N.A.- Gracias por tu consejo Wariolo, en verdad lo aprecio pero me he dado cuenta de que pocos lectores tienen un interés inicial en capítulos de 20000 palabras, y sin ese interés no podrán conocer la historia, terminare este capítulo de esta forma y dependiendo de los resultados que obtenga en mi trabajo resolveré si continuar dividiéndolos o publicarlos enteros. A Simon de Escorpiao, Obrigado pela mensagem, e sim, Fenrir morreu. Sí mi portugués es muy malo te pido que me dispenses, Fenrir sí murió era muy peligroso para que Harry se arriesgara a dejarlo con vida, de nuevo gracias por tu review. A K.J. Expelliarmus, muchas gracias por tus críticas desde el inicio de mi historia hasta ahora.

Capítulo 4: Secuestro, negociaciones delicadas y fuga. (Parte 2)

La cámara era sucia y lúgubre pero aquello no le importaba, como tampoco le importaba el frío ni la nociva atmósfera de desesperación que se cernía por toda aquella olvidada isla, se encontraba allí con un solo propósito y le había costado mucho pese a su posición como cabeza del Wizengamot conseguir aquella audiencia. Sin embargo Albus Dumbledore aún no terminaba de entender cómo es que este terrible suceso había acontecido, se suponía que el pequeño estaba seguro bajo las más poderosas protecciones que había estado en su poder colocar sobre aquella casa, (como si aquella inesperada reunión con ese joven mago, que en sus barbas se escapo con una de las reliquias y poseía lo que parecía ser la hermana de la varita del destino, no fuera suficiente para una sola semana), una vez más descubría de forma abrupta y costosa que ninguna magia o mente era completamente infalible, dejo de lado las infructuosas suposiciones de cómo había sido posible que él pequeño fuera raptado, porque sabía que seguía con vida aunque no pudiera ubicar dónde. Había colocado algunas formas de saber la situación del infante, sin embargo estas también habían sido burladas en su mayoría, lo único que podía saber era que Harry Potter continuaba con vida, finalmente la situación lo había superado, así que comenzó a reunir información de los seguidores de Voldemort que pudieran saber algo, pese que su primera opción había sido interrogar a Sirius Black, Crouch se opuso prácticamente ordenándole que dejara el asunto de Black en sus manos, que sus aurores lo harían hablar.

Al final logró llegar a un acuerdo con Barty, si los aurores no conseguían nada para el día siguiente entonces sería su turno de actuar, y aquí estaba ahora, esperando que le trajeran al prisionero, su primera impresión de lástima al verlo fue completamente aplastada al recordar lo que aquel hombre había hecho, mantuvo su expresión inescrutable ante el lastimero estado del hombre que dos aurores llevaban a rastras dentro del cuarto y encadenaban a una silla, era claro que lo habían estado torturando y Merlín sabe que más bajo los inhumanos métodos aprobados por el director del departamento de la ley mágica, sin mencionar la cercanía de los dementores debería ser suficiente para acabar con cualquiera, aún en tan poco tiempo, Dumbledore se dio cuenta sin embargo que el hombre se hallaba sin sentido por el efecto de un aturdidor, regresó a ver a los aurores que una vez lo tuvieron sujeto en la silla se regresaron a ver con gesto dudoso.

-Le recomiendo que le dé espacio Sr. –Le sugirió uno de los magos antes de lanzar el hechizo para enervar sobre Sirius.

-¡¿EN DÓNDE ESTA HARRY?

Esas fueron las primeras palabras que salieron de la boca de Sirius Black, el mismo Dumbledore dio un paso atrás al ver el inmenso cambio que representó su antiguo alumno, parecía irradiar energía y desesperación, pero una muy distinta a la asociada con los dementores, está le daba fuerza en lugar de quitársela, lucho contra las cadenas que lo sujetaban con fuerza a la par de ineficacia pues estas se mantenían en su sitio. Era como si sus heridas no significaran nada, Albus le dirigió una mirada inquisitiva al auror que se encontraba más cerca, el cual dio un suspiro cansado antes de contestar.

-Ha estado así desde que le dijimos el motivo por el cual lo estábamos interrogando –contestó a la muda pregunta del director.

Al escucharlo los ojos de Sirius se clavaron en el nuevo personaje y esto pareció tranquilizarlo pues dejo de luchar contra la cadenas, las cuales le estaban dejando heridas perceptibles. Con un gesto Dumbledore comandó a los aurores que salieran, tras intercambiar miradas entre ellos finalmente accedieron a dejarlos solos.

-¿En dónde está Harry, Albus? –Preguntó nuevamente, esta vez tratando de guardar la compostura. El director lo observó fijamente tratando de discernir lo que estaba ocurriendo.

Podía ver claramente la angustia en el rostro de aquel hombre y no tenía nada que ver con su propia situación, la cual parecía no poder importarle menos, sino con la de su ahijado, el hijo de su mejor amigo, el amigo que él mismo supuestamente había entregado a Voldemort. No por primera vez desde que supo que los Potter habían sido asesinados, Dumbledore se preguntó si en realidad Sirius era el espía que había en la orden, de todos él era una de las personas de más confianza y lo había visto ponerse en riesgo infinidad de veces para salvar la vida de otros, sin embargo también sabía que todo aquello podía ser una pantalla muy bien elaborada digna de uno de los principales hombres de Voldemort. Pero esta última demostración no encajaba, igual que algunos detalles más, Voldemort había sido derrotado y según Hagrid, Sirius había arribado al lugar apenas unas horas después de esto. Hasta allí todo encajaba salvo por el hecho de que Hagrid pudiera llevarse a Harry con tanta facilidad, confiaba en la habilidad de Hagrid de otro modo no le hubiera encargado tan importante misión, pero también sabía que Hagrid no desconfiaba de Sirius ni lo trataba como una amenaza potencial, sin mencionar la propia habilidad de Sirius. Dumbledore estaba seguro que de haber querido Sirius habría podido inhabilitar a Hagrid y raptar a Harry en ese momento, pero no lo hizo. Tal vez por temor a llamar demasiado la atención y que refuerzos del Ministerio llegaran, eso es lo que había supuesto. Sin embargo ahora no estaba tan seguro.

-Esperaba que me ayudara a resolver esa duda Sr. Black –contestó uniformemente Dumbledore.

-¿Cómo? –Preguntó de inmediato el joven mago, Dumbledore entorno su mirada, no preguntó nada más y no pidió nada más, solo le interesaba saber cómo encontrar al bebé.

-Diciéndome en dónde se encuentra –contestó llanamente midiendo la reacción de su escucha, la cual fue fulminarlo con la mirada claramente furioso.

-¡¿Cómo se supone que sepa eso? –Preguntó airadamente- ¡la última vez que lo vi, lo deje con Hagrid porque me dijo que según usted el mejor lugar para él sería con sus tíos! ¡Y lo primero de lo que me entero en cuanto llegó a Azkaban es que lo perdieron!

-Pareces muy preocupado por su destino –comentó Dumbledore impasible ante su arrebato.

-¡Claro que lo estoy! –Respondió vehemente- ¡Es mi ahijado! ¡El hijo de James y Lily!

-A quienes traicionaste –le recordó categóricamente, la reacción de Sirius fue más allá de sus expectativas cuando lo vio levantarse con tal violencia que las cadenas le dislocaron un hombro del que hizo caso omiso.

-¡YO NO LOS TRAICIONE! –Contestó fuera de sí, tras unos segundos se calmo y se dejo caer sobre la silla respirando pesadamente, apenas entonces hizo un gesto por el dolor de su hombro pero nada más- tampoco diré que estoy libre de culpa respecto a sus muertes –murmuró quedamente con gran amargura, su hombro comenzó a temblar pero una honda calida lo atravesó y el dolor se fue, Sirius levantó la vista y se encontró con la varita del director apuntando hacía su hombro.

-Cuéntame –solicitó Dumbledore.

Durante los siguientes minutos se dedico a escuchar como Sirius había convencido a James y a Lily para intercambiar su rol de guardián secreto con Peter, su idea de ponerle una trampa a Voldemort para que lo siguieran a él mientras el secreto estaba "seguro" en otro lado, como había descubierto su error demasiado tarde, como empezó a rastrear a Pettigrew y lo acorralo en aquella calle donde se cortó el dedo, asesinó a aquellos muggles y se escapó en medio de la confusión. El viejo director no sabía bien que pensar, todo podía ser una historia muy bien elaborada pero las piezas encajaban de cierta forma.

-Voy a investigar acerca de esto –decidió finalmente- si resulta ser cierto, ayudara inmensamente en tu caso.

-¡Al diablo con mi caso! –Contestó de vuelta a su actitud explosiva- ¡¿Qué piensas hacer respecto a Harry? –Dumbledore lo observó atentamente antes de suspirar con cansancio.

-Seguir buscando –contestó simplemente- por el momento lo único de lo que estoy seguro es de que continua con vida –agregó al ver que su escucha parecía a punto de reventar otra vez, sus palabras funcionaron de inmediato, Sirius pareció más aliviado pero no del todo.

-¿Cómo estás tan seguro? –Inquirió curiosamente.

-Coloque mis propios conjuros para estar al tanto de la situación del pequeño Harry.

-¿Entonces cómo es posible que no sepas dónde está? –Preguntó impacientemente, al ver la mirada fija de Dumbledore se calmo un poco, pero no se retracto, tenía que saber lo que estaba pasando.

-Quien fuera que se lo llevara logró bloquear todos los rastreos que tenía sobre él a excepción del que monitorea si está vivo o muerto –contestó simplemente al final, Sirius asintió, luego levantó la mirada con un semblante de determinación que aquellos que lo conocían podían asociar con problemas.

-Voy a encontrarlo –dijo resueltamente convencido, el anciano lo miro levemente consternado por dicha declaración.

-¿Puedo preguntar cómo pretendes conseguir eso?

-No lo sé y no me importa –contestó sinceramente encogiéndose de hombros pero sin dejar de lado su seguridad- no me importa si tengo que ser el primer mago en escapar de este infierno para lograrlo pero voy a encontrar a Harry –el director lo observó largamente midiendo su respuesta.

-En caso de que lo lograras solo empeorarías tu propia situación –una risa seca y libre de diversión fue la respuesta inicial del ojigris.

-Como si eso fuera posible –murmuró miserablemente- mis mejores amigos están muertos por mi culpa Albus –le dijo de forma directa- me habían confiado a Harry si algo llegara a sucederles y les falle de nuevo allí. No pretendo volver a fallarles, ni a ellos ni a Harry.

Ambos se miraron fijamente por un instante directo a los ojos, la reunión había terminado, tras una breve despedida los aurores regresaron y procedieron a llevarse a Sirius de regreso a su celda, nadie más lo interrogaría por ese día, pero al siguiente continuarían como lo habían estado haciendo antes.

O eso era lo que ellos pensaban.


Nunca había estado tan agradecido por saltarse tantas leyes al convertirse en un animago ilegal como lo estaba ahora, hace solo unos momentos que los dementores lo habían soltado en su celda, no sabía bien porque pero el efecto de estos en él había sido mínimo desde que se había enterado que Harry estaba desaparecido, supuso que era porque no podían quitarle su preocupación y esto era todo lo que ocupaba su mente, menos mal porque sin su habilidad para convertirse en un perro esto no resultaría. Por primera vez un reo de Azkaban esperó impacientemente la hora de la comida, cuando los dementores abrieron la puerta de su celda se transformo en un enorme perro y se abrió paso entre ellos, el brusco cambio en las emociones de su prisionero los confundió a tal grado que le perdieron por completo la pista pese a que paso a su lado. Sirius comenzó a correr con solo un objetivo en mente, salir da allí, sin embargo halló su primer obstáculo al llegar a la salida del bloque de máxima seguridad, la puerta estaba cerrada, no podía regresar por donde vino y buscar otra salida así que intentó pasar entre los barrotes, pero su tamaño le impedía atravesar la puerta, justo en ese momento percibió a sus carceleros acercarse, el frió inundo sus huesos, pero aún seguía luchando contra el tratando de seguir, rehusándose a rendirse, se los debía a ellos. Las imágenes de aquella noche en la que llego a la destruida casa de los Potter llenaron su cabeza pero las ignoro porque tenía la imagen del bebe como una meta, con esfuerzo pasó la mitad de su cuerpo por entre las barras, luego se jugó al todo o nada y volvió a su forma humana, dejando sus piernas del otro lado, en esta forma pudo terminar de pasar pero ahora los dementores sabían exactamente donde estaba y lo rodearon de inmediato, justo cuando estaba comenzando a perder el sentido, algo inesperado ocurrió. Un rugido estremeció los muros de la prisión acompañado de una onda de magia cálida, hasta donde Sirius podía identificar era la de un patronus, la prueba fue ver como los dementores golpeaban contra las paredes opuestas a esta onda como un imán ante una carga igual, aprovechando la oportunidad Sirius regresó a su forma animago y reemprendió la huída por los oscuros corredores.

Explosiones se escuchaban a lo lejos pero en su mente solo existía el corredor y recorrerlo hasta dar con una salida, el efecto patronus no desaparecía lo que le facilitaba mucho avanzar, sin embargo su carrera fue cortada al voltear en un pasillo cuando una pareja de dementores aparecieron frente a él, pero no fueron ellos los que lo detuvieron sino el cuadro completo, aquellos dementores se hallaban clavados con unas estacas que parecían hechas de luz plateada contra las paredes y se sacudían tratando de soltarse, si Sirius no hubiera conocido tan bien la naturaleza de los dementores habría pensado que estaban asustados, y en frente de estos un mago cuyo rostro estaba oculto por la capucha de una desgastada capa observaba en dirección de sus, por extraño que pareciera al tratarse de dementores, presas. Solo entonces Sirius noto que a los pies del misterioso mago yacían algunas de capas negras, antes de que Sirius pudiera especular más el mago resolvió su duda con un pase de varita convirtiendo a los guardias de la prisión en alfileteros de estacas plateadas lumínicas, tras unos segundos de espeluznantes gritos los dementores se volvieron cenizas dejando únicamente sus capas y un centenar de luces que abandonaban estas y se alejaban en diferentes direcciones. Por si el animago perro no estuviera ya suficientemente sorprendido con esto la voz del extraño lo dejo estupefacto.

-Se suponía que yo venía a sacarte –le reclamó claramente divertido- ¿Es qué acaso nunca puedes seguir un plan Canuto?

La cara de shock en aquel perro negro era, a apreciación de Harry, invaluable en especial cuando vio debajo de su capucha, le tomo unos segundos despabilar lo suficiente para regresar a su forma humana pero la expresión seguía allí, con la quijada colgando y los ojos abiertos como platos.

-¿James? –Preguntó tentativamente, la sonrisa en la cara de su escucha fue reemplazada por una expresión triste pero antes de que pudiera responder el sonido de pasos les llamó la atención, aquel sonido dentro de la prisión solo podían significar una cosa, aurores, sin embargo lo que apareció fue peor de lo que esperaba.

-Ay… no puede ser –dijo en tono de sufrimiento el mago con capa al ver que efectivamente había dos aurores dando vuelta al final del pasillo… justo detrás de Albus Dumbledore. Aparentemente el director no había abandonado la prisión todavía cuando la fuga empezó, Harry no esperaba que estuviera allí, pero una de sus mejores habilidades era que sabía muy bien como improvisar sobre la marcha, levantó la mano a modo de saludo al sorprendido profesor antes de elevar numerosos muros entre ellos y los recién llegados, muros que se transformaban en acero ni bien se alzaban- eso debería darnos unos minutos –comentó con absoluta tranquilidad, un sonido semejante al de un ariete se escucho del otro lado y los muros cercanos se sacudieron- tal vez un poco menos –agregó un tanto menos convencido pero igualmente tranquilo dándose la vuelta y caminando hacia la celda más próxima, arrancó la puerta sin problema con magia pero antes de entrar se volvió a Sirius- ¿Vienes o no?

Espabilando el mago de ojos grises lo siguió, ya en el interior de la celda, donde el mago que la ocupaba se hallaba tan ocupado hablando con su sombra que no los notó siquiera, voló el muro que daba al exterior y se acerco al borde, sin embargo se hallaban a cientos de metros de los riscos, apenas entonces Sirius noto que aquel intruso tenía un bolso de viaje a su espalda, pues se lo quitó y extrajo un objeto que reconoció de inmediato, una escoba voladora.

-¡Excelente! –Exclamó emocionado al entender el plan.

-Tenemos que volar bajo, casi a la altura del mar para que no puedan rastrearnos –explicó brevemente pasándole la flecha plateada que había adquirido más temprano en Diagon.

-¿Dónde está la tuya? –Inquirió confundido.

-Yo no la necesito –tras esta simple declaración y luego de asegurar su bolsa otra vez, sin dudarlo salto al vació.

Sirius observó el lugar por el que había saltado anonadado por su osadía solo un segundo antes de hacer lo mismo, durante la caída Sirius se subió a la escoba y comenzó a acelerar en picada hasta casi hacerse pedazos contra las rocas, Sirius trataba desesperadamente de darle alcance pero a un metro de colisionar el mago de la capa doblo en una L perfecta alejándose de la prisión de magos, pese a estar un tramo atrás de él debido a que fue tomado por sorpresa ante tal imagen, Sirius doblo casi a la misma altura con unos centímetros de ventaja del suelo, tras unos segundos el convicto se puso a su misma altura dándole una mirada rebosante de incredulidad al mago que volaba sin escoba a tal velocidad que aún sobre su flecha plateada al convicto le costaba mantenerle el ritmo, ambos dejaban una estela en el agua abriéndose paso sobre el mar a toda la velocidad que podían alcanzar. Cuando se hallaron tan lejos que el sol volvió a ser visible en el cielo el ojiverde hizo una seña y ambos se detuvieron, sin decir nada sujeto al mago fugitivo del hombro y ambos desaparecieron.

Cuando volvieron a asentarse en suelo firme, se hallaban en dentro de una vieja cabaña de madera con un mobiliario totalmente destruido, apenas hubo reconocido el lugar Sirius se volvió hacía el mago que lo había liberado.

-¿Qué fue lo que paso James? ¿Sabes algo de Harry? ¿Lily también esta…?

-¡SIRIUS! –Le cortó en voz alta, tomando una expresión triste- siento tener que decírtelo pero yo no soy James –le dijo con gesto decaído, la cara de Sirius palideció al escucharlo- mírame bien por favor.

El animago perro detallo por primera vez con cuidado al mago, a primera vista hubiera jurado que era su amigo, sin embargo allí había detalles, una de las primeras cosas que llamaban la atención era que no estaba usando gafas pero esto solo llevaba a que uno se fijara en sus ojos, verdes como el césped, Sirius dio un par de pasos alejándose, como si acabara de recibir un golpe, negando con la cabeza, Harry hizo amago de acercarse pero Sirius solo se alejo más.

-¿Quién eres tú? –Preguntó finalmente cuando hubo recuperado el habla, su voz rebosaba de confusión, sus ojos se entornaron cuando el hombre, que no parecía llevarle más de unos años, levantó su varita.

-Juro sobre mi magia y mi vida que lo que revelare a Sirius Black será a mi leal saber y entender la absoluta verdad –tras unos segundos de encandilar la habitación Harry conjuro un par de sillones, guardó su varita y miro directamente hacia los ojos de su padrino- siéntate por favor Sirius, es una larga historia y todavía queda mucho por hacer.

La charla con su padrino fue en partes más sencilla que la que sostuvo con sus padres y mucho más difícil en otras, como el tener que confesar que había dejado a sus padres morir a pesar de poder hacer algo al respecto. El color abandono el rostro de este cada vez más hasta llegar al de la cera, se había mostrado sumamente incrédulo ante el hecho de que quien le hablaba era su ahijado de un año que venía del futuro, más escéptico aún sobre el resto de cosas que este le relató, de no ser por el juramento mágico vinculante Sirius no habría podido creer ni la mitad de lo que escuchaba, Harry no ahondo demasiado en detalles por lo que describía era suficientemente terrible para captar la atención de Sirius en especial cuando llegó a la tercera guerra y todo lo que termino de sufrir el hombre frente a él para llegar a donde estaba, finalmente llegó a la parte donde le contaba como había regresado y la charla temprana con sus padres, en este punto su voz se cortó y no se atrevió a ver a los ojos de su padrino, lo escucho ponerse de pie sin embargo y antes de que se diera cuenta este lo estaba abrazando con fuerza, le recordó enormemente al abrazo que le dio a su propio ahijado antes de irrumpir en Hogwarts, devolvió el abrazo con fuerza mientras algunas lágrimas escapaban de sus ojos.

-Ellos decidieron esto por ti Harry –le dijo convencido- para que estuvieras a salvo de Voldemort, yo habría hecho lo mismo.

-Lo sé… -contestó con voz ronca, se quedaron así un rato hasta que Sirius se separó y volvió a su asiento.

-Volviendo al tema, ¿Qué paso contigo? Con el tú de esta época quiero decir.

-Lo saque de casa de los Dursley apenas Dumbledore dejo la calle –contestó.

-Pensé que Dumbledore dijo que estarías seguro allí –comentó un tanto contrariado, un bufido fue la respuesta del Potter.

-Solo de Voldemort o de sus seguidores, pero no de los Dursley –comentó secamente- créeme acabo de hacerle a mi yo del presente un enorme favor y ahorrarle diez años en una alacena, que podrá aprovechar para…

-¡UNA ALACENA! –Repitió Sirius levantándose sobresaltado.

-Olvídalo –le recomendó restándole importancia- eso ya no sucederá jamás.

-Pero te sucedió a ti –contradijo el merodeador entornando los ojos, Harry simplemente se encogió de hombros.

-En este punto es algo que ya no importa.

-¿Y entonces en dónde te dejaste? –Preguntó tratando de apartar la idea, de su ahijado dentro de una alacena, lejos de su mente.

-En un orfanato en Londres.

-Bien, vamos a buscarte y entonces… -comenzó Sirius pero Harry lo detuvo.

-No, yo debo quedarme allí por ahora.

-Pero…

-No discutas en esto Sirius, es mejor así –le aseguró- para empezar tú eres un fugitivo de Azkaban, sería mucho más difícil para ambos si intentas llevar al bebé contigo –Sirius asintió resignado pero era claro que le hubiera gustado proponer algo, de habérsele ocurrido.

-¿Seguro que estarás bien allí? –Preguntó preocupado.

-Coloque las protecciones y ocultamientos más poderosos que conozco sobre ese lugar –respondió- y créeme que conozco bastantes, ni Dumbledore, ni los mortifagos ni mucho menos el ministerio podrán encontrar jamás el lugar ni se diga entrar a él.

-¿Pero que pasara cuando detecten tu magia allí? –Preguntó Sirius- sabrán que hay un mago en ese orfanato y en cuanto lo verifiquen sabrán que eres tú –por respuesta una sonrisa descarada apareció en el rostro de Harry, una idéntica a la que puso su padre cuando decidieron agrandar la cabeza de Avery en su tercer año.

-También me encargue de eso, como el pequeño Harry recibirá toda mi magia coloque ocultamientos para evitar el rastreo de magia, confía en mí, Dumbledore y Voldemort podrían sostener un duelo en medio de ese orfanato por horas y el ministerio jamás lo sabría.

-¿Cómo aprendiste a hacer eso? –Inquirió claramente impresionado Sirius, la sonrisa de Harry decayó un poco pero no desapareció.

-Es una historia demasiado larga por ahora y aún tenemos una visita pendiente para el día de hoy –se excusó.

-¿Intentas eludir el tema Harry? –Preguntó astutamente su padrino.

-Obviamente –ni se molestó en negarlo- pero lo de la visita es verdad, tendremos una pequeña reunión de merodeadores –dijo con una sonrisa torcida, la expresión de Sirius paso a una más agresiva.

-¿Peter? –Preguntó directamente.

-Dije merodeadores –le recordó categóricamente, su expresión se torno igual de seria- no me digas que aún lo cuentas como uno.

-Claro que no –dijo fríamente- pero… tú sabes dónde está –no era una pregunta.

-Desde luego –contestó, al ver que Sirius estaba por agregar algo se adelantó- pero Pettigrew tiene un papel que cumplir dentro de esto.

-¿A qué te refieres? –Le preguntó intrigado.

-Colagusano ayudara a Voldemort a alzarse nuevamente –le contestó sereno.

-¡Razón de más para detenerlo! –Exclamó preocupado Sirius, Harry negó con la cabeza.

-Entre más pronto lo ahuyentemos antes se vera forzado a ir con Voldemort como última opción –le recordó- y antes la pesadilla comenzara, lo que cambiara todo lo que sé, intentare salvar tantas vidas como sea posible pero necesito que ciertas cosas se mantengan igual.

-Voy a arriesgarme a especular, pero supongo que yo no escape de Azkaban tan pronto la última vez –comentó, el rostro de Harry no cambió pero debía concederle a su padrino que era bastante perspicaz- ¿Eso no cambia el futuro acaso?

-Solo si intervienes abiertamente –contestó- por eso tengo que pedirte que te mantengas apartado del ojo público.

-¡No voy a dejarte solo en esto! –Contestó vehemente.

-No lo harás –le aseguró- pero tendrás que mantenerte a la sombra por un tiempo, tienes la ventaja de que solo Peter y Remus saben que eres un animago así que…

-Sí, y ambos estarán muy ansiosos de hacer llegar esa información al ministerio en cuanto sepan que me he escapado –le cortó agriamente.

-Peter no querrá arriesgarse en tanto crea que está seguro, cosa que creerá si desapareces, y como ya te dije antes tenemos una visita que hacer –le recordó ofreciéndole su mano.

-Esto no me gusta Harry –le dijo directamente, sin embargo aceptó la mano, Harry la estrecho cerrando el trato con una sonrisa avergonzada.

-A mi tampoco, pero tómalo de alguien que se volvió un experto en el tema, el mejor método para acabar con algo como Voldemort requiere de un plan a largo plazo –le aseguró- hay que ajustar las piezas sin que él se dé cuenta, que crea que está ganando terreno cuando en realidad se está acorralando él mismo, es demasiado metódico para caer en algo preparado de manera apresurada y suficientemente escurridizo para escapar si se ve acorralado a medias.

-Perece que tienes mucha experiencia tratando con él –comentó Sirius con tono que trataba de ocultar su preocupación, Harry soltó una tenue carcajada.

-Podrías decirse que sí –contestó- después de todo lo enfrenté siete veces desde que cumplí los once años hasta los diecisiete y no solo sobreviví en cada ocasión sino que él no sobrevivió al último encuentro –Sirius perdió el poco color que había recuperado al escucharlo, pero se sacudió las preocupaciones concentrándose en que su ahijado estaba vivo y a salvo, por ahora.

-Eso es otra cosa ¿Si no sobrevivió cómo es que hubo una tercera guerra? –Cuestiono intrigado, la expresión de Harry se endureció.

-Por tú querida prima –contestó simplemente, Sirius arrugó más el entrecejo.

-Bellatrix –soltó como si fuera una maldición- podríamos hacernos cargo de ella ahora –sugirió.

-Créeme que pocas cosas me gustarían más que eso –le aseguró apretando los puños- pero ella siempre tuvo una participación muy grande en la guerra, si la matamos ahora y luego las cosas no resultan como quisiera en el cementerio… todo se saldría de curso, en especial por el hecho de que yo no estaré de regreso por completo hasta que alcance los dieciséis, y para entonces ella ya estará en escena de nuevo. No, debemos dejarla viva, sin embargo podrías hacer algo para asegurar su entrada temprana a Azkaban y salvar de una desgracia a los Longbottom –sugirió, Sirius lo miro fijamente.

-¿Frank y Alice? –Preguntó de inmediato- ¿Qué pasa con ellos? –Harry suspiró cansadamente y hablo.

-Los Lestrange y el hijo de Crouch los atraparan y torturaran hasta la demencia tratando de sacarles el paradero de Voldemort.

-¡¿Cómo? –Reclamó sin poder creérselo.

-Yo desapareceré en dos días Sirius –Le recordó manteniendo la clama- así que creo que recaerá en ti el ayudarlos –el ojigris asintió con vehemencia- bien entonces, ahora vamos por Remus.

Volviendo a colocar su mano en el hombro de su padrino, y luego de guardar la escoba de vuelta en su bolsa, ambos desaparecieron de la casa de los gritos, sin embargo esta vez fue Sirius el que guió para llevarlos hasta un barrio muy pobre y apartado en Londres, allí en unos derruidos departamentos encontrarían al último de los merodeadores.

Continuara…