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-¡Señor Sesshomaru, despierteeeee! -gritaba Rin arrastrando mi nombre, mientras me zarandeaba con bastante fuerza mi cuerpo buscando una manera para espabilarme.
No quería despertar, estaba soñando con el final de un drama inconcluso, por ende le hice una mala cara y me giré en mi lugar.
-Dos horas más, por favor -murmuré con mala gana-. Necesito saber si TaeHyung muere o no... ó lo qué hace Jin al saber que sus amigos han muerto...
Necesitaba saberlo, por supuesto que sí. Hace unos meses salió un drama llamado I Need U*, me enganché a el en mis ratos libres, debo admitirlo. La historia de esos pobres chicos y sus amigos me sacaron más de una lágrima, pero el día en que transmitieron el final, justo cuando TaeHyung miró hacia el mar, estaba cuidando a Rin en su habitación y ella se puso a jugar demasiado cerca del televisor. El asunto es que hubo que comprar uno nuevo y yo no pude ver el final de la historia, añadiendo que también me da flojera buscarlo en Internet sólo para mirar los últimos cinco minutos, como máximo.
Pero hay algo que llama bastante mi atención en toda la historia: la manera en que su relación era tan estrecha me hacían envidiarlos e incluso cuestionarme. ¿Pueden las personas ser tan cercanas sin llegar a sentirse atraídos o sin ser familia?
Me he sentido curioso más de una ocasión cuando veo algo relacionado o en común con lo que me mostró su trama. ¿Acaso es que yo me arrepiento de la vida que tengo o sí estoy conforme con el flujo de ella?
¿Cómo puedo seguir viviendo el hoy tranquilo sin saber si lo estoy haciendo bien o no ?
A veces me pregunto qué tan diferente pudo haber sido mi vida si mi padre no hubiese robado... ¿Estaría en Kofu todavía? ¿Tendría la oportunidad de haber tenido amigos? ¿Mis aventuras serían como las de ellos? ¿Hubiese conocido al padre Totosai? ¿Hubiese llegado hasta aquí, a Tokyo? ¿Hubiese ido a la universidad y graduado con honores? ¿Hubiese tenido el accidente? ¿Hubiese conocido a Kagura? ¿Hubiese conocido a Rin?
Y con esas preguntas, surgen las más importantes...
¿Realmente odio a mi padre? ¿Realmente odio lo que hizo? ¿Sus consecuencias son tan graves como muchas veces lo he planteado? ¿Fue mi pasado un impulso o sigue siendo una cadena? ¿Debía hacer lo mismo que TaeHyung y suicidarme para evitar el dolor, o, seguir el ejemplo de Jin y vivir a pesar de estar atormentado por los recuerdos?
Las respuestas puede que sean tan claras como el agua y sin embargo siempre me ahogo en ellas. Siempre me estanco en el mismo jodido lugar al no saber cómo responder mi propia interrogante. Mi estómago se retuerce con fuerza y se comprime en mi interior, produciendo un amargor fuerte, ácido, picante y ardiente subiendo hasta la garganta. Quemando todo, dejando molestos restos tras sí.
Abro los ojos de repente y noté la preocupación en el par de mujeres frente a mí. Algo en mi interior duele al ver la cara de Rin asustada y el rostro preocupado de Kagura; por supuesto, el dolor te recuerda que sigues vivo y que hay personas de que están felices de que lo estés. Me levanto con movimientos torpes, mi cuerpo se siente tan ligero al mismo tiempo que mi corazón late con un gran peso. Me acerqué a ellas y las abracé con una respuesta clara.
Todo tiene un orden en la vida, sean tormentas o alegrías.
Sus cálidos brazos me arrullaron en aceptación, murmurando cosas para tranquilizarme, haciéndome sentir protegido. Por supuesto que estoy haciendo bien, lo que estoy haciendo mal es seguir pensando en cosas innecesarias. Sus rostros me recordaron que hay alguien en el mundo esperando por mí, ya sea en casa, ya sea en el trabajo, ya sea en cualquier parte. Ellas dos siempre están esperando para que yo abra los ojos. Quizás debía golpearme de ser tan ciego.
-Vamos, campeón -murmuró Kagura al extenderme su mano.
-¿A dónde vamos tan temprano? -formulé en cuanto la tomé, sonreí al ver a mis chicas tan emocionadas.
-¡Vamos a la playa! -exclamó Rin, corriendo a nuestro alrededor con los brazos extendidos y una enorme sonrisa en el rostro, la mía desapareció.
-¿Sucede algo, Sesshomaru? -cuestionó al notar mi cambio de expresión.
-Sé que Rin utilizará uno de tus bañadores, pero hay que... -me acerqué a su oído para susurrarle: -Hay que... ya sabes... depilar algunas áreas.
Kagura se descojonó a lo grande, incluso se agarró el estómago mientras se retorcía en el piso. Yo no lo encontraba gracioso, claro que no. Sango era quien hacía ese trabajito, pero debido a su estado yo me hice responsable totalmente de Rin y aquella labor se me concedió. Le nace poco vello, mas ella siempre se ha negado a que lo haga.
-Vamos, Sesshomaru, ¿qué hay de vergonzoso con rasurarse?
Dicha aquella palabra, Rin dejó de jugar y nos miró con seriedad, como si preguntara a quién le harían tal cosa. Intenté acercarme, pero ella retrocedía lentamente para alejarse de mí.
-¡Vamos, Rin, será rápido! -grité, empezando una persecución bastante injusta.
-¡No quiero! -dijo. Se escondió tras la espalda de Kagura.
-Por favor, Rin... -susurró Kagura, girando un poco su tronco para ver a Rin tras ella.
-No quiero, Gura -murmuró con ojos cristalinos y un puchero en sus labios. Mi chica suspiró, deleitado con la carita de mi pequeña. Cayó en su trampa.
-De acuerdo -dijo, luego se giró y le tomó de los hombros mientras se sonreían-, pero cuando volvamos del supermercado yo lo haré, ¿de acuerdo?
Rin asintió, esa traidora. No deja que yo lo haga, pero sí se lo permite a Kagura. ¡Genial!. Entré a la habitación para buscar mi toalla, seguido por los apresurados pasos de Rin para alcanzarme.
-¡Pica!, ¡pica, ¡pica! -reclamó, algo de champú se había deslizado hasta sus ojos.
-Ya, ya, tranquila -traté de tranquilizarla, pero la risa me ganaba.
-¡No es gracioso!
-¡Sí lo es!
Rin estaba sentada entre mis piernas en la bañera, frente a mí para ser más específicos, por lo que podía mirar como parpadeaba de manera rápida en un intento de que el producto no le ardiera. Su boca estaba abierta, con las comisuras hacia abajo y su rosada lengüita apuntando hacia arrida, era como una expresión de asco extremo. Demasiado adorable en ella.
-Ten cuidado, amor -dijo Kagura, entrando y dejando unas toallas para nosotros-. Los químicos de ese champú pueden irritar los ojos con mucha facilidad.
Tras eso, se marchó dejando la puerta abierta y diciendo que iría a preparar el desayuno.
Eché algo de agua limpia sobre su rostro, ahora lucía como un pez al boquear. Me descojoné ahí mismo. Rin abrió los ojos al no sentir el escozor, sus cejas se juntaron y sus labios se arrugaron como pasa en un deje de molestia.
-Já-já, muy gracioso -trató de ser sarcástica.
-No fue gracioso -dije, llevé mis manos hasta sus pómulos y los acaricié con los pulgares. Una sonrisa boba se instaló en mi rostro y el suyo se relajó-, me pareció muy adorable, mi pececita.
Los ojitos de Rin brillaron en una dulce mirada, sus mejillas tomaron un matiz rosa pálido y sus labios formaron una pequeña sonrisa.
- ¿En serio? -preguntó con ojos bien abiertos, asentí y sus pestañas se unieron cuando su sonrisa se expandió.
Cliché, un dulce cliché estaba por venir. Aquella sensación me estaba invadiendo por completo; la manera en que Rin se acercaba a mí con los brazos abiertos para abrazarme, para buscar el calor humano que tanto necesita, para ser querida en los brazos de alguien como tanto anhela.
Nuestros pechos se tocan, al igual que nuestras mejillas. Enredé mis manos a su cintura bajo el agua, atrayendo más su cuerpo contra el mío, tocándonos de una manera más íntima. Rin dejaba salir su tibio aliento contra mi cuello y yo hacía pequeños círculos sobre la piel de su espalda, pude sentir como depositó un pequeño beso en mi hombro y luego sonrió sobre él.
-Gracias por cuidar de mí -susurró, antes de apartarse.
Tomé sus mejillas y atraje su rostro frente al mío una vez más, esta vez le di un pequeño beso.
-Siempre voy a cuidarte -susurré sobre su nariz.
Rin rió levemente antes de continuar: -¿Por eso me cumple mis caprichos?
Abrí los ojos sorprendido. Un niño no es consciente de que es 'caprichoso' porque ellos no saben que hay límites entre lo que puede tener o no. Los niños caprichosos no saben pensar en los demás, ante todo piensan en lo que quieren y que lo quieren ya.
Por supuesto, mi Rin NO ES ASÍ. Sí, es cierto, tengo una actitud muy permisiva en cuanto a todo lo que ella quiere, pero cuando le digo 'no' ella no hace rabietas, o se pone de mal humor, sí se pone triste. Esto último es obvio, todos queremos algo y que nos nieguen la oportunidad de conseguirlo es totalmente disgustante.
-No eres caprichosa -dije, cerrando los ojos-, a mí me gusta mucho consentirte.
Choqué mi frente con la suya de manera juguetona, provocando que su estridente risa tomara lugar. Dejé escapar un suspiro, incluso sentí el calor del aire cuando éste salió de mi boca. Rin se acomodó otra vez en la bañera, sentándose esta vez sobre mis piernas, colocando las suyas alrededor de mi cintura y aprisionándome entre ellas. Su mentón quedó apoyado sobre mi hombro, ocultando su rostro, evitando que la viera llorar, mas sus tibias lágrimas se deslizaban desde mi trapecio y se mezclaban con las gotas de agua hasta que se perdían dentro de la bañera.
-No quiero volver allí, no quiero -gimió despacio-. Yo quiero quedarme aquí, con usted y Gura..
Sus hipidos aumentaron y su pecho se movía acelerado debido a que su respiración estaba alterada, más gotitas tibias descendían. Sus cortas uñas se clavaron a mi espalda con fuerza, con miedo, con desesperación. Solté su cintura y aparté su rostro hasta poder mirar su carita empapada de lágrimas, agua y el champú de su cabello. No me dirige la mirada, sus párpados están ligeramente rosas y su nariz sí está colorada.
-Me gustaría que te quedaras -murmuré-, me encantaría, es más..., pero hay cosas que están fuera de mis manos.
Me acerqué hasta sus mejillas para besar sus lágrimas ligadas con el producto para el cabello, sus lentos espasmos se calmaron y su respiración empezaba a tener un ritmo más calmado, cada vez más suave, siempre relajándose acorde a mis cortos besos alrededor de su rostro. Finalmente, su violenta respiración se transformó en ilimitados suspiros.
Escuché que Kagura dejó caer varias cosas en la cocina y luego preguntó si sabía donde había dejado la tasa de Mickey Mouse que compró. Es probable que se la obsequie a Rin, pero no recuerdo con exactitud donde la puse.
-Entiendo... -murmuró, alejándose un poco.
Sonreí contra su frente y deposité un pequeño beso en ella. Tras eso, me las arreglé para abrir el grifo y continuar con nuestro baño.
-Es tiempo de que seamos felices, ¿cierto? -murmuré mientras secaba su cabello con una gran toalla blanca.
Ella asintió en silencio.
