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Sentía el cuerpo más pesado que una roca o peor aún, me sentía como una.

Tras varios intentos, al fin logré ponerme de pie, o lo más parecido a ello. Sentía un gran nudo en el estómago, como si todos mis órganos internos se hubieran enredado en una pequeña bola que rebotaba en el interior de mi sistema digestivo.

Apoyé las manos sobre el brazo del mueble e intenté desjorobarme, pero dolía cada una de las vertebras que tronaban con el esfuerzo. ¿Acaso ya estoy demasiado viejo? ¿No era que los treinta son los nuevos veinte? Yo pensaba que sí...

Arrastré los pies descalzos a través del frío piso en almendro mientras silbaba con pereza, sintiendo como cada de una de las grietas me acariciaban de manera incomoda la planta de los pies, pero tenía suficiente flojera como para no levantarlos. No tenía hambre, pero me entraron ganas de hurtar todo el contenido del refrigerador.

Al entrar a la cocina me encontré con Rin sentada sobre el desayunador, con una lata de cerveza negra en las manos. Miraba el envase con bastante curiosidad, tenía los ojos tan concentrados y juntos en el objeto que parecía visca, incluso la olfateó y aquel fuerte olor le hizo arrugar la nariz al mismo tiempo que sus labios se fruncían en una mueca de desagrado.

Se veía tan tierna, es como si se preguntara como hay personas que toman algo que huele tan feo.

Me acerqué a ella sonriendo, como si todo el dolor hubiera desaparecido. Ella notó mi presencia y agachó la mirada, fruncí el ceño. Mientras más me acercaba, más agachaba la cabeza. Como si hubiera hecho algo mal y temiera ser castigada, como si viera a un monstruo, no sé... o quizás algo peor: como si me tuviera miedo.

─Buenos días, Rin. ─Le saludé cuando estuve frente a ella, alborotándole el pelo que no estaba cubierto con la capucha.

Rin traía puesto una sudadera gris de Kagura, uno de sus vaqueros y las pantuflas favoritas de mi novia. Estaba extrañamente callada y empezaba a preocuparme su actitud, mas cuando siquiera había alzado la cabeza para mirarme y dirigirme una de sus encantadoras sonrisas.

Mis dedos se deslizaron por sus sedosas hebras color chocolate, aplacando el nido que había creado en su cabello y tratando de transmitirle algo de seguridad. Su cuerpo fue reaccionando poco a poco hasta que sus músculos no estuvieron tensos y al fin me miraba. Sus cejas estaban caídas y sus ojos brillaban con algo de confusión.

─Buen día, señor Sesshomaru.

Parpadeó lentamente y una pequeña sonrisa surgió, lucía como un pequeño gatito cuando le acariciaba tras la oreja. Al parecer le gustaba. Tras ella, había algo de fruta cortada en un plato y un tazón con restos de cereal.

─¿Has empezado el día tú solo? ─cuestioné mientras llevaba el tazón hasta el fregadero.

─La señora con divertidos gestos me ayudó ─dijo, cada vez se escuchaba más animada─ Me contó historias mientras me ayudaba a duchar, hace algo como esto ─giré hasta ella y lo encontré con el ceño fruncido intentado mover las cejas, mas no lo lograba─. Era muy graciosa.

Rin empezaba a reír y yo le acompañé. Kagura siempre tuvo la habilidad de caerle bien a los niños y a las personas mayores, transmitía confianza y su carisma natural es muy confortante. Me senté en un uno de los taburetes y empecé a disfrutar del desayuno mientras veía las pequeñas gotas de lluvia golpear las ventanas de la cocina.

Seguirá lloviendo hasta el lunes, por lo que Rin se quedaría con nosotros hasta entonces.

─Su nombre es Kagura. ─Le dije mientras cortaba un trozo de sandía.

─Gura ─dijo con su habitual tono infantil y yo me reí, al parecer había muy amable porque hasta apodo le había dado.

─¿Sabes a dónde fue? ─Rin se alzó de hombros mientras fruncía los labios, como si le restara importancia al asunto.

─ ¡Oh cierto! ─dijo alzando las cejas y abriendo los ojos con exageración, tras eso entró las manos en los bolsillos de la sudadera y me pasó dos móviles. Uno tenía una 'R' color azul en la carcasa de Nemo y el otro tenía una una simple carcasa plateada─ Dijo que iría a buscar un pastel.

─Supongo que este es tuyo ─murmuré mientras le pasaba el móvil de Nemo─ Esto debe ser por el incidente con Jaken cuando estuvimos en China. Es para que estemos conectados.

Con mi dedo índice tracé cada curva de las líneas que formaban el tatuaje con mi número en su brazo, le comenté que siempre que necesitara algo podía marcar ese número y yo estaría para ella. Rin parecía no entender bien, por lo que configuré su teléfono, luego anoté el número de su móvil en mi agenda y me dirigí a la sala. Antes de dejarle allí le comenté que debía deslizar el dedo sobre la pantalla cuando mi foto apareciera.

Le marqué a la vídeollamada y su cara de asombro al verme dentro del aparato era increíble, lucía completamente impresionado. Empezó a decir cosas como 'Señor Sesshomaru, ¿qué hace dentro del móvil? ¿Cómo llegó hasta allí? ¿Cómo le saco de ahí?'; sus gestos pasaron desde la sorpresa, la preocupación hasta la duda y sobre todo: la curiosidad.

Yo sólo reía y contestaba sus interrogantes, se sorprendía con cada una de las respuestas, como si fuera algo mágico. Pero hubo algo que sí me caló los huesos: Rin me mostró una sonrisa de ojos y luego me lanzó un besito a través del vídeo. Sentí mi rostro calentarse y una sensación de alegría me recorrió cada célula del cuerpo. Debía admitir que me encantó ese gesto tan adorable e inocente. Yo también le lancé uno y noté como sus pálidas mejillas se tornaban rosadas cuando la curva de sus labios se agigantó.

-Antes mencionaste un pastel... ─Rin asintió y yo fruncí el ceño─ ¿No te dijo debido a qué era el pastel?

─Le había contado que hoy es mi cumpleaños y me dijo que no tuviera mala cara, que debía estar feliz.

Mier-... miércoles, había olvidado el cumpleaños de Rin.

Corrí a toda prisa hasta la cocina, ella se encontraba mirando el teléfono desde diferentes ángulos puesto a que ya no me encontraba en la pantalla. Me abalancé contra su cuerpo e intenté no asfixiarla en un abrazo mientras me disculpaba con ella por olvidar su cumpleaños.

Ella sonreía al natural, mostrando todos sus dientes en una sonrisa que nunca me explicaría como una persona sería capaz de mostrar, tan a la ligera, tan pura, tan propia.

Sostuve su rostro entre mis manos y ella cerró los ojos ante el cálido contacto de mis palmas en sus mejillas, una sonrisa de ojos apareció y la imagen del beso de hacía unos instantes inundó mi mente. Me acerqué centímetro a centímetro y mi nariz rozó con la suya en un pequeño juego, ella también movía su naricita contra la mía. Sentí como los músculos de sus labios formaron una sonrisa y me incliné un poco más para intentar sentirla más de cerca.

Nuestros labios se unieron en un dulce toque, abrí los ojos lentamente tras separarme de ella. Rin también tenía los ojos cerrados, pero los abrió poco a poco.

─Feliz cumpleaños, mi pequeña gigante -susurré sobre sus brillosos labios-. Pero no sólo porque sigas cumpliendo años significa que dejarás de ser mi pequeña adulta, siempre serás mi pequeña. ¿Entendido?

Rin sacudió lentamente en modo de afirmación, su nariz me hizo un poco de cosquillas y sonreímos. Le di un último pico y empecé preparar algo de comer mientras ella empezó a jugar con su pequeño avión de juguete en la sala de estar.