El tiempo se detuvo junto con las palabras de Kagura. Esa era una posición tan comprometedora y aquella era una frase que muchas, y muchos, desearían escuchar que les dedicaran. Los murmullos de los presentes se hicieron notar en pocos instantes, unos comentaban con cierta emoción en la voz, algunos miraban con envidia, y otros simplemente comentaban la situación o nos ignoraban.

¿Qué rayos se supone que haré?

Sólo tengo dos claras opciones: Aceptar y crear ataduras doradas con Kagura, ser sólo suyo y de sus caprichos como lo he sido hasta el sol y las brisas de hoy hasta quien sabe cuando; o denegar su propuesta y continuar con esta relación hasta que los oxidados engranajes que la mantienen en funcionamiento se detengan.

Es tan complicado decidir, por más que lo intento, no puedo. Simplemente no puedo.

Kagura alza las cejas pidiendo una explicación, sus brazos también empiezan a temblar en señal de que su posición es incómoda. En lo físico, claro está. Psicológicamente mi posición es mucho más difícil que la suya, tengo que elegir como pasar el resto de mis días. ¿Aceptar o rechazar? ¿Felicidad o perdición? ¿Cambiar o permanecer? ¿Ceder o doblegar?

Mis labios un tanto resecos se abrieron para formular una posible respuesta y ella sigue mirándome, atento a mis más leves gestos, observando con cuidado. Decidir, no, dar la palabra final para etiquetar nuestra relación no es tan fácil como decir: sí, me voy a casar con ella; ó: no, no me voy a casar con ella. Decidir la libertad o condiciones de un 'nosotros' tan voluble como el nuestro de buenas a primeras no es sencillo. Muchas veces reímos, lloramos, rabiamos, nos abrazamos, discutimos, hicimos el amor para reconciliarnos, rayamos la desesperación y luego retrocedimos para pensar en soluciones.

Mi vida siempre se ha resumido a Kagura. Sus costumbres son muy predecibles para mí, sus acciones no pasan desapercibido, ni siquiera el más mínimo gesto. No conozco otro ritmo cardíaco que no sea el suyo, no reconozco otro contacto que no sea el suyo y no me siento tan pleno como lo hago con su sonrisa. Y es quizás esa costumbre lo que me hace pensar que sería bueno pasar al siguiente nivel con ella, es decir, la confianza y todo lo que hemos forjado es algo en lo que alguien más no puede interceder.

Pero es ahí donde debo pensar mejor, porque no, las cosas no estaban bien entre nosotros. La soledad se ha vuelto parte de esa rutina, ya casi no reconozco sus facciones porque casi no pasamos tiempo juntos por nuestros trabajos. Nos lastimamos mutuamente y si no encontramos una salida a este pequeño charco, es posible que nos ahoguemos en él.

También estaba Rin, el paciente que está ganándose un espacio en mi corazón. Con su simpleza ha logrado calmar mis inquietudes y su inocencia me hace olvidar los problemas que merodean en el mundo de los adultos. Siempre tan radiante, sonriente y optimista, es como un repelente contra la negatividad. ¿Qué tiene que ver Rin con el caso? Rin Noto hace que me olvide de ella por completo, simplemente es como si Kagura desapareciera del mapa. Como si nunca hubiera existido en mi vida.

Mi teléfono vibró y yo volví en mí, aún inerte frente a Kagura. Según el reloj del bar sólo han pasado dos minutos desde que la pregunta había salido de sus labios. Alcé las cejas sorprendido y le mostré mi dedo indice en señal de que atendería la llamada.

—Sí, ¿diga? —contesté mirando hacia otro lado, Kagura enderezo su posición y pidió otro trago.

¡Señor Sesshomaru! —Una pequeña risa se escuchó tras esas palabras y una sonrisa floreció sin darme cuenta. Era Rin.

—¿Cómo has conseguido un móvil? —pregunté intrigado. Aunque claro, eso era lo de menos.

"Chiquilla malcriada, devuélveme mi jodido teléfono" comentó una voz un tanto... familiar y con un tono de enojo. No sé donde le he escuchado, pero sé que lo he hecho.

¿Alguien ahí? —dijo la voz de hacía unos momentos.

—Habla Sesshomaru Taisho —dije, quizás debía ser un poco más explícito—, soy el médico de Rin Noto.

¿Sesshomaru Taisho? —murmuró la voz para sí mismo, sonaba como si mi nombre le resultase familiar.—¡Oh, Cabrón! ¿Eres tú? Soy yo... ¡Adivina!

—¡No lo sé! —dije sin hacer el mínimo esfuerzo, pero un bufido de lo más molesto me hizo recordar a mi compañero de cuarto—. ¿Jaken Daigo?

¡Bing bing bing! —quiso imitar alguna maquina de juegos cuando el participante ha acertado con su estrategia—. ¿Cómo te has atrevido a olvidarme? ¡Dejaste de escribirme! Por ende eliminé tu número.

—¿Cómo has dado conmigo entonces? —pregunté, tonto al fin y al cabo.

Ese niña, Rin, ha marcado un número que tiene tatuado en su antebrazo —comentó cansado—, ¿por qué ella tiene tu número tatuado?

Rin es... especial, cosa que con la primera mirada que le echemos lo sabremos, pero algo que se le suma a sus problemas es: Su sonambulismo, Rin camina dormida, aunque más que caminar, la chica casi vuela cuando corre dormida. Más de siete ocasiones se escapó del hospital en tal estado, por eso decidimos en el hospital hacerle ese tatuaje con mi número personal.

—Digamos que es por algunas situaciones de emergencia.

Escucha, me gustaría seguir hablando contigo, pero me contaron que el médico de la mocosa está en China y tu no pagarás mi tarifa —comentó molesto, antes de que pudiera decir algo más colgó.

En definitiva, algunas cosas jamás cambian. Ahora que lo pienso... no pude hablar bien con Rin, aunque escucharle tan animada me ha relajado por completo. Me ha quitado parte del peso de encima esa llamada, ahora podría llamar a Jaken si quería saber algo de mi pequeña gigante. Porque supongo que él es el nuevo encargado de Rin, pobre de él, aunque en realidad no sé quien la pasará peor de los dos. Jaken con su poca paciencia con los niños o Rin con tal cascarrabias.

Una risa llena de alegría se escapó de mis labios y tras ella me percaté de que una vez más Rin había eliminado a Kagura del mapa. Debía decidir, ¿aceptar o rechazar?

Suspiré con la respuesta en la punta de la lengua. He tomado mi decisión.

Me acerqué a Kagura y deposité un beso en sus labios, sus manos se posaron en mis caderas y mis brazos se colaron sobre sus hombros, ambos nos acercamos al otro y disfrutamos nuestro nada íntimo roce como respuesta. Sus labios se abrían y cerraban sobre los míos con mucha delicadeza, como si fueran un pequeño malvavisco el cual ella no quería terminar tan rápido. Quienes seguían expectantes a mi respuesta empezaron a aplaudir y quienes habían vuelto a sus cosas se le unieron tras entender los aplausos, aunque claro, ellos no eran Kagura.

Kagura sabía que he rechazado la propuesta, pero no la rechazo a ella.

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Hola, disculpen que no había publicado, la universidad me está consumiendo poco a poco. ¡Pero aquí estuvo la actualización! Espero que hayan entendido la respuesta de Sesshomaru~. Quise hacer el capítulo desde el punto de vista de Rin, pero creo que ustedes no merecían más intriga con la respuesta de nuestro Sessh. Hasta la próxima y muchísimas gracias por su apoyo 3