Capitulo 3: Preparativos y Alianzas
La cámara de los secretos
Una magnífica obra de arquitectura preparada por uno de los más reconocidos magos de su tiempo, que pese a lo cerrada de su mente era sin duda habilidoso en el arte de la magia y dicha estructura era la prueba. Sin embargo dicha estructura se encontraba ahora siendo iluminada por una brillante luz salida de ninguna parte, por unos segundos nada más que esa luz hubiera sido visible de haberse encontrado alguien allí además de una enorme serpiente de más de mil años dormida en el interior de la gigantesca estatua que dominaba el lugar, al detenerse la luz y quedar todo nuevamente en tinieblas un bulto había aparecido en medio de la cámara envuelto en una capa azul marino empapada de sangre, las ropas que traía de bajo de está rápidamente se deterioraron hasta llegar a unos ajustados pantalones y un chaleco, ambos con escamas de un profundo negro brillante, una profunda aunque silenciosa respiración delataba que la silueta se encontraba con vida, pese a parecer dormida o inconsciente la figura no se quedó demasiado tiempo así, apenas unos minutos después comenzó a revolverse hasta quedar boca abajo, luego apoyó sus manos en el suelo y se halló sobre sus pies.
Observó atentamente el lugar, detallándolo y examinándolo con cuidado, tras unos momentos se observó a sí mismo, sus manos, su varita su capa, la ausencia de la mayoría de sus prendas y la forma en que parecía desgastarse rápidamente la que le quedaba, del bolsillo de su pantalón sacó una desgastada hoja de pergamino y la toco con la punta de su varita, sin una palabra este se escribió solo con un complejo mapa, sin embargo tan pronto las líneas terminaron de aparecer comenzaron a debilitarse y el mapa a hacerse menos definido. Decidiendo que sería una lástima perderlo a pesar de tener otro en ese tiempo, volvió a tocarlo con su varita y renovó todos los conjuros y agregando los puntos que los merodeadores originales desconocían del castillo, hasta que el pergamino parecía completamente nuevo, en realidad aquello era solo una vana escusa, sabía muy bien porque no quería que el mapa desapareciera, tal vez para muchos era una tontería pero había guardado el mapa todos esos años después de Hogwarts con la intención de algún día poder regalárselo a sus propios hijos cuando iniciaran en el colegio, aunque esa idea había muerto junto con él que pudo haber sido su primer hijo, sin embargo no fue capaz de deshacerse del mapa, aun cuando le recordaba aquello constantemente, de hecho era por eso que lo conservaba, para no olvidar ciertas cosas. Luego de terminado esto se volvió en dirección a la estatua y con un siseo muy claro dijo.
-Háblame, Slytherin, el más grande de los cuatro de Hogwarts –por primera vez agradecía haber recuperado la habilidad de hablar parsel luego de haber absorbido los conocimientos de Voldemort en el ministerio.
La boca de la estatua se abrió casi al momento, pero nada salía de ella, por un instante la preocupación realmente golpeó a Harry, hasta que el eco de siseos empezó a escucharse desde su interior. Por desquiciado que pudiera parecer la presencia de la enorme víbora hizo que una enorme sonrisa se extendiera por el rostro del mago, el cual al instante hizo un pase de varita sobre sus ojos, ahora sus ojos eran completamente negros y veían los sonidos en lugar de las imágenes, luego oculto su cabeza bajo la capucha de su capa, dudaba seriamente que la mirada del basilisco lograra lo que no habían conseguido miles de maldiciones asesinas, pero tampoco disponía del tiempo para quedarse petrificado y servirle de almuerzo al rey serpiente, una voz fría y profunda se hizo escuchar, Harry pudo sentir como el basilisco se deslizaba fuera de su plaza dentro de las estatua.
-¿Quién me ha despertado?
-Yo lo hice –Harry vio claramente el sonido sordo cuando el cuerpo de la serpiente toco el suelo y luego como está se le acercaba hasta quedar a escasos metros de distancia, sabía bien que la vista de la serpientes no era buena, detectaban a su presa por el calor corporal, el olor y en algunas ocasiones (como esta por ejemplo) también por el sonido, en este punto era cuando iba a serle increíblemente útil el haber desangrado a Voldemort encima de su capa.
-Puedo oler la sangre de Slytherin en ti –decidió finalmente la serpiente complacida, era bueno que a simple vista no pudiera ver que estaba bañado en sangre, la sonrisa del pelinegro se incrementó y ahora era un poco amenazante.
-Sí, el maldito sangró bastante cuando separe la cabeza de su cuerpo –contestó cínicamente.
Antes de que la serpiente tuviera oportunidad de procesar sus palabras levantó la varita mayor en la dirección exacta de donde provenían los siseos y sin restringir en lo más mínimo su magia le arrojó uno de los hechizos de atadura más poderosos de su repertorio. Reforzadas cadenas de acero con eslabones de medio metro de largo con el grueso de un muslo envolvieron al instante la cabeza y el resto del cuerpo de la serpiente, aunque tomada por sorpresa esta de inmediato intentó escabullirse, Harry prudentemente tomó distancia del monstruo para evitar ser alcanzado por los golpes que daba mientras intentaba evitar su captura, usando por segunda vez el conjuro de animación sobre la estatua, está se encontró aplastando la cabeza y el cuerpo del gigantesco animal contra el suelo, sin matarlo pero inmovilizándolo por completo mientras las cadenas terminaban su trabajo de envolverlo y clavarse al suelo de roca con poderosas estacas de metal que aparecieron en el momento en que eran necesarias.
-¡SUÉLTAME! ¡¿CÓMO TE ATREVES? –Siseaba furiosamente la víbora, aprovechando que ahora podía ubicar el lugar exacto del que provenía el sonido y que la serpiente no podría eludirlo, arrojo un conjuro más para restringir al basilisco, gruesas bandas de goma se enrollaron alrededor de su cabeza, como vendas negras sumamente ajustadas, cubriendo por completo los mortales ojos y cerrándole el hocico.
Una vez Harry lo sintió suficientemente seguro retiró el conjuro de sus ojos, lo que vio fue una de las más bizarras imágenes que alguna vez haya tenido que presenciar. El poderoso Rey de las serpientes completamente neutralizado bajo las manos de una pétrea versión escala 20:1 de su propio amo. Como las fosas nasales estaban aún al descubierto por estar al final de la cabeza no tendría problemas para respirar, con un movimiento de su varita transformó unas piedras sueltas en una muda de ropa a su medida, unos vaqueros, una camisa de algodón y un par de botas de campaña, todo negro, se colocó esto sobre las prendas de piel de dragón que comenzaban a desgastarse, luego transformo otras piedras en un montón de botellas y frascos de distintos tamaños sobre los cuales arrojó un hechizo de irrompibilidad, las cosas que conjuraba o transformaba no se desgastaban ya que provenían del mismo tiempo.
-Lo diré solo una vez, no me agradas pero eso no significa que voy a disfrutar esto en absoluto –dijo monótonamente mientras saltaba para colocarse sobre la cabeza.
Dio una última revisión a las ataduras para cerciorarse que pase lo que pase el basilisco no sería capaz de moverse, arrojo los conjuros de insensibilidad al dolor más fuertes que conocía sobre el área que sería afectada, aunque no estaba seguro de hasta qué punto serían eficaces en la enorme serpiente, luego conjuro de la nada un plancha de metal en su mano, con un toque de varita la base ardió al rojo vivo y luego la aplasto en el lugar donde un bulto sobresaliente en las bandas le indicaba que estaba el ojo. La respuesta a su anterior pregunta quedó contestada con un "no muy efectivos realmente", al principio el basilisco no se movió pero tras unos segundos comenzó a sacudirse violentamente, no lograba soltarse pero los, en apariencia leves, movimientos para Harry que estaba montado sobre su cabeza era como estar sobre un toro mecánico de rodeo, cuando el olor carne quemada reemplazo el de caucho derretido retiró la plancha y arrojó el hechizo aguamenti para tranquilizar a la serpiente, si seguía moviéndose así terminaría por tirarlo y lo retrasaría de continuar. Ahora podía ver claramente el ojo completamente gris, muerto e inofensivo, arrojando nuevamente los hechizos aturdidores sobre el otro ojo y preparándose para lo que vendría encendió nuevamente la plancha y la aplastó sobre el ojo restante, nuevamente se sintió como en un rodeo, solo que esto no era para nada algo agradable ni se diga divertido teniendo que quemarle los ojos a una serpiente de veinte metros con una plancha caliente.
Una vez terminado de inutilizar el segundo ojo, lanzó los últimos conjuros sobre los ojos, para que pudieran alcanzar el cerebro del animal directamente, sintió una última sacudida y luego nada. Ahora se concentró exactamente en lo que quería lograr con el siguiente hechizo, a su lado había un par de botellas y un frasco de cristal en su mano libre de varita, tomo una respiración profunda y dijo claramente:
-Accio nervio óptico.
Decir que no fue una visión agradable sería un monumental eufemismo, a pesar de que la serpiente apenas si se tensó, como una respuesta natural del resto de su sistema nervioso, un chorro de sangre igual al de una manguera acompaño al nervio que junto con lo que quedaba del ojo entró íntegramente dentro del frasco junto con una buena ración de sangre. Un ágil movimiento de varita encauzó el resto de la sangre hacía las botellas antes de que Harry cauterizara la hemorragia, a simple vista había conseguido unos nueve litros de sangre en prefectas condiciones (sin contar la que ahora llevaba sobre su ropa). Repitió el procedimiento con el otro ojo ya más preparado evito darse otro sangriento baño en el vital fluido de la criatura, ahora tenía diecinueve litros de sangre y dos nervios ópticos, con otro movimiento de varita transformo la sangre que acompañaba a estos en una perfecta poción de preservación, ya nuevamente en el suelo retiró el total de las bandas que envolvían la cabeza y con las cadenas obligo al basilisco a abrir sus fauces un olor podrido inundó el lugar pero el moreno no hizo más que sacudir su cabeza como signo de molestia. Queriendo terminar con esto cuanto antes empezó su trabajo, primero transfirió toda la saliva (cerca de unos ocho litros) a las botellas, está no tenía propiedades tan poderosas como el veneno o la sangre pero al estar tanto tiempo en contacto con el veneno adquiría cierta toxicidad junto con otros rasgos, lo siguiente sería un poco más difícil pero con el conjuro adecuado y una complicada floritura de varita los colmillos salieron fuera del hocico mientras el veneno y la sangre se separaban en distintas botellas, aproximadamente trece litros de veneno y seis más de sangre después, envolvió los, alrededor de treinta y seis, colmillos en tres atados diferentes y se encontró listo para salir de allí. Sin embargo ahora estaba el pequeño problema de que su carga era bastante significativa (suficiente como paras surtir todas las más escalofriantes boticas del callejón Knockturn), regresando a ver a la serpiente decidió que ya que ella lo había metido en esta situación ella lo sacaría.
-Diffindo.
Con un corte limpió un buen pedazo de la piel del animal se separó del resto, un par de transformaciones, un encantamiento de extensión indetectable y uno de aligeramiento de peso después, todas sus cosas se hallaban dentro de una cómoda y original bolsa de viaje, pasando el asa por encima de su cabeza la sujeto a su espalda debajo de su capa, con un último movimiento de su varita la bestia quedo libre aunque siendo optimistas estaría fuera por lo menos varias horas antes de recuperar el sentido, algunos días antes de estar en capacidad de moverse libremente de nuevo y muchas semanas antes de que sus heridas cicatricen completamente. No que a él le preocupara en lo más mínimo tenía cosas mucho más importantes de que preocuparse que de la salud de una mortífera serpiente con más de mil años.
La presencia de la serpiente en la cámara era una prueba irrefutable de que había conseguido volver en el tiempo, por lo menos veinticuatro años, por ahora lo importante era saber si estaba en la fecha exacta, y solo había un lugar en el cual podía asegurarse de ello al 100%, sacando nuevamente el mapa se dirigió a la salida, no había tardado más de una hora con el basilisco, lo cual sin duda era inaudito dado todo lo que había hecho, pero el tiempo le era invaluable en estos momentos y aún tenía una parada más antes de dejar Hogwarts.
Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, Director del colegio Hogwarts de magia y hechicería, fundador y líder de la orden del fénix que por los últimos once años había hecho frente al lado oscuro y el único mago conocido que podía hacerle frente a Lord Voldemort, se encontraba tomando un pequeño descanso en su oficina, acababa de examinar por cuarta vez la capa que su antiguo alumno le había cedido amablemente y, como desde el instante en que la vio en manos de James, no le cabía duda, era una de las tres reliquias malditas. Una leve sonrisa triste se extendió sobre su rostro al pasar por este pensamiento, ya que tras escuchar el uso que le había dado James Potter (y seguramente muchos de sus antecesores que asistieron a Hogwarts) a la reliquia de Ignotus no podía pensar en ella como maldita en realidad, aunque eso era sin duda debido a que se encontraba en las manos correctas, vagamente regreso a ver su propia reliquia, la varita del poder en su mano, no estaba seguro de si había traído alguna vez verdadera felicidad, ni siquiera a sus amos que continuamente temían el día en que finalmente fueran derrocados por alguien más que la buscara ¿Eso significaba que lo más que se podía hacer con ella era evitar el sufrimiento que causaría en las manos equivocadas o qué sus manos definitivamente no eran las correctas? ¿Había alguien capaz de darle un uso que se considerara correcto a la piedra entonces?
Alejo esta última pregunta de su mente antes de que comenzara a tentarlo, hace tiempo que había abandonado esa tonta búsqueda, solo le había pedido la capa a James por vana curiosidad y se la devolvería la próxima vez que tuviera que hacerles una visita. Este nuevo rumbo de ideas lo llevo a pensar en cómo se encontraría los Potter y su pequeño hijo, pensar en ello le causaba tristeza y expectación a partes iguales, tan joven y ya marcado por la desgracia causada por la casualidad, con el mago más peligroso de todos los tiempos tras de él, y sus padres pese a saber que posiblemente les esperaba el mismo destino no estaban preocupados por ellos mismos sino por el pequeño, de hecho tenía la seguridad de que si Voldemort solo estuviera interesado en James este seguiría asistiendo a todas las misiones, aunque Sirius Black seguramente se pegaría a su espalda para asegurarse de que estuviera a salvo, Lily posiblemente tampoco dejaría que la afectará demasiado aunque sin duda actuaría con mucha más cautela. Pero su hijo era una historia muy distinta, Dumbledore no tenía duda de que los Potter se hubieran escondido debajo de una roca si con eso hubieran estado seguros de que Harry no resultaría lastimado, esperaba que el fidelius pudiera hacer esa tarea mucho mejor.
En otro orden de ideas estaba aquella curiosa sensación que lo atacó hace menos de una hora, no tenía idea de lo que era y no había durado más de unos segundos pero fue un extraño presentimiento de que algo no iba de acuerdo a la "normalidad" común de Hogwarts, era como si alguien hubiese entrado furtivamente en el colegio. Pero solo podía catalogarlo como un presentimiento, ya que aunque estaba seguro de que el sombrero seleccionador también se despertó al mismo tiempo pareciendo alarmado (Por extraño que parezca), el viejo sombrero se rehusaba a decir nada, aludiéndolo todo simplemente a una pesadilla (de nuevo por extraño que parezca), por lo que el director decidió no importunarlo más, después de todo no es todos los días que un artefacto mágico con cientos de años te dice que tiene pesadillas. Pronto su descanso fue interrumpido de manera atroz, la marca tenebrosa había aparecido en las inmediaciones de Hogsmeade y se veía claramente a través de su ventana, de inmediato, libre de todo rastro de cansancio, se dirigió a la salida y abandonó su oficina.
Pasaron unos cinco minuto antes de que la puerta de esta se abriera nuevamente, pero se cerró sin revelar a nadie y por otro minuto nada más ocurrió hasta que la capa plateada sobre el escritorio levito en el aire.
-Sería tan amable de devolver eso a su sitió –dijo una voz amable pero firme desde la entrada, de inmediato una figura envuelta en una capa azul oscuro y teñida por numerosas manchas de sangre apareció dándole la espalda al mago y sujetando la capa.
-¿Una alerta de intrusión silenciosa? –Preguntó amablemente el extraño sin parecer en absoluto preocupado por la aparición de Dumbledore, este asintió en respuesta, aunque continuaba de espaldas el hombre pareció haberlo visto porque continuó- no me di cuenta, en realidad debe ser muy buena, pero lo que en realidad me sorprendió fue tu velocidad ¿no te tomo casi cinco minutos salir de los terrenos del colegio? –Inquirió curioso, al ladearse para ver mejor al director obtuvo su respuesta en la forma del majestuoso fénix que se posaba sobre su hombro.
-¿Quién es usted y qué está haciendo en mi oficina? –Le interrogó con voz tranquila el anciano aunque su tono no dejaba lugar a replicas, por respuesta el mago levanto su mano izquierda y volteó la palma para que Dumbledore la viera.
-¿Esto contesta a su pregunta? –Le tomo un instante al profesor asimilar esta información, pero cuando lo hizo no sabía si estar más sorprendido o apenado por aquel intruso.
-Le recomiendo que deje esa búsqueda joven –le sugirió con la voz cargada de comprensión- solo le traerá dolor y penurias.
-¿Cómo te las causo a ti? –Acotó el extraño de manera retórica no tenía que regresar a ver para saber que expresión tenía el director en su rostro- lamento lo de su ventana.
Está curiosa disculpa confundió por un instante al profesor, pero al comprender de inmediato saco su varita y lanzó un rayo de luz roja sobre el extraño, el cual respondió de la misma manera, incluso aunque lo hizo medio segundo después fue tan veloz que el rayo de luz plateada de su varita se encontró con el hechizo de su adversario justo en medio de la oficina, y se enlazaron en un sola conexión multicolor entre las dos varitas, los segundos en los que el desconcierto absoluto golpeo a Dumbledore, por el efecto del Priori Incantatem en la varita del destino al enfrentarse con la varita de aquel intruso, fue todo lo que este necesito para volar la ventana con un conjuro no verbal salido directamente de su mano y saltar por ella con la capa en su poder, la conexión entra las varitas era tan fuerte que se mantuvo incluso algunos metros mientras el sujeto caía sin embargo se rompió a dos metros del suelo justo a tiempo para que el hombre se transformara en medio de una voluta de fuego a la forma de un ave de plumaje escarlata y dorado con brillantes ojos verdes, no solo redujo la velocidad de su caída sino que se elevó a tiempo para encontrarse con la imagen de un ave de su misma clase bajando para enfrentarlo, por lo que sin perder tiempo se desapareció en medio de un destello de fuego, cuando Albus Dumbledore asomó la cabeza por la ventana ya no había nada allí más que los restos de cristales rotos y su propio fénix volando en círculos con actitud confundida.
Valle de Godric, 31 de Octubre de 1981 (Día 1) 1430 horas
El pacifico pueblo del Valle de Godric era sin duda la para más importante del día, sino de la semana dependiendo de cómo resultaran las cosas, una figura apareció de la nada detrás de unos árboles y se tomo su tiempo para echar un vistazo al lugar.
-Bueno, definitivamente es Hallowen –comentó al ver por todas las casas las decoraciones y los montones de niños disfrazados corriendo por las calles, aún faltaban un par de horas para el anochecer, sin embargo se sentía claramente la algarabía previa a la fiesta.
-Qué disfraz más aterrador –escuchó decir a un par de personas que pasaron cerca de donde se encontraba.
Regresando a verse a sí mismo por primera vez desde que estaba en la cámara no pudo evitar una sonora carcajada que sin duda hacía su apariencia mucho más perturbadora, llevaba una capa oscura cubierta de sangre al igual que su ropa y una mancha carmesí en su cara, sin mencionar la suciedad extra y la bolsa de piel de serpiente colgando a su espalda, no tenía idea de que se suponía que podría estar disfrazado pero sin duda la imagen era impactante. Dejando eso de lado comenzó a caminar por la calle ignorando olímpicamente las miradas de los transeúntes, hasta llegar al lugar, donde en un principio no vio nada, pero tras rebuscar entre los conocimientos dentro de su cabeza uno acaparó su atención, una voz chillona y acobardada pero que parecía contener rastros de triunfo, "Los Potter se encuentran en el Valle de Godric mi señor", al examinar con mayor cuidado la información dentro de esa memoria fue capaz de atravesar la protección del fidelius (esto no era sencillo de hacer y solo funcionaba para él principalmente gracias al ojo de samsara) y ver como aparecía una nueva casa de la nada. Sabía que era esa, estaba seguro, y aún así el impacto de verla completa y de pie le revolvió el estomago por los nervios, ya era oficial, estaba en la época correcta. Era la única casa sin adornar acorde a la celebración, el podía verla, al fin y al cabo esa también era su casa, si el verla completa le provocó una sensación de ansiedad el ver a las personas dentro de ella aún con vida hizo que sus ojos se empañaran, aún a él le tomaría unos minutos recuperarse lo suficiente para continuar después de esto.
Afortunadamente tenía más tiempo del que había especulado, la maquina lo había dejado unas horas antes de lo que partió, el sol aún iluminando las calles era prueba de ello, lo cual no dejaba de ser bienvenido ya que las siguiente tarea pese a ser la última del día sería también la más difícil de toda esta semana.
Hablaría con sus padres.
James Potter se encontraba aburrido, ya era más de una semana desde que el fidelius fue colocado sobre su casa, y desde que Dumbledore le había pedido prestada su capa no había podido ni siquiera escaparse a dar un pequeño paseo por el pueblo. No que se quejara de tener que estar recluido dentro de su propia casa, si era por el bien de su familia Merlín sabía que haría eso y mucho más, pero aún así no podía evitar sentir el aburrimiento. Aunque no podía negar que su situación tenía ciertas ventajas, podía gastar todo el día con su familia sin otra preocupación que el bebé o el arreglo de la casa o lo que su esposa prepararía para la cena, sin embargo eso no evitaba que se preocupara de lo que estaría sucediendo con sus amigos allá afuera mientras el tenía que mantenerse oculto. Suspiró pesadamente antes de levantarse del sofá para ver por la ventana de la sala como los niños corrían en sus disfraces, algunos acompañados por sus padres, una sonrisa se extendió por su rostro ante la imagen, se preguntó si en años venideros tendría la oportunidad de hacer lo mismo con su hijo o si tendría que permanecer ocultos todavía entonces, trataba de no pensar en la última posibilidad, que tal vez nunca llegue a ver a su hijo alcanzar esa edad. Una figura que desentonaba en la escena llamó su atención, no tenía idea de que estaría disfrazado pero sin duda se veía impresionante, la loca idea de que tal vez el hombre se había disfrazado de un mago salido del campo de batalla paso por su mente, al instante se tensó en su sitio, si era un muggle no podía de ninguna manera imaginar aquello, si por el contrario era un mago no haría burla de algo tan serio y ahora que lo pensaba el hombre estaba viendo directamente hacía su casa lo cual no podía ser, conocía a cada persona que sabía la ubicación de su casa y ese desconocido no era uno de ellos, James se dio la vuelta tan calmado como podría parecer, como si no se hubiera dado cuenta de nada pero apenas estuvo fuera de la sala llamó a su esposa en voz alta y preocupada pero tratando de que su tono no alcanzara a alguien capaz de oírlo desde afuera.
-¡Lily! –Dijo mientras se precipitaba hacía arriba a la habitación del bebe.
-Guarda silencio James, acaba de quedarse dormido –le reprendió en un susurró saliendo de la habitación con severidad, sin embargo al ver la cara de preocupación de su esposo su expresión cambió por una preocupada- ¿Qué sucede? –Le preguntó con tono ansioso.
-No estoy seguro todavía –le confesó sin dejar de lado su expresión- pero no quiero tomar riesgos toma a Harry y…
El sonido de la puerta abriéndose lo interrumpió, con una señal le indicó a su esposa que hiciera lo que le pidió mientras el revisaba, pese a que ella no quería dejarlo solo ambos había acordado tiempo atrás, desde que se enteraron que el mismo Voldemort estaba tras su hijo, que la prioridad sería protegerlo a él. Mientras Lily se dirigía a la habitación de su hijo James se aproximaba cautelosamente, con la varita firmemente sujeta en su diestra, hacia la escalera con el fin de distinguir al intruso, no había acabado de llegar a este punto cuando un gritó ahogado de su esposa desde la recámara del niño lo sobresalto, regresando sobre sus pasos tan rápido como podía traspasó la puerta solo para sentir como era lanzado hacía la pared opuesta mientras su varita escapaba de sus dedos antes de siquiera tener una vista de su agresor. Lo primero que vio fue a su esposa a su lado también adherida al muro con los ojos vidriosos y expresión de terror e impotencia.
-Po-por favor… no lo lastime… –le suplicó.
Ahora de vuelta a la figura del intruso confirmo sus sospechas era el mismo sujeto que encontró en la entrada, no tenía idea de cómo los había neutralizado a ambos con tanta facilidad cuando ni siquiera tenía una varita en sus manos, tenía la suya y la de su esposa en la mano izquierda pero las sujetaba ambas por la mitad sin apuntar a nada y su diestra reposaba en la orilla de la cuna del bebé, la sangre de James se congelo en sus venas al percatarse de que el extraño se encontraba tan cerca de su hijo.
-Haremos lo que quiera pero por favor… deje a nuestro hijo –le pidió con la voz tan tranquila como podía mantenerla en aquella crítica situación.
El desconocido no respondió, pero finalmente se alejó del lecho donde un bebe con una mata de cabello negro dormía profundamente, pese a que se volteó, su rostro permaneció oculto ya que ellos se encontraban a unos centímetros sobre el suelo, finalmente lo vieron sacar una varita de entre sus ropas manchadas de sangre, a esta nueva distancia el olor le confirmaba a James que era fresca logrando que se tensara, sin embargo el olor de la sangre pareció extrañar a su esposa más que asustarla. Diferente a él Lily Potter era una experta en pociones y podía distinguir claramente el olor de la sangre de un animal de la humana, aunque no lograba precisar de qué animal era la que cubría al hombre frente a ellos, sin embargo la varita levantada en su mano derecha la alarmó tanto como a su cónyuge, mientras esperaban su suerte lo único que ocupaba su mente era la suerte de su propio hijo.
-Juro sobre mi magia y mi vida que no lastimare premeditadamente a ninguno de los habitantes de esta casa mientras me encuentre en ella –dijo con voz clara y monocorde. La ola de la firma mágica tras el juramente fue tan potente que refulgió por todas las ventanas de la casa y cegó momentáneamente a los dueños de la misma, cuando estos pudieron enfocar nuevamente se hallaban sobre sus propios pies y el extraño les estaba ofreciendo el mango de sus respectivas varitas aguardando a que las recuperaran, cautelosamente ambos las tomaron de vuelta sin apartar la vista del extraño, su rostro aún oculto- es imperativo que hable con ambos.
Sin otra palabra abandonó la habitación e dirección del recibidor, tras intercambiar miradas interrogantes ambos o siguieron hasta la sala, frente a la chimenea sobre la que reposaban varias fotografías familiares, el extraño se quedo observándolas vagamente perdido en sus pensamientos cuando la voz de James lo saco de sus cavilaciones.
-¿Quién es usted? –Preguntó sinceramente confundido y curioso. Por respuesta el encapuchado empuño nuevamente su varita, James estuvo a punto de levantar la suya cuando la mano de su esposa lo detuvo, él regresó a verla interrogante pero ella no despegaba la vista del hombre frente a su chimenea el cual se encontraba haciendo un nuevo juramento.
-Juro sobre mi vida y mi magia que las cosas que estoy a punto de revelarles a Lily y James Potter son, a mi leal saber y entender, correctas y verdaderas –preparados esta vez el matrimonio cubrió sus ojos cuando la intensa luz encandilo la habitación y el resto de la casa, aún así les tomo unos segundos enfocar nuevamente al hombre que ahora había guardado su varita y se encontraba viendo fijamente en su dirección.
-¿Eso era realmente necesario? –Le preguntó suavemente Lily, no era que no le agradara saber que aquel hombre no tenía malas intenciones y que pretendía hablarles con la verdad, pero los juramentos mágicos eran algo sumamente serio, la mayoría de los magos pasaban toda su vida sin atreverse a hacer uno, y él los había hecho dos veces sobre los más altos precios sin dudar un instante en espacio de los últimos cinco minutos.
-Lo era, quiero que tomen lo que les voy a decir absolutamente en serio y que no les quepa duda de mi honestidad… –le respondió con tono monocorde pero educado antes de retirar su capucha revelando finalmente sus facciones, la pelirroja tuvo que sostenerse de su marido para no caerse por la impresión de ver frente a ella a una copia de su esposo, salvo por el color de sus ojos que eran…- mamá –como los de ella.
Les tomó cinco minutos despertar a la joven mujer, afortunadamente el ojiverde ya esperaba esa reacción por lo que levito su cuerpo antes de que cayera al suelo, su padre la había sujetado al mismo tiempo, pese a estar luchando para no caer conmocionado también. Cuando finalmente despertó sus ojos buscaron de inmediato la figura envuelta en una capa, está se encontraba ahora sentada en un sillón frente a ambos esposos.
-¿Harry? –Le preguntó tentativamente, esté solo asintió en respuesta- ¿Cómo?
-Es una historia muy larga así que por favor trata de no desmayarte de nuevo, no contamos con mucho tiempo –Lily asintió mientras se sentaba apropiadamente en el sofá junto a su esposo sujetando su mano- como ya habrán adivinado soy Harry James Potter, su hijo, y vengo desde el futuro, del 31 de octubre del año 2016 para ser más precisos.
-¿Qué fue lo que te paso? –Preguntó su madre señalando su estado.
-No te preocupes por esto –dijo restándole importancia- no es mía –aquella no era precisamente la respuesta que ambos padres esperaban.
-¿De quién…? –Intentó articular James pero sus labios no parecían querer cooperar con él.
-De basilisco principalmente –se adelantó a contestar Harry al ver que su padre no podía terminar la pregunta- pero las de mi capa fueron por la sangre de Voldemort, del Voldemort de mi tiempo –acotó con la más absoluta indiferencia, los ojos de ambos magos se abrieron cada vez más ante cada palabra que pronunció.
-¿Tú… lo mataste? –Preguntó finalmente su padre, su voz rayando entre la admiración y la sorpresa, su esposa solo parecía aterrada ante la idea de su hijo enfrentando a semejante monstruo, no importa si había vencido.
-Lo destruí, por tercera vez según mi última cuenta –contestó tranquilamente- esperanzadamente esta vez se quedará así.
-¿Tercera vez? –Repitió confundido y un poco atemorizado el mago de ojos castaños, su hijo simplemente suspiró con cansancio.
-Será mejor que les explique todo desde el principio –decidió finalmente- comenzando con lo que sucederá está noche.
Durante las siguientes horas paso relatándoles los eventos que sucederían a partir de que Voldemort los encontrará e intentara por primera vez asesinar a Harry, su vida con los Dursley la resumió en un estoico "pase los siguientes diez años con ellos", aunque sus padres insistieron en saber un poco más, tras las primeras palabras aceptaron que dejara de lado esa historia, además no era importante para lo que tenían que tratar, sus años en Hogwarts los centró más alrededor de sus amigos y las aventuras principales que vivió con ellos, el retorno de Voldemort fue más preciso aunque no se adentro mucho respecto a sus pruebas durante el torneo, los años de guerra siguientes fueron también contados con burda precisión, sus padres no necesitaban saber con exactitud cómo era, tenían una muy buena idea con lo que estaban viviendo en su presente, se centró más alrededor de su búsqueda de los Horrocruxes de Voldemort y lo que había descubierto de Dumbledore y las reliquias de la muerte, ambos se sobresaltaron mucho cuando les contó sobre el plan de este respecto a que Harry se dejara asesinar por Voldemort, su padre prorrumpió en una sarta muy extensa de maldiciones mientras su madre rompía a llorar finalmente, tras darles un minuto para tranquilizarse continuó con lo que restaba de la historia hasta la batalla de Hogwarts.
-No entiendo –interrumpió su padre, luego de que narrara como la varita le regresó a Voldemort su propia maldición al final de su duelo, su madre apenas había dicho palabra durante toda la conversación se había limitado a oír y apretar cada vez más la mano de su esposo en ciertas partes de la historia- si murió entonces, y ya no tenía ningún Horrocrux, ¿cómo es que regresó?
Continuó con lo que averiguó de la mente de Lestrange e inmediatamente siguió la parte más difícil, incluso más que decirles a sus progenitores que morirían esa noche, relató con dolorosa precisión la forma en que perdió a su propia esposa y como luego fue enterándose de que todos sus amigos habían sufrido la misma suerte en diferentes lugares, les explicó brevemente sobre el poder que adquirió, ambos sostuvieron la respiración cuando les enseñó la cicatriz en su pecho pero no lo interrumpieron, también explicó brevemente como cazó a Voldemort por todo el continente hasta acorralarlo en la cámara de los secretos y encontrar en esta el aparato que le permitió regresar hasta ese preciso momento, también incluyó la historia de lo que hizo con el basilisco de Slytherin mientras tomaba la bolsa a su lado y la abría.
-Luego salí de la cámara en dirección de la oficina del profesor Dumbledore y me las ingenie para quitarle esto –dijo mientras sacaba un atado de enormes colmillos y los colocaba a un lado, bajo la incrédula mirada de sus padres, antes de sacar un bulto de color plateado.
-¿Mi capa? –dijo de inmediato James reconociéndola.
-¿Para qué sacaste todo eso? –Le preguntó silenciosamente su madre señalando el atado de colmillos que volvía a colocar dentro de su bolsa.
-No es importante en este momento –contestó restándole importancia- lo que sí importa es eso –dijo mortalmente serio señalando el exterior ahora oscuro, ambos escuchas se tensaron pues sabían lo que eso significaba, Voldemort estaba en camino- este es el momento en donde reescribimos la historia –dijo con claridad pasándoles la capa- pueden tomar la capa y a Harry y escapar de aquí, ir a Hogwarts con el profesor Dumbledore, explicarle que Peter era su guardián secreto y que los traiciono y luego volver a esconderse –enlistó con calma pasmosa- pero a partir de allí todo cambiara y tampoco es seguro que él no los encontrara de nuevo –les avisó.
-¿Regresaste para salvarnos? –Le preguntó con cuidado Lily, parecía tener una duda que solo se resolvería con esa respuesta.
-No en realidad –contestó con asombrosa calma antes de suspirar cansadamente- quisiera poder dejar que ese Harry tuviera una infancia normal y feliz pero…
-Pero todos sabemos que no la tendrá mientras Voldemort siga con vida cazándonos –completó James con pesar.
-Tampoco la tendrá con mi hermana –les refutó Lily con fiereza- ya oíste lo que esa… -se tragó lo que iba decir y respiro profundo para no perder los estribos- durmiendo en una alacena –murmuró tratando de contener su ira.
-Suponiendo que ustedes decidan hacer las cosas de este modo –intervino Harry calmado- yo no pretendo dejar a mi yo más joven con los Dursley bajo ninguna circunstancia –les informó, ambos regresaron a verlo.
-¿Entonces? –Inquirió Lily esperanzada.
-Un orfanato –contestó secamente, la expresión en la cara de su madre decayó de inmediato por lo que se apresuró a añadir- solo provisionalmente hasta que cumpla cinco, luego estará listo para empezar a aprender.
-¡¿Aprender? –Exclamo levantándose de su asiento, James la convidó a calmarse y dejar a su hijo continuar.
-No se los he dicho aún pero el viaje que hice tiene un costo, mi existencia se consumirá al final de esta semana –les explicó, el color abandonó el rostro de ambos magos al mismo tiempo mientras se hundían en sus asientos de nuevo- la única razón por la que no he desaparecido todavía es porque la magia de la piedra de resurrección me mantiene con vida, pero esta se consumirá a más tardar para el seis de noviembre.
-¿Vas a morir? –Preguntó sin esperar realmente respuesta la mujer de cabello rojo, su voz débil y ausente.
-En parte –aceptó pesadamente- pero tanto mi magia como mi conciencia se transferirán a mi yo más joven –continuó explicando- planeó colocar un seguro que mantenga la conciencia del Harry de esta época apartada de mi conciencia actual por los siguientes quince años.
-¿Qué lograras con eso? –Preguntó James aún tratando de asimilar lo último que su hijo les dijo.
-Con el fin de prepararlo para lo que inevitablemente tendrá que enfrentar tarde o temprano, yo me encargare de transferirle mis conocimientos de manera gradual, seré como una especie de conciencia hasta que la fusión entre ambos sea completa –explicó más concisamente- guiaré a su hijo todo el camino hasta el enfrentamiento definitivo, pero para que mis conocimientos del futuro sean de utilidad hay algunas cosas que tienen que suceder y otras que solo pueden ser cambiadas en determinado momento.
-Entonces, digamos que aceptamos esto de que iras a un orfanato y te quedaras allí por cinco años… -comenzó Lily.
-Cuatro –la interrumpió su hijo- apenas cumpla cinco años mi conciencia tomara parte activa y lo sacaré de allí.
-¿A dónde? –Preguntó preocupada por el destino de su hijo.
-A ningún lugar peor que Privet Drive, eso tenlo por seguro –le contestó con vehemencia- no tendrá una infancia normal, tampoco puedo asegurar que será completamente feliz pero sabrá lo que eso significa –les aseguró, los magos frente a él aún parecían inseguros- no les mentiré, saben que no puedo, será muy duro pero igual que sucedió con mi propia vida las cosas mejoraran a partir de que comience en Hogwarts y esta vez estaremos preparados para hacerle frente a lo que sea que intente amenazar a un ser querido nuevamente –un silencio mortal invadió la sala mientras el matrimonió discernía aquella imposible situación.
-De acuerdo –habló finalmente James Potter, llamando la atención de ambos escuchas- yo me quedare y dejare que me mate en lugar de Harry –dijo resueltamente- no es necesario que nos asesinen a ambos, entonces Lily podría quedarse con…
-¡De ninguna manera te voy a dejar hacer esto solo James Potter! –Le advirtió su esposa agresivamente.
-¡Prefieres dejar a Harry! –Le contestó a su vez, ella no pudo contestar eso- ambos sabemos que es mejor que lo críes tú.
-Lo siento papá, pero eso no funcionará –le contradijo Harry tristemente llamando la atención de ambos de nuevo- en primera porque Voldemort tratara de matarte sin importar nada antes de intentarlo conmigo –le recordó- el hechizo solo trabaja si la persona no tenía la necesidad de morir –está explicación causo que su padre volviera a sentarse con expresión abatida, Lily iba a comenzar a hablar pero Harry se le adelanto- tampoco es muy buena idea si tú te quedas para sacrificarte y papá se va, si Voldemort llega y se percata de que él no está sospechara de inmediato de una trampa –comentó Harry terminando la discusión- no creería que alguno de ustedes simplemente dejo su refugió, no cuando lo que están protegiendo es a su hijo, tal vez no comprenda realmente lo que significa el amor pero sabe como hace actuar a las personas, siempre se aprovecha de eso –les recordó, ambos decayeron al darse cuenta de que tenía razón, tras otro interminable silencio está vez fue Lily la que habló.
-Si nosotros aceptamos esto… -comenzó dudosa de terminar su enunciado- ¿Harry estará… tú estarás a salvo? –Preguntó finalmente.
-Sí –contestó llanamente.
-Y… las personas que ahora se esconden con miedo de Voldemort…
-La guerra terminara está noche –les contestó con firmeza- y haré todo lo que esté en mi mano para que no haya una segunda ni mucho menos una tercera –les aseguró con rotundidad- voy a borrar al maldito del mapa antes de que tenga oportunidad de saber que fue lo que paso.
-¡Ese vocabulario jovencito! –Le llamó la atención su madre, el regresó a verla intrigado pero luego una tenue sonrisa apareció en su rostro.
-Lo siento mamá –se disculpó mansamente, luego los tres rieron.
-Parece que ni siquiera el mago de hizo desaparecer a Voldemort tres veces y burlo a Albus Dumbledore esta mañana luego de desplumar a un basilisco puede con el carácter de una pelirroja –comentó su padre divertido, lo que le valió un golpe en la nuca de parte de su mujer.
-Tú no tienes ni idea –le confirmó aún riéndose tenuemente- mi esposa… -su voz murió en este punto y todos dejaron de reír.
-¿Cómo era? –Le preguntó tiernamente su madre, sinceramente estaba interesada.
-Si he de ser sincero, un poco como tú –le contestó honestamente- hasta donde las historias que me contaron eran ciertas, lo que las diferenciaba es que ella tenía el Quidditch y las bromas en la sangre, y lo amaba.
-Suena como que te llevaste el premio gordo –opinó su padre aparentemente impresionado, está vez se llevó un golpe en el brazo.
-¿Acaso tienes alguna queja? –Le preguntó más molesta por la interrupción que por el comentario en sí.
-Ninguna querida –contestó sobándose el sitió afectado con expresión dolorida, para sacar a su padre del apuro Harry dirigió un dedo hacía su sien y retiro una hebra plateada, con un pase la convirtió en una especie de pantalla en la que aparecía un bella pelirroja de ojos castaños.
-Es preciosa –murmuró inconscientemente Lily al ver la imagen, ni siquiera se preguntó que hechizo era ese o cómo consiguió su hijo realizarlo sin necesidad de una varita.
Sin embargo al momento se olvido de este pensamiento también al recordar que aquella joven había muerto y que obviamente debía representar un gran sufrimiento para Harry el recordarla tan vívidamente, al regresar a verlo lo confirmó, pese a demostrarse tan estoico ella podía sentir que estaba esforzándose en mantener el control, su mirada sobre la imagen de la pelirroja parecía perdida, como si viera mucho más allá de está. Sin decir nada se levantó y se sentó a su lado envolviéndolo en un fuerte abrazo, en un inició lo sitió endurecerse como si su cuerpo fuera de acero, pero poco a poco este comenzó a sacudirse en tenues sollozos.
-Les fallé –dijo miserablemente- confinaron en mí y les fallé.
-Ssshhhhh –le calmó su madre pasando su mano sobre la espalda de su hijo de manera tranquilizadora mientras lo acercaba más a ella, James también se acerco y cerró un abrazo alrededor de su hijo, sin importarles cuánta sangre de Voldemort o de basilisco lo cubriera- estoy seguro de que ninguno de ellos te culparía, al final lograste derrotarlo y salvarlos a todos.
-¡Pero es que eso ya no importaba! –Le contestó furioso consigo mismo, se levantó y se alejó dándole la espalda a sus padres y caminando por la habitación como león enjaulado- no importaba a cuantos salvara si ellos ya no estaban.
-Les hubiera importado a ellos –le contestó James con seguridad, Harry se detuvo y respiró tratando de relajarse.
-Sí, es cierto –admitió con una sonrisa nostálgica creciendo en su cara- fue la razón por la que no me rendí en ese momento –recordó- no fue porque quisiera venganza, era solo que no quería imaginar la expresión de Ginny si llegaba a aparecer en el otro mundo luego de dejar ganar a Voldemort –lo último lo admitió riendo ligeramente pero suprimiendo un escalofrió frente a dicha idea, la cual le atemorizaba mucho más que decirle a una giganta de siete y medio metros que no era su tipo.
-Aparentemente tu esposa tenía un carácter encantador –opinó nuevamente su padre, siguiendo la broma pero tratando de no parecer insensible respecto a la pérdida de su primogénito.
-Podría decirte lo mismo –contestó a su vez, ambos sonrieron abiertamente hasta que una mano les jaló a cada uno sus respectivas orejas.
-¿Así qué ahora están en mi contra?
-Auch, auch, auch, Lily, cielo por favor –dijo adolorido su esposo.
-Mamá –le llamó Harry tratando de mantener su tono firme- en las pasadas 48 horas he tenido que forzar mi entrada al ministerio de magia a través de todos los magos que se me pusieran en frente, tuve que batirme en duelo con la peor mortifaga de la que se tiene constancia, contra el mismo Voldemort, tuve que desdentar a un basilisco y burlar a Albus Dumbledore antes de saltar por una ventana desde un segundo piso, he recibido varios cruciatus y dos avada kedavras –resumió rápidamente apenas tragándose el dolor, sin acabar de creerse, que luego de pasar por tantos maleficios cruciatus que ya le eran indiferentes, esto pudiera doler tanto- ¿no crees que ya me han apaleado lo suficiente? –Tras considerarlo un segundo soltó la oreja de su hijo, que la frotó aliviado, pero no así la de su esposo.
-Hasta aquí de bromas –le avisó, esté solo asintió tanto como su cautiva oreja se lo permitía sin incrementar el dolor, luego de soltarlo y de volver a tomar asiento todos cayeron en un pesado silencio- ¿Qué vamos a hacer entonces? –Preguntó finalmente.
-Es enteramente su decisión –les contestó Harry de vuelta a su semblante serio.
La pareja intercambio una larga mirada entre ellos, sin palabras, solo sus ojos expresaban cada una de sus respectivas dudas y los argumentos a favor y en contra de lo que estaban a punto de decidir, finalmente con un suspiró simultaneo ambos parecieron llegar al final de su silencioso acuerdo, un leve llanto los sobresaltó antes de que pudieran expresarlo a su invitado.
-Se despertó –dijo con obviedad la mujer mientras iba hacia arriba por su hijo.
-Yo estaba aquí cuando todo empezó –le recordó a su padre, que entendía perfectamente a lo que se refería- ya no falta mucho.
-Lo haremos –le confirmó James Potter con pesar al pensar en el destino de su pequeño y lo oscuros que serían para él los años venideros.
-¿Seguro? –Inquirió el ojiverde entendiendo cada vez más porque a él le repitieron aquella pregunta tantas veces pese a saber de antemano lo que les contestaría.
-Completamente –intervino Lily de regreso a la habitación con el pequeño Harry en brazos- si podemos conseguirle aunque sea una infancia segura y libre de Voldemort, solo eso habrá valido el sacrificio –dijo con seguridad mirando a su pequeño bebe ahora calmado en sus brazos- solo… lamento no poder verlo de nuevo mientras crece –comentó con la voz llorosa, James los envolvió a ambos con sus brazos de inmediato brindándole confort.
-Si realmente quieren… -comenzó el ojiverde llamando la atención de ambos- si es lo que en realidad quieren, podrían hablarle de nuevo una vez que tenga la piedra de resurrección –les informó, los ojos de ambos se abrieron esperanzadamente- pero no más de una o dos veces, no se debe abusar de ese poder, lo que abandona este mundo no debe regresar a él –concluyo en tono de advertencia y amargura combinados a partes iguales, ambos asintieron de inmediato, satisfecho pero aún así increíblemente triste el mago del futuro extrajo su varita- para que las cosas resulten igual bloqueare sus recuerdos de esta conversación, no se preocupen –se adelantó- esto no puede seguirlos más allá de la muerte, llegaran al otro mundo con la conciencia en paz y les aseguro que no será la última vez que nos vallamos a ver –antes de levantar su varita, la mano de su madre se levantó.
-Sin importar que pase… recuerda que siempre estaremos orgullosos de ti hijo.
-Lo sé mamá –le confirmó con una sonrisa pese a tener sus ojos empañados de lágrimas.
Cuando la luz del conjuro de bloqueo de memoria dejo la habitación solo se encontraban en ella el joven matrimonio con su pequeño hijo. Ignorantes de lo que sucedería continuaron con sus labores del día sin saber el sombrío destino que les aguardaba ni que alguien los observaba desde las sombras guardándose de intervenir en lo que sucedería.
La hora restante paso sin nada digno de mencionar hasta que una poderosa y siniestra presencia apareció en el tranquilo pueblo, Harry la sintió de inmediato, no solo por su poder y su naturaleza sino porque estaba aguardando por ella, observó claramente cuando le figura envuelta en batas negras camino por la acera, su pulso se aceleró cuando noto a un pequeño disfrazado acercársele, se calmo un poco cuando el niño se alejo corriendo pero su sangre casi se congela al ver a Voldemort levantar la varita en su dirección, por un segundo él estuvo a punto de hacer lo mismo, hasta que recordó que se suponía que no debía interferir con lo que sucedería esa noche, un alivió inmenso lo envagró cuando vio al mago oscuro comenzar a alejarse en dirección de su casa. Se forzó a sí mismo a observar nuevamente la muerte de sus padres como penitencia final por no poder salvarlos ¿De qué servía el poder si no podías proteger a los que amabas?, ¿No era esa la razón por la que había regresado? A su pesar tenía que aceptar el hecho de que alguien tenía que sacrificarse, la paz no se alcanzaba sin sacrificios, una cosa que tardo mucho en entender era por qué no pudo ser él uno de los sacrificados, era porque su tarea iba más allá de eso, le gustara o no. Cuando finalmente el rebote de la maldición asesina de Voldemort destruyó el techo de la casa supo que era tiempo de continuar, silenciosas lágrimas escapaban de sus ojos, esperanzadamente las últimas que tendría que derramar por la pérdida de alguien cercano, este dolor sería la última carga con la que tendría que lidiar en esta vida. A partir de aquí comenzaría a canalizarlo para fortalecerse hasta la batalla final en la que Voldemort se encontraría con su destino de manera definitiva, con este último reconfortante pensamiento desapareció.
Sin duda alguna el callejón Knockturn se encontraba en su auge debido a la guerra y al incremento que había tenido el lado tenebroso por los últimos once años, lo cual se podía ver en la fluidez con la que comerciaban con los más funestos artefactos e ingredientes sin temer a represalias del ministerio, el cual se encontraba demasiado ocupado en asuntos de mayor jerarquía como para prestarles atención, por lo cual debía aprovechar la oportunidad, para el día siguiente todos se enterarían de la desaparición de Voldemort y estos negocios comenzarían a desaparecer, sonrió irónicamente al pensar que ni sus más locos planes habían incluido la idea de convertirse en negociante de artículos ilegales, pero como en todo lo que terminaba haciendo estaba por sobresalir del montón, enfiló directo hacía el principal comerciante del lugar en lo que artefactos oscuros se refiere. Era una suerte que tanto en medio del Hallowen muggle como en el callejón Knockturn su apariencia no levantara demasiadas sospechas. Al entrar al Borgins y Burkes fue recibido por un hombre de cabello graso y ligeramente encorvado.
-¿Puedo ayudarlo en algo? –Preguntó un poco hosco, al darse cuenta sin duda de que por la apariencia de Harry seguramente no venía a comprar nada.
-Solo si puede comprar o conseguir comprador para lo que ofrezco a más tardar está misma noche –dijo yendo directamente al grano, parecía que el Sr. Borgin iba a responderle de mala forma pero al estar más cerca Harry se dio cuenta de inmediato de que la sangre que llevaba encima no solo era genuina sino también fresca.
-Permítame advertirle que aquí solo tratamos con artefactos legítimos –contestó dejando la hostilidad de lado, Harry rió.
-He escuchado algo un tanto diferente de Lucius Malfoy –comentó, la expresión del hombre decayó al instante con esas palabras y aún más con las que le siguieron- de seguro usted no lo estará tachando de mentiroso.
-N-no, no, claro que no –dijo de inmediato poniéndose nervioso- de seguro podré ayudarlo a vender cualquier artefacto que usted intente vender.
-No son precisamente artefactos –corrigió colocando la bolsa sobre el mostrador, está llamo la atención del Sr. Borgin un momento, tras el cual sus ojos casi se salen de sus cuencas, Harry sonrió, debía reconocer que el hombre conocía su negocio.
-Es-esto, ¿esto es…? –Trataba de articular la pregunta mientras palpaba la contextura de la bolsa para confirmar sus sospechas. Parecía extasiado y estupefacto a la par.
-Sin duda lo es –confirmó el pelinegro- pero no es lo que vengo a vender –agregó al ver la expresión codiciosa en los ojos del hombre, la cual decayó al escucharlo.
-Seguramente un hombre de negocios como usted no se negaría a por lo menos escuchar una oferta –dijo tentativamente, Harry rió levemente.
-Sr. Borgin, si después de ver lo que tengo en el interior de la bolsa siquiera se acuerda de la piel, estaré muy sorprendido –le aseguró logrando obtener de lleno la atención del hombre, sin agregar nada más saco un total de tres botellas que no llamaron demasiado la atención del Sr. Borgin, a simple vista eran una de sangre, una de algún fluido transparente y viscoso y otra de un veneno transparente, solo hasta que saco el atado de colmillos que parecían espadas fue que el dueño del lugar tuvo que sujetarse del mostrador para no caerse desmayado de la impresión, en ese momento comprendió que era lo que contenían las otras botellas, solo necesitaba hacer unas pruebas básicas para confirmarlo, como si le hubiera leído el pensamiento Harry agregó- puede hacer todas las pruebas que quiera pero tendrán que ser aquí mismo.
Sin otra palabra el Sr. Borgin casi voló a cerrar el exterior de su tienda antes de que alguien más viera lo que aquel extraño estaba vendiendo y pretendieran interrumpir el negocio, luego de un viaje Express a la parte trasera de su tienda regreso con unas pequeñas botellas de pociones, unos cristales y una pequeña charola de plata, colocó unas gotas de la primera botella que supuso sería la saliva en la bandeja y la trató con una poción de color púrpura, de inmediato se volvió verde brillante, pareció ser el color que el hombre buscaba porque asintió palpablemente satisfecho antes de continuar aún más excitado luego de comprobar la primera autenticidad, la sangre la trató de manera similar, solo que esta vez coloco medio vaso con una poción ámbar en la que colocó solo unas gotas de la sangre, ambas se evaporaron casi al contacto pero el humo que emanó de estás tomo formas serpentinas muy definidas hasta formar una gran cabeza de serpiente, Harry incluso podría jurar que escucho un siseo provenir del espectro que decía "muerte", pese a estar seguro de que el Sr. Borgin no hablaba parsel parecía reconocer el siseo por lo que era, con las manos casi temblándole de emoción y con una varilla larga y delgada de metal tomo una gota del veneno y lo colocó sobre el cristal, sin embargo la mano le temblaba tanto que salpicó un poco a un costado sobre la bandeja, dicho lugar comenzó a corroerse al contacto, los ojos del hombre su iluminaron mientras pasaban de la arruinada charola al cristal que ahora era completamente negro, tras unos segundos incluso comenzó a cuartearse hasta que se convirtió en polvo. Harry observó la situación al completo sin decir una palabra hasta que supuso que el hombre había terminado.
-Lamentó lo de su cristal y su charola –se disculpo tranquilamente esperando que el Sr. Borgin saliera de su estado de conmoción.
-¡Que importan esas cosas! –Exclamó aparentemente indignado de que Harry no reaccionara igual que él mientras tomaba uno de los colmillos y lo examinaba detenidamente con sus gafas puestas- debía medir más de quince metros sin duda –comentó pensando en voz alta sin dejar de observar el afilado incisivo.
-Poco más de veinte en realidad –le confirmó Harry llamando la atención del hombre sobre él, ahora parecía inquisitivo.
-¿Vio usted a la bestia en persona? –Le preguntó cuidadosamente, con un bufido Harry tomo lo que quedaba de la poción ámbar y se la arrojó sobre la camisa, la mancha desapareció… junto con la camisa en una humareda que formo una cabeza de basilisco mucho más definida que la anterior y expiró un sonoro "muerte" antes de desaparecer. Harry vio al señor Borgin palidecer ante esto.
-Yo recolecté esto de la bestia en persona –aclaró con énfasis en las primeras palabras pero sin alterar en lo más mínimo el carácter de su voz- esta misma mañana de hecho, por lo que le sugeriría que me dijera sus mejores ofertas, no creó que usted quisiera ofender a un hombre honesto que ha pasado por un largo día de trabajo ¿o sí?
-De-desde luego que no querría –aseguró vehemente luego de pasar saliva el dueño del lugar, se aclaró la garganta regresando su atención al colmillo esta vez con mayor profesionalismo- me parece que la criatura estaba sobre los diez siglos ¿cierto?
-Supongo que sí –contestó tranquilamente- por lo menos eso es lo que dice la leyenda acerca del monstruo que Slytherin ocultó en Hogwarts –comentó indiferente, pero sus palabras hicieron que el negociante girara tan rápido el cuello que se lo lastimo, ignorando el dolor preguntó.
-¿El monstruo de Slytherin?
-¿Ha escuchado la leyenda de la cámara de los secretos? –Inquirió en tono confidencial, el hombre asintió- ¿Qué clase de monstruo cree usted que Slytherin encerraría con la certeza de que sobreviviría por siglos y con la seguridad de que solo un heredero legitimo suyo podría controlar? –Le preguntó de manera retórica mirando significativamente el comillo en sus manos, el hombre pareció aún más asombrado, pero luego regreso a ver al sujeto frente a él con un nuevo temor.
-¿Entonces usted es…?
-No, en absoluto –se adelantó a contestar Harry fríamente- de hecho "yo seré el que acabe con la línea de ese bastardo fanático de la pureza de sangre" –agregó en parsel para sorpresa de Borgin- podría decirse que tengo algunas habilidades que me fueron de utilidad –contestó enigmáticamente- agradeceré que mantenga este último dato entre nosotros –agregó en tono de advertencia, a lo que el hombre tragó fuerte- ahora volviendo al precio…
-Claro... claro –dijo espabilando- puedo ofrecerle mil galeones en metálico aquí y ahora por el litro de veneno y otros mil por ambos litros de sangre y saliva.
-¿Y los colmillos?
-Son demasiados –comentó de manera apesadumbrada echándole un vistazo al enrome atado- ¿pero puedo ofrecerle trescientos galeones por cada uno? –Preguntó esperanzadamente, para su sorpresa el ojiverde solo soltó una carcajada.
-Creó que usted no me entendió del todo –comentó divertido- pero eso es en parte mi culpa –admitió abriendo nuevamente la bolsa, por un momento el Sr. Borgin temió que fuera a llevarse su mercancía, grande fue su sorpresa al verlo sacar otras doce botellas del casi invaluable veneno en estado tan puro como el que acababa de comprobar- eso es solo el veneno, tengo otras veinticuatro botellas de sangre y otras siete de saliva sin contar con otros dos atados iguales de colmillos.
-No puedo comprarle todo eso –murmuró aún pasmado Borgin.
-Imaginaba eso –le contestó- ¿Por qué cree que le pregunte por compradores desde un inicio? –El viejo asintió mientras procesaba la información, este podría ser el mayor trato de su vida, mayor incluso que el que el viejo Burkes logró años atrás cuando consiguió aquel guardapelo de Slytherin por diez galeones y aparentemente otra vez tenía que ver con el viejo fundador de Hogwarts un negocio extraordinario.
-Conozco a algunos que darían lo que fuera por una oportunidad así –murmuró finalmente en confidencialidad- pero tendría que ser yo el intermediario –le avisó de antemano.
Harry sabía lo que el hombre pretendía, obtener una mayor ganancia al negociarlo con sus "amigos" antes de que ellos hablaran directamente con Harry, a él no le importaba demasiado, en realidad si le ayudaba a vender todo de inmediato sería mejor que si consiguiera el mayor precio posible después, por el mismo precio que le estaba ofreciendo no le importaba que se quedara con la diferencia pero tampoco quería dejarse estafar.
-¿Puede conseguirlos a todos aquí antes de la media noche? –Preguntó, Borgin asintió confiado- regresaré entonces para realizar los negocios junto con usted y le daré una comisión del 10% de la ganancia que consiga en cada artículo vendido sobre el precio que me ofreció por ellos al principio.
-50% -dijo de inmediato Borgin, Harry lo miro detenidamente provocando que el hombre sudara frió- comprenderá que mis asociados no son personas fáciles de tratar, especialmente en los negocios, así que conseguirle algo sobre esa suma sería no solamente difícil sino que no alcanzaría para una comisión…
-20% -ofreció Harry interrumpiéndolo.
-¿25%? –Preguntó tentativamente, el hombre sabiendo bien que estaba arriesgándose mucho al preguntar, Harry tomo aquella muestra de atrevimiento como valedera y se limitó a levantar la mano para sellar el trato, a lo que Borgin accedió aliviado.
-Pero… -dijo repentinamente Harry sin soltarle la mano, el hombre nuevamente se tensó en su lugar- no quiero menos de quinientos por colmillo –comenzó, Borgin asintió mientras Harry podía sentir como les sudaban las manos, le molestaba recurrir al miedo pero, cuando se trataba con esa clase de personas, era sin duda la mejor opción para pasar desapercibido- además del valor en efectivo de una botella de cada sustancia y un colmillo, así usted podrá hacer las demostraciones aquí a sus colaboradores –solicitó- no queremos que ellos desconfíen en ningún momento de lo que les estará vendiendo ¿verdad?
El hombre negó con la cabeza mientras Harry le soltaba el brazo, luego fue de regreso a la parte posterior de la tienda y regresó con unas cuantas pesadas bolsas llenas de galeones, un sencillo hechizo de comprobación de autenticidad de oro y peso le confirmaron a Harry sus nuevos dos mil quinientos galeones, que junto con el resto de sus botellas y colmillos, salvo las que le acababa de vender al señor Borgin, volvió a colocar dentro de su bolsa antes de salir.
La primera parada fue en Gringotts, donde solo cambio algunos galeones en libras, lo siguiente fue en una papelería donde consiguió justo antes de que cerraran (pues ya eran pasadas las ocho de la noche) un par de pergaminos, luego fue al Londres muggle donde, con el dinero que cambió antes, consiguió bastantes libretas con pastas de cuero, unas pocas del tamaño de una mini agenda y el resto del tamaño de cuadernos, regresó al caldero chorreante donde pagó por una cerveza de mantequilla, una cena que engulló de inmediato, y un cuarto para esa noche y todo el día siguiente, finalmente se internó de nuevo en el callejón Diagon. Pese a lo incongruente de sus movimientos todo parecía estar perfectamente calculado, pues el mago se movió sin reflexionar dos veces en cuanto a su destino, la última parada fue Ollivander, afortunadamente como todo obseso con su trabajo el viejo fabricante de varitas se encontraba despierto pese a las altas horas y lo peligroso de la época, que Harry sabía estaba a punto de terminar. Su tienda estaba abierta al público en caso de que alguien tuviera una emergencia con su indispensable herramienta mágica. Mientras esperaba a que el hombre terminara con la revisión de una varita sobre su mesa de trabajo Harry aprovecho para restaurar sus ropajes y retirar el polvo rojo en que se había convertido la sangre sobre su capa, cuando finalmente ambos hombres hubieron terminado el Sr. Ollivander se acerco a él.
-¿En qué puedo ayudarlo joven? –Preguntó cortésmente, con un movimiento de su varita Harry cerró la tienda antes de continuar, ganándose una mirada inquisitiva del viejo hombre.
-En muchas cosas –contestó llanamente- una varita para empezar.
-La suya parece estar funcionando perfectamente –argumentó el hombre con clama- y va contra las leyes mágicas vender una segunda varita a un mago al menos que tenga un certificado del ministerio ¿Lo tiene usted acaso? –Preguntó, extendiendo la mano pero Harry suponía que el hombre sabía perfectamente que no disponía de tal documento.
-No –contestó directamente- pero tengo otra cosa que se que le interesara aún más que un pedazo de papel –agregó pasándole su varita, el Sr. Ollivander la tomo un poco contrariado y suspicaz.
-Esta no la hice yo –murmuró revisándola, parecía más sorprendido por cada detalle que descubría en ella.
-Pese a que estoy seguro de que lleva mucho en el negocio Sr. Ollivander –dijo el pelinegro en forma casual- aún es poco tiempo como para ser el fabricante de la varita de saúco –este comentario logró que el viejo hombre por poco soltara la varita, por un momento pareció horrorizado con la idea de dejarla caer y la sujeto como si fuera del más delicado cristal antes de colocarla bajo su lupa y examinar de punta a punta cada marca, cada detalle, cada hendidura en la madera, incluso sacó un sutil reactivo que identificaba la antigüedad de la madera en caso de que hubiera pasado ya su tiempo de utilidad máximo, pero en este caso solo confirmo que la varita era más antigua que ninguna otra que haya visto antes pero más poderosa que cualquiera de las que él hubiera podido fabricar.
-N-n-no puedo creerlo –dijo finalmente exhausto, dejándose caer sobre una silla sin apartar la vista de la varita, aún cuando su propietario la tomo de vuelta- ¿es en realidad la varita del destino? –Le preguntó más como una formalidad, parecía necesitar expresarlo en voz alta, aunque esta un fuera más que un susurro confidencial.
Por respuesta el pelinegro tomo la varita que el Sr. Ollivander había estado revisando antes entre sus dedos y con un "crack" la partió en dos, el fabricante pareció escandalizado por tal acto pero antes de que pudiera hacer algo más que levantarse el misterioso dueño de la varita mayor apuntó esta hacia la varita rota.
-Reparo –murmuró bajo pero audible y la varita se selló sin dejar marca alguna, sin otra palabra se la paso al Sr. Ollivander, antes de dejar la suya sobre el mostrador, el viejo fabricante se había quedado como quien ve visiones antes de tomar dudosamente la varita recién reparada de las firmes manos de su contraparte, pasando un poco de saliva agitó la varita y unos anillos de humo salieron de ella, casi al momento la soltó como si no tuviera fuerzas para sujetar la delgada ramita mientras se dejaba caer nuevamente sobre la silla, está vez mucho más débil. Le tomó unos minutos volver a erguirse sobre sus pies y en cuanto lo hizo lo primero que hizo fue recoger con innegable cuidado y una pizca de temor la varita, pero esta vez no la revisó sino que regresó a ver al hombre dubitativamente.
-¿Me… me permitirá examinarla?
-No –contestó secamente, Ollivander asintió claramente desilusionado mientras el hombre recogía de vuelta su varita- le permitiré fabricar otra –completó, el anciano le miro consternado- no, le ruego a usted Sr. Ollivander, que fabrique otra –corrigió amablemente sin dejar de ver al sorprendido hombre.
-Pe-pero eso es imposible –fue todo lo que pudo contestar, Harry no pudo sino sonreír comprensivamente, aún el experto veterano se sintió por un instante como un niño frente a su mecenas.
-No existe la certeza, solo la oportunidad –le recordó paciente- y yo le estoy dando la oportunidad de realizar el sueño que va más allá de las expectativas de cualquiera que alguna vez haya estudiado la sabiduría de las varitas, muchos sueñan solo con tocarla o examinarla como lo ha hecho usted esta noche.
-Pero lo que usted me pide tomaría años, décadas incluso aún si me permitiera examinarla con cuidado –intentó razonar el fabricante.
-Todo lo que necesita saber… -respondió el mago más joven mientras sacaba una libreta de cuero azul oscuro y la colocaba sobre el mostrador, luego se señaló la sien con la punta de la varita mayor- está justo aquí… –completó cerrando los ojos, un instante después un telaraña de recuerdos se desprendieron junto con la punta de la varita, las dejó caer suavemente sobre el libro mientras recitaba un conjuro, al terminarlo las memorias envolvieron el cuaderno como cuerdas, este resplandeció unos segundos antes de abrirse, las páginas se pasaban solas a inmensa velocidad mientras se llenaban con apuntes y complicados esquemas- y ahora aquí –finalizó mientras le pasaba el cuaderno.
El fabricante de varitas revisó ávidamente el contenido dentro del cuaderno, muchas páginas las pasaba rápidamente pero en otras se quedaba algunos segundos asimilando lo que veía con los ojos cada vez más abiertos.
-Esto debería ahorrarle un par de décadas ¿Verdad? –Comentó desinteresadamente, Ollivander regresó a verlo estupefacto.
-¿Acaso tiene idea de lo que esto es? –Le preguntó, en opinión de Harry tontamente, este solo le dirigió una significativa mirada de "obvio que sé lo que es, acaba de salir de mi cabeza", el hombre pareció notar lo absurdo de su pregunta porque regresó su atención al cuaderno, sin acabar de creérselo revisó en el índice (sí, incluía un índice) cuales eran los materiales con los que se construía semejante obra maestra, pese a continuar emocionado su expresión decayó un poco- no tengo idea de donde conseguir esta clase de núcleo, pero… -parecía estar considerando posibilidades, algo que a Harry le agradó, el hombre no dejaría que la dificultad lo detuviera cuando se encontraba más cerca de conseguir lo que nadie había conseguido antes.
-No se preocupe por los materiales difíciles –le alentó Harry sacando algo de su bolsa y colocándolo frente al viejo hombre, este trago con dificultad al ver lo que se encontraba frente a él.
-Esto es…
-Nervio óptico de basilisco –completó con tranquilidad señalando el frasco- el conductor de magia más poderoso que alguna vez se haya visto en ninguna criatura, tan poderoso que es capaz de canalizar un hechizo de muerte permanentemente.
-Pero el ojo…
-Lo quemé, y espero que usted se deshaga de lo que quede una vez que separe completamente el nervio de el –el fabricante asintió por completo de acuerdo con eso- algo más, aunque tengo fe en usted para conseguirlo a la primera… -dijo mientras, para mayor asombro del viejo hombre que no sabía cuánto más soportaría ese nivel de estrés, sacaba un segundo frasco con otro nervio en perfecto estado- siempre es bueno tener un respaldo –opinó con calma.
-Ahora solo falta la madera… -murmuró reflexivamente el viejo una vez logro salir de su estupor- tiene que ser de un árbol que…
-Que posea su propia magia, lo sé, la varita se mantiene por sí misma –completó por él Harry también viéndose reflexivo- como ya debió darse cuenta esta varita no es solo el más perfecto conductor de magia que existe sino también un amplificador, con su propia vida y conciencia, brindará su poder únicamente a su amo, en manos de cualquier otro es solo una varita común y corriente.
-¿Entonces la madera…?
-Tengo un árbol en mente… –comentó, al ver la mirada de Ollivander sobre él decidió explicarse- pero usted es el experto, así que dígame ¿La madera de un Sauce Boxeador cumpliría con la tarea?
-Un sauce… sí probablemente, pero tomar la madera de uno involucra un riesgo inmenso –decidió sensatamente.
-No más que quitarle los ojos a una mortífera serpiente de veinte metros aún viva –objetó el pelinegro como si fuera algo obvio.
-¡¿Viva?
-Olvídese de eso –pidió restándole importancia- le traeré la madera antes de que termine la semana, usted solo concéntrese en fabricar la varita –el hombre asintió distraídamente antes de regresar su atención al manuscrito, sin embargo el hombre se lo quitó- algo más –dijo sacando de nuevo su varita, abrió el libro en la primera hoja, que se encontraba en blanco, y la toco con la varita, al contacto aparecieron unas líneas formando un complejo margen- toque el centro con su varita –le pidió sin dejar de tocar el cuaderno con la suya, Ollivander accedió aún sin comprender del todo, en cuanto la varita del fabricante toco el papel este se iluminó y luego todas las líneas desaparecieron- para hacerlo visible solo tóquelo con la punta de su varita y diga, "solicito consejo para mi labor", se revelara si usted, y solo usted, recita la clave específicamente con su varita –le explicó pasándole de regreso el cuaderno, ahora totalmente en blanco.
-Solicito consejo para mi labor –recitó haciendo lo que se le dijo, las palabras surgieron de la nada llenando nuevamente el libro, impresionado regreso a ver al misterioso hombre.
-Si desea hacer apuntes trabájelos solo dentro de esta libreta o dentro de su cabeza –le avisó con seriedad, Ollivander asintió comprendiendo- para borrarlo haga lo mismo pero diciendo "gracias por el consejo" –siguiendo las instrucciones borró el cuaderno, pero antes de devolverlo la mano del encapuchado lo detuvo- un par de cosas más y luego podrá revisar ese cuaderno todo lo que quiera –prometió, luego de ver al otro asentir continuó- yo ya no estaré aquí cuando su trabajo esté listo pero enviare a mi… sucesor para que trate con él este asunto.
-¿Cómo lo reconoceré? –Preguntó con cuidado el hombre de ojos velados.
-¿Puede recordar mi rostro sin problemas? –Inquirió, Ollivander asintió- entonces no tendrá problema en reconocerlo a él, aunque probablemente le sorprenda –comentó misteriosamente pero su escucha no indagó al respecto- cambiando un poco el tema, no he sabido de otro fabricante de varitas que haya trabajado con nervio óptico de basilisco –comentó sacando un atado de alargados y puntiagudos instrumentos de su bolsa, el Sr. Ollivander reaccionaba cada vez mejor ante las sorpresas pero aún parecía atónito por lo que veía- pero tengo entendido que se pueden hacer con colmillos también ¿o me equivoco?
-Es posible –asintió Ollivander tomando uno de los colmillos y examinándolo con precaución- no se ha hecho en siglos pero triturando los colmillos y procesándolos de forma apropiada se concebirían varitas indudablemente poderosas, aunque con un núcleo tan temperamental…
-¿Qué clase de mago podría ser elegido por una de estas? –Interrumpió Harry con cierto toque de ansiedad, el viejo mago regresó a verlo con curiosidad pero no preguntó nada.
-Eso será decisión de la varita –contestó firmemente- podrían ser de los peores seguidores del innombrable… o los más acérrimos miembros de su oposición pero no le quepa duda… de que serán magos o brujas que sobresaldrán del montón, ya sean de un bando o de otro, incluso de ambos, no es raro que varitas hermanas terminen en manos de magos que resultaron ser la cara opuesta de la moneda, sin embargo son más comunes los casos opuestos donde los dueños de varitas hermanas son complementos de sus contrapartes –Harry asintió comprendiendo, luego saco los dos colmillos más largos de aquel atado, y de toda la bolsa, completo el atado con un colmillo de otro para que los tres tuvieran el mismo número y colocó los dos principales sobre el mostrador.
-¿Cuántas varitas conseguiría de estos dos y cuánto le tomaría terminarlas? –Inquirió ahora claramente ansioso, tras considerarlo un minuto midiendo el largo y peso de los colmillos el anciano fabricante contestó.
-Sin duda podría obtener seis de cada uno, pero me tomaría hasta el fin del mes siguiente para completar las doce varitas.
-Dentro de la libreta hay varios consejos útiles para cuando se trata con núcleos inestables o demasiado poderosos –acotó sin dudarlo- debería poder ayudarlo a reducir el tiempo a menos de la mitad sin exponer la integridad del núcleo o el resultado final.
-Por lo que veo, tiene usted mucha prisa señor –comentó viéndolo fijamente.
-Es imperativo que tenga una selección antes del día seis –le informó con seriedad increíble pero ya no demostraba nada más.
-Veré lo que puedo hacer –consintió el dueño del local.
-Una última cosa, mi sucesor vendrá a hablar con usted aproximadamente dentro de cinco años, tanto para ver el progreso de su proyecto como para adquirir su propia varita de este local ¿tiene alguna duda?
-Sí, de hecho tengo una –dijo tras una larga reflexión el fabricante, Harry esperó pacientemente, el Sr. Ollivander tomo el cuaderno y se lo devolvió a un impasible ojiverde que solo lo tomo de vuelta, como si ya hubiera anticipado esto- y debo admitir que ha sido mi falta el dejarme llevar por semejantes dádivas y oportunidades, pero algo como esto en las manos equivocadas sería el fin para muchos, así que lo siento pero tendrá que hacer esta varita sin ni ayuda –dijo con resolución, Harry finalmente decidió que había hecho lo correcto al venir con Ollivander desde un principio.
-No me cabe ya la menor duda… -comenzó Harry sin parecer alterado en absoluto- que hice la elección correcta al venir con usted –finalizó claramente complacido, la expresión del señor Ollivander era de confusión total mientras el pelinegro tomaba un pergamino en blanco, se hacía un corte en la mano y derramaba su sangre sobre él, con un pase de la varita de saúco este se escribió solo, al pie del pergamino puso la huella de su pulgar también con sangre y luego se lo paso al Sr. Ollivander- ¿Esto le parece suficiente garantía de que no intentare aprovecharme de la situación de ninguna manera ni hacer uso incorrecto de ninguna de las varitas que fabrique bajo mi pedido?
El anciano fabricante revisó el pedazo de papel más sorprendido de lo que había estado hasta el momento, realizó algunas revisiones mágicas para asegurarse de la veracidad del contrato mágico al que el extraño acababa de someterse, tras unos minutos asintió absolutamente satisfecho y firmó también, solo que con pluma y tinta. Al paso el pelinegro le devolvió el libro que el anciano le había regresado antes de ofrecerle estrechar su mano, este aceptó gustoso ambas cosas.
-Cuando mi sucesor venga debe hacerlo firmar el contrato antes de hacer cualquier negocio –le recordó impávido- esto –agregó sacando de la bolsa una generosa cantidad de galeones- es por las varitas –tras un último asentimiento el ojiverde abandonó la tienda.
Los negocios en el callejón Knockturn fueron mejor de lo esperado, cuando Borgin dijo que aquellos magos darían lo que fuera por una oportunidad de obtener ingredientes tan raros no estaba bromeando, aún descontando la comisión que le prometió al dueño del dudoso establecimiento logró sacar dos mil galeones por litro de veneno y mil por litro de sangre o de saliva. Uno de los magos, de piel negra vestido con túnicas del medio oriente, le pagó con una bolsa del tamaño de su puño llena de diamantes, tres bolsas del tamaño de su cabeza con rubíes y dos de zafiros, a diferencia de los diamantes estas piedras eran del tamaño de huevos de ganso, por un atado completo de colmillos, cuatro litros de veneno y cuatro de sangre, los atados restantes salieron en diez mil galeones cada uno (estos ahora tenían once colmillos cada uno), algunos al igual que el señor Borgin le ofrecieron un suma considerable por su bolsa, pero la rechazó amablemente diciendo que quería conservarla como un recuerdo. Al final era difícil saber quién estaba más satisfecho, si los que adquirieron las poderosas, peligrosas e "inexistentes" substancias o el Sr. Borgin que había conseguido una pequeña fortuna solo con la comisión. 63000 Galeones más rico (sin contar las piedras, que fácilmente podría cambiar por otros 40000 galeones) el pelinegro partió en dirección a Gringotts, sin embargo antes de irse él también adquirió muchos tipos de ingredientes en el callejón con la intención de alistarse para lo que le esperaba, gracias al extraño horario de sueño de los duendes (si es que tienen uno) el banco aún se encontraba abierto por lo que no tuvo problema en entrar y abrir una cuenta con un nombre supuesto. Saliendo del banco enfiló directamente de regresó al caldero chorreante, con la llave que le dejo Tom ingresó a su habitación y se recostó, pasaban de las tres de la mañana por lo que tendría cinco horas de sueño antes de que las tiendas abrieran de nuevo por lo que decidió aprovechar el momento y tras dejar su bolsa en el suelo se derrumbó sobre la cama y cayó dormido pocos minutos después.
Caldero Chorreante Londres, 1 de noviembre (Día 2) 0600 horas
El ruido proveniente del bar lo despertó bruscamente, algo inusitado, ya que no había tenido un sueño tan profundo por más de década y media, sin embargo pese a la molestia debido a su rudo despertar esta se disipó de inmediato por la antelación de lo que estaba sucediendo, la guerra había terminado, sus padres estaban muertos y él se había vuelto una celebridad… negando resignadamente se levantó y comenzó a llenar varias bitácoras con sus conocimientos y a preparar una inmensa variedad de pociones con los ingredientes que adquirió más temprano ese mismo día y utensilios que conjuró y transformó, ahora solo utilizaba la varita mayor, su propia varita había comenzado a perder sus poderes rápidamente desde su arribo y ahora parecía cada vez más una ramita seca, de todas formas Harry aún la mantenía consigo. Gastó el resto de su día en esta tarea ya que sabía a ciencia cierta que no tendría mucho más que hacer hasta la noche o, si la memoria no le era ingrata con ciertos detalles, hasta la madrugada del día siguiente.
Había pasado casi doce horas ininterrumpidas en su labor, el alza y descenso del sol en el exterior eran prueba de ello, la falta de sueño y alimento comenzaron a afectarlo, lo noto cuando estuvo a punto de arrojar el ingrediente final de su propia versión de poción matalobos en la formula de convocación animal para la misma especie. Luego de espabilar y cerciorarse que no había cometido algún error en las otras pociones, decidió aprovechar que estas necesitaban cocerse por el resto de la noche y bajo a la fiesta en el bar para aprovecharse un poco del buen humor de Tom, que se encontraba invitando el primer trago a cualquiera que entrara en su establecimiento ese día, aceptó una cerveza de mantequilla y pidió algo para comer.
-¿Qué sucede con usted joven? –Le reprendió en medio de la algarabía el cantinero al notar que su cliente no parecía ni de lejos tan feliz como el resto- ¡Este debería ser un día para celebrar! –Opinó abriendo los brazos para abarcar el significado de sus palabras señalando la ruidosa celebración.
-Lo sé –admitió tratando de sonreír pero fallando debido al cansancio y demás estrés acumulado- pero mi familia murió apenas ayer y no estoy precisamente de humor para las celebraciones –la sonrisa de Tom decayó al instante y miro comprensivamente al joven, asintiendo.
-Ya veo, discúlpeme joven no lo sabía –se excusó.
-No hay problema –dijo silenciosamente apartando su plato, ahora vació y regresando a ver al apenado cantinero, decidiendo cambiar el tema preguntó- ¿Sabe de casualidad donde puedo encontrar un buen baúl de viaje? –Tom se rasco la cabeza pensando, y agradecido por la salida del joven ante la incómoda situación.
-Bueno… la tienda de Lemarin siempre ha gozado de buena reputación, y puedo dar fe de que sus baúles son excepcionales además de muy duraderos, aunque nunca he adquirido ninguno de sus trabajos especiales por obvias razones…
-¿Trabajos especiales? –Preguntó sinceramente interesado, no había escuchado de este Lemarin antes pero no había comprado un baúl luego de Hogwarts y muchos negocios desaparecieron para siempre junto con sus negociantes cuando los mortifagos tomaron el callejón Diagon.
-Si se lo pides puede construir cosas asombrosas bajo encargo, supe que uno de sus clientes compro uno que tenía prácticamente una mansión en su interior –le contó- otro compró uno que incluso tenía un bosque completo adentro y hechizos para simular tanto la luz del sol como la noche o lluvias internas... pero son sumamente costosos además de que no son prácticos si lo que necesitas es inmediato ya que toma tiempo acoplarlo todo y el viejo Leeds es muy meticuloso respecto a su negocio, no entregaría nada por debajo de la perfección, suele tomarle muchos meses terminar el trabajo dependiendo de la dificultad.
-¿En dónde lo encuentro? –Preguntó directamente el pelinegro, mientras sacaba de su bolsa unos pergaminos y comenzaba plasmar apuntes en ellos al toque de su varita, como si lo que pensara se escribiera.
Había pensado en comprar un baúl que resguardara ciertos objetos para que su yo más joven los recuperará dentro de algunos años pero con lo que describía Tom podía hacer mucho más, algo sorprendido por el repentino entusiasmo del joven, el dueño del bar le señaló a un hombre que bebía hidromiel en una de las mesas mientras conversaba animadamente con otros cuatro acompañantes, era un hombre un poco robusto con facciones redondas un poco calvo pero con rostro afable, su poco cabello era marrón igual que sus ojos vestía con una camisa a rayas, pantalón de tirantes y un delantal de carpintero, tras terminar de escribir sus especificaciones con paso decidido Harry se levantó, llevando su bolsa de viaje que lo acompañaba a todas partes, y se acercó al hombre.
-¿Sr. Leeds? –Preguntó amablemente, el hombre regresó a verlo con una abierta sonrisa.
-El mismo –contestó animado- ¿en qué puedo ayudarle?
-Lamento interrumpir su bebida, pero me han informado que con usted debo hablar si deseo conseguir un baúl mágico excepcional –comentó, la expresión de Leeds cambio a una más sería pero no parecía disgustado sino más bien profesional.
-Si me disculpan amigos –se excuso levantándose para seguir a Harry hasta un apartado donde ambos tomaron asiento y se sirvieron dos tarros enormes de hidromiel- ¿Y qué es lo que tiene en mente Sr.…?
-Evans –contestó Harry con el mismo nombre que había dejado para su cuenta en Gringotts- James Evans, y esto… -dijo pasándole al hombre los pergaminos que acababa de escribir- es lo que tengo en mente –Leeds los tomó con cierta curiosidad, la cual se iba incrementando a medida que avanzaba en su lectura hasta convertirse en asombro- ¿Puede hacerse? –Preguntó ganándose una mirada indignada de parte del hombre- pregunte si puede hacerse –le recordó de forma práctica- no si usted puede, se bien que si no puede nadie más podría hacer este trabajo –esto pareció satisfacer a Leeds pero aún tenía el ceño fruncido al terminar de revisar las especificaciones de aquel baúl.
-Bueno, no le mentiré Sr. Evans, esta es la primera vez que me encomiendan un trabajo tan complejo… o tan especifico –lejos de parecer intimidado Harry podría jurar que el hombre parecía ansioso de poner a prueba sus habilidades al construir ese baúl, incluso podía ver el rebote de sus pensamientos acerca de cómo resolver los asuntos más complicados- pero estoy plenamente seguro de poder lidiar con la tarea… aunque le avisó de antemano que requerirá de una considerable inversión, tanto monetaria como temporal –advirtió.
-¿Aproximadamente? –Le preguntó con calma.
-No podría decirlo con absoluta certeza justo ahora, de hecho solo lo sabré una vez que esté terminado –contestó con honestidad- pero temo decirle que, un trabajo como este, estoy seguro de que no tomara menos de dos años.
-En tanto tome menos de cuatro me daré por bien servido –le aseguró tranquilamente el ojiverde, Leeds revisó los números dentro de su cabeza un instante antes de asentir razonablemente confiado.
-En cuanto al dinero tampoco puedo estar seguro hasta terminar pero no puedo aceptar una entrada menor a diez mil galeones por un trabajo así –calculó el hombre reflexivamente- y podríamos arreglar otra reunión más adelante, cuando tenga una mejor idea, para arreglar como finiquitara el resto de la deuda.
-Le adelantare treinta mil galeones el día de hoy –decidió el pelinegro con la mayor naturalidad del caso, Leeds lo observó atónito por semejante decisión- y le daré carta blanca para que usted agregue lo que considere necesario para perfeccionar este trabajo –concedió con una inclinación de cabeza- lo que falte será cancelado al retirar dicho trabajo, de antemano le avisó que no seré yo quien lo retire sino alguien que me representara –le avisó, Leeds asintió conforme.
-¿Cómo sabré que viene de parte suya?
-Porque él sabrá los detalles de nuestro trato –contestó simplemente- debo suponer que nuestro negoció tiene calidad de confidencial ¿verdad? –Leeds asintió, nuevamente pareciendo levemente indignado ante la duda, Harry extendió su mano ofreciéndola cortésmente- ¿tenemos un trato entonces?
Luego de estrechar sus manos ambos salieron rumbo a Gringotts, que continuaba laborando como un día cualquiera sin prestar atención a las celebraciones que se desarrollaban en el mundo de la gente con varitas, hicieron un traspaso de la cuenta de James Evans a la de Lemarin Leeds y luego ambos se despidieron con otro apretón de manos antes de seguir por diferentes caminos. Luego de esto dedicó lo que quedaba de la noche en dormir un poco, las pociones que hervían a su alrededor por toda la habitación daban solo una tenue iluminación y el calor que inundaba el lugar era gratamente reconfortante, a pesar del olor de algunas pociones y la algarabía en la parte de abajo logró conseguir otro sueño relativamente tranquilo hasta la media noche, le había pedido a Tom que le despertara a esa hora para partir y como el hombre sabía que seguramente seguiría despierto debido a las celebraciones no tuvo ninguna objeción. Apenas Harry estuvo despierto envasó todas las pociones, las guardó y abandono el caldero chorreante luego de dar a Tom las gracias por su hospitalidad y beber un último tarro de cerveza de mantequilla.
En el tranquilo poblado de Little Whinging algo inusitado estaba sucediendo, en medio de una insondable oscuridad una pareja de magos y un semigigante acababan de dejar a un bebé en las puertas del número 4, en la calle Privet. Luego de realizada su tarea y de que el mayor del grupo devolviera la iluminación a la calle mientras los otros se retiraban de distintas formas, el hombre de larga barba plateada le dirigió una última al bulto que acaba de dejar frente a la puerta de los Dursley.
-Buena suerte Harry –murmuró antes de dar media vuelta y desaparecer.
Tan fija había estado su atención en el pequeño de cabello negro que no se prestó atención al extraño comportamiento de un ave que observó toda la escena desde la rama de un árbol cercano, aunque no era extraño, los pensamientos de aquel cuervo era imperceptibles así como la magia que circulaba por su ser, sin mencionar que el oscuro plumaje, tan negro como la noche en sí, lo volvió invisible apenas Dumbledore despojó al lugar de su luminosidad. Una vez esta ave decidió que el lugar era seguro emprendió el vuelo en dirección del portal que acababan de dejar los magos, justo antes de llegar a él se expandió hasta tomar la forma de un hombre envuelto en una oscura capa, el cual sin preámbulo tomo al bulto envuelto en mantas y desapareció sin dejar rastro alguno de que algo hubiese sucedido allí en primer lugar.
En algún lugar entre las montañas, 2 de noviembre (Día 3) 14:00 horas
Hace poco tiempo que habían sido obligados a congregarse para sobrevivir, los magos los habían exiliado, salvo por algunos que se unieron a las filas de un mago oscuro que les ofreció libertades y provechos, las cosas no se veían nada bien para los gigantes pese a que ellos mismos no se daban cuenta de que sus números disminuían más cada mes, ahora debían haber solo unos quinientos cincuenta, las peleas eran cosa de todos los días y cada semana moría por lo menos uno de ellos. Karkus, el Gurg, era tan ignorante de esta situación como su propia gente y mientras esta le llevara comida no le importaba demasiado en realidad, descansando junto al lago observaba las nubes pasar con ocioso placer. Sin embargo su visión fue nublada por una enorme sombra que cubrió el sol sobrevolando los cielos sobre ellos. Una especie de alerta se cernió sobre los enormes seres, tal vez la única cosa que realmente podía herirlos a parte de ellos mismos había aparecido sin ninguna señal previa lo cual nunca antes había sucedido, no tuvieron oportunidad de prepararse antes de que una criatura cuyo tamaño duplicaba el de la mayoría de ellos aterrizara pesadamente en medio del claro, aún los temibles gigantes se apartaron una prudente distancia, guiados primariamente por el temor, algunos por otra parte se estaban preparando para arremeter cuando la figura comenzó a encogerse hasta llegar a poco más de una décima parte de su tamaño original, sin alas ni cola o dientes y garras, solo la figura de un hombre en medio del claro, antes de que alguno terminara de procesar lo que acababan de presenciar la voz del hombre resonó a través de toda la montaña.
-¡QUIERO VER AL GURG! –Dijo claramente en la lengua propia de los gigantes, tuvo que repetir el ultimátum tres veces hasta que los presentes se apartaran dándole el camino libre, al principio hubo unos pocos que intentaron aplastarlo al ver que ya no tenía la forma de aquella enorme bestia, pero estos salieron disparados de regreso unos cuarenta metros con un ocioso movimiento de la mano del mago antes de que este repitiera su petición. Una vez se halló frente al enorme jefe este hablo con voz áspera pero segura, propia del gigante líder.
-¿QUÉ QUIERE MAGO AQUÍ?
-DAR UN REGALO AL PUEBLO DE LOS GIGANTES
Sin otra palabra de por medio de entre sus ropas el mago extrajo una esfera de cristal rellena de una neblina del color de la aurora.
CRASH
La esfera fue aplastada en la mano del pelinegro y la neblina se disperso por toda la montaña, en cuestión de segundos los centenares de gigantes cayeron pesadamente dormidos en sus sitios, con un movimiento de su varita enormes líneas se dibujaron en el suelo por una extensa área, desde lo alto alguien hubiera sido sorprendido por un gigantesco ojo envuelto por una pirámide, mismo que se ilumino en cuanto Harry, que se hallaba justo en el centro, colocó su mano sobre él. Los gigantes comenzaron a retorcerse como si tuvieran pesadillas o algo semejante pero aquello no duro demasiado, luego tanto la luz como el grabado en el suelo se vieron extintos. Pasarían varias horas inconscientes por lo que Harry aprovecho para transformar algunas piedras del lugar, para hacerlas más lisas y cargarlas con una considerable cantidad de magia además de grabarlas con runas, dejo algunas en el lugar pero encogió la mayoría las colocó dentro de su bolsa de viaje, transfiguro muchas otras cosas también. Estaba anocheciendo cuando decidió que era hora de levantar a Karkus, lo enervó de vuelta con su varita, el enorme Gurg se despertó lentamente y tardó unos minutos en levantarse, cuando lo hizo lo primero que enfoco fue al mago que los había sorprendido, su primer impulso fue el de tomar su garrote y aplastarlo, sin embargo no lo hizo, por lo que había visto que les paso a los otros gigantes que intentaron lo mismo sabía que no serviría de mucho.
-¿Te encuentras bien Karkus? –Escuchó preguntar al hombre de cabello negro, Karkus estaba a punto de replicar que no entendía su lengua cuando, se dio cuenta de que realmente entendió lo que el mago le preguntó, tardo otro minuto en asimilar esto pero no entendía el por qué.
-Cabeza, dolor –replicó tras un rato sorprendiéndose a sí mismo, ya que no sabía cómo es que podía hablar la lengua del extraño- ¿Qué… -intentó preguntar, le tomo unos segundos ordenar las palabras para que salieran de su boca- qué hiciste? –Logró preguntar finalmente, vio la sonrisa en la cara del mago crecer desproporcionadamente al escucharlo y entonces lo comprendió, tal vez no entendía cómo, pero sabía que fue ese mago el que lo hizo.
-Como te dije antes, les di un regalo –contestó inocentemente- ¿no es esa la costumbre cuando se visita a los gigantes?
-¿Qué hiciste? –Repitió comenzando a perder la, inusualmente extensa, paciencia que tenía el día de hoy, la cual comenzaba a sospechar también tenía algo que ver con lo que el mago les había hecho a él y a su gente.
-Les di conocimientos –contestó llanamente, el gigante miro al pelinegro confundido, le tomo otros dos minutos terminar de entender lo que había dicho pero cuando lo hizo sus ojos se abrieron con enorme sorpresa.
-Por eso puedo entender.
-Exacto –respondió con una inmensa sonrisa, el Gurg arrugó el ceño.
-¿Qué quieres conseguir con esto? –Pregunto hoscamente.
-¿Por eso?, nada –contestó honestamente, el gigante lo miro sorprendido- es la costumbre dar un regalo al Gurg el día que se lo visita para pedirle audiencia al día siguiente, pero yo carezco de tiempo.
-¿Careces? –Repitió intrigado, tanto por el significado de la palabra como por el hecho de entender lo que esta significaba.
-Moriré al terminar esta semana –contestó indiferentemente, el gigante lo miro pasmado, no podía imaginar algo capaz de extinguir a un ser así, habiendo pasado la mayor parte de su vida valiéndose de sus instintos más básicos podía sentir cuando algo era peligroso o poderoso, y este mago era el ser más poderoso que jamás hubiera visto. Se había percatado desde que apareció, aún sin su forma de bestia su presencia no dejaba de ser intimidante.
-¿Qué quieres? –Preguntó nuevamente Karkus retomando la conversación anterior, Harry sonrió, por muy diferentes que fueran en apariencia a gigantes y a duendes no les gustaba perder el tiempo con banalidades como la sutileza… y a él tampoco.
-Como ya dije carezco de tiempo, así que decidí saltarme el protocolo y darles todos mis presentes en un solo paquete –contestó mientras levantaba su mano y arrojaba un lumus tan poderoso que ilumino toda la explanada como si fuera un pequeño sol desde el cielo.
El gigante cayo sentado de la impresión, su explanada seguía siendo en apariencia la misma… solo que era mucho más grande, incluso las cosas eran más grandes, le tomo un momento levantarse para observar todo, los árboles del bosque median sobre los sesenta metros ahora y eran el doble de gruesos que su propio torso, viendo más de cerca se percató de que había muchos árboles con frutas, llegó a un manzano y retiró una dudosamente, era tan grande como su puño, había visto a pequeñas criaturas comer esas cosas pero nunca pensó poder hacer lo mismo, no se llenaría con algo así, pero ahora que podía… mordió la fruta con curiosidad y una sensación de placer apareció en su rostro mientras masticaba y un poco del jugo de la manzana caía por su quijada, terminó la manzana mientras se dirigía al lago el cual ahora parecía un pequeño océano de agua dulce y cristalina, a lo lejos vio saltar una trucha tan grande como su un ballenato joven, el mago lo siguió todo el camino aparentemente encantado con la reacción del Gurg, Karkus se inclino en la orilla y sumergió so mano en el lago, a los suyos no les afectaba el frió debido a lo grueso de su piel, eso no significaba sin embargo que fueran inconscientes del cambio en la temperatura.
-Está más cálido –comentó.
Entonces regreso su atención al resto del lugar, la nieve ya no se encontraba, todo era casi por completo verde salvo por un inmenso espacio a lado de los árboles frutales que parecía listo para arar, casi al momento de pensar en esa palabra se dio cuenta de cómo es que ella y su significado habían llegado a él. Casi por reflejo regreso a ver a su no anunciado escolta, pero solo un momento antes de continuar con el recorrido, ahora que el valle era tan grande que los gigantes parecían del tamaño de humanos normales le tomo un tiempo llegar al extremo más apartado, pero el tiempo valió la pena por lo que encontró allí. Un pueblo entero con monumentales casas de un piso completamente hechas con los troncos de los árboles, aunque a simple vista no parecían suficientemente grandes para que un gigante diera más de tres pasos en línea recta dentro de ellas, en ninguna dirección. Curioso, Karkus entró en la primera que tuvo a su alcance, al principio se dio cuenta de que era mucho más grande por dentro de lo que parecía por fuera, tenía un comedor, dos cuartos, camas, un baño, una sala y una cocina, todo era rustico y rudimentario pero para el gigante era lo más asombroso que jamás haya visto, incluso los instrumentos de cocina, que en alguna parte de su cabeza se encontraba como utilizar si tenía que hacerlo para preparar comida más elaborada que animales crudos o brevemente tostados al fuego.
Este último pensamiento llamó su atención sobre lo que había en el centro del pueblo, el cual poseía unas cuatrocientas cabañas iguales, en un enorme montículo de piedra, semejante a un altar, había una hoguera formada por centenares de robustas y largas ramas, tomo una con curiosidad para ver si hacía algo pero no le vio nada anormal, incluso la tocó, al sentir la quemadura la soltó por reflejo, la rama rebotó hasta el suelo sobre un charco de lodo, sin embargo el lodo se seco y la llama siguió ardiendo.
-Es fuego de Gubraith –explicó el mago tomando la rama y regresándola a la hoguera, se rió levemente de la expresión confundida de Karkus- yo puse la misma cara la primera vez que alguien menciono el nombre –le aseguró sin reducir su sonrisa, por alguna razón Karkus también sonrió apreciando la broma- significa que jamás se extingue –aclaró y el gigante asintió antes de regresar a ver una última cosa llamativa del lugar.
Un pozo tan alto que la piedra le llegaba hasta la cintura y de al menos diez metros diámetro, así que su primera impresión es que debían de ser cuidadosos con él, esto fue claro hasta que se asomó al borde, estaba completamente techado para proteger el agua de interior pero no tendría más de cuatro cinco metros de profundidad que de ninguna forma alcanzaría para suministrar entre toda la comunidad de gigantes, ya no le sorprendía que esta información se encontrara dentro de su cabeza, así que solo regreso a ver al mago interrogante.
-Se rellena –explicó con sencillez- directamente ya sea del lago o de la montaña así que no debería llegar a vaciarse, sin embargo le sugiero a ti y a tu gente que sean cuidadosos con sus nuevos recursos, no son completamente ilimitados y ustedes deben poner de su parte –le avisó con seriedad, el Gurg asintió comprendiendo, pero una pregunta resonó en su mente y decidió expresarla.
-¿Por qué haces todo esto? –La primera respuesta fue una media sonrisa.
-A algunos magos todavía nos importa si los gigantes continúan existiendo –contestó simple y sinceramente- simplemente no quiero ver que tu especie o muchas otras se extingan solo por la ignorancia de algunos magos que desgraciadamente se encuentran en el poder.
-¿Extinguirse? –Repitió consternado el Gurg, Harry lo miro comprensivamente.
-Es verdad que con todo lo sucedido el día de hoy aún no has tenido oportunidad de pensar en eso –admitió- pero escúchame un momento, de acuerdo –Karkus asintió, un movimiento de mano de Harry y en el suelo aparecieron, como dibujados con un vara en la tierra, cientos de dibujos un tanto burdos de personas, o mejor dicho de gigantes- en este momento hay cerca de seiscientos gigantes en el mundo, casi todos ellos en este mismo valle ¿cierto? –Otro movimiento de cabeza le confirmó que el Gurg entendía esto- sin embargo cada luna llena (expresión que se utiliza para determinar un mes) su número disminuye debido a las peleas como ya te habrás dado cuenta, esto sucede porque no están acostumbrados a vivir en grupos tan grandes –explicó con otro pase de su mano cinco figuras fueron tachadas y desaparecieron, Karkus escuchaba con atención pese a no entender a donde quería llegar el mago con eso- si las cosas continúan a este paso en doce lunas llenas, o lo que mi gente llama "un año"… -otro pase de su mano y esta vez fueron sesenta figuras las que desaparecieron ante los sorprendidos ojos del gigante, podía hacerse una idea de cuánto tiempo era eso y la perspectiva no era alentadora, eso significaba que si las cosas seguían a ese ritmo- y en diez años… -un último pase de la mano del mago le confirmo al Gurg sus terribles sospechas, por primera vez desde que tenía memoria sus poderosas piernas no fueron capaces de sostenerlo, cayó pesadamente sobre sus rodillas y sus manos mientras observaba como cada figura era tachada y desaparecía.
-¿Estamos condenados? –Preguntó a nadie en particular, sin embargo una mano se apoyó en su brazo como si fuera un árbol, regresó a ver al mago que sonreía alentadoramente.
-No todavía –le contestó- créeme Karkus todo lo que hice con este valle no es nada –dijo haciendo énfasis en la última palabra- comparado con lo que les hice a ustedes ¿No te has preguntado por qué decidiste no aplastarme en cuanto te despertaste? –Aquella pregunta sin duda había pasado por su cabeza pero no le había prestado mayor atención con todo lo que siguió- los conocimientos que les di serán la clave para su supervivencia, el resto son solo juguetes, que si cuidan apropiadamente les ayudaran bastante –los ojos del gigante se abrieron con una nueva esperanza mientras colocaba su mano sobre la del mago, cubriendo casi todo su brazo y tratando de no aplastarlo.
-Muchas gracias –le dijo sinceramente- mi gente estará en deuda…
-No empecemos con eso de las deudas de nuevo –le cortó el mago ante la confundida mirada del Gurg- olvida lo que dije –le sugirió dándose la vuelta y retirándose por la calle principal hacía las afueras del pueblo seguido de Karkus- el lugar está protegido para que nadie más que otros gigantes puedan encontrarlo, o los magos que ustedes decidan que pueden entrar, cómo hacer esto ya está dentro de sus mentes solo tienes que ver las piedras con runas en las entradas del valle para recordarlo, hay algunas más de estas piedras que tienen otros poderes dentro de las cavernas, estas tiene instrucciones graficadas en los muros de las mismas para saber cómo usarlas y que es lo que hacen –Karkus asintió recordando todo- una cosa más, ya que insisten en estar en deuda conmigo tengo un favor que pedirles… -dijo con un cierto grado de duda, no quería que pareciera como si hubiera hecho todo eso por simple interés. El Gurg lo miro expectante, pero al final de su explicación pareció contrariado.
-¿Eso es todo? –Preguntó claramente extrañado.
-Sí –contestó llanamente- eso y que me prometas que harás todo lo que esté en tu mano para que esta comunidad prospere –agregó mortalmente serió- no dejes que todo esto… -dijo señalando el lugar extendiendo al completo sus brazos- sea para nada.
El gigante se irguió en toda su imponente estatura, orgullo y determinación emanando de él, asintió una sola vez con la cabeza con la formalidad y el respeto con el que se dirige un soldado a su superior, luego su vista se fue levantando del suelo mientras la sombra que proyectaba el mago iba creciendo y cambiando hasta cubrir por completo al Gurg, el cual ahora lo miraba hacia arriba directamente a unos enormes y profundos ojos verdes que quedarían grabados en su memoria hasta el día de su muerte, la impresionante bestia dio un asentimiento de cabeza en señal de despedida antes de agitar sus poderosas alas y emprender el vuelo fuera de aquellas montañas, las protecciones volvían imposible para otros magos (y muy difícil para él) aparecerse o desaparecerse en aquel lugar, una vez estuvo suficientemente alto regreso el cuello solo para ver un enorme espacio vació en medio de las montañas a través de los furiosos vientos de una tormenta que empezaba a desatarse, sin embargo con su forma actual aquellos vientos huracanados era poco más que una brisa matinal mientras sus afilados ojos atravesaban el panorama con la misma facilidad que lo harían en un despejado día de verano.
Frontera Transilvana, Rumania, 3 de noviembre (Día 4) 00:00 horas.
Una sombra con alas sobrevolaba los escabrosos parajes de esta apartada zona sin problema aparente, después de todo era muy frecuente ver cuervos por este lugar, sin embargo la experimentada guardia no había llegado a su posición actual luego de siglos de experiencia sin aprender a distinguir un comportamiento inusual, muchas sombras rodearon al ave al tiempo que esta se detenía de su avance casi estática en el aire antes de tomar forma humana.
-Buenas noches caballeros, señorita –saludó formalmente por completo indiferente ante la amenaza que representaban seis vampiros de la guardia principal, completamente armados, Harry se tensó momentáneamente al notar a la vampiresa de cabello rojo, preguntándose si esto era una especie de pesada broma del destino, allí estaba ella, absoluta e imponente, exacta hasta el último detalle de cómo sería cuando se conocieran dentro de veinticinco años, desde su pálida piel hasta sus ojos color rojo fuego igual a sus rizos que le llegaban hasta más debajo de los hombros. Casi todos lo veían con burla y superioridad- deseo tener una audiencia con el consejo de ancianos –solicitó directamente, algunos lo miraron sorprendidos por semejante disparate pero la mayoría solo rió burlonamente.
-No crrreó que seas del agrrrado de ellos, perrro puedes satisfacerrr nuestrrra sed –comentó uno de ellos acercándose, casi al paso el resto se acercó rodeándolo, Harry notó que de entre todos ellos solo Natalia mostraba la suficiente precaución de tener su mano al alcance de su espada de necesitarla y su ballesta preparada, tomando nota mental de esto el mago actuó.
Un fugaz movimiento de varita que pareció envolverlo y solo la vampiresa que iba preparada tuvo oportunidad de bloquear el hechizo usando su espada como escudo, aunque esta se abolló, defendió su corazón de la lluvia de estacas plateadas que les cayeron encima, sus compañeros no fueron tan afortunados, el resto se hallaban literalmente clavados al suelo o a los árboles colindantes, sus propios hombros se encontraba clavados en un abeto pero aún podía moverse a diferencia de sus camaradas que debido a las estacas en sus corazones se quedaron completamente paralizados, un segundo movimiento de varita del misterioso mago y estos vampiros fueron despedazados y se consumieron en medio de un mar de llamas esmeraldas iguales a los ojos de su ejecutor. La pelirroja intento retirar las estacas que la sujetaban para poder volver al ataque pero ni bien su mano alcanzó la primera de estas su cuerpo entero se paralizó, solo sus ojos podían moverse en la dirección donde una brillante hoja plateada, que salía de una varita, atravesaba su pecho, dejándola completamente a la merced del intruso que acababa de materializarse de la nada frente a ella, luego de acabar con un escuadrón completo de cazadores de muerte, no tenía idea de cómo era esto posible pero supuso que en unos instantes ya no importaría.
Se equivocó.
-Necesito que alguien lleve el mensaje que acabo de dar a oídos de los ancianos –dijo lenta y entonadamente mirando directamente los ojos escarlatas, la vampiriza intentó aprovechar este "descuido" de parte de su agresor para contraatacar con sus poderes psíquicos, sin embargo prontamente descubrió que era como golpear muros de granito con una vara de bambú, nunca había percibido defensas mentales tan poderosas, ni siquiera en los ancianos- no te esfuerces –le recomendó impertérrito, obviamente enterado de su pobre intento por controlarlo- por favor ve e informa a los ancianos que me reuniré con ellos en la cámara del consejo antes del amanecer.
Sin agregar nada más se desvaneció, no era la típica desaparición que había visto hacer a los magos, era mucho más parecido al método de desplazamiento de los vampiros de hecho. Al darse cuenta de que se encontraba sola también se percató de que tanto la espada en su pecho como las estacas en sus hombros habían desaparecido junto con el mago, apenas en ese momento fue totalmente consciente de su situación.
¡Un mago acababa de perdonarle la vida!
Un furioso grito de ira resonó a través del oscuro bosque transilvano llevando escalofríos a toda aquella criatura que fuera capaz de escucharlo, en especial se le erizaron las plumas a cierto cuervo de ojos verdes que se había apoyado en una rama no muy lejos de allí para descansar algunas horas antes de su reunión con los patronos del ominus nocturna. No estaba muy complacido por la forma en que resulto su llegada, sabía bien cuáles eran las leyes que aplicarían los vampiros en cuanto Natalia se presentara de regreso, también sabía que ella preferiría eso que la alternativa pero Harry no quería dejar las cosas así, por otro lado estaba lo que tendría que hacer para presentarse ante los más desalmados vampiros que alguna vez hayan caminado sobre la tierra, sabía bien que entre más despiadado se mostrara esa noche más sencillo resultaría tratar con los ancianos. Estos solo se contenían de convertir el mundo en su banquete personal porque sabían bien lo arriesgado que sería iniciar una guerra abierta con los magos. Ya antes había pensado una forma de derrocar a esos autócratas adictos a la sangre, pero la guerra con Voldemort ocupaba su mente por completo, sin embargo ahora un plan estaba terminando de afinarse dentro de su cabeza, de haber sido posible el pico del ave se habría curvado en una sonrisa.
Faltando solo quince minutos para el amanecer hizo su aparición frente a las puertas de la fortaleza del mismísimo Conde Vladislaus Tepes, Vlad el empalador o el Conde Drácula como algunos lo llamaban. El cual no fue desde luego el primer vampiro ni mucho menos, su raza tenía ya miles de años antes de que él fuera mordido, sin embargo fue el más conocido de su raza, lo cual tampoco era una hazaña sino una vergüenza, por lo que fue ejecutado y sus bienes incautados, sin embargo su castillo y su obra fueron hasta cierto punto del agrado de los ancianos por lo que estos decidieron albergar su bastión principal en estas tierras. Completamente ocultas y prácticamente imposibles de encontrar si no conoces su ubicación exacta, en esta ciudad-fortaleza yacen noventa mil vampiros y los principales tesoros de la raza vampírica, tienen una infraestructura y demás pero lo principal para ascender es no demostrar misericordia.
Y eso fue exactamente lo que el mago de la cicatriz hizo…
En apariencia.
Las puertas del castillo cayeron en dirección opuesta a lo que deberían, hechas astillas, casi de inmediato centenares de soldados arremetieron en contra del intruso, como ya habían escuchado acerca de él decidieron no subestimarlo, eso no impidió que la mayoría cayera en cenizas consumidos por fuego de diferentes tonalidades, algunos eran consumidos por flamas azules, otros rojas algunos por llamas verdes y los menos afortunados por llamas negras, estos parecían continuar agonizando aun después de ser consumidos por el fuego. La mayoría de los que se cruzaban en su camino fueron calcinados de inmediato algunos empalados en estacas pero nadie salió ileso a su paso, ya fueran las figuras de bellas mujeres o tiernos e inocentes niños, todos eran aniquilados o descuartizados si se interponían en su camino, cerca de treinta mil vampiros cayeron definitivamente antes de que siquiera pasara de los muros exteriores hasta el interior de la fortaleza, las enormes puertas de roble de esta también cayeron sin mayor dificultad junto con una parte de la desproporcionada roca que la rodeaba. El avance fue inmediato, él conocía perfectamente estos pasillos, tal vez no tan bien como los de Hogwarts pero tanto como el Ministerio de Magia, Dumstrang o Azkaban, aún así otros diez mil vampiros se las ingeniaron para materializarse en frente suyo antes de llegar a las puertas de acero que resguardaban su recinto principal, con los que se encontraban dentro del castillo no tuvo ninguna vacilación en calcinarlos apenas se le atravesaron. Arreglo un poco sus ahora desgastadas prendas, su capa en especial comenzaba a verse menos brillante al igual que su varita comenzaba a advertir cada vez marcas más notorias, sin embargo esto fue lo de menos cuando con un movimiento de su mano abrió las puertas y se adentró en el interior de la sala, una muy parecida a la sala de juicios del ministerio, solo que mucho más lúgubre, justo en el centro de esta se hallaba encadenada y vestida solo con harapos la vampiriza pelirroja, aún así permanecía indiferente ante la perspectiva del castigo, sin embargo le dirigió una mirada homicida en cuanto entró, haciendo caso omiso de eso avanzó hasta quedar peligrosamente cerca de la restringida guerrera y dirigió su atención al podio.
-Espero no interrumpir –saludo formalmente en arameo, la lengua madre de los vampiros, uno solo podía dirigirse a los ancianos en esa lengua, con una inclinación de cabeza- ¿sería correcto suponer que fueron advertidos de mi llegada?
Los ancianos no respondieron inmediatamente, algunos seguían observando estupefactos el lugar por donde la puerta aún abierta permitía observar un siniestro espectáculo de destrucción masiva. Cuerpos cercenados aún quemándose y moviéndose de manera tan poco perceptible que solo sus ojos eran capaces de distinguir aquello, incluso los más imperturbables de entre su raza que miraban los siglos pasar como si fueran días y los más inverosímiles eventos transcurrir con indudable aburrimiento, se encontraban sorprendidos aunque de entre los nueve solo dos habían sido incapaces de evitar demostrarlo. Ya viéndolos a todos de nuevo parecía que había sido ayer, y no dentro de dos y media décadas, cuando él y Ragnarok derritieron aquellas mismas puertas junto con la mayor parte de aquel castillo, tal vez era solo idea suya pero tenía la impresión de que se encontraban mucho más tensos entonces, seguramente el hecho de tener la cabeza de un dragón vigilando cual sería el primero en moverse los mantuvo mucho más alerta. Los nueve no parecían exceder o siquiera llegar a los treinta años (aún cuando su edad superaba los setenta siglos casi no cambiaban, solo la falta absoluta de luz acababa pigmentando su piel y cabello luego de cinco mil años), cabello rubio platinado largo, casi albinos a la vista, con ojos rojo oscuro y pupilas dilatadas para ver en la oscuridad, piel casi traslucida que parecía hecha de papel de arroz, capaz de rasgarse al primer tacto, finalmente uno de ellos habló.
-¿Quién eres?
-¿Deseas que te de un nombre o mi verdadero nombre? –Fue la contestación del pelinegro- porque solo puedo darte un nombre supuesto si lo que necesitas es nombrarme.
-No juegues no nosotros mago –le advirtió Marcus sobriamente, líder del consejo.
-Jugué con ellos –contestó sin alterarse en lo más mínimo señalando el lugar por el que acababa de pasar y la masacre que dejo a su paso- con ustedes, Antiguos, estoy siendo absolutamente serio –aclaró.
-¿Qué es lo que buscas aquí? –Preguntó finalmente otro de los ancianos.
-Ofrecerles un acuerdo mutuamente beneficioso, que estoy seguro va a interesarles –contestó directamente, algunos lo observaron con interés o curiosidad, pero la mayor parte continuo impasible, solo preguntándose que podría querer obtener aquel misterioso mago de ojos verdes.
-Tenemos una política de tratar los asuntos por orden –le avisó Marcus de vuelta señalando a la pelirroja a su lado- primero está el cumplimiento de nuestras leyes, luego podremos hablar de negocios.
Harry regreso a ver a la vampira y de reojo a la compuerta sobre su cabeza que dejaría entrar el sol directamente sobre ella, conocía bien esas leyes, "la última voluntad de un vampiro", según su creencia uno era "dueño de lo que mataba", de allí que generalmente los convertidos pasaran a ser esclavos de sus creadores, aunque en ocasiones este vampiro llegaba a ser suficientemente fuerte como para acabar con su creador y así ganar su libertad y una posición dentro de la comunidad vampírica. Pero hay otra parte menos conocida dentro de esa ley, "eres dueño de lo que matas y responsable de lo que salvas", también tenía que ver con los conversos esclavizados, si salvabas a alguien de morir convirtiéndolo eras responsable por él y te pertenecía, sin embargo también se aplicaba a los vampiros, si alguien les salvaba o perdonaba la vida tenían que someterse a su voluntad, la única excepción a esta regla era si un cazador de muerte le salvaba la vida a un compañero, por lo demás la ley era absoluta sin importar que él salvador fuera vampiro o no, por ser una vergüenza imperdonable para un vampiro necesitar de alguien fuera de su propia raza para sobrevivir los vampiros que caían en esta categoría podían elegir una última voluntad antes de renunciar a ella para someterse a la de su salvador, esta siempre era la ejecución bajo la luz del sol, el método más seguro y eficaz de destruir a un vampiro. Colocándose un poco más cerca de la pelirroja, que no dejaba de mirarlo como si quisiera matarlo con la mirada antes de arder, el pelinegro volvió a hablar.
-¿Les importaría si arreglo un asunto con ella antes de que procedan? –Los ancianos regresaron a verse entre ellos pero tras una leve deliberación asintieron.
Sin decir ni preguntar nada Harry saco cinco piedritas de su bolsillo, estas se agrandaron hasta tener casi un metro de alto y se distribuyeron formando un pentagrama alrededor de la condenada, una vez en su sitio las runas escritas en ellas comenzaron a brillar y formaron una estrella atrapando a la vampiriza en el centro, esta fue tomada por sorpresa tanto por esto como por el mago que aprovecho su leve desconcierto para hacerla beber una poción que llevaba en un frasco, de color rojo brillante, sujetándola por la garganta y forzando la poción a través de su sistema con magia. Finalmente murmuró un conjuro y un rayo dorado atravesó la espalda de la pelirroja y se condujo a través de las piedras hasta regresar de vuelta y adentrarse justo en el pecho de la vampira, cargó las piedras con magia logrando que brillaran mucho más, los vampiros tuvieron que cubrirse los ojos ante la luz unos segundos antes de que esta desapareciera, cuando lo hizo la vampiriza seguía en el mismo lugar, aunque de rodillas y aparentemente muy cansada, aparentemente sin daño alguno, un análisis más detallado habría revelado únicamente que su piel era un poco menos pálida que antes.
-Supongo que ahora podemos continuar –argumentó el pelinegro como si nada hubiera pasado mientras las piedras volvían a su bolsillo. Un movimiento de su propia mano y los seguros de la compuerta se abrieron ante la curiosa vista de los vampiros presentes, sin embargo no mostraron mayor sorpresa en realidad por ver al mago realizar magia sin necesidad de su varita, lo que sí consiguió algunas exclamaciones de sorpresa fue ver a la condenada pelirroja ser bañada completamente por los mortales rayos del sol sin recibir ni tan siquiera la más ínfima quemadura. De entre todos la vampira parecía la más sorprendida por este hecho, incluso dirigió sus ojos al cielo para confirmar que era la del sol la luz que la envolvía inofensivamente, al hacerlo se perdió en el espectáculo que se suponía prohibido para ella desde hace más de cuatro siglos.
-¿Qué es lo que has hecho? –Demandó saber uno de los ancianos casi al instante, lejos de parecer molesto lucía ansioso, el líder del consejo le dirigió una mirada reprobatoria y casi de furia, la conversación que hubieran trabado mentalmente forzó al anciano a regresar a su asiento claramente intimidado.
-Ahora… –dijo tranquilamente- hablamos de negocios. No se preocupen –les alentó al verlos tan tiesos como estatuas de mármol- no se trata de algo excesivo en absoluto, pero debo advertirles que esta, como cualquier otra magia, tiene sus limitaciones y restricciones –dijo calmadamente, ahora se encontraban atentos- este ritual y la poción solo funcionaran al 100% de efectividad en un convertido.
-¿Estás diciendo que aquellos tienen un potencial mayor que los nacidos puros? –Inquirió fríamente uno de los ancianos.
-El ritual es muy específico respecto a algo, y no tiene que ver con sus poderes o herencia vampírica –aclaró uniformemente- el ritual tiene que ver directamente con la parte humana del vampiro –ante esto algunos hicieron exclamaciones de asco o furia ante la idea de que dicha parte les diera poder, haciendo caso omiso de ellos el ojiverde continuó- los vampiros son demonios de la oscuridad que no pueden sobrevivir a la luz del sol, eso es un hecho, pero los humanos sí, lo que hace este ritual, con ayuda de la pócima es extraer esta resistencia de su parte humana sin afectar las fortalezas de su naturaleza de vampiro, por ejemplo… -explicó antes de regresar a ver a la pelirroja que seguía viendo el cielo diurno con fascinación- si su guerrera fuera tan amable de demostrar mi punto quitándose sus cadenas.
Finalmente esta apartó su vista del cielo al notar que todos la observaban, una parte de su mente había captado la petición pero ella solo regresó a ver a sus cadenas, hasta que la orden mental de uno de los mayores le repitió el ultimátum con mayor fuerza, sin detenerse a pensarlo arrancó las pesadas ataduras de hierro sin dificultad, con todos pensando lo mismo Harry finalmente logró escuchar el rebote de sus pensamientos.
-"Asombroso"
-"Con un poder semejante tendríamos la ventaja definitiva si decidiéramos desatar la guerra"
-"Necesitamos reconstruir nuestro ejército"
-¡"Pero tendrán que ser solo de convertidos"!
-"Es un precio aceptable"
-"Pero no el único"
-"Terminemos de escucharlo antes de decidir como procederemos"
-¿Qué es lo que deseas a cambio de este conocimiento? –Preguntó Marcus directamente pero luciendo cauto.
-A cambio de la formula de la poción, la información para el ritual, las piedras con runas para realizarlo y la forma de fabricar más si así lo quisieran –resumió sacando las mencionadas cosas de su bolsa, algunos observaron atentamente la bolsa y la piel de la que estaba hecho pero no demostraron nada al respecto pese a haberla reconocido- a cambio de esto, necesito un favor de su comunidad…
Los ancianos tomaron la noticia casi de la misma forma que el Gurg de los gigantes, pero no comentaron nada al respecto en voz alta, tras deliberar entre ellos accedieron a la petición, sin embargo antes de que él pelinegro se retirara fue detenido por la voz del mayor de los ancianos.
-Te olvidas de ella –comentó simplemente, Harry casi había esperado que no mencionara aquello, pero la pelirroja pareció temblar de ira ante la perspectiva, haciendo caso omiso de ella Marcus continuó- según nuestras leyes…
-Conozco sus leyes –interrumpió el mago cortante. El anciano pareció sorprendido no por la reacción sino por la sinceridad en las palabras, pocos mortales conocían sus costumbres.
-Entonces sabes que ella debe servirte hasta que alguno de los dos muera.
-Lo cual será en menos de cuatro días, por lo que no veo la necesidad de llevármela –los ojos de los ancianos se abrieron un poco más de lo habitual por dicha revelación, la vampiriza por otro lado abrió la boca levemente por la sorpresa luego de girar su rostro bruscamente.
-Eso cambia la situación –admitió Marcus- ¿Deseas que la ejecutemos ahora entonces? –La confundida mirada que aquellos ojos verdes le dirigieron, confirmaron al vampiro que el humano no estaba tan al tanto de sus leyes como él creía, mostrando una sonrisa colmilluda de superioridad explicó- ella ya no posee voluntad, la perdió luego de solicitar su ejecución, acto que tú en cierta manera le negaste, por lo tanto ahora te pertenece, si mueres ella ya no posee ni siquiera tu voluntad por lo que debe dejar de existir –culminó frío e indiferente, Harry apretó sus puños con fuerza pero su rostro permanecía tan impasible como el del vampiro.
-Pero si dejara una última voluntad, ella tendría que seguirla en su totalidad, a pesar de que yo ya no me encuentre en este mundo –acotó tras unos segundos de reflexión, durante los cuales todas las leyes vampíricas pasaron por su cerebro, Marcus lo miro un poco impresionado y asintió tras una breve deliberación con el resto de los ancianos- es mi deseo entonces que a partir del día en que vuestra deuda conmigo quede saldada, que sea ella la que se encargue de acompañarlo y protegerlo –pronunció con tal autoridad en su voz, que incluso la rebelde ojiroja no fue capaz de dirigirle siquiera una mirada contradictoria, ni que decir de una palabra- hasta entonces que permanezca aquí y continué con las tareas que le fueron encomendadas por la comunidad de vampiros.
-Ella perdió ese derecho junto con su voluntad –le contradijo uno de los ancianos imperturbable- no puede volver con los cazadores de muerte.
-Pero ya que me representa a mí… –argumentó tranquilamente el único pelinegro en la sala- puede adquirir un nuevo derecho, y ustedes están próximos a formar una nueva división con los caminantes diurnos de los que se proveerán –un nuevo intercambio de miradas se llevó a cabo antes de que los ancianos dieran su aprobación.
-Natalia Ivanov –la aludida levantó la mirada para encarar su suerte- permanecerás aquí junto a nuestra nueva armada hasta que el día de cumplir la voluntad de tu señor llegue.
-¡ASÍ SE HA DICHO, ASÍ SERÁ HECHO! –Resonó el mandato supremo de los vampiros por toda la recámara antes de que estos se desvanecieran dejando únicamente al mago y a su ahora esclava, la cual miraba el podio sin mirar nada realmente.
Sin decir nada el mago colocó su mano sobre el hombro de ella, la sintió tensarse con repulsión pero no hizo nada para impedírselo, ambos desaparecieron con un leve "crack" y reaparecieron en el bosque donde se encontraron la primera vez, la pelirroja no dijo nada, solo se mantenía con la mirada baja y temblando ligeramente, no de miedo o frío, sino de ira.
-Quiero… -enunció la palabra con un poco más de aversión a sí mismo de la que la vampira probablemente sentía, pero sabía que debía decirlo así si quería que ella respondiera- que lo que tengas que decirme me lo digas siempre de forma directa y sin guardarte nada –fue todo lo que necesito para detonar la bomba.
-¡¿PORRR QUÉ NO ME DEJASTE MORRRIRRR? –Exigió tan alto que a Harry no le hubiese sorprendido que la escucharan en el castillo.
-No pude –fue la estoica respuesta del ojiverde, que no pareció en absoluto impresionado por el arranque de la ojiroja, esta parpadeó un par de veces sin entender bien aquellas dos simples palabras.
-¿Qué clase de rrrespuesta es esa? –Preguntó de vuelta.
-La única que te daré por ahora –contestó de la misma manera antes de ofrecerle un cuaderno con cubierta roja y unos márgenes negros, ella lo miro desconfiada por un instante antes de tomarlo, al momento el cuaderno brilló levemente y los márgenes desaparecieron- ábrelo, pon tu palma en la primera página y di "pido consejo al amo de la muerte" –ella le miro molesta con el hecho de que le estuviera dando órdenes pero obedeció, no tenía alternativa. Al momento el libro se escribió por completo, un tanto curiosa ojeó las páginas para luego fruncir el entrecejo y dirigirle una mirada suspicaz.
-¿Parrra qué quierrro un libro de conjurrros? –Preguntó mordazmente, como retándolo a darle una respuesta parecida a la última.
-Antes eras una bruja –contestó encogiéndose de hombros. Ella no preguntó como sabía eso pero le dirigió una mirada curiosa antes de estamparle el libro contra su pecho.
-La palabrrra clave allí, es antes –le dijo con claridad, rehusándose a dejarla tranquila el mago le paso su propia varita, la cual lucía bastante desgastada, y le susurró un conjuro para que lo usara, sin mucho ánimo la pelirroja apunto desganadamente a un árbol y murmuró "diffindo", el árbol se partió a la mitad ante la sorprendida mirada de la que lo cortó- Pe-perrro mis poderrres desaparrrecierrron cuando me trrransforrrme –dijo confundida.
-Y regresaron como parte del ritual, pero esto lo mantendrás en secreto –le avisó.
-Se darrrán cuenta si trrransforman a un mago –apuntó ella, para su sorpresa el mago solo sonrió.
-Para esa parte se requiere el conjuro que utilice al final, algo que no iba incluido en la información que les di –dijo astutamente- además aún con el conjuro y un mago para aplicarlo se requiera una enorme cantidad de magia y un control muy preciso para llevarlo a cabo. Esta ventaja será únicamente tuya.
-¿Porrr qué haces todo esto?
-Lo sabrás un día –contestó lacónico.
-El hecho de que sea inmorrrtal no significa que sea paciente –le advirtió, a Harry le alegro tanto que ella olvidara que en realidad no podía amenazarlo, que incluso rió suavemente.
-Antes de quince años, es todo lo que te diré –contestó finalmente sin dejar de lado su sonrisa ella no parecía del todo conforme, aunque para su especie no era un largo tiempo en realidad, pero no insistió, luego la expresión del mago cambió a una mucho más seria- esa libreta tiene algo más que hechizos y pociones, asegúrate de leerla toda, te ayudara más de lo que puedas imaginar –le informó- para borrarla solo di "lección terminada" y nadie podrá leerlo –agregó antes de darse media vuelta, el fuerte agarre de la bella pelirroja lo detuvo.
-¿Quién errres tú? –Preguntó finalmente vencida por la curiosidad.
-Otra pregunta cuya respuesta tendrá que esperar –contestó enigmáticamente, antes que ella tuviera oportunidad de reclamar algo más la vio perder el habla cuando su figura creció desmedidamente hasta alcanzar que sus penetrantes ojos verdes la observaran desde una altura de quince metros, la mano de ella ahora sobre unas escamas negras tan duras como el acero pero mucho más resistentes, un fuerte par de aleteos que formaron un pequeño ventarrón y el mago se encontraba dejando a una estupefacta vampiriza en medio del bosque observándolo alejarse en dirección contraria a la del alba.
Bosques de Francia, 3 de noviembre (Día 4), 0800 horas.
Una pequeña niña de profundos ojos azules se encontraba jugando en la orilla de un riachuelo, algunas de sus tías la vigilaban levemente embelesadas, pese a que su propia belleza superaba la de la niña en muchos aspectos, para ellas no había criatura más hermosa que su pequeña sobrina, en particular era el hecho de que alguien como esa pequeña existiera lo que consideraban hermoso, una especie de esperanza, debido a su naturaleza les era casi imposible encontrar sentimientos genuinos y algo como el amor era más una vana ilusión que otra cosa. Por ello la existencia de aquella pequeña era una especie de tesoro, una que creyeron amenazado cuando una dantesca sombra opaco el brillante sol. Debido a la tranquilidad del lugar, que se hallaba dentro de su propia comunidad, no se encontraban alerta, pero de todas formas nunca antes un ser semejante había aparecido prácticamente del aire sin un aviso previo. Pero allí estaba, a escasos diez metros había aterrizado con una sutileza, y hasta cierto punto elegancia, que no eran para nada propias de su tamaño, ni mucho menos de su raza.
Si hubiera sido un abraxan, aún uno domesticado como los que se hallaban solo bajo el cuidado de Beauxbatons, no hubiera aterrizado con tal sigilo como aquel inmenso ser que ahora bebía copiosamente del cristalino riachuelo. Las veelas no se atrevían a hacer ningún movimiento apresurado por temor a llamar la atención, o peor aún, despertar la furia de la bestia, sin embargo cuidadosamente se habían aglomerado alrededor de la pequeña que solo era en parte veela y trataban de llevársela de allí lo antes posible, pero esta parecía haber quedado en shock solo con la imagen frente a sus ojos, majestuosa a la par de aterradora, sin embargo antes de poder levantarla para llevársela la criatura terminó de beber y levanto la cabeza con toda su grandiosa altura en lo que pareció ser una expresión de paz, incluso mantenía sus inmensos ojos cerrados, el movimiento había captado la atención de las beldades espectadoras, casi de manera cautivadora pero sin dejar de estar alerta. Cuando la criatura abrió los ojos sin embargo todas contuvieron la respiración, estos eran de un verde brillante y estaban claramente fijos sobre el grupo más numeroso, el que rodeaba a la pequeña, lenta y tortuosamente la inmensa cabeza, cuyas fauces parecían suficientemente grandes para comerse a todo el grupo de un bocado, se fue acercando hasta estar a solo dos metros de las aterradas bellezas que apenas se contenían de temblar, salvo por la pequeña que se sacudía como una hoja, las veelas se tensaron con antelación listas para saltar en todas direcciones cuando vieron a la criatura inhalar, sin embargo cuando esta exhalo, no fue fuego lo que salió de su hocico, sino un "anillo" de humo, salvo que no tenía la forma de un anillo sino la de un corazón, luego de que este envolviera al sorprendido grupo, la criatura ladeó levemente su cabeza para permitirles ver con mayor claridad como su gigantesco ojo, que no se había apartado de la niña, le hacía un guiño.
Decir que estaban sorprendidas sería, más que un eufemismo, una falacia, las beldades estaban completamente atónitas, salvo por la pequeña de cuatro años que había reemplazado el temor por una extraordinaria curiosidad, no apartaba la mirada de aquellos cautivadores ojos mientras estos se reducían junto con el resto de la figura hasta quedar reducida a la de un hombre de cabello y vestimentas negras cubierto por una capa que parecía tener ya unos años encima.
-Disculpen mi falta de tacto al llegar de manera tan intempestiva –se excusó en un perfecto francés- pero acabo de realizar un vuelo de más de seis horas y casi dos mil kilómetros desde Rumania así que me encontraba demasiado cansado y sediento para notar que había olvidado cambiar de forma –se disculpó pareciendo claramente apenado por su falta de modales. Sin embargo ninguna pareció reaccionar ante su disculpa, todas las veelas aún mantenían una expresión digna de lo que acababan de presenciar, así que sin esperar contestación fue directamente a la solicitud- ¿sería alguna tan gentil de llevarme ante la líder de su comunidad?
-¿Quieres hablar con la abuela? –Preguntó inocentemente la niña soltándose del agarre de una de sus tías.
-Así es –contestó con una sonrisa amable que logró hacer que la pequeña se sonrojara levemente, pese a que la apariencia del pelinegro era un tanto lastimera- ¿Serías tan amable de decirme dónde puedo encontrarla?
La chiquilla asintió sin contestarle mientras se adelantaba para que la siguiera, el resto de veelas les hicieron sequito, no permitían que el mago-dragón se acercara demasiado sin embargo intercambiaron algunas palabras, las veelas también se encontraban un tanto contrariadas con la actitud del mago, hablaba con total tranquilidad hacía la niña haciendo caso omiso de ellas, a pesar de que estaban usando sus poderes al tope de sus capacidades con el propósito de alejar la atención del, en opinión suya, peligroso ser de la infante. Sin embargo este continuaba hablando amistosamente con la pequeña, acerca de cómo pasaba un tiempo allí visitando a su abuela, al principio la niña no se atrevía a preguntarle nada debido a que se sentía aún muy intimidada por la forma en la que llegó, así que para aliviar la tensión el hombre solo le sonrió alentadoramente y le dijo:
-No te preocupes, no tengo ninguna intención de hacerles daño –le aseguró- solo vengo a tratar una solicitud con esta comunidad.
-Te ves cansado –comentó viendo las profundas ojeras del mago mientras se adentraban en un pequeña villa repleta de veelas, al pasar la atención se centraba particularmente en Harry, debido a lo extraño que era ver un hombre allí, mucho más raro aún que dicho hombre aún conserve el raciocinio en presencia de tantas de ellas.
Harry rió entre dientes levemente, había optado por volar convertido en dragón ya que esta forma tenía la enorme ventaja de poder mantener un curso mientras dejara sus alas extendidas y se mantuviera a cierta altura, por lo que podía incluso estar durmiendo, que de hecho fue lo que hizo, y no habría problema, para desviarlo se necesitaría poco más que un huracán. Gracias al cambio de uso horario había estado volando con el sol a su espalda, esto le permitió poco más de cinco horas de sueño hasta llegar a la frontera francesa, sin embargo este fue su primer descanso desde de que partió del caldero chorreante hace más de treinta y dos horas, además de que había gastado cantidades abismales de magia tanto con los gigantes como con los vampiros, su conocimiento y control de su propio poder era tal que podía hacer cerca de diez veces lo que otros magos harían con la misma cantidad de magia, pero eso no significaba que no tuviera un límite, por suerte había aprovechado su propio trabajo comiéndose una uva mucho más grande que su cabeza antes de dejar las montañas.
-Ha sido una semana muy atareada –contestó sencillamente mientras llegaban a una casa en el centro del pueblo, como todas está era provinciana pero elegante y decorada con un estilo muy propio del país en que se encontraban, al llegar allí una veela de cabello totalmente plateado salió con expresión severa ante lo que veía.
-¿Qué hace un hombre aquí? –Preguntó de inmediato, por razones obvias tenían prohibida la entrada de estos a su comunidad, las veelas que le acompañaban no supieron bien que responder, habían estado tan extrañadas con todo lo sucedido hasta el momento que no repararon en aquel hecho hasta ahora, sin embargo fue el mismo hombre el que las saco del apuro.
-Solicite una audiencia con usted, si no le es molesto –contestó cortésmente mirando fijamente a la anciana veela a los ojos con ecuanimidad, ella regresó a verlo sorprendida por su autocontrol, demasiados pocos eran los hombre capaces de mantenerse sobrios en presencia de una veela, ni se diga de unas trescientas y ya pensando en ello se dio cuenta de que las que acompañaban al mago y a su nieta estaban desplegando su encanto a toda su capacidad y él no parecía siquiera notarlas, espabilando asintió con la cabeza y le permitió el paso a su hogar seguido de algunas veelas del consejo que más tarde llevarían las noticias al resto si era necesario, la pequeña había intentado colarse pero fue detenida por su abuela.
-Ve a jugar fuera Fleur, esto podría tomar algo de tiempo –dijo condescendiente.
-Pero abuela… -la niña hizo un puchero que logró arrancar una sonrisa de todos los presentes antes de salir a la plaza.
-¿Sería tan amable joven de decirme quién es y qué es lo que busca aquí? –Preguntó cordialmente pero entornando los ojos la mayor del grupo una vez estuvieron todos sentados en el comedor con un té frente a ellos.
-Puede llamarme James, James Evans.
-No es cortés dar un nombre supuesto cuando ha sido usted quien irrumpió en nuestro hogar, mucho menos si además viene con una solicitud –apuntó astutamente la anciana, bien dicen que más sabe el diablo por viejo que por diablo, pero el ojiverde sonrió de vuelta encogiéndose de hombros.
-Para un extranjero al que le quedan menos de cuatro días en este mundo un nombre carece de importancia –contestó simplemente sin apartar la vista, los ojos azul cielo de sus escuchas se abrieron en conmoción- en cuanto a la solicitud, es más bien un acuerdo de mutua ganancia, si es que acaso les interesa.
-¿A qué se refiere con eso?
-Puedo ofrecerles un método para mantener bajo control sus habilidades, para que ya no tengan que aislarse de la mayoría del mundo –contestó directamente mientras de su bolsa de viaje sacaba y vaciaba sobre la mesa una bolsa de monedas de oro y un zafiro casi dos veces más grande que su puño.
Con un rápido movimiento de varita el zafiro se dividió en un centenar de fracciones y el oro tomó la forma de pulseras, sutiles cadenas, dijes y anillos, no eran demasiado elegantes pero ninguno era para nada simple tampoco. Un segundo movimiento de varita y las piedras se engasaron a los dijes, anillos y pulseras limpiamente completando un surtido trabajo de joyería, las veelas no entendían a que venía todo esto con lo que había sugerido antes pero decidieron esperar pacientemente. El tercer movimiento de varita fue una complicada floritura tras la cual una brillante luz plateada envolvió las alhajas, al desaparecer este las veelas se percataron que la habitación se hallaba menos iluminada que antes, pero no entendieron el porqué inmediatamente hasta que regresaron a verse entre ellas, el característico brillo de su piel era mucho más débil, la anciana regresó a ver las joyas por reflejo y notó como estas parecían absorberlo pese a estar simplemente allí sobre la mesa, otra de las veelas que también entendió la razón del fenómeno estuvo a punto de tomar una de las joyas con expresión ansiosa pero la voz de la mayor la detuvo.
-No lo toques Antoniette –le advirtió severamente antes de regresar a ver al pelinegro ahora entornando los ojos claramente desconfiada- ¿Qué es lo que pretende lograr?
Por respuesta el ojiverde saco dos pedazos de pergamino, en el primero estaba escrito detalladamente cómo crear aquellos supresores, el segundo se encontró vació hasta que dejo caer un chorro de su sangre sobre el y con un pase de varita lo convirtió en un contrato mágico vinculante que lo ataba a él a sus disposiciones, sin mediar palabra se lo paso a la anciana, está tuvo que releerlo cuatro veces antes de estar segura de entender lo que significaba y que no tenía ninguna forma de ser una trampa, cuando no le quedo ninguna duda de esto, devolvió su atención al misterioso hombre aún más confundida que antes.
-¿Por qué…
-Tengo mis motivos para hacer lo que hago –contestó sin dejarla terminar su argumento- sin embargo la cláusula de pago por más intrascendente que pueda parecer, le aseguro que llegará a ser de suma importancia para el mundo en general, no pretendo ganar nada más que eso.
La anciana y el resto de las veelas presentes no le quitaron la vista de encima al mago ni siquiera cuando la mayor tomo una pluma y asentó su firma al pie del contrato, al lado opuesto donde el extraño había plasmado su huella con sangre, tras hacerlo el contrato emitió una tenue luz y un hilo púrpura se desprendió de este hacia los vinculados, envolviéndolos antes de desaparecer. Terminada su tarea el mago se levantó y le entrego el pergamino que decía como construir aquellas joyas.
-Las instrucciones están aquí, por si acaso al resto de comunidades de veelas con las que tenga contacto en Europa les interesa –dijo pasándole el pergamino- también hay instrucciones para deshacerlo en caso de que alguien trate de suprimir sus poderes a propósito –dando por terminado su asunto el pelinegro se dio vuelta para salir de la casa, pero la voz de la mayor lo retuvo.
-¿Por qué hace todo esto? –La pregunta no era un reclamo, solo contenía mucha curiosidad al igual que un poco de gratitud implícita, el joven se volvió con una tenue sonrisa.
-En realidad, yo debería de disculparme ya que me habría gustado poder hacer más, pero esto era todo lo que podía ofrecerles –comenzó- ciertamente hice mucho más por la comunidad de gigantes y el aporte a la comunidad de vampiros fue un tanto más significativo, como lo será el que haré por los licántropos, el de los duendes sin embargo será un poco más parejo… -parecía divagar, pero la expresión de las veelas creció más y más confundida con cada palabra que decía, al final sacudió su cabeza librándola de sus ideas- no importa, solo espero que hagan buen uso de sus presentes y que respeten nuestro acuerdo.
Sin decir nada más salió de la casa y dio unos pasos hasta el centro de la plaza, allí se percato de que captaba las miradas curiosas de todo el pueblo, incluida la pequeña Fleur, dirigiéndole una última sonrisa tomo nuevamente la forma de un colacuerno húngaro adulto y levantó el vuelo, está vez solo miradas sorprendidas lo siguieron, salvo por una que parecía encantada con el espectáculo y agitó su pequeña mano para despedirlo una vez estuvo en el aire.
Continuara...
