Capitulo 2: Oportunidad.

Los conocimientos dentro de la mente de Lestrange, si bien no eran tan extensos como los de su amo, eran impresionantes, sin duda se había dado a la tarea de estar a la altura de la más acérrima seguidora del señor de las tinieblas, pero Harry ignoró por completo todos estos mientras exploraba los más recientes, los relativos a las últimos tres años, desde que Voldemort había prácticamente desaparecido del radar. Los ojos verde pasto del mago se abrieron impresionados cuando dio con la revelación, no solo de dónde estaba su Némesis, sino de lo que había estado intentando hacer todo ese tiempo, quienes lo estaban viendo ese momento se asustaron un poco al ver que sonreía, Gabrielle era sin dudas la más sorprendida, ya que no recordaba haberle visto una sonrisa parecida desde que visitó a su hermana por el día de su boda, no tenía idea de que podía haber dentro de la mente de la mortifaga que lo llevar a sonreír así, con vestigios de autentica felicidad, cuando finalmente la mujer de cabello gris cayó al suelo ambos se hallaban respirando con dificultad, en las forzadas intrusiones de oxigeno del mago se podía notar la excitación por el descubrimiento que acababa de golpearlo, esté fue cortado por la voz de la mujer en el suelo.

-¿Por qué sigo aquí? –Preguntó consternada.

-Porque cuando alguien voluntariamente acepta otorgar sus conocimientos al ojo de Samsara esté no tiene la necesidad de destruir la mente en cuestión durante el proceso –informó de regreso a su tono uniforme Harry, Bellatrix regresó a verlo rebosando de incredulidad y furia- además si hubiera forzado tus conocimientos fuera de tu cabeza el conjuro de Voldemort se habría activado de todas formas y esto no habría servido de nada, tenía que ser de esta forma.

-¡TU…

No tuvo tiempo de completar su amenaza antes de salir volando y quedar contra la pared sujeta por una fuerza que no podía ver o combatir, de la nada se materializaron un par de ojos verdes que la miraban con frialdad, quería lanzar toda clase de improperios pero no era capaz de producir sonido alguno.

-Yo… cumpliré mi parte del trato –le aseguró, Bellatrix dejo de forcejear pero aún lo miraba con todo el despreció del que era capaz- tú y Voldemort se reunirán en la eternidad a más tardar mañana, aunque yo mismo tenga que arrastrar su despojo de alma al infierno y entregársela al diablo en persona para asegurarme de que se quede allí.

Sin otra palabra un rayo azul se disparó de su varita en el pecho de la mujer antes de que está se desplomara completamente sin sentido. Esta variación del aturdidor impedía que nadie más que él que la aturdió con la misma varita con la que lo hizo pudiera despertarla.

-¿Harry…? –Llamó suavemente la rubia francesa a sus espaldas, detrás de ella los otros se rehusaban a tener menos de dos metros entre ellos y el pelinegro.

-La cámara de los secretos –dijo más para sí mismo en un tono tan bajo que solo la bruja a sus espaldas logró captar, antes de levantar el cuerpo inmóvil de la mortifaga sobre su hombro como si fuera un costal y llevarlo a hasta su moto, afuera de la oficina se encontraban ahora cerca de cien magos aguardando, una vez allí abrió un pequeño cofre en la parte trasera de está y, pese a que no parecía suficientemente grande para meter una mochila, introdujo sin problemas en él a su prisionera.

-Nadie nunca te enseño como tratar con amabilidad a las brujas –le preguntó en son de broma Gabrielle tras ver como trataba a la ahora derrocada ministra.

-Sí –contestó lacónicamente antes de señalar vagamente con el pulgar el cofre- ella los mató.

Sin decir nada más se trepó a su moto con un movimiento rápido de su varita dos conjuros golpearon el techo simultáneamente, el primero pareció volar el techo provocando un enorme agujero que daba hacía el exterior, justo cuando los magos que todavía se encontraban en el mismo piso se tiraron al suelo para cubrirse, algunos, entre ellos Gabrielle, fueron más listos y conjuraron un escudo, el segundo hechizo convirtió todas las piedras en serpentinas de colores que cayeron inofensivamente sobre los sorprendidos magos, la ojiazul busco la mirada de el chico que vivió en busca de una explicación, pero lo que vio le borro las palabras de la mente, estaba sonriendo, era una sonrisa pequeña pero sin duda una sonrisa.

-¿No deberían estar celebrando? –Preguntó con un poco de descaro- ¡el último bastión de Voldemort en Londres ha caído! –Exclamó con mucho más entusiasmo del que recordaba haberle visto en los pasados diez años mientras levantaba el puño aún con su varita en él.

-¡¡¡SSSSIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!! –Contestaron a coro todos los presentes, ahora recuperados de la sorpresa todos compartían ese entusiasmo.

Con una patada despegó internándose en el oscuro cielo nocturno rumbo al callejón Diagon, con una sentimiento que creía perdido para siempre creciendo exponencialmente dentro de su pecho.

Esperanza.


Cuando llegó al callejón el resto de soldados ya se habían aparecido antes que él, de hecho una pequeña comitiva le aguardaba a la entrada de Gringotts, entre ellos se contaba el coronel Williams a quien Harry conocía principalmente de vista, y una comitiva de magos de guerra que al parecer iban escoltando a un sujeto que Harry no recordaba haber visto antes, no parecía exceder los cuarenta años tenía el cabello cobrizo perfectamente peinado y afeitado y su uniforme, el cual delataba su rango de general, impecable y una expresión domínate en su rostro, apenas lo vio Harry suspiro internamente, tal vez no conocía al sujeto pero se había topado con varios como él antes, y solo significaban que una molesta espina en su trasero, pese a que hasta hace un minuto estaba de muy buen humor, esos sujetos acababan de arruinarlo, todavía tenía varias cosas que preparar y no tenía tiempo que perder, un plan se había estado fraguando desde que las memorias de Lestrange llegaron a su cerebro y tenía que actuar rápido.

-Buenas tardes Sr. Potter –saludo formalmente el sujeto con el peinado de regla- soy el general Marduk, director de los ejércitos asignados a Inglaterra –se presentó con aires de importancia, que seguro creía merecer- ¿Puedo tener unas palabras con usted?

-Solo si es breve, estoy ocupado –respondió fríamente el Potter mientras se bajaba de la motocicleta.

El sujeto lo observó como si le hubiese dado una bofetada pero recompuso el gesto mientras daba la vuelta y hacía un ademán para que lo siguiera al interior del banco, sin mediar palabra, él, el general, una docena de soldados y un duende de Gringotts ingresaron a una lujosa sala de conferencia, al entrar cada mago dejaba su varita en una bandeja en la entrada, al llegar Harry el general se la señaló.

-Si no le importa señor Potter, está es una área libre de conflicto –indicó con una forzada sonrisa.

-No, no me importa –dijo con desentendida indiferencia, antes de pasar del general, ingresar a la oficina y tomar asiento (está de más decir que no dejo su varita, ninguna de las dos), el tipo lo observó claramente molesto.

-¡Señor Potter! –Le llamó con claro disgustó- si no puede tomar la más leve cortesía de…

-Si está es una área libre de armas dígale a sus hombres que dejen la segunda varita que guardan en sus tobilleras, cintura y antebrazos –le cortó sin alterar su tono, pero el general palideció levemente, los hombres que lo acompañaban no parecían sorprendidos de que se hubiera dado cuenta pero si lucían tensos con su situación- ahora al grano ¿qué es lo que quiere? –Le tomo un minuto al hombre aclarar sus ideas pero finalmente hablo, retomando su postura arrogante anterior.

-Debería referirse con más respeto a sus superiores, Sr. Potter –le recomendó, Harry soltó una ligera carcajada, los magos soldados lo miraron con una creciente sensación de temor, habían sido seleccionados para, supuestamente, contener al mago frente a ellos si era necesario, pero sabían bien que no tenían mayor posibilidad de conseguir tal hazaña que de enseñarle a una mandrágora a cantar Opera.

-Creó que olvida general que yo no tengo superiores –le recordó con calma- y si los tuviera en definitiva no serían ustedes.

-Me permito recordarle señor Potter que nuestra contribución…

-Es, fue y será completamente innecesaria –le interrumpió sin reparó- habíamos recuperado más de medio continente cuando ustedes llegaron y si no mal recuerdo les dije claramente antes de dejar Norteamérica que no necesitaba de su apoyo, de hecho sus guardaespaldas le podrían confirmar mis palabras exactas –comentó ausente dirigiéndoles por primera vez una mirada, estos se removieron incómodos al ser el foco de atención, pero una mirada de su superior les convino a hablar.

-"Ya tienen de vuelta sus tierras así que no quiero volver a verlos por lo que me quede en este mundo" –citó marcialmente un mago negro uniformado con grado de sargento.

-Excelente memoria, Hamilton –le felicitó el mago de ojos verdes antes de regresar su atención al general, esté parecía sorprendido de que recordara su nombre ya que solo habían coincidido en la batalla de las 102 fortalezas- como ya le dije estoy ocupado así que vaya al grano –pese a ser militar el hombre no estaba más acostumbrado a que le dieran ordenes que el mismo Harry, sin embargo procedió.

-Fui enviado aquí para discutir su situación.

-¿Mi situación? –Repitió con suavidad Harry.

-Su situación debido a los múltiples crímenes y atentados contra la naturaleza que generaron sus ilegales experimentos Sr. Potter –dijo en forma desaprobatoria, a su escucha no pareció importarle- nunca fue autorizado a darles semejante poder a esas monstruosas criaturas.

-Por favor, sea especifico general –pidió amablemente Harry sin variar su tono- ¿se refiera a los licántropos que ya no requieren de la luna llena para transformarse ni pierden el control cuando lo hacen?, ¿A los vampiros que ya no necesitan ocultarse de la luz del sol ni enloquecen por la abstinencia prolongada de sangre humana?, ¿A las veelas que ahora son capaces de mezclarse en una sociedad sin preocuparse de que los hombres pierdan la razón presos de sus instintos? ¿A las tribus de gigantes que ahora son capaces de convivir entre ellos sin matarse y actualmente están prosperando a pasos que equiparar los de sus pies? ¿O a las armas que actualmente son capaces de crear los duendes, las cuales les permiten canalizar su magia de la misma manera que nosotros lo hacemos con nuestras varitas?

-¡¿Cree qué esto es una broma señor Potter?! –Vociferó el militar- ¡¿Tiene la más leve idea de lo que podrían hacer esas bestias (en este punto el duende que se encontraba en la misma habitación escuchándolos dio un bufido de indignación e hizo amago de agarrar una reluciente daga de plata que retenía en su cinto, pero tras una calculadora mirada a la escolta del arrogante mago prefirió mantenerse en su sitio, por el momento) con el poder que ha puesto a su disposición?!

-Yo no les di ningún poder –le contradijo sin preocuparse- esas… habilidades que poseen ahora ya se encontraban dentro de ellos, yo solo les ahorre el tiempo que les tomaría descubrirlas.

-A cambio de que cambiaran su lealtad del innombrable hacía usted –comentó desdeñosamente, Harry podía ver que lo que le molestaba realmente al general no era que otro posible Voldemort se estuviera formando, sino el que no tenían control sobre aquel poder.

-Se equivoca Mago –interrumpió finalmente harto el duende acercándose con su mano peligrosamente cerca de su daga- los míos no acordaron seguir a nadie, pero juraron por los restos de nuestros hermanos caídos que el mago oscuro pagaría por someter a los duendes a la esclavitud, los sobrevivientes de mi raza han evitado reducirse todavía más gracias a los conocimientos que Harry Potter nos brindó –aclaró con un tono altanero que competía muy bien con el de su contraparte- solo le permitimos cierto respeto porque se lo ha ganado a pulso a la par de nuestra gratitud, ya que es el único mago que ha considerado a los duendes como a un igual.

-Escuche duende –se giro molesto el general- está conversación…

-Está retrasando mi trabajo –le interrumpió el duende, luego sin más saco un grueso sobre y se lo entrego a Harry, luego regreso su atención al desconcertado militar- le permití nuestra sala de juntas porque esperaba tratar esto con el señor Potter en privado una vez que terminaran su asunto pero ya no soportó un instante más en su presencia mago.

-¿Qué significa esto maestro Markho? –Preguntó levemente contrariado Harry una vez terminó de leer el pergamino que claramente era un transferencia de títulos de propiedad a su cuenta, de numerosos título de propiedad.

-Debido a la considerable cantidad de bienes implicados y la situación actual nos ha tomado un tiempo terminar pero finalmente sus propiedades ya están en orden Sr. Potter –explico en tono formal.

-Me temo que no estoy entendiendo maestro Markho –se disculpó el mago- pensaba que la transferencia de bienes que herede de mi padrino había sido finiquitada hace veinte años.

-Lo fue –dijo con un claro toque de disgusto ante la suposición de que hubiesen tardado tanto con aquello- estos no son de los bienes Black, sino de las otras familias –Harry solo lo miro confundido, el general parecía atento pero el duende se limitó a resoplar con un poco de resignación- supongo que es lógico que lo ignore –admitió- debe saber claro está que la mayoría de los sangre pura de Londres y el resto de Europa han muerto –comenzó como si fuera un reporte del tiempo, Harry se limitó a asentir, él mismo había matado a la mayoría en esa lista durante el transcurso de la guerra- como bien sabe Gringotts se encarga de transferir los bienes de estos a los herederos acorde a la última voluntad de los titulares, sin embargo cuando todos los implicados mueren o no se deja un testamento por el cual guiarse el banco toma la responsabilidad de transferir los bienes al familiar vivo más cercano, lo que en esta peculiar situación resulta en usted señor Potter.

-¿Qué? –Dijeron al mismo tiempo Marduk y Harry con notable sorpresa.

-Felicidades Sr. Potter, es usted dueño de las ciento siete cámaras acorazadas de máxima seguridad de Gringotts y del contenido de otras cuatrocientas setenta y seis de uso corriente que fueron transferidas a la suya esta tarde (La cual obviamente fue modificada para poder contener dicho monto).

-¿Cómo es eso posible? –Intervino el general, pero Markho solo lo ignoró, fue entonces que la comprensión alcanzó a Harry al rememorar una lejana tarde en la que se encontraba frente a un viejo y raído tapete con un antiguo árbol genealógico.

-Todos los sangre limpia están relacionados entre sí –repitió las palabras que le dijera su padrino aquel día, al ver la confusión en la cara del general se explicó- las ideas de pureza de sangre que rondaban en la cabeza de las familias de magos desde antes de Voldemort llevó a que casi todas las familias estuvieran relacionadas entre sí, sí solo dejabas que tus hijos se casaran con magos de sangre pura no tenías mucho de donde escoger no quedaban muchos en el mundo aún antes de la guerra –explicó brevemente- por parte de los Potter estoy relacionado con cada familia de sangre pura de Europa, pero no entiendo del todo –agregó ahora dirigiéndose nuevamente al duende- en este caso ¿no debería tener mayor peso el reclamo de Bellatrix Lestrange?, a pesar de que es una fugitiva de la ley se supone que los duendes mantienen sus asuntos de negocios aparte, bajo sus propias leyes –inquirió levemente contrariado, el duende se tensó ante la mención de aquella bruja y era claro para todos que de haber sido otro mago o duende el que la mencionara habría soltado toda la sarta de palabrotas y maldiciones que conociera y en todos los idiomas que dominaba.

-Es cierto, los duendes manejan las cuentas ajenas a las leyes de los magos –aceptó- pero eso no significa que lo hagamos sin leyes, y Bellatrix Lestrange quebranto una legítima al asesinar al guardián de sus bóvedas solo porque este se rehusó a arrodillarse ante ella –escupió el duende casi temblando de ira.

-Comprendo Markho –hablo con cierta solidaridad- le agradezco profundamente por sus servicios, pero me temo que tendré que pedirle que haga una transferencia de mis nuevos fondos –sus palabras tuvieron el efecto deseado, tan pronto como empezaban a tratar de negocios todos los demás asuntos pasaban a segundo plano- quiero mis nuevas bóvedas sean inventariados y el total en metálico sea divido entre las diferentes organizaciones que se fundaron para la reconstrucción post-guerra en pro del mundo mágico y muggle, en lo que se refiere a propiedades quiero que sean divididas entre los refugiados y que las inversiones pasen por completo bajo el control de Gringotts, que los artefactos y libros sean transferidos a la bóveda Potter, salvo por los que hayan sido hechos por duendes, esos pasaran a los directores de Gringotts y que ellos decidan a quien pertenecen.

Markho había abierto cada vez más sus ojos con cada palabra de Harry, el duende no sabía por qué estar más incrédulo, si por el hecho de que Harry estuviera deshaciéndose de semejante fortuna, o de lo que estaba haciendo con ella, en particular con los artefactos de manufactura duende y los monopolios de industrias que ahora colocaba bajo su control sin el más mínimo reparo, aún demasiado impresionado para poder hablar hizo una profunda inclinación de cabeza (La más grande muestra de respeto que alguna vez un duende le haya permitido a un mago, y la hizo sinceramente) y se retiró.

-Volviendo a nuestro asunto –regresó su atención al general Marduk que se para sacarlo del estado de shock en el que también lo había dejado aquella peculiar platica- no tengo intención de disculparme por mis actos con alguien que no tiene ninguna jurisdicción en este lugar más allá de sus propios ejércitos.

-Esté país no tiene ley, necesitan de alguien que tome las riendas –comentó fríamente.

-Finalmente llegamos al verdadero punto –comentó pasivamente Harry, aunque sus ojos relampaguearon mientras se levantaba para encarar al militar- déjeme decirle general que no he pasado casi quince años librando al mundo de Voldemort para que caiga en las manos de otro dictador –la advertencia implícita.

-¿Que no sea usted? –Inquirió con cierta acusación, incluso sus propios hombres se veían incrédulos ante semejante insulto, en el poco tiempo que habían conocido al pelinegro se había ganado su admiración y respeto, pese a parecer solo un niño a su lado, sin embargo el ojiverde no pareció molestarse por las palabras del militar, de hecho parecería que ni siquiera las hubiese escuchado de no ser porque dio una respuesta.

-No me interesa ser Rey o cualquier otra tontería como esa –contestó con indiferencia- apenas Voldemort deje de existir mi propósito desaparecerá de este mundo y yo con él –comentó indolente, la cara del general ahora si expresaba confusión total pero los soldados tras él estaban anonadados, algunos incluso rompieron su postura de firmes ante la noticia.

-¿De qué habla Potter? –Harry suspiró pesadamente mientras volvía a tomar asiento, por primera vez el general no fue capaz de verlo como un chico de veinte y tantos, parecía tener mil años ya, alguien que había vivido y sufrido de todo, con ojos completamente desprovistos de vida, la escolta se sorprendió más de lo que habían estado hasta el momento, ya que nunca en su vida pensaron que legarían a ver a aquel mago lucir tan débil y a la vez tan intimidante.

-Todos a los que una vez he amado están muertos –dijo finalmente con voz cansada- muchos de ellos perdieron la vida frente a mis propios ojos sin que fuera capaz de hacer nada para evitarlo, cada lugar que alguna vez considere un hogar destruido de una u otra forma, cada cosa que me hacía lo que era ha dejado de existir –resumió con voz vacía- mi único móvil para no acabar yo mismo con mi vida es que les debía la absoluta destrucción de Voldemort y de todo lo que lo representaba, y ahora que eso está a mi alcance… -dejo la frase en el aire mientras levantaba su mano, como queriendo alcanzar algo que solo él podía ver.

-¿Teme por ello? –Inquirió el general con un aire de intriga.

-Lo ansió –le corrigió mientras cerraba el puño con seguridad, una poderosa acumulación de magia podía sentirse en el aire rodeando ese puño del que se desprendían descargas eléctricas sin la necesidad de una varita u otro conducto, el robusto suelo de mármol bajo sus pies y el techo sobre su cabeza comenzaron a agrietarse por la presión, el general estaba sudando frío en ese momento mientras sus soldados palidecían ligeramente, tan rápido como empezó se detuvo y el ambiente se aligeró- sin embargo aunque yo no esté eso no significa que dejaría a mis compatriotas expuestos a un intento externo por someterlos, como bien dijo general les he dado mucho poder, no solo a las comunidades mágicas no humanas sino también a los magos y muggles, así que le recomendaría que llevará esta información a sus superiores para que la consideraran antes de hacer cualquier movimiento –el hombre frente a él apenas había registrado la mitad de lo que escucho pero entendió lo esencial, la reunión había finalizado, con un torpe movimiento de cabeza se retiró seguido de su escolta, entre la cual varios se despidieron de él antes de abandonar la sala y todos lucían claramente aliviados de no haberse tenido que enfrascar en una batalla en su contra, una vez solo cerró la puerta con un movimiento de su mano y volvió su atención a la mesa en la que reposaban algunos pergaminos en blanco- ¡ATEM!

Con esté llamado una magnifica ave de plumas doradas y escarlatas apareció en un mar de llamas sobre el escritorio mirándolo fijamente con curiosidad y antelación, casi nadie sabía de su existencia ni de que había estado acompañando a Harry desde su regreso de Egipto, solo los líderes de los diferentes clanes de criaturas mágicas conocían a Atem, pues era el contacto con ellos, Harry lo llevaba a sus misiones en solitario para rescatar prisioneros, era increíblemente útil ya que podía curarlos de muchas de las peores heridas y transportarlos a un lugar seguro sin riesgo de ser rastreados ya que la firma mágica de un fénix es muy diferente a la que pueda dejar un mago, tras conjurar una pluma y tinta Harry escribió varios mensajes y se los entregó al ave con instrucción de repartirlas todas y regresar con la respuesta antes del amanecer del día siguiente.


Era ya cerca de media noche cuando una favorecida figura envuelta en una gruesa capa rojo oscuro irrumpió en la mecánica-barraca donde residía actualmente Harry Potter llevando entre sus brazos una segunda capa, más delgada del tono del cielo nocturno, el mago parecía muy ocupado deshaciendo los ajustes que realizó en su moto para notar a la joven rubia que lo miraba con mucha atención, afuera en el callejón se escuchaba el alboroto de la celebración por la total recuperación de Londres y el hecho de que estaban a solo un paso de extirpar de Inglaterra la sombra de Lord Voldemort.

-¿Cómo te sientes? –Preguntó llamando su atención mientras observaba vagamente el ajustado vendaje en su hombro, según el diagnostico del medimago el golpe le había destrozado la clavícula además de exprimirle la sangre de su cuerpo como se exprime el agua de una esponja. Ahora le estaba creciendo una clavícula nueva luego de tomar una dosis completa de poción crece huesos además de una de restitución de sangre.

-Viviré

Era la respuesta esperada, cualquiera que alguna vez le hubiese preguntado lo mismo a Harry Potter sabría que eso era lo que le respondería, sin embargo la bella mujer pudo notar algo diferente en está ocasión, siempre que alguien le preguntaba contestaba "viviré" con un tono que expresaba que él hubiera deseado contestar lo contrario, Gabrielle lo sabía aunque no le gustaba, pero se había acostumbrado a ello, esperando poder cambiar aquello una vez que la guerra terminara. Sin embargo está vez fue diferente, la respuesta no contuvo pesar alguno sino más bien un rastro de ansiedad, como si por primera vez desde el inicio de la 3ª guerra se sintiera emocionado por esté hecho, no queriendo desaprovechar la oportunidad la ojiazul se le acercó un poco más y se apoyó insinuantemente en el respaldo de la moto antes de continuar.

-¿No fuiste tú el que sugirió que festejáramos? –Le preguntó con voz melodiosa y una tenue sonrisa- ¿Por qué no estás tomando tú propio consejo?

-Les dije que debían festejar, no que tomaría parte en la celebración –le corrigió monótonamente sin dejar su labor, pese a que su tono redujo la sonrisa de su escucha no la suprimió por completo.

-¿Qué es lo que hará el gran héroe entonces?

-Ir a Hogsmeade, montar un puesto de guardia, reunirme con los líderes de los clanes aliados, lanzar un ataque sobre Hogwarts, asesinar a Tom y abandonar esté mundo –resumió sin alterar su voz en ningún momento, la expresión de Gabrielle por otro lado paso de contenta a sobresaltada en unos segundos y tras asimilar la última parte furiosa.

-¡¿Aún sigues con eso?! –Le reclamó irguiéndose claramente molesta, finalmente Harry dejo su trabajo para encarar a la bella bruja, su gesto era inconmovible.

-Es un hecho –le aseguró- sin importar cuántos de ustedes se rehúsen a aceptar que…

-¡Porque es la cosa más descabellado que he escuchado jamás! –Le cortó a voz de grito- Estamos a un paso de ver el final de esta guerra Harry –le recordó intentando recuperar la compostura- ¿Por qué no puedes ser como los demás solo por una vez y pensar qué tienes un futuro más allá de la muerte de Voldemort? –Le preguntó casi suplicándole.

-Porque el futuro es para los que están vivos –contestó mirándola fijamente sin variar su tono.

-¡Tú estás vivo maldición! –Contestó ahora dejando caer libremente sus lágrimas alrededor de su hermosa piel, su mirada fija en el suelo, sin atreverse a verlo a los ojos para confirmar una vez más que hablaba en serió, que no había cambiado de opinión, un suave tacto en su barbilla la obligó a levantar la vista para encontrarse con unas pálidas gemas de un profundo color verde.

-Puede que continué respirando, que mi corazón continué latiendo, que la sangre siga fluyendo en mis venas… pero tú y yo sabemos que en el fondo, yo ya estoy muerto –le recordó a la sollozante mujer frente a él- es hora de que busques tu propia felicidad Gabrielle, en lugar de intentar ayudarme a encontrar la mía.

-¿Y si fuera la misma? –Le preguntó de regreso a su tono suplicante sujetándole levemente la mano, el ojiverde simplemente negó.

-Ambos sabemos que no es así.

-Nunca dejaras de amarla –dijo con leve tono abatido secándose las lágrimas, no era una pregunta así que Harry no contestó- puedo entender eso, ¡maldición, incluso puedo aceptarlo!, lo que no puedo entender es ¿por qué no te permites amar de nuevo? –Inquirió ya más calmada- y no lo digo solo por mí, te he visto Potter –agregó con tono acusatorio- has desalentado a por lo menos una chica en cada circulo social y en cada raza, gigantes incluidos –por primera vez algo parecido a un escalofrió recorrió la espina de Harry ante el inminente recuerdo, Gabrielle dejo salir una risita musical cuando notó su reacción.

-No te parecería tan gracioso de haber estado en mis botas –le contestó un tanto divertido, parecía encontrar el humor en la situación tanto como su escucha a pesar de no demostrarlo- por un momento creí que iba a pisarme, además de que era la hija del Gurg –eso le cortó la risa a la chica y la sustituyo por una expresión de preocupación.

-¿En serio?

-Sí –asintió el joven sin darle mayor importancia- pero siendo justos, aquel no fue el desplante más peligroso que haya enfrentado –la parte veela arqueó una ceja en su dirección incrédulamente, un nombre bastó para disipar todas las dudas- ¿Natalia Ivanov?

-¿La comandante del escuadrón de caminantes diurnos? –Preguntó Delacour casi en un susurró, Harry simplemente asintió, tras haberlo asimilado Gabrielle parecía contrariada- Creía que ella era tú tipo –comentó finalmente, Harry la miro confundido por el comentario, Gabrielle bufó con impaciencia- ¿Pelirroja, decidida y con un carácter de los demonios? –Ante esto Harry lo repasó un instante antes de largarse a reír.

-Sí, supongo que tienes razón –admitió una vez cesó la risa- la primera vez que nos enfrentamos por poco me arranca la cabeza –recordó con un aire de nostalgia que hizo que su escucha negará con resignación, solo Harry Potter podría encontrar la nostalgia en una situación semejante- y en cuanto recuperó el sentido intentó hacerlo una vez más al darse cuenta de que fue la única que deje con vida –continuó recordando- y lo intentó una tercera vez cuando le conteste porque la deje con vida, y eso que para ese entonces ya éramos aliados.

-Debió sentirlo con una afrenta personal a su orgullo –supuso la rubia- y no puedo decir que no la comprendo del todo, al fin y al cabo tengo mi propio orgullo herido por el hecho de ser una descendiente de las veelas con treinta años que continua soltera –resumió con un tono innegable de amargura en su dulce voz.

-Podrías cambiar eso si quisieras –le alentó amablemente el pelinegro, la respuesta de ella fue un bufido- ya has espantado a cada pretendiente que intentó algo más de una vez y aún así siguen regresando –le recordó- varios de ellos incluso guardan sentimientos genuinos, más allá de tu apariencia –la chica regresó a verlo sorprendida por esté último dato, el joven solo sonrió antes de agregar- la que por cierto no parece ir más allá de los veintisiete, como mucho.

-Viniendo de alguien que tiene treinta y seis y solo aparenta veinticinco, lo tomaré como un cumplido –aceptó con una leve inclinación y un sonrisa, pero de pronto está cambió a una expresión más analítica- nunca te lo pregunte porque sé que no te gusta hablar de ello –comentó desviando completamente la conversación- pero si insistes con aquello de dejar este mundo una vez que Voldemort esté muerto me gustaría saberlo, y no es que me moleste pero… ¿Por qué no has muerto a pesar de haber recibido la maldición asesina más veces de las que puedo recordar? –Preguntó finalmente luciendo un poco incomoda por haber preguntado, en especial porque la seriedad inundó de nuevo el rostro del mago como si nunca lo hubiera abandonado, con un suspiro cansado y un movimiento de su mano que sello la puerta y bloqueó el sonido se dejó caer en el asiento de su moto.

-¿Alguna vez has escuchado la historia de los tres hermanos? –Era una forma extraña de comenzar una explicación, pero dada la vida del mago a Gabrielle ya casi nada de él la sorprendía, casi nada.

-¿Los hermanos que conocieron a la muerte y está les concedió un deseo a cada uno? –Le preguntó frunciendo el entrecejo mientras hacía un esfuerzo por recordar bien la historia, Harry asintió- ¿Qué tiene que ver con esto?

-¿Recuerdas lo que cada hermano recibió? –Preguntó de nuevo haciendo caso omiso de la pregunta de su escucha.

-El primer hermano recibió una varita de saúco, que lo hacía invencible en los duelos, el segundo una piedra capaz de regresar a los que abandonaron este mundo y el tercero, el prudente, recibió la propia capa de invisibilidad de la muerte –resumió aun perdida- ¿Ahora me dirás que tiene que ver un cuento para niños con el hecho de que no puedan matarte?

-Que no es un cuento –fue la respuesta, le tomo a la bruja unos segundos para asimilar estás palabras, cuando Harry la noto salir de su sorpresa inicial continuó antes de que lo interrumpiera- por lo menos la parte de los objetos no lo es, los hermanos del cuento fueron tres magos de apellido Peverell que obtuvieron el conocimiento para crear tres objetos mágicos muy poderosos… y peligrosos, la leyenda que hoy en día cuentan a los niños fue la historia que se creó en base a esos artículos, como por ejemplo la capa de invisibilidad –explicó tomando la capa de entre los dedos de la sorprendida chica, con un toque está se volvió plateada- está capa –dijo haciendo énfasis mientras se la mostraba.

-Salvó mi vida –le dijo viéndola fijamente.

-Esa era la idea –le contestó antes de continuar- ha estado en mi familia durante generaciones desde Ignotus Peverell, jamás ha perdido su magia –le aseguró mirándola directamente a los ojos con toda la seriedad que lo caracterizaba, para que no le cupiera duda de que no estaba bromeando- está –continuó mientras sacaba la varita que casi nunca usaba de su cinto y se la enseñaba- es la varita de saúco, la rama del destino o la varita de la muerte como quiera que la llamen es la misma, Voldemort intentó poseerla durante la última guerra lo que fue su falló, ya que intentó matarme con ella, pero la varita me pertenecía a mí, por lo que no podía dañarme –le relató, ella había escuchado historias de la batalla de Hogwarts sobre cómo el señor oscuro falló por "última" vez en tratar de asesinar a Harry Potter, algunas de primera mano ya que su propia hermana estuvo allí ese día, pero no tenía idea de que había sido por eso, siguió escuchando cada vez más abstraída, pero allí se detuvo mientras se colocaba los legendarios objetos encima, la varita dentro de una funda en su cinto y la capa sobre sus hombros nuevamente azul oscuro, por lo que dubitativa se arriesgo a preguntar.

-¿Y… y la piedra?

Con un movimiento lento Harry descorrió el cuello de su camiseta sin mangas para que viera una peculiar cicatriz, mucho más visible que las otras pero no tan grande, era como una X en el pecho, justo sobre el corazón. Los ojos de Gabrielle se abrieron inmensos cuando comprendió en dónde se hallaba dicha piedra, pero su cerebro no terminaba de articularlo, ella no terminaba de asimilar lo inverosímil de aquella historia.

-Debido a ciertas situaciones yo termine en posesión de las tres reliquias antes de enfrentarme a Voldemort al final de la 2ª guerra, pero me deshice de todas ellas, salvo por la capa –le relató con tranquilidad mientras daba una pequeña mirada a su prenda- cuando él regresó… yo estaba seguro de que intentaría conseguir nuevamente la varita, ya fuera para tenerla o para que no estuviera en mi poder, como sea tome mi capa y se la di a Ginny, casi le suplique que se adelantara a un escondite que Kingsley nos asigno en caso de emergencias mientras yo recuperaba la varita, luego de… sacarla de su escondite, no sé porque, llámalo intuición o como quieras, pero aproveche que la piedra estaba cerca y también la recogí antes de ir por Ginny –aquí su voz fue desapareciendo, Gabrielle sabía lo que seguía así que le puso una mano en el hombro para decirle que estaba bien, que no tenía que continuar, pero Harry negó con la cabeza, tomo aire un par de veces para darse fuerza y continuó sin detenerse con la historia que no le había contado a ningún alma, viva o muerta, antes.

-Lo que no sabíamos era que Voldemort había desarrollado un nuevo sistema que era capaz de extraer a la fuerza cualquier memoria de la persona en que se usara sin importar las defensas mentales de está, aunque el costo era la vida de esa persona, pero para él eso no significaba un problema sino más bien una ventaja, obtuvo la información y se deshizo del entonces ministro en un paso. Yo llegué apenas unos minutos antes que ellos, no podía entender como nos encontraron pero no importaba debía sacarnos a ambos de allí, intente hechizar un traslador para poder escapar, pero era difícil hacer uno que no dejara un rastro que ellos pudieran seguir, aún con la varita de Saúco no lo conseguí a tiempo, el traslador quedó perfecto pero en los segundos antes de que se activara diez mortifagos entraron por cada entrada de la casa, con Voldemort al frente, lo último que recuerdo era que ambos estábamos sujetando un cordel amarrado a nuestras manos juntas mientras veíamos los rayos de luz verde acercándose.

-Después estaba despertándome cerca de una pequeña finca que mi abuelo tenía en el Amazonas, estaba aislada en todo sentido y nadie más sabía de su existencia, el cadáver de Ginny estaba a mi lado con nuestras manos aún entrelazadas, al principio pensé que solo estaba dormida –recordó con su voz quebrándose un poco, agitó la cabeza para sacudir aquel recuerdo fuera, no necesitaba eso justo ahora, no ahora- no entendí lo que había pasado hasta que observe mi otra mano, en ella junto con la varita tenía firmemente sujeta la piedra, y me di cuenta de que está estaba ardiendo, incluso me había dejado una marca en la palma…

-¿La marca con la que absorbes conocimientos? –Interrumpió por primera vez, pero Harry solo le sonrió de lado.

-No exactamente –ante la confusión de la chica agregó- no era la misma marca que yo utilizo para absorber y comprender información pero tenía la misma forma –esto solo incrementó la confusión- dejémoslo en que esa es otra historia.

-Pero…

-Lo sé –se le adelantó antes de que protestara- sé que no voy a estar aquí para contártelo pero solo la información que ya te he dado es demasiada, sin mencionar que es peligrosa, así que lo siento pero eso es algo que me reservaré –la bruja hizo un puchero muy infantil que a Harry le resulto adorable sobretodo viniendo de una mujer adulta, esto le sacó otra tenue sonrisa que suavizó la expresión de la Delacour- como decía, más tarde me di cuenta de que la piedra no solo podía traer a los muertos del más allá, sino que también podía evitar que alguien vivo partiera, pero solo era efectivo si la llevaba conmigo todo el tiempo, de hecho me di cuenta de que si intentaba separarla demasiado de mí el efecto de la maldición continuaba y comenzaba a morir –explicó con cierta vacilación, él mismo no estaba seguro de haber hecho lo correcto en aquel momento- por lo que, la incruste en mi corazón, uno de los efectos fue la inmunidad al Avada Kedavra, otro fue el hecho de que no envejezco con la misma rapidez, como te habrás dado cuenta, por la forma en que he estado viviendo debía de haber envejecido unos treinta años por estos quince, pero en su lugar solo han sido cinco –continuó explicando de forma más técnica, como si fuera una tarea de transfiguración elemental- y otros hechizos más dañinos no pueden matarme del todo, aunque reciba daño puedo seguir vivo hasta que mi cuerpo se recupere por completo, lo que con los suficientes conocimientos en medimagia y la varita de saúco es relativamente sencillo, en otras palabras…

-Lo que dijo Lestrange era verdad –completó aún en shock por dicha información- eres… ¿inmortal? –Era solo para tener una confirmación que lo expresó en voz alta.

-Lo más cercano –admitió sin parecer emocionado en absoluto por ello, de hecho su voz rebosaba de amargura- supongo que moriría si un hechizo perforador lo bastante fuerte me atravesara el corazón y retirara la piedra.

-Por eso usas la ropa de piel de dragón siempre que vas de misión… –murmuró para sí misma, pero Harry asintió en respuesta, otra revelación alcanzó a Gabrielle en ese momento con el impactó de una patada- ¡acabas de decirme como matarte! –Exclamó tapándose la boca con ambas manos, parecía horrorizada con la sola idea de esa información en manos de alguien, aunque fuera ella misma, Harry por su parte solo rió ante su reacción.

-No te preocupes, para mañana ya no servirá de nada –le dijo tratando de infundirle ánimos, pero esa respuesta solo le valió una mirada fulminante de su escucha- hay otra cosa Gabrielle –añadió poniéndose nuevamente serió- como te habrás dado cuenta estos conocimientos en las manos de alguien con una fracción de la sed de poder de Voldemort causarían una catástrofe, mi supuesto legado al mundo de la magia, el poder que les ayude a los magos y a otras criaturas a conseguir no es nada comparado a lo que podría generar esto –la chica asintió con la misma seriedad, comprendía eso perfectamente- pero yo me llevare conmigo esta magia –le dijo con una leve sonrisa y un guiño, tras asimilar bien estas palabras una sonrisa igual pero de alivio se extendió por el rostro de la francesa.

-Las vas a destruir –afirmó con aprobación.

-Algo así –le contestó- pero te aseguro que no estarán al alcance de nadie más, es otra razón por la que no te digo la historia del símbolo en mi mano, esa magia sigue aquí, y me preocupan las guerras que se desatarían por conseguirla si esa información llegara a revelarse –la rubia asintió conforme, arrancándole otra sonrisa al destacado mago- entonces esté es el adiós.

-¡¿CÓMO?! –Se levantó de inmediato por la sorpresa.

-Ya no nos volveremos a ver Gabrielle –le aclaró con un leve sentimiento de pesar- planeaba ir a verte para despedirme en cuanto terminara con la moto pero me parece que tu visita fue mucho más beneficiosa para ambos –comentó con una sonrisa triste.

-¡Déjame ir contigo! –Le pidió de inmediato.

-Hay un par de favores que necesito de ti Gabrielle –le dijo con un poco de intranquilidad, ella aguardo- me supongo que los soldados que estuvieron en el ministerio hoy aún no han entregado su informe o si lo hicieron sus superiores no lo han terminado de leer, de lo contrario los tendría respirando en mi cuello para que les entregara a Lestrange –la bruja asintió- necesito que el asalto a Hogwarts sea lo más discreto posible nadie debe enterarse hasta que termine salvo por algunos refuerzos que llamé para que me ayuden con una distracción mientras entro al castillo, te necesito aquí para que los mantengas lejos de Hogwarts por lo menos hasta el anochecer, que sigan mi pista hasta otro lado, lo que sea pero ellos no pueden llegar a Hogwarts por lo menos hasta el 1 de noviembre, si llegaran antes con lo que yo mismo les enseñe podrían dar con mi paradero y arruinarlo todo.

-¿Arruinarlo? ¿Qué…? –Intentó preguntar.

-Por favor –le cortó mirándole fijamente- esto es muy importante para mí y es lo primero que te he pedido en mi vida.

-De acuerdo, te prometo que nadie de aquí o de cualquier otro lado se acercara a Hogwarts –le aseguró con determinación, luego Harry le paso un sobre y una llave, ante la nueva inquisitiva mirada volvió a hablar.

-Mi testamento –explicó con la mayor naturalidad del mundo- dáselo al director de Gringotts pasado mañana, entre otras cosas está el traspaso de mi bóveda personal a tu nombre, recientemente recibí una bonificación considerable pero a mí ya no me servirá, y ya que era tu sueño reconstruir Beauxbatons me atrevería a decir que tú le encontraras un uso –la hermosa ojiazul lo observaba sin terminar de creer lo que le estaba diciendo- en lo que se refiere a mi bóveda familiar… el oro esta designado para una persona en especifico, en cuanto al resto de cachivaches de los que ahora está llena no tengo ni idea porque no he tenido oportunidad de revisarlos, pero debería haber suficientes libros como para armar un par de bibliotecas únicas –añadió sin esperar respuesta- quiero que entre tú y Natalia se dividan tanto los libros como los artefactos, no debería ser difícil separar las cosas que a ella podrían gustarle de las que sería seguro ingresar en una escuela, incluidos los libros. Así que cuando te decidas a revisarla por favor llévala contigo –finalizó y esperó a que todo pasara por la cabeza de Gabrielle, cuando esto ocurrió ella solo fue capaz de hacer una cosa. Lanzó los brazos alrededor de su cuello y lo beso con toda la fuerza de la que era capaz tras lo intenso de la situación vivida hasta el momento, sin embargo sintió que el pelinegro no correspondía el beso, por lo que tras un minuto lo dejo con expresión avergonzada.

-Lo-lo siento, me deje llevar por el momento –se excusó.

-No te preocupes, no hubo daño.

-En verdad nunca dejaras de amarla –repitió una vez más con una brillante sonrisa aún en sus labios- y tal vez esa sea tu mayor cualidad, Harry Potter.

-Adiós Gabrielle –se despidió antes de presionar la tapa del contenedor de gasolina con su dedo y murmurar "actívate", un brillo azulado envolvió a la tapa y sin más ambos, moto y hombre, desaparecieron.

-Adiós Harry –murmuró a la nada la ahora sola mujer derramando un par de gruesas lágrimas que ya no pudo contener más, no recordaba haber llorado desde la muerte de su hermana y el resto de su familia política, ahora lo hacía dos veces en un día, ambas por el mismo hombre.


Nada quedaba ya de la antes orgullosa comunidad mágica de Hogsmeade más que las cenizas de un pueblo acabado, por las personas allí que se levantaron en contra de Voldemort al final de la última guerra esté desato su ira sobre todos los que habitaban allí cuando regreso, nada ni nadie quedó en pie. Hogwarts fue, por decirlo de alguna forma, eximido de esta vendetta por lo que representaba para Voldemort, sin embargo lo que alguna vez fue la más prestigiosa escuela de magia y hechicería ahora fungía como poco más que un cuartel y prisión en la cual residían los escasos prisioneros de guerra que Voldemort mantenía con vida además los últimos dementores del mundo, antes tan ansiosos por ser liberados con numerosas presas por conseguir ahora se recluían para mantener su propia supervivencia desde que los magos aprendieron como exterminarlos de forma definitiva, los presos eran una historia diferente cada uno, algunos eran simplemente fichas de cambio que supuestamente tenían valor al mantenerlos con vida, otros eran usados para las practicas de rituales y experimentos, unos pocos eran magos destacados en múltiples especialidades que Voldemort forzaba a ayudarlo a desarrollar nuevas armas en su intento de recuperar nuevamente su pérdida ventaja. Estos últimos ya no tenían utilidad desde el regreso de Harry, sin importar que lograran desarrollar el mago de la cicatriz solo necesitaba tocar uno y de inmediato obtenía una docena diferente de formas para destruirlos, construir propios o mejorarlos si es que quería hacerlo. Hasta ayer Harry no sabía por qué los dejaban aún con vida. Las protecciones en todo el castillo, reforzadas con los propios trabajos de Riddle, hacían casi imposible ingresar o salir, si no se sabía cómo, y Harry acababa de encontrar una forma en la cabeza de la última lugarteniente de su Némesis.

Faltaban ya pocas horas para el amanecer y en medio del desierto paraje que antes era un pueblo varias figuras comenzaron a hacerse presentes, algunos se aparecían, otros parecía que se materializaban de las sombras y las últimas figuras, las más grandes y las más pequeñas, llegaban en grupos grandes envueltos en llamas doradas aparentemente transportados por un fénix.

-Vaya –comentó una voz gruesa de entre los de baja estatura y robustos cuerpos al notar la cantidad de personajes que se encontraban allí- parece que Potter planea toda una fiesta –bromeó, varios de entre los suyos y algunos de las otros grupos carcajearon por eso.

-Porrr favorrr –dijo uno de los que se materializaron con voz templada- el día que vea a ese sujeto diverrrtirrrse comenzarrre a beberrr solo sangrrre de cabrrra.

-Podría tomarte la palabra Dorian –dijo una voz monocorde, unos pocos se pusieron en guardia, pero no así ninguno de los líderes, ni siquiera cuando de entre ellos apareció una figura envuelta en una delgada capa añil, de inmediato el ave que había traído al último grupo voló hasta posarse en su hombro y recibió unas caricias por parte de su dueño antes de que este volviera a hablar- pero por ahora será mejor que nos pongamos a cubierto mientras discutimos la razón por la que los cite aquí.

Dichas estas palabras la entrada a una tienda apareció a sus espaldas, tan grande como para que entraran en ella hasta las figuras que excedían los siete metros de altura, el encapuchado avanzó con paso seguro al igual que varios otros de los que habían arribado, el restó solo siguió a sus cabecillas. El interior parecía el vestíbulo de un hotel de lujo, entraron cómodamente los tres gigantes, seis vampiros, diez licántropos, siete duendes, ocho enanos, siete veelas y nueve magos todos de diferentes nacionalidades, japonés, africano, rumano, ingles, australiano, hindú, tibetano, francés y uno que parecía latino. Había una mesa en el centro y sillas acorde a la necesidad de cada uno de los presentes, además de algunos pasillos que conducían a otras habitaciones, una vez estuvieron todos en sus sitios alrededor de una mesa con algunos planos de los terrenos y la estructura de las defensas del castillo el mago de la cicatriz se dio un momento para detallar a aquellos que acudieron.

Por parte de los enanos, estaban dos miembros del concejo de ancianos, estos pese a sus cabelleras y barbas blancas no lucían para nada menos intimidantes que sus contrapartes más jóvenes y llevaban orgullosamente sus robustos martillos en su espalda, el resto eran igual de fornidos con marañas de barbas y cabelleras castañas, cargaban pesadas hachas, a excepción de dos de ellos que llevaban dos espadas medias cada uno, todos con armaduras y listos para la batalla. Entre los duendes solo había un anciano, con solo una cortina de pelo plateado en la base de la cabeza, delgado a comparación de la mayoría de los suyos y portaba una brillante espada de plata con un único rubí en la empuñadura, el resto llevaban dagas o martillos, todos llevaban un pequeño escudo sujetó a sus brazos y una armadura de apariencia muy liviana que a diferencia de los enanos incluía un casco. Los licántropos se hallaban en su forma de magos, había uno rubio pero el resto tenían el cabello negro o castaño, diferentes a su estado previó al descubrimiento de Harry de cómo ayudarlos a controlar su transformación por completo, estos se veían más saludables que muchos levantadores de pesas, lo cual se notaba por que todos llevaban el torso descubierto, una holgada gabardina de cuero fácil de ponerse o sacarse y pantalones de una tela que se expandía mágicamente si era necesario, que regularmente lo era, no llevaban zapatos. En las veelas había de nuevo dos ancianas, aunque no lo parecían más allá de por su cabellera completamente blanca y las leves líneas alrededor de sus ojos, todas con batas blancas y una joya, ya fuera una pulsera, un anillo o un collar, de oro que brillaba tenuemente en lugar de su piel, la cual pese a lucir inmaculada se podría decir que era completamente normal como el resto de ellas. Había tres gigantes, uno de siete metros cabello negro, sin barba dientes disparejos pero mirada afilada, llevaba un enorme garrote de madera con puntas, el cual estaba usando como apoyo para sus manos al frente de él mientras esperaba, el segundo tendría unos seis metros y medio ojos castaños cara cuadrada mandíbula muy grande con barba, sin cabello y con enormes manoplas de hierro sobre sus gigantescos nudillos, los cuales reposaban calmadamente sobre sus rodillas y finalmente uno que era relativamente pequeño en contraste de los otros ya que esté solo medía unos cinco metros tenía una mata de cabello color jengibre rostro muy desigual y dientes disparejos, sus armas eran dos escudos en sus antebrazos y una cachiporra de acero en su cinto, todos vestían pantalones hechos de retazos pero del mismo color marrón, chalecos iguales cerrados con botones que parecían ser las llantas de un tráiler, muñequeras y botas.

Por último estaban los vampiros, todos ellos vestían un traje de cuero negro, que parecía asegurarse con correas, y cuello, pese a parecerlo no era incomodo y no restaba movilidad, llevaban una espada y un cuchillo en su cinto además de una ballesta portátil fija a su antebrazo una capa por encima de sus hombros mantenía el escudo en su espalda, ligero pero poderoso, oculto, también llevaban una armadura del mismo tipo, liviana pero muy resistente. Eran en total cinco hombres de tres de cabello negro y dos rubios, ojos rojo oscuro, piel cetrina con facciones delicadas y aristocráticas, y una mujer, la cual era muy diferente a sus contrapartes y no solo por su género. Era ciertamente hermosa, pero sus rasgos eran más salvajes, afilados como su mirada rojo rubí, brillante en lugar de opaca como las de otros vampiros que hace tiempo olvidaron lo que significaba vivir, y se limitaban a existir, su cuerpo era esbelto pero muy bien proporcionado y aquello se percibía muy bien a través del ajustado traje-armadura, cabello rojo encendido, piel levemente bronceada, lo cual sin duda parecía un logro imposible para un vampiro aún para los caminantes diurnos, y la expresión en su rostro, que no parecía exceder los veinticinco años, a diferencia de sus subalternos que más bien parecían aburridos, era casi ansiosa por la perspectiva de una batalla.

Los magos no llevaban nada destacable más allá de los rasgos propios de sus tierras de procedencia y una bolsa de viaje individual, sus vestimentas eran solo en caso del inglés una túnica de mago púrpura, el resto llevaba ropas muggles, el australiano llevaba un sombrero de ala ancha con dientes de diferente tamaños, algunos parecían colmillos de vampiro y hombres lobo, por lo que estos le dirigían miradas de advertencia de las que esté hacía poco o ningún caso, el japonés llevaba un kimono negro en la parte inferior y blanco en la superior a parte de una katana en su cinto a lado contrario de su varita, aunque se quito la espada al sentarse y la colocó a un costado, el resto solo destacaba por su vestimenta acorde al clima del que provenían, sin embargo aún los que llevaban ropas ligeras tenían hechizos de modulación de temperatura en ellas, por lo que el clima no les afectaba. Ningún mago parecía exceder los cincuenta años, como el japonés, ni descender de los treinta, como el australiano, el francés y el tibetano. Todos se encontraban tranquilos, un par de ellos, como el australiano, incluso parecían relajados, pese a que estos no parecieran los más extraordinarios a simple vista, de entre los presentes eran sin duda los más versátiles y mortales guerreros, cada uno era cabecilla de los rebeldes en sus respectivas regiones y fueron entrenados por el mismo Harry para defenderse y defender a los suyos de los ejércitos de Voldemort, incluso sin ayuda si tenían que hacerlo, cada uno conocía un arsenal básico de hechizos para docenas de situaciones posibles y varios que eran únicos de su conocimiento y el de Harry para enfrentarse a criaturas especificas o en situaciones especificas, también habían creado muchos hechizos propios con el pasar del tiempo, en su bolsa agrandada mágicamente llevaban un equipo de protección para la batalla, algunos artefactos mágicos y un surtido de pociones con efectos extraordinarios.

Uno solo de estos magos podía acabar sin ayuda con cualquiera de los otros grupos, cinco de ellos que lograran coordinarse más o menos bien sin duda acabarían con todos, con contadas excepciones, el gigante más bajo era el más veloz entre todas las tribus incluso podía regresar un hechizo con sus escudos o su porra de vuelta al mismo mago que se lo lanzara, el duende más viejo era letal con su espada usara o no magia en ella, el jefe de los licántropos, un joven que difícilmente pasaría de los veinte años con cabello castaño y ojos dorados, era rápido con su magia pero lo era mucho más con sus garras, cuando se movía apenas era posible verlo y podía pasar de una forma a otra en menos de un segundo. Y finalmente estaba claro la comandante del escuadrón de caminantes diurnos, antes comandante de un batallón de cazadores de muerte (guardia real de los vampiros, solamente bajo las órdenes del consejo de ancianos), veloz como no se había visto otra, fuerte como un trol a pesar de su esbelta figura, mortal con armas o sin ellas, incluso era capaz de lanzar algunos hechizos y maldiciones con sus manos, lo cual solo incrementaba su letalidad, más aún desde que, por petición del mago de ojos verdes, los enanos le habían forjado una espada capaz de canalizar su magia, similar a las armas de los duendes pero más apropiada para la batalla.

-He de suponer que todos tienen una idea del por qué los cité aquí –comentó finalmente el mago por el cual se habían reunido tantas razas diferentes en mismo lugar.

-Ciertamente tenemos una idea, pero son los detalles los que atañen a una reunión como está Sr. Potter –agregó el más viejo de los duendes con solemnidad.

-Solo si son los detalles del plan de ataque –acotó el castaño líder de los hombres lobo con su particular toque de carisma, varios asintieron de acuerdo, pero algunos le dirigieron miradas reprobatorias.

-No todos hemos decidimos aún si vamos a participar en la empresa del Sr. Potter esté día –intervino está ocasión el gigante que llevaba el garrote con voz profunda y áspera- pese a la enorme deuda que nos une a él, le aclaramos que ya no queríamos que nuestros números disminuyeran todavía más, no queremos ser la última generación de gigantes –citó nuevamente lo que Harry escucho del anterior Gurg luego de que les ayudo a "evolucionar" sus mentes para que les fuera más sencillo convivir entre ellos e incluso progresar.

-Pero una deuda sigue atándonos –le recordó el gigante más bajo con calma- recuerda que sin Harry Potter no solo no sabríamos el riesgo que corríamos como especie sino que ni siquiera nos importaría –el gigante asintió.

-Será como usted diga Gurg.

-Oigan, no se ofendan por la pregunta –interrumpió el mago australiano, levantando la mano como si estuviera en clase, dirigiéndose al grupo de hombres lobo- pero si no mal recuerdo ustedes habían decidido igual que los gigantes mantenerse al margen, ¿Por qué ahora el entusiasmo? –No parecía estar recriminando nada sino solamente mostrándose curioso, así que el mismo líder hablo por los suyos.

-Al igual que la mayoría de ustedes –comenzó pacientemente- nosotros pasamos por una difícil transición de lo que éramos a lo que somos hoy en día, solo que nosotros al igual que los gigantes no contábamos con apoyo exterior ni con grandes números, solo teníamos nuestra ventaja de poder todavía utilizar magia, nuestra decisión de no intervenir no fue debido a que no quisiéramos pelear, fue debido a que teníamos mucho trabajo por delante formando una comunidad propia capaz de mantenerse por sí misma –el mago pareció satisfecho ya que solo asintió y no comentó nada más.

-Sin embarrrgo el asunto sigue siendo prrrimerrro si interrrvendrrremos en la lucha de hoy –intervino está vez la vampiriza con tono refinado pero de advertencia, con su mirada fija en los ojos verdes del que los convocó, sus camaradas prefirieron no comentar nada, después de que fue ella quien les ordenó prepararse con el equipo de guerra al completo que ahora sugiriera que no quería pelear era ridículo, pero sabían que no siempre se comportaba completamente racional cuando se trataba de Harry Potter.

-Intervendrán –les aseguró Harry haciendo por primera vez un comentario desde que inició la reunión, no sonó como una orden ni mucho menos pero tenía tal convicción que nadie se atrevió a cuestionar sus palabras directamente, desde los orgullosos duendes hasta los imponentes gigantes eran incapaces de contradecir esa simple aseveración que llevaba consigo toda la autoridad que aquel hombre era capaz de generar, sin embargo el orgullo de alguien era capaz de prevalecer aún más allá que el de duendes y enanos.

-¿Porrr qué estás tan segurrro? –Inquirió nuevamente la comandante vampiro, no había rehusado abiertamente ayudarlo y sabía que al final no lo haría pero quería oponer tanta resistencia como le fuera posible.

-Porque ustedes me lo pidieron –salvo por unas pocas excepciones todos se tensaron en sus sitios al alcanzarlos el significado de estas palabras, la pelirroja se levantó inmediatamente tirando su silla al suelo, ahora miraba al ojiverde no solo con intensidad sino con un rastro de preocupación, mientras que esté parecía solo haber comentado el clima mañanero.

La mayor parte de los magos dejaron caer sus quijadas incrédulos, varios se levantaron de sus asientos por la impresión intentando infructuosamente encontrar argumentos para razonar, el gigante más grande dejo caer su garrote que hizo un sonido parecido al de un árbol al ser derribado cuando toco el suelo, todos hicieron caso omiso de esté, las veelas llevaron sus manos al rostro para cubrir sus expresiones horrorizadas, los enanos solo abrieron enormemente sus ojos por la sorpresa, pero alguien que supiera leer las casi indescifrables facciones de estos sabría que estaban estupefactos. Los duendes se tensaron en sus asientos, el que reaccionaran de alguna forma ya era de por si algo inverosímil, algunos incluso exhibieron abiertamente su sorpresa, todos llevaron inconscientemente sus manos hacia sus brillantes armas y las acariciaron involuntariamente, el duende más viejo solo apretó sus puños con fuerza sobre la mesa, por primera vez en muchos años algo lo había tomado por sorpresa, cuando reunió a un grupo de los suyos para acudir al llamado de Potter no tenía idea de que era ese llamado. Los vampiros también se tensaron en sus asientos, su expresión generalmente aburrida ahora era mortalmente atenta y expectante mientras miraban directamente al mago sin pestañear. Los licántropos fueron tan expresivos como los magos o incluso más, en especial el líder de estos que expresó no solo la misma expectación del resto sino un toque de temor.

-¿Estás seguro de esto? –Le preguntó casi con miedo, pues ya sabía la respuesta, pero está fue aún más sorpresiva para todos cuando vieron al normalmente impertérrito mago expresar una tenue sonrisa triste sobre su rostro, sin contestar la pregunta se levanto para dirigirse a todos los presentes.

-Voldemort se encuentra en estos momentos en Hogwarts –les informó varios reprimieron un escalofrió ante el nombre pero solo eran algunas veelas, el resto solo se tensó con una clara molestia, pero casi al instante todos entendieron el porqué de su llamado.

En el tiempo en que Harry deambuló por las diferentes regiones auxiliando a los refugiados a liberarse del dominio de su Némesis y ayudando a las diferentes especies a alcanzar su máximo potencial para sobrevivir tanto a la guerra como a lo que el futuro les deparara. En ese tiempo los lideres de cada raza acordaron devolverle el favor, en lo personal a Harry no le importaba solo buscaba formas de fastidiar a Voldemort sin tener que desaparecer algunas especies del mapa, sin embargo muchas de estas eran demasiado orgullosas como para aceptar sentirse en deuda con una solo persona, por lo que le pidieron que les llamara para saldar su deuda una sola vez antes de morir, ya que habían insistido tanto con aquello Harry les aseguro que el día en que librará su última batalla en este mundo, ese día los llamaría.

Y ese día había llegado.

-¿Seguro que la información es confiable? –Era la última carta de licántropo y trato de jugarla sin mucha esperanza, ya que sabía que pelinegro no trataría nunca algo relacionado con Voldemort sin estar 100% seguro, curiosamente, lo notó dudar un segundo ante está pregunta pero finalmente le contestó.

-No cabe duda de la fuente –le aseguró- me las arregle para obtenerlo… directamente de la cabeza de Lestrange –está última revelación tuvo el efecto que quería evitar, el líder licántropo cambió su expresión abatida por una de fría cólera.

-¡¿ESTA AQUÍ?! –Inquirió casi fuera de sí.

-Y será ejecutada apenas comience el plan –le aseguró tratando de calmarlo.

-Déjame hacerlo –le pidió de inmediato, Harry tomo una honda respiración antes de negar levemente con la cabeza- ¡¿Por qué no?!

-Porque aún no han escuchado el plan ni el papel de cada uno dentro de él, incluida Lestrange –explicó- si ella tiene un papel también –se adelantó a contestarles antes de que preguntaran- mi plan requiere que pase por los todos los hechizos defensivos de uno de los pasajes de Hogwarts y solo puede hacerse…

-Con el conjuro de espada de almas –completó a regañadientes el hombre lobo, tras dar unas breves respiraciones su cuerpo empezó a encogerse, sin que nadie se diera cuenta había crecido unos cinco centímetros y aumentado unos pocos kilos en músculos cuando casi perdió el control, pero aún no se veía conforme.

-Teddy –le llamó, todos lo que conocían al lobo lo observaron sorprendidos y un poco asustados cuando se refirió al feroz líder licántropo de aquella manera, este sin embargo solo parecía extrañado ya que no se había referido a él con tanta suavidad desde que era prácticamente un bebé- se que tienes un asunto pendiente con ella por lo que le hizo a tu madre y a Andrómeda pero te aseguró que de ella ya no queda nada de lo que era, yo mismo me encargue de que así fuera –el joven licántropo no parecía convencido aún, así que Harry conjuro una pequeña botella, como para un perfume, en su mano, llevó su varita a su sien, arrancó un generosa cantidad de hilos plateados, tapó la botella y se la arrojó, con sus reflejos este no tuvo dificultad en atraparla- son los recuerdos de cada enfrentamiento que tuve contra ella desde que tenía quince años, desde que mato a mi padrino hasta su captura en el ministerio de magia el día de ayer. Si mis palabras no son suficientes allí tienes la prueba de cuan destruida deje a Bellatrix Lestrange –el chico de cabello castaño miro atentamente la pequeña botella por un instante, antes de lanzarla de regreso a su padrino, este lo miro con curiosidad a lo que su ahijado solo contestó con una sonrisa torcida.

-Tu palabra siempre ha sido suficiente, para mí y para todos los que nos hemos reunido hoy.

Harry le sonrió de vuelta y las próximas horas previas al amanecer las pasaron desarrollando los puntos del plan, a muchos no les agradaba por completo pero lo aceptaron. La idea era generar una distracción en los límites de Hogwarts atacando las protecciones, conocían suficiente para derribar esos conjuros pero cuando el otro lado lanzara el contraataque las cosas se complicarían, por fortuna las veelas conocían conjuros de defensa muy poderosos que podían mantenerlos a resguardo mientras el resto atacaban y prolongaban la lucha. El propósito de todo esto era desviar la atención de la guardia mientras Harry se abría paso hasta la cámara de los secretos, él no les había dicho mucho más salvo que no quería que nadie supiera por donde entrar allí y que una vez dentro si las cosas salían bien ya no saldría jamás, nadie de entre los presentes entendía como las cosas podrían salir peor que eso, pero hace mucho que se habían resignado a intentar hacerlo cambiar de parecer, aún los duendes pensaban que era un monumental desperdicio que un intelecto y habilidad semejante se pierda para siempre, ni que decir de los magos, ellos solo sabían a ciencia cierta que algún día las generaciones futuras harían alusión al nombre de Harry Potter tanto o más que al de Merlín. Todos los planes quedaron finalizados para cuando los primeros rayos del sol comenzaron a bañar el indetectable campamento, esté comenzaría a las 12:00 en punto, así que hasta entonces los que necesitaran descansar lo harían y el resto podría alistar su equipo o hacer guardia.


-¿No deberrrías estarrr descansando? –le comentó con voz mucho más suave que la que utilizó en la reunión la pelirroja, el sol aún estaba bajo pero la mayoría se encontraba en las diferentes habitaciones descansando, incluso los otros vampiros se hallaban en un surtido de elegantes ataúdes especialmente preparados para ellos, pese a que ya no los necesitaban los encontraban más cómodos para descansar, Harry sin embargo se hallaba como de costumbre trabajando en su moto dentro un improvisado taller que antes era un cuarto, con algunas piezas y herramientas sobre la mullida cama. La hermosa ojiroja lo observaba apoyada desde el marco de la puerta.

-No podía dormir –le contestó honestamente.

-Siemprrre dije que habrrrías sido un estupendo vampirrro –dijo con una pizca de nostalgia, el mago regresó verla un tanto contrariado dejando de lado su trabajo.

-Creía que lo que siempre decías era, y citó, "¡Te arrrancarrré las entrrrañas con una cucharrra y luego me bañarrre en tu sangrrre Potterrr!"

-No –denegó sin inmutarse por la, en opinión suya, burda imitación- eso errra lo que siemprrre te decía a ti.

-¿Y por qué con una cuchara? –Cuestionó con sincera curiosidad- Siempre me pregunte eso.

-Porrrque no tiene filo –explicó como si fuera lo más obvio del mundo, al ver que el pelinegro no lo captaba del todo agregó con una malévola sonrisa- de eso modo te dolerrría mucho más.

-Oh –dijo simplemente antes de que su atención regresará de vuelta a su moto.

-¿Ansiedad? –Le preguntó con casualidad la vampiriza refiriéndose a su primera pregunta, Harry asintió- si fuerrra alguien más me prrreocuparrría tu salud mental, perrro supongo que en este punto lo prrreocupante serrria que ya no ansiarrras encarrrar a la muerrrte –comentó con indiferencia, para su sorpresa una tenue pero limpia carcajada se escucho de la dirección de pelinegro.

-Tienes razón –admitió- yo soy, después de todo, "El amo de la muerte" –ante esto la vampiresa parpadeó con cierta sorpresa

-No conocía ese apodo tuyo –admitió- "el niño que vivió"; "el elegido"; "el domadorrr de drrragones"; "el porrrtadorrr del castigo"; "el sucesorrr de Merrrlín"; "El maestrrro de la animagia" –enlistó unos pocos de los que conocía, enlistarlos todos le tomaría hasta el día siguiente y no tenían tanto tiempo- perrro no había escuchado ese, ¿tiene una historrria interrresante o es solo una alusión a tu invulnerrrabilidad?

-El amo de la muerte no es aquel que no puede morir –le contradijo con tranquilidad, llamando su atención- es quien acepta morir y comprende que hay cosas mucho peores que la muerte –explicó- "solo aquel que reúna las tres reliquias sagradas de la muerte se convertirá en el amo de la muerte" –citó- como vez en realidad no es una historia sobre mi sino sobre dichos objetos, "quien sea merecedor de poseerlos habrá conquistado a la muerte", pero eso no significa ser invencible sino dar la bienvenida al fin cuando este venga por nosotros –la pelirroja arrugo el ceño pensando un instante en las palabras de su contraparte.

-¿Eso significa que tú ya las has rrreunido todas? –Preguntó finalmente intrigada.

-Esa es otra historia

-Es la misma –le contradijo con una sonrisa audaz que le enseño sus brillantes colmillos, Harry suspiró con cierta resignación.

-Pero no disponemos del tiempo para que te la narre –se excusó- sin embargo podrías pedirle a Gabrielle de mi parte que te la relate –le sugirió, al instante su sonrisa se fue al infierno mientras se convertía en un gesto amenazante con sus colmillos de fuera.

-¿Porrr qué tendrrría que pedirrrle algo a esa ferrrancesilla? –Inquirió con desdén.

-Porque de momento es la única que conoce la historia –le contestó con simpleza, la vampiresa bufó con rebeldía aún decidida a no caer tan bajo como para tener que dirigirle la palabra a aquella rubiecita- y porque realmente me gustaría que tú y Teddy escucharan esa historia, además de que tienen que pasar a buscar sus presentes.

-¿Prrresentes? –Repitió claramente confundida.

-Aún no hemos llegado al tema pero ambos sabemos la razón por la que te dignaste a dirigirme la palabra de nuevo Natalia –comentó con calma- es definitivo, no volveré de está, no quiero volver de está –se adelantó antes de que la pelirroja terminará de abrir la boca para alegar algo- por esa razón deje mi testamento en Gringotts, en manos de Gabrielle, será efectivo a primera hora del día de mañana, así que sería bueno que los tres implicados estén presentes –las facciones de la beldad de ojos rojos eran el reflejo de demasiadas emociones juntas, aún para un humano ni se diga para un vampiro, parecía estar lidiando con la negación, la resignación, el temor de saber que la segunda de estás estaba ganando y finalmente con el dolor.

-No dimitirrrás –al igual que Gabrielle, Natalia no estaba preguntando, solo constataba para sí misma un hecho tras pronunciarlo en voz alta- tal vez eso fue lo que me atrrrajo de ti –comentó con desenfado provocando que Harry regresará a verla sorprendido, advirtiendo su sorpresa agregó- no te comporrrtes como si no lo hubierrras notado –le reclamó graciosamente.

-Una cosa es notarlo y otra muy diferente es escucharte decirlo en voz alta –le explicó tratando de enunciar en esas palabras lo mucho que sentía no poder corresponderle, una curiosa mezcla de arrepentimiento y tristeza, no tanto por él como por la chica que Harry sabía tenía sentimientos reales… a los que no podía corresponder, de nuevo. Por primera vez en quince años Harry Potter apartó la mirada de alguien frente a él, sin embargo esta vez fue su barbilla la sujetada por una mano más suave y tersa que condujo sus ojos de vuelta a encontrarse con unos ojos escarlatas de los que parecían emanar llamas.

-No lo hagas –le advirtió- no demuestrrres debilidad, no ahorrra, o sino… ¡voy a odiarrrte para siemprrre y a mi misma por haberrrme enamorrrado de ti! –Terminó con su firme voz casi fallando al final antes de cerrar la distancia entre ambos en un beso tan feroz como le era posible.

¡Merlín! ¡¿Qué pasaba con estás mujeres?! Oh… sí, el hecho de que él único hombre que logró sacar sentimientos genuinos de ellas se despedía de manera definitiva diciéndoles que finalmente partiría de este mundo. Tardó un minuto más que la ojiazul porque la pelirroja no necesitaba respirar en realidad pero al final también se separó del mago con expresión resignada y la mirada baja eludiendo la de Harry.

-Intenta descansarrr –le dijo de último antes de abandonar la habitación sin regresar a verlo.

Harry Potter se quedó en aquel lugar observando el sitió por el que la pelirroja había huido mientras sujetaba una llave de tuercas cada vez con más fuerza, de sus manos provenían descargas de magia, hasta el punto en que la pieza se doblo entre sus dedos, sin otra palabra arrojo la ahora inútil herramienta que se incrustó en la pared contra la que chocó.


La hora estaba cerca, al final había conseguido dormir solo dos horas pero tendría que bastar por ahora, tanto si las cosas resultaban como si no para el final de la semana podría finalmente descansar todo lo que quisiera. En estos momentos se encontraba en la entrada de un pasadizo bajo lo que antes era Honeydukes, los hechizos de alarma y defensa se encontraban a mitad de camino por lo que se tomo un instante para revisar por última vez su montura sin preocuparse por los pasos a su espalda.

-¿Pensabas irte sin despedirte de tu ahijado? –Le reclamó con fingido gesto de sufrimiento Teddy Lupin.

-No, ya sabía que vendrías y que le pedirías a Samuel que te cubriera mientras tanto –le contestó regresando a ver al primer mago que entrenó luego de su regreso a Inglaterra, tanto en metamorfo-magia, como para dominar la transformación de licántropo y muchos de sus más peligrosos hechizos- ven, quiero que veas algo –le pidió mientras destapaba el tanque de combustible de la moto.

Sin embargo allí no había combustible, el interior, que claramente estaba agrandado para que cupiera lo que allí se encontraba, irradiaba una brillante luz rojiza y con el motor solo encendido, pero sin arrancar, se escuchaba un leve sonido que no debería provenir de una maquina.

-¡E-eso… eso es…! –El joven licántropo que a sus menos de veinte años había crecido en el infierno de la guerra y visto las más inhumanas batallas y terribles situaciones, ni siquiera parecía capaz de articular la palabra que definiría lo que estaba viendo en ese preciso momento, así que prefirió usar las que definirían a la persona a su lado- eres un cabrón trastornado ¿lo sabías padrino?

-Gracias –dijo con una sonrisa descarada de la que Sirius Black habría estado orgulloso.

-Esto podría valerte una condena de cincuenta años en Azkaban… si no la hubieras destruido –reflexionó silenciosamente.

-Mejor para mí entonces que vole ese sitio en pedazos y que solo yo, y ahora tú, sabemos lo que le da poder a esta moto –subrayó mientras tapaba el contendor.

-¿Dónde lo conseguiste? –Preguntó curioso el joven lobo.

-Era el de mi Dragón, "El corazón del Ragnarok" –contestó simplemente con melancolía finalmente brotando de su monocorde tono, Teddy regresó a verlo sorprendido por dicha respuesta y por la tenue sonrisa nostálgica que apareció en la cara de su padrino mientras subconscientemente ponía una mano sobre el depósito, aunque cerrado no podía escucharse si podía sentir el tenue pero constante palpitar- luego de su muerte me di cuenta de que la magia no se había extinguido ni siquiera un poco, es más juraba que podía oír el corazón latir –le relató con la mirada un poco perdida en sus recuerdos- pero él ya no se movía y yo sabía que nunca volvería a hacerlo, sin embargo yo podía sentirlo tal como lo sentía cuando estaba vivo, podía sentir su deseo de seguir peleando sin importar contra que o en qué circunstancias, una fuerza que estuvo presente en él desde el momento en que nació –imágenes pasaban frente a sus ojos. Ambos, mago y dragón enfrentado a la caballería voladora de los vampiros, docenas de estos montados sobre sus orgullosos thestrals que lucharon ferozmente pero terminaron por sucumbir al igual que las fuerzas en tierra cuando ellos dos solos tomaron la fortaleza de los ancianos. En Egipto cuando enfrentaron a dos nundus que estaban al frente de los ejércitos invasores de Voldemort, donde descubrió que pese a la peste la carne de aquel leopardo gigante era sumamente alimenticia para los dragones. Estas y muchas batallas resurgieron de su memoria con tal claridad que olvidó donde se hallaba en esos momentos.

-¿Lo conocías desde entonteces? –Le preguntó curioso al ver que su padrino no continuaba, esté asintió volviendo en sí.

-En la reserva de dragones en Rumania, como sabrás Voldemort las destruyo todas y capturo a los dragones pero había algunos tan feroces que no se dejaban simplemente capturar –le relató- la madre de este fue una de esos, los mortifagos tenían órdenes de matar a los dragones que dieran demasiados problemas pero solo pudieron dejarla mal herida antes de irse. Yo llegue con un grupo de refugiados poco tiempo después de mi primer asalto al ministerio de magia y ella seguía allí, al principió no dejaba a nadie acercarse, pero cuando me vio, me recordó –en este punto Harry se rió de la expresión aturdida en su ahijado- era Norberto, o Norberta como le llamaron allí, la dragona que Hagrid intentó criar ilegalmente durante mi primer año en Hogwarts, al principio no entendí porque seguía peleando tanto si ya no había amenaza, hasta que vi los restos del huevo rodeando a una pequeña cría que parecía temblar por el frío y sobre la que todavía se esforzaba por respirar para que su bebe aún tuviera una esperanza de vida, al parecer se había cruzado con un Colacuerno Húngaro por que el bebe salió más a su padre físicamente… –se detuvo en esta parte de nuevo, aparentemente perdido en sus recuerdos, la imagen del colosal Dragón agonizante revelándole levemente bajo su ala a su preciada criatura lo golpeó con fuerza- yo no tenía una idea muy completa de cómo se debía criar a un dragón, siendo honestos no tenía ninguna idea en absoluto, así que use el ojo de Samsara para absorber el conocimiento directamente de Norberta.

-Así fue como aprendiste a domesticar dragones –comprendió finalmente el castaño.

-Aprendí mucho más –le contestó enigmáticamente- recuerda que el ojo no solo me permite ver la información en una mente o un objeto sino comprender por completo lo que toco, créeme cuando te digo Teddy que no tienes idea de cuan complejos son en realidad los dragones –le aseguró con vehemencia antes de volver otra vez a su actitud melancólica- lo que descubrí me sorprendió tanto que decidí buscar a las otras nueve especies, un macho y una hembra por cada una, y completar la información, me tomo cerca de dos años terminar de comprenderlos mientras nos preparábamos para lanzar el primer contraataque contra Voldemort. Hagrid tenía razón, simplemente no los comprendíamos, y comparando lo que aprendí con lo que sabía de dragones antes de eso me di cuenta de que estábamos a siglos de hacerlo aún si nos hubiéramos consagrado enteramente a ello.

-Impresionante –murmuró admirado el joven hombre lobo.

-Pero dejemos la charla y vamos a lo importante –cambio rápidamente a un semblante absolutamente serió- siempre usa guantes de piel dragón cuando manipules el centro, las indicaciones precisas estén en un manual que te escribí dentro del cofre, junto con otros apuntes que tal vez alguien pueda encontrar interesantes y a la caja de herramientas ahora le falta una llave de tuercas que tendrás que conseguir –explicó brevemente con voz neutral.

-¿Eh…? ¿Qué? –Oficialmente el chico estaba confundido.

-Mi existencia llega a su fin está noche pero la suya no –contestó con sencillez señalando la moto- y si hay alguien en este mundo a quien se la confiaría antes de partir ese eres tú –agregó con una leve sonrisa poniendo la mano sobre el hombro del castaño afectivamente, viendo la estupefacción en el rostro del muchacho- después de todo, fue mi padrino el que me la dejo en primer lugar, es lo justo que sea mi ahijado el que la herede.

-Pero…

-Sin peros –le avisó mortalmente serió- no voy a permitir que quede olvidada en el fondo de una caverna después de todo lo que ha pasado así que tú te encargaras de recuperarla y de hacerte cargo de ella cuando todo termine, ¿Esta claro, Ted Remus Lupin Tonks?

-¡Si señor! –Le contestó en posición de firmes, era un reflejo que aún le quedaba de los días en que su padrino se encargo de entrenarlo para la lucha.

-Otra cosa, ATEM –el ave apareció sobre su hombro y miro largamente al mago de la cicatriz directamente a los ojos, Teddy sabía lo que pasaba, era una charla mental, su padrino había descubierto que muchas criaturas mágicas, como los dragones o los fénix, se comunicaban entre ellos de esa manera, por lo que un maestro legilimente podría captar sus pensamientos y comunicarse con ellos, el problema era que tenían también un lenguaje propio que los magos no conocían hasta que Harry probó aprenderlo, con el ojo, de la mente de aquellos seres. Al terminar su plática el ave emitió un cántico apesadumbrado, unas caricias sobre su plumaje y unas lágrimas después se transfirió al hombro de su ahijado, el cual no comprendió hasta que su padrino le dijo- le gustan las uvas más que otra fruta en particular pero dale una dieta balanceada –le costó tragar así que solo asintió, Harry le dio una palmada de ánimo antes de continuar- muy bien, ahora solo queda una cosa –continuó, ahora dirigiéndose al cofre y sacando de él un bulto envuelto en telas negras, una vez fuera podían verse muchas libretas bastante gruesas que quedaban en el interior, el castaño se tensó al reconocer lo que esto era- ya que estas aquí me ayudaras con algo antes de irte. Al principio pensé que sería mejor partía desde aquí por mi cuenta pero por si acaso los hechizos estén preparados para auto reconstruirse será mejor no tomar riesgos, Voldemort sabe lo que este hechizo es capaz de hacer y no me sorprendería demasiado que hubiera conseguido una contramedida –explicó colocando a la mujer enfrente de la entrada y a unos pasos tras su moto- exactamente diez segundos después de que me veas desaparecer por ese túnel quiero que arrojes la espada de almas tras de mí, diez segundos ¿Me oíste? –Le explicó calmadamente, pero el licántropo pasaba su mirada pasmada de la mortifaga inconsciente en el suelo a Harry- ¿Me oíste? –Repitió en tono de voz más firme, llamando de vuelta a la realidad al mago más joven.

-¡Si señor!

Como un último acto de despedida el pelinegro atrapo en abrazo a su ahijado, uno que no le había dado desde hacía años, antes de la guerra, cuando apenas intentaba aprender a caminar, el chico parecía más sorprendido por esto que por todo lo que había visto o escuchado hasta el momento, pero aún así correspondió el abrazo tras asimilar lo que este significaba, se aferró con fuerza al que fue su maestro, su protector y su amigo como si se tratara de un salvavidas en medio del mar, hasta que un estremecimiento del suelo y el sonido de una explosión a lo lejos los llamó a separarse.

-Esa es nuestra señal –murmuró de regresó a su tono neutral antes de montar nuevamente su moto y arrancarla- ¡Diez segundos! –Le repitió de último antes de acelerar y adentrarse en el oscuro pasaje.

El chico espabilo de inmediato fuera de sus emociones, como le había sido enseñado hacer en estas situaciones por la misma persona que acababa de partir, apuntó su varita a la figura inmóvil en el suelo y sin dirigirle nada más que una mirada desprovista de emociones comenzó a separar el alma de su cuerpo, sabía que este conjuro no destruía el alma, solo la arrojaba con fuerza en una dirección fija concentrando toda su energía y magia en un tira, sin embargo eso no es todo, ya que al separar el alma y morir el cuerpo la muerte llega buscando el alma de la victima la persigue por el mismo trayecto que siguió antes de llevársela, este paso no afecta a vivos ni a objetos pero el rastro de la muerte deshace cualquier conjuro de defensa que se encuentre en su camino obstaculizándola de cumplir con su tarea. El cuerpo se sacudió una sola vez cuando el alma terminó de abandonarlo pero el mago no le prestó la más mínima atención, esta estaba fija en el pasaje por el que su padrino acababa de desaparecer.

-Uno… dos… tres… -comenzó a contar al compás de sus propios latidos, los cuales pese a lo intenso de la situación logró mantener regulares con el propósito de cumplir su tarea actual y subsecuente.


Nunca un camino le había pareció tan interminable, no cuando atravesó por primera vez el pasadizo del sauce boxeador, ni cuando recorrió el laberinto de en el torneo de los tres magos, tampoco alguno de sus paseos a través del bosque prohibido, ni siquiera cuando regreso de la muerte, ni tampoco cuando tuvo que recorrer un destruido camino de piedra en medio de un diluvio con el cuerpo de Ginny en sus brazos solo para llegar a una vieja casa en la que únicamente confirmaría que la vida la había abandonado, tanto a ella como al hijo nonato del que se habían enterado pocos días antes de que la tragedia los revistiera. Pero este pasaje, que una vez se las arreglo para cruzar sin siquiera darse cuenta de que lo había hecho, en verdad parecía no tener fin, tan extenso que incluso era capaz de rememorar con absoluta precisión cada instante de su vida, desde el momento en que una figura envuelta en una túnica negra le apuntaba con una varita, sus fastidiosos años en Privet Drive, su primer viaje en tren, la primera vez que habló con una serpiente, la primera vez que peleó para proteger a sus amigos, la primera vez que creyó estar enamorado, cuando descubrió lo que de verdad significaba amar a alguien más allá de todo, la primera vez que falló en proteger a alguien, la primera vez que perdió a alguien realmente cercano. A medida que el camino era dejado atrás, y el túnel se abría iluminado solo para sus ojos por el faro delantero que propagaba una luz negra, todos los recuerdos volvían a él, los más terribles y los más hermosos, los más apacibles momentos y las más violentas batallas se desarrollaban a la par en un collage sin fin que representaba la vida de Harry Potter hasta ese día, una vida que él esperaba poder terminar con un último acto irracional.

La sensación de los conjuros protectores a los que se aproximaba pusieron fin a la variada, y tal vez para cualquier otro confusa, gama de reminiscencias, pero en lugar de prepararse solo aceleró con una fría calma sobre su rostro mientras su cabello azotaba hacía atrás por la velocidad, justo antes de chocar con las primeras barreras percibió como una navaja inofensiva para él lo adelantaba y se encargaba de las defensas del lugar abriéndole paso, de inmediato criaturas invisibles comenzaron a rodearlo aún con su velocidad pero el conjuro aturdidor permanente las incapacitaba apenas lograban acercarse a menos de un metro. El camino continuó sin percances hasta que los sonidos de su propia voz eclipsados por el llanto diciéndole a un cadáver que todo estaría bien, mientras lo llevaba en brazos en medio de la lluvia, llenaron su mente, extrajo finalmente la varita mayor desde su funda en su cinto mientras envolvía aquellos recuerdos y todos los del mismo tipo en una esfera mental aislada en la parte olvidada de su mente, en donde podían revolotear inofensivamente incluso por algunas horas si era necesario, al mismo tiempo una imagen se conjuraba frente a sus ojos, una brillante sonrisa y un par de hermosos ojos castaños.

Eso era todo lo que necesitaba.

-¡EXPECTO PATRONUM!

No fue un ciervo lo que salió de su varita, no había sido capaz de conjurar uno desde el día en que Ginny había muerto, aquella era la razón principal entre otras de modificar el conjuro en uno que solo se mantuviera unos segundos pero que concentrara su fuerza en un golpe capaz de herir de muerte a los dementores. Cuando la capacidad de volver a producir uno volvió a él algunos años después, ya no tenía la misma forma, tal como le habían advertido, un golpe emocional muy fuerte había cambiado su forma tanto como había cambiado a Harry. La figura era tan enorme que Harry no terminaba de entender cómo es que había logrado encajar en aquel pasaje, aún con sus alas recogidas, con un furioso rugido los dementores se detuvieron en su sitio con lo que se podría catalogar de terror, tiempo suficiente para que las enormes garras y colmillos de la figura los alcanzara y despedazara finalmente terminando de limpiar el camino. Con un derrape la moto se detuvo justo al inicio de una resbaladilla de piedra, palpando la superficie de la moto del mismo modo que lo harías con una mascota, Harry la apagó y desmontó, casi juraba haber escuchado un tenue rugido provenir de está cuando comenzó a trepar hacía el castillo a pesar de estar seguro que había apagado la moto, apenas devolviendo una última mirada de despedida a su fiel montura continuó con su avance. Sabía bien que aquella moto no sufriría daño alguno y que Teddy la recuperaría sin dificultad aunque él tirara abajo el castillo sobre ambos, lo que probablemente sucedería.

Una vez al inicio de la resbaladilla voló en pedazos la bloqueada entrada junto con la estatua de la bruja tuerta para abrirse paso a un pasillo del tercer piso. De momento el tiempo corría en su contra así que para estar seguro de que no se encontraría con más obstáculos subió la capucha de su capa y se desvaneció, ya oculto a simple vista saco un viejo pergamino de papel.

-Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas –nunca más ciertas que ahora estás palabras revelaron el mapa del colegio y a los escasos guardianes de este precipitándose hacia los terrenos del mismo con la intención de enfrentar a sus colaboradores.

Ahora que sabía que el camino estaba libre se apresuro al segundo piso, pero no sin antes sacar la varita mayor una vez que toda la guardia estuvo fuera y apuntarla en dirección de los calabozos varios pisos por debajo de su posición.

-¡Alohomora! –Gritó con fuerza transfiriendo al conjuro tanta magia como fuera necesario, pudo ver como este se expandió como una ola y escuchar todas las cerraduras del pasillo saltar abiertas igual que las del resto del castillo, colocó la varita en su garganta y volvió a hablar, su voz resonó por todo el castillo- ¡Los que no deseen morir aquí, lárguense ahora!

Luego de esto continuó su camino, pero en lugar de dirigirse al baño de niñas se encamino a un pasillo sin salida bloqueado por una gárgola de piedra, sin dudar un instante colocó su mano sobre la cabeza de la estatua y un instante después murmuró.

-Sangre pura –al instante la gárgola se movió para darle paso- que original Tom –dijo sarcásticamente antes de pasar mientras se reiteraba la parte de arriba de la capa y volvía a ser visible, al final de la escalinata y a través de la puerta se encontró con la antes conocida oficina del director, solo que ahora era prácticamente irreconocible, casi todas las paredes estaban cubiertas por pergaminos llenos de esquemas, runas antiguas e intentos de nuevos conjuros potenciadores de magia, lo único reconocible de la habitación eran la espada dentro de una urna de cristal en detrás del escritorio del director, el viejo sombrero seleccionador del colegio que reposaba sobre esta y los múltiples retratos de los antiguos directores que tuvo Hogwarts.

-¿Harry? –Esa voz no la había escuchado en largo tiempo, pero cargaba sin duda un tono de asombro y consternación.

-Buenos días Albus –saludo amablemente el ojiverde como si aquella reunión hubiera sido acordada hace mucho tiempo- ha pasado tiempo.

-Sin duda –aceptó el viejo director sin retirar la vista de la apariencia de su antiguo alumno- te ves, saludable –decidió finalmente, Harry rió entre dientes, una carcajada seca y sin gracia, era tan típico del director anteponer sus modales a su criterio personal, sin duda eso era lo más amable que se podía decir de su apariencia, tal vez a la vista menos experimentada él se viera perfectamente pero Albus Dumbledore conocía demasiado bien a Harry Potter como para no notar la profundidad del cambio que se había orquestado en él.

-Gracias –aceptó el pelinegro acercándose a los esquemas sobre la mesa.

-Pero… si me permites expresar mi opinión, no te pareces en nada al Harry que yo conocí –le comentó tan educadamente que no parecía que le estuviera tachando de impostor.

-Eso sucede cuando vas perdiendo a cada persona que te importa sin poder hacer nada para evitarlo –le contestó sin rastro de emoción en sus palabras, los ojos del director se abrieron con sorpresa solo por un instante antes de con un pesado suspiro asintiera dándole la razón- así que esto es en lo que ha estado trabajado –murmuró revisando los planos con sumo cuidado.

-Así es –le confirmó Dumbledore- pero Tom solo ha conseguido perderse cada vez en esta nueva obsesión suya –comentó con un leve acceso de decepción en su voz- como parece también te ha pasado a ti con tu venganza –la voz del director no era acusatoria o severa, simplemente comentaba un hipótesis, otra leve carcajada sarcástica fue la respuesta de Harry.

-Así que rumores de mis… obras han alcanzado a mi vieja escuela –comentó usando la precisa selección de palabras que sabía que estaban rondando la mente del antiguo director- ¿Te daría pena creer la mitad de ellos? –Inquirió con la más absoluta indiferencia, la respuesta pese a no ser la que esperaba tampoco pareció sorprenderlo mucho. Dumbledore negó.

-Me enorgullecería mucho creer la mitad de ellos –le contestó sin dudar y mirándolo directamente a los ojos- la otra mitad sin embargo… definitivamente me preocupa ¿Qué fue lo que te sucedió Harry?

Por toda respuesta Harry levantó su mano ya libre del guante mostrándole la marca que llevaba en ella, la mirada de Dumbledore nunca había sido tan intensa como en aquel momento.

-¿Las reliquias? –Preguntó tentativamente, aunque Harry podía ver que el director sabía que no era, no podía ser, totalmente obra de estás lo que le sucedió a Harry, y como generalmente sucedía, tenía razón.

-Nunca fueron las reliquias Albus –le dijo sacando al director de su error, esté no pareció sorprendido pero sí mucho más atento- ¿nunca te pareció extraño que siendo la marca una supuesta representación de las tres reliquias Cadmus la hubiera grabado desde un inicio en su reliquia, en su obra maestra? –Por la expresión del retrato esa era un duda que tal vez una vez, o a lo mucho dos veces paso por su cabeza, pero nunca le prestó mayor atención, ya que al principio estaba obsesionado por encontrarlas y después determinado a olvidar lo que alguna vez supo de ellas.

-¿Entonces, qué era? –Preguntó silenciosamente.

-El secreto de los Peverell –contestó llanamente- otra pregunta clave es ¿Cómo es que tres hermanos lograron conseguir hace siglos algo que ningún mago ha sido capaz de replicar hasta el día de hoy? –El anciano seguía simplemente expectante- esto es la razón –ahora la imagen en su mano cambio, la línea en el centro se abrió revelando la forma de un ojo, los ojos azul claro del director se abrieron con el más absoluto desconcierto- es llamado el ojo de Samsara, tiene el poder de comprender por completo cualquier cosa con la que entre en contacto, una comunidad de médicos brujos en el amazonas lo custodian y en ocasiones lo utilizan para incrementar sus conocimientos, no abusan de él porque no pueden hacerlo realmente, el ojo solo toma el conocimiento dentro de tu mente y te ayuda a comprenderlo para que puedas alcanzar tú máximo potencial a cambio de una copia de tus conocimientos para incrementar los del ojo, sin embargo cuando alguien digno se para frente a él este le otorga parte de sus propios conocimientos para ayudarlo, los tres hermanos fueron dignos de un poco de su ayuda y solo con eso lograron crear cada uno su propia obra maestra.

-¿Qué te dio a ti Harry? –Preguntó calmadamente Dumbledore, sin embargo sus ojos brillaban, por un interminable instante este no le respondió, solo mantuvieron un duelo de miradas.

-Su propio poder –confirmó a lo que el retrato ya suponía sin titubear, mientras colocaba su mano sobre los pergaminos del escritorio, las palabras y esquemas de estos, y del resto de pergaminos que cubrían de tope a tope la habitación, se desprendían del papel y simplemente flotaban en elipses alrededor de Harry hasta ser absorbidos por su mano, el pelinegro pareció entrar en un leve trance durante el proceso pero al terminar volvió a la normalidad- aún no estoy seguro de las razones especificas pero me cedió la capacidad de comprender, cada vez que uso el ojo en algo me permite ver su historia, su potencial, sus debilidades en fin todo lo que "eso" sea –resumió- como ahora, que acabo de darme cuenta de que Voldemort no ha avanzado gran cosa con esa supuesta máquina del tiempo que un equipo suyo encontró dentro de aquella pirámide en Egipto hace tres años –comentó finalmente expresando una emoción, la decepción.

-Al parecer requiere de demasiada energía para enviar algo demasiado lejos en el pasado –confirmo el anciano- cualquier cosa que intentaba enviar se consumía a sí misma si realizaba un viaje muy largo.

-¿Por qué me mientes Albus? –Le preguntó repentinamente volteando a ver de frente a los azules ojos de Dumbledore.

-¿Crees que te estoy mintiendo? –Le cuestionó de vuelta sin parecer herido por el comentario pero si un poco sentido.

-Tal vez no completamente, pero es claro que hay algo que no me estás diciendo –argumentó tranquilo, sin embargo sus ojos refulgían, el retrató suspiró viéndose más cansado de lo que Harry recordaba haberlo visto en vida.

-Estos apuntes son antiguos –dijo finalmente- el último año Tom se ha aislado en el interior de la cámara de los secretos, dio la orden de que no se le molestará sin importar lo que sucediera y se encerró sin más, no he vuelto a verlo desde entonces –terminó de explicar, al ver como la fuerza en los ojos del mago se incrementaba agregó- sin embargo eso no es prueba de nada.

-Creó que solo hay una forma de estar seguros ¿verdad?

-Harry, por favor no lo hagas –le suplicó- cualquier intento de viajar más allá de un año disolvía por completo al viajero –intentó hacerlo razonar- sin importar cuánto haya avanzado Voldemort no es probable que logres algo si tu también lo intentas, además de morir –dijo sombrío, para su sorpresa Harry solo expresó la mayor sonrisa que haya dado en años.

-Entonces estoy en una situación de ganar-ganar –concluyó el mago sin dejar de sonreír- sin embargo aún necesito un dato más antes de irme –agregó antes de dirigirse a la vitrina y sujetar con su zurda el viejo sombrero, que despertó a su toque a pesar de no estar sobre su cabeza.

-Me preguntaba si lo vería nuevamente antes del final señor Potter –confesó con voz corriente.

-¿Entonces sabes lo que estoy buscando? –Inquirió demostrando un poco de ansiedad, el sombrero asintió.

-Sin embargo no voy a permitir que te lo lleves sin destruirme –le advirtió con suavidad, de inmediato Harry se tensó.

-¿Por qué? –Le preguntó tratando de mantenerse en calma- no deseo eso y lo sabes –el sombrero pareció observarlo largamente antes de contestar.

-No eres el único que ha perdido su propósito, señor Potter –dijo finalmente.

-Hogwarts puede ser reconstruido una vez que todo termine –intentó disuadirlo, aunque sentía que era inútil, pues podía percibir una determinación similar a la suya propia provenir del sombrero, el cual de haber podido moverse habría negado ladeándose horizontalmente.

-Al igual que su vida si realmente quisiera continuarla Sr. Potter –le respondió el sombrero, Harry no tuvo argumento contra eso- soy parte de Godric Gryffindor, y como él, o como usted, no puedo soportar el haber fracasado en proteger lo que realmente amaba… o sí, pese a que tenga una perspectiva diferente para mi sé lo que el sentimiento significa, ahora la única forma en que podría redimirme es formando parte directa de lo que destruirá lo que destruyó esté colegio, sin importar lo que me cueste.

-¿Estás seguro? –Durante una fracción de segundo le pareció que el sombrero lo miraba suspicaz ante dicha pregunta, así que sin más comenzó a asimilar toda la información y la esencia del sombrero seleccionador.

Fue diferente a cualquier cosa que haya experimentado jamás, ni siquiera el conocimiento contendió dentro de las tres reliquias juntas podía comparársele, siglos y siglos de historia pasaban frente a sus ojos a la par de recuerdos de los que seguramente fueron los fundadores, magia desconocida aún para él se filtraba para incrementar sus ya de por sí vastos conocimientos mientras el bulto de telas que sujetaba con toda su fuerza se sacudía como preparación ante lo inminente.

-¡¡¡¡¡GGGGGGGGGGRRRRRRRRRRRHHHHHHHHHH!!!!!

¡BBBBOOOOOOMMMM!

Una pequeña onda de poder fulminó los pergaminos vacíos en cenizas y dejo una marca de quemado en toda la oficina, frente al recuadro del director de ojos azules la figura de Harry se encontraba de rodillas respirando con dificultad mientras se sujetaba la cabeza con ambas manos, un línea de sangre fluía desde su nariz, tras normalizar su respiración limpió el rastro de sangre con su manga y se levantó, en un principió se tambaleó sobre sus pies pero tras trastabillar unos segundos logró mantenerse firmemente sobre sus pies, con una profunda respiración final, abrió los ojos con una nueva expresión de seguridad sobre su rostro, como si la certeza de que no había nada que pudiera detenerlo corriera por sus venas.

-¿Qué has hecho Harry? –La suave voz de Dumbledore sonaba desconcertada, sin abandonar el sentimiento que lo embargaba el niño que vivió le contestó.

-Es verdad que el dispositivo que hallaron en Egipto necesita una enorme cantidad de energía –admitió sin que esto fuera nada digno de considerarse realmente- pero otra cosa que omitiste decirme pese a que estaba claro, es que puede tomar energía del lugar en que se encuentra, ya fuera la pirámide, o Hogwarts, es por eso que Tom lo traslado aquí, aún no sabía cómo hacerlo funcionar pero eso es parte de lo que está investigando –la preocupación en el rostro del viejo director se asentó mientras escuchaba, pero no dijo nada en su defensa.

-Si haces lo que creó que piensas hacer… destruirás Hogwarts –le recordó, Harry negó levemente con la cabeza.

-Hogwarts es mucho más que pasillos y roca Albus, mucho más que muros y torres y tú lo sabes, tú sabes que Hogwarts fue destruido desde el momento en que Voldemort tomo posesión del castillo.

-Te recuerdo que fuiste tú el que dijo que podía ser reconstruido, hace menos de cinco minutos de hecho –le recordó categóricamente.

-Si hay justicia en este mundo lo será –dijo de manera contundente- pero una cosa a la vez Albus –pidió de manera animada, luego su sonrisa decayó antes de darse vuelta- nos veremos en otra vida Albus.

-Eso espero Harry –comentó el retrato de vuelta, antes de salir de la oficina se giro a un retrato que había permanecido inmóvil y silencioso desde su intrusión en la habitación.

-Y si termino en el infierno espero verte a ti Severus –comentó con una sonrisa sardónica, esté resopló indignado, a lo que el ojiverde solo se carcajeó levemente divertido- ya en serió, tal vez no fuiste la persona más agradable que haya conocido pero estoy seguro de que mi madre hubiera estado orgullosa de las decisiones que tomaste al final –le aseguró, el retrato no contesto pero los profundos ojos negros conocieron los suyos con atención antes de que el mago se desvaneciera nuevamente.

La llegada a los baños no fue ningún problema, haciendo caso omiso de los lamentos del fantasma ocupante de los mismos abrió el pasaje a la cámara con un leve siseo, y saltó en el interior de esté sin vacilación alguna, su capa azotaba violentamente durante la caída pero no parecía molestarle, estaba demasiado concentrado en lo que haría a continuación, sin emitir un solo sonido llegó hasta el final del túnel, con una rotación de cuerpo completo se encontró de pie casi al momento de tocar tierra y continuó a la entrada de la cámara secreta de Salazar Slytherin.

-¡ORDENE QUE NADIE ME MOLESTARA! –Gritó una voz desde el otro extremo de la cámara en respuesta a la intrusión.

Con esa sola frase, cargada de tensión y un toque ansiedad Harry se dio cuenta, no sin cierto deleite, de que en realidad el gran Lord Voldemort había sido consumido por su propia obra, solo respondió como un reflejo, su mente ni siquiera registro el hecho de que era imposible que alguien pudiera ingresar a esa cámara a importunarlo, tan inmerso en su trabajo tampoco reacciono maldiciendo a muerte al que se atrevió a desobedecer su orden de dejarlo trabajar. Ahora que se hallaba en el interior de la caverna podía ver al mago que por tanto tiempo sembró el terror en los corazones de cada ser viviente y racional en el mundo, pero no parecía ni siquiera una sombra de lo que era, o de la forma en que alguna vez él mismo Harry lo había visto, invencible y aterrador, como el reflejo de su propia muerte. "Tal vez" pensó Harry ociosamente "tal vez fue desde el momento en que me di cuenta de que la muerte no era a lo que realmente debía temerle, que él perdió su poder sobre mi". En esos momentos podía ver como Voldemort trabajaba ansiosamente con un grupo de pergaminos sobre un escritorio sobre un hosco escritorio, habían decenas de velas iluminándolo y varios libreros rodeándolo, dándole la forma de un improvisado estudio a una sección del lugar, su sola imagen era lastimera, podía ver lo cansado y demacrado que se encontraba pero él mismo no parecía darse cuenta de su propio estado solo continuaba con su trabajo del mismo modo que un estudiante de primero realiza su tarea atrasada el día de la entrega.

-¡¿Ni siquiera un viejo amigo?! –Contestó de vuelta Harry y tuvo la recompensa de ver como el cuerpo de su Némesis se tensaba al reconocer el sonido de su voz.

Con deliberada lentitud el rostro casi sin facciones de Voldemort se levantó para ubicar a la figura del mago que lo había estado atosigando incluso desde antes de nacer, tal vez nunca termino de entender el significado de aquella profecía maldita pero ahora sin embargo, creía entender lo que significaba "Él único con el poder de detenerlo", aún no terminaba de entender cómo es que aquel niño que expresaba nada más que terror puro cuando lo veía, que era tan mediocre en la magia, que seguía aquellos patéticos ideales de amantes de los sangre sucia, ¿Cómo se había convertido en alguien que sus propios mortifagos temían más que a su señor? No lo comprendía pero diez años de nada más que amargas derrotas una tras otra le había obligado a aceptar que realmente no podía detenerlo, no ahora. Por eso cuando sus hombres le trajeron aquellas noticias… se introdujo de lleno en lo que sería su mejor, por no decir su única oportunidad de reparar su más grande error, haber subestimado a Harry Potter, haberlo dejado vivir el tiempo necesario y para que se convirtiera en el espeluznante ser que ahora se paraba erguido y confiado en su presencia. Pese a lo que los incautos del mundo pudieran pensar, el nunca le temió en realidad al protector de los sangres sucias, Albus Dumbledore, aunque reconocía que no estaba al nivel para destruirlo, también sabía que el viejo no podía destruirlo a él tampoco, no le temía a lo que Dumbledore pudiera hacerle, sin embargo este mago, era muy diferente a Dumbledore y a la vez muy parecido, no mostraba miedo en su presencia, ni siquiera duda o misericordia, pero tampoco dolor o furia. Era como estar en presencia de una piedra, no podía percibir nada, nada más que su propio temor.

Porque había llegado a temerle, sabía bien que la única razón por la que todavía no estaba muerto era porque Potter no le permitiría una salida tan fácil, se lo había dicho cuando se reencontraron en el Ministerio de Magia, quería destruirlo, y era lo que había estado haciendo, borrándolo lenta pero definitivamente de la faz de la tierra, de las mentes de los magos que alguna vez le temieron más que a nada en el mundo y que hoy apenas unos pocos todavía se estremecen al mencionar su nombre y muchos incluso se atreven a llamarlo por el nombre muggle del que renegó apenas tuvo oportunidad. Sus ejércitos de criaturas que otrora aterrorizaban la tierra habían sido destruidas o se habían vuelto en su contra. Tanto se habían deteriorado las cosas que se había visto forzado a esconderse ¡A esconderse igual que una cucaracha de sangre sucia, mientras buscaba que un maldito aparato, cuya comprensión no acababa de alcanzarlo, trabajara para hacer realidad sus planes! Sin embargo ahora ya no importaba, desde el instante en que Potter entró en esa caverna aquel plan dejo de tener sentido. Sabía que en magia estaban demasiado igualados, solo gracias a los conocimientos que tuvo a buen recaudo guardar fuera de su mente, a pesar de eso la siguiente vez que se encontraron y a pesar de que al final pelearon uno contra uno ni siquiera fue capaz de contenerlo, lo único que realmente consiguió fue presenciar de lo que sería capaz si llegaba a enfurecerlo realmente. Pero ahora se encontraban frente a frente de nuevo, la situación no le era favorable, dado el lugar en que se encontraba la alternativa del escape había quedado vetada de inmediato, finalmente se reducía a triunfar o morir, con un fluido movimiento se levanto y caminó hasta quedar frente a su escritorio, Harry simplemente se materializo como si estuviera hecho de niebla a unos metros.

-Potter –murmuró finalmente con frialdad- debo decir que me sorprende verte aquí.

-Sorprenderte es algo en lo que me he vuelto muy hábil estos últimos años Tom –contestó imperturbable ante el gesto de despreció que su escucha expresó tras escuchar tal nombre- habrías hecho bien en recordar eso.

-Seguramente –admitió sin pestañear cruzando sus manos frente a él, apenas a un palmo de la varita en su cintura- pero ahora ya no importa –comentó imperturbable, como si el hecho de estar atrapado en una caverna con el único mago capaz de hacerle peso o incluso superarlo en una batalla, que además tenía de su lado la varita del destino, no fuera un asunto que le pudiese preocupar- sin embargo, seré curioso ¿Cómo te las ingeniaste para encontrarme?

-No fue sencillo –admitió tranquilo, antes de esbozar una sonrisa torcida- podría decirse que me tomo casi quince años –ante el leve parpadeo de su contraparte continuó- quince años fue lo que me tomo romper a Lestrange al punto que aceptó un trato.

-¿Así que esa inútil finalmente me traiciono? –Preguntó retóricamente el ojirojo sin parecer molesto o sorprendido.

-Deberías ser más sensible –le sugirió- después de todo es gracias a esa "inútil" que te encuentras aquí hoy.

-¡¿Qué?! –Ese sin duda era un comentario no esperado y que no comprendía en absoluto, dos de las cosas que más odiaba Voldemort.

-Yo también me sorprendí bastante –comentó calmado- tanto tiempo buscando como te las arreglaste para sacar tu alma del limbo y regresarla a un cuerpo… que nunca considere la probabilidad de que esa no fuera tu hazaña.

-¿De qué estás hablando Potter? –Reclamó Voldemort en un siseo leve.

-Cierto, ella nunca te lo dijo –murmuró regresando a verlo- Tú sigues creyendo que Lestrange únicamente se las arreglo para encontrar aquel fragmente de tú alma vagando inconsciente por la tierra e hizo lo mismo que Colagusano y lo regreso a un cuerpo, pero fue mucho más que eso Tom, mucho más –la mirada de Voldemort era analítica, como si tratara de entender porque le decía esto su enemigo- una vez comprendió lo que te había pasado se negó a aceptar que estuvieras muerto, aún sin horrocruxes u otra cosa, utilizó el hechizo de la marca tenebrosa en su brazo para rastrear ese fragmento de tu alma y alcanzarlo en el limbo, tuvo que sacrificar su expectativa de vida a la mitad para lograrlo pero funcionó.

-¡¿Por qué habría de importarme todo eso ahora?! –Le cortó su escucha bruscamente.

-Por nada –contestó simplemente- solo creí que te interesaría saber que fue aquel poder que siempre despreciaste y que nunca terminaste de entender fue lo que te devolvió a la cima, aunque fuera momentáneamente –le explicó indiferente a la cólera que estaba incrementando dentro del mago oscuro- pero tienes razón, esto no es relevante, ni es tampoco las razón por la que estoy aquí –admitió ahora completamente serio y viendo de frente a Voldemort antes de sacar de entre su capa una varita que su enemigo reconoció a simple vista.

-Valla –siseó- que honor que sea la varita mayor la que levantes en mí contra Harry –dijo burlonamente con una sonrisa, sin embargo sus ojos no se apartaban de la varita ni perdían detalle de los movimientos de Harry- me será muy útil después de hoy.

Apenas estas palabras dejaron la rajadura sin labios de Voldemort un conjuro cortante se disparo en dirección de Harry, una navaja casi visible atravesaba el espacio entre ambos destrozando el suelo de piedra a su paso, sin un conjuro de su varita o su mano Harry se limito a esquivar el tiro con un simple pero fluido movimiento ladeando su cuerpo fuera de la trayectoria de este, por ese instante en el que perdió a Tom de vista esté aprovecho para desaparecer. Sin perder tiempo Harry también lo hizo junto con las escasas velas que iluminaba el lugar, podían escucharse las explosiones y los golpes de los conjuros que rebotaban entre sí, ambos eran maestros en sentir las firmas mágicas de sus oponentes, los primeros en desarrollar esta habilidad mágica, no necesitaban verse para dirigir sus ataques con precisión pero esto requería mantener el doble de concentración durante el duelo y un desgaste mágico y mental mucho mayor a largo plazo, aún así ellos parecían no notarlo mientras lanzaban, eludían, bloqueaban, desviaban y devolvían toda clase de conjuros, el Avada Kedavra de Voldemort salió apenas una vez y le costó muy caro, lanzar un conjuro tan poderoso delató su posición de inmediato y a cambio de que esté simplemente sacudiera la capa de Harry, volviéndolo visible un instante, la respuesta de Harry la costó el brazo izquierdo a su oponente, además de una enorme cantidad de sangre. El gruñido de dolor de Voldemort retumbó por toda la cámara, aprovechando el momento una llama negra con la forma de un perro monstruoso salió de la varita de Harry y engullo el ensangrentado miembro entes de consumirse en una voluta de humo.

-¿Demonios de fuego Potter? –Preguntó una voz que pretendía sonar burlona pese a notarse claramente cansada, pero que parecía provenir de todas partes, en el momento en que se concentro en calcinar el brazo Voldemort aprovecho para ocultarse otra vez.

-Solo quería asegurarme de que no recuperaras ese brazo –comentó indiferente la voz de Harry, igualmente parecía salir de los muros haciendo imposible su ubicación, era como si la cámara misma estuviese hablando con dos voces distintas.

-¿Y cómo…? –La voz de Voldemort comenzó pero se detuvo abruptamente- ¡¿Qué me hiciste Potter?! –Exigió saber el lord oscuro.

-Supongo que ya te diste cuenta de que no puedes hacerlo crecer de nuevo –opinó con naturalidad impropia de quien acaba de cercenarle un miembro a alguien y luego consumirlo hasta las cenizas- considéralo un recuerdo de Severus Snape.

Por un minuto ningún sonido se escucho en el oscuro subsuelo, salvo por el sonido del agua al rededor de la cámara moviéndose, esto continuó tenue pero constante e incrementándose por otro minuto en el Harry solo se preguntaba que intentaría Voldemort a continuación, la respuesta llegó a él en la forma de una enrome serpiente que salió violentamente del nada y se lanzó en dirección a Harry. Este apenas logró esquivarla exitosamente saltando hacía una costado, agradecidamente la serpiente estaba ciega pero aún era muy precisa solo guiándose por el olor y calor corporal de su presa, al darse cuenta de que la forma en que estaba luchando no serviría igual con esté Harry hizo aparecer centenares de velas de diferentes colores que asemejaron la iluminación del gran comedor en toda la cámara, esto no solo le permitía ver perfectamente a la bestia sino que hacía imposible que ella lo ubicara, ya que aparte de que las llamas volvían imposible detectar la marca de calor de una persona, todas eran velas perfumadas. La enorme serpiente parecía confundida y enloquecida mientras regresaba su atención en todas direcciones sin saber hacía donde dirigirse, durante la confusión Harry aprovecho para detallar mejor a la criatura y su lamentable y decrepito estado.

-Un basilisco inferius –murmuró aparentemente divertido- muy ingenioso, sin embargo… -como salida del aire una brillante espada de plata con enormes rubíes incrustados en la empuñadura se materializo en su mano izquierda, un recuadro que parecía hecho de niebla verde apareció frente a él con un pase de su varita, sin agregar nada más salto sobre esté como si se tratara de un trampolín y salió despedido unos quince metros en dirección de la cabeza del confundido zombi serpiente, con un limpio movimiento de la espada la enorme cabeza del monstruo cayo ocasionando un golpe seco- ¿cómo esperabas que algo que no pudo matarme cuando tenía doce años lo hiciera ahora? –Le pregunta resonó con fuerza pero nadie contestó… con palabras, en su lugar no una sino una docena de inmensas serpientes de roca se disparados de todas direcciones en su contra. Apenas tuvo oportunidad de invocar un escudo con la forma de una cúpula de oro, varias serpientes se destrozaron al chocar contra esta, las restantes intentaron rodearlo, sin aviso un conjuro salió de la cúpula, pero solo se interno en las sombras dejando a las serpientes expectantes de su propósito, el cual fue claro cuando toda la cavidad comenzó a temblar, los reptiles de granito giraron lentamente para encontrarse con la imagen de un gigantesco mago de piedra avanzando amenazadoramente hacía ellas, sin ningún reparó este las estranguló con sus propias inmensas manos- ¡¿Qué más tienes Tom?! –Le desafió abiertamente mirando alrededor.

-¡ESTO!

Voldemort se las había ingeniado para acercarse sin llamar su atención, aprovechando que Harry se hallaba más concentrado en sus marionetas, usando su brazo izquierdo, que en esos momentos se hallaba convertido en la hoja de una espada, arremetió contra Harry, esté lo bloqueó usando su propia espada pero en el momento en que ambas colisionaron el brazo de Voldemort cambió nuevamente de forma en gruesas ataduras que envolvieron a Harry de tal manera que no podía moverse, Voldemort se había asegurado de restringir su mano derecha y la varita mayor en ella.

-¡Te tengo Potter! –La insana expresión de victoria en el rostro de Voldemort era repugnante, a pesar de ello, a pesar de encontrarse aparentemente a la inexistente piedad de aquel asesino demente, Harry no perdió la tranquilidad de su rostro. Es más, ahora incluso sonreía descaradamente. Soltando el mango de la espada, la mano izquierda de Harry se dirigió a la cara de Voldemort y la sujetó con fuerza.

-No Tom –le contradijo- ahora yo te tengo.

Entonces dejo fluir el segundo poder del Ojo de Samsara, dar a otros, conocimiento y comprensión. Todo el dolor, todo el sufrimiento y desdicha que por años se vio forzado a mantener a raya salió a flote finalmente, como si exprimiera el pus de una herida, era doloroso para él pero al fin se libraba un poco de la carga al compartirla, parecía irónico que su peor enemigo se hubiera convertido repentinamente en lo más cercano a un confidente que haya tenido desde el inicio de la guerra. Pero si para él era indescriptiblemente doloroso revivirlo, para Lord Voldemort era absolutamente insoportable, casi desde el inicio el dolor fue tal que las ataduras que sostenía sobre Harry se soltaron inofensivamente, no solo estaba presenciando las nefastas memorias a través de los ojos de Harry, sino que estaba siendo obligado a comprender como el sentimiento tras ellas torturaba de manera inimaginable a su portador, al no ser en absoluto familiar con este sentimiento era mil veces peor para él de lo que fue para el mismo Harry, el Lord oscuro ni siquiera se dio cuenta de en qué momento perdió la cordura, en qué momento dejo de sentir nada más que el dolor en aquellos recuerdos, en qué momento olvido que existía algo que no fuera aquello. Cuando los gritos de agonía del mago tenebroso dejaron de salir de su boca, a pesar de que Harry seguía introduciendo sus atormentadas experiencias dentro de él, el mago de ojos verdes se dio cuenta de que había terminado, simplemente aflojó el agarre de sus dedos y el cuerpo de su Némesis cayó pesadamente como lastre, sus ojos continuaban abiertos pero no parecían ver nada, como si acabara de recibir el Avada Kedavra nuevamente, aunque Harry sabía muy bien que el pedazo de alma de Voldemort continuaba allí, solo el débil aunque continuo latido de su podrido corazón le informaba a Harry que aún seguía con vida, la varita hermana de la suya se encontraba reposando inofensivamente en el suelo junto a su amo.

CRACK

Se partió limpiamente en dos bajo el pie de Harry, mientras esté avanzaba hacia el final de la cámara, con un movimiento de su mano el cuerpo inmóvil de Voldemort se elevó en el aire unos ocho pies y levito detrás de él, justo en el sitio en donde poco antes se encontraban los pies de la estatua del último fundador de Hogwarts, ahora podía distinguir un artefacto como no había visto en toda su experimentada vida.

Lo más cercano que alguna vez pudiera recordar era el velo de la muerte en el departamento de misterios, esté sin embargo no contaba con un velo, y la forma era circular, además de que parecía hecho completamente de oro, el marco parecía estar grabado con runas antiguas, pero no se parecían del todo a las que Harry conocía, habían leves alteraciones aquí y allá. La base sobre la que se encontraba también estaba hecha de oro macizo y marcada por múltiples grietas, tendría unos diez pies de alto y era proporcionalmente circular, pese a los milenios que debía tener encima la estructura podría pasar por nueva, lo que sin duda era obra de hechizos de indestructibilidad colocados sobre ella. Al pasar este pensamiento por su cabeza se percató de algo. "Si tiene conjuros para preservarlo" pensó.

-¿Cómo es que la base tiene grietas? –Murmuró pensando en voz alta, sus ojos se abrieron ante una posibilidad mientras apresurado colocaba la palma de su mano sobre la base, las grietas brillaron unos segundos y luego volvieron a la normalidad, un brillo de emoción embargo los ojos de Harry- un código –susurró con excitación- por eso no podían descifrar las runas –de inmediato se levanto y con un toque sobre el marco, mientras en su rostro se reflejaba nada más que absoluto concentración, las "runas" comenzaron a cambiar de lugar conectándose entre sí, dejando al final una forma semejante a un burdo sistema circulatorio con numerosos conductos- porque no son runas sino canales, para incrementar o disminuir la cantidad de magia que circulara dependiendo del viaje, no es extraño que no lograran volver más de un año si la tenían preparada para viajar no más de un mes –comentaba en voz alta.

Harry volvió a usar el ojo de Samsara una vez más para terminar de entender el funcionamiento completo del aquel instrumento. Al final no estaba del todo seguro de sí eran buenas noticias o geniales noticias, La máquina no podía devolver nada más allá de los diez años, aún con la magia del colegio de respaldo, sin embargo eso solo se aplicaba si uno quería mantener la integridad de lo que transportara, ya que si excedías ese límite: los seres vivos se desvanecían apenas la fuerza del viaje terminara de consumir su energía vital, a no ser que sus contrapartes estuvieran relativamente cerca en ese caso aunque desaparecían su conciencia se apoderaba de su propio cuerpo, ya que era la misma era como volver al momento exacto y lugar en el que estabas con la ventaja de tus conocimientos; los objetos inanimados eran destruidos si viajaban más allá, pero si eran objetos mágicos durarían hasta que su energía se consumiera, lo cual como mucho alcanzaría a una semana en el caso del más poderoso de los objetos; los magos eran otra historia, su existencia no dependía de su magia por lo que a diferencia de los objetos está no era consumida, pero su energía vital sí, en cuanto está se terminara remplazarían a su identidad más joven sin importar donde estuviera, ya que la magia no se consumía esta también reemplazaba a la del que era propio del pasado, pero solo lo haría como energía en bruto, las habilidades que tuviera el mago se conservan tal como eran al momento en que regreso, sin embargo con los conocimientos de su lado sería cuestión únicamente de practicar y volverían a él con mucha mayor facilidad que la primera vez.

Ya tenía los conocimientos, ahora solo hacía falta acomodar las piezas, antes tenía un plan ya definido, pero ahora… ahora las cosas habían cambiado súbitamente, el artefacto funcionaba mejor si se tomaba la fecha actual como referencia así que las cosas no podrían ser más perfectas, lo analizó todo una docena de veces en su cabeza durante los siguientes minutos pero no encontró ninguna falla, solo esperaba que el ojo no se decidiera a fallarle por primera vez justo en ese momento, pero si lo hacía lo peor que podría pasarle era que muriera, en cuyo caso volvería a ver a sus amigos y a su esposa. Con esa alentadora idea en su mente activo el sistema para devolverlo treinta y cinco años exactamente, la maquina emitió un brillo impresionante pero por ahora solo estaba acumulando su propia energía mágica, como sabía que esto no sería suficiente Harry colocó su mano en el suelo y habló a través de su magia con la del castillo.

-"A la antigua magia de Hogwarts, yo solicito tu ayuda para mi tarea" –con las ideas de los fundadores fluyendo a través de su mente el castillo reconoció su solicitud y concentró toda su magia en el interior de la cámara, como último paso para canalizar toda la energía en un solo punto tomo la espada de Gryffindor y la clavó en el suelo justo frente al portal del tiempo.

El marco circular de esté comenzó a girar lentamente pero pronto se volvería muy rápido por lo que apresuradamente terminó con su último asunto pendiente en este tiempo, se colocó justo debajo del cuerpo flotante de Voldemort y con un movimiento de su dedo la cabeza de Tom Sorvolo Riddle cayó al suelo, una fluida catarata de sangre empapó la capa de Harry y parte de su rostro no hizo ningún gesto al respecto (aunque internamente pensó que era irónico que siempre hubiera criticado a Natalia por hablar de hacerle lo mismo a sus enemigos), para el trabajo inmediato que tendría esto era necesario, sin más se introdujo en el epicentro de la estructura antes de que la velocidad del arco fuera demasiada para atravesarlo, lo que tras unos segundos ocurrió, ya no era capaz de ver el arco en absoluto, simplemente veía el interior de la cámara y como está se iba desmoronando mientras el poder que la sostenía era absorbido, Harry se preocupo un poco ausentemente por esto pero no demasiado, si algo salía mal solo adelantaría el final de su viaje, con una profunda aspiración dejo que las ideas fluyeran por su mente en un perfecto recorrido de lo que sucedería a continuación si las cosas funcionaban. El terrible temblor que sacudía la caverna se apreciaba en el castillo varios cientos de metros por encima de esta a los ojos expectantes de un grupo de vampiros, veelas, hombres lobo, duendes, enanos, gigantes y magos que observaban absortos la demoledora escena frente a sus ojos, su batalla ya terminada, los prisioneros sobrevivientes y un centenar de elfos domésticos rescatados a su alrededor, y el sol ocultándose en el horizonte, bañando el escenario con un profundo dorado y escarlata, dignos colores para despedir al distinguido Gryffindor que los dejaba, mientras el imponente castillo de Hogwarts se venía abajo presa del terrible terremoto.

Lágrimas empapaban los ojos de los magos y hombres lobos, tristes sollozos escapaban de labios de las veelas, los duendes y enanos se aferraban con fuerza a sus armas, los primeros dirigieron miradas de profundo respeto al derruido lugar y los segundos trataban de no demostrar en sus rostros la tristeza que comenzaba a invadirlos, apenas los vampiros y gigantes se las arreglaron para parecer relativamente tranquilos y en control, salvo por el Gurg de los gigantes de cuyos ojos caían libremente lagrimas del tamaño de neumáticos. La vampiriza no delató expresión alguna en su hermoso rostro enmarcado con su llameante cabello que se sacudía como las brasas de un incendio por capricho del viento, sin embargo una silenciosa lágrima recorrió su faz hasta su barbilla y cayó libremente al suelo. Dile a cualquiera, que sepa algo del tema, acerca de esto y te dirá de su imposibilidad, ya que como todo el mundo sabe…

Los vampiros no pueden llorar.

Continuara…