Tras quitarme cualquier residuo de los productos de baño, salí de la ducha lo más rápido que pude para tomar mi teléfono y marcar el número del hospital como mis dedos me lo permitieron. Luego de comprobar el número y presionar la opción de llamado, esta daba inicio con unos pitidos mas que nadie contestaba.

Intenté otras tres veces, pero no hubo respuesta. Me tiré con mala gana a la cama en un suspiro pesado y lleno de desesperación, me dediqué a mirar las paredes del hotel y tal vez no eran las vacaciones que me esperaba, pero tampoco debería rechazar la pequeña oportunidad durante todo el mes que pasaría aquí con Kagura.

Supongo que de todo un mes deberían darle al menos una semana libre. Me preocupo por sus vacaciones pero no de las mías, que consciente de mi parte.

Si son vacaciones, entonces debe quedar a un lado el trabajo en su totalidad, es decir, si me voy a relajar debo de dejar de marcar el número del hospital, no debo pensar en los pacientes que dejé allí, olvidarme de Japón aunque sea por unos momentos.

—Sesshomaru —llamó Kagura entrando a la habitación—, ¿podemos hablar unos momentos?

Suspiré con pesadez y cerré mi teléfono. Alcé la parte superior de mi cuerpo para quedar frente a Kagura, mascullé con la lengua y la miré despectivo.

—Adelante. —Hice un espacio para ella a mi lado, se sentó a mi izquierda y yo apoyé mi cabeza sobre su hombro—. A ver, que tiene que contarme la Señorita Onigumo.

—Vamos, no te comportes como un niño —dijo acariciándome la cabeza con sutileza. Un gesto que siempre me ha causado ternura de ella, para ser sinceros es como un relajante, todo mi -injustificable- enojo se había esfumado—. Eres bastante mayorcito para tomar algunas decisiones.

—Lo dices cuando me has, básicamente, raptado hasta aquí.

—Nunca te opusiste —dijo con, me imagino, una sonrisa en labios, yo le di un leve codazo juguetón por boba. Ella me acarició la mejilla derecha con su mano libre, la otra ya la había entrelazado con la mía—. Sesshomaru, sabes que me gustaría pasar más tiempo contigo y que eso no siempre es posible por nuestros trabajos. Quise aprovechar este mes de trabajo aquí para traerte y que te distraigas unos momentos al menos.

—Continúa.

—Mira, Sessh —cambió su tono de voz a uno más relajado—. ¿Porqué no vamos por unas margaritas?

Asentí y me puse algo informal para ir hasta el bar. Una vez allí, pedimos nuestras bebidas y no tardaron mucho en llegar. Una copa con el cóctel hecho con tequila, jugo de limón y Triple seco, con los bordes llenos de sal y unas rodajas de limón para adornar el hielo triturado en su punto.

Algo que llamó bastante mi atención fueron las pequeñas margaritas que tenía la bandeja para hacer más bonita la presentación, eran flores unas de color blanco apagado y algo marchitas. Era muy contrarias a las que Rin una vez me había mostrado en el hospital.

Había trabajado hasta muy tarde haciendo unos reportes, no podía irme a casa hasta reportar la muerte de Shippo, uno de los pacientes del cual yo no era su médico a cargo, pero murió en mi consultorio.

El pobre chico había intentado rescatar a su padre de ahogarse, pero no lo logró y quedó con un trauma el cual le hacía pensar que su padre estaba vivo. Sus alucinaciones le hacían creer que él debía buscar a su padre a la escuela, pero desaparecían y él entraba en la realidad de golpe, realidad donde su padre había muerto por su culpa.

En esa consulta, sus delirios hicieron su aparición. Lágrimas empezaron a descender y se sostuvo el pelo con rabia, convulsiones aparecieron y repitió que era su culpa hasta que quedó en un estado de shock, la enfermera y yo tratamos de reanimarlo.

Fallamos. Shippo siempre buscaba de manera desesperada a su padre cuando sus alucinaciones aparecían. Ahora, desgraciadamente, están juntos.

Tomé un largo trago de mi bebida para tratar de olvidar aquello, pero me fue imposible.

Al día siguiente de la tragedia, Rin se acercó a mí, porque estaba llorando, para consolarme en silencio. No sabía si ella entendía el significado de la muerte, pero no podía clavar más agujas en el muñeco vudú.

Sin saber que más hacer, Rin me tomó de la muñeca y me llevó hasta el jardín, la parte trasera de éste para ser más específicos. Allí era un área totalmente desconocida para mí, era precioso, tranquilo y alejado del recinto. Rin me nombró todas las diferentes y coloridas flores allí presentes, me dijo que sus favoritas eran unas blancas de pétalos delgados y alargados de nombre 'Margaritas'. Eran tan blancas y estaban en un bonito estado comparadas con las otras flores allí presentes.

Cuando traté de arrancar una, ella me lo impidió enojada y vociferando que morirían si alguien las tocaba con intensiones de arrancarlas. Rin realmente me sorprendió con esa actitud protectora hacia las flores.

¿Te gustan las flores? —pregunté curioso, ellal asintió entusiasmado.

Papá le compraba muchas flores a mamá —dijo sin borrar la sonrisa de su rostro—, pero aquí hay muchísimas más de las que papá podría llevarle a mamá.

Me acerqué hasta Rin. Creo que ella nunca se sentirá mal de estar aquí, pero no es lo mismo, yo no me siento así. No gusta la idea que ella esté así, como una niña en el cuerpo de una adulta, por mí, por mi culpa. Mi consciencia siempre me carcome. Le di un beso sobre la mejilla derecha, allí donde queda la única marca del accidente, una marca casi invisible pero presente. Ella sonrió con amplitud y me abrazó con fuerzas.

—¿Cierto? —dijo alguien sacándome de mis recuerdos— Las flores hacen bonito juego con la bebida.

—Sí —contesté por inercia—. Son muy bonitas, Rin.

—¿Perdón?. —Instintivamente giré hacia la voz y noté que se traba de Kagura, estaba con una ceja alzada mostrando confusión—. ¿Cómo me has llamado?

—Lo siento, bebé —dije de inmediato para disculparme y coloqué una mano sobre las suyas—. Rin es el nombre de uno de mis pacientes. A ella le gustan mucho las flores, en especial las margaritas.

—Oh... —susurró y una sonrisa se posó en sus labios— ¿Por qué no deberías estar enojado?

No entendía de lo que hablaba, pero la discusión de hacía unos momentos volvió a mi mente. Fruncí el ceño y le di un largo sorbo a mi bebida, no quería recordar aquello.

Casi me ahogo con ella cuando Kagura me recordó que este era el hotel al cual me había traído en nuestras salidas y donde me pidió que saliéramos como pareja. Me había traído por nuestro quinto aniversario. ¿Yo? Simplemente lo había olvidado todo, desde el hotel hasta el gran detalle que fue el inicio de nuestra relación.

Miré la copa, el líquido se había acabado. Iba a pedir otra, pero aquello en el fondo llamó bastante mi atención. Kagura se inclino un poco, me acarició las mejillas y tomó el objeto de la copa.

—Sesshomaru —dijo inclinándose más a mí y con la frente en alto. Me miraba como si fuera la joya más preciosa del mundo, llena de amor y orgullo—. Aquí, en el lugar donde aceptaste ser mi novio, ¿aceptarías también ser mi esposo?

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Hola, ¿todo bien? Espero que sí ^^. Lamento la tardanza, soy una persona horrible, lo se.

¡Hagan sus apuestas~! ¿Qué dirá Rin?¿Se casan o no?

Bueno, hasta la próxima y gracias por apoyar 3