ADVERTENCIAS: Fic corto de (4) CAPÍTULOS & (?) EPÍLOGOS / Universo Alterno / OoC (Fuera del personaje es algo inevitable pero intentaré que no exista mucho).
REEDITADO: Amanecer
Por: ChibiFjola.
[*]
[*]
[*]
CAPÍTULO 2
Tempestad de Convicción
[*]
[*]
[*]
Ya ha transcurrido… Una semana desde aquel "incidente". Después de eso Hinamori no ha vuelto a reunirse con Hitsugaya en ninguno de los lugares que usaban como punto de encuentro. Ya recorrió todos y cada uno de ellos por Karakura.
— ¿Uh?
La opaca mirada castaña se centró en el atardecer, justamente el lugar donde ellos siempre suelen reunirse a estas horas para verlos juntos. Se acercó a la barandilla más no la cruzo, tan sólo apoyó sus manos en la baranda mientras que en medio de su letargo admiraba el precioso paisaje…
Que era tan deslumbrante que hería sus ojos.
Tanto que lágrimas comenzaron a brotar de sus lagrimales, haciendo un sendero por sus pálidas mejillas hasta juntarse debajo de su pequeño mentón.
— ¿Por qué… no has vuelto? ¿Es por lo que vi esa noche? —Dijo con la voz quejumbrosa, saliéndole en un hilo de voz al sentir la garganta arderle por el mismo llanto que contenía. Mientras que inconscientemente afianzaba el agarre sobre el barandal sin importarle si sus nudillos se volvían blanco o sus palmas se lastimaban en el proceso. — En realidad no me importa lo que seas, así que apúrate ¡Y regresa conmigo Shirō-chan!
— ¡HINAMORI!
La aludida abrió desmesuradamente los ojos al oír aquella voz, ronca pero aterciopelada. Giró con lentitud, temerosa que todo sea una mala jugada de su propia mente…
— ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me llames así?
Pero Hitsugaya estaba ahí, su preciado amigo de pie y mirándole con inofensivo reproche.
Aún con las lágrimas desbordando sin control, ella consiguió sonreír. — Ni yo m-misma lo sé…
Él le devolvió la sonrisa, mirándola como se limpiaba torpemente las lágrimas con sus manos sin éxito alguno de calmar sus sollozos.
—…Te vez horrible —Espetó súbitamente.
— ¡C-Cállate! —Le rezongó infantilmente, en el fondo avergonzada. No tenía que decírselo, sabía que debajo de sus ojos tiene unas pronunciadas ojeras. — ¿De quién crees que es la culpa?
— Sí ese es el caso… —En un parpadear él estuvo enfrente de ella, secando con cierta ternura una de las traviesas lágrimas que recorría en ese momento su mejilla. — Entonces desearía haber regresado antes. Siento hacerte esperar.
— ¡Eso no importa! —Lo agarró de sus ropas, recargando el peso de su cabeza por debajo del pecho masculino ya que él seguía superándole en estatura. — Sino que vinisteis… —Afianzó más el agarre. — Gracias. Hitsugaya-kun.
.
~ En ese atardecer… fue el instante del tiempo en que decidí decirte la verdad, aún si sabía que iba en contra de las reglas ¿A quién le importaba? Ya había humanos que estaban al tanto de nuestra existencia debido a que poseían una relativa cantidad espiritual que los hacía susceptible a su alrededor. Así que… ¿Qué interesaba si se sumaba otro humano más a la lista? Ya que Hinamori… también fue bendecida con una elevada energía espiritual. ~
.
— ¿Shinigami, dices?
Dijo finalmente Hinamori después de la extensiva explicación del peliblanco. En cuanto a Hitsugaya asintió en modo de repuesta, se veía serio pero en el fondo estaba nervioso… no sabía qué cambios provocaría en ella o en su amistad. Sin embargo…
Momo siempre se mantuvo callada y paciente, expectante a sus palabras. En ningún momento le interrumpió, por eso, en parte… eso le daba ánimos.
— Oh…
Se mostró disgustado. — ¿Eso es todo lo que vas a decir, "Oh"?
Ella le sonrió de esa manera tan especial y radiante que le gusta tanto. A pesar de su actual aspecto tan anémico, se veía hermosa. — ¡Hehehe! Bueno, tal vez sea porque siempre supe en el fondo que eres asombroso Hitsugaya-kun.
Desvió la mirada del rostro femenino, apreciándose un ligero rubor en sus mejillas que contrastaba con su semblante enfurruñado.
No pudo contenerse de reírse al ver su reacción. — ¿Feliz? —Indicó divertida, picándole con el dedo índice una de sus mejillas. Provocando que él rezongara un "No. Tonta" entre dientes. — Aún cuando no eres humano, eres Hitsugaya-kun. Cada movimiento, cada expresión y cada característica… Prueba que Hitsugaya-kun siempre será Hitsugaya-kun.
Sin advertencia, Momo lo abrazó tomándolo por sorpresa y que los colores se le subieran a la cara. Él no estaba acostumbrado a este tipo de cercanía o trato, mucho menos de ella quien despertaba emociones que le son completamente desconocidos. Ni siquiera los abrazos anaconda de Matsumoto provocaban tales sensaciones en él. ¿Entonces por qué con una simple chiquilla, y para colmo humana, si causa tanto revuelo en su templado corazón?
— ¡E-Ey…!
— Así que Hitsugaya-kun… —Alzó su rostro para cruzar su mirada castaña con la turquesa. — ¡Sólo tiene que quedarse como mi Shirō-chan!
— ¡¿QU…?!
Las palabras se le atoraron en la garganta al sentir como ella hundió su rostro en su pecho, oyendo su risa infantil que era reprimida por la misma cercanía.
— ¡Aish! Me rindo —Rezongó, devolviendo de alguna manera el gesto, si es que simplemente situar las manos en los hombros de ella… pueda llamarse "abrazo". — Si es así… Entonces seré ese estúpido seudónimo cuantas veces quieras.
— ¡Hehehehe! Eres grandioso Shirō-chan.
.
~ En verdad Hinamori no lo entiende, sólo puedo decir esas cosas… porque tú me aceptasteis. Aún más incomprensible es que siempre me rindo ante Hinamori y… a pesar de que tan poco lo entiendo,… sé qué solamente ella será quien sepa todo sobre mí. ~
.
Entre las calles de Karakura, iban Hinamori y Hitsugaya. La primera tenía una sonrisa que no se le borraba ni a las de tres, despertando curiosidad en él…
— ¿Por qué tan contenta?
— Pues… ¡Ya estamos a pocos días de junio! ¿No es genial?
— Ah sí… tú cumpleaños —Dijo en un tono aburrido y casi despectivo, haciendo enfadar a la pelinegra que hizo un puchero. Pero la realidad es que desde hace un mes estaba matándose sobre que regalarle a su amiga y a pesar de que la conocía bien, quería regalarle algo que le sea útil…
¡Diablos! ¿A quién quería engañar?
Sólo quería verla sonreír de felicidad, esa expresión tan propia de ella y deslumbrante que le es irresistible. No entendía las razones de querer verla siempre sonreír pero… adoraba ver esa expresión rebosante de alegría. De alguna manera era feliz si ella lo es.
Incluso ahora, la sola presencia de Hinamori le relajaba.
¿Eso es normal?
— Ay, otra vez con lo mismo ¿No le da vergüenza? —
El shinigami salió de sus reflexiones al oír un cuchicheo para nada discreto no muy lejos de donde estaban ellos, siendo un grupo de señoras bien entrada en los cincuenta años.
— Tan grandecita y con amigos imaginarios. —
— Tal vez sea un defecto de que sea huérfana. —
Él gruñó ante esos comentarios los cuales podían herir a su acompañante. Por eso, en medio de su furia, hizo un despliegue de sus poderes espirituales provocando que una brisa helada hiciera acto de presencia para incomodar a esa gentuza que automáticamente se fueron al no tolerar el sorpresivo frío.
— Hitsugaya-kun… eso no era necesario.
— ¡Bah! Me fastidiaba oírlas. Son muy ruidosas.
Momo le miró resignada. — Deberías de ser más comprensivo, después de todo dijisteis que los humanos no pueden ver a los shinigamis y esos otros espíritus enmascarados. A menos que sean capaces de detectar el reiatsu ¿No?
Asintió distraídamente. — ¿Acaso no te afecta que piensen de que seas una demente?
— ¿Y qué? Lo que importa aquí es lo que yo pienso —Le contesto resueltamente sin ni una pizca de inseguridad en su comportamiento. — Ser diferente no es un problema, sino ellos por juzgar sin siquiera tratar de entenderme. Al menos… —Le sonrió tímidamente, perdiendo todo rastro de esa repentina fuerza interna y convicción de hace unos momentos. — Eso es lo que yo creo.
— Si esa es la conclusión a la que llegasteis, entonces es verdad.
Sonrió con ternura ante su respuesta. — Además… —Decidió añadir con un tono juguetón: — Si pasar el tiempo junto con Shirō-chan es indicio de locura. Pues no me molesta ser vista como una.
Automáticamente Tōshirō se ruborizo al oír esas palabras, avergonzado de que dijera ese tipo de cosas con tal facilidad ¿Acaso no le daba vergüenza? ¿Y por qué rayos él era el único que se sentía afectado por ello?
Era frustrante. Estúpido. Confuso. Y… engorroso.
— ¡Ah!
Salió de sus reflexiones para percatarse que fue la causa de la exclamación de Momo, apreciando la edificación de una secundaria y ella apenas estaba en primer año con tan sólo doce años de edad (próximamente trece años). Aunque no había cambiado casi nada a esa niña de diez años o incluso de cuando tenía seis años, podía apreciarse que estaba más alta midiendo 1,35cm. También que su cabello había crecido todavía más, llegándole por arriba de la cintura y siempre teniéndolo recogido en una coleta alta detrás de la cabeza.
— Bueno ya llegamos…
— Mhn… —Hinchó los mofletes, notándose enfurruñada e insatisfecha de haber sido un recorrido tan corto. — No es justo, yo quería pasar más tiempo contigo.
Súbitamente Hitsugaya estampó su mano en su rostro de un manotazo, sobresaltando a la preadolescente.
— ¿Shirō-chan? —Pero no recibía respuesta. Acercándose a él en busca de una señal. — ¿Qué te pasa…?
— N-Nada es sólo…
Hinamori al oír su voz algo distorsionada se alarmó.
— ¡¿Te sientes mal?!
— No, estoy bien…
— ¡No te creo! ¡Déjame verte! —Se acercó a él, queriendo apartar la mano que cubría parcialmente su rostro.
— ¡E-Espera!
Antes de que se dieran cuenta, ambos entraron en una especie de extraño juego en que forcejeaban, uno del cual Momo para triunfar tendría que destapar el rostro del joven shinigami y en el caso de Tōshirō que ella no vea su vergonzosa condición.
— ¡Déjame ayudarte Shirō-chan!
— ¡No la necesito!
— ¡QUÉ SÍ…!
Hinamori hizo un último intento, usando toda su fuerza pero no lo consiguió. En consecuencia, debido a la energía que uso, se resbalo e iba a caer al suelo de espaldas de no ser que Hitsugaya por sus buenos reflejos se las arregló para agarrarla de los antebrazos.
— ¿Estás bien?
— S-Sí… gracias —Agradeció, aliviada de que no se llevó una tremenda caída.
Como resultado a la buena acción del adolescente peliblanco, ahora su rostro estaba expuesto y Momo al alzar su mirada para verlo…
Pudo admirar que la cara de su amigo estaba toda colorada al igual que la luz roja de un semáforo.
Y él al percatarse del porque la mirada rara en su amiga, rápidamente la libero de su agarre. Desapareciendo en un parpadear ante Momo que luego de unos segundos, ella salió de su letargo. Reprochándose mentalmente por dejarse embelesar por tan tierna expresión de su mejor amigo.
¡Pero entiéndanla! Él se veía TAN adorable… que casi tuvo el impulso de estrujarlo en un abrazo mientras que chillaba como una fangirl.
.
~ ((«».«»)) ~
.
No muy lejos de donde se hallaba Hinamori, Tōshirō estaba sobre uno de los tejados de las edificaciones. Observándola a la distancia lo cual era más seguro para ambos…
— ¡Aish! —Se revolvió exasperado su rebelde cabellera blanca. — En verdad no tienes autoconciencia —Suspiró, ya más calmado y para su alivio sintiendo que la cara ya no le ardía (…Mucho). — Que característica tan problemática.
Últimamente Momo se veía a sus ojos demasiado linda. No sabía si formaba parte de que estaba creciendo pero cada vez le es más difícil controlarse con ella porque sus reacciones se han vuelto irresistibles al punto de que ya no puede ignorarlos más. Pero el verdadero dilema con su amiga es que lo embarga unos impulsos de quererla abrazar, besar y…
— ¡Argh! Contrólate.
— Es raro verte perder el control…
Hitsugaya gruño y recuperando su careta fría, se volteo a enfrentar la nueva presencia.
— Ukitake ¿A qué se debe su grata presencia?
El peliblanco mayor se carcajeo divertido al percibir el sarcasmo del adolescente. Sabía que su sola presencia lo había fastidiado para su satisfacción.
— Pues te parecerá más grata porque te traigo una importante información.
— Adelante… —Le hizo un gesto apremiante con la mano.
Pero Jushirō no dijo nada, se mantuvo cabizbajo y serio. Molestando un poco al joven Capitán más no pago su irritación con el shinigami sino en su lugar le exigió que le dijera sea la información que debe decirle…
Porque tenía un mal presentimiento.
Una perturbación que angustiosamente se le hizo familiar a Tōshirō.
Posteriormente Ukitake empezó a explicarle con una inusual parsimonia no propia de su personalidad animada que suele mostrar siempre ante los demás.
— Realmente lo siento… Capitán Hitsugaya.
El aludido tan sólo se mostró con un semblante descompuesto que exponía cuanto le había afectado la noticia.
.
~ Yo… adoraba ver a Hinamori sonreír, podía sentir… un extraño sentimiento cálido esparciéndose dentro de mí. A su lado el mundo me parecía brillar con mayor intensidad… más no imagine que la oscuridad se acercaba con la intención de destruir la luz de su alma. ~
.
— ¡Shirō-chan!
El aludido salió de sus reflexiones, apreciando como Hinamori le miraba con ojos preocupados. Urgh. Odiaba ser el núcleo de los males de ella.
— No soy sordo ¿Qué pasa?
Ella le miró fijamente, achicando los ojos de manera acusadora pero luego de unos largos minutos se cansó y vociferó un largo suspiro en resignación. Sabía que su amigo era mucho más obstinado que ella por lo que intentar intimidarlo para hacerlo hablar no funcionaría.
— ¿Quieres algo de lo que traje?
Los ojos turquesas se enfocaron en la gran bolsa que reposaba en el regazo femenino, hallando un montón de chuchería. Una gota de sudor descendió a un costado de su cabeza.
— Hinamori ¿Por qué tantos dulces?
— ¿Pues para qué más? ¡Una mini-pijamada no puede existir sin golosinas!
Se encrespo al oír sus palabras pero lo peor es que lo dijera con una voz tan seria. — En primer lugar no estamos en una pijamada. En segunda ¡Deja de llamarle así! Y tercera accedí a quedarme hasta la noche, cuando reconcilies el sueño. Pero si sigues con tus manías, me largo.
Momo no se intimido por sus palabras al contrarió rió cantarinamente.
— ¿Y ahora qué es lo gracioso?
— No es nada, ignórame —Alegó divertida, abanicando su mano en señal de restarle importancia. Pero él no se convenció por lo que rápidamente Momo para cambiar de dirección su atención; le volvió ofrecer golosinas.
Hitsugaya que no era un idiota, supo que sus intenciones eran con el propósito de que no insistiera en el tema. Así que por esta vez cedió y tomo la primera bolsa de golosina que alcanzó a tantear entre sus dedos. Abriéndola y devorando su contenido toscamente, sin ninguna gracia.
Hinamori le miró complacida para después ella también abrir una bolsa de golosina y comer.
Un silencio sepulcral domino entre ellos, nada más oyendo el ritmo de sus respiraciones acompasadas, el crujido de la bolsa sonar cada vez que respectivamente ambos tomaban un bocadillo. Así fue durante un rato hasta que…
— Hitsugaya-kun… ¿Hice algo malo? —Él viró su rostro a verla, extrañado de su repentina pregunta y aún más cuando pudo ver que los ojos castaños se hallaban acuosos. Amenazando de que lloraría.
— ¡E-Espera tonta! No llores, no hicisteis nada —Aseveró apresurado porque cuando ella empieza a llorar, después es difícil hacerla parar.
— ¿A-Ah no? Entonces… ¿Por q-qué evades verme a la cara?
— ¿Eh?
El shinigami se desconcertó al oír sus palabras, no sabiendo como refutarle porque… era la verdad. Después de lo que le dijo Ukitake, se le ha hecho difícil durante estos días ver a los ojos a Hinamori y apreciar sus deslumbrantes sonrisas…
Momo al ver la mirada tan contrariada de su amigo, pudo tener la sospecha de lo que le sucedía. — Ah, ya veo… ¿Pasó algo, verdad? —Más que una pregunta, fue una afirmación que sobresaltó al adolecente porque no esperó ser tan fácilmente legible.
— ¡ALUCINAS! No ha pasado nada —Viró su rostro al lado contrario de la azabache, evadiendo su mirada castaña que en esos momentos lo analizaban con una inquietante perspicacia.
— Has estado así desde que me acompañasteis la semana pasada al colegio… —Continúo, indiferente de lo esquivo que se había vuelto el peliblanco. — ¿Te dijeron algo malo, no es así?
— ¿Qué? —Volteo a verla atónito y Momo al sospechar el motivo de su reacción, decidió explicarse:
— Ya hace un tiempo que he desarrollado mi energía espiritual y ahora soy capaz… de detectar con mayor facilidad a espíritus, sean shinigamis o… no —Se removió incomoda al recibir la fija mirada turquesa sobre su figura. — Oye, entenderé si es un asunto confidencial pero si puedo hacer algo para ayudarte ¡Yo…!
— Hinamori ¿Tienes un sueño?
La azabache se sintió fuera de lugar con esa pregunta, tomándola desprevenida. Al principio creyó que era un modo de cambiar de tema y así ella no insista, por lo que iba a refutarle un tanto molesta pero al ver ese semblante indescriptiblemente melancólico en él…
Casi instantáneamente le contestó: — Hmm, si tengo uno. Pero es una cosa pequeña… —Hitsugaya no dijo nada, más bien la observaba expectante y con una imperceptible sonrisa dibujada en sus labios. Momo se sonrojó avergonzada al ser el repentino centro de atención pero continúo hablando: — Es formar una familia…
— ¿Una familia?
Su sonrojo se volvió más chillón e infantilmente le refutó: — ¡S-Sí, bueno, sé que e-es algo simple! —Jugó nerviosa con sus manos. — Pero… para alguien que nunca la ha tenido… —Su sonrisa se volvió un tanto taciturna. — Siempre lo he deseado, tener una linda casa con una perfecta vista del cielo pudiendo admirar los atardeceres de la ciudad… —Alzó su mirada al cielo nocturno, perdiéndose en su fantasía. — Y con un pequeño jardín donde plantaré muchas cosas ¡Entre esas serán sandías!
Tōshirō tuvo casi el impulso de reírse al saber que el motivo de cultivar sandías era porque a él le gusta comerlo, incluso más que a ella. Disfrutando comer especialmente esa fruta en el verano mientras que admira el atardecer.
— ¡Ya verás Shirō-chan! Las que plantearé serán muuuy jugosas y enormes así que debes ayudarme con ellas ¿De acuerdo? —Le pidió animada, volviendo a su actitud infantil. — Y pues… en ese hogar quiero compartirla con la persona que amaré por siempre y… juntos haremos una familia.
— Una familia grande, huh.
— B-Bueno… no tiene que ser tan grande, u-uhm… me conformo con un lindo bebé —Le dijo sonrojándose un poco mientras que chocaba tiernamente sus dedos índices. — Lo importante es que nazca saludable pero… ya que es un sueño, pues me gustaría, si es posible, que sean dos… uhm… un niño y una niña.
— Ajá, y presumo que ya les tienes nombres —Indicó en plan de broma pero al ver que ella bajaba la cabeza avergonzada, no se esperó que fuera acertado. — ¡¿LO TIENEN?! ¡Hinamori…!
— ¡P-Pues hablamos de u-un sueño, ¿No?! —Se excusó. — Después de todo es lo que he soñado desde pequeña… —Guardó silencio al sentir una mano acariciar gentilmente su cabeza. Viró su rostro hacia el joven quien le sonreía imperceptiblemente. — ¿Hitsugaya-kun?
— De seguro… tu sueño se cumplirá —Dejó de revolver la sedosa cabellera azabache, ignorando que Momo le miraba pensativa.
— ¿En verdad lo crees? —Él asintió en modo de respuesta, aún así… ella sintió que esa contestación fue muy ambigua pero… ¿Qué importaba?, Sonrió y se abalanzó a abrazarlo.
— ¡¿PERO QU…?!
— ¡Shirō-chan es el mejor amigo del mundo! —Decía mientras que lo estrujaba en un abrazo. — ¡Estoy tan feliz!
— Sí, sí —Le decía aparentando indiferencia, propinándole unas suaves palmaditas en la cabeza como si se tratara de un cachorro (Que ahora que lo pensaba, Hinamori no estaba tan lejos de serlo: inocentes, hiperactivos y curiosos ¿Coincidencia, tal vez?). — Ya puedes soltarme…
— Ahí vas de nuevo con esa fingida frialdad ¡Ya sé que estás feliz!
— No seas tonta ¿Ok? —Objetó, aunque en el fondo ella estuviera en lo cierto… Jamás lo admitiría (¡JAMÁS!). — ¡Ya sepárate! —Dijo colocando su mano en la frente de ella y apartándola de su persona.
— ¡Hehehehe!
El shinigami se estremeció al ver la rara (y un tanto escalofriante) expresión de su amiga. — ¡No hagas esa cara de felicidad, es desagradable!
— Hehehe, aunque Shirō-chan lo niegue ¡Sé que me quiere!
De forma inmediata el rostro de Hitsugaya se tornó roja hasta las puntas de sus orejas. — ¡¿Q-QU…?! —Farfulló ofuscado. — ¡Qué desagradable no digas cosas así, tienes la idea equivocada!
— ¡Yo también te quiero Shirō-chan!
Un tic se asomó en su sien al ser ignorado. — ¡Idiota, escucha lo que te dicen!
— ¡Hehehe!
.
~ Para mí… la presencia de Hinamori me era tan cálida, y para mí ella es lo más importante por sobre todo y sobre todos los demás. Así que por eso yo… ¡Yo no…! ~
.
— ¿No vas a decir nada?
Bajo un cielo estrellado, en lo más alto de una montaña rocosa y desértica, estaba sentado en el suelo Hitsugaya observando el paisaje mientras que sujetaba su espada acercándola más a su pecho. Curiosamente del lado donde se ubica su corazón.
El shinigami frunció el ceño al no recibir respuesta.
— Hyōrinmaru.
— ¿Qué quieres que te diga? —
Una profunda voz resonó, obviamente masculina y una brisa gélida hizo acto de presencia. Hitsugaya se mantuvo inmutable, aún después de sentir como se acercaba una presencia detrás de su persona. Siendo un hombre joven, alto, atractivo y lo más resaltante de su porte solemne e imponente era la gran cicatriz en forma de "X" en medio de su cara y su largo cabello era de un brillante verde turquesa.
— Tú ya tomasteis una decisión. —
— Yo aún no…
— Formo parte de ti, así que no vale la pena que lo niegues. —
Afianzó el agarre en su espada enfundada. — Pero sí yo…
Hyōrinmaru suspiró al oír inseguro a su maestro. Valoraba el hecho de que preguntara su opinión sobre las decisiones que tomará pero no valía la pena mentirse, ya ambos sabían que el shinigami no se retractaría.
— Parece que he dado la respuesta equivocada. Así que volveré a comenzar…—Hizo una pausa. — Hitsugaya sin importar lo que suceda, yo siempre estaré a su lado… porque al final soy el reflejo de su alma. Y como mi maestro, yo siempre desearé su felicidad…
— ¿Capitán?
Tōshirō abrió los ojos, encontrándose que todo su entorno a su alrededor era distinto al que estaba hace unos segundos. Siendo comprensible porque estaba en el mundo interno de su Zanpaku-tō, el segundo lugar donde puede desenvolverse naturalmente.
— ¿Qué ocurre Matsumoto? —Viró su rostro hacía la puerta, observando como la voluptuosa mujer ingresaba a la oficina…
Que para ese momento estaba a oscuras al ser altas horas de la noche en el mundo de la Sociedad de Almas. Todos dormían profundamente a excepción de los guardias que deambulaban por los límites de los trece escuadrones y la ciudadela de Seireitei.
— ¿Tengo algo en la cara? —Preguntó de nuevo él al ver que su subordina continuaba observándolo fijamente. — ¿Matsumoto?
— No es nada, simplemente… he pensado cuánta nostalgia —Decía mientras que tomaba asiento en la pequeña mesa que está en el medio entre los dos sillones, quedando justamente enfrente del adolescente que yacía sentado en el sofá.
— ¿Ah? —Espetó un tanto impertinente con una graciosa mueca austera e infantil. — ¿Te sientes bien? No me digas que te entró la crisis de la tercera edad.
— ¡Oiga, más respeto! Soy una doncella ¡Y no soy tan mayor que usted! —Al ver como él arqueo una ceja en impertinencia. El sentido pésame la hostigó por lo que agregó rápidamente: — ¡De acuerdo, simplemente no tan mayor!
Hitsugaya asintió de acuerdo con ese último comentario.
— ¡Aff! —Suspiró la joven teniente, volviendo atraer la atención de su superior que empezaba a verla con molestia porque ella se comportaba extraño y… Matsumoto tendía actuar así cuando metía la pata en el trabajo de oficina.
— ¿Qué? Si tienes algo que decir, dímelo directamente.
— Capitán… ya no dude más —Sus palabras parecieron desconcertarlo pero como siempre él iba a negarlo por lo que ella rápidamente le contestó molesta, prácticamente acusándolo: — ¡Ay Capitán! ¡¿A quién engaña?! Hable con el Capitán Ukitake y no necesito ser clarividente para saber qué es lo que ha rondado por esa cabecita suya durante estos días. Así que no se me haga el desentendido o el loco…
— Cuidado, sigo siendo tu superior —Advirtió inofensivamente.
— Sólo decía —Indicó, siguiéndole el juego. — Pero hablando enserio Capitán, ¿Qué está esperando? Todos en la Seireitei saben que ya no hay nada que lo ate a este mundo —Su semblante se volvió taciturno al venirse el recuerdo de una joven muchacha muy vivaz, físicamente parecida a la nueva amiga humana de su Capitán. — Algún día este momento llegaría y usted inconscientemente lo sabía… ¿Qué le preocupa?
— Ya que lo preguntas… dejarte a cargo de dirigir la Décima División. Pues entiendo que tu ociosidad terminaría acabando con el orden del escuadrón mismo.
— ¡Capitán!
Rangiku le hizo un puchero infantil por lo cruel que era con ella ni en estos momentos se salvaba de ser molestada por él.
Bufó resignado. — ¿Y si ocurre otra vez lo mismo, Matsumoto? —La aludida al ver la expresión contrariada y dolida de él, entendio pronto de que hablaba. Inmortalizando ambos fragmentos de ese fatídico día en la batalla de Karakura. — Y si vuelvo… a perderlo todo —Alzó sus manos ante sus ojos, admirando sus palmas desnudas las que por segundos creyó verlas manchadas de sangre…
De la sangre de ella.
— Ya una vez ocurrió y… por ello, mi mente se "rompió" a tal grado que el Capitán Yamamoto junto con la colaboración del Capitán Mayuri tuvieron que sellar mis recuerdos.
Ella no tenía una respuesta idónea para eso, aunque ambos en esa batalla de Karakura perdieron a alguien realmente valioso que los marcó de por vida. La gravedad de la perdida entre ellos dos fue desigual, siendo la de su Capitán a niveles corrosivos. Rangiku tuvo la ventaja de que Gin, a pesar de lo especial que era para su persona, no le dejo ningún significativo recuerdo a que aferrarse por lo que… a duras penas superó su muerte.
Pero Hitsugaya no tuvo la misma suerte… quien compartía innumerables memorias con Momo de las cuales cada una está impregnada de preciados sentimientos por una buena amiga, ex-Teniente de la Quinta División y ex-Shinigami.
— ¿Entonces por qué sigue queriendo protegerla? —Tōshirō se mostró sorprendido por esa pregunta para desfigurarse en melancolía.
— Hinamori para mí… es tan importante como el sol —Confesó, dibujándose una imperceptible sonrisa que expresaba infinidades de sentimientos. Sabiendo la Teniente que él se había perdido en inmortalizar el pasado, seguramente con la azabache… ya sea como shinigami o humana. — Llorando cuando ella quiere llorar, estando molesta cuando ella quiere estarlo. Siempre honesta con sus sentimientos. Hinamori… siempre me ha parecido deslumbrante. Por eso yo… quiero estar a su lado y ver esa luz radiante al final.
Matsumoto lo miró con ternura, apreciando el despliegue de emociones que estaban impregnadas en esa confesión y como la mirada turquesa sutilmente vislumbraba un brillo renovado.
— ¿Es así? Entonces por favor Capitán… —Entre sus manos agarró las del adolescente quien no se esperó tal gesto. — Concédase el deseo de permanecer junto a la persona que aprecia. Usted… quien fue bendecido con una segunda oportunidad, cumpla el deseo que a mí no me fue concedido.
Traviesamente en la mente de Rangiku se materializó el recuerdo ambiguo de Gin alejándose de su lado, no sin antes dedicarle esa sonrisa zorruna propia de su persona…
La mirada de Tōshirō se llenó de resolución y gracias a las palabras de su Teniente (Que coincidían con las que le dijo Hyōrinmaru), siendo el último impulso que necesitaba. Decidió no dudar más.
— Gracias Matsumoto —Dijo con sinceridad, levantándose de su asiento y zafándose suavemente del agarre de la mujer.
Ella se encogió de hombros, recobrando esa actitud vivaz y pícara. — ¿Qué puedo decir? Mi mayor gratificación en el día es serle útil a usted, Capitán.
El adolescente se ruborizó un poco, avergonzado de sus palabras ya que en el fondo se sintió halagado. Aún así no pudo contenerse de reprocharle, un sermón que no tomo en cuenta su Teniente (como siempre) quien tan sólo se carcajeo divertida…
Habría cosas que nunca cambiarían.
.
~ ((«».«»)) ~
.
En horas de la noche, en las calles de Karakura una escalofriante calma predominaba… siendo roto por los pasos apresurados de una persona que corría como si… su vida dependiera de ello mientras que en su mente se materializaba fragmentos de recuerdos recientemente vividos. Alentándolo a no detenerse en el camino ni desfallecer en su ritmo a pesar que las piernas empezaba a sentirlas resentidas y apenas contenía el aliento lo cual provocaba que en la parte del pecho y la garganta le dolieran.
«Corre ¡No pares ni te atrevas a regresar!»
— ¡Haa…! H-Haa… —Jadeaba ahogadamente. — Haa…
«No me malentiendas, yo no estoy buscando la muerte pero… ¿Lo entiendes, no es así? ¡Tenemos que sobrevivir!»
¡Sí…! Ya… lo sé ¡Eso ya lo s-sé!, se gritaba en sus pensamientos. Empezando para su desesperación a volverse su visión borrosa al contener las lágrimas mientras que estrujaba lo que tenía en su mano izquierda, dándole un fugaz vistazo; un pequeño amuleto que se conformaba por una bolsita de tela de color verde turquesa que contenía bordado un símbolo en hilo oscuro. En consecuencia, recordó cómo fue que obtuvo tan curioso objeto.
«Te confiaré eso ¿De acuerdo?, y a cambio te protegerá. Por favor, cuida bien de él. Es mi tesoro…»
¡Lo haré!, pensó con determinación. Hasta que tú regreses… y así entregártelo en tus manos por eso ¡Tienes que volver! ¡Debes vivir!, pero algo le decía que después de esa noche… no se volverían a ver. Porque cuando le pidió que le prometiera que debía regresar a salvo para devolverle el amuleto…
No le contestó, tan sólo le sonrió y se marchó en el sentido contrario del camino. Llevándose consigo a la muerte personificada que los estuvo acechando desde la tarde…
— ¡A-Ah…!
Súbitamente perdió el equilibrio al sentir que el suelo temblaba, por lo que terminó cayendo. Se incorporó con dificultad, las zonas de las manos y las rodillas le escocían ante el impacto de la caída.
— Gughfufufu~… —Una risa distorsionada y escalofriantemente cínica hizo eco. Poniéndole la piel de gallina. — ¿Qué, ya te cansasteis?
— N-No puede… ser… —Se volteó para ver como una sombra que se proyectaba en la pared, empezaba a surgir una monstruosa criatura oscura y enmascarada.
— Pensé que me entretendrías más —Insinuó divertida la criatura, ampliándose su sonrisa grotesca de oreja a oreja mientras que salivaba un líquido similar al ácido ya que todo lo que tocaba se fundía. — Ah, bueno. Que importa. ¡Después de todo el resultado sería el mismo…!
Reaccionó al ver que la criatura empezaba avanzar hacia su persona, retomó su huida.
— ¡No…!
Pero la cola del monstruo consiguió agarrarlo de la pierna, cargándolo para llevarlo justamente a la gran boca. Dispuesto a tragarlo de un solo bocado.
— Argh —Pronunció asqueado al llegarle el nauseabundo aliento del espíritu maligno. Todo parecía indicar su fin y para mayor agonía, a sus ojos todo pasaba en cámara lenta…
«Definitivamente vendrá a ayudarte, lo sé, sólo ten fe»
Por favor, suplicaba entre sus pensamientos recordando las palabras de la joven que dulcemente le relato en la tarde maravillas de ese amigo suyo. ¡Por favor! Si es cierto… ¡Si realmente es cierto! No importa cómo ¡Sálvanos…!
Sin advertencia el filo de una espada atravesó el esquelético abdomen de la criatura, dejando tanto a predador y a presa sorprendidos. Posteriormente de la herida comenzó a formarse hielo a gran velocidad, envolviendo al espíritu. Mientras que su presa fue liberada al aflojarse el agarre en su pierna y antes de que impactara contra el pavimento, sintió como fue sujetado del cuello de su camisa.
— Oye.
Abrió los ojos y alzó su mirada para cruzarse con otra de un exótico color turquesa. Al principio le asustó pero al detallar mejor a ese chico que no le calculaba más de dieciséis, le pareció familiar…
Cabello blanco, ojos turquesas y fríos que te observan con una indiferencia implacable…, Reflexionaba abstraído. Pero… no siento maldad en él.
— ¿Hi… Hitsugaya? —Como respuesta el peliblanco arqueo una ceja.
— ¿De dónde oísteis ese apellido?
— Eres amigo de Momo-chan ¿No? ¡Por favor…! —Empuñó las manos con fuerza, viniéndose el recuerdo de la sonriente jovencita. — ¡Ayúdala!
El semblante del shinigami se volvió un tanto taciturno mientras que liberaba de su agarre al niño que no se le calculaba más de ocho años. — Hinamori… —Comenzó algo pensativo. — ¿Te dio ese amuleto?
— ¿Ah? —Espetó al no entender. ¡Debería de estar buscándola! — Sí, ella… —Miró el objeto entre sus manos con cierta melancolía. — Me dijo que me protegería.
— Lo sé, yo se lo regale —Tomo el amuleto del infante. — ¿Cuál es tu nombre?
— Yosuke ¿Por qué?
Tōshirō no le contestó, tan sólo recitó algo por lo bajo en un idioma que el niño no entendió ni tan poco pudo observar que el símbolo que tenía el amuleto se desfiguraba para formar otra sigla distinta.
— Ten. Ahora es tuyo.
— ¿Q-Qué? ¡Pero es de ella, me dijo que incluso es su tesoro! —Pero el adolescente le dio la espalda, dispuesto a irse. Desesperado por convencerlo, le gritó: — ¡Momo-chan ahora necesita el amuleto más que yo…!
— Ya no más —Objetó con cierto tapujo que Yosuke pudo percibir, aunque por su corta edad e inexperiencia de la vida, no podía descifrar la reserva del shinigami. — Vete a casa.
— P-Pero…
— ¡Yosuke!
El aludido se volteó hacía dónde provino el llamado pero en vez de ver quien lo llamó, se encontró rodeado por unos brazos que lo apretujaban… como si temiera que fuera a desaparecer.
— Estoy bien Tía Haru… —Aseguró él, correspondiéndole el abrazo. Escuchando pronto un jadeo, casi como un sollozo. — Lo siento yo…
— Luego hablaremos de esto, lo importante es que estás bien… —Dijo la mujer que no se le calculaba más de cuarenta y cinco años vestida acorde a su edad, de cuerpo menudo y cabello castaño que le llega a la altura de sus hombros.
Ella se apartó del pequeño para verlo a los ojos, admirando su mirada castaña… similar a la de su hijo difunto. Deposito con ternura su mano en la mejilla de su sobrino, su única familia.
— Volvamos a casa.
En ese instante el niño recordó al shinigami, volteándose para verlo pero tal como sospechaba… él ya se había ido. Haru se preocupo al ver a su sobrino tan abstraído con un aire lúgubre.
— ¿Yosuke, sucede algo…? —Él cabeceo en negativa, aún perdido en ver a la nada. Haru estaba a punto de insistir pero se percato que el infante sostenía algo con fuerza en su mano derecha. — ¿Qué es eso?
El pelinegro viró su rostro hacía su tía, saliendo de su letargo y abriendo su mano empuñada. Dejando ver un amuleto con una sigla bordada en el trozo de lienzo blanco que contenía la bolsita azul de tela.
— Qué lindo ¿Dónde lo conseguisteis?
— De Momo-chan fue un regalo de su mejor amigo, ella me lo dio para que me proteja.
— Oh, que amable de su parte —Haru estaba al tanto de la joven colegiala ya que su sobrino le contaba maravillas de esa chica que una vez fue hacer voluntariado en la escuela de él. — ¿La podré conocer alguna vez?
Sonrió enigmáticamente para la extrañeza y temor de la mujer que la invadió un escalofrío que la estremeció de los pies a la cabeza.
— No sabría decirte.
[*]
[*]
[*]
FIN DEL CAPÍTULO 2.
.
.
¿Reviews?
.
.
