Para quienes no han visto I Need U, el supuesto dorama que Sesshomaru veía, y al cual no lo puse en la descripción del capítulo anterior, se trata de un video de un grupo surcoreano masculino llamado BTS. I Need U forma parte de una serie de videos y especulaciones con el fin de descubrir lo que en realidad pasó, pero no hay muchas cosas confirmadas ya que muestran algo y resulta ser otra en el siguiente video.
—Otrora: en otro tiempo.
~~E~~
Rin y yo salimos con una toalla alrededor de nuestras cinturas y otra en la cabeza, están envueltas como si fuese un turbante porque así le ha parecido a la pequeña gigante. Había un enorme silencio invadiendo el departamento, está tan tranquilo, hay una mudez fría, como si el mundo estuviera... muerto.
Al entrar en la habitación noté que la cama estaba hecha un desastre; las sábanas en alborotadas, las almohadas en diferentes lugares... una total catástrofe a pesar de que dormimos en el sofá de la sala. No le puse mucha relevancia, quizás Rin estuvo jugando y la dejó así o Kagura estuvo buscando algo.
Resté importancia y me adentré al vestidor de Kagura para buscar algo para vestir a Rin, las cosas no era muy diferentes aquí. Todas sus cosas están tiradas en el piso, algunas están a medio quitar de las perchas; al adentrarme más pisé algo pequeño y algo se me revolvió al recogerlo: eran los pendientes que le había regalado a Kagura en nuestro primer aniversario. Al final del pasillo estaba el espejo, en el suelo, quebrado y con pequeñas marcas de sangre.
No lo pensé dos veces y salí corriendo.
—¡Kagura! —Vociferé asustado mientras paso través de la habitación— ¡Bebé, ¿estás aquí?!
No hay respuestas mientras busco por todo nuestro hogar. Miro hacia mi derecha, dónde se encuentra su estudio; al tocar la perilla y tratar de girarla está asegurada. Llamo su nombre, no hay respuestas, no hay ruido más que mis gritos. Giro y giro la perilla, con frenesí, desesperación, con angustia, y con la otra mano golpeo la madera lisa, la palma me arde como fuego. Es amarga, muy amarga, la sensación de intranquilidad. Mi estómago se sigue revolviendo con su falta de respuestas, los nervios emergen cual burbujas en el mar.
La puerta se abre mostrándome a la mujer que estaba encerrada ahí dentro. La miro con detenimiento, escaneando cada parte de su cuerpo para cerciorarme de que todo está bien. Sus labios están rojos, al igual que sus párpados, sus pestañas están húmedas y sus mejillas coloradas en la clara señal de que ha llorado. ¿Por qué lo habrá hecho?
Su ceño está levemente pronunciado y sus labios ahora se han arrugado un poco, está conteniendo su llanto. Sin mucho que decir, o sin nada que decir, mejor dicho, la rodeé en mis brazos y ella se aferró con todas sus fuerzas.
Tras unos momentos admirando el estudio, decidió entrar a la ducha para poner nuestros planes en marcha. Iba a cerrar la puerta del estudio cuando su teléfono sonó sobre el escritorio, al tomar el aparato en mis manos dejó de sonar. Era un número no registrado y hay varias llamadas perdidas del mismo. Ella siempre guarda los números en su agenda, tampoco puede ser del trabajo puesto a que es su número personal. Volvió a sonar, deslicé el dedo a través de la pantalla para contestar y guardar el posible recado.
—¡No ignores mis llamadas, Kagura! —Dijo una voz masculina, suplicante, algo desesperada— ¡Por favor, no cuelgues y escúchame!
Pasmado, confundido, totalmente atónito. No tengo ni la menor idea de qué diablos sucede, o quién es ese mujer que ruega por la atención de Kagura; una parte de mí reclama, por no decir que demanda, que no lo escuche, que cuelgue y haga de cuenta que se ha equivocado de número cuando hasta su nombre ha dicho; otra parte de mí, quizás mi curiosidad, me aconseja que lo escuche, que no hable y sólo haga ruidos para hacerle saber que sigo en línea.
Por más intriga que sienta, nunca ella se ha permitido entrar 'demás' en mi vida. No sabe lo que me sucedió en Kofu, ella sólo sabe que la necesito, necesito que alguien me proteja. Ambos sabemos que hay secretos entre nosotros que podría dañar al otro, preferimos pasarlos por alto y apoyarnos, así es nuestro amor. Hay diferentes formas de expresar el amor, el cariño, el afecto; también hay diferentes formas de experimentarlo. Quedó claro en mis días de estudiante, existen dos modelos principales que determinan esas conductas: amor pasional y amor de compañía.
El amor pasional, creo que no debería alargar mucho este: es el deseo es intenso de estar unido con el otro, caracterizado por los hormigueos, el nerviosismo, la dopamina también se ve afectada.
El amor de compañía, en donde la pasión se consume por si-misma para convertirse en una experiencia tranquila y segura, siempre hay una sensación de seguridad, de compresión mutua y de respeto entre ambos.
Ambos son diferentes, evidentemente: mientras el amor pasional idealiza y crea a la pareja perfecta, el amor de compañía es realista y tiende a ver, y aceptar, las imperfecciones del otro.
Y cuelgo el teléfono mientras que ella cercioraba de que alguien estuviera en línea.
Otrora pensé que la pasión se nos extinguió y luego negué la idea, hoy me he dado cuenta que es cierto. Hemos pasado al amor de compañía sin darnos cuenta, o tal vez sólo yo no cayó en cuenta. Los factores situacionales que un día nos atrajeron se han convertido en nuestra rutina, nuestro día a día, nuestra percepción acerca de la felicidad también es diferente a la de aquel entonces. Ya no tenemos 28, como cuando nos conocimos, tenemos 32, ¡maldita sea!
—Señor Sesshomaru, ¿está bien? —escuché a Rin decir.
Pestañeé un par de veces y volví en mí, cayendo en cuenta de varios detalles al mismo tiempo.
Hemos decidido no ir a la playa, la temperatura ha bajado muy rápido y Rin no se siente muy bien.
Resultó ser que era la llamada provenía del manager de Kagura, él se ha estado oponiendo a participar en un musical en el extranjero. El director, Muso, le ha intentado contactar personalmente. Hemos conversado al respecto, no hemos llegado a solución alguna.
Hemos discutido.
El martes viajará a ver a su familia, como para ese entonces Rin estará en el hospital, quise acompañarla y saludar a su hermana menor, Kana. Pero dice que necesita tomar un pequeño descanso de todo, y de todos. Por supuesto que me molestó, no todos los días puedo decir que tengo el valor para viajar a Kofu.
Por lo que me esperaba un largo día en el hospital, ese mismo martes es la reunión familiar de Jaken. Genial.
El domingo terminó y el lunes llegó. Estoy esperando a que el paciente de hoy, Kagewaki, amigo de Shippo, atraviese la puerta. Sólo recordarlo se me eriza la piel, Shippo tenía siete años al morir a causa del shock tras las convulsiones en mi consultorio, es horrible.
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Nombre del paciente: Kagewaki Hitomi
Edad: 9 años.
Sexo: Masculino.
Tipo de Sangre: A+
Tiempo ingresado: 6 meses.
Razón de Ingreso: Trastorno obsesivo compulsivo.
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«Desde siempre ha sido un niño preocupado por todo, pero desde ese día todo se lo torna con mucha importancia, todo lo somete a la mente» aseguran sus padres.
Kagewaki solía ser un chico normal, al cual le gustaba salir con sus pequeños amigos para nadar o simplemente jugar frente al mar. ¿Qué sucedió? Él me ha comentado que hace poco, hace seis meses, él estaba en las orillas del mar jugando. Me contó que vio como un hombre, se calló desde la embarcación en la que estaba, no muy lejos de la orilla. También como un niño más pequeño intentó sacarlo y reanimarlo, pero entre lágrimas y gritos desesperados decía que no pudo salvarlo.
Fue testigo de la muerte del padre de Shippo. De cómo Shippo trató de salvar a su padre. Ellos, los tres, eran muy cercanos, en especial con Shippo.
Confesó que sintió miedo de ir hasta allá nadando, apenas estaba aprendiendo a nadar cuando ocurrió y no estaba muy seguro de poder salvarlo. Desde ese día, Kagewaki le teme al agua en general, ya sea en el océano ó alguna piscina, hasta una bañera llena. Está muy agobiado porque tiene miedo de que el agua le pueda alcanzar en donde quiera que esté, porque ha tenido constantes pesadillas en las que el agua crea tentáculos y le arrastra hasta ahogarlo en las profundidades de esta.
Se hace preguntas tipo ¿por qué tengo que esperar a papá para que me bañe?, ¿por qué tengo miedo?, y no sabe responderse. Se queda callado cuando se le pregunta en que piensa, hilando ideas y respondiéndose a sí mismo, pero sólo termina preocupándose más. También se muestra alerta cuando otra persona va entrar al agua, por acto reflejo le detiene y le aconseja que debe tener cuidado porque el agua es traicionera, engañosa, es peligrosa, entre otras.
—Y dime, Kagewaki, ¿cómo va tu tratamiento?
—Muy bien, Señor Dr. —comentó con una sonrisa en los labios, el niño es muy tierno y a simple vista nadie podría pensar que tiene tal tipo de problema—. La señorita Kikyo me había quitado las pastillas azules desde que usted se marchó de vacaciones.
Las pastillas azules son para inducirle el sueño, el cual le fue imposible conciliar durante casi tres días consecutivos. Este patrón se intercaló a tres días sin dormir y tres días durmiendo, algo totalmente peligroso para su integridad física y salud mental.
—Me alegro que puedas dormir más a gusto —dediqué una sonrisa y él me la devolvió con amplitud—. ¿Algún cambio que lo produjera? Algo así como alguna nueva actividad en el Instituto, algún nuevo compañerito de clase o en el vecindario...
El niño colocó su pequeño dedo en el mentón e infló las mejillas pensando.
—Hace poco se conocí a un niño, aquí en el hospital, su nombre es Ai, Hakudoshi Ai —dijo tras unos segundos—, es un albino a pesar de tener nombre japonés. Él prometió enseñarme a nadar y que el agua es buena.
—Así me gusta. ¿Crees que él te pueda curar?
Él asintió sonriente.
Más casualidades, mañana tengo consulta con el tal Hakudoshi, es el paciente de Jaken; luego de mi cita con Magatsuhi. Al final de la jornada hay una reunión con todo el personal.
La consulta terminó y me estaba quitando la corbata cuando encontré a Rin sentada en la banca frente al estanque, en el jardín trasero. En el hay una pequeña familia de patitos amarillos, son pequeños, todos siguen a su madre con lentitud, bajo su propio ritmo.
—¿Quieres algo de comer? —Comenté, ella negó levemente.
—La tristeza acabó con mi apetito, señor Sesshomaru. —Su voz sonaba apagada, por lo que me limité a asentir— ¿Señor Sesshomaru?
—¿Sí, Rin?
—¿Cuándo podré volver a casa? —Su pregunta me tomó desprevenido, no la miré. Yo tampoco conozco la respuesta— Estuve pensando en mamá y papá, yo... —empezó a hipear—, yo los extraño mucho, Sesshomaru.
Rin estaba triste, y llorando. Mi corazón pareció romperse en ese momento, me limité a abrazarla, tratando de pensar en algo. A final de cuentas era una niña corriente con la necesidad de ver a sus padres otra vez. Ella odia estar aquí, pero no puede volver a casa.
¿Qué puedo yo hacer?
