Nota de Autor.- Intentare ser breve para no aburrirlos, los capitulos de este Fic me han estado saliendo increiblemente largos, por lo que creo que he estado auyentado lectores con solo publicar, es por esto que he decidio separar los siguientes capitulos que salgan igual en varias partes con el fin de actualizar con mayor rápidez y hacerles la lectura menos cansada, les agradesceo enormemente por los reviews que me han enviado y a los que han leido, por favor envien sus criticas, no soy de los que acostumbran contestar algo fuera de la historia a no ser que sea necesario, pero siempre leo los reviews y analizo lo que en ellos me dicen, y ahora el capitulo.

Arcangel Guerrero

Capitulo 4: Secuestro, negociaciones delicadas y fuga (Parte 1)

En algún lugar del norte de Europa, 3 de noviembre (Día 4) 1700 horas.

En medio del bosque un grupo de personas caminaban apresuradamente de regreso a su "aldea", normalmente nadie caminaría por allí aún estando a una semana de la luna llena, pero estos personajes eran propios de la recluida comunidad que habitaba en lo profundo de aquellos bosques. Su destino era una pequeña aldea hecha de casas de madera, pese al hecho de poder hacer magia no estaba en realidad muy arreglada, parecía una aldea común, con muchos desgastes ocasionados por garras y colmillos en todas las viviendas, al entrar fueron directamente a dejar una pareja de venados que habían atrapado en el centro junto con varias cabras y demás para la cena de aquella noche. Pese a las diferentes etnias dicha comunidad era muy solidaria entre ellos, razón por la cual se mantenían allí pese a las discordancias que muchos sostenían contra su líder. Este se encontraba junto al fogón degollando los animales traídos en pedazos de carne para la hoguera (la mayoría prefería comer crudo cerca de la luna llena pero algunos preferían asar un poco la carne para facilitar su digestión) con expresión disgustada, era sabido por todos que Fenrir Greyback preferiría estar cortando cuellos de niños que de cabras, razón por la que tenían ahora cuatro niños víctimas de su última luna llena, que ya fuera por suerte o desgracia habían sobrevivido, siendo de un poblado cercano los niños fueron expulsados por el pueblo hacía los bosques donde algunos de los licántropos, de nuevo en su forma humana los recogieron.

La labor de todos fue interrumpida por un sonido un tanto peculiar, los sentidos de ellos eran bastante más agudos por lo que hasta el lejano aleteo de un ave les llamaba la atención, sin embargo lo que volvía a este sonido tan llamativo era que se trababa de algo más grande que un pájaro ordinario, cuando se halló suficientemente cerca la mayoría fueron capaces de verlo, pese a los tupidos árboles que cubrían la zona la figura de color negro resaltaba debido a la escasa luz que aún provenía del cielo, con suma agilidad la figura aterrizo en medio de la aldea a solo unos metros de Fenrir, las sombras que proyectaban los árboles volvían casi invisible el punto sobre el que caían, sin embargo los ojos, sin pupila y por completo de un verde fluorescente parecían dos reflectores en la cabeza lagartina de la alada criatura. Solo unos pocos en la aldea no lograban verlo pero su olor les indicaba en donde se encontraba, además de las cuatro huellas en el suelo en que estaba de pie, con la siniestra mirada puesta en Fenrir, que parecía emocionado con aquella nueva "presa" en su territorio, mucho más aún cuando la morfología de esta cambio de un thestral a un mago de cabello negro.

-Vaya, vaya, vaya –dijo encantado acercándose al mago- carne fresca –lejos de intimidarse Harry detalló al licántropo frente a él.

El cabello era mucho menos gris y un tanto más enmarañado, sin duda producto de su reciente estancia en el bosque, pero estaba seguro de quién era, y de lo que tendría que hacer con él. Saber que era necesario no hacía que se sintiera mejor al respecto pero eso no cambiaría la situación. Le fue difícil dar con el lugar, a diferencia de los otros la comunidad de hombres lobo se mudaba constantemente para evitar el acoso de los lugareños, por lo que tuvo que dejar su forma de dragón y pasar a la de thestral cuyo vuelo era más preciso y podía cubrir áreas mayores que como un cuervo gracias a sus sentidos, además de que no era demasiado raro ver alguno por esos lugares, el ambiente sombrío parecía atraerlos, se había topado con unos cuantos durante su vuelo.

-Fenrir Greyback –dijo en voz monocorde inclinando su cabeza un centímetro en lo que se podría catalogar de saludo, ajeno por completo a las docenas de hombres lobo que se hallaban rodeándolo, pese a que casi todos ellos habían sacado sus varitas, Greyback tenía una también pero él prefería sus propias garras.

Al final la diferencia numérica no cambio nada, la mayoría de ellos no eran tan hábiles con la magia ni siquiera lo que un mago promedio debía ser, lo cual fue algo bueno para ellos ya que Harry no tuvo que lastimarlos de gravedad para inhabilitarlos, aunque se aseguro de que permanecieran inconscientes por un rato, su atención luego de esto estaba centrada totalmente en Greyback, el cual se hallaba luchando contra las cuerdas que lo sujetaban a un árbol, cuando finalmente pudo soltarse de este se dio cuenta de que sus congéneres ya habían mordido el polvo y se encontraba solo frente a aquel desconocido, trago con un poco de nerviosismo pero se irguió en toda su altura para encararlo sujetando con fuerza su varita. El mago de cabello negro levantó varios muros de piedra que los rodearon aislándolos del resto, al mismo tiempo el suelo bajo sus pies se hundió, ahora se hallaban en un foso, el hombre lobo dio una mirada contrariada ante esto, y más todavía cuando vio al moreno guardar su varita. Para este momento un grupo de los licántropos ya se hallaban de vuelta en sus pies aunque demasiado aturdidos para entender bien lo que pasaba se acercaron al foso solo para notar que no podían entrar, solo ver.

-¡¿Qué pretendes? –Preguntó bruscamente Greyback.

-Si recibiera un galeón por cada vez que alguien me ha preguntado eso esta semana… –resopló negando con la cabeza- lo que pretendo es que tú y yo tengamos un duelo –contestó directamente, la expresión del hombre lobo cambio a un poco preocupada, ya había visto que el mago era mucho más diestro que él con la magia- con una pequeña restricción que estoy seguro de que aprobaras –agregó llamando la atención de su enemigo.

-Te escucho –contestó secamente.

-Nada de varitas –dijo tranquilamente mostrándole sus manos- supongo que eso es suficientemente justo para ti ¿o no?

La sádica sonrisa en la cara del lobo fue toda la respuesta que necesito cuando este se retiro su desgastada camisa de un golpe terminando de destrozarla y alistándose para lo que vendría, sabía que el sujeto era un animago pero las mejores ventajas de su forma de poco le servía en un lugar tan estrecho, sin embargo fue sacado de su falsa perspectiva cuando el hombre cayó al suelo en cuatro patas tomando la forma de un animal peludo y negro, pero no era el mismo animal que había visto antes, era un lobo, uno tan o más grande que su propia forma de licántropo, parecía superar el metro hasta su lomo y más del doble de largo, el pelaje del animal se erizo mientras enseñaba sus enormes colmillos amenazadoramente con un escalofriante gruñido. Saliendo de su sorpresa Greyback se lanzó al ataque, su tamaño y fuerza rivalizaban con los de Harry en su quinta forma de animago, le había tomado casi dos años resolver que aquella habilidad no estaba ni por mucho limitada a un solo animal, y otros tres para alcanzar todas sus formas pero indudablemente habían valido la pena el esfuerzo. Sobre todo en aquella pelea de perros callejeros, logró desgarrar el hombro del licántropo pero él también se llevó varias mordidas y rasguños, a diferencia de cualquier otro esto no le preocupaba particularmente, con un golpe de hombro Harry fue lanzado contra el muro pero se levanto y ambos empezaron a dibujar círculos midiendo la distancia, a diferencia de la mayoría de los licántropos cuando están en su forma humana Fenrir tenía una fuerza asombrosa y Harry sabía el por qué de esto.

Los hombres lobo tienen cierta semejanza con los animagos y los metamorfomagos, todos pueden cambiar su apariencia, aunque las circunstancias varían mucho de uno a otro, en realidad no es tanto como la gente piensa, Harry lo descubrió cuando entreno a Ted, la principal diferencia radica en que la maldición del hombre lobo es impuesta, mientras que las otras forman parte del mago, ya sea por elección o por nacimiento pero son innatas. El punto clave es que los hombres lobo rechazan esa parte de ellos mismos, lo que los lleva a una lucha interior constante que no solo es innecesaria sino que los desgasta tanto física como mentalmente todo el tiempo. Greyback por el contrario abrazaba su naturaleza, no de la manera más apropiada pero era uno con ella, una de las razones por las que sus garras y colmillos eran capaces de maldecir algo que hiriera a pesar de no tener que transformarse, antes de Ted Lupin y de los descubrimientos de Harry, Fenrir Greyback fue sin duda el licántropo que más cerca estuvo de dominar su poder, su método sin embargo continuaba errado, tampoco se trataba de dejarse llevar completamente por la naturaleza del lobo, sino de encontrar un equilibrio y fusionar ambas consciencias, como el lobo era solo una manifestación de los instintos más básicos del mago la conciencia del hombre casi siempre tomaba el control, en tanto fuera una persona adulta con una mente formada.

Volviendo a la lucha, el lobo negro de ojos verdes era bastante rápido y tenía la ventaja de que, a diferencia de su contraparte, analizaba los movimientos de su oponente, tenía muchas formas que le hubieran ayudado a terminar este asunto con mayor rapidez, pero quería esto, un encuentro lobo a lobo, el resto de espectadores ya se encontraban levantados y presenciaban la lucha con creciente emoción, curiosamente no se les veía deprimidos cada vez que su "líder" recibía un mordisco, sin embargo miraban con aprensión cada herida que era sumada a la peluda criatura que lo enfrentaba. Ya se encontraban cerca del final, ambos jadeando y sangrando, sin embargo Fenrir parecía peor parado que el lobo pelinegro, pero este en cambio cojeaba levemente de su pata delantera izquierda, aprovechando que carecía de soporte Fenrir se lanzó en su contra para tirarlo al suelo y atacar su cuello, el licántropo recibió una desagradable sorpresa cuando, a dos metros de llegar, el pesado lobo balanceo su peso perfectamente sobre sus cuatro patas preparándose para dar un salto que cubrió en un parpadeo el espacio que los separaba, tiro a Greyback de espaldas con tal fuerza que estaba seguro de haberle fracturado algunas costillas con ese movimiento, sin embargo eso poco importaría en unos segundos, de un bocado le arranco un pedazo del cuello y lo escupió a un lado, el sabor de la sangre normalmente no le era desagradable con esta u otras de sus formas, pero la de aquel asesino le repugnaba profundamente, sin fanfarria regresó a su forma humana mientras observaba con expresión estoica como el hombre lobo a sus pies se desangraba mientras hacía inútiles intentos por tomar aire, al final se quedó completamente estático y Harry aprovecho para levantar el lugar de vuelta arriba donde un enorme grupo lo esperaba con mezcla de expectación y temor, más aún cuando levantó su varita.

-Juro sobre mi magia, que no haré nada para lastimar a nadie de los aquí presentes en tanto ellos no tengan intención de lastimarme a mí –la luz que certificaba el juramento resplandeció en el oscuro bosque ante los asombrados ojos de los licántropos- deseo hablar con ustedes de algo importante ¿les molesta si los acompaño a cenar? –Preguntó educadamente, tras que los que podían articular ideas negaran con la cabeza en respuesta todos se dirigieron a la fogata donde se reunían para comer sin dejar de observar atentamente al mago.

Harry convoco una mesa sencilla pero lo suficientemente grande para todos y transformó la fogata en un fogón para asar carne, alargado y uniforme con una rejilla sobre él, luego coloco todas las piezas de carne sobre la rejilla donde comenzaron a asarse veloz y parejamente, también saco de su bolsa un par de patatas más grandes que un oso y cuatro manzanas de un tamaño semejante, conjuró un mantel café sobre la mesa y una docena de jarras de metal y un tarro parecido para cada lugar, con un movimiento las manzanas desaparecieron y las jarras se llenaron de zumo, las patatas se cortaron en cientos de pedazos más pequeños y comenzaron a asarse junto con la carne. El resto observó expectante mientras trabajaba, viendo que la noche ya los alcanzaba conjuró unas cincuenta velas que flotaban sobre sus cabezas para iluminar la enorme mesa y suficientes charolas para que todos pudieran servirse, aplicó algunos hechizos sobre la carne y las papas, ahora parecían multiplicarse y dorarse más rápido, tomo un pequeño pedazo particularmente jugoso y lo comió con evidente placer antes de darle el visto bueno, agitó su varita y todas las charolas se encontraron servidas en sus puestos con un juego de cubiertos y generosas porciones de carne y patatas asadas con el tarro a rebosar de jugo de manzana, esperando que se sirvieran, viendo que nadie más se atrevía a dar el primer paso él se sentó y comenzó a comer ávidamente, no había probado bocado desde su visita a los gigantes, llamados por el apetitoso olor cuatro pequeños se acercaron a la mesa, al verlos Harry sonrió alentadoramente desde su posición y les invitó a sentarse a su lado, se repartieron dos a cada lado, tres niño y una niña, todos parecían debilitados y mal nutridos además de presentar algunos golpes y heridas. En cuanto los pequeños probaron el primer bocado comenzaron a devorar todo como si no hubiesen comido nunca, uno casi se atraganta y Harry tuvo que darle una palmada en la espalda y pasarle un tarro de zumo que aceptó agradecido, encogiéndose de hombros poco a poco el resto de la aldea se encontraba devorando la carne con igual avidez que los niños.

Todas las charolas se rellenaban cada vez que se vaciaban directamente del asadero, donde seguía habiendo una gran cantidad de carne y papas en el fuego (que ahora era más bajo solo para mantener la comida caliente), las jarras por otro lado parecían no tener fondo, pese a que seguían sirviéndose parecían no acabarse, Harry comió casi a la par del resto de hambrientos magos pero cuando se sintió finalmente satisfecho aparto su plato y se quito tanto la capa como la camisa, debajo de estas un chaleco que parecía tener siglos se descascaraba, con una expresión un tanto triste el pelinegro lo desgarro con facilidad entre sus dedos dejando al descubierto su torso, el cual contaba con múltiples heridas y laceraciones frescas a la par de algunas cicatrices muy visibles, sin prestar mayor importancia saco una pequeña botella con poción de color perla de su bolsa, tomo un poco de sangre que emanaba de una de las heridas y la dejo caer dentro del frasco, poco después esta se torno casi completamente dorada, al alcanzar este color Harry la ingirió, tomo unos segundos para trabajar pero las heridas comenzaron a cerrarse hasta quedar reducidas a unos simples cortes, que con un pase de varita desaparecieron sin dejar nada más que una línea roja. Terminada su curación regreso su vista a la mesa, solo para encontrarse con que todos los ojos estaban fijos en él, algunos desorbitados de incredulidad.

-Esta –dijo cortando el silencio formado mientras les enseñaba el frasco vacio que antes contenía la poción- es una de las razones por las que vine aquí –les dijo calmadamente- sin embargo supongo que debo disculparme por haber arruinado su apetito –nadie rió y Harry no podía culparlos, así que continuó- está pócima no existía hasta hace una semana, sin embargo es capaz de neutralizar al completo la maldición del hombre lobo en tanto se beba antes de la primera luna llena –explicó directamente, no quería darles falsas esperanzas sobre aquello la expresión de la mayoría decayó de inmediato ante aquello, pero la expresión de algunas mujeres y unos pocos hombres se iluminó esperanzadamente.

-¡Los niños! –Dijo finalmente una de ellas emocionada, parecía de la India.

-¡Algunos de nosotros todavía podemos curarnos! –Expresó al mismo tiempo uno de los hombres, esté parecía francés.

-¡Los niños tienen prioridad! –Exclamó indignada otra de las mujeres.

-Hay suficiente para todos –cortó Harry antes de que otro más pudiera contestar- solo requiere de unas gotas de la sangre del infectado y un minuto para asentarse y estará lista para ingerir, pero esa no es la principal razón por la que vine.

-¿A qué se refiere? –Preguntó un mago rubio con acento alemán, Harry saco un pergamino y se los enseño.

-Aquí está la receta y las instrucciones especificas para fabricar, tanto esta poción como otra que les permitirá a los que ya se transforman conservar su personalidad durante la luna llena si la beben al menos una hora antes de transformarse –les dijo con calma, todos observaron fijamente el papel- ¿Alguno de ustedes tiene habilidad con las pociones? –Varios se miraron entre sí dubitativos- su habilidad no tiene que ser perfecta ni nada por el estilo pero si tiene que ser decente –aclaró, ante esto algunos levantaron la mano- muy bien, ustedes se encargaran de fabricarla hasta que les salga perfecta y llevaran una muestra al ministerio de magia para obtener la patente –les dijo claramente entregándoles el pergamino sin dudar, estos no podían hablar, solo observaron el papel sin creerse lo que estaba pasando.

-¿Qué? –Fue capaz finalmente de decir un mago de unos treinta años con pelo cenizo.

-Debe ir por lo menos uno que entienda de leyes, los que fabricaran las pociones para que no crean que robaron la idea de alguien más y un par más que hagan presencia para que no traten de intimidarlos –resumió mirando al grupo- ustedes dos –dijo señalando a un par que parecían vikingos y lucían tan asombrados como el resto, incluso se sobresaltaron un poco cuando les dirigió la palabra directamente- harán muy bien ese papel, una patente como esta debería valerles suficiente oro como para que compren o construyan un albergue en el que quepan todos ustedes y muchos más cuando sea necesario.

-¿Qué significa eso? –Preguntó completamente perdido un mago de piel negra y abundante afro, ignorando esta última pregunta Harry saco un pedazo de papel y se los entregó.

-Este hombre, si es posible yo mismo me encargare de que se reúna con ustedes antes de terminar la semana, de lo contrario deberán localizarlo una vez que construyan el albergue y decirle en donde está, él los ayudara con algo mucho más asombroso que estas pociones –todos le miraban expectante- Les enseñará a dominar la maldición del hombre lobo –dijo finalmente, la mayoría lo observaba con incredulidad, pero algunos mostraban esperanza.

-Pero, eso es imposible –dijo finalmente uno.

-No, no lo es –le aseguró sin dudar- yo sé cómo, pero requiere un tiempo que francamente no poseo, por eso le pasare el conocimiento a él –dijo señalando el papel que les entrego- para que él se los transfiera a ustedes.

-¿Es de confianza?

-Yo le confiaría mi vida –dijo Harry rotundamente, luego saco una bolsa bastante grande y pesada y la colocó sobre la mesa, casi al instante se desbordaron un puñado de galeones fuera de esta, también saco unas tres docenas de botellitas con la poción perlada de antes y otras veinte con una poción gris pardo- esto debería ser suficiente para los ingredientes y para ayudarlos a que se mantengan hasta que obtengan la patente por la poción, también para que sepan cómo debe quedar cada poción al final –dijo esperanzadamente mientras se levantaba, casi todos se levantaron al mismo tiempo- antes de que digan algo… -les interrumpió de decir lo que ya sabía que dirían- tengo un motivo para hacer esto pero ustedes no me deben nada, solo sean amables con el amigo que vendrá para ayudarlos, denle la oportunidad y les aseguro que él se ganará su lugar. Buena suerte.

Antes de que tuvieran tiempo de decir algo el mago se desapareció con un sonido menos alto que el susurro del viento dejando a la comunidad completa de hombres lobo con la palabra en la boca, la cual en la mayoría de los casos colgaba abierta por el cúmulo de sorpresas en el día, dándose pronto por vencidos ante el hecho de que no iban a dar con una respuesta ahora regresaron su atención a la comida que seguía frente a ellos y decidieron como única forma de agradecimiento por el momento no dejar que se desperdiciara nada.


Gringotts, 4 de noviembre (Día 5) 0600 horas.

Con el despertar del día los duendes abren las puertas del banco para el grueso de sus clientes, aunque normalmente no se espera que alguien se presente a esta hora, sin embargo hoy fue la excepción, un hombre con una bolsa de viaje de piel de serpiente y ropa oscura, parecía haber estado esperando la abertura oficial del banco ya que caminó al interior de esté apenas terminaron de abrir las puertas con paso seguro. Al entrar se dirigió directamente hacia uno de los duendes y pregunto por el director general del banco. El duende lo miro con incredulidad ante semejante petición, sin embargo le señaló quien podía ayudarle, a nadie le gustaba molestar al anciano duende a ninguna hora. Al final llegó a una puerta donde el duende que lo acompañó se retiró apresuradamente luego de tocar la puerta, Harry no podía culparlo, decidió no hacer esperar al anciano y tras un suspiro resignado entró sin esperar la invitación, que él sabía muy bien no llegaría, en una gran oficina llena de documentos por todos lados y algunas pilas de bolsas de oro se hallaba un solo escritorio elegantemente tallado y lleno de formularios, un duende delgado y viejo, casi por completo calvo, salvo por una cortina de cabello que empezaba en la base del cráneo y lentes de oro se hallaba revisando documentos como si nadie lo hubiera interrumpido, sabiendo que el duende lo había notado se acerco sin decir nada hasta que alcanzó el escritorio.

-Maestro Gharlad, que su oro siempre fluya –saludó formalmente en duendigonza, el anciano se paralizó por un instante antes de levantar lentamente la cabeza para cerciorarse de que quien había hablado era en realidad un mago, no habían muchos magos que hablaran duendigonza y eran nulos los que lo hablaban bien, con tono monocorde y seguro, ¿si no tenías confianza al hablar como podías esperar que tu escucha confiara en ti?, pero este hecho tanto como las palabras que dijo eran solo de conocimiento de los duendes, no se las restringían para ellos, pero jamás un mago se preocupo por tales detalles, lo que eran comúnmente visto como un insulto por estos hacía su naturaleza perfeccionista. Aprovechando que tenía la atención del duende decidió continuar- vengo a ofrecerle un negocio que es de su interés.

-¿Qué podría ofrecerme usted mago, que fuera de mi interés? –Harry sabía que caminaba sobre hielo delgado pero no se inmutó.

-Para empezar, algunas formas de mejorar la seguridad en sus bóvedas principales –contestó llanamente, y casi se arrepiente de haberlo dicho pero no lo demostró, el duende se irguió claramente molesto e indignado, Harry sabía que ya había perdido toda la simpatía que podía haber ganado hasta el momento, que no sería mucha por lo que no le preocupo.

-¡¿Quién se cree usted para usted para cuestionar la seguridad de Gringotts? –Exigió de inmediato, por respuesta Harry volteó su bolsa (que había vaciado previamente de cualquier otra cosa) sobre el escritorio del duende y de esta cayeron alrededor de una docena de artículos, la mayoría armas, pero había algunas joyas también, todas con un papel marcando su bóveda de procedencia.

-Alguien que ya la ha examinado –contestó llanamente.

El duende observó los objetos con muda incredulidad apenas los vio y mucha más al entender las palabras de su contraparte, de inmediato revisó cada uno de ellos, incluso saco un inventario de las bóveda para compararlos, podía asegurar que eran genuinos a simple vista porque todas eran piezas de orfebrería duendiga, todos excepto uno. Sus ojos vagaron un tiempo más sobre una detallada taza de oro con un tejón en su centro, repentinamente regresó a ver inquisitivamente al joven parado frente a él, este se mantuvo tan estoico como cuando ingreso a la oficina, en respuesta a la mirada del duende se descubrió el brazo derecho, en este llevaba una fea quemadura, con forma de un glifo extraño que parecía haber sido hecho con un hierro candente, sin embargo parecía estar sanando rápidamente, los ojos del duende casi salen de sus cuencas incluso rodeó el escritorio para pararse frente al mago que se inclino para que pudiera examinar la marca a placer mientras esta desaparecía lentamente, los alargados dedos del anciano palparon los bordes de la marca provocando un gesto de incomodidad que fue leve pero perceptible para el viejo duende que lo estaba esperando, aunque esperaba muchos más lamentos se dio cuenta de que el pelinegro no los expresaría así que lo dejo y regreso a su asiento con expresión reflexiva.

Aquella marca era la última maldición de defensa de Gringotts, si alguien, quien sea, era capaz de sacar algo del banco sin ser detectado antes la maldición lo marcaba permanentemente de manera muy dolorosa, la marca solo podía desaparecer si el infractor devolvía voluntariamente y en silencio los objetos robados al banco. Cualquiera pensaría que esto sería demasiado amable para ser la última línea de protecciones de los duendes, pero como quedó claro antes los duendes basaban su ideología en la perfección de un trabajo. Alguien con la capacidad de robarles algo en sus estiradas narices era sin duda digno de admiración por semejante hazaña, por lo que les convenía tenerlo de su lado, a pesar de esto la desaparición de la marca era lenta e igual de dolorosa que cuando aparecía, solo que constante para recordarle al ladrón que no debía probar su suerte nuevamente.

-¿Y bien? –Preguntó el duendo incitando a que el mago hablara, había un leve tono de ansiedad que solo alguien demasiado acostumbrado a tratar con duendes hubiera detectado, Harry sonrió de medio lado antes de extraer de su bolsillo un libreta escrita a mano y unas pequeñas botellitas llenas de una curiosa sustancia plateada.

-Aquí están tanto los apuntes de cómo pueden mejorar su seguridad como las memorias de cómo lo hice para que las analice con calma –explicó tranquilamente colocando los objetos sobre la mesa, el duende los miro con serenidad, incluso con cierto grado de indiferencia.

-¿Su precio? –Preguntó sin alterar su expresión.

-¿Por esto? –Preguntó retóricamente de vuelta señalando los objetos- nada –enfatizó, los ojos del duende se abrieron levemente ante la inesperada respuesta- considérelo una cortesía, o si acaso… aceptare como pago por esto su seriedad respecto a otro negocio que quisiera tratar con usted.

-Yo trató con seriedad todos mis negocios mago –contestó fríamente el duende.

-Este es especial –le aseguró de vuelta el pelinegro sacando una segunda hoja de pergamino y enseñándosela, Gharlad comenzó a leerla con el ceño frunciéndose cada vez más a cada palabra, al final regresó a ver al mago entornando los ojos.

-¿Esto es en serio?

-Yo siempre trató seriedad mi palabra maestro Gharlad –contestó con una frialdad que competía con la del duende, luego saco un pergamino más, solo que esté estaba en blanco y tal como había hecho con las veelas y con el señor Ollivander, lo escribió con su sangre y lo firmo con su huella- aquí se encuentran las especificaciones del trato que le propongo –finalizó pasándole tanto el contrato como una segunda libreta, mucho más gruesa que la anterior.

El director del banco solo necesito unos minutos para verificar el contrato por completo ya que se encontraba habituado a semejantes situaciones, sin embargo regreso a ver al mago de ojos verdes de reojo un par de veces durante su lectura. No preguntó nada, simplemente colocó su firma, pero a diferencia de los otros contratistas, él sí firmo con sangre para que Harry supiera la seriedad con la que trataba el asunto, luego guardo el documento y el resto de papeles y libretas (incluida otra más que le fue entregada en cuanto firmo el contrato) que le habían entregado en un cajón de su escritorio como si no le debiera mayor importancia que archivarlo, pero de nuevo Harry se percató de que el cajón se encontraba vació antes, lo que significaba que el duende no pretendía perderlo de vista. Harry dio una leve inclinación de cabeza que, para su sorpresa, el duende contestó y se retiró sin decir más, otro gesto de cortesía de los duendes que indicaba que Harry no pretendía perder más del tiempo de Gharlad. Apenas el mago se hallo fuera de su despacho el anciano duende dejo caer todo su peso sobre su silla, como si acabara de trotar un maratón, una vez tomada una profunda respiración volvió a abrir el cajón de su escritorio, retiró las libretas y comenzó a examinarlas cuidadosamente dejando de lado el papeleo que antes estaba revisando.

Harry salió del banco a paso suave y sereno, pero apenas hubo suficiente distancia entre él y Gringotts, que fue cuando se sentó en la barra del caldero chorreante con un tarro fresco de cerveza de mantequilla, dejo escapar un largo suspiro de alivio y retiró un par de gotas de sudor de su frente, en verdad que prefería tratar con los ancianos del consejo de vampiros, al menos con ellos sabía que esperar, pero los duendes podían ser muy volubles e impredecibles, aunque sabía que les ofrecía algo que habían estado buscando desde hace generaciones no podía asegurar su disposición a cooperar con él, pero ya había pasado y habían aceptado, por lo que se quitó un enorme problema de encima, el último de ellos.

Pero ahora vendría la parte difícil, tal vez peor que cuando tuvo que encarar a sus padres, y un simple vistazo a su alrededor bastó para recordarle su tarea inmediata, las personas cuchicheaban consternadas y él suponía muy acertadamente acerca de qué.

-El muchacho desapareció, eso fue lo que escuche –decía una bruja muy alterada en una mesa cercana.

-¿Sería alguno de los seguidores de Quien-tú-sabes? –Preguntó su escucha, un mago de edad madura y cabello negro.

-Seguramente, pero el ministerio no parece tener ninguna pista.

-¿Y qué hay del mortifago que atraparon ayer, ese que voló una calle repleta de muggles?

-¿Black?

-Sí, exacto ese

-Por, lo que sé ya está en Azkaban, pero no he sabido nada acerca de que lo hayan interrogado…

Harry dejo de prestar atención cuando una copia del diario el profeta sobre la barra llamó su atención, tras pedírsela, Tom se la entregó y un vistazo a la primera plana le confirmo sus sospechas.

¿El niño que vivió secuestrado o…?

Fuentes cercanas del Ministerio de Magia confirman que Harry Potter desapareció del hogar de sus parientes apenas unas horas después de ser dejado con estos, tras interrogarlos (cosa a la que opusieron enorme resistencia, ya que no dejaban entrar a los representantes del ministerio a su casa) ellos negaron saber nada acerca del pequeño, por lo que se presume que sus memorias fueron borradas, sin embargo la mayor polémica yace en que según nuestras fuentes, el lugar donde el pequeño Harry Potter fue dejado contaba con numerosas protecciones para preservar la inocuidad del muchacho (Harry bufó en esta parte) y por lo que se sabe hasta ahora el chico no fue lastimado, pero se desconoce totalmente su paradero. Muchos rumores sin confirmar dicen que el asesino Sirius Black, atrapado ayer por la tarde en un barrio muggle luego de realizar una matanza, estaba involucrado en dicha infamia, pero esto no ha sido confirmado…

Harry dejo el periódico de lado, era previsible que culparan a Sirius, y él sabía bien que su padrino se enfrasco tanto en encontrar a Pettigrew que difícilmente se habría enterado que el había desaparecido ese mismo día, sobre todo teniendo la palabra de Dumbledore de que estaría a salvo, Harry sabía bien que esa fue la única razón por la que Sirius dejo que Hagrid se lo llevara con los Dursley aquella noche, pero a estas alturas ya debía estar enterado de lo sucedido, en especial si estaban tratando de sacarle información con la base de que él tuvo que ver con el secuestro. Terminó su bebida y se dirigió de vuelta a Gringotts, necesitaba sacar un poco de oro y conseguir algunas cosas más antes con el fin de prepararse para su siguiente tarea.

Asaltar Azkaban.

Continuara...