ADVERTENCIAS: Fic corto de (4) CAP. & (?) EPÍLOGOS / Universo Alterno / OoC (Fuera del personaje es algo inevitable pero intentaré que no exista mucho) / Insinuación de IchiRuki.
REEDITADO: Amanecer
Por: ChibiFjola.
[*]
[*]
[*]
CAPÍTULO 3
El Ocaso
[*]
[*]
[*]
En una parte remota de las aéreas verdes de Karakura se movía tal cual como un espectro una presencia, camuflándose entres las sombras hasta que llego a su destino que conllevaba a un camino de árboles destruidos y suelo inestable.
Una tos se oyó rompiendo el sepulcral silencio, a los pies de la presencia se hallaba una persona bajo un charco de sangre… combatiendo en preservar sus últimos alientos de vida que inevitablemente escapaban por cada poro de su pequeño cuerpo.
— ¡Oi…!
Una segunda presencia salió de donde vino la primera quien ni se inmuto en voltear para ver al recién llegado. Siendo una chica menuda de tez blanca, frágil y cabello azabache que le llegaba por arriba de los hombros con unos deslumbrantes ojos violáceos.
— ¿Por qué me dejasteis allá…? —Ella guardó silencio al observar lo que había bajo los pies de su compañero y al impregnarse su olfato del olor metálico que desprende la sangre. Su semblante se volvió ligeramente taciturna pero… no valía la pena lamentarse.
No en su caso porque… ver la muerte antes sus ojos formaba parte de ellos, de sus vidas.
— ¿Ah?
La violácea mirada se centró en la espalda de su compañero quien parecía tenso, preocupada se situó a su lado para admirar su semblante sorprendido que miraba abstraído algo por lo que decidió ver que fue la causa de su conmoción, apreciando a la adolescente que en su lecho de muerte les sonreía dulcemente a… ¿Ellos? ¿Por qué?
— ¿S-Sonríes…?
— ¿Hinamori?
Ese apellido hace una década que no lo había oído y no espero que lo escucharía de la boca de su compañero quien le había afectado la muerte de Momo Hinamori, vieja amiga y ex-shinigami.
Entonces las fracciones faciales de él se relajaron en una involuntaria resignación mientras que sus parpados caían y un brillo indescriptiblemente melancólico se vislumbro en sus ojos. Se agacho, cruzándose su mirada con aquella otra castaña…
¿Cómo no me di cuenta antes…?, se reprocho en sus pensamientos él. Lo siento… si tan sólo lo fuera sabido, tú no…
— Está… b-bien… —Dijo con dificultad la joven malherida, contrayéndose su rostro en dolor cuando trago. — P-Parece… que a-así… —Su dulce sonrisa se acentuó en amargura al mismo tiempo que las traviesas lágrimas que se asomaban en sus ojos castaños se derramaban. —…Terminará… d-después de… todo.
— ¿Después de todo? —Repitió extrañada la ojivioleta por sus palabras, era como si la joven diera a entender que inevitablemente moriría de esa manera.
— Abarai, Kushiki…
Los aludidos alzaron su mirada para ver cómo entre las sombras salía una presencia que jamás esperaron ver allí.
— Capitán Hitsugaya…
Momo al reconocer el apellido, viró su rostro del lado contrario de donde estaban los dos shinigamis que vestían su uniforme estándar para centrarla en su querido amigo quien lo veía por primera vez usar el uniforme estándar de los shinigami. Aún así, Hitsugaya sin importar su vestuario, se veía tal cual como la vez que lo conoció… siendo tan sólo una niña de seis años: su cabello de una pura e intensa blancura, peinado en puntas hacia atrás con el flequillo que casi llega a cubrirle parcialmente el ojo izquierdo; Ojos grandes de un exótico color turquesa que son intimidantes al sentir que observan tu alma con una indiferencia implacable. No obstante, ella pudo ver más allá de su mirada impávida; Sus fracciones faciales son gráciles y varoniles sin ninguna magulladura que entorpezca su atractivo; Tez de un suave bronceado que contrasta con el color de sus ojos y cabello; De complexión delgada pero fornida, conteniendo ese porte solemne y soberbio en su estatura de 1,53cm.
— S-Shirō… chan… —Dijo la adolescente sonriéndole tiernamente mientras que en su mirada castaña se reflejaba una profunda tristeza que no pudo contener más y agridulces lágrimas se derramaron sin control. —…Lo s-siento…
— ¿Lo reconoció? —Cuestionó sorprendida Rukia al igual que Renji quien al ser cercano a Hinamori, sabía que ella era la única que solía llamar así al Capitán Hitsugaya por haberse criado juntos… ¿Pero por qué está Hinamori lo llama de la misma manera?
A menos que…, se decía en sus pensamientos el pelirrojo apartando su mirada de la adolescente para centrarla en el Capitán que conservaba ese semblante templado e inmutable.
— A partir de aquí yo me encargo… —Indicó Tōshirō acercándose a Momo quien yacía sobre el suelo boca arriba, incapaz de moverse y exhibiendo una profunda cortada diagonal en su menuda figura que iba de su yugular que se trazaba por el medio de su pecho para finalizar en su caderas.
Renji contrajo su expresión en inquietud al oír aquella orden, tensándose su cuerpo al mismo tiempo que apretaba los dientes. En cambio Rukia iba a refutar pero su amigo de la infancia la calló al tomarla de la cintura, trayéndola consigo para que quedara su cuerpo pegado al suyo y la levanto del suelo con suma facilidad. Todo ante la estupefacción de la shinigami que no se espero tal osadía de su compañero, a sabiendas de que podría recibir de parte de ella una paliza por la repentina confiancita.
— Andando Rukia —Sin apartar su mirada de la turquesa, pudiendo apreciarse cierta tensión y solemnidad en ambos hombres ante la extrañada mirada violácea de Kushiki. — Nosotros ya no tenemos nada que hacer aquí.
— ¿QU…?
La voz de la shinigami quedo silenciada ya que eventualmente Renji y Rukia desaparecieron en un parpadear, quedando como única prueba de su presencia una brisa que meció paulatinamente el césped y la cabellera blanquecina del shinigami.
— ¡Vaya, vaya~!
Una voz adicional se oyó proviniendo de las sombras en donde había un montón de árboles caídos y aglomerados, asomándose sobre ellos un hombre de sombrero que iba a juego con su vestimenta que costaba de un kimono verde y un abrigo. Hitsugaya se mantuvo inmutable ante la nueva presencia que se identificaba como Urahara Kisuke, ya que estaba al tanto de que se reunirían allí.
— Abarai fue capaz de analizar correctamente la situación. Sabe que él estará en tu camino si se queda aquí… —En eso saca un abanico de una de las mangas de su kimono para abrirlo en un limpio y elegante movimiento con su mano para cubrir la mitad de su rostro, al momento que en su mirada grisácea se vislumbraba un brillo intimidante y enigmático. — ¿No es así, Capitán Hitsugaya? —Cuestionó Kisuke, recalcando su título en la Gotei 13 provocando que el ceño fruncido del peliblanco se acentuara.
— Al grano Urahara. No tengo tiempo que perder ¿Lo trajisteis?
— Por supuesto, resultasteis ser un muy buen negociador —Alegó sin perder esa chispa despreocupada que lo caracteriza, apareciendo detrás de su persona un enorme y corpulento hombre que reconocieron como Hachigen Ushōda. — Hachi, ya sabes que hacer.
El pelirosado bajo de la pila de los árboles para acercarse a la jovencita que respiraba trabajosamente con los ojos apenas abierto, pudiendo apreciarse como su mirada castaña perdía brillo gradualmente a cada segundo que transcurría en tan lamentable estado.
— Espera —Intervino Hitsugaya tomando desprevenidos a Hachigen y Urahara, justamente cuando el primero iba a desplegar sus poderes en la adolescente. — Hinamori…
— Oi, Capitán si no nos apuramos…
— Lo sé —Le interrumpió para volver a centrar su atención en su amiga quien intentaba mantenerse despierta y oírlo. — Hinamori, una vez más te lo preguntare ¿Quieres morir?
— Yo… y-yo… —Empuñó sus manos con impotencia al sentir que la garganta se le cerraba, como si una mano invisible ejerciera presión en esa zona. — ¡…Quiero vivir! —Vociferó en un grito ahogado mientras que su rostro se contraía en dolor y traviesas lágrimas se acumulaban en sus ojos sin derramarse. —…Q-Quiero quedarme… aquí y… ver m-más atardeceres…
Ella intento decir algo más pero su voz quedo trabada en su garganta, moviendo su boca sin pronunciar palabra alguna para la desesperación de Momo. Aún así el semblante de Tōshirō se suavizo y una imperceptible sonrisa se dibujo en sus labios. A continuación se agachó para quedar a la altura de ella y extendió una de sus manos a limpiar una de las lágrimas que se asomaba en uno de sus ojos.
— Lo sé, está bien.
Hinamori se tranquilizo, dejando de insistir en hablar. Cerrando posteriormente sus ojos al no poder soportar más el peso de sus parpados.
— Adelante —Dijo Hitsugaya recuperando su semblante templado e incorporándose del suelo. Hachigen posteriormente asintió, empezando a usar sus poderes sobre la inconsciente adolescente. — Urahara.
— Sí, lo sé, ahora es mi turno —Contestó el sombrerero, encogiéndose de hombros con cierto aire divertido. — ¿Alguna duda antes de comenzar el procedimiento?
Tōshirō pareció recapacitarlo unos segundos para después decir: — Mis poderes…
— A diferencia de Isshin, no tendrás los mismos inconvenientes ¿Algo más? —Al recibir el silencio del joven Capitán fue más que suficiente para Kisuke saber que no había más dudas, por lo que cerró su abanico para decir emocionado (ya que pondría a prueba unos de sus inventos recientes que podrían traer cambios positivos a su raza): — ¡Muy bieeen, pues empecemos!
.
~ ((«».«»)) ~
.
En una especifica tienda de Karakura la cual era muy especial por sus productos y residentes, un joven en la antesala se preparaba para salir a pesar de las altas horas de la madrugada que era. Por supuesto, no estaba solo… ya que en su espalda cargaba a una inconsciente colegiala que no se le calculaba más de trece años.
— ¿Estás seguro de querer irte?
En la antesala los despedía el dueño, mientras que a lo lejos un par de adolescentes que no se le calculaba más de quince años observaba a su jefe hablando con ese chico de cabello blanco e intensa mirada turquesa.
—…Solo digo. Ya que todavía no te has adaptado a tu "nuevo" cuerpo —Insistió Kisuke dando un analice visual al joven, quería asegurarse de no hallar fallas alguna en su reciente creación. — Además… —Su mirada grisácea se centro en el rostro durmiente de la pelinegra que yacía en la espalda de Tōshirō. — Aunque ella ya está fuera de peligro, también debería descansar.
— Estoy bien y… —Contestó volteándose para encararlo. — De igual modo tengo un lugar a donde debo llevarla.
Urahara asintió resignado a la obstinación del peliblanco pero respetaba sus decisiones. — De acuerdo, pero antes de que te marches… —Su semblante despreocupado adquirió repentinamente una seriedad que raramente aparecía en el sombrerero. — Quisiera que me respondieras algo… ¿Por qué no le pedisteis ayuda a Orihime-san? Por ser tú, ella no se habría negado y sus poderes fueran surtido un mejor efecto en Hinamori-san…
— Ichigo… ya ha hecho demasiado por mí.
A Kisuke al principio le tomo desprevenido tal confesión pero se recompuso, sonriendo con cierta humildad y… complicidad porque en el fondo, sabía a lo que se refería Hitsugaya.
— Heh, sé a lo que te refieres. Yo también le debo mucho a Ichigo.
Posteriormente, sin más que decirse ambos, el peliblanco se retiró junto con Momo en su espalda que dormía profundamente. Y mientras que Urahara se perdió en sus memorias donde aparecía cierto adolescente huraño de una llamativa cabellera naranja…
Al mismo tiempo, en otra parte del Universo, en un mundo que representa lo opuesto a la vida y la existencia humana. Mejor conocida como la Sociedad de Almas, ingresaba abruptamente a una oficina Renji Abarai y Rukia Kushiki que seguía al primero desde una distancia prudencial.
— ¡Renji! ¿Qué demonios te sucede?
Pero el pelirrojo la ignoro, estando más absorto en buscar algo o más bien a alguien quien no halló en la sala. Maldijo por lo bajo y se encamino por los corredores de la décima división, donde si encontraba a alguien no tardaba por preguntarle la ubicación de Rangiku Matsumoto…
Sin embargo, para mayor frustración de Abarai, a los que les preguntaba desconocían el paradero de la voluptuosa mujer hasta que… finalmente un miembro del personal del décimo escuadrón le dijo para su sorpresa a donde se fue Matsumoto.
El pelirrojo no tardo en usar sus habilidades, siendo seguido de cerca por Rukia quien al ver el rumbo de su nuevo destino. No pudo soportar más el ser una observadora más, por lo que le obstruyó el paso y le pregunto de una qué diablos le sucedía a su amigo de la infancia.
— ¿No te disteis cuenta Rukia? —Pero la aludida no tuvo que responder, suficiente fue ver su expresión de genuina confusión. — El Capitán Hitsugaya… —Empuñó sus manos y cabizbajo confesó la inevitable realidad: — No volverá, ha abandonado su cargo.
— ¡¿Cómo?! ¿Pero por qué?
— Creo… que puedo entenderlo —La imagen de la malherida humana que tenía un indiscutible parecido físico con su vieja amiga Hinamori; se materializó en la mente de Abarai. — Aún así, no puedo dejar de estar en desacuerdo.
Él paso de largo de su amiga quien pronto lo siguió, llegando después de unos minutos al final de su destino que era una de las habitaciones más ostentosas y exclusivas de la Gotei 13. Al principio el personal que custodiaba la habitación se opusieron ante la insistencia de Renji por entrar pero cuando intervino Rukia, los guardias se hicieron automáticamente a un lado.
Posteriormente ambos shinigamis ingresaron, hallándose al fondo de la habitación a Matsumoto que se volteo para ver los resientes visitantes. Mostrándose calmada… como si ya fuera predicho que ellos aparecerían en la oficina y de alguna forma, eso encrespo un poco al pelirrojo.
— Entonces lo sabías ¿No es así? —El semblante de Rangiku se volvió taciturno. — Sabías que el Capitán Hitsugaya se iría…
— Ya es suficiente Renji.
Una voz profunda se oyó al fondo del salón, donde la luz no alcanzaba a iluminar. En cuanto a Abarai se mostró disgustado mientras observaba que el quién lo mando a callar se incorporaba del suelo y daba un paso adelante mostrando su identidad…
Siendo lo más resaltante de su apariencia su rebelde cabellera naranja que contrastaba con el uniforme estándar de los shinigami pero se diferenciaba de otros porque usaba un haori que manifestaba su título como uno de los capitanes de la Gotei 13 y no de cualquiera sino exactamente como el Comandante General de los escuadrones mismo. Un rango que una vez le perteneció Shigekuni Yamamoto Genryūsai, anterior Capitán de la división uno y Comandante general que fundó lo que hoy en día conocen las trece divisiones.
Era irónico que al final un título tan importante recayera en las manos de Ichigo Kurosaki con tan sólo la edad de dieciocho años y para colmo humano… o al menos una vez lo fue. Porque los poderes del pelinaranja ya iba más allá de lo inimaginable a tal grado que su humanidad la perdió por completo, volviéndose en una entidad literalmente celestial que supero al propio Yamamoto e incluso también a la Guardia Real del Rey Espíritu.
— ¡No me digas que ya lo sabías…!
— ¡Aff! Y después te quejas porque nadie te dice nada —Rezongó Kurosaki indiferente a las quejas del pelirrojo. — Pareces una nenaza.
— ¡Ey…!
— Como sea, ya todos estábamos al tanto de que Tōshirō se iría apenas que tuviera la oportunidad… —Decía el joven Capitán general, encogiéndose de hombros y restándole importancia. — Bueno, al menos la mayoría… —Agregó, mirando desdeñosamente a Abarai que se enojo e iba a golpear al pelinaranja de no ser que Rukia intervino, golpeándolo mientras que le rezongaba que se comportara.
Ichigo se burló del pelirrojo pero… no por mucho, porque no tardo en recibir un codazo de Kushiki. Igual que aquellos días de antaño.
— Tú no te rías mucho ¡En primer lugar deberías compórtate y dar el ejemplo!
— ¡¿Acaso no lo entienden?! —Intervino exasperado Abarai. — Ichigo sabes muy bien que es una gran falta que un shinigami se quede en el mundo de los vivos ¡Y lo sabes! —Indicó, provocando que la atmosfera se volviera tensa y el semblante del pelinaranja se volviera cabizbaja. — ¿Qué dirán los miembros de la Cámara de los 46, eh? La integridad del Capitán Hitsugaya, de Matsumoto ¡E incluso la tuya! Ustedes están corriendo un gran riesgo.
— ¡Bah! —Espetó Kurosaki con una careta de genuina despreocupación y fastidio, enojando al pelirrojo que estaba sumamente preocupado por los involucrados en el asunto.
— ¡Tú…! ¡Te voy…! —Explotó el Teniente de la sexta división, haciendo el ademan de que iba ahorcar al pelinaranja.
Abarai le importaba un bledo los títulos, más cuando nos referimos al maldito de Ichigo que nunca se piensa las cosas dos veces ni en las consecuencias que podría provocar sus temerarias acciones.
— Tōshirō no es el primer shinigami que se va al mundo de los vivos… —Indicó Kurosaki tranquilo, bloqueando fácilmente a Renji quien yacía boca abajo en el suelo y encima de su persona estaba sentado el Joven Comandante. — ¿O acaso has olvidado eso, huh?
Claro que Abarai estaba al tanto de eso porque sino ¿Dónde dejaba a Urahara y su tienda o a los Visored? O también del hecho de que si Isshin Shiba, ex Capitán de la décima división, no se fuera quedado en el mundo humano; Ichigo Kurosaki junto a sus hermanas mellizas no habrían nacido en primer lugar.
— Además Abarai deberías ser considerado con mi Capitán —Alegó infantilmente Rangiku de brazos cruzados. —…Él ha soportado demasiado.
— Sí… pero aún así… no sabemos cómo reaccionen los demás…
— Pues los demás lo tendrán que aceptar y punto —Encogiéndose de hombros al restarle importancia, quitándose de encima de su amigo para después extenderle la mano. Ayuda que acepto a regañadientes el pelirrojo. — Y si es por los ancianos de la cámara o hasta la división cero, estoy seguro que no tendrán tantos inconvenientes para dejarme pasar esta…
— ¿No crees que abusas demasiado de tu suerte?
Kurosaki se encogió de hombros, totalmente relajado. — Pues averígüemelos.
El Teniente gruño e iba a reprocharle su comportamiento apacible pero Matsumoto lo detuvo, situando una mano en su hombro. Volteo a verla, admirando como la hermosa rubia le cabeceaba en negativa mientras que Ichigo y Rukia se salían de la oficina para adentrarse a los jardines de la división uno de Gotei.
— Déjalo ya, Abarai. Quien debería hacer berrinche aquí debería ser yo… —Abarai se sintió culpable de ello, reconociendo que era cierto. — ¡Digo! Ahora el único que se va encargar del papeleo soy yo —Hizo un puchero infantil pero el Teniente no se creyó esa actuación.
— ¿Y tú estás bien?
Ella dejo de hacer pucheros, abrazándose así misma mientras que centraba su mirada distraídamente en el hermoso paisaje que exhibía los ventanales de la oficina.
— Por supuesto, he tenido dos maravillosos capitanes pero… —Comenzó hablar con cierta abstracción, siendo observaba y escuchada atentamente por Renji. — Aquí entre nos, mi preferido ha sido y será mi mini-Capitán —Le susurro confidencialmente con esa chispa de diversión que la caracteriza.
— Matsumoto…
— Pero hablando enserio… yo desde lo más profundo de mi corazón… —Sonrió con ternura entremezclada con melancolía al perderse en sus memorias donde materializaba cada instante que transcurrió junto a Hitsugaya y Hinamori, ya sean buenos o malos, cada recuerdo era preciado para ella. —…Deseo que mi Capitán Hitsugaya sea feliz, tan sólo… espero que esté deseo mío, no se convierta en una maldición para ellos…
«¡Rangiku-san, buenos días…!», repentinamente ante su visión la realidad se confundió con sus memorias, viéndose así misma ingresando a la oficina para ser recibida por una risueña Momo y al fondo, sentado en el escritorio su Capitán Hitsugaya con cara de pocos amigos. «¡Matsumoto! ¿Hicisteis la notificación que te pedí?» Y ella… como siempre excusándose «¡Pueeees!», consiguiendo que su Capitán explotara exasperado y Hinamori intervenía en su defensa «Shirō-chan cálmate».
«¡Es Capitán Hitsugaya!»
— ¿Matsumoto? —La aludida reaccionó, parpadeando varias veces y admirando a su alrededor… entendiendo lentamente que había vuelto a la realidad.
Rangiku exhalo profundamente cerrando los ojos con una indescriptible sonrisa para después abrirlos, dejando apreciar su mirada azulada con una determinada resolución y rodeo con un brazo los hombros de Abarai. — ¡Bien Abarai! Espero que no tengas nada pendiente hoy, porque nos iremos de parranda. Conozco un buen lugar para beber.
— ¡¿Eh?! ¡¿Qué?! ¡ESPERA…!
Demasiado tarde, el pelirrojo ya estaba a total disposición de la voluptuosa mujer que lo sacaba a empujones fuera de la oficina para ir a uno de sus bares favoritos de la Seireitei. Donde se les uniría en su compañía a Kira Iduru, Shūhei Hisagi y el Capitán Kyōraku.
Por otro lado, en los jardines del escuadrón uno de la Gotei… disfrutaba del panorama Rukia e Ichigo en un silencio sepulcral que no tardo en ser roto por la primera:
— ¿Estás seguro de lo que haces?
— Por favor Rukia —Bufó. — Me conoces…
La Teniente de la decimotercera división, rápidamente recapacito. — Es cierto, mi error. Tú nunca piensas en lo que haces —Un nuevo silencio domino entre ellos, pero está vez era uno más íntimo. Aún así… la joven Kushiki no podía dejar de preocuparse. — Pero… lo que Renji dijo es muy cierto ¿Y si reaccionan mal los altos mandos por tu decisión?
— Renji es un preocupon que se mortifica por todo, en otros términos, es un dolor en el trasero ¡Ouch! —Se quejó por reflejo al sentir como ella lo golpeo en el brazo. — ¿Sabes? Merezco un poco de respeto, sigo siendo tu superior.
— ¿En verdad quieres que actué diferente contigo?
— No —Contestó raudo. — Es más, es una orden.
— Eso pensé…
— Pero ya que hablamos de ello… —Dijo repentinamente Ichigo mientras que miraba pensativo los pétalos de cerezos caer de los arboles que se mecían suavemente por la brisa. — Puedo entender los sentimientos de Tōshirō…
— ¿Sentimientos? —Repitió, ladeando un poco la cabeza sin apartar su mirada del semblante abstraído del pelinaranja.
— Seh, el sentimiento de proteger a esa persona especial… —Indicó cruzando su mirada castaña con la violácea, observándola tan fijamente que Rukia empezó a sentirse nerviosa al mismo tiempo que un suave sonrojo se asomaba en sus mejillas.
— ¿Q-Qué?
— Nada, tan sólo pensaba —Respondió despreocupado, apartando su vista de ella y adentrándose a las profundidades del jardín. Siendo observado a lo lejos por la pelinegra que no se movió de su sitió, admirando la ancha espalda del humano que se convirtió en leyenda… — ¿Qué esperas enana? ¿Una invitación?
— ¡Oi, oi…! ¿A quién le dices enana, huh? —Le rezongó, aparentando enfado y corriendo para alcanzarlo. — ¡Soy mayor que tú por siglos!
— No sé tú, pero no deberías de sentirte orgullosa en restregar esa longevidad.
— ¡Hmph! Pues gracias a esa longevidad tú te beneficiasteis ¿No? —Rezongaba distraídamente mientras que caminaban a la par. — De no ser por mí seguirías siendo un…
— Lo sé.
Ella viró su rostro hacía él para ver como Ichigo le sonreía… nuevamente con esa indescriptible sonrisa donde expresaba tantos sentimientos que no lograba descifrar en su totalidad la shinigami.
— Gracias Rukia.
Y a continuación Kurosaki le acarició gentilmente la cabeza a la pelinegra quien cerró los ojos mientras que un tierno rubor se asomaba en sus mejillas.
—…En verdad estaría perdido sin ti…
— C-Cállate —Contestó esquiva y tosca ella, apartando la mano masculina de su cabeza. — Tan poco es para tanto… —Reprochó evadiendo ver la intensa mirada castaña o… la sonrisa que le dirigía el joven Capitán.
.
~ ((«».«»)) ~
.
Eran las cinco de la mañana por lo que las calles de Karakura estaban a oscuras y poco transitadas con las excepciones de un joven adolescente de un curioso aspecto al tener una cabellera blanca y grande ojos turquesas. Algo mucho más curioso en él es que cargaba en su espalda a una chica durmiente que no se le calculaba más de trece años.
— Uhmn…
Ella comenzó a despertarse, abriendo lentamente sus ojos y abrazando aquello que le brindaba confort y calor… siendo Hitsugaya que meneó un poco la cabeza incomodo al sentir como los labios femeninos rozaban suavemente con su cuello.
— ¿Shirō-chan? —Llamó un tanto soñolienta, apoyando su pequeño mentón sobre el hombro de él quien no detenía su andar con la mirada fija en el camino.
— Hasta que despiertas…
Hinamori se mantuvo en silencio, pensativa. — ¿Yosuke-kun…?
— Él está bien, regreso a casa.
Sonrió complacida ante la noticia. —…Gracias.
— No necesitas agradecérmelo, ese niño sólo estaba en mi camino…
— No… estaba hablando sobre llevarme… ¡Wah!
Súbitamente el peliblanco la soltó. En consecuencia, ella cayó de sentón contra el pavimento quien empezó a sobarse el trasero al escocerle por el impacto de la caída y traviesas lágrimas sin derramar se asomaron en sus ojos castaños.
— Mou, eres malo… ¡No me dejes caer así!
Hitsugaya se volteo con su semblante austero, sin mostrar el mínimo arrepentimiento por haberla soltado apropósito. — Al recuperar la conciencia puedes caminar por ti misma ¿No?
La azabache hincho los mofletes enojada, tal vez tuviera razón pero eso no significaba que debería dejarla caer así como si nada.
— Vamos…
— ¿Huh? —Espetó confundida al ver como él le extendía una mano pero Momo se negó a su ayuda, virando su rostro en un gesto despectivo y cruzándose de brazos. — ¡HUM!
Frunció el ceño molesto. — No seas porfiada, no podemos llegar tarde.
— ¿Tarde? —Repitió curiosa, olvidándose su molestia y finalmente aceptando la ayuda de él para que se incorporara del suelo. — ¿A dónde?
— Lo sabrás cuando lleguemos.
— ¡Oye…!
Tōshirō ignoró sus quejas, afianzando la molestia de la pelinegra que no comprendía el misterio de su amigo ni porque de su frialdad… que no era para nada fingida como en otras ocasiones.
— ¿Estás enojado? —Cuestionó cabizbaja sin hacer el ademan de seguirlo, provocando que él se detuviera en seco y girara un poco su rostro para verla por arriba de su hombro. Admirando así el peliblanco la tristeza reflejada en esos ojos castaños que hace unas horas atrás amenazaban en perder ese destello de vida. — Es porque… ¿Le entregue el amuleto a Yosuke-kun?
— ¿Tú qué crees?
Hinamori se mostró aún más lúgubre ante esa respuesta, estrujando sus manos nerviosamente.
— Hitsugaya-kun… Lo lamento.
Él se volteo sorprendido al ver que ella inclinaba su torso hacía delante, efectuando una formal reverencia que expresaba la gravedad de su disculpa.
—…No te perdonare.
Ella automáticamente alzó su rostro, mortificada al oír esas palabras…
—… ¿Qué dirías si dijera eso?
La adolescente comprendió rápidamente que su amigo le tomo el pelo, furiosa pero sobretodo con una mezcla de sensaciones que iban del alivio al dolor. — ¡Tonto Shirō-chan, con eso no se juega! —Le reprochó infantilmente, asomándose traviesas lágrimas en sus ojos castaños y adquiriendo sus mejillas un tierno sonrojo. — ¡Por un momento me lo creí, en verdad yo…!
Guardó silencio Momo al sentir unas gentiles acaricias en el cabello, alzó con cuidado su mirada… para descubrir que el joven shinigami en un parpadear se situó enfrente de ella y que era el dueño de aquella mano sobre su cabeza.
Ella admiró abstraída como su amigo le sonreía, un gesto imperceptible pero genuino… que decía más que mil palabras por lo que Hinamori no se pudo contener más y sin advertencia las lágrimas brotaron de sus ojos e hicieron un sendero por sus sonrojadas mejillas.
— Lo sé.
El rostro de la azabache se desfiguro en una infantil mueca enfurruñada, posteriormente comenzó a golpear el pecho masculino un par de veces sin alcanzarlo a herir por más que empleara toda su fuerza en ello para después abrazarlo fuertemente. Ocultando su rostro lloroso y sonrojado en el fornido torso de él, empapando su camisa de sus lágrimas.
—…Ey, llorar es de niños chicos —La fastidió divertido.
Ella hundió el rostro en el torso masculino, afianzando el abrazo con tal fuerza que Hitsugaya se cuestionó si la joven quería romperle las costillas. Afortunadamente él no era un humano, porque de serlo ya se hubiera quejado sofocado y adolorido desde un principio.
— ¿…De quién es la culpa?
El peliblanco sonrió y… por primera vez, correspondió (correctamente) uno de los abrazos de su amiga. Permitiendo que llore todo lo que quiera… hasta que se calme, desahogándose de todo lo que ha acumulado en su frágil alma humana.
Y es que el hecho de haber experimentado un ataque violento que la llevo al borde de la muerte, es más que suficiente para sentirse abrumado.
[*]
[*]
[*]
FIN DEL CAPÍTULO 3.
(…)
(…)
(…)
¿REVIEWS?
