Último capítulo del arco dedicado al pasado de HyukJae, el verdadero causante de su trauma. Luego de esto volvemos al ritmo normal ^^

En sus brazos: última parte.

~~É~~

Cansado de llorar, con la garganta inflamada, con el cuerpo sucio de sus fluidos y la mente casi inconsciente, escuché como él se reía de mí mientras me propiciaba el mismo castigo que a mi madre cuando estaba escondido bajo la cama.

Exclamaba palabras sucias decía que lo mucho que disfrutaba lo que me hacía entre suspiros contra mi oído.

A mí no me gustaba, me sentía asqueroso e impotente.

Salió de mi interior en un doloroso tirón, justo cuando sentía que se volvía más grande y me estaba lastimando de más. No sabía si suspirar de alivio o gemir adolorido a causa del brusco movimiento. Con sus fuerzas agarró de los largos mechones de mi cabello y tiró de ellos hasta arrodillarme frente a él, me obligó a mirar demasiado cerca su pene y a entrarle en mi boca.

Tomé su asqueroso y arrugado pene entre mis dedos, entre fuertes 'caricias' me lo llevé a la boca. Intenté no asfixiarme cuando volvió a tironearme para marcar un ritmo en específico. Sentí que aquella parte de su cuerpo palpitó y lo retiró de mi boca para él mismo tocarse frente a mi rostro.

Algo que mamá odiaba de mí: mi mal carácter cuando me cansaba de algo a lo que me han impuesto a hacer en contra de mi voluntad.

Me tocó, y yo me negué a ello con gritos.

Me violó, me opuse a base de movimientos bruscos.

Quiso que se la chupe, yo aproveché la oportunidad.

Me acerqué en cuanto cerró los ojos por el placer que se estaba brindando y me llevé aquella erecta masa de carne a la boca, lo mordí con saña. Él empezó a golpearme la cabeza con palma abierta y sus alaridos recorrieron por las paredes de toda la casa sobre el ruido de los truenos. Tomó la navaja y la alzó para atacarme, pero abrí la mandíbula y lo mordí más fuerte e imité el método que mi padre me contó que utilizaban los cocodrilos para comer a sus presas.

Soltó el arma blanca y se retorció dolorido en el suelo. Tomé la navaja y me senté sobre su pelvis.

-Si me matas... -murmuró con voz ronca y luego gimió con los ojos cerrados, adolorido-, te perseguiré incluso después de la misma muerte, maldito mocoso.

Me agarró con fuerza los muslos y temblé al notar que ya no estaba tan adolorido, sus ojos me atacaron ante la debilidad que le había mostrado. Sin saber de dónde saqué el coraje, le escupí en los ojos la sangre que había quedado en mi boca debido a la fuerte mordedura. Empecé a apuñalar sus pulmones con puro terror, poco a poco iba soltándome, a la misma velocidad que caían mis lágrimas.

Después de eso sólo recuerdo haber corrido y corrido hasta llegar a una iglesia. Había mucha gente orando, arrodillados sobre unas almohadillas rojo vino.

» -Joel dijo que Dios derramaría la lluvia temprana y tardía: "Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio." -murmuró el sacerdote con la estola blanca y diseños dorados.

Lo ignoré por completo aquel estúpido palabrero injusto y decidí escabullirme hasta el confesionario. Sin saber porqué, me confesé, todo lo que sabía y como me sentía. Cuando terminé salió una niña de pelo oscuro y se disculpó, ella estaba esperando que la misa pasara allí, mientras su padre estaba con el resto de los adultos.

Supongo que me vio con lástima, pues me dirigió hasta un lugar con agua limpia y me ayudó a bañar, me brindó ropas que su padre donaría a la iglesia. No era un ángel, ni lo más cercano a ello, pero era muy agradable estar con ella. Cada vez que sonreía me mostraba sus hermosos hoyuelos, uno más notable que el otro.

No le vi más. Tampoco volvió a llover.

Gracias a aquella niña, el sacerdote me permitió vivir allí durante casi cinco años; hasta que contactó con unos tíos. El único hermano de mi madre y su familia, respectivamente, quienes odiaban a mi padre por "raptar" a mi madre y obligarla a una vida sin comodidades, como ella solía hacerlo cuando vivía en el lecho materno.

Empecé a trabajar en la iglesia. Era un requisito para vivir con ellos, yo debía aportar a la casa.

Con los años la noticia se expandió. Ellos me miraron con desprecio, pues la noticia de volvió amorfa: Según la leche de nuestras vacas dejaron de llegar al mercado y la mejor de las maestras no impartía sus clases, decidieron ir hasta la casa. Donde se encontraron dos cadáveres; el de una mujer en el segundo piso, a quien reconocieron como mi madre por su vestuario y cabello, y un hombre que tacharon como a mi padre, puesto a que el cadáver estaba irreconocible debido a que la navaja con la cual le habían apuñalado estaba muy oxidada. El oxido hizo que ambos cadáveres se descompusieran más rápidos.

No hubo testigos de lo ocurrido y el único hijo de la pareja había desaparecido. Aunque no por mucho.

Mis tíos empezaban a pasarla mal económicamente, alguien que les enviaba dinero dejó de hacerlo, nunca me contaron quien.

Y mi propia 'familia' me vendió a las autoridades como si fuera un reo.

Aquella tarde de verano, seis años después, el cielo se había nublado.

El pueblo con su metodología me ataron a una silla frente a la iglesia que me acogió. Empezó a tronar en cuanto la gente se aglomeró frente a mí. Las luces de los relámpagos me cegaban a momentos y convirtió a la gente en un montón de sombras oscuras que se burlaban de mí.

Temblaba, en cada sombra veía aquel hombre riendo y amenazándome con encontrarme con su horrible tono de voz. Estaba consciente de que él había muerto, mas no podía salir de mi prisión mental.

Sus distorsionadas voces y los truenos acompañados de los lumínicos relámpagos creaban las peores de las escenas. Repasaban segundo por segundo lo que sucedió aquel día. Estaba tan confundido y tan nervioso que perdía la diferencia entre la realidad y el recuerdo.

Era un tortura psicológica, indirecta puesto a que ellos no sabían de mi miedo, pero al fin y al cabo lo era porque lo hacían con el fin de obtener información o de conseguir "pruebas" para aclarar el crimen.

Pedía auxilio, gritaba por ayuda, exigía compasión. Ellos no me escuchaban, o fingían no hacerlo mientras hablaban más alto y creaban más ecos en mi cabeza.

- ¡Esto es Sagrado! -bramó alguien sobre las fuertes gotas de lluvia- ¡Nadie tiene el derecho a torturar, mucho menos en la casa de Dios!

La gente se abrió y me dejó mirar a un chico encapuchada, la brisa la corrió y me mostró unas finas cejas juntas en un ceño fruncido. Había gastado tantas energías gritando y moviéndome en la silla para quitarme las sogas que ya empezaba a ver borroso.

Tenía tanto frío, me dolía tanto la cabeza y me sentía tan sucio como aquel día. Entre tantos hombres burlones e iguales, sólo aquel chico tomó la figura de la niña que me brindó cobijo en la iglesia.

Todo se volvió oscuro.

Una vez más, no supe quien me había ayudado esta vez.

El sacerdote Totosai me dio la oportunidad de venir a la ciudad con su familia y terminar de estudiar. Cuidé de él durante su enfermedad así como él cuidó de mí para tratar lo que años después reconocieron como astrafobia. Su hermano menor, Myoga, era psiquiatra y sólo aplicaba la hipnosis en casos muy fuertes, como resultó ser el mío. No quería usar medicamentos y hacerme un dependiente de ellos.

Terminé mis estudios con honores, a pesar de todo. Me regalaron una beca completa en la universidad con la ayuda de la familia de Totosai, que me acogió y me brindó el calor que hoy en día agradezco tanto. Incluso el hospital en el que trabajo está a cargo de la esposa de Myoga, Shoga, pero no les veo muy seguido porque siempre tienen que estar presentes en importantes reuniones y conferencias o...

-¡Conferencias! -exclamé mientras me despertaba de mi ensoñación.

Mi cabeza dio vueltas y traté de hacer algo de fuerza en ella para oprimir el vértigo. Es 15 de octubre, el seminario más importante se llevará a cabo esta noche al otro lado de la ciudad, aunque es posible de que se haya postergado debido a la lluvia.

Suspiro aliviado y me rasco el cuello, me habían arropado con esa manta sucia.

Trato de moverme un poco, pero un peso extra me lo impide. Corrí la sábana un poco y me encontré a Rin acurrucado a mis piernas. Sonrío con ternura y me vuelvo a recostar en el mueble con cuidado, sólo que esta vez para acariciar la cabellera color chocolate de mi pequeña adulta.

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Lloro a mares antes de escribir esta historia y con los OST de cada personaje -porque sí, cada personaje tiene su canción, por lo menos así funciona en mi torcida cabeza-. A sinceridad, espero hacerles llorar al menos con las pistas que les dejo sueltas y que ustedes arman.

PD: Mis disculpas si ofendo a algún seguidor de la biblia o la iglesia, o algo así. O si ofendo los ideales de alguien o no sé...