ATENCIÓN

SE REQUIERE LECTURA CON ATENCIÓN, CUIDADO A LOS DETALLES, ESMERO PARA LEER ENTRE LINEAS, ENTRE OTROS FACTORES DE ATENCIÓN QUE SERÁN NECESARIOS PARA ENTENDER EL CAPÍTULO Y ATAR CABOS.

No estaba haciéndolo con intenciones groseras, sólo quería que no se saltaran la advertencia.


Réquiem: en latín, significa «descanso». Es un ruego por las almas de los muertos, reproducido justo antes del entierro o en las ceremonias de conmemoración o recuerdo.

Preludio: Cosa o acción que precede a otra y que le sirve de entrada, anticipación, anuncio o comienzo a otra.


Sé que podrás amarme,
cuando no quede alguien a quien culpar.
Así que no encares a la oscuridad,
todavía podemos encontrar un camino.

Porque nada es para siempre,
incluso la fría lluvia de noviembre.

Guns n' Roses, November Rain.


Escucha levemente los campanillazos colarse por sus oídos, profanando su silencio, irrumpiendo por un instante las ideas en su cabeza. Un mantra lúcido se revela, como una premonición. Es entonces, en ese justo momento, que nota de que se trata: el tan añorado momento, el que quizás sea hoy el día tan esperado. La fría lluvia de noviembre, que también inicia, parece no afectar a la orquesta en su tarea.

La batuta baila a manos de un director omitido por su cerebro, gestos significativos y agraciados que son ignorados a simple vista. Se limita a escuchar, a sentir, a temblar. En ese tenor, la trompeta le da entrada triunfal a las nauseas que siente, al pequeño escalofrío que recorre cada célula de su cuerpo y las pesadas ganas que tiene de dormir, de simplemente cerrar los ojos y dejarse descansar como su cuerpo lo exige.

¿Por qué ahora? ¿Exactamente tenía esto que suceder hoy?

Los instrumentos se combinan en una coordinación angelical, o quizás demoníaca, mientras ve una figura aproximarse a lo lejos. Sabe que forzar la vista no es una conveniente idea para su deplorable condición, sin embargo, no puede evitarlo. Sus palabras no habían sido una mentira. Él las recuerda, porque no hay día en que no atraviesen su mente y se alberguen allí, reescribiéndose una y otra vez en su memoria celosamente con el fin de nunca ser olvidadas, siendo reales, no influenciadas o distorsionadas por la angustia del recuerdo. Las repite con lentitud, como si su lengua no necesitase ordenes para exponerlas con la fluidez con la cual lo hace:

"Yo iré por ti, te cuidaré. Seremos felices juntos"

"Te prometo que todo saldrá bien"

A veces, muy de vez en cuando, llegaba a cuestionarse cuándo las promesas dejaron de ser pactos indelebles, únicos y dignos de fe. Cuándo el descaro empezó a utilizarse con los inocentes también, como si su candidez no mereciese ser respetada. Él era parte de ese ejemplo tan cruel y ruin.

Nadie merece ser sometido a la tortuosa espera. Si a nadie le gusta esperar, entonces debe ser recíproco y que tampoco debería gustarle ser esperado. O al menos es lo quieren pensar todos lo que poseen leve grado de coherencia al razonar.

¿Hasta cuándo estaría allí esperando?
¿Hasta cuando sus cansados ojos seguirán con ese brillo de esperanza?
¿Por qué no ha llegado antes, cuando le necesitó hasta el cansancio?

Las manos huesudas y levemente motadas se reposaron sobre el alféizar, es otra madrugada en qué mira fijamente hacia la imponente entrada del recinto. Las amarillentas luces de las farolas hacen que su cuerpo luzca más enfermo de lo que realmente está, si es que ello es posible, resaltando otros colores antinaturales. Sus venas resaltan sobre los nudillos, al igual que sus clavículas en el pecho u costillas más al sur y costados.

Recuerda los instrumentos apretando su cuerpo hasta dejar algunas marcas mientras tratan de contenerlo y su garganta desgarrada por el desesperado intento de que le creyeran. No está demente, como alegan, sólo un poco necesitado de compresión.

Es sólo un poco de desesperación ante su indiferencia.

Pero, al final de cuentas, no todo es su culpa. Ellos no creen en su capacidad mental sólo porque hay parámetros que rigen que es lo adecuado, lo correcto, lo debido en el comportamiento humano en su correspondiente etapa, cosa que no cumple del todo.

Imprudente, psicópata, anormal; así es como le han llegado a llamar en las calles mientras corría alejándose por primera vez de la institución. Los niños son crueles, sus padres ya le han enseñado a juzgar y vaya que lo hacen bien. Las risas de los lugareños le atormentaron toda la noche en el oscuro y húmedo callejón cuando trataba de dormir. Luego, cuándo el sol empezaba a emanar su característicos mantos de iluminación, decidió volver por cuenta propia.

¿Y si llegaba y no le encontraba?

Los días en espera eran sólo una especie de preludio, un llamado de alerta para lo que se aproximaba. O, quizás, un recordatorio de lo que siempre ha estado sucediendo. El transcurso de estos últimos cinco años han tratado de eso desde el principio, de descubrir e identificar quien era la persona en el cristal, pero, en lo personal, era como había dicho Talleyrand:

El inicio del fin.

Nunca le gustó el área común. Tampoco era de su agrado ver a otros "amigos" o "compañeros", como suelen llamarles las personas vestidas de blanco, dando vueltas de aquí para allá y de allá para acá. Y es que a pesar de la amplitud del salón, de que siempre está limpio y los muebles son cómodos, no existe calefacción capaz de sacarle el frío que lleva grabado en los huesos o compañía que sea de su agrado aunque sea por unos instantes. La soledad le había empezado a agradar desde hacía bastante tiempo.

Sintió mareos, otra vez, como los últimos meses cuando no estaba en cama. Todo da vueltas y su cuerpo se balancea de manera involuntaria, logrando que se aferre con más fuerza y que sus pálidas y amarillentas uñas se doblen un poco contra la superficie.

¿Quién diría que reconocer tu propio rostro causaría esa especie de estragos?

Su situación no se trata de que vive en una sociedad donde prima el físico, donde se valora a la persona por lo que aparenta ser, no. Es el prisma, su perspectiva, su turno de mirar el mundo tal cual por primera vez en años, no a mitades inciertas a través de relatos desvariados de los actores secundarios.

No recordaba su propio rostro hasta el momento y se ha topado con que su cuerpo estaba acabado, huesudo, mal cuidado. Qué triste es no tener aquel preciado lugar llamado hogar al cual volver, o peor aún: destruirlo por tu cuenta para no tener motivos de regresar.

Su rol como el protagónico, entre los tantos personajes a través de su propia trayectoria, le condujo a ser encerrado en la tercera área en la Ventana de Johari. Así es como dio permiso involuntario a ser una pieza versátil y de varias facetas, un simple personaje de apoyo con actividades bases.

Desgraciadamente, es su turno de brillar en esta obra de mala muerte. Debe lograr de que la trágica historia termine, lo había escuchado en tantas ocasiones a voz de los estudiados que merodean e insisten en que debe estar acostado.

Algo cambiaba en su interior, pero no quería admitirlo. Tampoco hay que ser un genio para saberlo. El deterioro físico es lento, notable y con poca voluntad, u oportunidad en muchas ocasiones, es inevitable.

Pero su cuerpo posee reservas, las necesarias para llevar el acto a plena función.

Una persona puede ir malcomiendo meses enteros, hasta desarrollar algún tipo de anemia. Si el proceso, luego de ocho meses, continúa, se entra en un estado de emergencia. Justo como a él le había sucedido. Y es que estar rodeado con esos instrumentos para estabilizarlo, no son ni lo más cercano al equilibrio y mejora que le habían prometido.

Con ello surgió la descalcificación en los huesos, cefaleas, mareos, e incluso su visión borrosa. Consecuente a ello y su negativa ante los alimentos, su progreso fue más extenso, diez meses en adelante y empezaron a agravar sus problemas a nivel neurocognitivo... un incremento en su déficit de atención, el insomnio y retraso en los reflejos...

Más problemas, ¡Bingo!

El cerebro requiere más del 45% de gasto metabólico y 60% del gasto cardíaco. Y si el cuerpo no cumple con esos requisitos, el cerebro se va debilitando. La alimentación es la gasolina del cerebro, metafóricamente hablando.

El tiempo sigue corriendo, pero él no está cooperando a su favor. Nunca ha sido su intención, realmente. Él no deseó que los doctores le hayan salvado de aquel accidente automovilístico. Al contrario, al abrir los ojos y descubrir que estaba vivo: reconoció que era lo peor que podría estarle pasando.

Los sedantes no me ayudaron, doc. —Recriminó en un suspiro a su propio reflejo, burlándose de sí al lucir una bata de pijama color blanco. Otra vez estuvo "fingiendo" ser un doctor.

El uso de estos 'facilitadores' para tranquilizar y forzar el descanso, pueden ser contraproducente. Para el hombre en general, el marcapasos cronobiológico tiene un período ligeramente superior a las veinticuatro horas, por lo que debe adaptarse a diario al horario de veinticuatro horas de ciclo día-noche. Iniciar un ciclo circadiano, para evitar o controlar más la perdida del sueño, implica consumir mucha energía basal que alguien con su desnutrición no posee.

La soga al otro lado de la ventana se mueve con dulzura gracias al viento mañanero y a que una mano pequeña ayuda en la tarea. Ese aroma tan, pero tan peculiar que parece impregnar el aire cuando llueve le hace pensar que quizás, después de todo, no está tan la idea de volver a su cama para escuchar mejor la lluvia chocar contra el cristal.

Ayer había sido un día soleado, despejado, cálido, incluso le hizo pensar que no está próximo el invierno; sino una agradable tarde de primavera con mariposas revoloteando para lucir sus llamativos colores, quizás escondidas tras algún arbusto lejos de su vista. Pero hoy cambió, hay un manto opaco en una escala de grises, tan oscuro que podría confundir la entrada de la mañana, con la de la noche.

Al igual que en Japón, el hospital posee una amplia entrada con un basto pasto verde que da esa aura de seguridad y tranquilidad. La mezcla de tierra, humedad y la esencia de la naturaleza al fin se impregna en sus fosas nasales. Por primera vez en años se vio en serenidad y deseó ser el camino de lodo que se estaba formando en el pastizal, acariciando la sequedad de sus labios con la lengua con suavidad y lentitud hasta humedecerlos.

¡Dios, que sed le ha entrado! Debería llamar una enfermera para que le dé algo de agua, hasta con un trozo de hielo se conformaría en ese instante.

Quiso seguir oliendo la lluvia para apaciguar su naciente deseo, mas no podía, cada vez era más difícil el funcionamiento de sus pulmones. Se siente con el pecho reprimido y movimientos débiles. Anhela una silla para así también descansar sus atormentados pies. Tose mientras se apoya en la pared y corre el cristal de la ventana para sentir la lluvia refrescar su rostro, para que la brisa le acaricie el rostro y llene sus pulmones con aire natural.

La figura ya no está tan lejos, está atravesando el portón oscuro, cruzando con rapidez el camino inundado, cubriéndose la cabeza con un su portafolios marrón de cuero auténtico y sintiendo como sus mocasines café se llenan de agua mientras avanza soltando ligeras maldiciones a la nada.

Su corazón sintió un ferviente regocijo al mirar que se detuvo por la sensación de ser observado, girando la cabeza hacia donde le vigilaban con añoranza. El maletín cae junto al brazo que le sostiene con firmeza, quedando al mismo nivel que las rodillas, balanceándose con lentitud.

Sonriendo desde su lugar, se aclara la voz y evita que se escuche gangosa o cortada, quería echarle en cara que por primera vez ha llegado tarde, pero quizás no lo suficiente, pues allí están, frente a frente una vez más.

¡Hey, Doctor! —Logró formular con el nivel más alto que pudo, volviendo a toser con sequedad tras ello y dejando su garganta algo incómoda con la sensación afilada. Retomó su corto diálogo con una sonrisa:— ¡Le estábamos esperando!

Otra leve sonrisa aparece en sus labios y, a pesar de estar en el sexto piso, no pasa de alto por el hombre que está vestido de blanco mojándose bajo las gotas de lluvia y ensuciando su uniforme mal colocado por las prisas de su mal tiempo.

Ambos, como si de ilusiones se tratasen, desaparecieron frente a la vista del otro mientras los campanazos retumbaban por todo el silencioso recinto. Esta vez no era el réquiem que se reproducía en su mente, era la campana que había estado sosteniendo desde que identificó el significado de su visita.

Aunque se lo había dicho en aquellos días pasados: Él no quería decir adiós.


* Que triste es no tener aquel preciado lugar llamado hogar al cual volver, o peor aún: destruirlo por tu cuenta para no tener motivos de regresar.Hace referencia a que se destruía a sí mismo, por aquello de que nuestro primer hogar es el cuerpo.

* La tercera área de la Ventana de Johari:Toda persona tiene esa área oculta que no le interesa que los demás descubran, pero cuando ésta se excede de lo normal, comienza a comportarse como una persona desconfiada, huraña y, más que nada, huidiza de todo aquello a lo que se refiere a relaciones.

Fuente:El individuo mismo: La Ventana de Johari. Página 90, Hacia una Comprensión de las Relaciones Humanas, sexta edición, por Lucía Ovalle.

Me disculpo nuevamente con ustedes por mi inactividad. He vuelto, esta vez con el que yo considero el capítulo que más me ha tocado. Espero que comprendan lo que este capítulo les quiso decir, sino, lo entenderán en el capítulo siguiente.

Es su oportunidad para decir TODAS las preguntas latentes (estuve releyendo sus comentarios y noté que ya no habían tantas dudas). No actualicé antes porque me dio vergüenza releer todo y ver el cambio que he dado... ¡Deeeos! Siento que hayan tenido que leer esa atrocidad de primeros capítulos, incluso pensé en editarlos, pero a falta de tiempo... mejor seguir avanzando.

Creo que me extendí demasiado con las notas, nos leeremos pronto.

Esta vez, es una promesa. La historia casi cumplirá un año en una de mis fechas favoritas (25 de diciembre), y me gustaría cerrar con broche de oro. ¡Gracias por leer! -si llegaste hasta aquí, te mereces un premio, en serio.