-¡Oh, hoy y mañana!~ -canté, a todo pulmón, mientras restregaba mis dedos con una innecesaria cantidad de champú en mi cabellera.

Me sentía tan identificado con la canción Growing Pains de aquellos nuevos chicos, DongHae & EunHyuk, que tomé el teléfono e hice de cuenta que era un micrófono. Afortunadamente es a prueba de agua.

Sentía la espuma deslizarse por mi anatomía gracias al agua caliente de la ducha, incluso la mampara estaba completamente empañada debido al vapor. Giré sobre mis talones y me detuve en una pose dramática, la cabeza ladeada y ambas manos expandidas, antes de seguir imitando el baile de los chicos durante el coro.

-Así que duele, pero espero no te estés lastimando tanto como yo -cerré los ojos, intentando seguir con el mismo ritmo respiratorio de siempre, pero sentía que mi pecho se comprimía poco a poco y que mis ojos ardían-. Espero por eso todos los días, incontablemente -limpié la única lágrima que se corrió con mis dedos ya arrugados y seguí cantando con más fuerza-. Espero que no recuerdes tanto como yo, espero que estés mejor que yo... hoy y mañana~.

La canción terminó, al igual que todo rastro de la espuma. Tenía el cuerpo como una pasa gigante, añadiendo el detalle del pelo adherido a la frente y la nuca. Cerré la llave y abrí la mampara para tomar mi toalla. Miré mi reflejo por instinto en el espejo a mi lado, no tenía rostro afligido ni los párpados rojos si quiera.

Quizás algún día ya ni siquiera dolerá, tal vez más pronto que tarde.

Detuve la pista que estaba reproduciéndose antes de abrir la puerta de mi habitación, aunque una canción no es suficiente para despertar a Rin cuando duerme en ese estado. Estaba hecha un nido de aves; sábanas por aquí, una pierna por allá, su alborotado pelo castaño era apenas visible. Incluso estaba roncando y lo hacía muy fuerte. Tomé un juego de cama limpio para tenderla, tras arreglarla y cargar a la pluma que es Rin, sonreí al terminar de acomodarla de una manera más cómoda sobre el gran mueble acolchado.

¿Cómo una persona podía ser tan problemática, desesperante y manipuladora, al mismo tiempo de ser tan encantadora, adorable e inocente? fue lo que más resalto mientras veía a Rin dormir. Antes de darme cuenta ya estaba acariciando sus párpados con la yema de mis dedos, tratando de calmar su incomodidad durante el sueño.

Me recosté una vez más a su lado para contemplarle dormir, para velar por su sueño. Rin empezó a fruncir el ceño y a emitir pequeños ruidos que llamaron mi atención, ruidos que empezaron a convertirse en palabras carentes de sentido.

-Hwa -balbuceó.

Intenté despertarla con suaves movimientos, pero no lo lograba, algunas lágrimitas rodaron por sus rosadas mejillas. Debía estar soñando algo triste: los balbuceos era un constante 'Hwa', quizás haciendo referencia al nombre de alguien, también empezó a temblar levemente y apretó con fuerza las sábanas mientras que gemía bajito con cierta aflicción.

Escucharla así me rompía el corazón.

-Tranquila, Rin -susurré, empecé a acariciarle sus cabellos una vez más.

Seguía igual, pero más tranquila.

Al cabo de unos minutos, yo también quedé rendido a su lado.

Desperté sintiendo frío, quizás diferente a Rin, quien se había quitado toda prenda superior. Me rasqué el muslo derecho y recordé que seguía sin ponerme el pijama, sólo con una toalla, que ésta ahora estaba suelta y cierto amiguito estaba a la intemperie. Me desperecé y me dirigí hasta el biuro para contestar el móvil.

-Hola, bebé -dije con voz suave, la pequeña risa de Kagura hizo presencia y yo sonreí sin que me pudiera ver-. ¿Cómo ha estado tu día de trabajo?

-Hola, amor -contestó de la misma manera-. Para ser sincera, ha sido un asco. Han cometido muchos errores en la edición y bueno... muero por ir a casa.

-¡Ohhh!~ -solté entre un suspiro, había dicho aquellas últimas palabras con un tono melancólico- Espero que no sea con malas intensiones -reproché en un tono pícaro.

-Es probable -contesto de la misma manera-. Hace mucho que no... ya sabes.

-Y hoy tampoco puede ser -reproché antes de que se hiciera cualquier ilusión-. Uno de mis pacientes está aquí y no quisiera sumarle un trauma.

-Entiendo -dijo con su voz comprensiva-. Llegaré un poco tarde, al parecer no dejarán salir a cualquiera de nosotros hasta que todo quede perfecto.

-Umm -respondí antes de soltar un suspiro pesado. Sintiendo un extraño nudo en el estomago.

-No te preocupes, llegaré lo antes posible -comentó tras notar mi actitud-. Escuché las noticias y llegaré antes que ella.

-Eso espero -supliqué con cierta inquietud-, ¿sí?

-Por supuesto. -Tras esas palabras escuché al director gritándole groserías acerca del teléfono en el set y a ella respondiéndole de la misma manera.- Te amo, Sesshomaru.

-Te amo -murmuré.

Ella hizo un sonoro beso a través del teléfono que me hizo reír antes de colgar. Suspiré con pesadez mientras jugaba con el aparato en mi mano y mi vista se fijo en el paisaje nocturno, se podía ver perfectamente la ciudad a través del ventanal al lado derecho de la cama. El cielo tan oscuro y sin estrellas, los árboles golpeándose unos contra otros y los pequeños remolinos de polvo entre ellos debido a la gran ventisca que estaba merodeando.

Encogí mis piernas hasta que mis rodillas quedaron frente a mi pecho y pude descansar sobre ellas mi mentón. Acaricié la piel rebelde, la temperatura había empezado a disminuir y mi sensibilidad aumentar. Empezaba a sentir la necesidad de olvidar la existencia de aquellas nubes que ahora estaban coloreando el cielo de un tono grisáceo, las deslumbrantes luces azules en la lejanía y lo que ellas significaban.

-Aléjate -escuché que Rin susurraba, su voz sonaba algo quebrada.

Alcé la mirada y descubrí que se estaba abrazando asimisma con fuerzas que marcaban la piel de sus brazos, temblando y empezando a balbucear una vez más.

-Ven aquí, mi pequeña -dije mientras alzaba las sábanas que cubrían el cuerpo de mi pequeña adulto y me colé entre ellas.

Sentí su cuerpo semi-desnudo vibrar lentamente contra el mío, su piel está tan fría que no me sorprende que esté temblando. Acaricié sus brazos mientras volvía a cantarle, justo como hacía unos momentos atrás cuando no se quería dormir, y ella dejó de temblar, tranquilizándose un poco. Rin alzó su mano derecha y la dejó descansar sobre mi cuello, yo pasé mi mano izquierda sobre su cadera y empecé acariciar su espalda. Cada segundo que pasaba su cuerpo estaba más relajado.

-Señor Sesshomaru -susurró con su rostro entre la almohada y mi hombro derecho, escondiéndolo bajo el mío.

-sí, soy yo -susurré contra su cuello, cerca de su oído- Estoy aquí por ti.

Rin se aferró más contra mí y nuestros pechos se presionaron, creando así un contacto inestable por la diferencia de nuestras respiraciones , al mismo tiempo se formó un sentimiento tan agradable en mi estomago. En fracción de segundos ya estábamos sincronizados y más tibios que antes. Seguía cantándole levemente al oído a Rin y con un poco de dificultad logré colar mi otra mano para poder acariciarle el cuello y eso la había tranquilizado. Besé su hombro desnudo, sintiendo mis párpados cerrarse solos.

Me sentía tan relajado en los brazos de Rin, que omitía toda precaución a la tormenta que se aproximaba.