Aquí el final, el último capítulo del especial de Halloween. Historia que termine ayer… sip ayer a las 10 de la noche se la envié a mi linda, bella, hermosa y amorosa editora… (Fanfarreas por favor) Yeni. Pobre… no la merezco, abuso de ella… esta enfermita y lleva días sin dormir bien porque mis bellos príncipes (Ósea sus gemelitos) están igual de malitos U.U yo de abusadora mandando la historia tan tarde y ella tan buena que es me la mando hoy al medio día T.T Oh mundo cruel, si ella no fuera tan Evil como yo no estaríamos juntas… porque bien dicen… Dios las hace y ellas se juntan… y nosotras nos juntamos sin importar los muchos pero muchos kilómetros de distancia…

Bueno mejor aquí le corto porque con lo dramática que soy, no termino. Les recuerdo que los personajes que aparecen en esta historia no son míos, pertenecen a Naoko Takeushi.

Ahora si a leer…


Devorador de almas

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Capítulo 4

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Por más que intenté dormir, no pude hacerlo. Las voces en mi cabeza me mantenían perturbada y el beso de Ante sólo aumentaba mi intranquilidad. En un punto donde mi escasa calma se terminó, me decidí a bajar a la cama en un intento por deshacerme de esos sentimientos y por fin dormir un poco. Pero ni estando ahí pude conciliar el sueño, como último recurso caminé de un lado a otro desde el balcón hasta la cama. Después de algunas cuantas vueltas, el pasillo hacia la habitación de Ante me pareció un mejor camino que recorrer.

Mis pies dejaron de tocar el suelo y a pesar de poder moverme rápidamente, en esta ocasión me desplacé de forma lenta en un intento de no hacer ruido. El hecho de llegar y encontrarle plácidamente dormido no me calmó, en lugar de eso me sentí aún más frustrada. Sin siquiera acariciar sus cabellos, salí de ahí.

Terminé en la sala del trono. Por alguna razón, ese lugar me calmaba... después de todo, yo había despertado por primera vez ahí.

Levanté la mirada hacia el cielo y me quedé viéndolo hasta que un ruido me distrajo.

Oculto entre las sombras de este salón, un par de ojos rojos brillaban. Me dirigí rápidamente hasta ellos pero al llegar, Ante estaba tirado en el suelo.

— ¿Ante? — cuando intenté levantarlo, me di cuenta que estaba dormido.

¿Cómo había llegado hasta aquí? Al moverlo sus ojos se abrieron, pupilas rojas y llenas de ira en lugar de azules. Sus manos fueron hasta mi cuello y me apretó fuertemente, pero así como me apretaron… dejaron de hacerlo.

Sus ojos volvieron a ser azules y se cerraron. Tosí fuertemente y en cuanto pude volver a tomar aire, le dejé caer y me alejé. El impacto debió despertarlo.

— Auu… — se quejó— ¿Por qué estoy aquí? ¿No recuerdo nada? — Me miró fijamente antes de acercarse debido a que no dejaba de toser— ¿Qué te pasa Hotaru?...

Golpeó suavemente mi espalda y esperó a que dejara de toser.

— Estoy bien.

— No estás bien, apenas y podías respirar.

— Estoy bien. — aseguré enderezándome.

Me alejé un poco de él. No podía creer que me atacara pero, él no parecía consciente de lo que había hecho.

— ¿Acabo de llegar?

— ¿Qué? No. — contesté confundía— Volviste a noche…

— Oh ¿De verdad?

— ¿No recuerdas? — pregunté entre sorprendida y molesta, ¿Cómo podía haberlo olvidado?

— No… ¿Acaso hice algo raro? — preguntó desesperado.

Por un segundo casi le grité que me había dado un beso, pero mi orgullo no me dejó. Aun cuando insistió una y otra vez durante el día. Según él, mi comportamiento y respuestas cortantes eran un indicativo de que había hecho algo extraño.

Para cuando llegó la noche y él durmió, no pude evitar suspirar aliviada así como insistirme por penúltima vez, el olvidar lo que Ante no recordaba.

— Nada bueno te traerá pensar en ello. — con esa frase en mente me quede dormida.

Para mi desgracia, al día siguiente mientras me bañaba, Ante bajo las escaleras y fue como si todo se repitiera. De inmediato apartó la mirada y giró para subir las escaleras.

— Iré por unas toallas.

Volvió con una en las manos. Le miré fijamente no pudiendo creer que estuviera pasando otra vez. Extendió la toalla y giró la cabeza, sin poder evitarlo me levanté.

Caminé lentamente hasta llegar frente a Ante y como en aquella ocasión, me pegué a la toalla… justo estaba por atraerlo y hacer que me viera, cuando la toalla se resbaló hasta el piso y me miró de frente con los ojos completamente abiertos.

Abrió la boca e intento decir algo y al hacer eso, yo simplemente miré sus labios. Quería volver a sentirlos, probarlos. Pero el llevó una de sus manos a su cara tapándolos, retrocedió un paso y su mano subió a sus ojos.

— Lo siento… — ¿Qué? ¿Por qué se estaba disculpando?— Yo… yo lo siento Hotaru… — no… no… — Yo bebí demasiado esa noche…

No me estaba viendo, su mano seguía tapando sus ojos y tenía la cabeza baja. Para colmo, estaba repitiendo lo mismo y casi sentí que huiría como esa noche. Pero esta vez no lo dejaría huir.

— Recordaste. — afirmé.

— Cuanto lo siento, no debí haber hecho eso… — su mano bajó hasta su costado y dio la vuelta, cuando comenzó a caminar… tomé su mano— Hotaru… déjame…

— No.

A pesar de que le detuve, no me miró. Se quedó dándome la espalda, me desplacé hasta pegarme a su espalda y le abracé. Recargué mi frente en su nuca y le apreté tan fuerte como podía sin lastimarle.

— No te vayas… por favor. — supliqué.

— Pero, hice algo malo.

— Para mí no lo fue. — contesté inmediatamente.

Su cuerpo se puso más rígido al escuchar mis palabras, pero fue por un momento, casi inmediatamente intentó girar pero al mantenerlo apretado, no pudo hacerlo. Sus manos se posaron sobre las mías y su toque, poco a poco me persuadió de aflojar mi abrazo. Ante giró y levantó mi cara para que pudiera verlos a los ojos.

— Yo te besé esa noche, ¿Verdad? — Asentí suavemente— ¿Y no te molestó? — Negué— Hotaru… — su voz tembló y me soltó la cara— Tú sabes que para mí, tú eres importante… pero no creo que entiendas.

Me apartó de su lado y caminó para levantar la toalla y cubrirme con ella.

— Yo… te quiero. — Algo dentro de mí palpitó con fuerza, casi de forma dolorosa— Pero mi forma de querer… — la duda en su voz y su actuar me dolió aún más…

— No soy tu madre… — casi grité con ira.

Yo no quería ese tipo de querer… quería más de él. Estaba dolida, casi me impedía respirar y entonces, Ante se rio.

— Lo sé… Sé que he estado contigo desde que era un crio y que hace poco te dije que para mí eres mi familia… pero mi forma de quererte es como la de un hombre a una mujer.

Entonces mi respiración sí se detuvo… saber que me deseaba como yo a él, me hizo sentir algo que antes no había sentido, pero que extrañamente, me resultaba conocido.

Mis manos acunaron su rostro dando un paso al frente, tomé sus labios. Sorprendido no correspondió a mi beso, pero así como los toqué, me alejé para ver su cara y besarle otra vez. En ese segundo beso, Ante me correspondió, sus manos rodearon mi cintura y yo solté su cara para aferrarme a sus hombros.

Nos separamos un momento, sólo un momento en el que de mis labios salieron las palabras que jamás creí decir.

— Te amo.

Sorpresa fue todo lo que pude ver en los ojos de Ante y estaba segura que en los míos también la habría. Pero pasada la sorpresa, una bella sonrisa se dibujó en su rostro y volvió a besarme, pero esta vez fue más apasionado. Había besado a muchos hombres, tantos que me era imposible contarlos y con ellos había hecho mucho más que solo besar.

Sus besos, sus caricias, todo era algo que otros no me hacían sentir. Con los otros sentí lujuria mientras que por Ante… con él todo era diferente.

— Hotaru…

De pronto se alejó y se agachó un poco para levantarme, con una mano en mi espalda y con la otra bajo mis rodillas, me llevó escaleras arriba hasta la cama. Al llegar me recostó con cuidado y se puso arriba de mí para seguir besándome.

Sus manos recorrieron mi cuerpo por completo mientras sus besos se volvían más demandantes. Nuestros labios se apartaron por un segundo, sus caricias se dirigieron hasta mi cabello y me miró a los ojos. Su mano se detuvo en mi mejilla, con la llama de sus dedos modeló la forma de mis labios que se abrieron en busca de aire. Su roce continuó por mi cuello hasta llegar a mis hombros, mis ojos se cerraron en un intento de concentrarme en lo que me hacía sentir.

Sus manos se cerraron suavemente sobre mi pecho y eso me hizo abrir los ojos ampliamente, sorprendida y a la vez fascinada con el calor de sus manos. Ante me miraba de forma intensa con sus orbes azules, esos mismos que me habían fascinado desde que le encontré.

En un momento pareció que se ensombrecían con dudas, temí que esa duda fuera hacer que se arrepintiera. Estaba por hablar en un intento de convencerle que no me dejara, cuando habló.

— Yo, no sé muy bien qué hacer…

Su voz y sus palabras eran tímidas e inocentes, escucharlas me había quitado el miedo. Sonreí y alcé mis manos hasta hundirlas en su sedoso cabello al tiempo que lo atraía a mis labios, transmitiéndole con mis besos todo el amor que me hacía sentir.

Poco a poco mis manos comenzaron a remover la tela que me impedía tocar su piel y con la ayuda de él, pronto estuvo desnudo sobre mí.

El sexo para mí siempre había sido brusco y eso me encantaba… pero ahora, mientras la polla de Ante entraba en mi coño de forma lenta y suave, fui capaz de sentir una satisfacción completamente diferente y a pesar de sus torpes embistes me sentía plena. Luché en todo momento por no cerrar los ojos para evitar perder alguno de sus gestos, la pasión y amor con el que me miraba me provocaba escalofríos.

Y de un momento a otro los torpes embistes se volvieron osados, podía sentirlo crecer aún más en mi interior y el calor que su polla transmitía comenzó a robarme el aliento. Mi espalda se encorvó y Ante tomó con su boca uno de mis senos, mordía suavemente la punta después de lamerla y succionarla. Una tortura deliciosa era lo que yo estaba recibiendo mientras que no podía hacer más que apretar el agarre de mis piernas sobre su cintura.

Su boca se alejó de mi seno y el aire sólo aumento la tensión en mi pezón, su lengua se burló de mi otro seno y jadeé con deseo.

— Diamante… — repetí su nombre una y otra vez con voz entrecortada.

En respuesta el succionó más fuerte y de forma desesperada al tiempo que su mano se movió entre nuestros cuerpos y llegó hasta donde nos uníamos. Sus dedos encontraron mi clítoris y lo apretaron suavemente. Al instante mi voz desapareció y me fue imposible el enlazar una sola palabra.

Mi cuerpo entero se sentía arder, justo estaba por gritar llena de éxtasis cuando sus labios lo ahogaron. Cerré los ojos y me concentré en la sensación de calidez que su amor me provocaba, mis manos llegaron hasta su espalda para atraerlo aún más a mí.

Cuando nos separamos yo tardé unos segundos más en volver a abrir los ojos, Ante seguía besándome tiernamente las mejillas, el cuello y los hombros mientras me acariciaba. Sentí sus manos apretando mi cintura y cuando me llevó con él, abrí los ojos. Ante se había dejado caer hacia atrás quedando sentado y ahora yo estaba sentada sobre él.

Sus manos recorrieron mi espalda y lengua traviesa salió para volver a atormentar mis senos. A pesar de haber terminado hacía unos momentos, Ante aún se sentía tan grueso y duro dentro de mi coño. Con las manos me levantó un poco y eso fue todo el incentivo que necesité para comenzar a moverme, con mis manos en sus hombros.

— Te amo Hotaru… Te amo. — me dijo cuándo despegó su boca de mi seno.

— Diamante… yo también te amo. No sabes cuánto… — contesté pegando mi frente a la suya.

Igual que él, mi ritmo aumentó conforme la sensación de placer lo hacía. Y para cuando no pude moverme más, Ante se aferró a mi cintura levantándome y bajándome hasta que lo sentí vaciarse en mí. Su semen en mi interior era tanto y tan cálido que aun cuando sacó su polla, me sentía llena. Sentía tanta paz que inmediatamente después de que Ante me acomodara y cubriera con la manta, me quedé dormida en sus brazos.

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Recuérdalo siempre y no importa qué… te amaré.

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Mis ojos se abrieron con brusquedad cuando sentí que algo atravesaba mi cuerpo. La vista frente a mí era difícil de creer. Ante estaba sobre mí y una de sus manos apretaba mi cuello, sentí algo moviéndose y cuando él levantó su otra mano pude ver que empuñaba una daga.

La sangre estilaba por su mano y sus ojos azules estaban teñidos de rojo. Su mirada y expresión fría me hizo darme cuenta que algo estaba mal. Esta persona no era Ante, podía verse como él… pero no lo era. No podía serlo.

— Ante… — susurré levantando mi mano para alcanzar su mejilla.

Pero la daga entrando otra vez en mi cuerpo me lo impidió. El dolor era algo que conocía, pero jamás a este grado de intensidad. Una y otra vez sentí la daga atravesarme y no pude hacer nada. Intenté de todo para pararle, todo aquello que pudiera revertir y que no le dañara. Pero mis poderes no funcionaban.

Le llamé una y otra vez pero él parecía estar en trance. Como último recurso, decidí usar mi fuerza para apartarlo y darle así, algo de tiempo a mi cuerpo para sanar. Pero cuando iba a serlo, la imagen ante mis ojos cambió.

Un hombre de ojos azul oscuro casi iguales a los de Ante y piel grisácea como la mía, con largos cabellos negros amarrados con un lazo rojo. Imágenes de ese hombre y de una niña llenaron mi cabeza. Sus voces retumbaron en mis oídos y como un torrente de agua, me hundieron en las profundidades del pasado que había olvidado.

Abrí los ojos con dificultad. Sentí mi mano húmeda, al mirarla noté que estaba llena de un líquido viscoso y apretaba fuertemente la daga. Me incorporé un poco y pude ver a Seiya bajo mi cuerpo, sus ojos estaban llenos de lágrimas y en ocasiones se volvían rojos. Para cuando pude volver a controlar mi cuerpo, mis lágrimas se unieron a las de él.

¿Qué he hecho?... Seiya… mi amor… perdóname…

Tranqui… la… — dijo con voz entrecortada.

¿Cómo podía estar tan tranquilo cuando le había hecho daño?

Seiya… Seiya… por favor… resiste…

Escúchame… escúchame… — me tomó de la mano— Perdóname tú a mí… es mi culpa… Yo lo sabía, pero lo había olvidado. Un devorador de Almas debe estar siempre sólo, nos volvemos débiles si estamos con otro ser vivo.

No… no entiendo. — negué con la cabeza. — ¿Qué quieres decir?

Si compartes tu tiempo con otro y este llega a amarte, lo estás condenado a volverse uno de nosotros… pero sólo puede haber uno. No puede haber dos… No debes volver a amar Hotaru… prométemelo… que no olvidarás lo que te digo… no debes buscar a un igual... porque el día que él te ame… ese día serás su final.

Seiya… por favor… no me dejes… ¿qué haré sin ti?

Recuérdalo siempre y no importa qué… te amaré.

— No…

Negué cuando mis ojos estaban llenos de lágrimas y con ellas, los ojos de Ante volvieron a ser Azules.

— ¿Qué está pasando? ¿Cómo es…? — se alejó de mí y soltó la daga.

Grité de dolor, más no por el que Ante me había causado. Grité y lloré por el dolor de haber olvidado a Seiya. De haberle amado y entonces… haberle matado.

— Hotaru… ¿Qué está pasando? Yo… yo te he…

— Es mi castigo… todo es mi culpa… Lo siento Ante… lo siento… — ahora entendía… por fin entendía.

— No entiendo Hotaru… — estaba asustado, tenía que estarlo. Su vida cambiaría por completo.

— Te amo Ante, pero ahora deseo tanto haberte matado en vez de dejarte vivir.

— Hotaru…

— Ante escúchame... — me arrastré hasta llegar a él— Permanece solo, no dejes que nadie se te acerque como yo dejé que tú lo hicieras. Cumple con el rol, no busques otra igual… porque entonces, terminarás lastimándolo.

— Tus heridas… no están sanando… hay que ir con un médico…

— Ante… no puedes evitar que muera… no puede haber dos y el trono no puede quedar vacío. Antes de mi Seiya, después de mi… serás tú…

— ¿El trono? ¿Seiya? No entiendo… tengo que llevarte con un médico…

— Yo una vez fui como tú… tenía 14 años cuando le conocí, nos enamoramos con solo vernos. Seiya era especial y dejé todo para estar a su lado, le amaba tanto… pero para un Devorador de almas, amar es como un veneno. Al final terminó muriendo por mi mano y yo… yo tomé su lugar… ahora tu tomarás el mío. Ante no debes cometer los mismo errores que nosotros… — quise levantar mi mano y tocarlo pero estaba demasiado débil.

Quería calmarle y asegurarle que todo estaría bien… pero sabía que no podría hacerlo, no podía ayudarle en nada. Como no había podido ayudar a Seiya. Sus ojos se cerraron y su cabeza cayó por el peso, hincado a mi lado perdió la conciencia. Su cabello comenzó a crecer y su piel blanca se ensombreció hasta llegar a ser igual a la mía… como la de Seiya.

Seiya, ¿Cómo había podido olvidarlo? ¿Acaso Ante también olvidaría? ¿Seiya también lo habría hecho? Nunca me lo dijo, pero sus ojos no miraban los míos cuando murió… estaba segura de que también había olvidado todo. ¿Cuántos habría antes que él? ¿Cuántos más después de mí? Esperaba que Ante fuera el último, porque de ese modo, no viviría este dolor y no condenaría a nadie a lo que nosotros vivimos.

Mi mano comenzó a desaparecer, el dolor ya no me preocupaba y tras Ante, fui capaz de verlo.

— Seiya… — susurré con mi último aliento.

Una sonrisa triste y con lágrimas en sus ojos… mi pecho brillo y vi a mi propia perla salir, a diferencia de las demás esta era de color morado. Un reflejo de ella se fue directo a Seiya, mi cuerpo comenzó a desaparecer por completo y una vez no hubo nada pude llegar hasta él.

Sus brazos me rodearon al instante en que estuve a su alcance y besó mi mejilla dulcemente. El sol comenzó a salir y antes de que todo el cielo aclarara, revolví los cabellos de Ante. Mi amor le había convertido en el siguiente devorador, su cuerpo se volvería un recipiente de almas que debían renacer.

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Para cuando el sol iluminó el cielo, la cama junto al balcón estaba vacía. No había más que pétalos negros sobre la cama y los suelos eran cubiertos por hierbas y polvo. El castillo parecía vacío y no había rastro de vida en ningún lugar. Más en cambio, la sala del trono parecía ocupada por un hombre dormido.

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Abrí los ojos y me encontré en un lugar desconocido. Al intentar enderezarme noté que mi mano derecha estaba aferrada a algo por lo que la levanté para verle. Una esfera de color morado, la luz que desprendía mantenía mi mano caliente. Levanté la vista al tiempo que dejaba mi asiento, observé todo mientras me estiraba.

Un salón en ruinas, bastante sucio y deplorable. Di dos pasos en mi deseo de irme de este patético lugar, cuando me detuve. Una sensación familiar me invadió, volví a repasar todo tratando de encontrar algo que me diera una pista… pero no encontré nada. Lo único que pude encontrar fue un olor, un dulce y suave olor. Uno que no sólo venia de la perla en mi mano, sino de todo el lugar.

De forma instintiva mi mano se dirigió hacia arriba y aun cuando pensé sólo en olerla, su delicioso olor hizo que terminara en mi boca. La sensación y el sabor me volvieron loco en cuanto se deshizo en mi boca, la forma líquida que tomó me hizo desear comer más y más de esas perlas.

Di un paso de forma brusca y trastabillé un poco, mi cabello cayó sobre mi cara y noté que éste comenzaba a cambiar. Desde las puntas y avanzando hacia arriba, el color plateado era remplazado por un tono negro que paró hasta llegar a mis hombros.

Una vez recuperado de la impresión, sentí mi estómago clamando por más.

Deseaba más de esas perlas que sabían deliciosas cuando se derretían en mi boca y deslizaban por mi garganta. Respiré hondo y pude captar varios aromas dulces y no pude resistir más, simplemente les seguí. Al abrir los ojos me di cuenta que todo a mi alrededor estaba vacío, el salón sucio ya no estaba, ahora estaba rodeado de nubes blancas.

Al bajar la vista fui capaz de ver el lugar del que había salido, era bastante grande y a pesar de estar destruido, seguía viéndose majestuoso. Todo este y su alrededor olía del mismo modo, respiré nuevamente y me dirigí rápidamente hasta donde estaban. Estando en el aire me sentí ligero y libre, tanto como un ave. Me detuve cuando bajo mis pies quedó un poblado del que provenía un delicioso aroma. De forma impaciente me precipité al suelo para poder conseguir mi alimento.

Al llegar al lugar la gente me miró impresionada, parecían no creer lo que veían, fui capaz de identificar el miedo en sus ojos y por un momento, una sonrisa comenzó a formarse en mi rostro. Pero así como comenzó se fue, la sensación de que algo faltaba me irritó. Sin pensarlo siquiera me abalancé sobre la mujer más cercana. Ojos verdes y cabello un poco oscuro. La rodeé con los brazos y mis uñas crecieron, abriéndose paso entre su carne. La mujer no podía ni gritar mientras que yo rasgaba su cuerpo, mordí su cuello y todo lo que pude con deseos de encontrar esa perla que podía sentir dentro de ella.

La gente a mi alrededor comenzó a gritar y corrió aterrada, escuchándolos fue que comprendí que eso era lo que me faltaba, esta vez mi sonrisa no fue detenida y apareció en mi rostro. La satisfacción aumentó cuando de su cuerpo salió la perla, más pequeña que la otra y de color roja. Pero no me importó que fuera más pequeña, de otro color o lo que fuera… su olor seguía provocándome y al comerla, su sabor era placentero.

Me puse nuevamente en pie, cubierto de sangre. El sabor era diferente, la perla morada era mejor… un fuerte golpe se escuchó a mi derecha y pude ver como una mujer que intentaba ocultarse, empujaba a otra. Sonreí al ver que ambas olían bien.

Me acerqué a ellas en un parpadeo, tan sorprendido como ellas por la velocidad en la que había llegado, nos tomó a los tres unos segundos el reaccionar. Aun así, yo reaccioné primero. Una de ellas se derrumbó a mis pies de la impresión mientras que la otra giró con la clara intención de huir, estiré la mano para tomarla y me molesté al ver que no la alcanzaría. Pero para mí sorpresa los pies de esta se volvieron piedra.

Me agaché y le tomé del cuello hasta ponerla sobre sus pies, con la otra mano le indiqué que guardara silencio y entre lágrimas cerró su boca. Mi mano dejó su cuello y se aferró a su hombro, vi la mancha de sangre que mi mano había dejado y como hipnotizado bajé la cabeza hasta lamerle. La mujer dejó de llorar y su respiración se entrecorto. Casi quería reír a carcajadas cuando le encajé las uñas tanto en el hombro como el pecho.

El llanto y los gritos de ayuda de la otra mujer dejaron de ser satisfactorios, pero intenté ignorarlos hasta que pudiera obtener una nueva perla. Pronto la obtuve y no puede evitar sentirme decepcionado al ver que su color era rojo, aun así me la comí.

— Realmente necesito una como aquella. — me quejé incluso después de deleitarme con su dulce sabor.

Me giré y unos cuantos pasos bastaron para llegar a la mujer que golpeaba sus pies en un intento absurdo por volverlos a la normalidad. Cuando la toqué, todo su cuerpo comenzó a volverse de piedra hasta quebrarse, la perla quedó suspendida en el aire mientras los trozos de ella se extendían en el suelo.

— Roja… — repetí con desilusión— Está bien… no tengo prisa en encontrar otra de ese color… puedo encontrar una en cualquier momento.

La llevé a mi boca y me fui de ahí, una vez en el aire me debatí sobre el lugar al que debería ir… una imagen de un par de escaleras de piedra entre las cuales había una gran fuente, destelló en mi mente.

Ese lugar encajaba con las ruinas en las que había despertado, tal vez podía hacer de ese mi castillo.

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Décadas después…

Dormía en la cama cuando un dulce olor me despertó. Me levanté y caminé hasta el balcón, las fuertes corrientes de aire traían consigo un suave olor. No era como los otros, si bien era verdad que despertaba mi apetito, también era algo más lo que despertaba. Era algo suave y familiar… olía casi igual que estas ruinas en las que vivía. Traté de contener el impulso pero me fue imposible no ir hasta el lugar, hasta la persona de la que provenía ese dulce olor.

Era un grupo de viajeros que parecían estar descansando en su camino. Todos estaban dormidos por lo que seguí el suave aroma entre los cuerpos. El dueño de ese olor era una joven chica. La idea de comerla en ese instante pasó por mi cabeza pero de inmediato fue remplazada por otra.

— Si la llevo a las ruinas, estas se llenaran con ese suave olor… debo llevarla ahí. — sin pensarlo una segunda vez, la tomé en brazos mientras dormía y la llevé conmigo.

Al llegar la recosté en la cama y me dediqué a observarla. Su piel blanca y su cabello rubio me atraían bastante. No podía esperar a que abriera los ojos, quería saber el color de ellos y estaba dispuesto a esperar a que despertara. Cuando lo hizo quedé aturdido por el color.

— ¿Dónde estoy?

— Hola…

— ¿Quién eres tú? — me preguntó al bajar de la cama he intentado huir de mí.

— Yo… yo soy… — dejé de verla.

¿Cuál era mi nombre? ¿Tenía uno? No lo recordaba. Nunca lo necesité. Hasta ese día estaba a gusto con los apodos que me ponía la gente con el miedo reflejado en sus rostros.

— ¿Dónde estoy? ¿Y mi familia? — el miedo en sus palabras me sacó de mi pensamiento.

— Estaba viajando de regreso aquí… y te encontré. — hablé sin saber lo que decía o de por qué razón mentía.

— ¿Me encontró?

— Tú estabas sola, era peligroso dejarte ahí… así que te traje. — ella pareció relajarse y yo me acerqué— ¿Cuál es tu nombre?

— Yo… yo me llamo Serena. — miró nuevamente a su alrededor y después me miró directamente— ¿Y usted?

— Yo…

No sabía que decir… no hasta que escuché una voz. Una voz familiar que me llenaba de tristeza sin saber por qué.

Ante… Ante… Diamante…

— Ante… me llamo Diamante.

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Bueno chicas y chicos, pues se acabó lo que se vendía… este es el final del especial de Halloween 2016. Espero que les gustara y que no me maten por que como siempre… mate a alguien… vamos, que este especial tiene menos muertes que el del 2015… según Chat'de'Lune a quien por cierto extraño mucho T.T chica dónde estás? Acaso me has abandonado? Bueno el punto es que en ese especial hubo muchas pero muchas muertes y ella las conto jajaja y hasta me apodo como la nieta o bisnieta de Hitler jajaja y yo encantada con la sangre que hubo en Orenji Moon jajajaja. Bueno… pues aquí hubo muchas pero solo 2 son importantes las demás ni cuentan.


Ok mejor paso a contestar rw…

Mari… Marie… Mariela…

¬¬ esperare ese rw magistralmente largo que prometiste ¬¬

Zakura Naeiguino…

Jajaja gracias por creerlo, me alegra que te guste tanto. Ohhh me gustaría no vivir tan lejos para poder ir cuando este abierto… ¿Es de comida? Yo en mi parte estudie repostería y chocolatería. No termine jajaja la salud no me lo permitió ya que trabajaba, estudiaba eso y aparte estaba en una escuela de cultura oriental. Mi cuerpo se sobrecargo y me puse muy grave… de hecho en esa fecha fue cuando comenzó el problema en el brazo y la doctora hija de kdfjask dijo que no era nada, y al no tratarme a tiempo pues el daño provoco la parálisis y los daños permanentes jajaja. En ese entonces fue mucho peor que ahora… (Respira hondo… respira hondo) jajaja perdón… esa época fue terrible, tanto que solo recordarla me provoca un nudo en la garganta… fueron tantas cosas, salud, familiares, laborales, personales... mejor cambiar el tema… Dos meses… para fin de año estarás aventado el birrete (¿Si se llama así, verdad?) la frase fue algo de momento… jajaja estaba hasta la madre, entraban al cuarto y preguntaban ¿Te duele? Se sentaban a mi lado y volvían a preguntar… y llegaban por puños… enfermeras, doctores, familia. Amigos… fácil me preguntaron más de 100 veces en menos de media hora… y ya les había dicho que el medicamento no me hacía efecto… ¿Para que seguían preguntando? U.U no me entendían… mi ardilla se volvió loca y mi Boo tomo el control… pobre de mí, pobre de mí. Besos y abrazos… espero te guste el final.

Nataly Oliva…

Hola, sabes… acabo de recordar que podrías ser mi tocaya N° 2, por mi nombre real… casi nadie lo puede decir bien y me dicen Taly… aunque creo que a ti deben decirte Naty… así que reconsidero y me deprimo por 5 segundos al ver que no serás mi tocaya N° 2. Cuidado, la intriga mata… no, lo que mata es la curiosidad. Ok fuera de peligro. Pues como tú lo pediste… esto es lo que paso en el próximo. Jajaja. Cuídate mucho también y gracias por los rw, espero saber de ti en mi próxima historia, la cual espero no tarde. Besos.


Pues muchas gracias a todos, les deseo lo mejor y espero volver pronto con otra historia. Con la cual espero saber de ustedes. Besos a todos.