NA.- 1º, como ya había avisado, este capítulo ya iba muy cerca de las 20000 y me falta para terminarlo así que lo dividí y les entregó la 1ª parte, muchas gracias por los comentarios hasta aquí. A Satorichiva, definitivamente esto le picará a Dumbledore bastante, eres muy perceptivo en tus suposiciones, ya verás pero no entraré en demasiados detalles sobre la "infancia" de Harry, la historia es ya bastante larga sin esa parte. Lo mismo a K. J. Expelliarmus, solo que no adivinaste muy bien lo que tengo pensado para Harry distara "un poco" del pasado de Tom Ryddle. A Simon de Scorpiao, aún falta para que Sirius y Remus vuelvan a aparecer pero te aseguró que todas las dudas será respondidas para el 8º capítulo si las cuentas no me fallan. A ronin32 El tatuaje del Dragón más que la conciencia limita el conocimiento, pero como toda cerradura tiene una llave. Finalmente, muchas gracias a todos los que han enviado comentarios y a todos los que se tomaron su tiempo para leer este nuevo cap. Espero que lo disfruten.
Hasta la próxima
Capitulo 5: Primeros encuentros (Parte 1)
El orfanato Winter había pasado por mucho durante su periodo útil, muchas tragedias habían golpeado al casi olvidado lugar, para empezar el hecho de que casi nadie aportaba ayuda monetaria, pero quien podía culparlos, después de todo un lugar que había sido azotado por un huracán, un incendio y un terremoto… en un mismo día, no daba precisamente una buena imagen a los posibles benefactores. A pesar de que aquello había ocurrido solo una vez hacía casi dos años, y pese a que el lugar había quedado prácticamente intacto frente al inclemente arrebato natural, nadie olvidaba lo sucedido. Sin embargo el lugar aún se mantenía gracias a un misterioso benefactor que puntualmente aportaba con una generosa contribución al inicio de cada mes, más otras extras para que los niños disfruten de una moderada pero agradable celebración en navidad y Hallowen, aparte de esto también los llevaban de excursión dos veces al año al campo, a la playa o a la ciudad. Había sin embargo una última celebración que era causa de confusión entre los encargados del orfanato, era una especie de cumpleaños comunal para todos los niños del orfanato que se celebraba el día 31 de julio, ese día se daba a todos los niños pastel, chocolate y un pequeño regalo, como todo era pagado y bajo la especifica solicitud del mismo benefactor nadie preguntaba nada.
Aún así casi no había niños en el orfanato, desde lo de aquel "incidente" de desastres naturales nadie dejaba niños allí, ni siquiera los que los abandonaban ni mucho menos el gobierno. Por esto el número solo había ido disminuyendo en los últimos años, a pesar de que esto significaba menos subsidió del gobierno el aporte del benefactor independiente parecía acoplarse a las necesidades del lugar y además dejar una considerable suma para los encargados, en tanto estos mantuvieran al cuidado a los niños, sin embargo dicho benefactor también parecía estar al pendiente de la situación en todo momento, ya que si alguno de los encargados llegaba a ser agresivo con los niños o a tratar de monopolizar el dinero se enviaba una queja tanto a la directora del orfanato como a las autoridades y se encargaban del asunto. Debido a esta situación los niños se mantenían unidos como una familia… en la mayoría de los casos.
-Ve tú por él
-Ve tú, la señora Winter te lo pidió a ti
-Nos lo pidió a ambos
Discutían un par de niños de doce años, a pesar de que fueron a buscar a uno mucho más pequeño que ellos, ninguno estaba entusiasta de acercársele, todos decían que estaba maldito, o por lo menos los que tenían edad para recordar y se lo contaban a los más pequeños, claro está la mayoría les creía. La historia que contaban decía que el día en que todos esos fatídicos desastres cayeron sobre el edificio que era su hogar fue por culpa de ese niño, los adultos trataban esto como una tontería desde luego, pero los niños que habían comenzado el rumor tenían sus motivos para decir lo que decían, ellos habían estado molestando al bebé ese día y se daban cuenta de que acorde con su llanto el cielo se nublaba, por lo que ignorante o "estúpidamente" decidieron ver hasta donde llegaba, cuando el llanto del, por lo general muy calmado, pequeño no se detuvo, tampoco lo hizo la lluvia, que pronto se convirtió en tormenta, casi de inmediato el suelo tembló y las paredes se encendieron en llamas, nadie supo en realidad como logró contenerse todo pero algunos niños hablaron acerca de un extraño de larga cabellera negra entrando a la habitación donde estaba el infante supuestamente culpable del desastre. Luego de aquello casi nadie hablaba directamente con aquel niño, lo que sería casi toda la vida de la que tenía memoria este.
-Yo iré –decidió una niña mucho más pequeña, de no más de siete años, rizado cabello castaño y ojos color miel, su nombre era Jessica, está se llevaba bien con todos los niños del lugar, aunque no trataba mucho con el pequeño causante de la discusión era la única que le hablaba sin que alguien le ordenara hacerlo. Los niños que antes discutían miraron asombrados como la pequeña a la que prácticamente doblaban en estatura cruzaba el patio hasta un árbol donde un niño descansaba a la sombra junto a un enorme perro negro de caza- James –llamó suavemente, este abrió unos brillantes ojos verdes y los enfocó en ella sin mediar palabra- la Sra. Winter nos llama para cortar el pastel, todos debemos estar presentes –le dijo tranquilamente con una pequeña sonrisa antes de dar media vuelta con intención de retirarse.
-Gracias Jessica –contestó el pequeño en voz baja, ella regresó a verlo y asintió antes de continuar.
De entre la sombra salió un niño delgado de apenas cinco años, cabello negro desordenado, ojos verde césped, con una camiseta sin mangas de color azul y unos pantalones de jean un tanto desgastados, gracias a la prenda podían apreciarse dos curiosas marcas en sus hombros. Otra de las razones por las que a los niños no les agradaba acercársele eran estos "tatuajes", los dueños del orfanato pensaron que se trataban de marcas de nacimiento a pesar de que eran demasiado detallados para ser algo semejante, el primero tenía la forma de un lagarto alado con cuernos y pinchos en la cola, el segundo parecía ser un ave, ambos simplemente "reposando" ya que la postura en que estaban daba a entender eso, no eran más grandes que el puño del niño, de hecho cabrían en la palma de su pequeña mano pero estaban seguros de que estos crecían a la par del infante. Finalmente los dueños dejar de pensar en aquello al fin de cuentas, y dejando de lado el hecho de que sabían que las marcas el chico las tenía dese que nació allí, no podían ser fabricadas porque, ¡¿Qué clase de enfermo tatúa a un bebé, por Dios santo? Aún así eso no explicaba cómo es que aquellas marcas tenían un color verde opaco en los ojos de ambas imágenes, un color que estaba inusualmente vivo el día de hoy. Pero como nadie se le acercaba demasiado, nadie se daba cuenta, salvo por el perro que caminaba a su lado de regreso al interior del orfanato y que no perdía detalle tanto del niño como de estas marcas, como si esperara que saltaran de la piel del pequeño en cualquier momento.
La comida paso sin problemas, todos degustando el pastel y charlando animadamente sobre sus nuevos juguetes, nadie se preguntaba porque ese día era especial para su benefactor, significaba un día especial para todos, actualmente solo habían diez niños en el orfanato, así que todos se sentaban en una mesa redonda alrededor del pastel y soplaban las velas juntos antes de servirse, hubo uno sin embargo que no recibió el regalo acostumbrado, no es que no recibiera uno, pero generalmente era un juguete, en su lugar había recibido una llave dorada colgando de una cadena, algunos lo miraron intrigados pero nadie comentó nada al respecto, el niño se colocó la cadena alrededor de su cuello encogiéndose de hombros y terminó su comida, al regresar a buscar a su compañero lo encontró jugando con un par de niños, que habían recibido un equipo de baseball, a pasar la pelota, decidiendo dejar a su amigo disfrutar del resto de la fiesta con todos los demás, el pequeño de cabello negro salió del salón de vuelta al patio trasero sabiendo que hocicos lo encontraría más tarde, siempre lo hacía. No le gustaba estar solo, aunque en realidad sentía que nunca lo estaba, pero acreditaba eso a la presencia constante de hocicos a donde quiera que fueran, ya fuera dentro del orfanato o en las salidas anuales, tampoco le desagradaba el resto de la gente, era solo que le incomodaba bastante las miradas recelosas de la mayoría de los niños, en especial porque él mismo había comenzado a creerles que estaba maldito, una vez por casualidad había escuchado a un niño hablar de aquella historia acerca del incendio, no recodaba nada de aquello pero sucesos similares, misteriosos con finales agresivos, habían ocurrido antes a su alrededor, nunca de una manera parecida a aquel desastre natural pero lo habían llevado a recluirse para no molestar a los demás, si ellos no lo querían cerca no iba a imponerles su presencia.
-¿Por qué no puedo simplemente ser como los demás? ¿Por qué no puedo ser normal? –Se preguntó desganadamente en voz baja, sus ojos ardían al simple recuerdo de tantas miradas hostiles, pero diferente a las otras cien veces que se había cuestionado lo mismo, esta vez alguien le respondió.
-Porque alguien normal nunca podría hacer lo que se necesita que tú hagas.
El niño se sobresalto y regresó a ver en todas direcciones en busca del intruso, sin embargo el patio se hallaba desierto, tal como lo había visto al llegar.
-¿Qui-quién eres? –Preguntó tentativamente.
-Una pregunta que tendrá que esperar un poco más –le dijo la voz, claramente de un hombre, la calma y seguridad en esta eran tal que el niño no supo si tranquilizarse o amedrentarse por ella, sin embargo las siguientes palabras lo decidieron por la segunda opción- es hora de irnos, así que tomare el control por un rato –alguien que hubiera estado más cerca se habría asustado por el repentino movimiento de los tatuajes en ambos hombros, como si de repente despertaran ambas criaturas se irguieron desplegando sus alas y sus ojos se encendieron en un verde más vivo y claro.
-¿Por qué no estás dentro? –Preguntó una voz a sus espaldas una vez alcanzó el patio, sin embargo el chico no contestó, la niña apenas unos años mayor que él se le acercó- vamos James, sé que no te sientes muy cómodo socializando pero creo que si lo intentaras…
-Jessica –le cortó, la voz sonó un tanto diferente, como si un doble eco se escuchara en ella, además de que no era la voz tímida acostumbrada del pelinegro, esta era tan firme que la niña se calló de inmediato- gracias por intentar ser una amiga –aquellas palabras la confundieron pero hubo más- hazme un último favor y dile a hocicos que lamentó no habérselo dicho antes pero esta parte del viaje tendrá que ser en solitario.
-James… -comenzó tentativamente la niña con preocupación por las palabras del pequeño ojiverde- me estas asustando ¿De qué viaje hablas?
Intentó acercarse más y tomarlo de los hombros para que se girara a verla pero en cuanto lo tocó el niño se volteó y le tapo los ojos con la mano, casi al instante la niña cayó de espaldas dormida, antes de tocar suelo su caída se redujo hasta que su espalda se apoyó suavemente contra el suelo, luego juraría que lo último que recordaba era un par de ojos verdes pero eran muy diferentes a los del niño que todos evitaban, estos en verdad parecían malditos, completamente vacíos y sin brillo. Jamás vio al chico desvanecerse en niebla sin dejar rastro alguno ni nada que pudiera parecer demasiado extraño, salvo por el hecho de haber perdido el conocimiento repentinamente, fiel a la última petición de James, y pese a lo extraño que le pareció le paso sus palabras al perro guardián del lugar, el cual ni bien las escuchó soltó un gruñido que sonó como un resoplido enojado y salió corriendo fuera de la vista de todos.
Callejón Diagon, Londres 31 de Julio de 1985, 1500 horas
Pese a ser un día bajo, el señor Ollivander se encontraba trabajando devotamente en su taller, siempre lo hacía así, solo que a diferencia de antes, cuando se ocupaba de fabricar un mayor repertorio de varitas y darles mantenimiento en su tiempo libre, ahora ocupaba el tiempo para trabajar en la manufactura de una varita muy especial, siguiendo las indicaciones podría haberla terminado dentro de unos tres años más, sin embargo él estaba tan decidido a comprender al detalle cada aspecto de aquella obra maestra que seguramente le tomaría el doble. Aunque aprovechaba la mitad de su tiempo normal de trabajo y todo su tiempo libre extra (Que de todas formas nunca ocupara en algo diferente a las varitas) apenas se encontraba a la mitad del camino, que era una mitad más de la que había logrado cualquier otro fabricante de varitas. Este simple pensamiento era suficiente para animarlo a continuar, hasta que una llamada de la parte frontal de su tienda lo sacó de su trabajo, casi de mala gana fue a atender, se llevó una extraña sorpresa al ver a un niño, definitivamente no lo suficientemente adulto para conseguir aún su primera varita, de cabello castaño largo vigilando el exterior de la tienda, vestía una túnica café que le cubría muy bien todo el cuerpo.
-¿Puedo ayudarlo? –Preguntó el fabricante de varitas.
Sin decir nada el niño se volvió hacia él y tras dar unos pasos con un movimiento distraído de su mano, y ante los sorprendidos ojos del anciano, las persianas y puerta se cerraron y cubrieron, la escena le pareció muy familiar al Sr. Ollivander, más aún cuando el cabello del niño se acortó y oscureció, aún era lo bastante largo para cubrir su frente pero nada excesivo, y los ojos se volvieron de negros a verdes.
-¿Puede reconocer mi rostro? –Preguntó en tono templado, aún una tanto mudo por la impresión el anciano fabricante asintió- ¿Tiene el contrato?
Tras despabilar el hombre rebusco en la parte de atrás, diez minutos después regresó con una vieja hoja de pergamino y la extendió sobre el mostrador, como el niño era tan bajo que ni siquiera podía alcanzarlo movió una silla y se paro en ella luego sin ningún tipo de fanfarria la revisó para asegurar que era la misma y luego con una pluma simplemente la firmo, la hoja emitió un leve brillo y luego quedó intacta, el viejo observaba estupefacto el nombre plasmado en el papel.
-¿Usted es… -Su voz se cortó antes de terminar la palabra.
-Hay una cláusula de confidencialidad en el contrato que impide que usted diga mi nombre en voz alta Sr. Ollivander –le recordó categóricamente devolviendo la pluma, pero antes removió un poco el flequillo dejando ver la luminosa cicatriz en su frente- ahora, si pasáramos a lo de mi varita podría irme y dejarlo continuar con su trabajo –sugirió, el hombre asintió de acuerdo pero antes de darse la vuelta agregó- ¿Cómo va el otro proyecto?
-Progresando –dijo simplemente, apenas se escuchaba nervioso por la extraña situación- debería estar listo dentro de otros cinco años, tal vez un poco más, como su maestro solía decir…
-Es mejor tener un respaldo –completó el pelinegro asintiendo.
-Respectó a su varita… -continuó el Sr. Ollivander dirigiéndose a las estanterías.
-Lamentó acortar su diversión Sr. Ollivander pero sé lo que busco –interrumpió el muchacho ganándose una mirada extrañada del anciano- acebo y pluma de fénix, de preferencia flexible.
-Una combinación inusual –dijo finalmente el fabricante, nunca alguien había tratado de decirle como hacer su trabajo, hasta el maestro de este joven tuvo tacto al hacer su oferta, pero eso era porque nadie podía saber qué clase de varita lo elegiría, por otro lado este chico era ya por si mismo desconcertante por lo que no preguntó nada al respecto, solo se limitó a comentar lo extraño de la descripción que había solicitado.
-Sin embargo usted tiene una –comentó en respuesta el joven llamando más la atención del anciano, que de nuevo no preguntó como sabía aquello, solo se limitó a asentir y buscar la mencionada varita, pese a haberlo sospechado el anciano pareció levemente sorprendido ante el hecho de que la varita en realidad lo escogiera.
-Muy curioso –murmuró sin poder evitarlo.
-Usted lo ha dicho –dijo a su vez el niño- ¿Tuvo algún problema con el núcleo de la otra varita? –Preguntó cambiando el tema tan abruptamente que el Sr. Ollivander olvido lo que estaba pensando en aquel momento.
-Ninguno crítico –le aseguró- la ayuda de su maestro me fue inapreciable sin duda.
-Es bueno saberlo –comentó secamente el niño antes de bajarse de la silla, su cabello volvía a ser más largo y castaño y sus ojos se oscurecían hasta ser negro azabache- nos veremos de nuevo en un par de años Sr. Ollivander.
Con esta fría despedida el chico salió de vuelta a las concurridas calles hasta una tienda que rezaba "Artículos mágicos para viajeros". Le sorprendió un poco ver al Sr. Leeds dormitando abiertamente sobre una cómoda silla detrás del mostrador, pero una parte de él lo registro como algo bueno, si lo que escucho de Tom era verdad el fabricante de baúles solo estaría holgazaneando tan tranquilamente si no tuviera ningún trabajo pendiente, esperando no equivocarse con un chasquido de sus dedos forzó la silla a tirar a un costado al robusto hombre.
-¡Por las barbas de… -maldijo sorprendido el hombre ante el brusco despertar, se contuvo al ver a un niño cerca ya que no quería problemas con sus padres- hola pequeño –saludo amable mientras se ponía de pie y se acomodaba la espalda, entonces se extrañó de no ver a nadie más- ¿Y tus padres?
-Sr. Leeds, vengo a retirar un trabajo que se le encargó hace exactamente cuatro años –dijo con voz monocorde ignorando la pregunta inicial, el hombre lo miro asombrado por su tono, el cual se escuchaba demasiado serio para un adulto ni se diga para un niño.
-¿Encargo? –Repitió un poco perdido, solo recordaba un encargo en ese entonces, era imposible no recordarlo, pero la persona que esperaba para retirarlo definitivamente no podía ser ese pequeño ¿O sí?
-Un baúl –dijo estoicamente, luego continuó- nueve compartimientos, encargado por James Evans en el caldero chorreante el primero de noviembre de 1981 con un adelanto de 30000 galeones.
El hombre parecía estupefacto, recordaba perfectamente todo eso, pero aún no salía de su asombro al ver al representante que recibiría su mejor trabajo hasta la fecha. Aún así negocios eran negocios así que dirigió al joven hasta el taller en donde debajo de una gruesa manta de lona destapó un baúl de teca, la madera era de un café oscuro brillante y pulido con grabados de cobre incrustados, un toque confirmo su suavidad, los bordes metálicos eran de bronce y en el lugar donde debería estar la chapa se hallaba un circulo relleno en plata.
-No necesitaba la manta para protegerlo, solo la puse para que no llamará la atención de ojos curiosos por si traía a alguien más al taller para ver otro trabajo –comenzó Leeds- tiene hechizos para repeler tanto el polvo como la humedad y casi cualquier hechizos que intente destruirlo o penetrarlo, se necesitaría algo más que una docena de aplastantes solo para arañarlo –declaró orgulloso.
-¿El interior? –Preguntó calmadamente el pelinegro.
-Sí, claro –dijo Leeds un poco contrariado por la poco expresión en el pequeño, se agacho frente al círculo central, solo lo toco con su palma y el circulo se dividió, de este espacio aparecieron nueve cerraduras que ya tenían puestas sus llaves, de hecho parecían más seguros interiores que exteriores hechos de plata, ocho formadas en circulo y la novena al centro- no te dejes engañar por la primera impresión, ninguna de estas se mueve si no es el dueño del baúl el que pone su mano sobre ellas –le aclaro, invitándolo a intentarlo, tras un considerable esfuerzo, en el que Harry incluso forzó un poco de su magia para incrementar la presión, Harry aceptó las palabras de Leeds y lo dejo continuar- el primero –comenzó tocando el cerrojo del centro mientras lo decía, este se movió como un mecanismo coordinado al tiempo que otro ocupaba su lugar el que antes estaba en el centro pasaba a formar parte de la formación circular que se adaptaba para admitirlo, luego de girar el seguro el circulo volvió a cerrarse cubriendo todos los seguros y el baúl se abrió dejando ver el interior de un baúl ordinario salvo que era mucho más amplio de lo que parecía- este y el segundo tal como me ordenaron son de almacenaje estándar para un baúl ampliados para que quepa cuatro veces su capacidad aparente –gastó solo una breve revisión en estos dos, claramente ansioso de pasar a los siguientes.
-El tercero –comenzó cuando el baúl se abrió de nuevo dejando ver una escalera de madera que ambos bajaron hasta una habitación de 20 metros cuadrados y dos y medio de alto con varias cosas en su interior- un taller completo, pisos y paredes de madera, jamás se ensucian ni se raspan, la curiosa cosa que tu maestro me dejo está justo allí junto con aquellas herca…
-Herramientas –le facilitó el joven.
-Sí, esas –aceptó pasando de la moto a una mesa- equipo estándar para fabricar escobas y tres libreros vacíos, ah y el juego de muebles por supuesto –dijo señalando el lo demás- y claro está la esplendida bolsa de viaje que dejó el Sr. Evans junto con aquella maquina –Harry observó los objetos uno a lado del otro pero si el Sr. Leeds pensó que mencionaría algo al respecto quedó decepcionado, con un suspiró ante la desconcertantemente estoica actitud del niño continuó hasta una puerta con un circulo parecido al del baúl, solo que este dejo ver siete cerraduras cuando puso su mano sobre él- a partir de aquí y en los compartimientos siguientes se puede acceder sin necesidad de salir otra vez del baúl –informó abriendo el cuarto compartimiento.
También era de madera y de dimensiones mayores a la anterior, también iluminada por candelabros, sin muebles. En su lugar esta recamara tenía una plataforma de duelo elevada circular donde reposaban de pie una docena de maniquíes con capas negras.
-La sala de duelos –anunció un poco más animado Leeds al ver que la expresión de Harry denotó mayor interés de lo que había demostrado hasta el momento- paredes a prueba y repelentes de hechizos plataforma elevada con suelo antideslizante y doce monigotes de práctica, capaces de esquivar y hasta responder ataques para simular un combate real, nada de alto rango pero principalmente para ejercitar los reflejos durante un duelo, también pueden medir la intensidad del hechizo que utilizaste en ellos y auto repararse si no es excesivo –describió Leeds observando la reacción del muchacho, está no lo decepcionó del todo cuando levantó la mirada ante lo último.
-¿Puede mostrarme eso último? –Preguntó amablemente.
Eso no lo había especificado pero era una de las cosas que esperaba de Leeds y le interesaba verlo, el hombre asintió sacando su varita y ajustando una de varias perillas que se encontraban en la base de la plataforma, al instante los muñecos se formaron en una fila recta frente a Leeds.
-¡Desmaius! –Dijo en voz alta el mago y un chorro de luz roja impacto directo en el pecho del monigote frente a él, este se sacudió hacia atrás y una especie de reloj medidor con una sola manecilla se proyectó desde su pecho como un holograma en blanco grisáceo, la manecilla alcanzó el número seis. Leeds regresó a ver al chico, que ahora se encontraba a su lado, con una sonrisa- la media es cinco a siete para un mago promedio, uno de la talla de un auror lograría sin dificultad un nueve o hasta un diez…
-Desmaius –interrumpió quedamente el chico apuntando su propia varita hacia el mismo muñeco, justo en el centro de la fila, un destello rojo fue claramente visible en el aire e impactando en el pecho del monigote, el cual se despedazo casi por completo, sus brazos y piernas volaron en direcciones diferentes al igual que la cabeza y el torso se dividió en tres partes desiguales, la capa quedó hecha trizas los muñecos más cercanos salieron volando en diferentes direcciones pero no tan dañados como el que recibió el conjuro, el cual ahora de la parte más grande de su pecho proyectaba el mismo medidor, la manecilla recorrió todo el camino entre el uno y el diez y se detuvo al inicio de su segunda vuelta en el tres. Tras unos segundos de expectación todas las piezas comenzaron a regresar a la plataforma y se reagruparon para dejar el muñeco tal como al principió, con el resto de la fila formada de igual manera- extraordinario sin duda, pero me preguntaba si sería posible ajustar el medidor para que registre escalas mayores –inquirió Harry asintiendo satisfecho. Leeds por otra parte aún no salía de su shock, sabía que ese no era un hechizo letal pero, por la fuerza que tuvo aquel, Lemarin pensó que si el chico lo lanzara contra una persona está probablemente no despertaría de nuevo, se forzó a recuperar el hilo de la situación y, mirando de diferente manera el joven a su lado, asintió.
-Es posible, aunque nunca creí que fuera a ser necesario –admitió levemente avergonzado por su falta de previsión- por favor discúlpeme Sr.…
-Puede llamarme Evans, como mi maestro –le contestó- y no se preocupe nadie hubiera anticipado esto, yo tampoco me esperaba esta última adición y debo decirle que me ha sorprendido favorablemente –elogió sinceramente.
-¿En qué nivel le gustaría ajustarla? –Preguntó con ojo crítico Leeds, Harry se lo pensó un momento.
-¿En qué nivel resultaría imposible restaurar los muñecos? –Preguntó finalmente, ahora fue Lemarin el que pareció pensativo.
-Como vio tienden a despedazarse a cierto nivel, pero esto fue más que todo por que quise hacerlos así para demostrar mayor realismo –explicó- deberían reducirlos a polvo, literalmente, para que queden inservibles así que creo que el medidor podría alcanzar los cincuenta como máximo y operar en una media de treinta.
-Excelente –aceptó el chico, mientras examinaba el lugar a detalle el Sr. Leeds completó el ajuste y le dio otro tiro, está vez solo le estallo la cabeza, pero el resto del cuerpo apenas se sacudió, Lemarin paso saliva ante la demostración, y la paso de nuevo al ver el contador alcanzar el 25 claramente en números proyectados desde el muñeco, que tras unos segundos volvió a estar como nuevo- perfecto –dijo guardando su varita, para alivió de Leeds, y continuando con el recorrido.
El quinto compartimiento no era para nada como los anteriores, de hecho pareció que salieron al aire libre, de no ser por el techo a cinco metros hecho de cristal desde el que se proyectaba una brillante luz solar, casi no se alcanzaban a ver las paredes del mismo por las numerosas plantas alrededor, muchas secciones separadas para los vegetales que necesitaran su espacio, suelo casi negro, fertilizado y preparado.
-El invernadero –anunció Leeds de vuelta a su postura emocionada, como si fuera él quien iba a adquirir el baúl- cereales, vegetales, tubérculos y una enorme variedad de frutas, cada sección con hechizos reguladores de clima y fertilizantes apropiados para mantener una cosecha constante durante todo el año.
Y Harry podía verlo, todas las frutas parecían en su punto, lo cual lo desconcertó un poco, le había pedido a Leeds el invernadero con todo lo que el colocó allí, pero le dijo que colocara solo la tierra y las semillas o plantas pequeñas para que él se encargará del resto, así podría ajustar el jardín a la medida de sus necesidades y su tiempo, no estaba seguro de cómo lidiaría con el entrenamiento y además con cuidar un huerto que fácilmente era cuatro veces más grande de lo que había previsto, ni siquiera sabía cómo Leeds tenía tiempo de revisar el jardín. Su pregunta quedó respondida antes de que la hiciera cuando un monigote, sin rostro ni facciones, de muchos brazos, una base con cuatro ruedas en lugar de piernas, vestido como jardinero, con equipo y todo, apareció entre los surcos recogiendo fresas y llevándolas hasta una bodega al lado de la entrada.
-Es un maniquí jardinero –explicó- al principió no estaba seguro de si adelantar está parte, como sabrás me encargaron solo preparar el terreno, pero cuando vi este monigote en artículos para jardinería me decidí, costó casi doscientos galeones pero sin duda valió la pena, se encarga prácticamente de todo, regar, abonar, podar, desyerbar, también de los gnomos de jardín y otras plagas aunque eso no es necesario aquí, recolectar, incluso hace jaleas, mermeladas y conservas en caso de que se pretenda guardar algo por demasiado tiempo, que es lo que ha estado haciendo desde que termine con el jardín el mes pasado –le comentó sonriendo con ganas al ver la expresión de asombro en el rostro del pelinegro cuando vio al jardinero entrar a la bodega, que por fuera no parecía más grande que su habitación en el orfanato (O sea del tamaño de la segunda habitación de Dudley en Privet Drive) pero por dentro era al menos cinco veces mayor. En una estantería estaban muchos frascos de conservas etiquetados y una mesa de trabajo donde el monigote comenzaba su tarea de preparar jalea con las fresas que acababa de recoger, cerca había apiladas muchas masetas de diferente tamaño.
-Impresionante –admitió regresando a ver al Sr. Leeds que claramente esperaba su reacción- pero, las otras plantas… -comenzó sin saber cómo decirle que agradecía enormemente esta adición pero que deseaba encargarse de la segunda sección del invernadero personalmente, Leeds no le permitió terminar.
-Esas a las deje tal como me pidieron –se adelantó a decir- supuse que la principal razón por la que querían este lugar en "blanco" por decirlo así, era por estas –comentó dirigiéndose a una división, Harry observaba impresionado como los diferentes espacios sembrados tenían abundante luz o porciones de húmeda niebla rodeándolos unos junto al otro.
Al cruzar la división el lugar era diferente, aún era un invernadero pero parecía el pasillo de un hotel con paneles de vidrio, clima tropical y varias puertas en cada lado, dentro de estas un espació solo con tierra o macetas estaba preparado, unos pocos tenían algunos brotes pero ninguno completamente desarrollado, en cada puerta en lugar de un número de habitación estaba el nombre de la planta que se guardaba, se detuvieron frente al que decía "mandrágora", habían dos pares de orejeras colgadas en la entrada y se veían un par pequeñas de macetas en el interior.
-Estos son paneles aislantes de ruido obviamente –dijo Leeds palpando el cristal- aunque el ayudante jardinero no está preparado para lidiar con este tipo de plantas al completo es capaz de ayudar la primera vez que necesiten un trasplante, aunque eso afortunadamente no sucederá sino hasta dentro de algunos meses –comentó tratando de medir la expresión del chico.
Dicha expresión no había cambiado desde que entraron a la segunda sección, solo observaba las diferentes habitaciones, algunas en lugar de ser de cristal eran de madera y una era de hierro forjado, Leeds sabía que aquellas contenían plantas particularmente peligrosas o que necesitaban oscuridad para crecer, le advirtió sobre estas solo por si las dudas, luego de asentir, Harry llegó hasta las últimas dos puertas de cristal, las cuales llamaron su atención ya que ambas habitaciones estaban rebosantes de verde además de otros múltiples colores por lo que regresó a ver a Leeds intrigado, no estaba seguro del porque había colocado esas plantas en aquella sección, el hombre sonrió un tanto avergonzado.
-Sí, se lo que probablemente esté pensando, pero… -dijo abriendo la primera puerta, la que tenía más color, era por lo menos de tres metros de ancho por siete de largo con cientos de flores de colores- mi esposa siempre dijo que las flores y las especias tenían su propia magia –comentó con un aire nostálgico que a Harry le sonó terriblemente familiar, aún parecía un tanto avergonzado por aquella libertad que se había tomado, ya que más que profesional era personal.
-Creó… -comenzó seriamente, antes de pasar a un sonrisa- que su esposa tenía toda la razón –ambos hombres sonrieron antes de seguir- ¿y las especias?
-Oh… esas están por aquí –dijo pasando a la otra habitación- estas son las únicas de esta sección en las que ingresa el ayudante, acostumbra preparar los pétalos para hacer cajas de té, o jalea de las rosas –explicó mientras entraban aun habitación de dimensiones similares pero completamente verde- menta, romero, laurel, aquí hay todo tipo de especias y plantas aromáticas, el jardinero también las recolecta, procesa y almacena cuando es tiempo tanto para té como para condimentos, así que ya tienes un surtido en la bodega y despensa –informó con una amplia sonrisa.
Satisfechos con la demostración fueron de regreso a la entrada donde Leeds abrió el paso al sexto compartimiento, este era un poco más serió y oscuro, pisos de madera pero no brillaba igual que en los otros lugares y las paredes era de yeso, había antorchas y velas iluminándolo. También había una mesa un poco más grande que la del comedor y un taburete en el centro con todo un equipo de herramientas para preparar pociones (mortero, balanza, cuchillo, etc.) salvo por el caldero, lo más llamativo de toda la habitación sin embargo era un fuerte soporte con una esfera de cristal que contenía una galaxia en miniatura dentro. Había algunas despensas alrededor, la primera de estas estaba llena con un surtido de calderos nuevos de diferentes tamaños, varios de peltre negros, algunos de bronce y latón, otros de cobre y un caldero de oro macizo. El segundo tenía un surtido completo de ingredientes para la preparación de pociones, lo típico que encontrarías en cualquier botica del callejón Diagon, la tercera despensa era mucho más pequeña (en realidad todas ocupaban a simple vista el mismo espacio de un librero pero las dos primeras estaba hechizadas para ser más profundas y almacenar cuatro veces su tamaño exterior, la tercera era de tamaño normal), esta se encontraba llena de botellas y envases de cristal y contaba con conjuros de seguridad para que nadie más pudiera abrirla, algo que parecía innecesario ya que el baúl ya contaba con protecciones exteriores que evitaban que alguien llegara hasta allí, pero Leeds no preguntó nada al respecto, solo lo abrió para que pudiera observar los variados envases, tomó uno y lo dejo caer al suelo, donde reboto pero no se hizo al más mínimo rasguño, bastante conformes ambos continuaron al siguiente lugar.
El séptimo compartimiento era parecido a una pista de atletismo para correr, ovalada y larga, habría unos cien metros de pista fácilmente, pero eso no era todo, estaba dividida en secciones, en cada una de estas el camino era diferente, al principio era como un pista llana, luego pasaba a ser de tierra con desniveles, luego de roca con pequeños peñascos y en la última una docena de árboles de pino de unos cuatro a cinco metros que casi topaban el techo, una especie de riachuelo cruzaba contiguo por las últimas tres secciones, este comenzaba y terminaba desde el interior, que era lo más impresionante de todo, allí había un pequeño bosque, una mezcla de las últimas tres secciones esparcido y mezclado. Junto a la entrada había dos perillas, la primera que controlaba si querías que fuera de día o de noche, la segunda si era despejado, con lluvia, granizo o nieve. Finalmente otra docena de maniquíes con capas que cambiaban de color acorde al lugar donde estaban entre café, verde, gris o negro. Pese al impresionante trabajo que representaba esta sección el Sr. Leeds parecía ansioso por que terminaran con este para pasar al siguiente, y fue claro el porqué una vez que estuvieron allí.
El octavo compartimiento era prácticamente un piso completo, dos habitaciones cocina, comedor, sala, estudio y el baño más lujoso que Harry haya pisado desde que se había colado al baño de prefectos de Hogwarts, de hecho este se parecía tanto que Harry sospecho que el Sr. Leeds fue prefecto durante sus días en la escuela, su habilidad con los hechizos lo confirmaría. El baño era blanco salvo por la tina que era de mármol negro y tan grande como para que él pudiera practicar nado en ella hasta los doce años, un surtido de grifos de bronce con la forma de cabezas de diferentes animales para cada uno de los jabones y esencias perfumadas en el borde, un espejo de cuerpo completo al costado de una entrada donde se hallaban los servicios y una ducha sencilla, algunas perchas con batas de baño y un armario de blancos, la tina contaba con una clase de modo de hidromasajes para relajar el cuerpo y el mármol que formaba el lugar estaba decorado con imágenes de sirenas y otros animales que se movían, nadaban o volaban por las paredes. Los cuartos estaban alfombrados en rojo y dorado según sus especificaciones pero mucho más elegante de lo que pidió, con camas de dosel y cortinas de satín, además del tapizado con elegantes diseños, incluso había una habitación de juegos con un sofisticado ajedrez mágico nuevo, un juego de gobstones dorado, de naipes explosivos y un juego de pelotas para quidditch.
La cocina tenía una despensa y una nevera ya cargadas alimentos y condimentos directamente del huerto, tenía un horno y una estufa adecuados para una familia mediana, igual que el comedor. No quiso estropear la emoción del Sr. Leeds diciéndole que todo aquello resultaba innecesario, por no decir incomodo ya que viviría solo, así que fingió cierto grado de entusiasmo por el lujoso piso que le había fabricado y aceptó quedarse todo el tiempo que el fabricante quiso pasar describiendo y demostrando el lugar, lo cual tomo casi media hora hasta que pasaran por la sala y los demás cuartos, algo curioso eran los floreros en casi cada habitación con algunas flores frescas que supuso serían del huerto, Leeds le dijo que podía cambiar las actuales (rosas), por cualquier otra de la selección solo con pedirlo así que las reemplazó con lirios, cuando finalmente terminaron parecía hora de dejar el baúl pero Harry le recordó que aún tenían una sala más que ver, un poco menos entusiasmado por está última el hombre asintió llevándolo hasta la entrada.
-No quiero sonar entrometido Sr. Evans, pero aún no entiendo el porqué de esta… -dijo mientras entraban a un recamara inmensa.
Era tal vez más grande que la pista o el invernadero, era circular de unos veinticinco metros de diámetro por treinta de alto, completamente hecha de piedra y bastante oscura, no se podían ver siquiera los muros una vez cerrabas la puerta, le Sr. Leeds levantó su varita intentando adivinar hacia dónde dirigirla cuando escuchó un "Snap" y toda la habitación se iluminó, un centenar de antorchas esparcidas sistemáticamente por todo el muro de roca llameaban con una flama escarlata, Leeds regresó a ver al joven con clara sorpresa y notó que tenía la mano extendida como si acabara de chasquear los dedos, luego devolvió la vista al lugar, una de las razones por las que no entendió las especificaciones de esa cámara eran eso de que las antorchas se encendieran solo individualmente, había otras especificaciones a las que tampoco les encontró mucho sentido, pero así las había hecho sin duda. Es solo que para él era casi imposible el simple acto de encender todas las antorchas por el tiempo y la puntería que necesitaba, paso saliva nuevamente y junto valor para preguntar.
-¿Cómo…
-Ha superado mis expectativas con creces Sr. Leeds –interrumpió Harry con una sonrisa- solo queda discutir el asunto del último pago –Leeds asintió, sacado tan rápidamente del tema había olvidado su pregunta.
-En realidad el dinero que su maestro aportó como única cuota alcanzó para cubrirlo todo –admitió tranquilamente- incluso con todos los extras que yo coloque, gracias a que tengo muy buenos amigos y algunos contactos en el callejón que me hicieron buenos descuentos, todo salió pagado y sobro una comisión por mi trabajo de 2000 galeones –resumió encogiéndose de hombros- así que si quiere llevárselo es suyo.
-No puedo aceptar eso –dijo firmemente el chico, el hombre lo observó sorprendido por su arrebato- su comisión debería ser mucho mayor –agregó sacando una bolsa tan grande de entre sus ropas que Leeds se preguntó cómo es que no había visto el bulto de esta en su túnica- retiré algo de dinero del banco para finiquitar la deuda antes de venir, aquí hay otros 5000 galeones, esto parece mucho más justo –sin más deposito la pesada bolsa en las sorprendidas manos del fabricante de baúles que se quedó demasiado impresionado para agregar nada.
Cuando finalmente estuvieron de vuelta, Harry había aprovechado para sacar su bolsa de viaje y la llevaba colgando al hombro, era casi de su tamaño completo por lo que le sentaba un tanto ridícula pero no importaba, el señor Leeds asentó la marca de magia de Harry para que el baúl lo reconociera como su dueño y le enseño como hacer lo mismo para que reconociera visitantes.
-Por último está el agregado para facilitar el transporte –dijo el hombre con una sonrisa petulante sobre su rostro- su maestro me encargo un hechizo de peso pluma o levitación pero encontré algo mucho mejor que pude adaptar.
Sin más tomo dos asas broncíneas de cada extremo del baúl y, como si este fuera de cartulina, lo doblo hasta que se unieron, luego continuó plegándolo hasta que quedó del tamaño de un mazo de naipes, al final había un pequeño seguro que dejaba el baúl en ese tamaño.
-De esta forma es más fácil transportarlo que si solo redujeras su peso –explicó con una sonrisa al entregarle el baúl- las asas solo responden para encogerlo si es el dueño, o uno de los que este admita, quienes lo hagan, de otra forma no podrán ni siquiera moverlo, funciona también como un seguro anti robos, nadie que no quieras podría mover tu baúl de su sitio.
-No deja de sorprenderme Sr. Leeds, muchas gracias –comentó colocando el baúl en el interior de su bolsa.
-Lemarin está bien –concedió con una sonrisa- yo debería agradecerle por encargarme este trabajo, las cosas han estado muy aburridas desde que lo termine Sr. Evans, ya nadie llega con un desafió como este.
-En ese caso también puedes llamarme por mi nombre Lemarin, pero te agradeceré que no lo repitas, tengo mis motivos –explicó antes de que Lemarin pudiera preguntar algo, el hombre mayor asintió y los ojos del chico pasaron a ser verdes, mientras que su cabello se volvió negro, corto y desordenado, y entre este dejaba ver una pequeña cicatriz den forma de rayo, los ojos el hombre casi salen de sus cuencas ante la visión pero antes de que pudiera procesarla el chico desapareció con un "crack" de su vista.
Tenía miedo, no le molestaba admitirlo estaba aterrorizado, un instante estaba viendo a la nada en un patio vació y al siguiente estaba rodeado de oscuridad, podía escuchar el eco de voces lejanas pero no parecían tener sentido a sus oídos y no podía ver, sentir, oler o percibir algo más aparte del miedo que cada vez más lo invadía. De repente todo se desvaneció, volvía a sentir, pero no le era familiar el lugar en el que estaba, parecía rodeado de oscuridad pero a la vez era visible, como si estuviera en un lugar completamente pintado de negro, un aleteó llamó su atención, al dirigir su mirada hacía el observó que salido de la nada estaba un espejo, casi de dos metros de alto y con un detallado marco de bronce que tenía una inscripción en latín, no tenía idea de cómo había identificado eso cuando ni siquiera había aprendido a leer, y pensándolo bien como es que podía, no solamente leer sino entender que lo que decía esa inscripción era "conócete a ti mismo". Pronto se dio cuenta que el peculiar sonido provenía de ese espejo, en el cual un par de ojos verdes aparecieron, pero no eran solo ojos, dio esa impresión por que la criatura que poseía aquellos ojos era totalmente negra, como el fondo del espejo, tras detallarlo bien se percató de que era un cuervo volando en cámara lenta hacía él, por un momento pensó en huir, pero se dio cuenta de lo tonto que sería, para empezar no tenía idea de donde estaba y era solo una imagen en un espejo, no podía lastimarlo ¿Cierto?
Aunque solo fuera una imagen en un espejo eso no impidió que el niño de cinco escasos años de edad saltara hacia atrás al ver a esa ave tomar la forma de un hombre adulto envuelto en una capa oscura. El rostro de este era inexpresivo pero se le hacía sumamente familiar pese a estar seguro de no haberlo visto nunca antes.
-Buenas tardes Harry, feliz cumpleaños –saludó el reflejo para sorpresa del niño que salto hacia atrás- no temas, no tengo intención de lastimarte –le aseguró calmadamente, el niño paso saliva antes de acercarse cuidadosamente al espejo.
-¿Quién eres? –Preguntó finalmente ignorando el hecho de que el extraño se había equivocado con su nombre.
-De alguna forma me parece que ya lo sospechas –contestó enigmáticamente el hombre señalando hacia arriba, la inscripción en el borde superior del espejo llamó nuevamente la atención del pequeño.
No entendió lo que quiso decirle con aquello, se limitó a observar aturdido al hombre con ojos parecidos a los suyos, cabello igual de negro y… una cicatriz idéntica a la suya que acababa de destapar para que él pudiera verla, solo entonces encajaron las piezas, aunque ahora entendía menos ya sabía o creía saber quién era aquel extraño.
-Tú, ¿tú eres yo? –Preguntó más que afirmar dubitativamente, sin contestar abiertamente el hombre asintió- ¿Cómo es posible eso? –Estaba claramente confundido pero su curiosidad pudo más que su temor inicial, el hombre suspiró cansado.
-Hay mucho que desconoces Harry.
-¿Por qué me llamas así? –Preguntó extrañado- mi nombre es Ja…
-James Evans fue un seudónimo que yo te puse para disfrazar tu identidad cuando te deje en el orfanato.
-¿Tú me pusiste allí? –Preguntó claramente perdido, su yo más viejo asintió.
-Nuestros padres acababan de ser… asesinados –explicó los ojos del muchacho se agrandaron por tal revelación- un amigo de ellos te llevo hasta un lugar que considero seguro, yo lo recuerdo pero sé que el lugar no era realmente apropiado para crecer, así que una de las cosas que cambie fue eso…
-¡Si podías cambiar cosas! ¡¿Por qué no los salvaste a ellos? –Interrumpió furioso el niño con lágrimas de rabia brotando de sus ojos, quería tener algo con que romper aquel espejo pero se limitó a gritarle su frustración.
-Porque el asesino no los buscaba a ellos –explicó cortando la ira del infante- te buscaba a ti –esto lo dejo mudo por un rato- ellos decidieron morir para salvarte.
-¿A… a mi? –El mayor asintió- ¿Por qué a mí?
-Como te dije antes hay mucho, demasiado que no sabes, ni siquiera sabes tu propio nombre.
-Entonces dime –Le pidió el más pequeño reteniendo la frustración que le provocaba esta charla debido a la curiosidad que le producía.
-Tú eres Harry James Potter –dijo claramente, como si fuera un título honorífico o uno maldito- puede no parecer más que un nombre, pero del mundo del que ambos provenimos significa mucho más de lo que te puedas imaginar.
-¿El mundo del que provenimos? –Repitió confundido- ¿Somos alienígenas o algo parecido? –El mayor simplemente rió ante la imaginación que tenía en ese entonces.
-Ojala fuera así de simple –comentó más para sí mismo- somos magos Harry.
Un tenso silencio siguió a esta declaración, finalmente el niño trastabillo unos pasos hacia atrás sujetándose la cabeza como si se le fuera a caer.
-Así que en realidad estoy loco –murmuró para sí mismo lastimeramente, el Harry del espejo resopló con irritación y se llamó a ser paciente- nada de esto está pasando en realidad, solo está en mi cabeza, cuando despierte estaré de vuelta en el orfanato dormido bajo el abeto del patio junto a hocicos –decía tratando de convencerse a sí mismo.
-Que esté sucediendo dentro de tu mente no significa que no sea real Harry.
-¡Ya deja de llamarme así! –Le gritó- yo soy…
-Eres Harry James Potter –le cortó con tal firmeza que el muchacho pareció quedarse mudo- y yo también lo soy, regrese desde un mundo treinta años en el futuro para arreglar mis errores –paso un rato antes de que el niño pudiera contestar algo pero su contraparte esperó pacientemente, cuando el chico se recupero lo único que pudo preguntar fue.
-¿Por qué dijiste tus errores y no nuestros errores?
-Porque me asegurara de que tú no los repitas –juró con absoluta seriedad.
-Pero…
-Escúchame –interrumpió callándose al instante- hay mucho que debes saber y poco tiempo, así que no me interrumpas y pon atención a mis palabras –luego de ver asentir a su yo más joven continuó- al viajar al pasado la mente del más viejo reemplaza al más joven –explicó, al ver la aterrada mirada del chico se apresuró a continuar- pero yo me las ingenie para mantener nuestras mentes separadas, así mis conocimientos y recuerdos pueden pasar de forma gradual, podrías llamarlo una clase de aprendizaje intensivo –explicó- acelerara el proceso aunque te tomara un rato recuperarte cada vez que lo hagamos.
-¿Con eso responderás mis preguntas? –Preguntó entornando los ojos.
-Te pasare suficiente información para resolver tus dudas –contestó simplemente- si después de eso aún quieres saber más tendremos que esperar a que estés suficientemente recuperado para volver a intentarlo, pero te advierto que no será muy agradable lo que veras –dijo con seriedad, el Harry de cinco años dudo bastante pero finalmente levantó la mirada para encarar a su contraparte.
-Pero será la verdad ¿Cierto? –Su yo mayor asintió mirándolo fijamente.
-Nuestras mentes son básicamente una ahora, yo no puedo mentirte pero te ocultare ciertas cosas hasta que estés preparado para asimilarlas.
-¿Qué clase de cosas? –Preguntó con la típica curiosidad de un niño de su edad.
-Cosas que no son precisamente aptas para un niño de cinco años –contestó sinceramente- ¿Proseguimos?
Tras pasar saliva una última vez el pequeño enfrento los ojos de su yo futuro y asintió reuniendo fuerzas para lo que fuera que viniera, pronto la oscuridad lo reclamó de nuevo.
Los parpados le pesaban una tonelada, sin embargo un curioso olor estaba despejando sus sentidos, una tarta de frutas casera, nunca había comido una antes pero recordaba el olor de una excursión a un pueblo un poco alejado, él y otros niños lo habían relacionado con tener una familia. Esto lo llamó a abrir los ojos y tras unos momentos fue capaz de enfocar su alrededor, se encontraba en una cama de dosel con cortinas rojas, vestido con una curiosa túnica marrón, ya era seguro que ese no era su cuarto, ni ningún lugar que haya visto antes, tras levantarse levemente dio con la fuente del olor, una tarta de moras, un vaso de jugo y un tazón de sopa de legumbres sobre una charola en la mesa a lado de la cama, no tenía idea de que significaba esto, aún seguía perdido en el sueño que acababa de tener, uno bastante aterrador para un niño tan pequeño.
-Ese no fue un sueño
De nuevo se sobresaltó y comenzó a observar en todas direcciones buscando la voz que le hablaba.
-Estoy dentro de tu cabeza Harry –explicó pacientemente- y como te dije antes, eso no fue un sueño –le tomo un rato acordarse pero finalmente lo consiguió, aún así su primera duda fue otra diferente a lo que acababa de aprender.
-¿Dónde estoy?
-Puedo escucharte si solo lo piensas, pero si te sientes más seguro hablando en voz alta por ahora hazlo, aquí no hay nadie que pueda tacharte de loco –explicó primero- en cuanto a tu pregunta este es un lugar que prepare para ti, pero primero come para recuperar algo de fuerza, luego podrás recorrerlo y saber donde estas, yo te guiare –le recomendó.
Un poco renuente dirigió una mirada a la apetitosa comida, sentía que su última comida fue hace días así que decidió no protestar y servirse, al terminar se sintió con fuerza para saltar de aquella cómoda cama y abandonar aquella recámara. Fiel a su palabra la voz en su cabeza lo guió por el elegante piso hasta una escalera que tenían algunos de los compartimientos para salir, una vez afuera lo primero que el otro Harry vio fue el oscuro interior de un árbol hueco, la entrada de este parecía dar a un espeso bosque nevado y tan frió que le chirriaron los dientes.
-¿En dónde estamos? –Preguntó tiritando.
-Es un bosque en las montañas de Rumania –contestó la voz- coloqué suficientes protecciones para que no nos encuentren.
-¿Quiénes? ¿Enemigos?
-Aliados –contestó confundiendo aún más al pequeño.
-¿Por qué nos escondemos de aliados?
-Porque si te encuentran te colocaran en una casa en lo que no podrás hacer nada más que ver los años pasar hasta que tengas que ir a la escuela con el fin de mantenerte a salvo, yo preferiría que aprendieras a luchar, pero dejare que sea tu decisión, algo que esos aliados tampoco te darían a tu corta edad, ellos decidirían por ti, sin embargo el camino que te ofrezco es muy peligroso aún con mi ayuda así que no te presionare para que lo aceptes.
-¿A salvo de qué? ¿Luchar contra qué? –El niño parecía a punto de llorar, casi no entendía nada y se sujetaba la cabeza con fuerza mientras caía de rodillas sobre el frió suelo, algunas imágenes sueltas llegaron a su cerebro, un rostro que no había visto antes ni en sus más oscuras pesadillas, pálido como la muerte con rostro de serpiente, el niño paso saliva y pronuncio en un susurro ahogado- Voldemort.
-Vuelve a entrar al baúl, está haciendo mucho frío –le dijo compasivamente.
El chico estaba demasiado consternado para asombrarse por que el enorme lugar donde había estado se encontraba dentro de un baúl, solo regresó al interior y se desplomó sobre un mullido sillón en la sala.
-Si era tan poderoso… ¿Cómo es que no pudo matarme? –Preguntó confundido a la par de temeroso.
-Lo siento, pero esa es toda la información que puedo darte hasta aquí –se excusó- con esto debes decidir por qué camino continuar.
-¿Por qué? –Preguntó molesto.
-Porque es algo que ellos no saben, o no te dirán en por lo menos otros diez años, si elijes regresar sería demasiado sospechoso que supieras algo así –explicó.
-Además así tienes la ventaja de poseer algo para que yo elija seguir tu camino ¿o no? –Comentó irritado.
-No en realidad, eso solo fue una ventaja innata –contestó con sencillez, el niño bufó- pero como te dije la decisión es tuya, no voy a obligarte a nada.
-¿Cómo me obligaste a salir del orfanato? –Preguntó con suspicacia.
-La decisión que estas a punto de tomar definirá no solo el resto de tu vida, sino muchas más que no mencionare ahora, no podía tratar esto allí. Habría sido sospechoso que de repente estuvieras hablando solo, te habrían tachado de loco –explicó con tranquilidad, el muchacho reflexiono tanto como pudo.
-Sí aceptó esto, estaré solo ¿cierto?, igual que en el orfanato –comentó lúgubre.
-Sí –confirmó la voz, el chico se hundió aún más en el sillón- por un tiempo así será.
-¿Por un tiempo? –repitió enderezándose con un piquete de esperanza, casi pudo sentir a la voz sonreír, aunque eso no tuviera sentido por varias razones.
-Necesito dos años –dijo con seguridad- ya tienes mis poderes, solo necesitas que te pase los conocimientos y practicar hasta perfeccionarlos, necesitaras un año y medio para eso y otro medio año para probar hasta donde llegan tus habilidades, pero para lo siguiente necesitaras viajar y conocer a muchas personas, algunas de ellas no son nada agradables pero no volverás a estar solo ni a temerle a la soledad.
Pasó un largo rato antes de que el pequeño finalmente contestara.
-Lo haré –dijo decidido, contrario a lo que esperaba un tenso silencio siguió a esta declaración, como si hubiese elegido la opción equivocada pese a ser la que su escucha esperaba, finalmente cuando el pequeño ya empezaba a asustarse de nuevo la voz regresó, segura y cortante.
-Ve a la cocina y toma algo de fruta de la alacena, algo de pan con mermelada de la mesa y sírvete hasta quedar satisfecho –ordenó- luego regresa al dormitorio, necesitaras energía, luego de pasarte los conocimientos que siguen quedaras inconsciente por lo menos un día entero.
Tragando saliva nervioso Harry se limitó a seguir las instrucciones de su otro yo, una vez estuvo de vuelta en la cama volvió a oscurecerse y se encontraba de nuevo frente a aquel espejo en el que un Harry de más de veinte años lo observaba inexpresivo, se encogió como si lo hubieran pillado en alguna travesura.
-Desde ahora te diré, que has escogido el camino más difícil y te empujare hasta el límite una y otra vez durante los años venideros –comenzó inalterable- escucha bien mis palabras y grábalas para siempre en tu memoria Harry. No le temerás a la soledad, al enemigo, al miedo o a la muerte, porque yo te enseñare cómo conquistarlos a todos, en especial a esta última. En frente de tus enemigos no demostraras jamás: dolor, porque yo te mostrare un dolor tan profundo que el que ellos puedan ocasionarte no significara nada en comparación. Temor, porque si a algo aprenderás a temerle será a mí. Ira, porque yo te enseñare a canalizarla de tal forma que no se reflejará ni siquiera en tus ojos. Ni siquiera odio dejaras ver, porque si a alguien debes odiar es a mí, que tuve la oportunidad de salvar a tus padres y librarte de este cruel destino y sin embargo no lo hice. Finalmente recuerda que el día en que enfrentes tu mayor reto, ese día primero tendrás que destruirme a mí.
Las palabras de su otro yo le helaron la sangre cada vez más en cada parte de aquel discurso que estaba seguro nunca podría olvidar, por mucho que lo intentara, las piernas le estaban fallando pero se quedó estático en su sitio cuando el Harry del espejo lo atravesó como si fuera saliera a través del agua. Una parte de él quería correr, pero no se movió, solo observaba como su yo más viejo colocaba una mano sobre su pequeña cabeza, abarcándola casi por completo, y un dolor punzante en su cerebro casi al instante siguiente. En medio de aquella oscuridad sin eco un grito de agonía perforó el silencio por algunos segundos antes de desaparecer.
Continuara…
