Me removí entre las sábanas y noté que estaba frío, muy frío para mi gusto. Traté de volver a mi lugar anterior, pero ahora no me sentía cómodo, estaba frío también. Genial, perdí mi comodidad. La cama se sentía tan... vacía.
Abrí los ojos y me encontré con Kagura, ella estaba cambiada y arreglada, preparando sus maletas y las mías ya estaban hechas al parecer. Su vista se fijó hacia mí y nos sonreímos.
─Alguien disfrutó de dormir demás-dijo, una vez muy cerca de mí extendí mi mano derecha frente a sus labios para impedir que me besara.
─Aún no me he cepillado los dientes, cochina -le dije cubriéndome la boca con las sábanas.
De todas maneras me ignoró y me besó sobre las sábanas, no la rechacé. Esa tonta siempre hace lo que quiere conmigo y yo no me quedo atrás. También me aprovecho de su bondad en ocasiones.
─Te quiero -ese brillo apareció de nuevo en sus ojos, el que había perdido hacía tanto tiempo que casi lo estaba olvidando.
Depositó otro beso sobre las sábanas y mis ojos se cerraron por inercia, quizás quería disfrutar de aquel tonto e infantil roce como si fuera el último en toda mi vida. Al abrir ambos los ojos noté que estaba sonriendo y mis mejillas empezaron a sentirse cálidas.
─También te quiero -Le acaricié la mejilla derecha con el dorso de la mano.
─Vamos -palmeó un par de veces la cama con suavidad- Perderemos el vuelo.
Y ahí... La magia se rompió.
¿Perdón? ¿No se supone que YO decidía el destino?
Fruncí el ceño y ella soltó una de esas sonrisas que delatan complicidad. Sonreí acorde a su gesto. Entré a la ducha y me aseé como de costumbre, en unos minutos ya estaba listo y dispuesto a dejarme sorprender de mi novia.
Tomamos un taxi e iniciamos nuestra aventura. Kagura propuso de que no me quitara mis auriculares en ningún momento para no arruinar la sorpresa, como un bobo me dispuse hacerlo.
¿Feliz? Por supuesto que sí. Ante mí está la mujer que me conquistó por ser una caja de sorpresas, la espontanea Kagura ha vuelto, también había visto aquel brillo de amor en sus ojos y eso me gustaba. Nada puede ir mejor, ¿o sí? ¡Claro que sí!
Estamos, en este momento, en un vuelo a nuestra tranquilidad, un respiro a nuestras apretadas agendas, un descanso para ser nosotros mismos una vez más. ¿Revivir la pasión? ¿Ese era su plan? ¡Na! Para ello habría que perder aquello en primer lugar, y no creo que se haya desvanecido.
Nunca había visto tal ocaso en mis años de vida, un naranja tan precioso y en diferentes tonos, las escasas nubes acompañando al cansado sol. Sin duda alguna, un paraíso nos esperaba.
¿A dónde vamos? ¡Ni idea!, pero de sólo imaginarlo sonrío. ¿Las Bahamas? ¿Hawaii? ¿El Caribe? ¿Brazil? ¿Esquiar en Noruega o nadar en las azules aguas del sur de Tailandia?
Ninguna de ellas.
A la hija de puta se le ocurrió traerme a China, otra vez, y le miré más que enojado, porque realmente lo estaba. ¿Tanto afán para esto? ¿Tanto apuro para venir a China? ¡No hace dos meses que vinimos para que filmara un comercial!
Llegamos al hotel y yo seguía sin dirigirle la palabra. Siento que puedo hacerlo por hasta una década si me tienta más, es decir, me emocionó para traerme a un lugar al cual hacía poco habíamos venido. Abrí la nevera y tomé la cerveza más fría que había allí, me la tomé de un trago y me dirigí a la ducha.
Una vez en la ducha, dejé que el agua caliente borrara la gran parte de mi enojo que, si ponemos de lado que es por egoísmo de no querer estar allí, era injustificado. Suspiré derrotado, Kagura no merecía que me enoje con ella, al menos no del todo.
─Oye, Kagura -comenté a sabiendas que ella estaba recostada en el marco de la puerta. Es algo que siempre hace cuando estoy enojado, me mira desde algún ángulo para tratar de analizarme.
─ ¿Estás enojado? -Asentí, ella suspiró- Lo siento, me has atrapado.
─ ¿Durante cuánto tiempo es esta vez? -Sabía que algo no me cuadraba, no sé porqué rayos me emocioné tanto.
─Un mes -Me giré con las manos en las caderas y una cara de total indignación.
─ ¡¿Nuestras famosas vacaciones en realidad son parte de TU TRABAJO?! -grité- ¡De paso estaré aquí encerrado durante un mes!
─¿Estás muy enojado?
─¿Por qué no debería de estarlo? -Escupí con fastidio.
Una vez más, el trabajo estaba primero. ¿Por qué me había traído con ella esta vez? No me interesa; ¿Qué haré de ahora en adelante? Tratar de no asesinarla; ¿Cómo lo haré? Evitando pensar en que estaba en unas vacaciones forzadas de mí trabajo cuando éste empezaba a gustarme.
¿Cómo estarán las cosas en el hospital? ¿Qué estará haciendo Rin en estos momentos? ¿Estará bien con el/la nuevo/a encargado/a? ¿Habrá comido hoy o acaso esperaba a que llegara para hacerlo? ¡Oh, no! ¡Necesito llamar al hospital, rápido!
¡Necesito saber que mi pequeña gigante está bien!
