En sus brazos: segunda parte

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No conciliaba el sueño, realmente no estaba tan relajado como creí.

La desesperación, el miedo y la angustia son venenos por excelencia. Conozco esas sensaciones. Tanta experiencia de estar con la frente apoyada contra la pared esperando, buscando, rogando por una respuesta que parece no existir, al igual que en mi trabajo cuando no doy con un caso.

El cielo intenta imitar el día con sus grandes y numerosas nubes grises, las cuales gracias a la luna toman un color amarillento, creando así la ilusión de que la noche aún no ha llegado. Las copas de los árboles se golpean con violencia por que el viento así lo impone, la gente empieza a refugiarse el rostro con las manos para evitar que el polvo y la basura vaya hasta sus ojos. El espectáculo de luces ha empezado y por supuesto, no quiero ser un espectador.

Enfoco la mirada al cristal y veo mi cuerpo reflejado en él; mi rostro ligeramente demacrado, mi pelo desarreglado y el torso desnudo. De la nada, las nubes se han vuelto más oscuras y las luces se han intensificado. Me aparto rápidamente de el y me dirijo al armario para ponerme algo decente.

1, 2, 3, 4... Aún nada.

Abrí el biuro y tomé unos bóxers negros.

6, 7, 8, 9.

Suspiré aliviado.

Me adentré en el armario y decidí ponerme algo cómodo: Unos vaqueros oscuros, una camiseta blanca y una chaqueta en jean, la cual remangué hasta la parte inferior de los codos. Al salir de la habitación noté que Rin seguía dormida como roca, ¿cómo lo lograba?

Acaricié su coronilla y removí los cabellos de su frente para depositar un pequeño beso allí. Ella se removió un poco entre las sábanas y sonrió. Se había quedado con apenas el sujetador, bermudas y los calcetines, pero no podía interrumpirle el sueño para que tome una ducha.

Tomé mi teléfono y me cercioré de las citas de mañana, sábado, y las del día domingo. Nada en agenda. El lunes tengo cita con Kagewaki, un amigo de Sango. Me preocupa un poco, ellos eran unidos y estuvo presente cuando el hermano menor de Sango murió. Para el martes tengo cita con un paciente de Jaken, él no podrá porque tiene una reunión familiar importante...

Un ruidoso trueno me hizo dejar caer el teléfono del susto, le dejé allí mientras me abrazaba las piernas contra mi pecho y me cubría los oídos con fuerzas.

Kagura, ven.

Me dirigí hasta la sala con paso temeroso, con la vista nublada y la piel con calosfrío. El sonido de la lluvia al chocar contra el cristal empezó. Encendí el televisor con el pulso a mil y me senté en el sofá esperando alguna respuesta por parte del aparato. Una tormenta eléctrica, seguido de lluvias hasta el lunes, se ha anunciado durante la sección del clima en el noticiero...

Oficialmente miedo apareció, tratando de ahogarme con mi propia respiración y cegándome con el pasado acumulado en los párpados inferiores.

Por favor, ven rápido.

Apoyé ambas manos sobre el sofá para pode hacer algo de fuerza y ponerme de pie. Lo logré con algo de esfuerzo y me adentré hacia el estudio de Kagura. Empecé a tener frío, mucho frío, a pesar de que esta habitación no tiene ventanas como el resto de las habitaciones. Me deslicé contra el sofá hasta quedar sentado en el piso, estaba repleto de las cosas que dejé allí cuando buscaba los materiales para jugar con Rin. Dejé las puertas abiertas para cuando Kagura llegara a casa. Cerré los ojos con fuerza mientras que los truenos se podían escuchar hasta aquí, incluso si me cubría con fuerza los oídos.

Te necesito.

Apreté los labios y me di un leve golpe con la palma en modo de auto-reproche: vivo de la salud mental cuando la propia está desequilibrada. Mis uñas de los pies, que estaban un poco largas, dolieron al encoger los dedos cuando me hice un ovillo contra el mueble, colocando mi frente sobre mis rodillas y sintiéndolas humedecerse. Sin poder controlar mi cuerpo, casi perdiendo la poca estabilidad que me quedaba; estaba sudando, temblando, llorando y angustiado por su ausencia, había entrado en una fase de que tanto intentaba desafiar: Mi «Astrafobia»

Quien no ha experimentado algo debería ser el último en hablar de ello. El miedo es una forma de estar preparados ante lo que consideramos un "peligro" para nosotros. Muchos catalogan a la astrafobia como el miedo irracional a las tormentas y todo lo que ella conlleva: truenos, rayos, relámpagos, etc. Cosa que es lógico en un niño que desconoce el qué es una tormenta, pero en un adulto que ya razona de manera más coherente las cosas son diferentes.

Las fobias son generadas por algún suceso traumático en una edad más temprana.

Durante muchos años he estado agradecido a la hipnosis que me ha permitido seguir adelante; cuando el efecto de ésta pasó a ser nulo en mí, llegó Kagura para ser mi cura. Desde entonces he podido estar en calma. Sin embargo, la desesperación empieza cuando no está.

Una persona que apenas tenía el aliento de cada día encuentra algo, mejor dicho: a alguien, a quien atesorar, la atención que durante años necesitó y la calidez que tanto anhelaba. ¿Qué podía ir mal? Todo, y ese fue el problema. Kagura me dio todo. Me volví dependiente a su atención y a su trato, me volví exigente y ella me complació.

Hoy en día los papeles se han invertido de alguna manera y aunque ella no exija de forma directa es como si lo gritara en el silencio de sus acciones. Le amo, por supuesto que sí, a mi manera, pero lo hago. Ha hecho tanto por mí, y sin juzgarme, que es la persona que con más recelo atesoro.

¿Dónde estás, Kagura?

Un relámpago ilumina todo el estudio y empiezo a contar para calmar mi ansiedad:

1, 2, 3, 4...

El rayo ha caído, se ha escuchado cerca, tan cerca como si hubiera sido a mi lado. La energía eléctrica se ha cortado. Tiemblo y sollozo. Tengo miedo. Sigue tronando afuera y la habitación sigue iluminándose sólo con los relámpagos. Contar no sirve, son tan continuos que me enredo hasta perderme en el número que estaba mencionando. Cerré los ojos, inútilmente, para no notar los relámpagos, pero los destellos eran fuertes que podía distinguir entre la luz y la oscuridad.

Los truenos se estaban intensificando, podía sentir el teléfono vibrar entre mis piernas, pero no quería ver con claridad la tormenta a mi alrededor. Con una determinación empecé por lo básico: intentar controlar la respiración.

5, 6, 7, 8... Inhala, eso es Sesshomaru, ahora exhala.

Repetí el ejercicio en dos sesiones y finalmente lo logré, logré tranquilizarme un poco.

—Mamá... — Le llamé en voz alta cuando noté en el espejo, gracias a ligeros relámpagos, que la sábana a cuadros que estaba cubriendo el sofá era idéntica a las que tenía su cama aquella noche tormentosa— ¿Dime porque lo hiciste? ¡¿Por qué?! —exigí demandante a la nada.

Empecé a llorar, pero de rabia, al recordar aquella asquerosidad que había hecho. Cuanto la había odiado por ello. Las luces de los relámpagos volvieron a iluminar el espejo, esta vez me miré en él. Un Sesshomaru de 7 años, siendo... ¿testigo? ¿Culpable? ¿Causante? De su propia perdición, la razón por la perdió todo, se convirtió en 'nadie' y que ahora teme, y odia, las tormentas.

Tomé mi teléfono y lo lancé contra el espejo. Se rompió en muchos pedazos, mas no fue suficiente para mí. Grité, grité y grité hasta que no pude más, tan alto como mis pulmones y garganta me lo permitieron. Me mordí el labio con los ojos inundados, sintiéndome basura, peor que antes.

Una sombra se movió con rapidez hasta donde estaba y yo intenté alejarlo de mí, el miedo siempre te traiciona. Comprendo a mis pacientes, yo también veo esas "alucinaciones" de las que ellos a veces hablan. Ellos no están locos, ellos también tienen miedo de sus recuerdos.

—¡ALÉJATE DE MÍ! —grité, empujándole lejos. Me miré las manos, se había sentido tan real el contacto que podría jurar que era humano— ¡DESAPARECE!

Y lo hizo.

Cada vez tenía un episodio aparecía una sombra, no quería que se me acercara, no quería que me siguiera haciendo daño. Esta vez había sido diferente, no se reía de mí, al contrario, parecía preocupado.

Cerré los ojos y seguí llorando mientras los truenos rugían como si quisieran dejar sordo a todo aquel que le escuchara.

Tras unos minutos, escuché la puerta principal abrirse con brusquedad, tras ello un flash se acercó a mí a gran velocidad, dejándome ver a su portador por unos instantes y casi salté a sus brazos.

—Has tardado tanto —dije. Empecé a llorar desconsoladamente en cuanto los brazos de Kagura me apretaron con fuerza. Estaba empapada.

—Lo siento, lo siento, lo siento —comentó una y otra vez sobre mis labios, se escuchaba agitada—. Hubo un atasque y salí corriendo hasta que la vía estuvo libre, luego tomé un taxi y aquí estoy. Ya he llegado, no me iré.

—No dejes que me lastime —susurré, hasta a mí me sonó lastimero el tono en que lo dije. El sonrió sobre mis labios— Hazme olvidar la tormenta, por favor.

Sonreí como pude y ella me imitó de la misma manera. Nos acercamos hasta que el 'espacio persona' se extinguió y nuestros labios se unieron en un beso que me sacó más de un suspiro. El mundo había enmudecido sólo para que yo pudiera escuchar las palabras de Kagura susurradas contra mi rostro mientras limpiaba el camino de lágrimas con sus besos. Sus manos acariciando mi espalda y sus brazos arrullándome en ellos mientras que yo me embriagaba con el olor de la lluvia mezclado con su perfume de cítricos.

Aparte de eso, lo único que pude diferenciar fue el sonido de la puerta del estudio al cerrarse lentamente.

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Algo no tan "bello" como en los anteriores, pero necesario, lo juro :). Es probable que hayan quedado como: ¿wt-? con la descripción de la tormenta, pero bueno, así fue la última tormenta eléctrica que hubo aquí. Incluso ahora mismo está empezando a relampaguear y a tronar. Nada hermoso, para ser sinceros. Quizás no sólo con esa escena, si tienen preguntas: no duden en hacerlas porque este capítulo tiene su razón de existir, así también respondería a través del escrito. Hasta pronto^^

Este capítulo está dedicado a una persona que amo-odio con toda mi jodida existencia, si HasuLess, eres tú.