Advertencia: Abuso infantil y suicidio. Sólo son menciones de un recuerdo, y no es gráfico ni nada, pero supongo que debo advertirlo para evitar herir sensibilidades.


"Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti."


(Lunes 9 de noviembre de 2014. Entrada del Instituto Ooo. Lana, Phoebe, Ruby y Sarah están juntas.)

SARAH: (se muerde las uñas) ¿Están seguras de que vendrá?

RUBY: (suspira) Le he llamado el sábado y el domingo, y me dijo que se siente mucho mejor, que vendrá hoy sin falta y que no nos preocupemos.

LANA: ¿Y cómo mierda no nos vamos a preocupar? ¡Si se ha enfermado dos veces en menos de una semana! ¡Es Bonnibel de quien hablamos, la que es fuerte como un caballo!

RUBY: Sí, ya sé… le dije que mejor descansara pero se negó rotundamente.

SARAH: (en voz baja) Yo también le he mandado mensajes y me contestó tan normal…

PHOEBE: ¡Hey, miren, es ella!

(Bonnibel baja de un vehículo y camina hacia la entrada. Cruza la verja y va sonriendo.)

PHOEBE: ¡Eh, Bonnie!

(Bonnibel voltea y pronuncia su sonrisa al verlas.)

BONNIBEL: ¡Chicas! Es algo tarde, ¿no? Me he levantado y vi la hora que era y no lo podía ni creer. Tenía eones sin dormir así.

(Ella se ríe y sus amigas se miran unas a otras, incrédulas.)

RUBY: ¿Estás bien?

(Bonnibel suelta un resoplido de burla.)

BONNIBEL: ¿De qué hablas? ¿No me estás viendo? ¡Estoy excelente!

PHOEBE: ¿Y qué hay de la fiebre, eh?

BONNIBEL: (hace un gesto con la mano para restarle importancia) Lo que sea que haya sido, ya pasó. En serio estoy bien, chicas, y agradecería si empezáramos a caminar porque seguro tendremos que ir corriendo a clases.

(Ella empieza a caminar velozmente. Luego voltea al ver que las demás siguen detrás de ella y se impacienta.)

BONNIBEL: (tomando de la mano a Phoebe y Sarah. Voltea a ver a Ruby y Lana y les hace un gesto con la cabeza, señalando la puerta del edificio principal) ¡Vamos!

(Y todas se echan a correr.)

(…)

(Estudio de grabación. Phoebe Redfield.)

PHOEBE: "Sus manos estaban muy frías."

(Se pone un dedo sobre los labios, pensando.)

PHOEBE: "Asumí que tenía la presión muy baja después de todo lo que había pasado."

BLAKE: "¿Alguna de ustedes se extrañó de este comportamiento?"

"Tal vez, al principio. Pero después dejamos de pensar en ello: después de todo, Bonnie ya estaba sana de nuevo y lista para liderar, como siempre."

"¿No notaron nada extraño en ella ese día?"

"Pues no… sólo la inusual frialdad de su cuerpo, pero estuvo mejor que nunca. Respondía todas las preguntas en clases con la misma celeridad de siempre y comió como si no hubiese probado bocado en días. Probablemente así fue."

"¿Hasta cuándo notaron algo que les hiciera alertarse?"

"El equipo de lacrosse tenía un juego importante en puerta. Bonnibel no había asistido porque no estaba del todo recuperada desde lo de Halloween, pero esa vez la vimos en el campo. No nos pareció buena idea, pero ella insistió que se sentía excelente y que tenía que recuperar el tiempo perdido. Al final nos terminamos sentando en las gradas y… bueno."

(Suspira y se pasa una mano por el cabello, con los labios apretados.)

"Ciertamente nos dimos cuenta de que había algo distinto."


(Miércoles 11 de noviembre de 2014. Campo de entrenamiento del Instituto Ooo. Las amigas de Bonnibel están sentadas en las gradas, mirando al cielo con recelo.)

SARAH: (ella tiene la cámara) Está nublado.

LANA: No me digas.

RUBY: Insisto, dejar que Bonnibel viniera al entrenamiento no fue una buena idea, y si algo le pasa…

LANA: ¿Y qué íbamos a hacer? ¿Atarla de pies y manos para que no hiciera nada más que ir a clases?

PHOEBE: Bueno, ya, tranquilas. Sólo tenemos que estar muy atentas, y si vemos que Bonnie se siente mal, pues entramos en acción y listo.

(Las demás asienten en silencio y voltean a ver hacia el campo, donde la práctica ya ha empezado. Bonnibel hace calentamiento y no parece cansarse. Da vueltas al campo y termina con mejor tiempo que sus compañeras. Hace todos los ejercicios, de velocidad lateral, evasión, resistencia y sigue con mucha energía. Su posición es la de mediocampista. Apenas ha comenzado la práctica y Bonnibel ya está disputándose la pelota. Logra anotar el primer tanto casi enseguida.)

LANA: (alza la ceja) ¿Saben? Para haber estado tan enferma unos días antes, la muy zorra sigue jugando de miedo.

(Por segunda vez, Bonnibel corre y una chica logra quitarle un pase. Entonces ella le da alcance enseguida, recuperándolo. Unas chicas del equipo contrario tratan de hacerle frente, pero Bonnibel las burla con facilidad.)

PHOEBE: ¿Lo estoy imaginando, o Bonnie de repente se ha vuelto aún mejor?

(Marca el segundo tanto.)

(Para la tercera vez, todo el equipo rival se une para tratar de detener a Bonnibel, pero ella sólo las esquiva sin esfuerzo y se aproxima a la meta contraria de nueva cuenta. En una ocasión se enfrenta a una oponente y la chica cae cuando Bonnibel le da un empujón con los hombros.)

LANA: ¡Woah, pero qué mierda…!

RUBY: Oigan, yo no recuerdo que Bonnibel tuviera tanta fuerza.

TODAS: ¡Nosotras tampoco!

(Toda la práctica es igual. Algunas de sus compañeras empiezan a señalarla. Al final todas se reúnen y hablan con Bonnibel. Parecen estar felicitándola. Se marchan a los vestidores y en lo que esperan, sus amigas se ponen a hablar.)

LANA: Díganme que no soy la única a la que esto se le hace de lo más extraño.

PHOEBE: Por supuesto que no, aunque no veo por qué deberíamos protestar. Es obvio que Bonnie ya está totalmente recuperada.

RUBY: Allá viene.

(La cámara voltea. Bonnie corre hacia ellas, con su maleta deportiva echada al hombro y sosteniendo su palo de lacrosse. Está sonriendo.)

BONNIBEL: ¿Nos vamos?

LANA: (la observa de pies a cabeza) Te ves… radiante.

BONNIBEL: ¡Me siento radiante! Extrañaba esto.

RUBY: ¿Es que no has sudado ni una gota?

BONNIBEL: (alza una ceja) ¿De qué hablas? Esto fue de lo más tranquilo.

LANA: ¿De lo más tranquilo? Bonnibel, acabas de darles una paliza a tus compañeras. Creo que la mitad del equipo va a renunciar porque bien podrías haber jugado tú sola.

BONNIBEL: ¿Y qué, no es así siempre? (se ríe) Mejor ya vámonos, muero de hambre.

(Todas asienten y se levantan. La cámara se apaga.)

(…)

(Ruby Lam. De vuelta en el estudio de grabación. Se frota los ojos.)

RUBY: "Nosotras no podíamos estar siempre detrás de ella, pero era obvio que sus compañeras del equipo también notaban algo raro. Sin importar con cuánta fuerza quisieran detenerla, ella les pasaba encima. Ni siquiera tomaba agua. Una de las chicas jura que en un partido de práctica, Bonnibel hizo un salto de dos metros para atrapar una bola demasiado alta."


Es el viernes por la noche y estoy hecha un ovillo en mi cama. Me cubro de pies a cabeza con la sábana, como si esperara que eso pudiera protegerme de la presencia en mi habitación. Ha pasado casi una semana, y ya hasta siento que me acostumbré, lo cual no quita que siga aterrada. Sencillamente, es como si me estuviera haciendo la idea a vivir por siempre con miedo, porque sé que ella no irá a ninguna parte.

"Esto no tiene que ser así, Bonnie. Ya te lo he dicho."

La ignoro y sigo con los ojos cerrados.

Creo que ha pasado una hora. Tal vez menos. Y a pesar de que ella no me está molestando, ni se mete en mi mente, estoy temblando, a la espera de que me tome por sorpresa y vuelva a usarme para uno de sus juegos.

Como si la hubiese llamado con mi mente, siento un ligero peso a mi lado. Puedo sentirlo a través de las sábanas; es una sensación fría y me imagino que hay un cadáver a mi lado. Eso sería menos escalofriante, en realidad.

"Eres tan tímida. Pero creo que ya pasamos ese punto, ¿no?"

Entonces me empieza a quitar lentamente la sábana hasta que veo su cara sonriente mirándome. Está acostada, mirándome mientras apoya su cabeza en una mano. Tiene un aspecto de falsa inocencia y me sonríe de manera picaresca, mientras me pasa una de sus manos heladas por la cara y tiemblo.

— ¿Sabes? Estoy comenzando a impacientarme, y eso no es bueno, Bonnibel. —me dice en tono cariñoso, como si reprendiese a un niño pequeño. —No querrás verme enojada.

— ¿Qué quieres de mí? —le pregunto con la voz quebrada.

—Ya te lo he dicho. Quiero entrar en ti. Que te entregues a mí… —se recuesta a mi lado, mirándome a los ojos. Sus ojos son negros, pero aún conservan ese fulgor que veo en las noches más oscuras. —Te gustará. Sé que hay cosas que quieres y yo puedo darte.

—No quiero nada de ti. —digo en un susurro.

—Eso no es verdad. —me dice con una risita. No parece enojada… todavía. —Te he observado y puedo decir lo que quieres.

Frunzo el ceño.

—No tengo que leer tu mente. He visto cómo miras a tu padre. Le tienes miedo, y también lo odias.

Me quedo helada.

—Es un hombre muy estricto.

—Oh, ¿es eso? —se ríe como si le hubiese contado una broma y me acaricia el cabello. Yo no puedo evitar encogerme ante el tacto. Siento que me hará daño de un momento a otro. Pienso en lo que me dijo y me permito pensar en algo que había tratado de bloquear por cinco largos años. Un recuerdo amargo que quise esconder bajo una fachada de calma y perfección.

—Neddy. —sollozo antes de que pueda detenerme. Ella alza una ceja pero no deja de jugar con mi cabello.

Pasó hace mucho tiempo. Durante años, traté de convencerme de que en realidad no había visto nada, o que mis ojos malinterpretaron las cosas. Después de todo, yo era una niña y había muchas cosas que aún no podía comprender. Tal vez mi mente había deformado los recuerdos.

Las tristes sonrisas de Neddy, y las tiernas caricias que me daba en el cabello tratando de tranquilizarme –la manera en que ella me acariciaba ahora, era una escalofriante parodia de ello –me hacían evocar esas veces que en la niñez escuchaba sollozar a mi hermano mayor después de que mi padre lo reprendiera en privado. Al principio me preguntaba qué cosa tan mala pudo haber hecho mi cándido hermano para merecer tal severidad por parte de él. Mi hermano, el callado y tímido chico que no hablaba a menos que fuese necesario, que estaba obsesionado con los dragones y al que siempre le terminaba limpiando las heridas provocadas por algún abusón escolar.

Siempre lo recordaba como un chico retraído y dulce… pero lo que traté de ocultar en el rincón más inalcanzable de mi mente, era la mirada de sufrimiento que siempre tenía cuando regresaba de alguno de sus fines de semana con papá. Mi padre siempre fue un hombre aficionado a la caza, y se llevaba a Neddy cada que podía. Regresaban un par de días después, mi padre con su usual expresión adusta en el rostro, y Neddy luciendo más miserable que antes. Siempre me pregunté por qué iban de cacería, si mi hermano era incapaz de ver sangre sin querer vomitar, pero le quité importancia. Papá siempre fue especialmente estricto con él y me alegraba no estar en su lugar.

Fue un par de años después, cuando me levanté al baño a medianoche y me quedé parada en el umbral de la puerta, con la tenue luz iluminando alrededor de mi silueta, que vi a papá salir de la habitación de Neddy. Lo hizo muy despacio y cerró la puerta sin hacer nada de ruido, y cuando volteó me vio de una manera que nunca supe descifrar, con los ojos muy abiertos, como si le sorprendiera verme ahí. Dio un respingo y yo lo miré con curiosidad. Se quedó estático por dos segundos, hasta que caminó de vuelta a la habitación donde estaba mamá. Yo ya estaba por regresar a la mía, pero me detuve a medio camino y entorné los ojos, pensando. Finalmente, fui a la puerta de Neddy y en vez de tocar, hablé muy quedito.

— ¿Neddy? Neddy, soy yo, Bonnie.

Estuve ahí parada por unos segundos, y pensé que no me había escuchado, o que estaba dormido, pero la puerta se abrió unos centímetros y lo distinguí, escudriñando en la oscuridad.

— ¿Bonnie? —preguntó en un susurro, con la voz quebrada. Eso me preocupó.

— ¿Estás llorando?

—No, estoy bien. —me respondió, pero le temblaba la voz.

—Oh. —algo no estaba bien, pero no iba a presionarlo. —Si tú lo dices… me iré, entonces.

Estaba por irme, pero me volvió a hablar.

— ¿Bonnie?

— ¿Qué pasa, Neddy?

— ¿Puedes quedarte conmigo? —me preguntó e incluso en la oscuridad pude vislumbrar sus lágrimas.

Me rasqué la nuca, dubitativa. Recordé una ocasión en que tuve una pesadilla cuando era más pequeña, y fui a dormir con Neddy. Por la mañana, papá nos vio y se puso furioso. Fue uno de los momentos más atemorizantes de mi niñez, y ahora que lo pienso, Neddy se llevó la peor parte, pero en ese momento yo sólo me preocupé por mí misma.

—No creo que sea buena idea. —dije muy despacio. Neddy bajó la cabeza y se limpió la nariz.

—Sí… tienes razón, lo siento. Tampoco quiero que tengas problemas.

—Descansa, Neddy.

—Sí… tú también, Bonnie. Te quiero.

El tiempo pasó y con ello, la venda que me cubría los ojos fue cayendo, permitiéndome ver la realidad de la situación. Comencé negándolo, pero al ver a Neddy confirmaba lo peor. Parecía un anciano cansado de la vida, aunque en realidad no fuese más que un chiquillo que apenas la iniciaba. A veces sentía ganas de salvarlo de esa situación, pero entonces veía a mi padre y me congelaba en mi sitio. La manera en que me miraba… pensé que era la más escalofriante en el mundo, hasta que llegó ella. Él sabía que yo entendía lo que pasaba. Y yo sólo me limitaba a abrazar a mi hermano cuando veía que estaba a punto de quebrarse. Quería ayudarlo, pero temía lo que pudiera pasar si alguien se enteraba de lo que papá le hacía. Neddy se daba cuenta de esto y trataba de aligerar la situación diciendo que temerle a papá no era para menos. Me daba un beso en la frente, como si la que necesitara consuelo fuera yo, y me decía que todo estaría bien. Que mientras no me metiera en problemas, sería así.

Neddy tenía quince años cuando se disparó a sí mismo con una de las armas con las que papá iba a cazar. Después de su muerte, se volvió una especie de regla implícita que no hablaríamos del tema y papá decidió que nos mudáramos de ciudad pasado un tiempo. Yo tenía doce años y me esforcé por dejar todo atrás. Al final tuve éxito y terminé siendo la chica que trataba de ocultar su culpa bajo un disfraz bastante convincente de perfección.

—Estás muy pensativa, Bonnibel. —me dice el súcubo con una de sus sonrisas burlonas y doy un respingo al regresar a la realidad. —Espero que estés pensando en lo que vas a pedir, aunque creo saber qué será. E incluso si no pides nada, te tomaré.

Se inclina sobre mí, como si quisiera darme un beso en la mejilla, pero me pasa su lengua bífida muy cerca de la oreja y me estremezco.

—Creo que no me había gustado tanto alguien en siglos, Bonnie. Te conviene estar de mi parte. —me murmura con esa voz que me recuerda a una serpiente arrastrándose.

No vuelve a decirme nada más durante el resto de la noche, pero me observa con fascinación y no deja de acariciarme. Está jugando conmigo justo antes de devorarme.


—Quisiera saber cómo es que te enfermas tanto.

Es domingo. Acabamos de regresar de la iglesia, luego de que comenzara a sentirme mal de nuevo tan sólo al entrar en el edificio, así que nos retiramos bajo la mirada curiosa de los feligreses y escuchando el murmullo que se regaba como si el zumbido de un panal de avispas se tratase. Alzo la mirada, la cual tenía fija en el plato mientras removía mi comida, sin apetito. Papá me está mirando, expectante mientras mamá, como siempre, finge no escuchar nada. Él sostiene el vaso de jugo que tiene en la mano con tanta fuerza que no me sorprendería si lo rompe en ese instante. Está furioso por lo que pasó y cree que lo hice a propósito.

—Debe ser el estrés. He tenido varios exámenes.

No me dice nada y sólo entorna la mirada.

—Con todo el jaleo de la semana pasada olvidé decirte, pero te compré otro metrónomo. Espero que sea el último.

Aprieto el tenedor con fuerza, tratando de calmarme. Puedo escuchar la risa femenina en algún lugar de la casa.

—Sí, lo será. Gracias, papá.

Observo el metrónomo que está encima del piano y suelto un sonoro suspiro de frustración. Después de todo lo que ha pasado, no tengo ánimos ni energía para tocar, pero sé que papá se enojará si no lo hago. Resignada, me siento y comienzo a calentar; la cámara está encendida otra vez. Justo cuando comienzo a tocar algo de Rachmaninov, la escucho en mi mente otra vez.

"¿Necesito romper ese metrónomo también?"

La ignoro y continúo. Pero la curiosidad me gana.

"¿De verdad sabes lo que quiero?"

"Lo confirmé esta mañana."

Sigo tocando y a pesar de haber comenzado sin ánimos, estoy haciendo una ejecución ejemplar.

"¿Y si acepto, me harás daño?"

"No, a menos que tú así lo quieras. Pero intuyo que no te desagrada tanto el dolor como tú aseguras."

Ha estado muy risueña. Ella misma percibe su victoria y se me hace un nudo en la garganta al recordar lo que me dijo: ella ganará, y es elección mía qué tan mal la voy a pasar. Soy un hervidero de emociones desde el día anterior, en que todos esos recuerdos incómodos y la aversión a mi padre salieron al fin, después de tanto estar escondidos en contra de su voluntad. Ahora estoy tocando a destiempo y no me importa.

— ¡BONNIBEL!

Lo escucho gritar desde el estudio y no me importa. Sigo tocando mal, y por más que me esfuerzo no logro hacerlo bien. Las manos me tiemblan.

"Está bien."

"Oh…" su voz tiene una nota de satisfacción. "Muy bien, Bonnibel. Mi corazón se rompía al pensar que tal vez declinarías."

Alzo una ceja ante el comentario.

"Ni siquiera tienes corazón."

"No, y por tanto es bueno que al fin hayas cedido. Te repito: no quieres enfadarme."

Dejo de tocar abruptamente. Soy un desastre en este momento, de todos modos. Cuando voy a levantarme, papá entra y me lanza una mirada gélida. Vuelvo a suspirar, esta vez con cansancio.

—Todavía no estoy en condiciones de tocar, papá.

Él no me dice nada. Solo me mira con gesto impasible, frunce el ceño y se retira. Lo escucho caminar por la casa, apagando las luces. Es hora de dormir.

"Ya no tendrás que preocuparte por él."

Se me eriza la piel y me froto los brazos. Me levanto para apagar la cámara, me cepillo los dientes y me pongo el pijama, metiéndome entre las sábanas pero sabiendo que esta noche tampoco dormiré y de seguro me volveré a enfermar en la escuela.

"Me haces sentir mal, Bonnibel. Por supuesto que dormirás. No quiero que pienses que me gusta privarte del sueño, aunque te ves atractiva incluso con ojeras."

Me doy la vuelta en la cama y la veo frente a mí; distingo su silueta aún en la oscuridad. Se ve radiante. Sin previo aviso, se coloca encima de mí, aferrándome con fuerza y mi primer reflejo es resistirme, pero sé que de poco servirá y sólo lograré hacerme daño, así que respiro hondo.

—Esta vez estás despierta. Me siento emocionada. —me dice de manera juguetona y me muerde el cuello, mientras yo me retuerzo. Está muy impaciente, puedo notarlo en la manera tan ávida en que me toca.

Me hunde los dientes en la base del cuello y esta vez se siente mucho más real que antes. Mientras me muerde, toma mis piernas y aprieta la carne, y aunque esté en su forma humana siento como si fuesen las garras que le vi la primera vez. Siente que me he tensado así que se separa y me mira. Por alguna razón, puedo verla perfectamente en la oscuridad, y no sólo distinguir su silueta.

Me besa.

Es un beso doloroso, pero curiosamente placentero. Me mordisquea el labio y siento que sus dientes me lastiman, pero no es del todo desagradable. Invade mi boca con su lengua, que se siente extraña y fría; es como lamer un cubo de hielo que se mueve.

"Nunca he podido comprender bien por qué a los humanos les gusta besar."

Pero continúa haciéndolo hasta que recuerdo que tengo que respirar. Vaya.

"¿Vaya? ¿Significa eso que te ha gustado más que el beso que le diste a tu amiguita?"

Es mucho más intenso. No se puede comparar, siquiera.

Continúa besándome mientras sus manos me tocan y es como si estuviese jugando de nuevo, pero ahora juega a encontrar todas mis zonas sensibles y estimularlas hasta que estoy respirando de manera agitada. Se me hace difícil de creer que una criatura que disfrutaba mi dolor noches antes, ahora esté empecinada en hacerme perder el control, porque eso es lo que está haciendo y lo logra. Para cuando baja a mis senos yo ya estoy abrazada a ella y trato de reprimir mis gemidos. Lo último que necesito es que alguno de mis padres venga. Ella está chupándome los pezones con tosquedad, alternando con lengüetazos y estoy segura de que ya estoy mojada.

"¿Sabes, Bonnibel? Te vi, por ahí, riendo mientras tus amigas temblaban de miedo al pensar en mí, y tú sólo me tentabas con tu indiferencia."

Me toma con fuerza de las caderas y me atrae hacia sí misma, hasta que estamos completamente juntas y suelto un gritito al sentir el frío que emana.

"¿No te dijeron que también las visité en sus sueños? Fue tan divertido."

Abrí los ojos como platos. Ellas también…

"Al principio, al menos. No dejaban de llorar y eso terminó por aburrirme. Pero tú, Bonnie, con tu afán de resistirte…"

Me acarició la cara y me miró con orgullo. Uno de sus dedos está jugando en mi entrada y a pesar de la distracción estoy muy atenta a lo que me dice. Comienzo a mover la pelvis en dirección a ella, rogando que no note que en realidad estoy disfrutando.

"Tú eres perfecta para mí. Hay más oscuridad dentro de ti de lo que tú quieres admitir. Y yo haré que te adentres en ella, sin perderte."

Está moviendo sus dedos en círculo, evitando las zonas que quiero que toque y sé que lo hace a propósito. En un rápido movimiento, me pone boca abajo y siento su peso encima. Su lengua pasa por la parte posterior de mi cuello.

"Levántate."

Yo trato de incorporarme, pero ella me vuelve a empujar hacia la cama.

"No, así no. Ponte en cuatro."

"¿Qué?" Me sonrojo tan solo al pensarlo, pero el demonio, impaciente, me toma de la cadera y me posiciona de la manera que me ordenó. Yo me trato de resistir y creo que esto la divierte, porque me toma con brusquedad del cuello y me levanta, hablándome al oído.

—No te lo estaba pidiendo, Bonnie, era más bien una orden. —su voz suena divertida, pero sé que habla muy en serio.

Con la cara encendida, me vuelvo a apoyar sobre mis brazos y una vez más estoy en la posición que me ordenó. Ella acaricia mi trasero y lo rasguña, haciendo que me contraiga ligeramente.

"Creo que ya deberías tenerme más confianza, Bonnie. Después de todo, ya nos conocemos."

Pero es obvio que le encantan mis reacciones, pues escucho su risita cuando me toca sin restricción alguna. Me pellizca los pezones, se frota contra mí, me tira del cabello y yo no quiero decirlo en voz alta, pero comienza a gustarme y ella lo sabe bien. De repente me da un azote y agradezco tener una almohada para ahogar el grito que suelto, ya que no me lo esperaba. Me da otro y otro, y mi piel ya debe estar enrojecida por tanto castigo, pero reprimo más gritos, aunque empiezo a respirar profundo. Detrás de mí, el demonio se ríe como si le hubiesen contado un chiste buenísimo. Me suelta un último azote justo antes de meterme los dedos, y ella me sostiene, porque comienzo a temblar de nuevo. Sus dedos entran y salen con fuerza, y duele, como en la noche de Halloween, pero incluso más, porque de acuerdo con ella, no fue un sueño, fue real, pero sólo lo que siento es real, y esto se siente mil veces más real, pero en medio del dolor también hay placer. Mientras usa sus manos en mí, siento que la humedad corre por mis piernas, y es tan inverosímil que estoy así por un ente maligno al que ahora me le he entregado por voluntad propia.

"Me encanta sentirte por dentro, Bonnie. Estás tan húmeda, te contraes y puedo sentirlo."

Yo me muevo a su ritmo, y siento que no podré aguantar más tiempo, porque sus dedos fríos me llenan de manera perfecta y por un segundo me pregunto si sentiría lo mismo con una mujer humana. No se escucha ningún otro sonido más que su ocasional risa, y el sonido que hace su mano al jugar con mi humedad; mis gemidos son inaudibles porque los sofoco entre las sábanas. Cuando dobla sus dedos dentro de mí, me estremezco y ella suelta un murmullo de aprobación. Me da dos segundos para recomponerme y me pasa la lengua por todas aquellas zonas que seguramente quedaron empapadas de mis fluidos.

"Deberías probarte. Así sabrías por qué me gusta tanto sentir tu sabor."

Y dicho esto, me levanta, siento sus senos contra mi espalda y la sensación me enerva. Lleva sus dedos hacia mi cara y yo trato de apartarla, pero ella aferra su mano a mi quijada y la mantiene fija. Me aprieta la cara hasta que abro la boca y mete los dedos en ella, haciendo que los succione. Ni siquiera se conforma con que los lama, sino que quiere que los deje completamente limpios de mi esencia y cuando termino, me libro de su agarre al fin y bajo la cara, pretendiendo sentirme avergonzada, aunque en realidad es para ocultar que en el fondo, esto me ha gustado. De todas formas no es como si la pudiese engañar, porque me acaricia el cabello y me murmura "buena chica" al oído. Me vuelve a posicionar como antes y ahora es su lengua la que ocupa el lugar en el que estaban sus dedos minutos antes. Doy un respingo al sentir cómo se adentra en mí y se mueve, con tanta libertad que se siente como si fuese su mano, aunque es más larga de lo que parece y su aspereza me encanta.

"Si dejaras de pensar en lo extraño de todo esto, podrías concentrarte en disfrutar mucho más, Bonnie. Adelante, admítelo: te gusta."

Tomo aire. No tiene caso seguir luchando contra ello, después de todo he aceptado ya sus términos.

"Me gusta."

Y no lo pienso solo por pensar, sino que de verdad lo creo y lo siento. Algo cambia y ahora el demonio parece tener problemas para contenerse, pues los movimientos de su lengua son más erráticos y esto me hace agarrarme con fuerza al respaldo de la cama. Ahora ya ni siquiera siento pudor, al contrario, quiero que me siga tocando y de seguro percibe esto, porque me vuelve a recorrer con las manos, tirando de la delicada piel de mis senos, pero ya no es doloroso, sino que me gusta. Es como si con tan solo admitir que lo disfrutaba, mi cuerpo cambiara la percepción de las sensaciones que experimentaba.

Pero hay algo que me está torturando, y es el hecho de que aún no alcanzo el orgasmo. Me pregunto por qué será esto, si estoy más que dispuesta a recibirlo de buena gana, al contrario de la última vez, en que me resistía con todo mi ser. Ahora, ella ha ganado pero es como si no quisiera reclamar su victoria.

"Creo que te haré esperar un poco más."

"¿Hablas en serio?"

"Oh, sí, muy en serio, Bonnie. Considéralo un castigo por haber sido tan orgullosa y tontita."

Y me hace esperar por minutos que se me hacen eternos, como si ella pudiese controlar mi sentir. Yo espero, tratando de tener paciencia, pero quiero gritar de frustración. Ya debería haber llegado al orgasmo. Ella retira su lengua de mi interior y suelto un quejido. Muerde uno de mis glúteos con tanta fuerza que las lágrimas me saltan a los ojos y estoy segura de que me ha hecho una marca, pero es extraño, me agrada. Como dije: haber admitido que esto me gustaba ha cambiado por completo las sensaciones. Era como estar en penumbra total y dejarse envolver por esta, en vez de sentir miedo. Cambiar una sensación por otra, es lo mejor que he hecho.

"¿Qué te pasa, Bonnie, quieres terminar?"

No le respondo y solo murmuro algo en voz baja, pero me suelta un azote.

"Habla en voz alta."

—S-sí. —contesto al fin tratando de controlar el temblor en mi voz. —Quiero acabar.

"¿Es eso? Pídemelo. Te he dicho que te daré lo que me pidas."

Trago saliva.

— ¿Puedo tener un orgasmo, por favor?

Es como si todo el tiempo hubiese estado esperando eso, y creo que en realidad así era, porque me vuelve a tomar y ahora se posiciona entre mis piernas, haciendo contacto entre nuestros sexos y me sonrojo al recordar que muchas veces me toqué imaginando el día en que por fin perdiese el miedo y me atreviera a hacer esto con alguien. Es gracioso, porque en realidad no lo estoy con alguien, sino más bien con algo. Comienza a moverse de manera frenética; ya no hace falta construir más deseo y excitación, porque yo ya estoy lista para sentir ese choque eléctrico con el que ya tan familiarizada estaba, y sentirla contra mí, esa piel tan suave que no era humana, sino algo sobrenatural, hace que se me nuble todo cuando, por fin, ella permite a mi cuerpo alcanzar la liberación por la cual rogaba. Es lo más intenso que he sentido en la vida, y la cabeza comienza a darme vueltas, como si me acabase de bajar de un tiovivo, pero con los sentidos tan exaltados que pensé que el corazón se me saldría del pecho. Ella no se detiene, sino que sigue, y sigue, emitiendo unos gruñidos que me recuerdan a la extraña criatura que se mostró ante mí en Halloween, pero ya no siento miedo, sino que quiero seguir escuchándola, y no solo ahora, sino cuando al fin alcance el clímax también. Tarda mucho y yo sólo me siento en la más profunda dicha, porque ya ni siquiera me entero de lo que pasa, sino que me concentro en ella, en el ente que me está tomando en este momento y que disfruta usar mi cuerpo. En algún momento me pregunto por qué preferí quedarme en vela días enteros, y enfermar de manera repentina, sollozando cada que ella se aparecía frente a mí, cuando pude haber abrazado esto desde un principio. Con un último gruñido, sé que ha llegado al orgasmo, porque yo también lo siento y es tan intenso como el primero… puede que incluso más. Sé que ella está haciendo algo para prolongarlo, y cuando se pasa, en vez del usual estado de relajación que se siente después de esto, me encuentro en un estado puro de euforia.

Me rio. Comienza como una risita sutil, como esas que ella suelta cuando está de buen humor, pero escala hasta convertirse en una risa que tengo que ahogar con mi mano, porque es como si acabara de escuchar el mejor chiste del mundo. Nuevas lágrimas me anegan los ojos, pero esta vez son por la risa, y mi abdomen comienza a doler, así que me pongo una mano sobre él y ruedo hacia un lado, bajo la mirada atenta y divertida del ente que me observa con la mirada fija, con una sonrisa satisfecha adornando sus perfectas e irónicamente divinas facciones.

Cuando la risa al fin remite, me invade la confusión. Me acomodo el cabello, o al menos eso trato, porque está hecho un desastre. En algún momento de mi ataque de risa me lo he revuelto. La miro, en busca de respuestas.

"Es tan fácil reírse ahora que has aceptado caer en el abismo, ¿verdad, Bonnie?"

Caer en el abismo. Eso es lo que hecho, pero en vez de gritar y sentir terror por el inminente fin, he elegido sentirme más viva que nunca, sintiendo cómo mi cuerpo cae libremente, y el violento latido de mi corazón que incluso es palpable en mis oídos.

Y no estoy cayendo sola, me he llevado a dos personas más conmigo. Pero de eso hablaremos después. Ahora solo puedo pensar en la mirada de aprobación que recibo de ella, justo antes de que se siente sobre mi cara.

"Aún tienes cosas por aprender, y en mil años no había estado tan ansiosa de instruir a alguien."