*En el capítulo Cálido, Kagura dijo que Rin es un rayo de sol*

Hola, pequeños gigantes... ¿todo bien? Bueno, espero que así sea. Hoy les traigo algo bonito, creo, a pesar del nombre tan... peculiar que posee.

El capítulo de hoy está dedicado a Yarisha-ya

~~i~~

¿Físicamente? Estoy... estoy vivo, o eso creo. Apoyado contra la pared más cercana y sentado en el suelo; los papeles están regados y se supone que no deberían estarlo, este ultimátum conciernen a un personal muy selecto. Existen conversaciones que no todos los oídos deben escuchar.

¿Mentalmente? Consternado, lejano, abatido. Y mi mente vaga, aburrida, entre todos los temas que debería hablar con alguien, estoy cansado de escuchar. Necesito ser escuchado y que todos estas interrogantes dejen de hacer un festival en mi mente.

¿Espiritualmente? A punto de buscar algún tipo de retiro espiritual o no sé. A pesar de que no creo en esas cosas, o dioses; alejarse por un fin de semana —puesto a que ya tomé vacaciones— de las obligaciones cotidianas y de los asuntos materiales para dedicarse a rezar o meditar no se escucha tan mal.

¿Emocionalmente? Exagerando mis sensaciones y sentimientos. Estoy más enredado que algún garabato en el cuaderno de un niño curioseando como es que una pluma saca la tinta.

En conclusión, estoy íntegramente hecho una mierda.

No es para menos... mientras más quieres a alguien, más te aprietan los grilletes de afecto que te unen a esa persona, más difícil se hace poder dejarle ir. No he perdido a Rin y ya sé lo que extrañaría.

Su cara de boba.

Las arruguitas en sus párpados inferiores cuando se ríe.

¡Oh, sí! También extrañaría sus gestos tan adorables.

La manera en que sus rosados labios marcan las comisuras.

Su cabello chocolate moviéndose por todos lados cuando corre.

La manera tan dulce en que dice mi nombre.

Y quizás es tiempo que deje de ponerle apodos a los sentimientos, es momento de llamarlos por su nombre. Esta sensación de depresión y culpa constante no es más que el afecto hacia mi pequeña gigante, porque lo quiero.

¿Quién no lo hace, mejor dicho? ¡Es imposible no hacerlo! Incluso Kagura se encariñó en menos de veinticuatro horas. Yo tardé años en reconocerlo, en verla más que un paciente. Sólo hace dos meses que noté que dejé de curarla para cuidarla.

Me siento como popó. Una gran, y apestosa, pila de popó.

Demonios, la situación con Kagura tampoco ayuda. Todo se me está escapando de las manos cual fina arena de playa.

Sentí como unos cabellos me acariciaron la mejilla y mi hombro tomó más peso. Al girar, me encontré con los finos mechones achocolatados de Rin. Entre sus dedos está el pequeño avión, hace alusión a que está volando por los fríos aires como uno de verdad, imitando incluso el sonido que estos hacen con los labios fruncidos.

—Tranquilo, señor Sesshomaru —murmuró, separándose un poco para mirarme y sonreírme—. ¡La sacerdotisa Rin esta aquí!

Reí un poco nervioso, no me estaba saliendo al natural.

—¿Sacerdotisa Rin —pregunté confundido— ¿Y eso?

—Miroku, el novio de la señorita Sango —me hizo énfasis, a pesar de saber quién es—, me dijo que una sacerdotisa es una mujer que purificaba los demonios en el periodo Sengoku.

Rin frunció levemente el ceño y su voz era suave, estando insegura de que el dato fuese cierto.

—Y es cierto —le confirmé—, ese era el trabajo de las sacerdotisas, puede si miras con cuidado te encuentres una

Rin separó los labios para formar una divertida mueca de sorpresa y tras un pequeño jadeo, volvió a sonreír.

—¿Dejara que le purifique sus demonios? —Su mirada brillaba con cierta emoción que no miraba desde hace un tiempo. Asentí levemente con una sonrisa en los labios.—¡Wow! —exclamó, sus ojos se fijan en mí; brillan con emoción y yo le acaricio la cabeza.

Si tuviera alguna cola de cachorro, de seguro la estuviera meneando. Sus ojos se han cerrado para sentir la caricia, incluso ladeó un poco cuando le acaricié tras la oreja y soltaba algunos soniditos del gusto. Y se me ocurrió una idea que podría mantenerla mucho más que feliz.

—Ponte esta, me gusta más —dije mientras le pasaba un vestido azul con pequeños estampados rosas. Ella hizo un puchero y luego infló las mejillas—. No me hagas caritas, Rin —apreté sus mofletes y el aire se escapó en cuanto dejó salir un quejido—, póntelo.

Rin se ha probado más de quince prendas luego de su baño de la tarde, su cabello huele a vainilla y su piel a suave lavanda, pero ninguna de las ropas me gusta, ninguna hace destacar esa ternura natural. Está irritada, lo sé, yo también lo estoy.

Tiró el vestido sobre la cama y se cruzó de brazos, sentándose sobre el mismo mueble con resignación; repitiendo que no quería salir si implicaba cambiarse tanto de vestuario. Rogué y rogué por las buenas.

Pues será por las malas.

—De acuerdo, entonces le daré la sorpresa a otro niño. —Yo también me crucé de brazos y le miré de soslayo, fingiendo indiferencia.

—¿Sorpresa? —Soltó de repente interesada, yo asentí sin cambiar mi posición. Rin se paró de la cama y corrió hasta quedar frente a mí, parpadeando con rapidez y con las cejas arqueadas por la curiosidad— ¿En serio me tiene una sorpresa?

—Sip —coloqué mis manos sobre el bordillo de sus pantalones ajustados, pellizcando un poco la piel desnuda de su cintura—, pero como tú no quieres... —arrastré las palabras, bajando cada vez más el tono de mi voz.

—¡Sí quiero! —exclamó más como un reproche, reí un poco, pero ella sigue seria.

Aplaqué los cabellos, rebeldes por su rápido movimiento anterior, y luego la deslicé hasta su barbilla, alcé las cejas y ladeé un poco la cabeza para darme cierto aire mientras hablaba: —¿Segura?

Ella asintió efusivo y abrió la boca para menear el cuerpo con alegría, continuó: —¡Sí, sí quiero!

—De acuerdo, entendí —murmuré entre risas. Rin se colgó a mi cuello y empezó a dar pequeños saltos, realmente está emocionada—. Tranquila —le dije, poniendo ambas manos en sus mejillas y acariciando nuestras narices. Noté como sonrió tímida mientras cerraba los ojos —anda, ponte el vestido.

Tomó la prenda y desapareció en el baño para salir luego de unos minutos y se veía realmente linda, también divisé el tatuaje en su antebrazo; si se la llevan, será innecesario que lo tenga. Una vez curada, no me necesitará y podrá hacer su vida normal. Ya no me necesitaría.

Hasta hace poco me arrepentía de aquel infortunio, ahora lo agradezco. Será una excusa barata, pero si las cosas pasaron así... El pasado no se borra ni se edita, el presente, en cambio, sí. Se puede mejorar y es lo que me he planteado, mejorar su presente.

Rin me mira curiosa, pero yo le sonrío y ella se acerca. Tomo su brazo y reparto pequeños besos sobre los números marcados eternamente en su piel, es su turno de acariciarme la cabeza con cariño. Risitas se escapan de sus labios cuando hago alguna succión, presión algo sonora o le doy algún mordisco juguetón. Cuando ya he besado todo el tatuaje se acercó a mí y volvió a sonreírme.

¿Acaso no se le cansan las mejillas de tanto hacerlo? Porque a mí no. Tomé sus manos y las apreté un poco.

—¿Qué? —masculla con falso enojo.

—Estoy tan feliz de haberte conocido, pececita —susurré mientras le acaricio los nudillos con los pulgares.

—¿En serio? —Asentí— ¡Yo también me alegro de haberlo conocido!

Me acerqué más y deposité un pequeño beso su nariz, ella exhaló por la nariz con cierta gracia.

—¿Nos vamos?

Tomé mi morral que siempre dejo en la habitación de Rin y guardo dos de mis abrigos en el, aún no sé que hora volveremos o si hará frío más tarde.

—Vamos —dijo, entrelazando nuestras manos para caminar.

?

Llegamos a una veterinaria, es día de adopción.

Hay animales de todas las especies y, sin ofender, Rin parecía estar en sus aguas. Corre de aquí para allá y de allá para acá, tironeando de mi camisa y hablando tan rápido que en más de una ocasión su lengua se enredó o se atascó con su propia saliva.

Gatitos, chanchitos, loritos, monitos, perritos... Todo en diminutivo puesto a que son las crías que están siendo dadas en adopción.

Descarté los monos sin que Rin pudiese ilusionarse con la idea; pasó una vez, podría pasar otra vez. Los pececitos le parecen más que aburridos, por lo que también los descartó. Los gatos erizan la cola y el lomo en cuanto escuchan la ocasional voz chillona de mi pequeña. Las aves no le llaman la atención, ni los cochinitos, mucho menos los animales "exóticos". Por lo que hemos quedado en lo primero que me planteé: Un cachorro.

Y... volvimos al mismo afán. Descartó a los cachorros blancos, los más pequeños, los negros, mezclados... hasta que quedó un pequeño perrito. Al preguntar, no era de raza y que por ende la gente lo pasaba por alto sin pensarlo dos veces. Rin tomó al cachorro marrón y lo apretó contra su pecho.

—Tranquilo, chiqui —susurró mientras le besaba la cabecita al animal, este se inmutaba, excepto por la colita.

Me dio ternura, lo admito. Realicé los trámites y compramos todo lo que necesitaríamos para criar al animal. Antes de irnos, le pedí a uno de los empleados que bañara y que anotara una fecha próxima para los cuidados (dígase vacunas, tratamientos anti-garrapatas o pulgas, chequeos, etc) que el mismo requiere.

Sus patitas cortas se mueven con gracia por la acera, su colita no deja de moverse mucha emoción.

—Rin, tenemos que bautizarlo —murmuré, mirando lo bonito que es el cachorro.

—Umm... sí. —Se detuvo y alzó al pequeño.

—¿Luffy? —propuse dado a lo grande de sus ojos, el perro arrugo la nariz.

—No le gustó, señor Sesshomaru.

—¿Max? ¿Chibi? ¿Ben? ¿Scott? ¿Choco? —volví a proponer, obteniendo las mismas respuestas del perro y su otro dueño.

Jadeé ofendido, el perro responde como si fuese un mini-humano con mañas. Alcé los brazos en derrota, Rin tendría que escoger el nombre él.

Cruzamos la calle para poder descansar un poco, está anocheciendo ya, pero aún falta una hora para la reunión. Y es cuando se me eriza la piel con la fresca brisa del anochecer.

Si un niño puede ser víctima, la luz se puede convertir en oscuridad, el optimista puede perder todas sus esperanzas, el fuerte puede perder su fuerza y el héroe puede caer, ¿por qué tengo yo que ir por lo negativo también? ¿Por qué no ser la solución?

Si hay algo que tengo claro es lo siguiente: No puedo crear una solución pensando de la misma manera en que cree el problema, no, ya soy el problema, pero debo transformarme en solución.

Las luces iluminan a los árboles y las hojas secas de matiz anaranjado sobre el pasto. Rin y A-Un, nombre ocasional, están correteando sobre ellas, haciéndolas crujir a su paso. Ambos se ven contentos, el perro con su otro amo y el amo con su cachorro. Fue una buena idea aliviar la soledad del hospital con el can. Afortunadamente los dormitorios y el área de servicios del hospital están apartados.

Me paré y me dirigí hasta un puesto cerca de la banca donde me había sentado a mirar a Rin, compré dos chocolates calientes para nosotros y algo de leche tibia para el cachorro. Caminando hasta el hospital la temperatura ha bajado notablemente, incluso le colocamos un suéter blanco a A-Un.

La cadena del perrito es larga, por lo que Rin puede llevarlo y tener el vaso foam sin problemas; en cambio, yo entré las compras en el morral. Tomé la mano de Rin y la oculté en el bolsillo de mi abrigo —el suyo no tiene—. Sus dedos pequeños y delgados se envuelven con los míos, están fríos y en busca de calor.

—Por cierto, ¿pensaste en cómo llamarás al cachorro? —Indagué con la pajilla en los labios.

—¿Pensaste en algo tu también? —asentí, mi último recurso es A-Un— ¿Cuál?

—A-Un, lo digo por esas dos manchas que tiene en el lomo. —Ambos, Rin y el cachorro, detuvieron su andar y me miraban incrédulos— ¿Pasa algo?

—Está feo, ¿verdad, Popó? —el cachorro ladró, quizás afirmando lo que su otro dueño dice.

¿En serio? ¿Llamó al cachorro "Popó"?

—Bromeas, ¿cierto? —jadeé incrédulo, no, no me lo podía creer. Rin negó, agachándose junto a nuestro cachorro.

—¡¿Te gusta tu nombre, Popó?! —canturreó. Lo increíble es que el perro meneó la colita de manera ferviente, como si fuese lo más lógico. Un par de ladridos agudos acompañaron la demostración del animalito.

—De acuerdo... de acuerdo... —me agaché yo también y lo acaricié—; bienvenido a la familia, Popó.

Popó me lamió los dedos y trató de morderlos un poco, pero su fuerza es tanta como su tamaño: diminuta. Lo tome entre mis brazos para adelantar paso y volví a mi posición anterior, con la mano de Rin enredada a la mía dentro del bolsillo.

En cuanto llegamos preparamos todo para Popó y quedó dormido en una camita hecha de sábanas, es provisional, mañana le compraré una bastante grande para que incluso la pueda usar cuando sea mayor. También ayudé, como de costumbre, a Rin para la hora de dormir.

—Gracias por el cachorro, señor Sesshomaru —murmuró mientras entraba a la cama.

—No hay de qué, Rin —respondí, sentándome sobre las sábanas al lado de Rin—. Sabes que me gusta verte feliz.

Su rostro se iluminó con un toque de calidez y algo de rosa en sus mejillas: —Gracias, otra vez.

Acaricié su cabeza y me acerqué hasta su rostro. Su tibia respiración chocaba contra mi nariz y su sonrisa se expandió, di un corto beso sobre sus labios. Se está convirtiendo en una clase de costumbre y me gusta, me gusta sentir ese calor tan agradable cada vez que le doy un pequeño beso sin importar el lugar que sea.

—Que descanses, Rin —susurré tras unos segundos cuando me separé de ella. Frunció levemente el ceño con las cejas arqueadas, está preocupada y confundida, quizás una mezcla de ambas.

—¿No se quedará? —preguntó, esta vez me había agarrado la manga del abrigo.

—No, lo siento... —respondí, quitando con algo de pereza su agarre. Le acaricié una vez más la cabeza y deposité otro beso sobre sus labios, este un poco más largo que los anteriores, quizás es el miedo de que mi plan no funcione y no pueda hacerlo otra vez—, tengo que impedir que se lleven a mi sol lejos de mí.

Él asintió confundido, pero sus ojos levemente cedían al sueño, hasta que se quedó completamente dormida y yo me marché de su habitación.

La operación Sunshine ha iniciado.

~~L~~

Bueno... espero les haya gustado ^^. Pequeña mención de Luffy de One Piece :3. Nos leemos pronto, popositos xD, na mentira. Los sarangueo❤️