Hola chicas y chicos de Fanfiction… he medio vuelto. Digo medio por que esto es simplemente un especial del mes. Los que ya me conocen, sabrán que el año pasado me aventé un one-short bastante largo jajaja. Pues este año es otro jajaja ya saben para no perder la costumbre y medio celebrar que el primero del mes me realizaron nuevamente un EMG para compararlo con el que me hicieron en abril… y los resultados mostraron un gran avance… ya si no mira que han sido casi los 6 meses.

Entonces les dejo con este nueva historia de la cual, aclaro que los personajes que aparecen en esta historia no son míos, pertenecen a Naoko Takeushi.


Devorador de almas

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Capítulo 1

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Me removí adormilada cuando los primeros rayos del sol llegaron a mis ojos, me habría dado la vuelta pero al estar sobre la cornisa de una gran torre, no pude hacer más que abrir los ojos. Me levanté y miré al sol… hacía mucho que perdí la cuenta de cuantos amaneceres hasta ahora he visto en toda mi vida. Después de todo, era una muy larga.

Bajé de la torre para encontrar a los primeros hombres y mujeres del lugar… pero era igual que en todos lados, al menos era igual desde que recordaba, siempre que las personas miraban mi piel grisácea y cabello negro-violeta, no hacían más que correr lejos de mí. Según me gritaron o dijeron antes de que les matara, mi cabello era considerado un anuncio de muerte, por ello es que me temían.

Pero fuera la razón que fuera, los gritos de horror se convirtieron en la mejor melodía que podía escuchar y con los años no pude evitar adorarlos. Después de todo, me proporcionaban diversión durante las comidas.

La velocidad en la que corrían no era nada en comparación a la velocidad con la que me movía, por lo que siempre permanecía quieta mientras decidía a quien comer primero. Esta vez, quise cambiar el menú… había una mujer embarazada a unos cinco o seis metros de mi derecha. A mi izquierda un hombre guapo cargando algunas cajas de fruta y por último y más apetitoso… un par de niños dormidos en la carreta de uno de los comerciantes a mi espalda.

— Decisiones… decisiones. — Repetí golpeteando mis labios con mi dedo índice, sonreí al llegar al lado del hombre a mi izquierda— Quédate quieto amor… pienso jugar un poco contigo antes. — le susurré al oído antes de besar su cuello.

Puse mi mano sobre el hombro de la mujer y le sonreí apareciendo frente a ella. Asustada quiso dar un paso atrás pero los gritos horrorizados desde el otro lado, se lo impidieron. Ella volteó por inercia o simple curiosidad… pero que más daba, le dejaría mirar como el chico estaba convertido en piedra. Eso había causado los gritos.

— No, no linda… — le advertí cuando se dejó caer— Eso podría haber dañado a tu bebe, y yo odio que mi comida se dañe.

Las lágrimas de la mujer comenzaron a salir y lamí su mejilla deleitándome con el sabor salado. Oh sí, era deliciosa… no podía espera y no lo hice. Puse mis brazos sobre sus hombros, casi abrazándola. Acaricié su espalda y entonces le besé… todo su cuerpo comenzó a congelarse poco a poco hasta terminar quebrándose debido a mi fuerte abrazo.

Levanté la mano viendo en mi palma dos perlas rojas, una más grande que la otra. Las metí a mi boca y disfruté del sabor cuando se disolvieron en mi paladar…

— Deliciosas… sumamente deliciosas. — hablé deleitándome con el sabor.

Vi como la carreta se había distanciado, aunque no lo suficiente.

Gemí al sentir que algo me atravesó el estómago… bajé la mirada y encontré la punta de un cuchillo. Toqué la herida y una vez mi mano estuvo llena de sangre, la llevé a mi boca. Giré y con la otra mano tomé el cuchillo, sacándolo como si nada. La herida se cerró inmediatamente y miré molesta al hombre que estaba ahora frente a mí.

Blanco como un papel y temblando de tal manera que hacía evidente que él había sido el responsable de que mi ropa estuviera arruinada.

El miedo en su mirada… lo había visto desde el instante en que desperté, siempre…

— Sabes… este vestido no me gustaba mucho. — le dije restándole importancia y acariciando su cara con mi mano ensangrentada— Por eso es que no te comeré… te dejaré vivir… — me di la vuelta dejándolo ahí— Espera… ¿Necesitas los ojos…? No, no los necesitas.

Gritó mientras sonreía al sacarle los ojos… gritó mientras le corté las manos.

— Vamos, tampoco las necesitas para vivir… sé agradecido.

Me levanté y fui hasta la bella estatua de piedra, que antes fue un hombre. Las pocas personas que aún estaban presentes aguantaban hasta la respiración conforme avanzaba.

— Amor, no te vayas a ir. Voy por esos niños y regreso. — le pedí mientras subía mis manos por sus brazos bien formados.

Me fui de ahí esperando no tardar demasiado. Me hervía la sangre por jugar con ese chico, hacía tiempo que no encontraba alguno que me gustara. En los otros lugares en donde estuve solamente encontré chicos escuálidos y para nada apetitosos… encontrar a uno con buenos músculos me excitaba.

Dejé de imaginar cómo pasaría mi tiempo con él, antes de comerlo y miré desde arriba el carruaje. Aun iba a prisa, debía haberle asustado bastante. Me dejo caer justo en el asiento libre del hombre que la conducía.

— ¿A dónde con tanta prisa?

— Ahhh… — gritó asustado y gracias a su estúpida reacción, los caballos se dirigieron hacia los árboles.

Le tome del cuello y lo arroje lejos, giré y entré al carruaje. Una mujer apretaba a ambos niños, que aún estaban dormidos. Entre el llanto me suplicaba, pero el olor de los niños era lo único que me importaba, por lo que para deshacerme de ella tuve que crear una estaca de hielo y arrojarla a su ojo. Tome a los niños cuando los soltó y sin más, me fui de ahí con ellos. Me detuve poco después, lo suficientemente lejos como para que el padre no nos alcanzara, pero sobre todo… para comerme cuanto antes a la mocosa que no dejaba de lloriquear, a diferencia de su hermano que no hacía ningún ruido.

La dejé caer en cuanto toque el suelo. Pero no la dejé correr, dejé al hermano en el suelo y me sorprendió que no huyera o que aún no gritara. Tomé a la mocosa y le puse la mano en la boca, por más que intentó no logró hacer más sonido.

— Vez, me gusta que mi comida haga ruido… pero no demasiado. — le dije agarrándola del cabello.

No detuve sus piernas ni sus manos, me divertía ver como pataleaba y manoteaba. Vi la cara del niño, debía ser más pequeño que ella.

— Como buena hermana mayor, debes enseñarle a tu hermano como debe ser convertirse en comida. Así que mocoso… aprende. Pronto serás tú. — le dije al niño que solo me miró curioso.

Quería ver… lo ansiaba. Ver como esos ojos curiosos se transformarían en miedo. Así que me apresuré, puse mi otra mano en su cuello y lo apreté hasta que el cuerpo de la niña se hizo polvo, dentro del cual había una perla roja.

— Mira, mira… esta es tu hermana— le dije emocionada— Es su corazón, su alma y su sangre… todo en una perla.

Levanté la cara al cielo y abrí la boca dejando caer la perla en mi boca. Era deliciosa, sentirla bajando por mi garganta y por esa sensación fue que llevé ambas manos a mi garganta. Las pegué a mi piel y las deslicé hacia abajo, llegué a mis pechos que apreté al sentir el calor. Gemí bajándolas hasta mi estómago al tiempo que bajé la mirada.

Para mi sorpresa no encontré otra reacción que no fuera curiosidad. Completamente molesta le apreté el cuello, al principio no se resistió y cuando le faltó el aire, solo apretó mi mano con las suyas. Pero sus ojos, no mostraron miedo… sin saber qué hacer, le solté.

— Maldito mocoso, — maldecí poniéndome en pie mientras que él tocía— Me estas arruinando el apetito.

— Ante… — habló entre grandes bocanadas de aire.

Le miré extrañada.

— No soy mocoso… soy Diamante.

— Eso a mí no me importa. — Le tendí la mano no esperando que la tomara— Vamos… te comeré después de darle una probada a ese chico.

Sin dudar siquiera me tomó de la mano. Ese niño era extraño, no me temía y eso me incomodaba. Lo levanté tomándolo de la cintura y tomé rumbo al lugar donde mi nuevo juguete me esperaba, una vez que estuviera más saciada ya vería que hacer con él.

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Llegué al lugar que estaba casi lleno de gente, parecía que se confiaron… tontos. Al verme todos comenzaron a correr. Bajé sobre la estatua, desde la espalda.

— He vuelto amor… espero que no me extrañaras mucho. — le susurré al tiempo que dejaba de ser de piedra.

Sin tocar el suelo giré hasta estar frente a él, me miró asustado. Sí… esa era la mirada que deseaba. Luego miré al niño que cargaba, ¿Por qué rayos el mocoso no me miraba así? Le arrojé a sus brazos y le tomó.

— Él vendrá con nosotros amor… — miró al niño sin entender, pero no lo necesitaba.

Me di la vuelta y me elevé, a los segundos, ambos me siguieron. Los llevaría a mi casa, estaba lejos pero valdría la pena.

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Tardé más de lo que creí, pero no importaba. Por fin había llegado. Las ruinas de un castillo… aquí es donde había despertado. Esto era lo que cualquier otro diría, un hogar.

Al aterrizar, el chico intentó correr con el mocoso en brazos.

— No amor… — le dije petrificando sus pies— Tranquilo… no te haré daño. Lo que quiero hacer contigo, te gustará. — completé lamiendo mis labios al tiempo que le miraba con deseo y mi mano rosaba sus fornidos brazos.

Liberé sus pies y el bajó al mocoso. Caminé lo que alguna vez fue un salón de baile, entre las escaleras que llevaban al segundo piso, había una fuente de agua cristalina. Al llegar a ella, metí la mano y ésta comenzó a soltar vapor.

— Listo… primero hay que bañarnos. — me arranqué los restos de ropa y con mi cuerpo como incentivo su mano soltó al mocoso.

Sin darle la espalda, entré al agua, no tardó mucho en quitarse la ropa y hacerme compañía. Abrí los brazos para recibirle, los suyos me rodearon de la cintura, le solté para apuntar mi mano al mocoso y mantenerlo en su lugar. Quería ver como reaccionaba a esto.

Entrecerré los ojos al sentir su lengua en mi cuello y su polla dura en mi muslo, no podía esperar para tenerla dentro de mí. Sus manos dejaron mi cintura para apretar mis nalgas, me enterró los dedos y me levantó, por lo que abrí las piernas. Su boca dejó mi cuello y bajó hasta mi seno, succionó mi pezón y lo mordió. El dolor me hizo gemir fuertemente de placer y sólo por unos segundos perdí el contacto con los ojos del mocoso.

Sentí mi espalda tocar la pared pero poco me importó. Me sentó en el filo de la fuente, fuera del agua y abrió bruscamente mis piernas para bajar hasta mi coño. Sin previo aviso y de forma brusca metió su lengua. Se sentía tan bien, su lengua me hacía retorcerme y sin sus manos en mis rodillas estaba segura de que cerraría mis piernas. Mis gemidos era todo lo que podía escuchar.

Ahhh… hacía tanto que no estaba con un chico.

Dejó de atormentarme con su lengua para pasar a hacerlo con sus dedos, los cuales me abrían y acariciaban el coño. Su lengua comenzó a atormentar mi clítoris, succionándolo sin contemplación alguna y haciéndome gritar una y otra vez. Soltó mis piernas y se irguió, lo cual me molestó enormemente y en protesta mordí su pecho mientras esperaba a que alineara nuestras caderas. Le encajé las uñas en la espalda para apurarlo y para cuando sentí que la punta de su gruesa polla presionó mi coño, me quedé sin aliento.

Todo lo que podía hacer era mirar al mocoso y aferrarme a los hombros de mi nuevo juguete. El vaivén empezó lento y la sensación de como mi coño se estiraba me llevó al borde, pero quería más.

— Más rápido amor… — le rogué y obedeció.

Gemí una y otra vez mientras que hacía de mi coño un desastre. Me lamió los senos y entre gemidos le ordené succionar más fuerte, lo hizo. Nuestras caderas se sacudían frenéticamente mientras que éramos vistos por el mocoso.

— Me voy a correr. — advirtió y le separé de mí.

— No… aun no amor. Hay que ir a la cama… — él sonrío.

Salimos del agua y le guíe escaleras arriba, donde mi cama nos esperaba. Tras nosotros, el mocoso. Al llegar moví al mocoso un poco lejos de la cama, pero en un lugar donde pudiera verlo.

— Vamos amor. — le invité a sentarse.

Se recostó y me dejé caer sobre él para devorarle con la boca antes de montarle. Le monté salvajemente con las palmas apoyadas en su pecho para mantenerle abajo y de ese modo ver al mocoso que aun cuando no parecía asustado, se veía impresionado por lo que estaba mostrándole.

Estaba cerca del éxtasis cuando se levantó un poco y me agarró fuertemente ambos senos, fue entonces que lo volvía a hacer piedra para poder sentir aún más placer. El cambio de temperatura me extasiaba y la textura también era mejor, completamente duro. Ahhh sí, no podía haberlo convertido en una mejor posición, con sus manos apretando mis senos haciendo que mis pezones erectos rozaran dolorosamente con la roca.

Eché la cabeza atrás cuando ya no pude más y entonces le hice volver para sentir el chorro de semen en mi coño. Se dejó caer en la cama y yo sobre él.

— Eso fue genial.

— Tan bueno que me ha dado hambre. — le dije sentándome nuevamente sobre él.

Sus ojos se abrieron enormemente cuando apreté su cuello. Sonreí al ver que el mocoso estaba abrazando sus rodillas. Sí… lo había logrado. Ese mocoso por fin me temería y podría comerle, pero antes, comería lo que ya tenía servido. Bajé la cara para besar su frente, su nariz y por último su boca. Con cada beso su cuerpo se comenzó a volver agua hasta simplemente evaporarse.

Tomé la perla lentamente queriendo disfrutar de ella. Se derritió completamente en mi boca, el sabor era igual de fascinante que el de su cuerpo. Sin duda hubiera sido mejor quedármelo unos días más, pero que importaba. Me encogí de hombros, me recosté en la cama y giré para ver al mocoso, seguía arrinconado y sin mirarme. Le liberé.

— Ahora estoy saciada… supongo que te comeré mañana. — hablé en voz alta para que también escuchara.

De ese modo me quedé dormida, hacía tiempo que no descansaba en mi cama. Dormir en cornisas, tejados o arboles me resultaba bastante incómodo, tenía que comenzar a dejar de hacerlo.

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Al día siguiente cuando desperté me encontré con el mocoso a mi lado. Me levanté tan rápido como pude, no es que estuviera asustada… simplemente no entendía como era posible que en vez de huir, el mocoso terminara por subir a mi cama y dormir a mi lado. A mi lado, al lado de un monstruo. ¿Qué rayos tenía en la cabeza ese chico?

Me debatí entre matarle instantáneamente o asustarle por su atrevimiento. Pero eso cambio cuando se removió en sueños haciendo que me alejara aún más de él, al terminarse la cama no me quedo más que flotar. Le miré sentarse torpemente mientras se tallaba los ojos antes de abrirlos, entonces miró a su alrededor, encontrándose conmigo.

— Hola… señora. — qué diablos.

— ¿Señora…? — Me desplacé para tomar su mano— Mira mocoso…

— Diamante… — sentí que una vena de la frente se me reventaría.

— No me importa. — le dije soltándole y alejándome.

— Señora, ¿Cómo se llama? — me detuve y giré… entrecerré los ojos y lo vi bajar de la cama para correr hacia mí.

Sus grandes ojos azules me seguían mirando curiosamente.

— ¿Por qué vuela? ¿No puede caminar? — me elevé y cambié de dirección, rápidamente salí por el balcón.

Desde ahí pude verle llegar casi hasta la orilla, hincarse y asomarse al vacío. Me fui hasta el otro balcón y entré, ese mocoso y sus preguntas me habían quitado el apetito. No podía entenderlo, debía estar aterrado. Toqué el suelo y caminé por los pasillos polvorientos hasta los otros cuartos inhabitados, llegué hasta la sala del trono y me senté. Este lugar me daba paz por alguna razón… cerré los ojos y suspiré.

¿Hacía cuanto había despertado en este trono?

— Señora, tengo hambre. — escuché una voz a lo lejos.

Abrí los ojos y todo lo que vi fue el salón vacío, algo tocó mi pierna y la sacudió. Bajé la mirada encontrando esos ojos azules, quité la mano.

— Tengo hambre. — dijo tristemente abrazando su estómago.

— Ah… yo no tengo nada. — le dije.

— Señora… — su estómago protestó.

Me levanté con la clara idea de alejarme de él, pero a donde iba, seguía tras mis pasos y con él, los ruidos que aumentaban. Molesta me giré y lo agarré de la ropa, le llevé hasta el patio y le dejé caer.

— Ten… ahí tienes rosas.

— Huelen bien… pero señora, las flores no se comen. — fruncí el ceño.

— Deja de llamarme señora, tengo nombre y yo como flores. — le grité.

— Yo también tengo nombre. Diamante. — apreté el puente de mi nariz.

— Es muy largo.

Bajó la mirada y movió sus pies un poco— Mi hermana me decía Ante.

— Ahhh… está bien Ante. Yo soy Hotaru, ahora… come flores. — le dije entre suspiros.

— Pero las flores no se comen.

— Si se comen… mira. — agarré una y la metí en mi boca— Saben bien… yo misma las cuido.

Agarró una y la masticó.

— No me gusta… quiero pan.

— ¿Pan? ¿Y de dónde saco yo pan?

— Las manzanas me gustan.

— ¿Las que…? — bajé la mirada y lo encontré señalando a los árboles.

Le miré un momento antes de volver a ver hacia los árboles… gruñí y le tomé para llevarlo hasta ahí.

— Estos manzanos crecen aquí, al igual que aquellos.

— Son guayabas, también son ricas.

— No lo son.

— Son dulces y mamá las mete al horno como un pastel.

— Sólo come.

¿Cómo había terminado así? Sí, debía haberlo comido antes… pero ahora no tenía hambre, mi hambre estaba saciada. No tendría hambre hasta después de varios días, le miré. ¿Qué rayos haría yo con él? Podía llevarlo a uno de los pueblos cercanos y abandonarlo, de seguro alguien lo tomaría a su cuidado. Y cuando tuviera hambre solo tendría que ir a buscarlo.

Sí, esa era una buena idea.

— Hey mocoso.

— Ante…

— Sí, si… Ante, vamos a bañarnos. Después iremos al pueblo por algo de pan.

— Siiiiiiiii. — gritó emocionado antes de correr hasta mis piernas y abrazarles.

Me alejé y al hacerlo de forma brusca, le tiré.

— Lo sien… — me agaché y extendí mi mano para tocar sus cabellos blancos… antes de tocarlo, apreté la mano y la retiré— Levántate… entre más pronto nos bañemos, más pronto comerás.

Después de bañarnos fuimos hasta el pueblo, volando en la mayor parte donde para mi desgracia… no paró de hablar. No fue hasta que le sellé la boca que pude estar más tranquila. Bajamos antes de entrar, donde el bosque cubría mi descenso, hacía mucho que no venía al pueblo. Me cubrí con la capa y tomé el camino que me llevaría hasta la entrada del pueblo.

Quité el sello de sus labios y me arrepentí al instante.

— Ese vestido es muy bonito… mi mamá también tiene vestidos como los suyos... no como el que tenía antes… como este.

Cansada de eso me agaché y le tomé por los hombros— Escucha… tu voz no es muy bonita, así que por lo que más quieras… guarda silencio.

Bajó la mirada y asintió suavemente.

— Perdón… no hablaré tanto, sé que no le gusta que su comida haga tanto ruido.

Le solté en cuanto escuché eso.

— Así es… no me gusta que hagan mucho ruido, sólo el suficiente.

Se tapó la boca y asintió nuevamente.

Acomodé mi capucha y retomé el camino, escuchaba sus pasos un poco tras de mí y cuando llegamos a una calle con algo de gente sentí que tomó mi mano. Bajé la mirada, parecía asustado pero… ¿Por qué? ¿Por qué estarlo ahora y no antes? Cuando llegamos a la panadería soltó mi mano, corrió y se detuvo antes de entrar.

— Hotaru, rápido. — me apuró una y otra vez.

Maldito mocoso. Aun cuando estaba molesta, decidí ignorarlo. Escogí algunos panes y dejé algunas monedas a cambio, cuando la joven me dijo que era demasiado le ignoré. Salimos del lugar y terminé comprando cosas que no conocía para él, según decía… todo eso era comida. Salimos por el mismo camino por el que habíamos entrado y una vez fuera de la vista de todos me elevé para llegar a casa. Y al llegar fue que recordé.

Ante iba corriendo escaleras arriba con la pesada bolsa, cuando me detuve en seco al darme cuenta que no le había abandonado.

— ¿Se siente mal? — me preguntó.

— Estoy cansada. — mentí.

— No ha comido nada… — bajó la mirada hacia la pieza de pan que tenía en sus manos y la partió a la mitad— Tiene que comer… sabe rico. — agregó ofreciéndome un pedazo junto a una gran sonrisa.

— No puedo…

— Pero hay mucho… soy pequeño y no podré comer todo.

— Yo no puedo comerlo, esas cosas me ponen enferma.

Pareció entender y bajó su mano dejando el pan en su regazo, se sacudió las migas de pan de sus mejillas y me miró seriamente.

— Cómame.

Mis ojos se abrieron enormemente. Ante no era tan tonto como pensé al inicio, él estaba realmente consciente de que yo me lo comería. Antes cuando repitió lo que le dije a su hermana y ahora… entonces, ¿Por qué me sonreía? ¿Por qué no huía? ¿Por qué no parecía temerme?

Estiré la mano y toqué su cabello, me gustaba el color blanco. Era único. Su hermana tenía el cabello más oscuro, era feo… sus grandes ojos azules también eran únicos, eran los primeros en verme sin miedo. Le jalé hasta mi pecho, pero no le comí, solamente quise sentir el calor que su cuerpo desprendía. Mi cuerpo era frío y mi piel era de un tono gris… muy diferente a todos ellos.

— Tengo sueño… duerme conmigo. — sentí que se movió en mis brazos pegándose más a mi pecho.

Una nueva idea se formó en mi cabeza. Una bastante loca, pero mientras me quedaba dormida no lo pareció tanto. No quería volver estar sola y si le conservaba conmigo, no lo estaría.

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Hola... espero que el primer capitulo fuera de su agrado. No lo mencione arriba por lo que lo mencionare ahora, quiero agradecer a mi editora, la cual todos deben de saber es Yeni.

También quiero agradecer nuevamente los buenos deseos hacia mi y pedir una disculpa por que soy nueva con eso del lemon y no avise con anticipación. Se que muchas saben que yo dije que jamas podría escribir ese genero... pues hice y puse todo mi esfuerzo y fracase en mi primer intento (según Yeni y Ren) Entonces hice un segundo intento y fue este que leyeron jajaja y pues... ellas lo aprobaron jajaja. Así que si no les gusta, por favor... sean buenas conmigo y malas con ellas. Otra cosa que quiero comentar es el cambio de mi pareja principal, como deben recordar... Usagi y Mamoru eran los principales hasta que llego Haruka y Zafiro a mandarlos al segundo puesto. Esta historia no los tiene por que estoy planeando mi regreso total con dos historias que tengo guardadas desde el año del caldo jajajaja y elegí a Hotaru y Diamante por que esta pareja apareció en Volver a Amar... pero solo hizo eso... aparecer jajaja no hable mucho de ellos y en realidad me encanta, no tanto como Haruka y Zafiro que tienen el numero 1 en mi kokoro.

Ahora eso si es todo. Esperare los tomatazos, lechugazos, zanahorazos y demás legumbres para así poder prepararme una rica ensalada. Me despido no sin antes decirles lo mucho que extrañe escribir y leer sus rw. Les quiero y no les mando comida por que aun no tengo permitido usar la estufa T.T Besos y abrazos para todos.