NA: A K.J. Expelliarmus también me habría gustado incluir a Sirius al menos, pero lo que esta por venir no lo habrían tolerado ellos. A Satorichiva, los hombres lobo no mejoraron su pocisión, una de las razones por las que Harry trabajo e hizo tratos con esas especies en especial fue por que quería mantenerse al margen del conocimiento del mundo mágico, cada una de esas especias es ignorada por el ministerio, en tanto no les den problemas no les interesa demasiado lo que hagan o lo que suceda con ellas. A ronin32 el Harry adulto quería que su yo mas´joven destruya su conciencia dominante cuando lelgue el momento solo se convertira en conocimientos, pero su alma seguira allí como parte de su yo más joven. A todos gracias por leer y por sus comentarios.
Capítulo 5: Primeros encuentros (parte 2)
Tal como había sido advertido, el pequeño Harry no despertó sino hasta la mañana siguiente, tampoco era como si notara del todo la diferencia en aquella habitación, la cabeza le dolía horrores y había muchas cosas allí que no recordaba haber aprendido o visto nunca, sin embargo entendía perfectamente lo que eran, conjuros, hechizos, maldiciones, formulas de pociones, miles de ellos. Incluso había métodos de criar plantas desconocidas y para tratar muchos tipos de animales extraños, la mayoría de estos últimos eran acerca de dragones, se estremeció levemente ante las imágenes de un lagarto de quince metros alado arrojando un lanzallamas a doce metros.
-Levántate –ordenó tranquilamente una voz en su mente- daremos un recorrido.
Sin decir nada Harry se levantó y se dirigió hacia la puerta que lo llevaría hasta el tercer compartimiento, en el que encontró la enorme moto, una escoba sobre una mesa, algunos libreros llenos y unas cuantas cosas más, siguiendo las instrucciones de la voz tomó una cadena de oro con un curioso dije y se la colocó, casi al instante supo lo que era.
-Un giratiempo –murmuró- es diferente a lo que debería ¿no? –Preguntó comparando la imagen con el reloj de arena dentro de su cabeza.
-Modifique este –explicó- un giratiempo normal no podría regresar un día completo sin sobrecargarse, esté puede regresar una semana sin problemas, y hasta algunos meses si se le alimenta con suficiente magia adicional.
-¿Para qué lo necesitare? –Preguntó con curiosidad.
-Tú entrenamiento aquí durara un año y medio, pero estamos demasiado justos de tiempo así que cada semana regresaras siete días, como todo ocurrirá aquí dentro no afectaremos las leyes mágicas básicas del tiempo –explicó, luego continuó- aquí practicaras encantamientos, particularmente como hacer objetos encantados, incluso podrás fabricar y modificar tu propia escoba para que empieces a volar.
-¿Volar? –Repitió, lejos del miedo con un claro interés, dentro de su mente el mago sonrió.
-Toma la escoba y continuemos, te enseñare de lo que hablo luego de que repasemos cada cosa –pasaron al salón de duelos- aquí practicaras combate, prueba un conjuro contra el maniquí –con algo de duda el niño apuntó con su varita a la figura de casi tres veces su talla.
-¡Reducto! –Gritó, el muñeco se sacudió y muchas gritas aparecieron en el torso, el marcador arrojó un nueve, el niño parecía sorprendido por aquello pero pudo sentir cierta decepción brotar de su interior.
-No importa –decidió al fin- tienes mi magia y mis conocimientos pero aún necesitas práctica, tus poderes se incrementaran entre cuatro o cinco veces durante el próximo año, sigamos.
-¿A qué te refieres con tú magia? –Preguntó un tanto extrañado, aún en su sitió, algo dentro de sí le decía que no debería haber sido capaz de lograr aquel nueve.
-La magia es energía, no se puede destruir ni siquiera a través de un viaje en el tiempo, así que se te transfirió a ti cuando selle mi conciencia apartándola de la tuya, el tatuaje en forma de dragón mantiene ambas conciencias separadas –explicó, por primera vez sonaba levemente arrepentido- sin embargo cometí un terrible error de cálculo que casi lo arruina todo.
-¿De qué hablas? –Preguntó no muy seguro de querer escuchar la respuesta, la voz suspiró.
-Tenía tal control de mi magia que nunca me di cuenta de lo poderosa que en realidad era –explicó aún contrariado y triste por su error- creía que las cosas que podía hacer eran principalmente por ese mismo control, y en parte así era, pero mi poder bruto también era algo a considerar, era tal vez cinco veces mayor que el de un mago adulto entrenado. Al ponerla dentro de un bebé sin ningún control…
-El huracán… -comenzó Harry temeroso- todo aquello en verdad fue mi culpa –casi sonaba como una pregunta pero era un confirmación de que en verdad estaba maldito como los niños del orfanato siempre dijeron.
-No –le cortó la voz con tal convicción que Harry tuvo que estar de acuerdo- aquello fue mi culpa, es por eso que tienes otro tatuaje, el del fénix fue hecho ese día para restringir mi magia a un 10%, aún demasiado fuerte para un infante pero suficiente para que no fuera peligroso para ti o los que te rodearan, por ahora se encuentra inactivo pero a partir de ahora habrá pocas posibilidades de que pierdas el control, sin mencionar que puede reactivarse si es necesario. Lo cual es otra razón más para qué entrenes ¿Has entendido? –El Harry de cinco años asintió- bien, sigamos al invernadero.
-¿Vas a enseñarme jardinería? –Preguntó al ver la enorme colección de plantas, se sorprendió un poco al ver al monigote jardinero, pero luego de todo lo anterior esto era algo menor.
-Herbolaria –corrigió- no tendrás que ocuparte de estas al menos que así lo desees, pero sería bueno que lo hicieras de vez en cuando –apuntó- nos concentraremos en las que plantaras en la segunda sección, de esta parte obtendrás alimentos principalmente, ahora continuemos.
Aún un tanto aturdido registro todo lo que su otro yo le decía del invernadero y de su estricta relación tanto con la cocina como con el laboratorio de pociones que revisaron a continuación, no pasaron mucho aquí pero el que ahora sería su maestro hizo especial énfasis en que debía tratar aquella rama con tanto esmero como la de ataque y defensa, finalmente llegaron a la pista de obstáculos con campo de combate.
-¿Otro para defensa? –Preguntó el pequeño.
-Algo así, solo que aquí únicamente podrás utilizar transformaciones –explicó- es una rama que requiere cuidado y enfoque, no lo olvides.
Tras un asentimiento y un rápido recorrido por la recamara llegaron a una oscura habitación que le erizó la piel al infante.
-Chasquea los dedos –ordenó.
-¿Qué?
-Ni siquiera el fabricante de este baúl supo para que le pedí esta parte, pero lo arregle con ciertas modificaciones luego de que me lo entregaran –explicó- solo chasquea los dedos y lo entenderás, ya está preparado.
Aún sin entender hizo lo que le pidió, la habitación se iluminó al completo por decenas de antorchas que irradiaban una luz plateada, pero la cosa no acabó allí de cada antorcha una imagen se proyectó como una pantalla gigante de TV pasando una película, le tomo un minuto encontrar la palabra que identificara aquel lugar.
-Un Pensadero… -murmuró.
-Parecido, modifique un poco el lugar para poder usarlo con ese y otros propósitos, hay un recuerdo en cada antorcha solo elígelo y se activara, di basta y se detendrá, es como un estudio de proyección, te dará un apoyo visual para ciertas partes que son más complicadas de explicar que otras, además… también tiene algunos recuerdos de tu familia que logre extraer de nuestra mente –resumió, al niño le tomo trabajo pasar saliva pero pensó un "gracias" antes de avanzar a una imagen de él mismo montando en una escoba y activarla, no solo era detallada sino que la misma voz resonaba en todo el lugar, que ahora parecía campo abierto, dando instrucciones a medida que la situación progresaba.
-Basta –dijo y el recuerdo se detuvo, luego se montó sobre la escoba que había estado cargando desde que salió del tercer compartimiento, la voz en su cabeza le advirtió sobre mantener una velocidad y altura baja al principio y luego solo lo dejó despegar. Aquellos fueron los quince minutos más felices que el pequeño haya tenido en todo el día, tal vez en muchos meses.
Y serían los más felices que tendría en muchos meses más.
El tiempo se dividió en diez horas de practicar, divididas en secciones de dos horas, trabajando encantamientos, duelo, transformaciones, herbolaría y pociones principalmente. Entre estas estaban repartidas tres horas para tres comidas principales y tres que incluían un refrigerio ligero y una actividad recreativa, nadar, volar o alguno de los juegos mágicos, incluido el quidditch. Una vez dominó transformaciones y hechizos de combate (lo que no pasó de la primera semana), comenzó a usar la pista y la plataforma con los monigotes para práctica activa, moviéndose, esquivando y atacando, por lo que realizaba una actividad física considerable, sin contar el tiempo en el invernadero. Al principio le sorprendió ver a otros dos Harry por el lugar pero era agradable sentirse acompañado por lo que se acostumbró con rapidez. Los tres se repartían el lugar así que generalmente solo coincidían en la práctica de duelo, cuando jugaban quidditch y a la hora de la comida. Los conocimientos obtenidos de Helga Hufflepuff fueron invaluables en este punto ya que podía obtener una alimentación muy completa en tan solo un minuto con lo que tenía para tres hambrientos niños. Las clases se intercalaban y permitían algunas especiales, como las de control de magia, tenían la finalidad de lograr lanzar cualquier hechizo sin la varita, siempre tendría un mayor efecto con la varita que le proveía un conductor pero permitía incrementar el poder del mago al doble o al triple, la primera parte era sentir como fluía el poder, esto lo logró de inmediato ya que su nivel de energía mágica era muy fuerte y fácil de percibir, pero el segundo costó todo el primer mes triplicado.
Control.
Una vez lo consiguió por completo el horario de las clases cambió, ahora practicaba en cada clase magia sin varita. La primera media hora hasta conseguir el conjuro con la varita, la siguiente hora sin la varita y la última media hora de nuevo con la varita para verificar el poder del nuevo conjuro. De vez en cuando el Harry de su mente le pedía salir para evaluarlo en diferentes áreas, también aprovechaba para jugar ajedrez u otra cosa con él ya que era el único que podía forzarlo en verdad. Otra cosa que cambió fueron las nuevas clases, ahora comenzaron con Oclumancia, Legilimancia, aparición por un corto tiempo hasta que lo dominó, animagia y metamorfomagia. Pese a que esta última era mucho más difícil de aprender que la animagia era posible conseguir grandes avances una vez dominabas la magia sin varita y el control de tu propia magia a través de tu cuerpo. Podía conseguir un cambio en el color de ojos, de cabello y tono de piel, largo del pelo y como borrar su cicatriz si lo quería, más adelante podría conseguir cambios en su fisonomía completa sin embargo le atrajo más la animagia. Lo primero fue prepara un ritual de verificación, una estrella de siete picos con siete cristales, una vez activos mostrarían las formas del mago. Generalmente no mostraban todas pero siempre mostrarían una o dos como mínimo, a medida que el mago creciera mentalmente demostraría el resto de sus formas.
No todos los magos conseguirían llegar al punto más alto ya que necesitaba un gran conocimiento de uno mismo pero los que él entrenó alcanzaron cuatro a cinco formas, la primera de las suyas fue el ciervo y la última fue el colacuerno, fue una curiosa sorpresa cuando la imagen directamente al frente de su yo más joven reveló a un colosal lagarto alado que escupía fuego.
-¿Qué significa eso? –Preguntó un poco asustado el pequeño Harry, puesto que ahora poco lo sorprendía esto parecía grave, en realidad él también esperaba ver un ciervo.
-Significa poder –contestó impasible su yo interior- no debería ser extraño, por el momento no has interactuado con nadie más por lo que tu conocimiento de ti mismo es limitado, ya sé que es extraño pero necesitas conocer a otros para poder definir mejor como eres tú mismo. De momento lo que mejor entiendes es que eres poderoso, peligroso e incontrolable, aunque más bien parecería que estas reflejando lo que crees que serás basándote en lo que ves en mí, lo cierto es que no estás del todo equivocado. Ahora observa las otras.
Regresando a ver las imágenes secundarias observó a cada lado del dragón un animal negro, un ave y un lobo.
-¿Curioso, verdad? –Comentó- dos animales muy diferentes y a la vez muy parecidos entre ellos, ambos representan en cierta forma poder y sabiduría, aunque la individualidad del cuervo contrasta con la lealtad a los suyos y compañerismo que posee el lobo –explicó con cierta fascinación- por ahora será suficiente –decidió- el dragón requiere mucho trabajo aún después de que consigas transformarte en uno, luego te explicare porque –se adelantó a la pregunta- así que alcanzaras las tres formas antes de que comencemos con eso.
No bromeaba cuando dijo que sería difícil, aún con su control le tomo dos meses completos triplicados, o sea seis meses, conseguir una transformación completa y le tomaba un minuto completo terminarla. Ya que su dragón era tan joven como él, solo alcanzaba los cinco metros pero aún así era impresionante, a Harry le habría gustado volar con esta forma pero requería mucho espacio por lo que la siguiente forma fue el cuervo, está forma y la del lobo le tomaron individualmente un mes sencillo cada una, incluso conseguía pasar a estas en unos segundos. Ayudaba bastante el que practicara constantemente estas durante las clases en la pista de transformaciones, al final redujo el tiempo que necesitaba para transformarse a la mitad, treinta segundos aún era mucho tiempo para transformarse respecto a lo del dragón pero fue un avance magnifico. Lo que se refería al entrenamiento especial del dragón también tomo algún tiempo, las criaturas mágicas poseen varios poderes acorde a su magia innata, pero solo los utilizan o desarrollan por instinto, la mayoría desperdicia mucho potencial, en especial el dragón ya que tiene una cantidad de poder bruto increíble en todo su ser. Un dragón sería capaz de arrojar distintos tipos de fuego, endurecer más su piel, colmillos y garras, y de volar enormes distancias en segundos si supiera canalizar su magia, ellos no lo sabían pero Harry sí, por lo que le enseño a su otro yo tanto como pudo en el tiempo que les restaba, las practicas de esto las realizaron en la novena habitación, ya que la roca era especialmente resistente a cualquier tipo de magia.
Habían pasado ya cuatro meses desde que dejo el orfanato, o un año desde su punto de vista, había crecido más de una cabeza en ese tiempo y sus músculos eran mucho más fuertes, esto no debería ser posible ya que solo tenía seis pero el otro Harry le dijo que fue parte de un hechizo de adaptabilidad que colocó sobre él antes de combinar sus mentes, cuando era un bebé. Para molestia de ambos, este era un conjuro que Voldemort había inventado para crear nuevas armadas a partir de niños o bebés seleccionados, claro que él también les quitaba la voluntad como parte del proceso para volverlos sus marionetas, pero este conjuro era solo para facilitar fortalecerlos mientras crecían. Volviendo al muchacho, había terminado con todo lo que le habían dado para practicar, todos los hechizos, encantamientos, transfiguraciones, maleficios y pociones habían sido realizados con éxito en repetidas ocasiones, salvo por unas contadas excepciones, pero eso no hacía su logró para nada menos impresionante. Incluso su yo mayor estaba asombrado, aquellos conocimientos "básicos" incluían todo lo que se veía en los siete años de enseñanza en Hogwarts, su Oclumancia y Legilimancia no eran perfectas, a pesar de que su yo mayor las evaluaba cada semana y los tres Harry practicaban constantemente entre ellos cada vez que sostenían un duelo, pero eran bastante fuertes y mejorarían mucho más durante los siguientes meses, ya que tendría mucho más tiempo para practicar. Los meses siguientes se dedicaron a aprender magia tan poderosa y peligrosa que no era el tipo de cosas que aprenderías en la escuela, sino más bien en la academia de aurores, también aprendió muchos hechizos curativos, lo que le vino de maravilla cuando las prácticas de combate se fueron al punto de la exageración.
Una de las cosas más extremas de su nuevo entrenamiento fueron las practicas de resistencia a las maldiciones imperdonables, el imperius no fue gran problema, consiguió resistencia perfecta tras el primer día, su entrenamiento en Oclumancia ayudo un poco pero sus resistencia natural fue la clave. El cruciatus era un asunto totalmente diferente, en realidad lo que generaba era la idea de un dolor insoportable, pero eso no lo hacía menos real. Al principio comenzaron con maleficios que generaban ideas de cosquillas, comezón, ardor o cosas parecidas, cuando fue capaz de superarlos, solo con su concentración, pasaron al maleficio real.
Aquellos fueron sin duda los peores momentos de aquellos seis meses y obviamente no lo dominó por completo, pero alcanzó lo que el Harry más viejo llamó un nivel cinco, aún sentía claramente el dolor pero era soportable, incluso podía seguir atacando y evitar que su enemigo mantuviera la tortura. El día en que la poción de la suerte estuvo terminada (Habían comenzado con esta como una cronometro para su salida ya que también tomaba seis meses) Harry tomó una muda de ropa con capa que Lemarin había incluido en el guardarropa del baúl, le aplico unos encantamientos de regulación de temperatura sacó algunas cosas dentro de su bolsa y salió finalmente del baúl, entre estas cosas iba una pequeña botella de la poción dorada que "afortunadamente" (nótese la ironía) también había resultado en un éxito (Habían algunas cosas que requerían más de seis meses para realizarse por lo que Harry tuvo como tarea permanente mantener ciertos proyectos dentro de su baúl para irlos avanzando con regularidad aún mientras estaba fuera). Conociendo acerca de sus nervios su yo mayor le recomendó que aquel primer día de nueva libertad tomara la poción para tener confianza, pero le advirtió que no volviera a usarla de nuevo, era un riesgo mucho mayor volverse dependiente de algo. Terminó siendo una buena decisión ya que el niño estaba tan nervioso que la poción que debía darle confianza ilimitada solo lo guardó de permanecer completamente tranquilo. Una vez fuera del baúl, lo plegó y guardo dentro de la bolsa, retiró las protecciones y salió a ver el sol por primera vez en varios meses, aún el terrible frío en su rostro no fue capaz de arruinarle ese momento.
-¿Hacia dónde vamos primero? –Preguntó el pequeño, ya se había acostumbrado a hablar dentro de su cabeza.
-La forja de los enanos esta cerca de aquí, allí podemos hacer el encargo para un traje de protección especial –contestó simplemente- ¿tienes las especificaciones?
-En mi bolsillo, pero no entiendo para que necesito una armadura.
-Es más que eso, pero ya lo entenderás, ahora en marcha.
A cualquiera con una pisca de cordura le parecería absurdo dejar a un pequeño vagar en medio del bosque pero con una dirección fija que seguir, instrucciones directas dentro de tu cabeza y todo el arsenal de maleficios que aquel pequeño tenía a su disposición la cosa era diferente. Sin embargo, siempre hay situaciones que escapan de nuestro control.
¡GGGGGGGGRRRRRRRRRRRRHHHHHHHHH!
El gruñido solo fue capaz de hacer temblar los árboles y hacer caer la nieve sobre estos al suelo, mucho más curioso que asustado por lo que podría generar semejante sonido el pelinegro siguió la dirección de la que provino, no fue difícil ubicarla ya que el ruido era constante y se mezclaba con otros a medida que se acercaba, parecía una lucha y el leve aumento en la temperatura y resequedad en el terreno le informó qué estaba luchando incluso antes de poder verlos, lo cual era difícil de imaginar.
Dragones.
A pesar de ser de la misma especie, su propia forma de colacuerno no se comparaba a estas, median fácilmente el triple que la suya, una incluso (la que estaba dando más problemas) superaba a las otras alcanzando los veinte metros. Habían cuatro, tres muy maltrechos, dos hembras y un macho, y el cuarto, el enorme, que apenas parecía cansado pero si muy furioso. Aún con la diferencia numérica los otros no lograban nada con su ataque además de enfurecer todavía más a su monstruoso congénere. Harry percibió que no se encontraban solos observando aquello por lo que el tramo que le faltaba para llegar al claro se transformo en un cuervo y voló hasta una rama alta del árbol más próximo al alboroto para observarlo todo.
-Enanos –comentó el Harry mayor reconociendo los que intentaban rodear el lugar, pero no estaban solo esos- también hay algunos vampiros y varios magos.
-Pero es de día, creía que los vampiros… ¿Caminantes diurnos? –Preguntó el niño, su yo interior afirmó- pero entonces aquella vampiriza…
No terminó de expresar su duda cuando la respuesta repentinamente le estaba colocando la filosa hoja de una espada debajo de su pico, su visión periférica fue capaz de captar la imagen de una beldad pelirroja de cabello rizado largo y ojos escarlatas, su piel se notaba menos pálida que la última vez que la vio y parecía estar llevando una edad más joven está vez. Una habilidad poco conocida de los vampiros ya que solo unos pocos podían conseguirlo pero era de cierta utilidad, podían variar su forma entre cierto rango de edad si lo deseaban o quedarse en una edad especifica, el punto medio era su edad de conversión, en este caso ella podía saltar entre los 13 y los 25 años, de momento manifestaba unos diecinueve.
-Eso fue descuidado –comentó la voz de la pelirroja con suavidad a su espalda- ¿no pensaste que no notarrría a un animal acerrrcándose en lugarrr de escaparrr de aquí? –Inquirió retirando el arma y esperando que el ave retome su forma original, sin embargo está la tomo por sorpresa cuando lo que vio no era un hombre sino…- ¡¿Un niño? Ya veo –murmuró, saliendo rápidamente de su sorpresa, como todos en su especia ya había pocas cosa capaces mantenerla sorprendida- errres el aprrrendiz que menciono en el trrrato –dedujo la pelirroja vestida en cuero negro guardando su espada y colocándose a lado del chico que no había regresado la vista, arqueó las cejas levemente al notar el parentesco con su "amo" pero no lo menciono.
-¿Qué pasa con ese Dragón? –Preguntó finalmente al niño, su escucha bufó.
-¿Aparrrte de que está rrrealmente cabrrreado? No tenemos ni idea –contestó- perrro no imporrrta, los enanos y los magos de la rrreserrrva nos contrrratarrron para ayudarrrlos a acabarrr con eso –dijo despectivamente- ha derrrumbado muchas aldeas y minas que solo estaban en su camino y mata a todo drrragón que se encuentrrra –explicó brevemente sin darle mayor importancia a tales destrozos.
-¿Entonces por qué no lo han detenido? –Preguntó sin apartar la vista de la batalla en la que al trió le iba cada vez peor, era claro que si alguien no intercedía pronto el dragón más grande los acabaría, Harry podía sentir una enorme furia provenir de este, aunque no identificaba la fuente.
-Le seguimos la pista con esa intención –contestó con calma sin perder detalle de la lucha con un aire de decepción- perrro cuando llegó aquí decidimos aprrrovecharrr la situación –ante la mirada interrogante de su escucha decidió explicarse- una parrreja de drrragones estaba buscando un sitió parrra aparrrearrrse perrro se toparrron con un nido ya establecido –explicó dejando de lado la incomodidad del niño de seis años ante el primer tema- antes de que empezarrra la disputa el más grrrande aparrreció y ahorrra los trrres luchan porrr sus vidas –resumió con aburrimiento- crrreíamos que serrría una buena oporrrtunidad, tres colacuerrrnos atacando a la vez… perrro hasta ahorrra solo han demostrrrado que "El Ragnarok" es peorrr de lo que nos habían dicho.
-¿El Ragnarok? –Repitió el niño con mayor curiosidad que antes, ganándose una mirada inquisitiva de la mujer pelirroja que lo observaba.
El Harry adulto le había platicado de su dragón cuando noto la incomodidad de su yo más joven ante la idea de convertirse en uno, el interés que nació en ese momento se desarrolló hasta el punto en que terminó por aprender todo lo que el Harry mayor supiera acerca de aquellas formidables criaturas, claro que ahora que los estaba viendo daban más miedo que admiración, aún así no podía dejar de apreciar la fortaleza de aquel peculiar colacuerno, no el más grande sino a la hembra que luchaba con mayor desesperación. Hasta donde sabía todos los dragones, y muchas otras criaturas mágicas, se comunican entre sí a través de una forma muy burda de Legilimancia, la razón por la que nadie antes se percató de ello es clara ¿Quién se especializaría tanto en Legilimancia como en cuidado de dragones? Para cualquiera son ramas totalmente incompatibles. Y aún pudiendo leer las emociones y pensamientos del dragón no entenderías nada de lo que dicen ya que tienen su propio lenguaje, uno que hace ver al parsel como aprender inglés. Aún con todo el lenguaje dentro de su cabeza solo lograba entender algunas palabras sueltas de los dragones en el claro. No que estuvieran diciendo mucho tampoco, solo captaba las palabras "dolor, que el dolor se detenga" provenientes del Ragnarok, lo que no tenía sentido porque era el único que no parecía herido.
-Terrrminarrremos con esto y luego podrrremos marrrcharrrnos –decidió la vampira revisando su equipo, el niño regresó a verla.
-¿Marcharnos? –Ella lo miro con suspicacia.
-Porrr eso estas aquí ¿o no? Parrra encontrrrarrrnos –supuso, pero el ojiverde negó- ¿Qué haces aquí entonces? –Reclamó, el pequeño saco unos planos de su bolsillo y se los entregó.
-Iba a la forja de los enanos para pedirles que fabricaran esto –contestó honestamente luego regresó su atención al lugar donde uno de los dragones ya había caído- pero me encontré con…
Sus ojos se abrieron con sorpresa ante lo que veía, antes de detenerse a pensar en nada su cuerpo reacciono saltando del árbol luego de cortarse a media frase, por primera vez su transformación fue casi inmediata, cerca de diez segundos, y un quinto dragón apareció en el claro justo sobre la espalda del Ragnarok, sin embargo parecía totalmente disparejo, era como sí un chimpancé se hubiese agarrado a la espalda de un tigre, sin embargo el pequeño dragón comenzó a arrojar un lanzallamas sobre la cabeza de su adversario, de llamas azules, el más grande se enfureció aún más por esto sacudiéndose violentamente hasta que se dejo caer de espaldas con la intención de aplastar al dragón con ojos esmeraldas bajo su enorme peso, por suerte esté tuvo tiempo al ver su intención de saltar y elevarse un poco fuera de ese peligro. Pero al hacerlo estuvo a la vista del dragón recostado el cual arrojó un poderoso lanzallamas que lo golpeó en la espalda y lo arrastró en el aire cerca de diez metros antes de quitarse de su camino, suficientemente adolorido al pequeño comenzó a elevarse, menos mal que sus escamas eran mucho más duras de lo que parecían o aquel golpe lo habría calcinado hasta su espina.
Por un momento el Ragnarok, de nuevo en pie, pensó que el pequeño había escapado ya que estaba fuera de su rango de visión, estaba dispuesto a continuar con lo que había dejado antes cuando algo lo golpeo en la espalda con tal fuerza que sus patas se doblaron un poco, se doblaron mucho más cuando el segundo y tercer golpe impactaron en el mismo sitio y cayó de lleno en el suelo cuanto un cuarto fue a dar directamente sobre su cabeza, aunque entonces pudo distinguirlo, eran bolas de fuego, disparadas desde algún punto del cielo, por lo menos arriba de los setenta metros caían como pequeños meteoritos con una fuerza devastadora y una precisión mortal. Pero ni siquiera estos lograron sostener al monstruo por mucho tiempo, los ojos de este ahora parecían rojos de ira mientras extendía sus colosales alas y con inusitada rapidez se elevaba en el aire totalmente olvidado de los otros dos dragones que ahora se alejaban desvalidamente del claro, en donde uno cuantos magos los aturdieron con intención de curarlos tanto como pudieran antes de dejarlo irse dejando solo el cuerpo de un tercer dragón respirando con dificultad sus últimos alientos.
Mientras tanto en el aire una cacería encendía el cielo en llamas, era como un perro de caza tras un conejo a una monstruosa escala, el lanzallamas de Ragnarok alcanzaba los treinta metros y con su velocidad, totalmente en contradicción con su enorme tamaño y peso, Harry no lograba poner suficiente distancia entre ambos para usar su ventaja de arrojar bolas de fuego, así que utilizó los fuegos que producían mayor cantidad de calor, el azul y el escarlata intenso, cualquiera de estos lograba poner a raya el fuego enemigo que tenía mayor alcance, sin embargo esto no evito que el Ragnarok se fuera acercando cada vez más, hasta que estuvo al alcance de sus garras, en un intento de todo o nada Harry se arriesgo a probar un movimiento de quidditch que su otro yo le había mostrado, no tenía ni idea de cómo funcionaría siendo dragones, tanto para él como para su homónimo pero no tenía más ideas. Encogiendo sus alas a mil mies del suelo se precipitó hacia abajo, pudo sentir el fuego enemigo rozarlo un par de veces, cuando estuvieron a solo treinta metros de altura se las arreglo para darse vuelta en media caída y arrojar el más poderoso lanzallamas añil justo en los ojos de su perseguidor que se sacudió completamente ciego e intentó inútilmente detenerse. Pero ya era tarde, sus alas se doblaron fracturadas cuando intento desplegarlas para frenar, su "presa" tuvo más suerte con esta parte ya que utilizó su propio lanzallamas de largo alcance (cerca de veinte metros) como propulsor contra el suelo para reducir su caída al momento de desplegar sus propias alas, evito que cayera como una piedra pero su caída en parábola arrasó buena parte del bosque provocándole diversas lesiones. Tras un estrepitoso temblor que anunció la caída de la grandiosa bestia se forzó a levantarse y recorrer el rastro de destrucción que había producido de regreso hasta el sitio donde impactó Ragnarok.
Era difícil imaginar eso como el sitio de arribo de un dragón, parecía más el lugar donde el meteorito que mato a los dinosaurios golpeo la tierra, salvo por el desvalido cuerpo de la criatura en el centro, sangraba profusamente y tenía muchas fracturas, las más graves en la cabeza, su cuernos rotos igual que el grueso cráneo y las amenazadoras fauces. Ya suficientemente cerca y con el mismo tipo de mente lograba entender lo que el dragón pensaba.
-"Que se detenga el dolor" –repetía, una garra maltrecha sujetaba cerca de su prominente tórax y la respiración era más agitada cada vez.
-"¿Qué te sucede?" –Preguntó.
-"El dolor no se detiene, no se detiene nunca, ¡QUIERO QUE SE DETENGA!" –Continuó diciendo ajeno a las palabras de su opuesto, en su arrebato casi pareció que volvería a alzarse pero no lo consiguió, apenas entonces Harry pudo percibir una sombra del dolor que atormentaba constantemente a la bestia y el cual era el motivo y el alimento de su implacable furia, viéndolo de cerca incluso notaba que sus ojos era completamente rojos, inyectados de sangre por la desesperación continua que sufría.
-"Quédate quieto un momento y haré que se detenga" –aquellas palabras tuvieron sentido para el Ragnarok aun a través de su agonía, dejo de luchar y centro su sanguinaria mirada sobre su homologo más joven, sin embargo esta vez no parecía agresivo sino más bien expectante.
Apenas estuvo a un lado del gigantesco dragón retomó su figura regular y se colocó sobre la cabeza apuntando su varita justo en dirección de los enormes ojos, la mirada de este había crecido sorprendida por el curioso cambio pero fuera de eso apenas reacciono, no lograba moverse y se notaba infinitamente más cansado que el joven mago. Este por otra parte había comenzado a dudar, nunca había usado ese hechizo y algo en su interior le impedía arrojarlo, sin embargo la mirada casi ansiosa de la criatura disolvía sus dudas, ambos sabían lo que sucedería una vez el conjuro se lanzara, debido al lazo mental y a la Oclumancia demasiado elemental de Harry él no podía mentirle. Con los ojos cerrados se concentro en lo que deseaba, terminar con el dolor de aquel ser definitivamente.
-Avada Kedavra.
Un destello verde impacto a través de la retina opacándola por completo, de inmediato el cuerpo se destiño sobre el suelo, Harry se tambaleó un poco por el movimiento y mucho más por la sensación que le dejo aquel conjuro, se sentía a punto de vomitar pero se contuvo, en especial al darse cuenta de que no se encontraba solo en absoluto. Cerca de un centenar de miradas incrédulas estaban fijas en él, desde magos, enanos y un numeroso grupo de vampiros, al ver la mirada del chico sobre ellos algunos levantaron sus espadas o varitas, sin embargo una voz los cortó.
-¡El prrrimerrro que lo intente desearrra no haberrr nacido!
Las miradas se centraron en una hermosamente peligrosa joven de cabello de fuego y mirada igual que advertía el riesgo de desafiarla ni bien aterrizó en el claro entre los suyos y el dragón caído bajo los pies de su conquistador.
-¿Comandante? –Preguntó tentativamente uno de sus hombres.
-Es el sucesor –contestó secamente, ignorando la mirada de su escuadrón regresó su atención al maltrecho niño que acababa de derribar a una bestia que todos decían sería imbatible- ¡Es tiempo! –Le gritó, sin embargo el chico, que parecía todavía más diminuto sobre la cabeza de aquel monstruo al que acababa de matar, ladeo la cabeza.
-Aún no –contestó fácilmente- nos encontraremos de nuevo antes de año y medio, hasta entonces Srta. Ivanov –se despidió antes de desaparecer en un "crack" sin darle oportunidad a la mujer de agregar nada más.
-"Diantres" –Maldijo esta en un acentuado ruso antes de volverse a los enanos.
-Ustedes no realizaron el trabajo, por lo tanto no hay paga –advirtió uno de estos.
-Rrreprrresentó al chico que lo mató, y no es porrr la paga –contestó llanamente, no estaba de buen humor (nunca) y este barbón comenzaba a caminar en hielo delgado.
-Sí claro, como no –dijo burlonamente antes de tener un espada bajo su garganta, algunos enanos intentaron ayudarlo pero se encontraron rodeados de vampiros.
-¿Acaso me llamas mentirrrosa? –Le amenazó, luego de que el barbudo negara enérgicamente retiró su arma y le entregó los papeles que le había dejado el niño antes- el chico iba a vuestrrra forrrja parrra encarrrgarrr esto, crrreo que lo menos que pueden hacerrr por él es rrrealizarrr el encarrrgo, además acaban de rrrecibirrr materrrial de muy buena calidad parrra hacerrrlo –comentó echando una mirada al dragón en el cráter.
Apenas sus pies tocaron el suelo se desplomó sobre sus rodillas, estaba agradecido de haber soportado hasta ese punto, mostrar algún tipo de debilidad frente a los vampiros no le haría bien cuando se volviera a presentar frente a ellos, haciendo un esfuerzo por mantenerse consiente comenzó a caminar dando pasos cortos, adelantó el cadáver del colacuerno que no sobrevivió a la lucha, una hembra adulta… que acababa de terminar su periodo de incubación, la zona del nido que se movía levemente confirmaba aquello, esa era la razón por la que esta luchaba con semejante fiereza, y la razón por la que Harry saltó a la batalla, una vez que la madre cayó nada más protegía el nido y la batalla habría cobrado la vida de una pequeña cría, no más grande que un perro, que se movía nerviosamente. A cualquiera le hubiera parecido agresiva, pero lo único que pensaba era "mamá", lo mejor sería dejarla hasta que los magos de la reserva regresen y la encuentren, o lanzarles alguna señal para que vengan y la cría estaría en buenas manos, pero no podía dejarla, algo al ver a la criatura, en apariencia tan peligrosa pero en la realidad tan desvalida, se lo impedía, al escuchar la proximidad de magos que venían sin duda por el cuerpo de la madre tomo una apresurada decisión. Sujetó uno de los cortes en su brazo y lo acercó a la nariz del dragón bebé para que lo olfateara mientras introducía la palabra "KARH" (que significaba "familia") en su mente acompañada de sentimientos de tranquilidad y acogimiento, las madres hacían algo parecido para que sus hijos supieran que estaban a salvo, el primer enlace mental servía para formar un vínculo duradero, claro que entre madre e hijos no era permanente ya que las crías tenían que irse o ser arrojadas de su nido cuando fuera hora.
Sin embargo este método fue diseñado por Harry cuando recibió al hijo de "Norberto", para establecer un vínculo permanente de familia, algo parecido a ser hermanos. Funcionó, tras unos segundos de oler la sangre la cría se calmo y comenzó a temblar únicamente por el frío del lugar, dándose prisa Harry colocó algunos conjuros de calor y se aferro a la que al parecer sería su nueva mascota. Haciendo un último esfuerzo trató de pensar en algún lugar seguro para ambos en tanto se recuperaba y ambos desaparecieron con un "CRAK".
Cada hueso le dolía como el demonio pero aún así se forzó a moverse y tratar sus heridas, después de colocar un hechizo de sueño profundo sobre su acompañante, la cual tras revisar más detenidamente se percató de que era una dragoncita, no tenía alimento para ella ni forma de conseguirlo hasta estar sobre sus propios pies así que lo mejor de momento era dormirla. Pasaron casi cuatro horas hasta que terminó de tratar sus lesiones, apenas entonces reparo en el lugar en que se encontraba, no recordaba haberlo pisado nunca en su vida y no tenía idea de cómo es que su mente creyó que era un lugar seguro para aparecerse si era desconocido. Desconocido, cerrado y lleno de arañas, era una clase de cobertizo con varias escobas apiladas, apenas vio estas se dio cuenta de que algo no iba bien.
-Escobas voladoras –identificó, para alguien más habría sido difícil ver la diferencia pero él había trabajado lo suficiente diseñando su propia escoba como para identificar una a simple vista, sin importar lo viejas o gastadas que estas pudieran estar eran escobas voladoras, lo que significaba solo una cosa- la casa de un mago.
Trató de ponerse en pie pero era muy difícil, tenía que salir de allí, sabía bien que un niño de su edad llamaría suficiente la atención como para que el dueño de aquel lugar llamara al ministerio y si llegaban a identificarlo todo se iría al caño. Su maestro ya le había advertido que nadie debía saber que estaba vivo hasta que terminara su entrenamiento y sabía lo suficiente acerca del peligro que lo acechaba como para estar de acuerdo en mantener un perfil bajo. Una vez estuvo sobre sus pies un ruido en la entrada del depósito lo sobresaltó.
Ella era sin duda la niña con los peores hermanos que cualquiera pudiera tener, y eran para ser peor eran un total de seis, aunque solo cuatro representaran un dolor. Podía pasar a su hermano Ron, era muy lento para darse cuenta de las cosas y prácticamente un insensible pero era el más cercano y hacían mucho juntos pese a que muchas veces le tomaba el pelo, incluso a su hermano Percy con todo lo pesado que era, eran sus hermanos gemelos los que siempre la sacaban de quicio y no sabían cuando parar hasta que empezará a llorar, algo que ella detestaba, y entonces intentaban remediarlo pero las cosas ya estaban hechas. Todo se había vuelto más difícil para ella desde que sus hermanos favoritos se habían ido a Hogwarts, no tenía edad para recordar cómo era tenerlos todo el tiempo en casa pero suponía que sería un agradable cambio sobre un par de bromistas redomados, un lerdo y un pomposo delator. Incluso les tenía cierta envidia por eso, Bill era guay en muchos sentidos pero casi no lo veían y ahora que se había presentado con esa idea de irse a trabajar lejos seguramente lo verían menos, lo mismo con su hermano Charlie y su afición, por no decir obsesión, con los dragones y el quidditch, aunque siendo justos ella podía entender el porqué en esta última, aún era muy joven pero le ilusionaba la idea de poder jugar en el prado con sus hermanos… ¡Claro, como si ellos se lo fueran a permitir! Tampoco tenía una escoba y sabía que sus padres no podían permitirse comprarle una pronto aunque se los pidiera. Lo que la llevaba a su situación actual, Charlie había recibido una escoba nueva por navidad y por ser el año en que se convirtió en capitán de su equipo, así que su escoba anterior junto con otras más viejas que eran de sus otros hermanos se encontraban en el cobertizo, sabía que si su mamá la encontraba se metería en un buen lió pero ella estaba muy ocupada encargándose del castigo de Fred y George por lo último que le habían hecho, así que tenía tiempo de hacer algo suficientemente imprudente para olvidar lo que sus insensibles hermanos le había dicho.
Sin embargo un ruido extraño proveniente del cobertizo la saco de sus pensamientos, al principio pensó que podría ser solo un ratón así que abrió lentamente la puerta para ver el interior, era una suerte que la puerta fuera tan baja que hasta ella la alcanzara, pero adentro no había nada y nada se veía diferente. Encogiéndose de hombros se dirigió a las escobas con intención de escoger una que pudiera sujetar, estaba por decidirse entre la estrella fugaz de Ron y la barredora de uno de los gemelos (con algo de suerte se cuartearía) cuando un sonido, que definitivamente no provenía de un ratón la tomo por sorpresa. Era como un gruñido pero más agudo y venía acompañado de un leve olor a huevos podridos, pero antes de que terminara de voltearse una mano le tapo la boca y otra la inmovilizó, no podía ver de quien se trataba pero se eso solo contribuyó a que se asustara más.
-No te asustes –dijo de repente la voz de un niño- no quiero hacerte daño solo quiero descansar aquí un rato –le aseguró- te voy a soltar, así que por favor no grites.
Con esta última advertencia la dejo ir, de inmediato se aparto un par de pasos antes de voltear a ver al chico que se escondía en su cobertizo, al principio la sorprendió, pese a su voz esperaba a alguien mayor, ese no era mayor que ninguno de sus hermanos, aparte de Ron, y se veía muy mal, como si apenas pudiera sostenerse en pie. Algo más que notó fue la forma en que el chico la miro una vez se apartaron, una mescla de sorpresa y ¿temor? ¿Nerviosismo?, no lograba identificar la última y no era muy buena en eso, ¡solo era una niña por dios! Preguntó lo primero que se le vino a la mente.
-¿Qué haces en nuestro cobertizo? –El chico sacudió la cabeza intentando despejarse de la imagen de aquella niña pelirroja, pecosa y vestida con un vestido tipo delantal viejo, antes de contestar.
-Ya te lo dije –contestó- descansaba –agregó echándose pesadamente sobre el suelo contra la pared, la pequeña pudo notar el dolor que esa simple acción le causaba.
-¿Qué te paso?
-Me peleé con un dragón –contestó por reflejo antes de patearse mentalmente, al recordar lo del bajo perfil, sin embargo la niña solo arqueó una ceja con incredulidad.
-Que sea una niña no quiere decir que sea estúpida ¿sabes? –Le contestó un poco ofendida de que quisiera venderle semejante historia, a pesar de que eso debía haberlo relajado se sintió un poco molesto porque no le creyera, pero solo bufó- ¿Cómo te llamas? –Preguntó curiosa.
-Harry –contestó de nuevo sin pensar, tampoco debía decir su nombre real, tenía que usar uno supuesto por esos años, pero algo respecto a esa niña le impedía actuar como debía. Está se quedó viéndolo de manera extraña.
-¿Harry? ¿Cómo Harry Potter? –Le preguntó con suspicacia, sin embargo esta vez no contesto de inmediato, sino que se detuvo y se encogió de hombros.
-Solo Harry está bien por mi –contestó indiferente.
-¿Y dónde están tus padres, solo Harry? –Le preguntó de vuelta.
-No tengo –contestó llanamente, algo curioso fue que la pregunta no le molesto tanto como lo hacía cuando niños fuera del orfanato la usaban para burlarse de él, sin embargo la pequeña parecía horrorizada por esto.
-Lo-lo siento, en verdad, no quise…
-No importa –la cortó, pero al ver como miraba al suelo en silencio decidió cambiar el tema por otro que repentinamente le interesaba mucho más- ¿Cómo te llamas?
-Ginny –contestó subiendo su mirada color chocolate para encontrarla con la esmeralda del chico que agradeció como la oscuridad ocultó su repentino rubor.
-Mucho gusto –masculló, por fortuna un ronquido rompió la tensión.
-¿Qué fue eso? –Preguntó la chica de vuelta a su nerviosismo inicial.
-Mi dragón –contestó simplemente levantándose, la niña lo miro exasperada.
-Ya te dije que… -pero no pudo terminar su alegato cuando el chico descubrió una capa bajo la cual estaba un lagarto con alas respirando profundamente mientras dormía, contuvo un chillido al verlo pero se tapo la boca con ambas manos- era verdad –murmuró asombrada, luego regresó a verlo- entonces las heridas…
-No importa –repitió.
-¡Claro que importa! ¡¿Qué pasa si…? –La réplica-grito se detuvo cuando el chico volvió a taparle la boca.
-Estoy bien, pero mi dragón se despertara con hambre –le avisó, los ojos de la chica crecieron con horror ante tal comentario- ¡no te voy a usar de alimento! –Refutó indignado- necesito un poco de brandy y… ¿crees que tu mamá extrañara un par de gallinas? –Dando un suspiro de alivio la niña denegó con la cabeza pero pareció un poco pensativa.
-Aunque quizás si note que falta una botella de brandy, ni ella ni papá acostumbran beber pero tiene un ojo sobre Fred y George… –comentó pensando en el terrible castigo que les caería a sus revoltosos hermanos si llegara a faltar una gota de cualquier licor- ¡te traeré una botella de inmediato! –le aseguró con una perversa sonrisa en su rostro, que desentonaba bastante en facciones tan infantiles.
Sin detenerse a pensar mucho en aquello el pelinegro conjuro unas garrafas de cuero y convocó algunas gallinas del jardín, no fue agradable desangrarlas pero ya había hecho cosas más desagradables fabricando algunas pociones, cuidando de su jardín con plantas mágicas y está mañana en su encuentro con el colacuerno húngaro. Además esto venía a significar que tendría carne para la cena por primera vez desde que aquel inhumano entrenamiento comenzó, como no se sentía bien aprovechándose así de las personas que vivían allí conjuró una bolsa de cuero y la relleno de oro, adjuntado una nota que explicaba el porqué del mismo, que llevaba en su bolsa de viaje antes de que la menuda pelirroja regresara.
-¡Aquí tienes! –Le dijo sonriente mientras le pasaba una botella que cargaba con ambas manos y brazos. Agradecido el niño la recibió mientras le pasaba una bolsa.
-Es por las molestias –explicó ante la cara interrogante de la pequeña que solo se encogió de hombros sin dejar de observar como el ojiverde llenaba un par de bolsas con el licor y las acercaba al hocico de la cría aún dormida de dragón para que la bebiera, luego de despertarla y de que diera un gran bostezo, que a Ginny le pareció adorable, la pequeña colacuerno comenzó succionar el contenido con bastante ansiedad, cuando estuvo a punto de acabarse el chico lo señaló con su varita y se fueron rellenando hasta quedar abultadas de nuevo.
-¡Estás haciendo magia! –Exclamó tan fuerte que ambos se asustaron pensando que quizá la familia de ella pudo oírla, la dragoncita se sobresalto un poco pero siguió concentrada en su alimento- lo siento –agregó en un susurró- pero creo que a tu edad no deberías hacer eso.
-El ministerio no sabe que estoy aquí y en esta zona hay magos adultos, aunque detecten el hechizo no sabrán quien lo hizo –dijo encogiéndose de hombros, ella lo miro entornando los ojos por un momento pero no comentó nada ambos siguieron viendo al dragón comer hasta que dando otro gran bostezó acurrucó su cabeza en las piernas del niño y se durmió.
-Ahora entiendo porque a Charlie le gustan tanto –murmuró viendo al animal dormir tranquilamente- ¿Cómo se llama? –Preguntó entusiasmada, Harry frunció el entrecejo ante la pregunta.
-Nació hoy, aún no la he nombrado –contestó mientras consideraba esto, ya que se iba a quedar con él era lógico buscarle un nombre- provoca miedo instantáneo al verla, pero es muy tierna cuando la conoces –murmuró viéndola dormir.
-Suena como McGonagall –comentó con una sonrisa divertida Ginny.
-¿Quién? –Preguntó perdido.
-Minerva McGonagall, es la profesora de transformaciones de mis hermanos en el colegio –explicó- dicen que es muy estricta y que a primera vista piensas que es mejor molestar a un dragón que meterte con ella, pero Bill y mis padres dicen que una vez que la conoces en realidad es muy buena persona –le contó, una sonrisa traviesa se extendió por el rosto de ambos simultáneamente- ¿Crees qué…?
-Minerva –repitió mirando al reptil alado, luego regresó a ver a la niña que lo acompañaba- ¿Minie?
-Minie –confirmó asintiendo, luego ambos rieron levemente, era la primera risa que Harry se recordaba en mucho tiempo, pero luego su sonrisa se destiño.
-Tengo que irme ya –dijo el niño levantándose con cuidado de no despertar a su mascota.
-¡¿Qué? –Preguntó la pequeña tomada por sorpresa y triste- pero si apenas has estado un ratito.
-No debería haber estado aquí en primer lugar –comentó el ojiverde arreglando sus cosas, sin embargo el ver la expresión deprimida de la niña le produjo un malestar en el estomago por lo que saco un rectángulo de su bolsillo y se lo entrego, la pelirroja lo miro dudosa.
-¿Un espejo?
-Está encantado –explicó sacando otro igual, rectangular y con un marco simple café oscuro- solo di mi nombre frente a él –aun extrañada la pequeña hizo lo que le pidió y murmuro "Harry" a su espejo, Harry murmuró espejo Nº 2 en el suyo y de inmediato en ambos espejos un rostro apareció, en el de Harry apareció el de ella. Mientras que en el suyo se veía a Harry.
-¡Guau! –Dijo encantada, su exclamación tuvo un doble eco por el del espejo.
-Sirve para comunicarse sin importar las distancias –explicó, también había un doble eco proveniente del espejo de la niña- se apaga diciendo adiós –dijo, luego de que el espejo regresara a la normalidad volvió a guardarlo- si quieres hablar conmigo úsalo, pero mantenlo en secreto –le avisó, la pequeña asintió encantada con su regalo, sin embargo frunció el ceño.
-¿Por qué me lo das? –Preguntó definitivamente.
-Ni yo mismo lo sé –murmuró retóricamente de espaldas a ella lanzando la bolsa, que era aún demasiado grande para él, a su espalda- te veré luego supongo –dijo dándose la vuelta y siendo atrapado en corto abrazo que lo tomo por sorpresa logrando que se tensara al contacto, no recordaba a nadie abrazándolo así, o de cualquier otra manera, por lo que no consiguió responder, aún así la pequeña no pareció notarlo ya que se soltó un momento después con un leve rubor.
-Cuídate –le pidió de último, el ojiverde estaba aún muy aturdido por lo que se limitó a asentir y sujetando a la cría desapareció.
-¡¿Pero qué rayos fue eso? –Se preguntó desconcertado de regresó en el compartimento Nº 9 de su baúl, había construido una nido, que más bien parecía una hoguera, en la cual ahora dormía su dragona ajena a las preocupaciones de su dueño, sin embargo alguien más no era tan ajeno a la situación y se digno finalmente a contestarle.
-Aquellos fue enteramente mi falta –se excusó sonando arrepentido, lo cual desconcertó al pequeño, ya que su yo mayor no demostraba emociones prácticamente nunca, incluso había llegado a pensar que no las tenía.
-¡¿Cómo qué tú falta? –Con un suspiró cansado comenzó a explicarse.
-Comenzando en cómo llegaste a un lugar que no conocías, cuando te pase mis conocimientos también se filtraron algunos recuerdos e imágenes aleatorias, la idea de un lugar seguro en donde pudieras aparecerte la sacaste de aquellas imágenes de forma inconsciente –explicó- quería explicarte pero me perdí al reconocer en qué lugar estaba.
-¿Cómo que te perdiste? –Interrumpió confundido.
-Aislado dentro de tu mente soy básicamente una recopilación de conocimientos, recuerdos, pensamientos y emociones. Normalmente tengo control de estas y no me afectan pero no estaba preparado para recordar aquel lugar ni mucho menos para verla a ella de nuevo, me sacudió de tal forma que me perdí en los recuerdos y emociones, literalmente me perdí no me pidas que te lo explique, y me tomó un rato salir.
-¿Cómo que no estabas preparado para verla? –Preguntó esta vez, no podía imaginar una sola cosa que fuera capaz de tomar desprevenido a su yo más viejo- ¿Quién era ella? –Tras un largo silencio la respuesta lo golpeó como un mazo.
-Ginny Weasley era mi esposa… y una gran parte de los motivos por los que luche y regrese –le tomo un rato a su homologo más joven procesar esto.
-Entonces nosotros…
-No necesariamente –le cortó con seriedad- lo que sentiste fue afectado por mis propios sentimientos, a propósito, lamento haberte puesto en esa situación –se disculpó- mi reacción hizo que te pusieras nervioso, porque yo estaba nervioso, le dijiste cosas que se supone mantendrías en secreto porque yo jamás le ocultaría nada y le diste el espejo porque yo no me quería separar de ella –a cada palabra se oía más arrepentido, sin embargo luego volvió a escucharse igual de serio y frió que antes- comenzare a levantar barreras emocionales de inmediato, no lo había hecho antes porque no esperaba esto tan pronto pero no se repetirá –juró con un aire de amenaza que incluso el dragón en el fuego se estremeció visiblemente en sus sueños.
-¿Y el espejo?
-Ginny sabe guardar un secreto, no le dirá a nadie –dijo despreocupadamente- bien visto tal vez no resulto tan malo que recibiera el espejo, te vendría bien alguien con quien conversar a parte de mi y de la cría de colacuerno –apuntó reflexivamente, Harry no encontró error en su lógica salvo tal vez en que parecía estar buscando una escusa para que no se apartaran de aquella niña, y se lo habría dicho de no ser por el hecho de que él tampoco lo quería, ya fuera por los sentimientos de su homónimo o porque era la primera amiga que tenía, pero no quería simplemente olvidarse de ella.
Sin más se encogió de hombros y se dirigió al lecho-fogata de su mascota, donde está comenzaba a despertar y seguramente buscaría alimento, habían decidió regresar al baúl porque los siguientes meses necesitaría de atención casi continua, en unos cuatro meses tendría más de dos metros, podría volar y conseguir su propio alimento, entonces saldrían de nuevo y retomarían en donde se quedaron. Ninguno de los dos había decidió que tan efectiva fue al final la poción de la suerte, estuvo a punto de morir en varias oportunidades, se fracturó unos diecisiete huesos y corrió el riesgo de quedar al descubierto en aquella casa que su yo mayor llamó "La Madriguera", sin contar con el hecho de que ahora que finalmente había conseguido salir de aquel baúl tenía que regresar por otros cuatro meses. Sin embargo al levantar a la dragoncita para alimentarla una palabra se filtro en su mente con una suave voz adormilada, una palabra que, si su draconiano no estaba muy mal, significaba "hermano", antes de que terminara de procesar esto un calor proveniente de su bolsillo lo avisó de una llamada en el espejo.
Con una leve sonrisa decidió finalmente que aquel había sido el mejor día de su vida.
Continuara…
