirlo pero no puedes, ¿verdad? —dobla sus dedos dentro de mí y cierro los ojos, pensando que tal vez al no verla pueda disminuir la sensación. Qué pensamiento tan tonto. —Ni pienses en mentirme. Si lo haces, te haré sentir tanto dolor que rogarás que te mate.

Sacó sus dedos y suspiro, aliviada, pues no sabía cuánto podría aguantar sin delatar todo el placer que estaba sintiendo. Por muy horrenda que haya sido la visión de esta criatura, con sus enormes garras, no podía dejar de pensar que ahora era la mujer más bella del mundo, sobre mí, penetrándome con sus dedos y saboreándome con su boca.

Se lamió los dedos y antes de poder sorprenderme, su boca estaba en el lugar en el que sus dedos estuvieran antes.

Esto no debía darme placer. Es lo mismo que me hizo la última vez. Sólo que esa vez lo hizo a la fuerza, y ahora… no tengo idea, pero no quiero que se detenga. Sus manos se clavan en mi piel, y me provocan dolor pero es un dolor distinto, placentero. Su lengua está dentro de mí y no es horrible como la vez anterior, sino todo lo contrario. Mi mano se aferra a su cabello, tan negro y ligero, y tan brillante que es increíble que un ser oscuro emita tal luz. Al sentirlo, ella me levanta con violencia y por un momento creo que al fin ha perdido el control y va a matarme, como dijo, pero en realidad, me pone boca abajo, en total sumisión y continúa con su mano, mientras yo quiero esconder la cara pero ella me vuelve a tomar del cabello.

—No. Quiero que gimas.

Gime, gime, gime, gime, gime, gime, gime, gime…

Pero yo no quiero, aun sabiendo que perderé su juego.

Esto no va a terminar hasta que yo escuche cómo gimes al sentir mis dedos dentro de ti.

Y continúo resistiendo.

"¿No te lo dije? Por eso quería tenerte. No te rindes, aun sabiendo que ya perdiste."

Entonces sus movimientos se vuelven más violentos. Mi clímax está cerca.

"Tú vas a llegar al orgasmo como nunca en tu vida, y yo lo voy a disfrutar hasta el último segundo."

Y sucedió, con tanta fuerza que terminé temblando y aunque trato de ahogarlo con mi mano, suelto un sonoro gemido prolongado.

—Has perdido. —me dice al oído, con una voz tan sensual que siento otra punzada de deseo. Sus manos se colocan en mi cintura. —Pero no te sientas mal. Ya te lo he dicho: sólo tienes que dejarme entrar, y te daré todo. Toda esa violencia de la otra noche… fue sólo para dejar clara la posición en la que estás. No puedes hacer nada para alejarme.

Despierto enseguida. Entorno los ojos. Ella ya no está en su habitual esquina, aunque su presencia es perceptible. Me vuelvo a recostar; aún es de noche.

—Oh no. —exclamo al alzar las sábanas y meter una mano en mi ropa interior. Estaba completamente mojada.

Me pareció ver su sonrisa en la oscuridad. Justo como la del gato.

Déjame entrar.


Es un milagro que esté aquí. La falta de sueño me pasa factura y estoy a punto de quedarme dormida en medio de un pasillo de la escuela, y también estoy consciente de que mis amigas me observan a unos pasos. Seguro están debatiendo a qué cementerio llevarme una vez que me muera.

Tal vez sería más fácil morirme. La otra opción sería recibir la visita de ella todas las noches. Dejarla entrar, y entonces no sé qué podría pasar. Nada bueno, considerando su naturaleza.

Termino por ponerme a llorar. Ella tiene razón: no puedo hacer nada para alejarme. Me hace creer que tengo opción, pero lo cierto es que no es así.

—Quiero dormir… necesito dormir…

Esta es una tortura psicológica que está dándole buenos resultados. Mis amigas están a mi lado y me levantan, mientras llaman a mis padres. Protesto y les digo que no hace falta, pero me llevan a la enfermería.

—Quiero dormir. Ella no me deja.

Pero nadie me escucha.

Un rato después estoy tendida en la cama de la enfermería, con una compresa de agua fría sobre la frente. Me duermo. Pero antes de cerrar los ojos, un último pensamiento me invade:

Déjame entrar. Aquí.

Y siento como si uno de sus dedos se pusiera sobre mi frente.

Ella puede ganar, pero quiere que yo me rinda.