—deja el capítulo y se va lentamente—
~~A~~
Un escritor diría que las palabras son capaces de retractar cualquier imagen proveniente de nuestra imaginación o de vagos pensamientos; que si cabe en tu cabeza, pues cabe en el mundo. Un escritor atrae a sus clientes, dígase sus lectores, a través de palabras que juntas crean un mundo para ambas partes. Están conscientes de que todo lo plasmado en la historia -o gran parte de ella- no es cierto y a pesar de eso, ¿qué continúa atrayendo su atención al mundo de mentiras que el autor ha creado? Sencillo, es la curiosidad en saber cómo desarrolla la trama hasta el final o qué hará el escritor después con los personajes.
Pero es tu posición lo que cambia, o mejor dicho: es tu posición lo que determina la situación. Yo no soy un escritor, soy un psiquiatra.
Mis clientes no llegan hasta mí por curiosidad; algunas veces llegan por cuenta propia, otras veces de manera involuntaria. Y esto es porque ellos, o alguien cercanos a ellos, han captado que algo no está funcionando de manera adecuada. Esta es mi realidad diaria, no una realidad escrita por una loca adolescente o un viejo amargado, o viceversa.
La verdad pocas veces es indolora, ella nunca es simple de expresar, pero siempre es necesario que esté presente. Este es un oficio donde tu cliente no siempre tiene la razón y debes tener tacto con las palabras al tratar de transmitir esa "verdad".
¡No es un paso fácil!, es decir, imagina llegar al punto donde reconoces que necesitas ayuda para establecerte en el ambiente social que te rodea, para mantener un equilibrio cuando vas interactuar con tu entorno, para reconocer cuales son las decisiones correctas, aquellas que no harían daño a tu persona íntegra o quien está unido a ti. Ellos quieren ser comprendidos, buscan consuelo en alguien.
Y no sé cuantas veces he estado en esta situación, pero supongo que ya es normal, ¿cierto? Todos tenemos de esos días en que nuestra determinación y voluntad nos gritan hacer una cosa, pero la razón nos demuestra que no basta con estar enfocado a ello, sino que también se necesitan recursos, se necesitan métodos preventivos.
Mi verdad es esa, es que no sé qué hacer o si seré realmente capaz de lograr que cambien de opinión.
Ahora, frente a la puerta que dará paso a la reunión que lo determinará, ya no estoy tan seguro. No tengo como debatir esa opción. Y es ahora cuando me doy cuenta de que el silencio es más poderoso que antes, incluso sólo puedo escuchar el eco del tic-tac causado por el reloj en mi muñeca, es tan constante y sonoro como el latido acelerado de un joven corazón.
Casi todo el personal se ha marchado y los pasillos están más que calmados, hay una extraña paz. Aunque no es como si alguien fuera a escuchar mi discusión interna o como si alguien pudiera sentir mi ansiedad, esta sensación es sofocante y agobiante. Siento ganas de reír y de así quebrar la tensión.
Dios, si es verdad que existes, dame la fuerza suficiente para afrontar esta prueba; así como los argumentos para cambiar los roles en esta pelea.
—¿Todo bien, Sesshomaru? —murmuran tras mí; la voz es suave y tranquila, al igual que su dueño.
—Sí, estoy bien, Naraku —respondí y él sonrió, mostrando el hoyuelo en su mejilla.
Me erguí para extenderle la mano y él dudó; tras bufar, aceptó y la sacudió en un ligero apretón. Sin decir algo más, nos adentramos a la sala de reuniones. La sangré se me le heló, sólo estamos presentes el personal que ha encargado de Rin. Naraku se sentó junto a Byakuya y no necesariamente porque ellos sean parejas, sino por la jerarquía de sus cargos.
Byakuya, como director del hospital, está sentado en el extremo central y Naraku a su derecha, como el psiquiatra en jefe. A su izquierda hay un hombre que su cara me es familiar, mas no recuerdo de donde. Está Miroku, como su psicoterapeuta y Sango su enfermera/niñera personal. También están los doctores que socorrieron a su accidente y terapeutas que ayudaron en su rehabilitación de los cuales no recuerdo mucho; sin duda, todo el personal que ha ayudado a Rin hasta hoy, estamos resta noche reunidos en una sola mesa.
Nos miramos, nadie se salva ante el análisis visual del resto. Es Naraku quien analiza hasta los detalles más insignificantes, todas y cada una de las posibles reacciones, esperando por alguna señal que sólo él podría captar.
—Bien, será mejor que empecemos —dijo Byakuya, luego de carraspear la garganta en busca de nitidez en su voz—. Sé que es extraño que algunos de ustedes hayan sido llamados a estas alturas de tiempo y que algunos el caso ya nos les corresponde.
—Será mejor que hables claro —murmuró el hombre a su izquierda, tiene un extraño acento, se nota que no es del todo japonés.
—Empecemos con una presentación —murmuró Naraku—. Será necesario saber qué papel juega cada quien en esta reunión.
—Bien —otra vez habló el hombre de la izquierda, esta vez llevó su camisa hasta los codos y luego juntó sus manos sobre la mesa—. Mi nombre es Park JaeBum, fui quien salvó de Rin. —La piel se me erizó, había sido él... él salvó a Rin. Me miró y luego bufó.
No sé cuantas veces pedí leer el historial médico, obvio que nunca se me permitió. Visité a Rin cada vez que pude después de mi recuperación, cada vez que salía de clases o no tenía prácticas médicas. Nunca me le acerqué, sólo la miraba desde lejos, postrada en una silla de ruedas mirando a la nada o quizás pensando en algo. Su cabeza siendo sostenida por un cuello inmovilizador, llevaba cánulas nasales y más equipos que en aquel momento desconocía.
"Hubo un choque, una niña y un adolescente son víctimas" "El auto terminó estrellándose contra un árbol, el adolescente presentó heridas leves." "Niña sufrió un grave accidente que le provocó estupor y parálisis" "traumatismo cerebral, fémur izquierdo quebrado, su rodilla y el brazo derecho" "Su cerebro chocó contra su cráneo, murieron miles de neuronas" "No sabemos si sobrevivirá".
Era como una muñeca que apenas parpadeaba sobre aquella silla. Yo escuchaba a los doctores y me mordía la lengua. Los meses pasaron para ella y para mí como segundos; cada día me sentía mejor e incluso asistí a la universidad en poco tiempo. Para ella, las cosas no fueron iguales. Su progreso era apenas perceptible, tan minúsculo, tan lento; los doctores tenían pocas esperanzas en cuanto a su recuperación.
—Yo soy Ok TaecYeon —dijo el hombre junto al engreído Park JaeBum—, terapeuta ocasional de Rin.
¡Oh, sí! El demasiado-simpático-y-cariñoso terapeuta de Rin. Nunca me gustó su sonrisa, la manera en que acariciaba su cabeza o realizaba algún masaje; una forma tan poco convencional para mi gusto. Pronto, apareció un perro, la zooterapia se hizo presente. Era un golden retriever adulto, su pelaje brillaba al igual que su espíritu, era en un tono dorado y muy cariñoso.
"Ayuda tener algo más participativo como lo es un perro" había dicho él en aquel entonces, llevaba a Rin sobre sus piernas y le sostenía la cabecita con cuidado de que no se le moviera, con mano temblorosa Rin acariciaba al perro de vez en cuando. Su avance seguía lento, pero notable desde que el perro, al cual llamaron Max, había llegado a su vida.
"Muchas veces los niños tienen control sobre su cuerpo, el truco es motivarlos para que se muevan. Miren" —señaló hacia Rin, quien se movía poco a poco en su silla de ruedas tratando de alcanzar a Max, quien estaba a su lado— "¿Pueden ver la motivación? Quiere darle cariños al perro. Abrir las manos... para él hacer eso puede ser muy difícil, mas lo está intentando."
En una de esas terapias yo observaba tras un gran marco de cristal, él estaba recostado sobre unas colchonetas para practicar sus terapias. El perro estaba frente a ella, respirando tranquilo mientras Rin le acariciaba el lomo, fue capaz de sonreír un poco cuando me miró. Sus ojitos me habían encontrado, aunque no estaban muy estables y miraba a todas partes, sé que me miró y sonrió.
Ella y Max se hicieron buenos amigos. Al séptimo año desde el accidente, yo ya estaba como residente en el hospital. Rin ya caminaba y realizaba su vida como cualquier chica sin problemas físicos, pero seguía recibiendo terapias, aunque ahora eran diferentes.
—Miroku Tsujitani —dijo mi amigo con una sonrisa en el rostro—. Soy el psicoterapeuta de Rin.
Estaban las psicoterapias con Miroku. El proceso psicológico también es lento. Él le estaba ayudando a desarrollar músculos mentales y emocionales como la paciencia, la persistencia, el valor de las cosas y las personas, la tolerancia con los demás, la aceptación de sus defectos y virtudes. Por lo regular, Miroku realizó terapias de grupo, para ayudarle a socializar y hacer amigos.
—Sango Tsujitani —murmuró la única mujer en el grupo, aún sentada y con la mano en sobre el vientre. Debe ser importante para incluso citarla en ese estado—. Enfermera psiquiátrica, me designaron el cuidado específico de Rin.
—Soy Koga Taiki —dijo un hombre de piel bronceada—, el abogado del hospital. Yo he solicitado la reunión, puesto a que el mayor accionista así lo ha requerido.
El silencio se hizo presente y sigo sin captar lo que sucede, pero al parecer no soy el único. Todos prestan atención al abogado, quien revisa los documentos y luego carraspea para seguir hablando: —El señor Onigumo ha renunciado al apadrinamiento del paciente Rin Noto, este se ha deslindado de todo vínculo y/u obligación con el joven en cuestión, así como también del hospital.
Mareo y nauseas, mi propio aire se devuelve con fiereza hacia los pulmones y los asfixia, me sofoca. Colocó ambas manos contra mi cabeza para echar mi cabello hacia atrás, la desesperación y sorpresa se apoderan de mí, el cuerpo me tiembla como gelatina. Una fría sensación me acaricia la espalda y trato de recobrar la habilidad del habla.
—¿Por qué? —Susurran. Mi vista está enfocada en la mesa, mis dedos aprietan cada uno de los mechones de mi nuca, siendo tironeados para hacerme reaccionar y recordarme que debo mantener la compostura.
—También se ha pedido un traslado para la joven hacia el Hospital H, que es la cede como ya sabrán. —Dice el abogado, con suma serenidad—. Ellos son quienes toman las decisiones mayores, tal cual han podido leer en el ultimátum.
Ultimátum... Esa simple palabra empieza un maratón en mi mente, matando cada una de las opciones que me he planteado, enviando todas las esperanzas al vertedero. Ni siquiera he podido refutar, aunque tampoco es que se me haya dado la oportunidad y es que la sola palabra no es mala... pero la definición de ella es algo que no me complace, ni hace que mis planes tengan fundamento.
No tengo oportunidad, la decisión es definitiva.
Alzo la mirada y me encuentro con Sango en un trance; ella tampoco mira algo en especial, ha abandonado el profesionalismo y su instinto materno sale a relucir. Ella siempre le ha cuidado, siempre, juntas para todos lados, jugando, hablando, lo que sea. Incluso se le ha escapado en algunas ocasiones llamarle mamá cuando ella le premiaba por algo que había hecho bien o cuando se sentía triste, se hubo lastimado; cuando ha necesitado de una figura materna, en pocas palabras.
«¡Por qué!» se volvió a escuchar, esta vez con voz quebrada. Apreté los labios. Miroku acarició sus hombros, ella está muy susceptible ante la idea; sería como perder a una hermana pequeña para ella, o en su defecto, sería como perder a su propio bebé.
—Hay demandas en contra del hospital —dice Byakuya, neutro ante la situación—. Hace casi dos meses se inició un proceso de investigación, han revisado todas las instalaciones y grabaciones de las cámaras de seguridad con el fin de corroborar lo contrario.
—Y esto se debe a... —murmuró Miroku, incitando que razones sean expuestas.
—Recordemos de que esto no fue siempre una institución mental —al fin habló Naraku, porque él es parte del cuerpo directivo—. En 1959, solía ser una cárcel abandonada y había una iglesia adjunta, que era dirigida por mi familia, que se convirtió en lo que en esos momentos era conocido como manicomio.
«Los medios utilizados eran los shock de terapia electroconvulsiva y de insulina; las fijaciones de trementina, la hidroterapia, los extractos de hígado y algunas vitaminas. Se utilizaban los grilletes y las cadenas de la cárcel con mucha frecuencia. Era una psiquiatría basada en la violación de los derechos de los enfermos mentales, se cronificaban los pacientes y se faltaba el respecto a la dignidad y moral de las personas.
Mediocres de aquel entonces abogaron por un sistema estricto, ya sea absolutismo, autocracia, despotismo o dictadura, aprovechando de que solían ser instituciones totalitarias. Es decir, se aprovecharon de que "ellos tenían la razón". Provocando más de cien muertes, en su mayoría eran por desnutrición, estaban abandonados aquí a su suerte, encerrados y encadenados.
—Hay personas que aún dudan de nuestros servicios debido al pésimo inicio que hemos tenido, pero es normal que teman —remató Miroku—. Creo que ya se por donde va todo esto.
—En realidad, no —dijo el abogado—. El ayer es diferente al hoy. La gente sabe que esos sistemas no son necesarios al día de hoy, no cuando los métodos de tortura van cambiando según los años.
Tomé agua, necesitaba ir diluyendo esos pesados peñascos que ellos han clasificado como información.
—¿Entonces qué sucede? —me digné a hablar, ni siquiera logré escuchar mi voz.
—Extorsión, varios de los pacientes estuvieron siendo víctimas de extorsión por parte de los empleados que, afortunadamente, hoy no están con nosotros. —La voz de Byakuya había salido en un suspiro lleno de alivio—. De sólo pensar que de nuestros pacientes infantiles fueron abusados de forma descarada y por personas que tenían como fin ayudarlos a curar... es nefasto.
—¿Abusados? —chillé sorprendido— ¿cuántos de ellos?
Sango se descompuso en llanto, demonios, sus hormonas no me ayudan en nada. Mi teléfono empezó a vibrar, con disimulo logré sacarlo y mirar de soslayo la pantalla. "Florecita solicita una vídeollamada" mostraba sobre una foto mía y de Rin como avatar del contacto. Recordé las palabras que le dije al guardar mi número en su móvil: Cada vez que me necesite sólo tendría que marcar el número en su brazo y yo estaría para ella.
—Once en total—murmuró Naraku, iba a pedir permiso para contestar, mas él continuó—, dado que en cuanto físico no cuenta como niño, con Rin serían doce víctimas.
Y mi mundo se vino a abajo oficialmente.
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