NA.- Antes que nada, ya he decidió que hacer con la publicación de los capítulos, sigo pensando que es mejor no dejar capítulos demasiado largos, pero un par de lectores me dijeron que los prefieren así, por lo que dependerá de que tan extensos resulten, si voy viendo que pasan de las 20000 entonces lo partiré en dos, sino lo publicaré tal como esta. A Simon de escorpiao, Dumbledore no puede hacer mucho aún siendo cabeza del Winzegamot sin pruebas y el hecho de que Sirius se haya fugado, o lo hayan sacado, de Azkaban solo dificulta más la situación, por lo otro ya veremos. A satorichiva, en realidad las clausulas no tienen nada que ver con Voldemort de forma directa pero hay mucho detrás de ellas respecto al mismo Harry, en cuanto a Sirius, ¿Cuándo se ha quedado quieto?, salvo que lo obliguen, pero conociéndolo como Harry lo hace se encargara de que se apegue al plan le guste o no. A todos gracias por sus mensajes y aquí está la última parte de este capítulo, ojala que les guste.

Capítulo 4: Secuestro, negociaciones delicadas y fuga. (Parte 3)

La botella se encontraba vacía, tirada a un costado del desgastado sillón sobre el que reposaba derrumbado, él nunca fue del tipo de persona que acostumbrara beber, pero nunca antes había pasado por tanto en tan poco tiempo. Tres de sus cuatro mejores amigos muertos, por culpa del cuarto, dos traicionados por él y el último directamente asesinado, aún no podía aceptarlo, o creerlo, y por si eso fuera poco el hijo de James y Lily había desaparecido luego de sobrevivir a una muerte segura. Finalmente había tocado fondo, luego de enterarse de la captura de Sirius y la muerte de Peter se había encerrado en su departamento con unas botellas, había gastado su ingreso del mes y no tendría con que pagar la renta pero se encontraba demasiado abstraído en su propia miseria como para que eso o cualquier otra cosa le importara mucho en esos momentos. Como tampoco le importó el sonido de su puerta abriéndose clandestinamente, supuso que sería alguien del otro bando que venía a matarlo, "pues bienvenido sea", se dijo el licántropo Remus Lupin desganadamente no tenía fuerzas ni para abrir los ojos y verle la cara a su ejecutor, o ejecutores según el abominable ruido que estaban haciendo sus supuestamente sigilosas pisadas en el rechinante suelo de madera.

Se estaban tomando su tiempo, pensó, estaba casi seguro de que ya habían alcanzado el lugar donde él se encontraba pero no lo mataban, de hecho parecía que movían cosas a su alrededor "solo ladrones" pensó casi desilusionado, luego una sonrisa burlona cruzó por su cara "pues que tengan suerte en encontrar algo". Sus fúnebres presentimientos fueron cortados cuando los intrusos terminaron lo que sea que estuvieran haciendo, lo primero que sintió fue a uno de ellos levantarlo y forzar una poción a través de su garganta, no tuvo que forzar mucho, en realidad el hombre lobo no opuso resistencia alguna aunque el sabor no era muy agradable comparado con lo que había estado bebiendo, en realidad no era nada, fue lo que ocurrió después lo que saco al arruinado hombre de su mutismo. Fue como si una energía lo golpeara de frente en el pecho forzando a su corazón a latir dos o tres veces más rápido, las únicas veces que sentía algo parecido era durante la luna llena, minutos antes de su transformación, pero eso no sucedería sino hasta dentro de una semana más, con dificultad abrió los ojos y una luz los encandilo, sin embargo fue capaz de distinguir dos sombras antes de cerrar los ojos, por un momento agradeció el entumecimiento que le brindó el alcohol por que la transformación no se sintió tan dolorosa como el recordaba, incluso su mente se mantenía en su lugar, finalmente y luego de varios angustiosos minutos todo se detuvo.

La conmoción fue tal que incluso los efectos del alcohol se habían disipado en su mayoría pero todavía le dolía la cabeza y se hallaba en cuatro patas sobre el suelo, hasta que una voz llamó su atención.

-Quédate atrás –sugirió calmadamente, esa voz le parecía familiar pero no estaba seguro.

-¿Funciono? –Esa voz definitivamente la reconocía, regresó a ver hacia arriba con tal rapidez que sintió su cuello tronar y no le importo, comenzaba a ver rojo al confirmar que la voz era sin duda de Sirius Black.

-¡TÚ!

En ese momento no le importaba nada más, ni el segundo extraño, ni lo que le habían hecho, ni siquiera el hecho de que su voz había cambiado y ahora parecía un gruñido gutural, solo se abalanzó en contra del mago que tenía al frente con la firme intención de despedazarlo con sus propias manos y nada iba a impedírselo, nada salvo el ciervo que se interpuso en su camino, la sola imagen lo detuvo en seco atrayendo toda su atención, tanto que no notó tampoco que la expresión del animago Black reflejaba un asombro parecido pero mucho menor.

-¿James? –Preguntó tentativamente, allí se dio cuenta del cambio en su voz, era mucho más áspera y profunda, por reflejo se sujeto la garganta y al hacerlo sintió unos pinchazos y ahora era su mano lo que captó su atención, solo que no era una mano, sino una garra, peluda y con afiladas navajas al final de sus dedos- ¿Qué…

Al ver que no terminaría la pregunta el ciervo se convirtió en humano, nuevamente la sorpresa golpeó al licántropo al ver a su amigo muerto devuelta entre los vivos, e hizo aparecer un espejo de cuerpo completo frente a Remus, este observó incrédulo la imagen, era una especie de animal, que llevaba retazos de su ya de por si estropeada ropa encima de su membruda figura, pero con una estructura bípeda semejante a los humanos, no era su forma de lobo, parecía más un punto medio entre esta y su forma humana, además, estaba seguro de que no podía articular palabras con su forma animal ni siquiera con una voz que pareciera un gruñido, finalmente hizo lo que todo mago sensato haría tras hallarse en una situación semejante, perdió el sentido. Harry aprovecho el interludio para usar el ojo de samsara en Remus e introducir el conocimiento que necesitaba dentro de su mente.

Le tomo bastante rato al licántropo recuperar el sentido pero cuando lo hizo se percató de que había una barrera que lo separaba de sus visitantes.

-¿Seguro que estará bien? –Preguntó Sirius nuevamente.

-Solo fueron demasiadas emociones juntas en muy poco tiempo –le tranquilizó Harry- pero estoy seguro de que la poción y el ritual funcionaron perfectamente.

-¿Y por qué no ha vuelto a la normalidad?

-Es como la forma de animago, debe hacerlo conscientemente.

Aún estaba algo ausente por lo que no hallaba sentido a las palabras que escuchaba, llevó su mano a su cabeza, la jaqueca parecía peor que antes pero se olvido de esto al recordar la forma de su mano, luego volvió su atención a los visitantes ya con la mente casi completamente despejada, entonces se percato de que el mago que había visto antes no era su amigo James, aunque sí se le parecía bastante.

-¿Quién eres tú? –Preguntó de nuevo con aquel gruñido.

-Primero lo primero –le contestó- necesitas tranquilizarte y respirar hondo, en cuanto sientas la cabeza despejada tu forma humana aparecerá en ella y podrás regresar a la normalidad, lo mismo se aplica si quieres transformarte.

El licántropo entornó los ojos con desconfianza pero hizo lo que le pidió, recordaba haber tenido muchas charlas con sus amigos acerca de cómo era transformarse en un animal a voluntad y no porque una maldición te obligara, y lo que el extraño describió era parecido, de hecho lo sintió bastante fácil, como si ya supiera exactamente qué hacer. Lento pero continuo el cambio en su garra fue perceptible hasta que regresó a ser una mano, con ella palpo su rostro que era lampiño de nuevo, la emoción de este hecho lo embargaba de manera abrumadora pero la felicidad no duro al recordar el asunto actual. A tientas busco su varita entre sus ropajes pero no la hallo su mirada se dirigió desconfiadamente a los animagos presentes, el que se parecía a James señaló la mesita a su lado y allí la encontró.

-Solo queremos hablar, si después aún quieres batirte en duelo o despedazarnos con tus nuevas garras serás libre de hacerlo –le dijo calmadamente, Sirius simplemente regresó a ver a quien lo acompañaba con gesto de no estar totalmente de acuerdo pero no dijo nada.

Al final Remus recogió su varita pero no intentó atacarlos, solo se limitó a esperar que hablaran. A partir de allí Harry volvió a hacer su acostumbrado juramento y retiró la barrera para que pudieran halar con mayor libertad, Harry no sabía quién lo había tomado peor hasta ahora, por un lado estaba lo inverosímil de la situación, por otro lado lo impresionante de la historia y lo que esta implicaba, aunque al final tuvo que reconocer que Remus fue él más perceptivo.

-Hay mucho que no me estás diciendo –afirmó sin retirar la vista de ambos ni reducir el agarre sobre su varita- ¿Cómo puedo confiar en ti siquiera? –Preguntó entornando la mirada, el mago no se inmuto.

-Porque sabes que lo que te he dicho es verdad, aunque no hubiera hecho el juramente me creerías –afirmó con seguridad sin apartar la mirada- es verdad que hay mucho que no les he dicho a ninguno de los dos pero lo cierto es que para nuestra tarea inmediata dicha información es irrelevante, aun así les aseguro que terminare de contarles todo cuando sea el momento –se adelantó a las protestas de ambos- decirles antes podría arruinarlo todo, ustedes tiene un rol muy activo en todo esto y conocer demasiado podría alterar los sucesos.

-¿Por eso no le has dicho nada a Dumbledore? –Inquirió nuevamente midiendo la respuesta del pelinegro.

-En parte por eso –admitió- y en parte porque lo conozco lo suficiente como para saber que no aceptara de buen grado que tratara con algo tan peligroso como la continuidad del tiempo, él trataría de hacer que las cosas siguieran el orden que se supone debían seguir si con eso se detenía a Voldemort y que las perdidas eran algo que debíamos aceptar y superar –recitó con cierta amargura y seguridad- al final le diré, pero será hasta que pueda hacerlo entender y este seguro de que no intentara, o podrá, detenerme.

Pasaron unos minutos en los que Remus se levanto y examino al que decía ser hijo de James fijamente, luego se centro en su mejor amigo.

-¿Peter? –Dijo finalmente incrédulo.

-¿Cómo crees que me siento yo? –Le contestó este a su vez con notable amargura- fue como si yo mismo los hubiese entregado.

-No podías saberlo –le apaciguó poniéndole una mano en el hombro, luego también bajo la mirada- ninguno de nosotros pudo.

-Lamento interrumpir su duelo –hablo con firmeza el ojiverde llamando la atención de ambos- pero el sacrificio de mis padres fue para darnos casi quince años que no estoy dispuesto a desaprovechar, ya he hecho los preparativos.

-¿Preparativos? –Preguntaron a la vez ambos merodeadores.

-Como ya les explique el Harry de este tiempo, el infante, recibirá mi magia pero para no apoderarme de su mente colocare un sello que mantendrá mi conciencia apartada de la suya, así que mis conocimientos surgirán de forma gradual a partir de que él cumpla cinco años –explicó brevemente- una buena parte de mis conocimientos y habilidades, sin contar con un entrenamiento que prepare para especializarlo en ciertas áreas que yo no puedo cubrir…

-¿A qué te refieres con eso último? –Interrumpió el animago confundido y preocupado.

-Eso no importara sino hasta más tarde –le contestó restándole importancia al asunto- el punto es que para cuando deba iniciar Hogwarts estará muy probablemente en el mismo nivel en el que están Dumbledore o Voldemort –aseguró dejando a sus escuchas estupefactos- y créanme que no soy de los que exageran acerca de sus propias habilidades –les tomo un momento digerir esto pero entonces una duda asalto a ambos amigos.

-Me alegra saber que planeas ir a Hogwarts –inició Sirius- pero…

-¿Cuál ser tu propósito allí? –Terminó Remus- si lo que dices es cierto, que no lo dudo por lo que he visto hasta ahora, no creo que haya algo que puedas aprender allí.

-En eso te equivocas Remus –le contradijo Harry con seguridad- allí aprenderé lo más importante de todo –al ver la expectación de ambos continuó- lo que es tener amigos de verdad –la expresión confundida de ambos fue remplazada por una abierta sonrisa al darse cuenta de que no dejaría esa parte de lado- no estoy seguro de hasta donde podré cubrir esa parte antes de llegar a Hogwarts así que lo mejor será asegurarme, además de que cosas muy interesantes sucedieron durante mi estancia en el colegio –comentó con una sonrisa medio divertida medio nostálgica- bueno, es hora de irnos.

Con estas palabras cortó a ambos magos de preguntar cualquier cosa tomándolos a ambos de los hombros y desapareció con un leve susurró.


Londres, 4 de noviembre (Día 5) 2100 horas.

Tres figuras aparecieron en medio de una calle desierta frente a un lote baldío. Al principio dos de ellas se miraron entre sí totalmente desubicadas pero la tercera solo se dirigió a una de las esquinas del lugar, haciendo una seña para que se acercaran los otros dos lo siguieron hasta un punto donde había un extraño grabado sobre una roca que formaba parte del borde, el que se había acercado primero recito unas extrañas palabras antes de poner su mano sobre la roca, el símbolo de inmediato comenzó a brillar con un tono verde fluorescente, siguiendo las indicaciones de su acompañante los otros dos pusieron sus manos sobre el sello y este dejo brillar.

-Con eso basta –dijo el ojiverde levantándose, los otros dos regresaron a ver el lugar donde antes había un lote vació y ahora era ocupado por una casona tipo albergue con muros altos de ladrillo y una reja negra sobre la que rezaba "Orfanato Winter".

-¿Es como un fidelius? –Preguntó el castaño intrigado, su escucha negó levemente.

-Es más como el repelente para muggles que pusieron sobre el caldero chorreante, para que ellos no puedan verlos, solo que este aleja a todo el que posea magia a excepción de los que son agregados a esa runa –explicó tranquilamente.

-¿Qué pasa si alguien la descubre? –Preguntó Sirius dejando de ver el deprimente lugar, Harry simplemente se encogió de hombros.

-Es improbable, pero si lo hicieran aún necesitarían el conjuro además de la clave –le calmó ingresando al orfanato, antes de entrar les entrego la capa para que se cubrieran e hizo la suya invisible también, sin embargo la de él comenzaba a fallar por lo que se ayudo con un conjuro desilusionador.

-¿Clave? –Murmuró Sirius mientras avanzaban.

-Al dejar mi tiempo y todo lo que allí había –comenzó- solo me despedí de tres personas y dos camaradas, que estuvieron a mi lado durante prácticamente toda la guerra, ellos representaban los lazos que aún tenía en ese mundo. Debes pensar en esos cinco nombres luego de poner tu mano sobre la piedra y antes de recitar el conjuro o nada de lo que intentes funcionara. De estos nombres, me parece que cuatro aún ni siquiera existen, dos ni siquiera son de personas y todos son de lugares tan diferentes que podría decirse que es una lista de nombres aleatorios.

Los tres guardaron silencio puesto que ya se encontraban dentro del edificio, sin embargo los amigos compartieron miradas sombrías al escuchar el limitado número de lazos que sostenía el hijo de sus mejores amigos en todo un mundo. Tras un breve recorrido y esquivar al guardia y la encargada del lugar llegaron a una habitación lleva de cunas donde al menos una docena de niños descansaban tranquilamente, Harry los dirigió a una cuna cerca de la entrada donde reposaba envuelto entre mantas un pequeño con una mata de cabello negro, ambos magos salieron de la capa para verlo mejor y cerciorarse de que estaba bien sin embargo no pudieron evitar darse cuenta del nombre al pie de la cuna.

-¿Y eso? –Preguntó Sirius al Harry adulto.

-No esperaras que ponga el nombre verdadero, si por casualidad se cuela fuera llamara la atención de inmediato sobre este lugar, más aún si proviene de un lugar que supuestamente no existe –explicó, Sirius asintió pero Remus parecía preocupado.

-Pero, Dumbledore revisara también las instituciones muggles ¿Qué pasara si da con que ingreso en la misma semana? –Harry simplemente negó con la cabeza.

-Ya me encargue de eso –le contestó- modifique los registros oficiales y la memoria de los encargados, según ellos este bebe nació aquí de una madre que murió poco después de dar a luz, y lo hizo en abril –explicó, ambos asintieron, luego regreso a ve a Sirius- lo que me recuerda, ellos también creen que tienen un perro que adora a los niños y que de vez en cuando se escapa por unos días o un par de semanas, pero como están acostumbrados a eso no le dan mayor importancia –Sirius lo miro sorprendido, pero luego soltó una risa que tuvo que tapar con su mano para no despertar a los niños.

-¿Así que ahora soy un perro guardián? –Comentó una vez su risa se detuvo, detrás de él Remus también se esforzaba por controlar su risa, Harry solo asintió.

-No es recomendable que te dejes ver en forma humana, seguramente informaran al primer ministro de Inglaterra por lo que y las autoridades muggles también te estarán buscando –comentó con sencillez- después de todo acabas de convertirte en el primer mago que escapa de Azkaban –acabó con una leve sonrisa ante el hecho de que Sirius estuviera sacando pecho orgulloso por tal logro, hasta que recibió un zape en la nuca.

-Eso no es para estar orgulloso –le espetó Remus, antes de que Sirius pudiera contestar Harry intervino.

-Dejen eso –les cortó, luego haciéndoles una seña para que guardaran silencio los tres magos abandonaron el edificio y llegaron hasta un parque totalmente desierto y a oscuras- solo un par de cosas más y luego tendremos que tomar diferentes caminos. Primero, Sirius, tendrás que mandar una carta a Gringotts para que transfieran la mayor parte de tus fondos a la cámara de Remus, los duendes manejan sus cuentas a parte de las leyes de los magos por lo que no debería importar tu situación actual –Sirius asintió pero el Remus iba a protestar por lo que Harry se le adelantó- antes de que digas algo, ese dinero no es ninguna caridad, a partir de ahora serás el benefactor de este orfanato, de ese modo ambos podrán estar seguros que al bebé no le falta nada –esto cortó la protesta del hombre lobo- aunque Sirius pueda hacer tratos con los duendes aún le sería muy difícil moverse libremente por lo que es mejor que lo manejemos así, además la comunidad de hombres lobo a la quiero que ayudes podría necesitar ayuda financiera en el futuro.

-¿Comunidad de hombres lobo? –Repitió el castaño confundido, Harry saco de su bolsa una libreta de color marrón junto con un pedazo de pergamino escrito.

-Ya puse los conocimientos dentro de tu cabeza para que lo sintieras como algo instintivo pero aquí está escrito de forma detallada como controlar la transformación, incluidas pociones, rituales y hechizos de ocultamiento que podrían venirles útiles en el futuro –le dijo pasándole, este brillo levemente al tacto de Lupin y al abrirlo sus páginas estaban en blanco, Remus regreso a verlo con el ceño fruncido- tú ya sabes cuál es la contraseña –al decir esto los ojos del castaño se abrieron comprendiendo antes de guardar el libro y recibir el papel- aquí es donde puedes encontrarlos, te recomiendo que estudies el manual y los encuentras antes de la siguiente luna llena, podrían necesitar tu ayuda con algo más –le sugirió antes de regresar a ver a Sirius- tú te quedaras aquí, yo aún tengo un par de asuntos pero estaré de vuelta antes del día seis –le aseguró, luego le paso un cuaderno de forro azul oscuro, Sirius lo recibió arrugando el entrecejo- ¿No pensaste que Remus sería el único que tendría tarea o sí? –Le preguntó con una sonrisa divertida, el castaño se rió levemente de la expresión de su amigo antes de que el ojiverde continuara- es una manual detallado de cómo controlar la animagia –explicó, Sirius le dirigió mirada petulante antes de regresarle el libro.

-Yo… –comenzó tomando distancia- ya soy muy bueno en animagia –completó antes de pasar a la forma de un enorme perro negro que movía las cejas con expresión sabihonda, por respuesta Harry resopló mientras su cuerpo transmutaba hasta una figura del mismo tamaño con cuatro patas, pelaje negro y brillante además de profundos ojos verdes felinos que no perdieron detalle del perro antes de saltar sobre él y tirarlo al suelo, la enorme pantera retracto sus garras para no lastimar a su padrino que había vuelto a su forma y estaba perplejo- ¿Pensaba que eras un ciervo? –Comentó claramente consternado mientras el inmenso felino se apartaba para permitirle ponerse de pie, no era el único sorprendido, a su espalda Remus también se encontraba como quien ve visiones ante la imponente pantera negra.

-Lo soy –dijo simplemente Harry luego de volver a su forma humana, tras un segundo un ciervo de formidables astas les devolvía la mirada con sus característicos ojos verdes. Dio un pequeño trote antes de saltar sobre ambos magos que se hicieron para atrás solo para ver como el ciervo se reducía hasta formar un cuervo que voló a su alrededor hasta posarse en el hombro de Sirius, graznar y luego volar al frente tomando la forma de un fénix, este planeó hasta el suelo donde tomo la forma de un enorme lobo negro, después de tener fijos los desorbitados ojos de ambos magos cambió a un caballo negro alado con toques de reptil, alas de murciélago y ojos sin pupila de verde fluorescente que parecían reflectores en medio de aquella oscuridad, oscuridad que agradeció ya que le sirvió para cubrir de ojos curiosos la última forma de animago, su favorita y uno de sus más poderosos recursos, ambos merodeadores cayeron sentados por la sorpresa cuando el thestral frente a ellos se agrandó hasta alcanzar unos quince metros sobre sus cabezas tomando la formidable y aterradora forma de un colacuerno húngaro adulto, luego de que ambos pudieron ponerse nuevamente de pie vieron al dragón encogerse hasta regresar a la forma de Harry, aún les tomo varios minutos encontrar de nuevo sus voces antes de que Remus hablara.

-Pensaba que los magos tenían una única forma de animago –comentó totalmente perdido, Sirius aún no recuperaba el habla.

-Actualmente así es, yo descubrí o descubriré que en realidad existe un máximo de siete, estas formas están ligadas a la personalidad del mago, el método actual sirve para descubrir una que es generalmente la principal, pero se pueden descubrir las otras a partir de otros aspectos secundarios pero igualmente importantes del mago, el método… -agregó devolviéndole a Sirius el libro, que lo recibió aún sin salir de su impresión- está aquí, piénsalo, sí una sola forma de animago te ha ayudado tanto, imagina lo que podrían hacer siete formas, algunas de las cuales serían sin duda animales mágicos.

-Eso es otra cosa –agregó Remus, Sirius ya se encontraba revisando el libro- nunca había escuchado de un animago que se transformara en un animal mágico.

-Es porque para que el animal tenga todos sus poderes, tu magia deben estar a la altura de proporcionárselos –explicó- la forma de dragón fue la última que domine ya que requería que yo tuviera enormes cantidades de magia para cubrir todas las capacidades de un colacuerno húngaro.

-¿Qué son estos conjuros? –Intervino Sirius al notar que no todo lo que estaba en la libreta tenía que ver con la animagia, Harry sonrió de lado.

-Son como los que use en la prisión contra los dementores, imagine que podrían serte de utilidad.

-¿Cuáles conjuros? –Preguntó con curiosidad el licántropo al ver el repentino intercambio de miradas conocedoras entre ahijado y padrino.

-Algo más –dijo Harry sin contestar la pregunta sacando una hoja de pergamino en blanco salvo por un margen hecho de líneas curvas- pon tu mano aquí –le pidió a Sirius esté obedeció y una runa que significaba "estrella" se estampó en el papel.

-¿Para qué es eso?

-No puedo llevarte a Ollivander pero este método sirve para transportar la firma mágica de alguien, generalmente sirve para rastrear pero también se puede usar para buscar una varita compatible –explicó.

-¿Otro de tus descubrimientos? –Preguntó de manera retórica levantando una ceja, Harry simplemente asintió- con exactitud ¿cuántas cosas más como esa puedes hacer? –Por respuesta su ahijado le dio la típica sonrisa torcida que su padre solía poner cuando planeaba una de sus bromas.

-Es algo que yo sé y ustedes descubrirán cuando vuelva –contestó simplemente antes de desvanecerse entre las sombras.

-Espera… -intentó detenerlo balde detenerlo antes de que su mano se cerrara alrededor del aire- no cabe duda de que es su hijo.

-El de ambos –secundó el hombre lobo afirmando con la cabeza, luego regresaron a verse entre ellos y soltaron unas sonoras carcajadas, las primeras genuinas desde la muerte de sus viejos amigos.

Cuando se tranquilizaron ambos se dieron un abrazo de perdón por haber dudado del otro y de despedida prometiendo reencontrarse tan pronto como sus tareas inmediatas fueran cumplidas.


Ministerio de Magia Londres, 5 de noviembre (Día 6) 1100 horas.

Aquellos pasillos faltos de iluminación eran tal cual los recordaba, aún le costaba creer la facilidad con la que había llegado tan lejos, el gran ministerio de magia cede principal del gobierno de los magos y podía ver tantas aberturas que un adolescente se las ingeniaría para entrar con suficientes datos, él solo tuvo que confundir a un grupo que llegaba al ministerio para que creyeran que el iba con ellos y luego confundir del mismo modo al mago de la entrada, claro que contaba con la enorme ventaja de poder usar magia sin la varita que hacía imposible saber que usaba los conjuros y llamar la sospecha sobre sí mismo. Aún así sabía bien que aprender dicha habilidad no era en realidad tan difícil, solo requería constancia y un aprendiz de mago de once años conseguiría que la mayoría de sus conjuros funcionaran al llegar a los trece, y muchos más a partir de allí. A un mago adulto el tomaría cuando mucho un año de práctica para poder hacer todos sus conjuros del mismo modo, la razón principal por la que no le enseño a nadie como hacerlo era: en primera porque aquello le representaba una ventaja formidable, segundo su bando no lo necesitaba en realidad con todo lo demás que les había enseñado y tercero no quería arriesgarse a que la información se filtrase y llegara hasta Voldemort, eso habría hecho las cosas endiabladamente más complicadas.

Volviendo a su actual posición, paso a la antesala del departamento de misterios pero antes de comenzar a buscar la habitación que quería hallar una voz le habló a sus espaldas.

-¡No se mueva!

Con un suspiró cansado Harry levantó su brazos lentamente, mostrando que no llevaba varita, mientras tanto se aseguraba que el mago estaba solo, una vez que lo hizo concentró suficiente magia en su mano y…

¡Snap!

Tras el chasquido de dedos el mago fue arrojado y amarrado contra el muro, el sonido de su varita cayendo en el suelo de roca fue la señal para que Harry se volteara, aunque su capa ya no podía hacerse invisible aún podía ocultarlo con un tejido oscuro mientras el podía ver al exterior y lo que vio, o mejor dicho a quien vio, lo dejo momentáneamente sin palabras.

-Frank Longbottom –murmuró casi sin creérselo, luego regreso su atención a la varita en el suelo- permíteme darte un consejo, nunca ataques a un oponente a solas si no conoces de lo que puede ser capaz, creía que Moody les había enseñado eso –comentó, el auror padre de uno de sus viejos mejores amigos lo fulminó con la mirada, ocasión que Harry aprovecho para lanzar un conjuro sobre la varita en el suelo sin que se diera cuenta, hecho esto se volvió a las puertas de la sala, antes de entrar a una de ellas volvió a hablar- un último consejo, la guerra ha terminado por ahora pero no creas que están libres de peligro, los Lestrange van tras de ti y tu familia, debes ponerlos a salvo –con esta última advertencia chasqueó nuevamente los dedos y Frank cayó al suelo en cuclillas, de inmediato salto sobre su varita pero apenas la sujeto entre sus dedos ambos desaparecieron, antes de tocarla sin embargo escuchó claramente como el mago le decía- ah, y saluda al profesor Dumbledore de mi parte.

Tras encontrar la habitación llena de relojes se apresuró a tomar una cadena de oro con un reloj de arena de uno de los estantes, tomo su varita, la cual ya se encontraba claramente desgastada y reseca y la forzó con las últimas transformaciones que sería capaz de realizar, al finalizar ya no era un reloj de arena lo que pendía de la cadena sino un arco grabado con un aro más pequeño en su interior, le dio un leve giro al aro solo para probar como este era suave y fluido antes de reactivar la magia del articulo con sus dedos. Ahora estaba terminado y fue muy oportuno ya que detrás de él un destello de fuego revelo a dos magos y un fénix.

-¿Sería tan amble de devolver eso? –Pidió la voz amable de Albus Dumbledore, sin embargo el tono era más cauto y Harry sabía que el mago estaba mucho más atento esta vez.

-No eres muy imaginativo Albus –le criticó con suavidad- eso fue lo mismo que me dijiste la última vez ¿recuerdas?, justo antes de que en tus barbas me llevara la capa de invisibilidad –le recordó categóricamente- ¿crees tener mayor ventaja aquí de la que tuviste en tu propio despacho o en Azkaban? –Silencio fue la única respuesta del anciano pero solo era porque se mantenía atento a cualquier movimiento sospechoso del intruso, sin embargo paso por alto como esta apuntó por un instante bajo la mesa sobre la que estuvo trabajando antes de que el auror y el profesor llegaran ya que su cuerpo lo cubría en gran medida- prepara un mejor escudo.

Esa fue la señal para que ambos magos en la entrada arrojaran un aturdidor sin embargo estos no impactaron sobre la espalda del mago sino que rebotaron, o por lo menos el del auror rebotó, sobre el lomo cubierto de casi invulnerables escamas negras de una criatura tan enorme que no cabía en aquella recamara, ambos magos fueron despedidos fuera de la misma luego de que la cola con pinchos de aquel animal los golpeara, no fueron despedazados únicamente porque Dumbledore alcanzó a protegerlos con un escudo, sin embargo ambos acabaron en la antesala de espaldas, cuando lograron levantarse y volver a la habitación ya no había nada más que una habitación con múltiples destrozos.

-E-eso era… es decir, eso fue… -Frank Longbottom no podía terminar de creer lo que presenció con sus propios ojos- ¿Un animago Dragón?

-Así parece –Contestó simplemente Dumbledore examinando la habitación.

-¿Cómo escapó? –Preguntó más para sí mismo- habíamos puesto barreras anti-aparición.

-Me atrevería a suponer que de la misma forma que se escapó en Hogwarts –comentó el anciano con un suspiro- aunque no puedo asegurarlo como tampoco tengo una idea de cuál fue el método que utilizó allí –Frank lo miro aún más sorprendido.

-¿Entonces lo que dijo es cierto? –Interrogó- ¿Logró escaparse de usted en Hogwarts y Azkaban? –El director asintió sin dejar su inspección- ¿Quién es ese sujeto?

-Una muy buena pregunta Frank –murmuró con la mirada fija en el suelo, cuando la levanto su entrecejo estaba fruncido.

-¿Qué descubrió profesor? –Preguntó de inmediato al reconocer el gesto del hombre.

-Le falta una pata a la mesa.

-¿Y eso qué…? –Se detuvo de preguntar cuando notó la mirada de Dumbledore fija en su varita, entonces el auror también cayó en cuenta- ¡un traslador! –Ambos se quedaron viendo por un instante antes de formular una idea- iré por un rastreador –dijo de inmediato antes de abandonar la habitación rumbo a la oficina de aurores en busca de alguien capaz de decirles donde arribó ese traslador y algunos refuerzos que sin duda estarían interesados en dar con el mago que se escapó de Azkaban llevándose a uno de los magos más buscados.


Le tomo un par de intentos abrir los ojos por completo, era verdad que se necesitaban cerca de una docena de aturdidores para noquear a un dragón adulto pero cuando se trataba de la varita del destino en manos de uno de los magos más poderosos del tiempo presente… eso ya era una historia completamente diferente. Menos mal que tuvo a buen recaudo caer sobre su traslador, el hechizo tampoco logro noquearlo por completo pero si lo atontó bastante, cuando logró enfocar al completo, su alrededor estaba lleno de árboles, "el bosque prohibido" pensó con un respiro levantándose sobre sus corpulentas patas, conociendo a Dumbledore no le tardaría mucho darle alcance, alzó el vuelo con premura y se dirigió hacia los terrenos del colegio, tuvo que darse impulso al llegar al límite del bosque para lo que iba a hacer y pidiendo mentalmente disculpas a la profesora Sprout golpeó violentamente con su cola al agresivo Sauce Boxeador arrancándole una gruesa rama, el árbol se volvió furioso contra su agresor pero este ya lo había pasado, una vez en tierra tomo la sección con mejor madera mágica de la rama, cerca de unos dos metros de largo, y la introdujo dentro de su bolsa a tiempo de sentir varias presencias mágicas aparecer en el interior del bosque, volviendo a colocar la bolsa en su hombro se transformo en un cuervo y voló en dirección de los árboles cercanos a la cabaña de Hagrid, esté al parecer se hallaba en el bosque porque no lo vio cerca.

Tuvo que esperar unos minutos antes moverse fuera de la protección de los árboles mientras cerca de unos veinte magos se movilizaban para cubrir la zona, cuando uno los llamó diciéndoles que habían hallado algo extraño todos se dirigieron hacia donde se hallaba el herido y rabioso árbol, tomando la oportunidad Harry voló hasta la ventana de una bodega adjunta a la cabaña de Hagrid e ingresó en ella, allí estaba lo que vino a buscar en medio del lugar la enorme moto de su padrino, abrió su bolsa y con un movimiento de su mano la moto se desmantelo por completo y todas las piezas entraron en la bolsa.

-Menos mal que Sirius no vio esto –murmuró divertido mientras cerraba la bolsa y se la colgaba al hombro imaginando la expresión que hubiera puesto su padrino al ver su moto separarse en miles de piezas.

-¡¿Quién es usted? –Definitivamente estos días estuvieron llenos de imprevistos, pensó desganadamente al escuchar la voz del semigigante en la entrada de la bodega a sus espaldas, sin embargo, como ya había demostrado muchas veces antes, él era muy hábil para improvisar sobre la marcha.

-¡LUMUS!

El hechizo fue tan fuerte que era visible en el exterior pese a ser medio día, llamó a todos los aurores y al mismo Dumbledore a la cabaña donde encontraron a un temporalmente ciego Hagrid sentado frente a la entrada de su bodega frotándose los ojos, no logró ver nada más allá de la luz que emanó de la mano de aquel intruso y le pareció escuchar levemente el canto de un ave pero no estaba seguro, sin nada más los aurores comenzaron a revisar el lugar pero allí no había ninguna firma mágica que fueran capaces de rastrear.


Esta habilidad sin duda nunca le había sido tan útil, ciertamente el poder de teletransportarse de un fénix lo había salvado antes pero era gracias a Atem, ya que cuando en realidad necesitaba de esa clase de transporte él no estaba en condiciones de transformarse, por otro lado tampoco se había visto en situaciones en las que solo tuviera que escapar sin pelear. Como fuera, finalmente había regresado al callejón Diagon y se dirigía a Ollivander, con el sol ya bajo en el horizonte, afortunadamente la tienda se hallaba vacía salvo por el viejo constructor de varitas.

-Buenas… ah, es usted –dijo el Sr. Ollivander al reconocerlo.

-Buenas tardes –saludo amablemente- vine a ver si tuvo progreso con mi encargo para este día –aclaró antes de nada, el viejo asintió yendo a la parte posterior de su tienda y regreso con un pequeño maletín, en el interior de este se hallaban doce varitas completamente nuevas de diferentes tamaños y maderas, Harry regresó a verlo intrigado y levemente sorprendido.

-Los consejos de aquella bitácora me fueron mucho más útiles de lo que pensaba –explicó- aquí esta lo del primero, por lo del segundo… aún no terminó de revisar por completo el escrito que me entrego –explicó el anciano, Harry solo agitó su mano restándole importancia.

-No se preocupe por eso, estaba plenamente consciente de que ese no sería un proyecto a corto plazo –le aseguró, luego sacó una gruesa rama de su bolsa- sin embargo aquí tiene lo que había ofrecido.

Ollivander examinó la madera, lucía encantado y tras unos minutos asintió bastante satisfecho.

-Es más de lo que necesitare pero como usted sabiamente dijo –se adelantó- es mejor tener un respaldo ¿Desea llevarse las varitas ahora?

-Ya veremos, como usted mismo dijo eso será decisión de las varitas –comentó extendiendo un pergamino sobre el mostrador, luego de tocarlo con la punta de su dedo las líneas del margen parecieron cobrar vida y se levantaron como serpentinas ondeando hacía arriba, una a una colocó las varitas sobre el papel pero las líneas solo las rozaban sin reaccionar, en una ocasión incluso se repelieron por completo de la varita, justo cuando Harry estaba probando la última varita las líneas se aferraron a esta como virutas de hierro a un imán, emitieron un leve brilló incandescente y luego el pergamino se borró- es esta –dijo absolutamente seguro con una media sonrisa.

-Veinticinco centímetros, de madera de Vid, flexible, ¿Qué es lo que pretende hacer con esa varita? –Preguntó curioso el anciano, aquellas estaban sin duda entre las varitas más formidables que alguna vez haya construido y estaba intrigado por su destino.

-Se la entregare a alguien digno de ella –contestó, antes de que Ollivander pudiera decir algo agregó- la varita acaba de elegirlo, el pergamino contenía la firma mágica del mago para quien la buscaba –le aclaró- como él no podía venir en persona tuvimos que hacerlo de esta forma –explicó, el anciano asintió comprendiendo, no había escuchado de ese método pero luego de todo lo anterior supuso que probablemente sería otro de los descubrimientos de aquel misterioso mago- ¿No importa si me las llevó todas?

-Son suyas, pero me gustaría saber quiénes serán los propietarios destinados a poseer estas varitas –comentó mirando fijamente al pelinegro con intensidad, este solo sonrió misteriosamente.

-Lo sabrá tan pronto lo sepa yo –le aseguró- esperó encontrar por lo menos a la mitad de ellos antes de quince años, le entregare los nombres entonces junto con las varitas que no hayan sido reclamadas.

-¿Las varitas…

-Como especifica nuestro contrato no haré mal uso de ninguna varita que fabrique para mí, pero prefiero tenerlas a resguardo, aún aquí cabe la posibilidad de que lleguen a malas manos –explicó- sin embargo apenas el tiempo de peligro pase no veo motivo para que usted no pueda volver a resguardar su trabajo –el anciano lo observó un tanto sorprendido e intrigado por sus palabras pero no dijo nada solo asintió, luego ambos estrecharon manos en forma de despedida, Harry guardó el maletín dentro de su bolsa con todas las varitas salvo por la que le entregaría a Sirius.

La siguiente y última parada fue la tienda de artículos de viaje del Sr. Leeds donde lo encontró trabajando en los planos del baúl que le había encargado dentro de su taller, estrechó manos con el hombre antes de hablar.

-¿Qué lo trae por aquí Sr. Evans?

-Un último detalle acerca del baúl que le encargue –contestó llanamente antes de dejar su bolsa en suelo y abrirla, con un pase de la varita de Sirius (No necesitaba hacer esto pero era mejor guardar las apariencias) cientos de piezas salieron y se ensamblaron en una formidable moto- ¿puede dejar esto en el interior del 3º compartimiento? –Preguntó señalando la moto, Leeds no contesto inmediatamente, estaba muy concentrado en la bolsa.

-¿Puedo…? –Harry asintió- muy buen trabajo –admitió levantándola un poco- hechizo peso pluma –luego hecho una mirada en el interior- y de expansión indetectable –murmuró, luego examino el exterior- no puedo identificar el material, parece dragón pero es mucho más flexible y suave…

-Basilisco –contestó el pelinegro, llamando la atención del hombre- y gracias por alagar mi trabajo, viniendo de un experto es un gran cumplido.

-¡¿Usted la fabrico? –Dijo asombrado, Harry simplemente asintió y tras cerrar la bolsa, tanto normal como mágicamente, se la entregó.

-Deseo que está también quede en el tercer compartimiento de ser posible –el Sr. Leeds asintió aún sorprendido y tras una breve despedida el mago se retiró.


Orfanato Winter, Londres 6 de noviembre (Día 7) 0000 horas.

Viéndolo en retrospectiva, fue una excelente idea no confiar ciegamente en el plazo de siete días, la varita se había deshecho por completo antes de terminar el sexto día y la capa ya estaba deshaciéndose. Pero eso ya no importaba porque había terminado con todos los preparativos para el día seis, sin duda la "infancia", si es que se le puede llegar a llamar de esa forma, de esté Harry sería interesante, pero muy difícil, aún no podía asegurar si sería peor que crecer con los Dursley, pero sin duda sería infinitamente más productiva. No le importaba realmente ser "el malo" cuando todo empezara, lo que en realidad le preocupaba era como crecería el Harry más joven bajo su cuidado y en medio de todo lo que había preparado para él, pero sabía bien que era necesario, esta vez no iban a enviar a un borrego al matadero forzándolo a ver como todos los demás pasan antes que él, esta vez soltarían un dragón en medio de un montón de magos incautos que nunca sabrían que fue lo que los golpeó. Con este último pensamiento se las arreglo para alcanzar la entrada del orfanato, estaba muy cansado, había usado su magia más de lo que podía recordar y aún le faltaba alimentar un último hechizo que había dejado en el interior de su yo de un año, un hechizo que se activaría en cuanto tuviera la magia necesaria para hacerlo, no era crítico, su magia tendría cuatro años para recuperarse por completo aún mientras el conjuro se alimentaba de ella, y este conjuro probaría ser inapreciablemente útil durante los siguientes años.

-¿Te encuentras bien Harry? –La voz preocupada de su padrino lo alcanzó ni bien hubo cruzado la reja exterior y le sirvió de apoyo, Harry simplemente le pasó la varita de madera de vid y gracias a la cercanía pudo sentir una leve onda cálida de magia emanar de ellos apenas los dedos de su padrino se cerraron alrededor de la varita- guau –susurró impresionado, era claro que podía sentir la fuerza del vinculo y el poder innato en su nueva herramienta.

-Pon un desilusionador sobre ambos y ayúdame a llegar hasta Harry –le pidió agotado, Sirius hizo lo que le pidió, la varita supero su primera prueba con honores, ni siquiera ellos mismos eran capaces de verse.

-¿Qué te paso? –Preguntó Sirius en voz muy baja apenas estuvieron en un corredor despejado.

-Ha sido una semana muy larga –contestó simplemente sin dejar de avanzar- pero ya casi termina y todo está listo –agregó dándose ánimos- ¿Cómo sientes la varita?

-Excelente –contestó animado- incluso mejor que la antigua –el ojiverde rio entre dientes- ¿Qué es lo gracioso?

-Nada, solo imagine lo orgullosa que se pondría tu madre de saber que la varita de su hijo fue hecha con uno de los colmillos del basilisco de Salazar Slytherin –Sirius por poco lo deja caer al escuchar esto.

-¡¿Cómo? –Fue el sigiloso reclamó susurrado por parte del animago perro, el aludido continuó riendo bajo- y yo que ya le había tomado aprecio ¿Por qué tenías que arruinármelo? –Le reclamó en son de broma.

-Si te hace sentir mejor, el basilisco no estaba nada dispuesto a ceder esos colmillos –le comentó.

-Sí, me hace sentir mejor en realidad –fue la contestación de su padrino tras un instante de reflexión, justo ahí ambos llegaron nuevamente a la sala de cunas.

Forzándose a mantenerse por sí mismo alcanzó "su" cuna y destapo la manta que cubría al niño en ella, luego retiro un poco la desgastada ropa hasta dejar expuesto el hombro y un marca muy bien definida en el.

-¿Te imaginas lo que diría Lily si se enterara que te hiciste un tatuaje a esa edad? –Preguntó Sirius al ver la marca en el hombro de su ahijado aún infante, ambos se regresaron a ver un segundo antes de que un escalofrío les recorriera la espina.

-Bueno, pero no es permanente –dijo a la defensiva el Harry adulto mirando el pequeño colacuerno húngaro, estaba hecho completamente por líneas negras y parecía estar descansando en el suelo con las alas recogidas y la cola rodando su cuerpo, no parecía en absoluto extraordinario… todavía- este será el sello, o mejor dicho la división que mantendrá ambas conciencias apartadas por ahora.

-¿Entonces este es el adiós? –Preguntó Sirius tentativamente, se veía triste, pese a solo conocerse de unos días le había tomado apreció inmediato a su futuro ahijado, este le sujeto el hombro de forma reconfortante.

-Es un hasta pronto Sirius –le corrigió.

Luego de un breve abrazo Harry recitó el último conjuro mientras señalaba su pecho con el índice, Sirius trato de no apartar la vista pero sus ojos se cerraron casi automáticamente cuando un grueso corte atravesó el pecho de su ahijado, pudo ver sin embargo la expresión de paz en el rostro de este mientras se desvanecía en una niebla dorada que se guió hacía el bebé en la cuna como agua por un túnel, el infante continuó durmiendo a pesar de estar emanando un brillo sumamente intenso que iluminó toda la habitación por algunos segundos antes de extinguirse. Cuando lo hizo el dragón tenía en el lugar donde estaban sus ojos dos puntos de color verde fosforescente, estos fueron apagándose hasta quedar de un verde oliva, varias personas llegaron poco después pero solo encontraron una habitación común salvo por que el perro guardián se hallaba al pie de una cuna haciendo guardia a uno de los niños, el cual se encontraba cuidadosamente arropado y durmiendo plácidamente, totalmente ausente de lo que había sucedido y de lo que tendría que afrontar en el futuro.

Continuara…