Estamos a un paso del final… espero que les esté gustando. Quiero pedir una disculpa por no fijarme al subirlo, la verdad es que ese día no hubo luz en toda mi colonia. Un problema general que nos dejó sin luz por mucho rato y como soy pobre, mi celular nunca trae crédito por lo que no tengo datos ni plan con ninguna compañía… Así que no tenía modo de subirlo. Cuando la luz por fin volvió, lo subí tan rápido que no me fije en que cargue el anterior…
Bueno, pues sin más que agregar ahora, les dejo con la historia y al final digo más jijijij.
Los personajes que aparecen en esta historia no son míos, pertenecen a Naoko Takeushi.
Devorador de almas
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Capítulo 3
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Ocho días habían pasado desde ese día. Caí en cuenta de que por primera vez desde que había dejado de contar los días… había vuelto a hacerlo.
Esa noche, cuando abandoné la cocina después de reducir su cuerpo a menos que polvo… al salir, recargado en el muro del pasillo, estaba Ante dormido. Había querido levantarlo para llevarlo a la cama pero antes de poder tocarlo, me arrepentí.
Me enderecé y con paso firme me dirigí a la sala del trono, me senté sobre él… no mirando nada en especial, simplemente estando ahí.
Y ahí estuve cuando a la mañana siguiente Ante despertó.
— ¿Hotaru?
No abrí los ojos por que no quería verlo. Por primera vez me sentía extraña, algo en mi pecho se sentía mal, muy mal. Me levanté y miré el techo roto… la luz del sol se hacía camino por entre las nubes.
— Sabes dónde está el oro y tienes los caballos para ir al pueblo si ocupas algo, — comencé antes de que dijera otra cosa— Me iré antes porque tengo que ir a un lugar lejos de aquí.
Sin decir más, me fui.
Una parte de mi esperaba que al volver, Ante aun estuviera ahí… pero otra parte no. Deseaba que tomara el oro y se fuera, escapara de la muerte segura que le esperaba si permanecía a mi lado.
Y ahora, ocho días después y como de costumbre… estaba devuelta casi a la mitad de la noche. Entré y fui directamente a la cama encontrándola vacía, giré y busqué en el baúl ropa limpia. Entré al agua fría para tomar una ducha rápida y vestirme… al menos eso fue lo que pensé, pero al salir del agua no encontré el ánimo de hacerlo.
Desnuda caminé hasta la cama y me recosté cerrando los ojos. El olor de Ante aún se sentía en el lugar pero la cama se sentía completamente vacía y fría. Después de la segunda vuelta simplemente me levanté y nuevamente mis pies me llevaron hasta la sala del trono.
El olor dulce de esa sala había desaparecido hacía mucho tiempo… aun antes de que trajera a Ante al castillo. El olor de Ante me recordaba al olor que esta sala solía tener, pero ahora no había recordado eso hasta hacía cuatro días.
Sentada en el trono, me quedé dormida.
…
Alguien estaba llorando fuertemente y forcejeaba.
— Sé que no me harás daño. — aseguró mientras le empujaban.
— Tal vez no ahora, pero… — contestó con voz temblorosa.
— Confió en ti. — insistió.
— Me tienes más fe de lo deberías. — dijo cuando consiguió poner distancia entre los dos.
— ¿Cuánto hemos estado juntos? Te conozco, es por eso que confío. — replicó intentado acercarse una vez más.
— No es tanto como crees, no para mí y tú lo sabes. — casi rogó alejándose más.
— Pero has cambiado.
— ¿De verdad? Porque yo no veo la diferencia. — preguntó con dudas dejando que la distancia se acortara.
— Tu corazón lo ha hecho. —le aseguró y suplicó mientras le abrazaba— Por favor, no me alejes…
— Te amo… — su voz había dejado de temblar.
— Y yo a ti… — la dulzura en su voz se hizo presente, sobre todo cuando dijo su nombre— Yo a ti…
…
— Hotaru… — gritó una voz diferente a las de antes.
Me resultaba familiar pero se escuchaba muy lejos, tan lejos que no podía reconocerla y terminé ignorándola.
— Hotaru… Hotaru… Hotaru…
Poco a poco, la voz fue desapareciendo.
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Abrí los ojos y me encontré encerrada dentro de una estructura similar al hielo, pero no era fio y era mucho más duro. El trono completo estaba cubierto, entonces un fuerte golpe retumbó y tuve que taparme los oídos.
— ¿Hotaru?... Hotaru por fin despiertas. — gritó Ante desde el otro lado.
Bajé las manos y me levanté hasta poder tocar la estructura. Al tocarla puede notar que podía atravesarla, por lo que sin pensarlo caminé hasta haber salido de ella.
Ante llegó hasta mí y me abrazó por lo que me quedé quieta hasta que noté que su cabeza estaba un poco más arriba de mi pecho. ¿Ante había crecido en esos ocho días? Pero que importaba, él estaba aquí. Conmigo.
— Creí que no volvería a abrazarte.
— Yo creí que no estabas… — bajé mi cabeza le rodeé con los brazos— Anoche cuando llegué, creí que te habías ido.
Entonces se separó de mí y me miró extrañado.
— Hotaru, tú no llegaste anoche.
— Claro que sí. — sus mejillas se pusieron completamente rojas.
— Primero que nada, ponte algo de ropa. — me cortó dándose la vuelta.
Entonces lo noté, ayer no había querido ponerme ropa y me había dormido así. Ante caminó por delante de mí.
— Hotaru, tú llevas más de medio año ahí. — me detuve.
Tenía que estar bromeando. Miré a mi alrededor y noté que todo estaba sucio y cuando llegamos hasta las escaleras, noté que mi ropa no estaba donde le había dejado. Ante abrió el baúl y sacó un vestido que sin voltear a verme, me entregó.
Lo pasé por sobre mi cabeza, me acomodé las mangas holgadas y lo dejé caer por mi cuerpo para terminar cerrando los broches en el costado de mi cintura y cadera. Para cuando terminé, Ante estaba sentado en la cama con los zapatos rojos a juego.
— Medio año…
— Un día me levanté, me puse a limpiar y te encontré ahí. Estabas rodeada por espinas de cristal y cuando quise entrar, crecieron hasta encerrarte.
— Medio año…
— Hotaru, ¿Qué era esa cosa?
— Medio año…
No podía creerlo, yo había vuelto ocho días después ¿Cómo rayos ocho días podían ser medio año?
— Intenté sacarte pero no pude. Incluso arrojé rocas, lo golpeé con la pala pero no pude quebrarlo.
— No entiendo… yo volví anoche.
— Volviste hace más de medio año y has estado durmiendo desde entonces.
Me dejé caer en la cama.
— Yo… no entiendo… ¿Cómo pude dormir tanto tiempo?
— Pues yo tampoco lo entiendo. Creí que no despertarías jamás, que me dejarías…
— ¿Cómo es que aun estas aquí? — le interrumpí.
—… Solo. —termino.
— Diamante… ¿Por qué no te fuiste mientras dormía?
— ¿Qué? — los zapatos cayeron de su regazo cuando se levantó.
— Yo estaba atrapada ahí, podrías haber huido de mí… aun ahora puedes irte, no pienso detenerte.
— Hotaru… ¿Qué rayos es lo que estás diciendo?
— Te lo dije al día siguiente, que tomaras dinero y te fueras…
— Hotaru, ¿Cómo podría irme? —gritó.
— ¿Cómo puedes quedarte? — Me levanté y también grité— Estarías mejor en cualquier otro lado que conmigo.
— ¿Esto es por lo que ella dijo? Hotaru… yo sé que no me harías daño. — Aseguró dando un paso al frente y me burlé de sus palabras— Y tú también debes saber que yo no quiero venganza. No soy como esa mujer… no soy tonto, sé lo que comes y recuerdo bien el día en que me trajiste aquí. Pero aun así confío, confío en ti.
Me reí, sus palabras me causaron tanta gracia que no pude dejar de carcajearme. Sus palabras eran tan similares a esas voces…
— Si recuerdas lo que pasó ese día, si no lo has olvidado con mayor razón debes irte.
— No quiero. Yo quiero estar contigo, me gusta estar aquí.
— Te mataré.
— No me importa.
Me acerqué a él, lo tomé de la ropa y levanté a mi altura.
— Entonces te comeré ahora, después de todo tengo mucha hambre. — le asustaría, le recordaría de lo que era capaz— Pasé mucho tiempo dormida, ahora mismo estoy muriendo de hambre.
— Hotaru… — su voz y sus ojos temblaron.
Ah ah, ahí estaba. El miedo que busqué cuando lo traje por primera vez, sus bellos ojos azules estaban completamente abiertos… no pude evitar sonreír e incluso saboreé la sensación de lograr algo que antes no pude y eso, pareció asustarle aún más.
— Tu olor es tan dulce ahora, el miedo que sientes sólo hace que huelas aún mejor… realmente quiero devorarte ahora.
Me relamí los labios cuando escuché las palabras y la sangre me hervía por repetirlas en voz alta.
— Tu olor es tan dulce, el miedo hace que huelas cada vez mejor...
— No tengo miedo.
— Claro que tienes miedo…
— Claro que tienes miedo… — repetí dejándole caer sobre la cama.
— ¿Hotaru?
Algo estaba mal, si seguía así, realmente le lastimaría. Debía ser el hambre después de dormir tanto, ¿Dormir tanto? Esa era otra cosa que estaba mal, ¿Cómo es que había dormido tanto tiempo? Tenía que comer, debía ser la falta de comida…
— Tengo que comer… — diciendo eso fue que huí mientras Ante me llamaba una y otra vez.
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No sé por cuánto tiempo volé, no me detuve hasta que otro olor aparte del de Ante llamará mi atención. El pueblo estaba poco poblado o simplemente al ser ya noche, todos estaban en el interior de sus casas. Entré por la ventana de una de las casas y una pareja estaba durmiendo, se veían tan tranquilos y olían tan bien.
Mis uñas crecieron y bajaron para encajarlas en el abdomen de él, poco a poco las llevé más arriba. Sus ojos se abrieron pero eso fue todo lo que puedo hacer, la mujer se despertó mientras me comía la perla y me lamía la sangre de las manos.
— Oh… tus ojos brillan preciosos a la luz de la luna. — le dije cuando tapé su boca con mi otra mano.
Dejé de lamerme para sacar directamente su perla y cuando la obtuve, le solté. Bajé de la cama y abrí la puerta de la habitación, en la casa aun había un olor delicioso. La puerta de al lado estaba entre abierta y en la habitación había una cama pequeña… y una cuna
¿Por quién debía ir primero? El bebé sería la mejor opción, hacía mucho que no comía uno. Con la elección hecha entré al cuarto yendo directamente a la cuna, donde el bebé dormía envuelto entre cobijas.
Lo tomé en brazos liberándolo de todas las cobijas y el pequeño se removió, lo pegué más a mi pecho meciéndolo y tarareando para calmarle. Después de todo no quería que despertara a su hermano mayor.
— Eso es, buen chico. — susurré besando su frente cuando se calmó.
Al separar mis labios de su frente, soplé suavemente y poco a poco el pequeño en mis brazos fue convirtiéndose en nada más que polvo, no quedando nada más que la pequeña perla.
— Y ahora… por el último… — susurré girando hacia la cama.
La noche no era fría y el pequeño estaba demasiado envuelto…
— ¿Debes tener calor? Te ayudaré a quitarte esa envoltura. — pregunté suavemente agachándome lo suficiente para tocarle.
Mis dedos se cubrieron de hielo que bajó para cubrir su frente y seguir hasta cubrir su cara. Me senté a su lado, puse mi otra mano en su cuerpo, congelando esa parte de inmediato. El hielo cubrió por completo su cuerpo y sus cobijas, hice presión con las manos hasta quebrarla y tomé la perla. Pero aún tenía hambre… mucha hambre.
Abandoné la casa para entrar a otra y después de esa, entré a otra más. Yo simplemente no podía parar y con cada nueva perla que obtenía, mi hambre crecía más y con ella la desesperación de saciarla. Para cuando me di cuenta, el sol estaba ocultándose nuevamente y ahora sí, el pueblo estaba vacío.
No quedaba más que comer y aun así tenía hambre. Me levanté y al hacerlo me quejé, bajé la mirada y encontré más de una herida abierta. En algún momento los habitantes se habían dado cuenta de mi presencia el lugar se cubrió de gritos, los hombres habían tomado lo que pudieron y me atacaron. Yo simplemente seguí comiendo e ignoré todo aquello que me golpeó, ahora veía que mi cuerpo seguía cerrando las heridas.
— Maldición… aún tengo hambre.
Me fui de ahí hasta el siguiente pueblo, donde comencé de nuevo. Una vez terminé con el tercer pueblo, por fin me sentí saciada. Creí recordar otra ocasión igual y no sólo una, recordaba muchas veces en las que mi apetito se salía de control. Pero la última vez que pasó, había comido no más de 20 personas…
— Primero duermo medio año, luego esa cosa de cristal y ahora esto… — me quejé al dejarme caer en la cama de alguien.
Quería y debía descansar.
Durante todo el tiempo me la pasé mirando por la ventana abierta y mientras lo hacía, recordé que había algo más, algo aparte de dormir, el cristal y el hambre. Estaban las voces.
Esas voces que sonaban como si fuera mi propia voz, pero no era mía. Maldita sea, no tenía idea de que debía hacer.
— ¿Qué es lo que haré ahora? Puede que deba buscar una casa si cuando vuelvo aún está ahí… pues bueno… primero que nada tengo que volver. — me levanté decidida.
Tenía que volver y poner orden. Últimamente no era yo misma, tenía que olvidar. Salí por la ventana y me dirigí al castillo, tres días habían sido suficientes para que mi mente se sintiera clara. Al acercarme pude ver que Ante aún estaba ahí, estaba en el jardín cortando verduras.
— ¿Por qué aun estas aquí? — le pregunté cuando estuve lo suficientemente cerca.
— Volviste.
— Claro que volví, este es mi hogar.
— Pues si este es tu hogar… yo soy tu familia y la familia siempre esta junta por lo que contestando a tu pregunta… Estoy aquí.
Mis pies tocaron la tierra sin que me diera cuenta y terminé justo frente a él, no pude creer las palabras que salieron de su boca… eran tan absurdas, tontas e incluso infantiles pero, al mismo tiempo eran cálidas.
— Yo maté a tu familia, ¿Cómo es que puedes…?
— Lo sé… lo recuerdo. Pero no te odio por eso, — me detuvo pegándose a mí.
— Terminaré haciéndote daño y lo sabes.
— No lo creo.
Levantó una de sus manos y se alejó un poco para acariciar mi mejilla al tiempo que me sonreía. Quería tanto creerle, realmente quería que pudiéramos estar juntos… pero no estaba segura de que lo lograríamos.
— Yo no quiero lastimarte Ante… no a ti. — confesé.
— Yo también te quiero mucho Hotaru.
Sus palabras consiguieron que olvidara todas las cosas que habían pasado, al menos la mayoría. Aún estaba inquieta por todo, por lo que había decidido implementar nuevas reglas.
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— ¿Por qué tengo que dejar de dormir contigo?
— Porque ya no eres un niño.
— Pero…
— Si no lo puedes aceptar entonces tendré que irme y no volver.
Refunfuñó durante un momento y se cruzó de brazos aceptando de mala gana. La idea era alejarlo de mi tanto como fuera posible, darle más libertad y esperar que él mismo quisiera irse. Por ello el dormir separados era una de las muchas cosas que cambiaría. Poco a poco comencé a enviarlo más seguido al pueblo e incluso consiguió amigos que me ayudaron a sacarlo del castillo. Por mi parte, comencé a tardar más en volver.
Pronto mi apetito volvió a la normalidad y en muy pocas ocasiones experimenté una sed tan intensa como esa. El cristal no desapareció pero yo no volví a dormir por más de un día y las voces desaparecieron. Sin darme cuenta, cuatro años pasaron.
Cuatro años donde a pesar de que Ante y yo manteníamos una distancia, seguíamos juntos. Hablábamos en cada oportunidad y hubo ocasiones en las que volvimos a dormir juntos. En algún momento noté que la razón por la que me aferraba a él, cambiaba. En un principio había sido porque deseaba romper la calma con la que me miraba, deseaba que me temiera… pero eso simplemente quedó en el olvido cuando su compañía me proporcionaba satisfacción, entonces ya no quería que me temiera.
Yo comencé a apreciar de la compañía de alguien más, me hacía reír y me divertía no estar sola. Deseaba protegerle… y aun ahora, eso era lo que más quería. Pero además de eso, quería ser yo quien le hiciera feliz, quien le hiciera reír y los deseos de querer tomarlo como mío, comenzaron a salir a la luz cuando le vi sonreír con una de las chicas del pueblo.
Había logrado mantenerme alejada y controlar las ansias de matarle. Pero ese fuego dentro de mí estaba creciendo día con día cuando escuché de su boca sonriente unas cuantas palabras.
— Ella es muy linda, me gustaría mucho que la conocieras.
Eso me hizo perder el control de ese fuego y terminé por quemar gran parte del jardín.
— Hotaru… ¿Te sientes mal? — gritó e intentó acercarse a mí una vez pude contenerme.
— Me duele la cabeza.
— No estarás enfermando… — le miré incrédula, no podía creer que pudiera siguiera pensar eso— Últimamente no duermes y tus poderes se salen de control.
— Yo no puedo enfermarme, mírame. Desde que llegaste aquí yo no he cambiado nada, mi cuerpo es diferente al tuyo.
— Bueno, pues desde mi punto de vista si has cambiado.
— Tonterías. — me reí de sus palabras y comencé a caminar de vuelta al interior del castillo.
— Cada año parece que te encoges. — detuve mi andar y giré bruscamente.
Ya no reía, en cambió le miré molesta. Yo no podía estarme encogiendo. Su sonrisa me molestó aún más y entonces, caminé hasta él para probarle que no. Pero al estar parada completamente frente al él, mi ataque mordaz perdió por completo su valor.
— Ves, tengo razón.
Señaló con una mano sobre mi cabeza. Aún era más alta que él pero estaba segura que se debía a los zapatos que yo traía, de ir descalza, sin lugar a dudas estaríamos igual.
Apreté los puños un segundo antes de golpear su mano para quitarla de mi cabeza. Con un demonio. Él era el que seguía creciendo sin detenerse, a cómo iban las cosas, Ante crecería hasta envejecer y morir. Entonces yo volvería a estar sola.
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— Hotaru… voy al pueblo. Vuelvo pronto.
Le ignoré y simplemente fingí estar dormida. Una vez fuera me debatí entre seguirlo o permanecer en el castillo. Después de estar dando vueltas y vueltas, opté por tomar un baño para enfriar mi cabeza.
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Estaba bañándome cuando Ante entró al castillo. Al verme agachó la cabeza de inmediato.
— Iré por unas toallas. — dijo mientras subía rápidamente por las escaleras.
Pronto volvió con las toallas en sus manos. Aproveché para verlo bien. Extendió una frente a mí y giró la cabeza para evitar verme. Esa era una reacción que estaba acostumbrada a recibir, pero nunca fuera de la cama y no de él.
Salí del agua, me pegue a la toalla y rodee sus hombros para atraerlo a mí. Eso fue suficiente para hacer que volteara a verme, parecía sorprendido y su cara estaba roja. Lleve mis labios tan cerca de los suyos que bien podía besarle si quisiera y quería, pero no lo hice.
Saqué la lengua y lamí mi labio inferior, pensando en lo bien que podrían sentirse sus besos. Ante abrió la boca y eso fue todo lo que necesite para hacer lo que que quería. Mi lengua hizo el recorrido entre sus labios y entró hasta encontrar su lengua, la acaricié con la mía. Me encantó sentir sus manos rodeándome así como sentir la toalla caer a nuestros pies.
¿Hacía cuanto que no estaba con un hombre? No lo recordaba. Sus manos en mi espalda, apretándome fuertemente se sentían bien. Su calor penetraba mi piel y parecía quedarse. Nos separamos cuando ocupamos aire pero inmediatamente después, volvíamos a besarnos. Mis dedos se enterraron en sus cabellos y una de sus manos fue hasta mi nuca, apretándome más e impidiendo que me alejara.
Mis senos desnudos me pesaban y la tela de su ropa estorba. Dentro de la neblina que los besos y el calor de Ante provocaban en mi cabeza, la idea de que lo no debía hacer esto, retumbo. Ante era un niño y yo, yo ni siquiera sabía que era. Intente apartarme y el mordió suavemente mi labio, gemí. Esa sensación se rego por todo mi cuerpo y no pude evitar ignorar la idea que hacia minutos se había formulado en mi cabeza.
Pero entonces, se apartó.
— Yo… yo lo lamento Hotaru. Tengo que ir a dormir… es tarde y yo bebí demasiado en el pueblo.
Sin verme a la cara se fue, dejándome sola y con el calor de sus caricias. Un calor que tardó mucho en desaparecer. Completamente adolorida tomé mi ropa y me fui hasta la punta de la única torre que aún quedaba en pie. Desde ahí podía sentir que tocaba las estrellas.
— ¿No crees que son hermosas?
— Yo creo que tú lo eres más.
Busqué con la mirada no encontrando a nadie. Eran esas voces otras vez, esas voces que había soñado. Eran las mismas que parecían ser la mía. Yo realmente estaba actuando extraño. Siempre que escuchaba esas voces, algo extraño pasaba.
Esa noche dormí ahí. Simplemente no tuve ánimos de bajar, mucho menos después de ver que en el cuarto de Ante no había siquiera una luz encendida.
— Solamente te ha aceptado porque esta borracho. — me repetí a mí misma.
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Muchas gracias por los rw, saben que adoro leerlos y contestar. Nuevamente me disculpo por subirlo mal pero prometo no volver a equivocarme T.T Esta vez tengo tres agradecimientos especiales y el primero es para mi bella, hermosa y hermana de corazón… Yeni. Quien me ayuda con la horrografía. A Ren porque entre ella y Yeni me apoyan con la aprobación y asesoramientos sobre el lemon, género que jamás creí escribir jajaja. y por ultimo a una lectora…
Isabrlmoon…
(Creo que es Isabelmoon pero el dedo te traiciono jijiji) gracias por decírmelo. Creo que si no me hubieran dicho, no me habría dado cuenta. Besos, agradecimientos, bendiciones para ti. Espero volver a saber de ti.
Ahora a contestar los otros rw…
Anyachiba…
Hola linda, me alegra que te guste. La verdad es que en estos momentos estoy mucho más tranquila, el dolor ya casi ha desaparecido por completo y la movilidad ha mejorado enormemente jajaja creerás que es tonto pero cuando pude lavarme el cabello yo sola, quise llorar. Estaba tan feliz, porque podía lavarlo yo misma y podía cepillarlo… tardaba años pero no me molesto. Me alegro mucho. Te mando besos y espero volver a leerte en otro rw.
Nataly Oliva…
Hola me chiveó mucho ver que una nueva abejita entrara al grupo debido a mi jajajaja Me alegra que guste, es bueno saber que lo que hago causa una reacción en otra persona. En especial cuando no soy tan buena como algunas de ustedes dicen, sé que me falta mucho por mejorar y aprender. Y realmente espero con ansias el hacerlo cada vez mejor, porque escribir para mí es algo importante. Es una parte de mí, desde chica lo hago. Y créeme que esta imaginación en otras ocasiones me ha matado jajaja. El especial del año pasado iba a ser una historia de un sólo capitulo. Pero imagine tanto y escribí tan rápido como la idea se formó en mi cabeza que cuando me di cuenta, había escrito más de diez mil palabras. Y la idea seguía, no podía dejar de escribir. Al día siguiente publique el capítulo uno y cada dos o tres días publicaba otro. Fue una locura. Aquí le corto, Te mando besos y abrazos, espero que este capítulo te guste como los anteriores.
Zakura Naeguino…
Holooooo Zakura, gracias… yo también. Jajaja sublimes es exagerar jajaja. Jamas me olvidaría de ustedes, no podría. Me han levantado el ánimo, ayudado e inspirado a superar y mejorarme tanto como escritora y persona. Prometo que si dios me da vida y licencia, no volveré ausentarme, así como que no te haré esperar un año jajajaja. No podría, alejarme estos meses fue una tortura. Escribir es una forma de liberarme del estrés diario, para mí es como cocinar jajajaja y cocinar para mí es como respirar para otras personas. Sé que suena exagerado pero cocinar y escribir son como una parte de mí, me frustra no poder hacerlo… imagina como estaba por que no podía hacer ninguna de esas dos cosas. Agrega el dolor y obtendrás la frase que le gruñí a mi esposo, doctores y familia, cuando preguntaron si dolía… "Quien me vuelva a preguntar si duele, lo muerdo" ¬¬ si, eso dije. Así de mal estaba jajajaja. Te mando muchos besos Zakura y espero volver a leerte.
Gracias por las que se animaron a dejarme su opinión y también a los que no. Que aunque me pone algo triste, respeto el que no quieran hacerlo. Nuevamente muchas gracias a todos, les mando muchos besos, abrazos y bendiciones. Nos leemos en pronto.
