Rin y yo seguimos conversando acerca de nuestro tiempo sin el otro, era realmente divertido. Pero la diversión no es para siempre. Escuché a lo lejos aquella melodía, pero estaba lo bastante cerca como para ponerme tenso de pronto.
—Oye, Rin —llamé de repente.
—¿Sí?
— Podrías ir por un café con extra cafeína y una Coca-Cola caliente, ¿sí?
Rin asintió y se dirigió con prisas al interior de la cafetería, mientras que mi pie derecho empezaba a moverse nervioso, deseando que esa melodía desapareciera rápido..
Existe una melodía que para todos nos resulta que es familiar, para los adultos significa "peligro", para los niños significa "gloria", ese sonido es también como un hechizo para los débiles. Sin tener letras para acompañarla, decía que el heladero estaba llegando y era la hora de ir a comprar helado.
A Rin le encanta el helado y todo lo que pueda contener grandes cantidades de azúcar, como a cualquier niño, pero no todo niño sufre de hiperactividad. Y aunque mucha gente cree que el azúcar puede causar hiperactividad en los niños, los estudios no apoyan esta creencia. El punto en realidad es el siguiente: A Rin le gustan las cosas dulces y comerlo le hace feliz.
Su felicidad se vuelve una especie de fiesta, aquí es donde entra su hiperactividad. Rin se enfoca en que está feliz y se concentra en ello, sólo en ello. A medida que su fiesta personal avanza, ella juega más, incluso si lo hace sola, e inevitablemente se entusiasma y se cansan más, hasta que se queda dormido en cualquier rincón.
Rin llegó corriendo hasta nuestra mesa muy sonriente, sus cabellos con un color parecido al chocolate se movían tanto como la brisa quería. Se sentó en su lugar apoyando los codos sobre la mesa y apoyando la barbilla entre sus palmas, su sonrisa se ensanchó.
—Señor Sesshomaru... —murmuró, esa sonrisa no se la quitaba nadie. Algo planeaba, mejor dicho, algo quería.
— ¿Sí?
Rin bajó las manos entrelazadas hasta posarlas sobre sus muslos y empezó a batir las pestañas con algo de rapidez. Y el camión de helados estacionó en frente a la cafetería. Rin salió como bala para llegar hasta el camión blanco con diversas imágenes de su mercancía, antes que ella llegara se abrió la ventanilla de servicios, mostrando así al señor con el pelo tupido.
—¡Hola, Rina! —dijo el heladero.
Me acerqué hasta ellos. Rin tenía un bonito puchero y el ceño fruncido, sus manos estaban empuñadas y el señor mayor se reía.
—¡Es R-I-N, RIN! —recriminó sin cambiar su expresión, en cambio, ahora llevaba los brazos cruzados sobre el pecho.
No pude evitar reír ante la escena, pero me daba curiosidad el cómo conocía a mi pequeña. Mientras el hombre preparaba un enorme y nada saludable bote de helado, me contaba que Rin era reconocida por todos lo heladeros que merodeaban y que si le encontraban por el camino, y esta quería algún dulce, ellos debían dárselo. Jaken pagaría esa cuenta: Y así, damas y caballeros, es como El Príncipe había logrado que Rin "estuviera domado".
Muy inteligente, y estúpido a la vez, Jaken Daigo.
Mientras Rin se comía su helado, yo me tomaba un vaso Coca-Cola. Luego vertí el resto de la soda en el vaso de café y me preparé para la exagerada dosis de cafeína que me ayudara a aguantar hasta que la fiesta de Rin se termine. Tomé los primeros tragos y cerré los ojos con fuerza, porque a pesar de tomarlo en ocasiones aún no me acostumbraba al sabor de la mezcla.
Tras unos sorbos más, me dirigí al interior de la cafetería para pagar, pero había una enorme fila y tuve que esperar por mi turno. Quince minutos para pagar, no los culpo porque el sistema se averió, pero al menos debieron atender por separados a quienes pagarían en efectivo y no con el Google Pay.
Al salir, noté que me esperaba una muy larga tarde: RIn tenía el vaso alzado y la lengua afuera, mirando con mucha concentración el interior del vaso y esperando por la última gota del líquido. Se había tomado TODO el contenido, un vaso entero de estimulante.
—¡Rin! —miró rápidamente hacia mí con cara de sorpresa y escondió el vaso vacío tras su espalda—, ¿te tomaste mi bebida?
Ella negó con la cabeza a una velocidad increíble, incluso me asusté un poco, pensando que quizás la cabeza se le desprendería de un momento a otro.
Mi departamento estaba en el camino al hospital, así que nos dirigimos allá primero. Cuando llegamos, encendí el plasma de la sala e irónicamente estaban dando Piratas del Caribe en Disney Channel. Rin se recostó rápidamente boca abajo sobre la alfombra, apoyando su mentón sobre sus brazos cruzados y sus largas piernas se mecían hacia delante y hacia atrás.
Empecé a buscar en el estudio de Kagura todos los periódicos y pinturas. Le enseñé como hacer sombreros estilo pirata y también la espada, luego las pintamos: La fiesta empezó en cuanto se secaron. Rin y yo empezamos a imitar la película, dábamos pasos valientes hacia el otro mostrando la espada de periódico y el contrario retrocedía. También poníamos la voces más roncas, imitamos la músiquita tan característica de la película y hacíamos los efectos de las espadas para crear un mejor ambiente al juego.
—No me atraparás, Capitana Noto —dije mientras correteaba un poco cansado por mi habitación compartida con Kagura, luego de tres horas corriendo, gritando, riendo uno tras el otro ¿quién no lo estaría? Subí hasta la cama para desafiarla con la mirada mientras le apuntaba con la espada ya un poco doblada.
—Ya verá que sí, Capitan Taisho —dijo subiéndose ella también a la cama.
Puse ambas palmas abiertas junto a mis oídos, moviéndolas de arriba hacia abajo mientras le sacaba la lengua, retándole a atraparme como si fuera un niño más. Rin de un impulso me sostuvo del tobillo y me tumbo sobre el colchón. Intenté zafarme golpeándola con las almohadas mientras movía las piernas con desenfreno para que no me agarrara, pero sólo logré enredarme más con las sábanas. Ella se aprovechó para gatear hasta quedar sobre mí.
—Le dije que lo atraparía —susurró muy cerca de mi rostro, chocando su tibio aliento contra mi rostro.
Alzó ambas manos y las puso a mis costados. Tocando con sus delgados dedos cada una de mis costillas con las peores de las intensiones.
—Rin, no... —susurré.
Rin sonrió y empezó con leves caricias, reí bajito con el suave tacto que se transformó en una salvaje guerra de cosquillas. Pataleé y tironeé de ella en contra de su sucia táctica por ganar, yo también le hice cosquillas y terminamos en el suelo junto con todo lo que estaba sobre la cama, riéndonos mientras veíamos las estrellas fosforescentes en el techo, enredados en las sábanas blancas.
Miré a Rin, su pecho subía y bajaba agitado mientras sus ojos luchaban por mantenerse abiertos. El efecto de todo lo que había consumido se estaba esfumando, ella estaba agotada y ya tenía sueño. Estiré mi mano y le acaricié los cabellos por unos momentos para intentar calmarla, sus párpados caían, pero instintivamente se volvían a abrir. Me acomodé más a su lado, apoyando mi cabeza en su hombro izquierdo y susurrándole una canción al oído, estaba cediendo a las caricias que le proporcionaba con el dorso de la mano sobre sus párpados y el puente de la nariz.
Terminé de acomodarle las almohadas en el piso y ella se durmió complacida a su antojo, más enredada aun con las sábanas. Sonreí, su ceño se había fruncido levemente en cuanto encendí el acondicionador de aire de la habitación, ella se cubrió más en cuanto sintió el cambio de temperatura. Me agaché a su lado y deposité un leve beso en la punta de su nariz antes de quitar el desastre que habíamos creado con nuestra animada aventura de piratas.
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Siento la demora, de verdad. No saben cuánto me alegra que les guste la historia, a pesar que tiene un ritmo lento ^^. Bueno, hasta la próxima~
