El despertar del demonio
Capítulo 37. Cambios.
Sobrevolando sobre lo que alguna vez era el bosque Everfree, siendo ahora un insípido y extenso pantano congelado, se encontraba una reluciente carroza, guiada por papalotes de todos los colores, yendo a un ritmo considerablemente lento. Dentro de la carroza se encontrarían la princesa Celestia y Starlight. En todo el camino pese a los intentos de Celestia, no pudo llegar a entablar ni una sola conversación con la joven princesa, Celestia ya se había rendido con el hecho de intentar animarla, desde que partieron, ni siquiera una sola mirada le ha dirigido.
Celestia al sentir una tenue sensación en su vientre, esta lo acaricia para relajarse un poco, y más por una costumbre que otra cosa, al punto de hacérselo inconscientemente, incluso dormida.
-¿Cuánto le falta?- se escucha una voz, cosa que llamo inmediatamente la atención de Celestia quien volteo a ver en dirección a Starlight, la potrilla se encontraba en la misma posición que en todo el camino, con las orejas abajo igual que un perro regañado, la espalda curveada y mirando en dirección afuera de la carroza, por debajo de ellas. Starlight permanece en silencio, tal y como el resto del camino, ya cuando Celestia estaba por dar por sentado que fue su imaginación, nota como Starlight voltea a verle ligeramente, fue un movimiento lento, y apenas asomo uno de sus ojos entre su agitada crin por las ventiscas de invierno.
-em… nacerá dentro de algunas semanas, ya se me programo una cesaría para dentro de 17 días-
-entonces sera después de la llegada del verano- murmura Starlight.
-em si.. Starlight yo quiero decirte que...-
-¿Por qué no vino Luna por mí? Es mejor que este en cama- murmura Starlight con inexpresividad mientras nuevamente se volteaba.
-ella tuvo que salir esta mañana a revisar algunos papeles de la nueva plaza de Manehattan y los arreglos de construcción, quiso venir pero…-
-Entiendo- responde Starlight con el propósito de cortar la conversación, a su parecer ya se estaba extendiendo mucho, y no tenía ganas de continuar hablando.
Starlight permanece en silencio por el resto del camino, poco tiempo después de pasar bosque Everfree para ir sobre lo que alguna vez fue Ponyville, un punto lejano entre los cielos, apenas visible entre tanta nieve que había tapiado el pueblo como un tapete, Celestia tardo unos momentos en percatarse de que por donde estaban sobrevolando, inmediatamente voltea a ver a Starlight, para ver su reacción, ya estaba a punto de ir con ella y apartarla de la orilla, pero la joven princesa permaneció exactamente igual que como comenzaron, esto hasta que pasaron sobre una estructura alta, derruida, completamente en ruinas, una figura que difícilmente podría ser identificable desde tal altitud, solo un punto más entre el manto, pero Starlight, lo reconocía, ella sabía que era. De súbito la joven yegua se levanta de la carroza.
-Starlight, por favor sienta….- dice Celestia, cuando en eso se percata de que se trataba, al asomarse fuera de la carroza- el castillo de...-
Celestia voltea en dirección a Starlight, esta se exalta al ver que esta ya no se encontraba.
La nieve continua cállenlo lentamente a los alrededores, y por debajo de las nevadas, posada frente a unas ruinas, se encontraba Starlight.
-se ve como si hubiera pasado una eternidad…. Y al mismo tiempo…. como si hubiera sido ayer cuando solía jugar por estos pasillos, molestar a Lúthien, pasar tiempo con mamá, cocinar junto a Spike… jugar con… Papá- piensa Starlight con cólera mientras lentamente caminaba en dirección a lo que alguna vez fue su hogar.
No han pasado ni seis meces desde la última vez que Starlight regreso al pueblo por última vez, y un año desde la última vez que piso los escombros de lo que alguna vez fue tan imponente castillo de diamante, varias veces más Starlight visito Ponyville, pero solo una vez se atrevió a entrar a los escombros, era muy doloroso para ella permanecer aquí, y cada vez este dolor aumentaba, al sentir mayor nostalgia y tristeza. Pese a haber pasado ya 6 meces de su última visita al pueblo ver el castillo en ruinas una vez más, y esta vez cubierto de nieve casi en su totalidad, provocaban en ella una extraña sensación, más allá del cólera tristeza y rabia que uno podría sentir. Pero por alguna razón, sentía una calma momentánea, ante la suavidad del ambiente, y la tranquilidad de su entorno, solo los copos cayendo a su alrededor, con suavidad y sin precipitarse. La princesa se deja caer sobre la nieve, con su mirada perdida en aquellos viejos recuerdos, recreando en su mente muchos momentos especiales para ella, viejas vivencias, una ventana a su pasado.
Se escuchan unos pasos sobre la nieve, Starlight permanece completamente inmóvil, ni siquiera inclino la cabeza cuando esta figura yacía a solo unos pasos de ella, deteniéndose y aparentemente también contemplando lo que yacía frente suyo. Starlight permanece en el suelo, sin parecer que tenga ganas de levantarse o siquiera voltear.
-cariño, no es bueno que estés aquí mucho tiempo- se escucha un murmullo, Starlight inmediatamente supo que no era para ella, por lo que ni siquiera le presto importancia.
-no podemos dejarla aquí- se escucha la vos de Celestia.
Starlight se levanta sin aviso y pasa por en medio de Celestia y Discord, dirigiéndose directo a la carroza que había aterrizado pocos metros más adelante. Celestia observa con preocupación cómo la joven yegua se levantaba y retiraba, sentándose de nuevo en la carroza. Celestia y Discord se miran con algo de preocupación.
-¿Qué podemos hacer Discord?- le pregunta Celestia a su esposo con preocupación.
-no lo sé cariño…. No lo sé, yo no soy bueno para esto-
Celestia regresa a la carroza, y se sienta a un lado de Starlight, quiso poner su casco sobre el hombro de la princesa, pero esta se sacude y esconde la mirada completamente.
-ya casi llegamos- dice finalmente Celestia, sin dejar de sentirse preocupada por ella- sé que estas muy triste… enojada, pero te prometo que cuando me alivie me encargare de que vuelvas a reunirte con tu madre y hermanos-
-eso no cambiara lo que ya paso, nada lo hará- murmura Starlight con un tono severo.
La carroza parte de nuevo, dirigiéndose de vuelta a Canterlot, al llegar una abertura se abrió entre el inmenso escudo que Discord había creado para proteger al castillo y a los pocos que lo habitaban, atravesándolo sin mayor complicaciones, finalmente aterrizan en Canterlot. Discord aparece fuera de la carroza, esperando a Celestia con una silla de ruedas que hizo aparecer. Celestia sin hacer mayor queja, se sienta ella misma en la silla de ruedas, apoyando sus cascos contra su vientre.
Starlight baja por ella misma de la carroza, eludiendo a Discord y Celestia, para disponerse a entrar por ella misma al castillo, sin importarle si le esperaban o no. Estaba por dar la vuelta a los pasillos, cuando en eso está impacta con alguien, Starlight estuvo a punto de caer de espaldas, pero alguien le detiene.
-cuidado… ¿Starlight?- escucha ella mientras siente como alguien le manoseaba la cara, irritada empuja con quien había chocado, pero esta última solo retrocedió un poco, al tener un mejor equilibrio de sus cascos, solo tambaleándose un poco.
-okei… si eres tú-
-¡mejor fíjate tú por donde…..!- Enmudece al finalmente mirar frente suyo y encontrar a una yegua un poco más grande que ella, con piel blanca como la nieve, con un tenue y poco perceptible contraste rosado , dos alas azul cielo así como un cuerno del mismo color, una figura esbelta y firme, y por sobretodo y lo que le dejaría boquiabierta, una larga melena que no era de un solo color en específico, aquel blanco reluciente que solia destacar en ella, ahora era completamente diferente, siendo que ahora se podría reflejar la luz de una amanecer, los contrastes de un atardecer y la presencia del manto nocturno, tados estas tonalidades juntas en total armonía como un arcoíris en el cielo, una figura celestial, que por un momento se creería que se trataba de otra poni, de no ser por aquella característica venda que cubría el sitio donde deberían estar sus ojos.
-¿Tara?- murmura Starlight con asombro.
Esa misma noche, en una tierra muy alejada de Canterlot, Wes se encontraba sentado en su cama, al pie de su buro, mirando con añoranza una fotografía que sostenía entre sus cascos, aquella foto que el tanto atesoraba y quería, aquella captura de un bello momento que tuvo con la poni que el tanto ama. Ver esta fotografía en las noches antes de dormir, le ayudaban a conciliar el sueño cuando se sentía solo, incluso aquellas noches en las que realmente no estaba solo.
Wes mira tras de sí, y divisa a su madre durmiendo pacíficamente, siendo que ella había llegado a visitarlo esa misma tarde. Luego voltea a ver la fotografía una vez más, intentando memorizar cada facción, cada detalle, incluso el más pequeño de tan bello momento; para tenerlo siempre presente en su corazón.
Wes con mucho cuidado esconde la fotografía detrás otra foto, una de él y su familia, con mucho cuidado de no despertar a su madre, luego regresa lentamente hasta su cama. En eso este se percata como su madre se revuelca en su cama, esta vez, Wes no iría a averiguar por qué sucedía esto, bajo el temor que aquello que considero una pesadilla fuese real.
El potro se recuesta en su cama y lentamente cierra sus ojos, esperando un nuevo día, con la imagen de la chica que ama en su mente, esperando que esta se manifieste en sus sueños.
En la enorme ciudad de Fillydelphia se encontraba la princesa Cadance, acompañada de su hijo, caminando entre las plazas principales donde se encontraban variedad de tiendas de artículos de alta calidad y costo, con pasillos relucientes transitados por docenas de ponis de alto nivel económico.
-mama…. ¿Qué venimos a comprar?- pregunta Wes con algo de intriga mientras caminaba a un lado de su madre , la cual no dejaba de sofreír desde su llegada, cosa que a Wes le traía cierta confianza y tranquilidad, el joven príncipe ahora estaba un poco más emocionado que de costumbre, parecía el fin de semana ideal, con su madre muy feliz llevándolo de un lado a otro, pese a que realmente Wes no era de los que les gustara salir de compras a tiendas caras, le gustaba estar con su madre en ese estado.
-he decidido que ya es tiempo de preparar algunas cosas, mi vida- dice Cadance con un tono animoso.
-¿Qué cosas?- pregunta Wes un poco intrigado.
Cadance se le acerca al oído y le susurra
- es momento de elegir algunas cosas para preparar la habitación de tu hermanito- ante esta respuesta Wes abre los ojos como platos, realmente no sabía que sentir ante esto.
Por un lado estaba muy emocionado con la noticia, pero por otro no dejaba de sentir cierto temor, sobre todo al recordar aquel pequeño incidente con su madre durmiendo, desde entonces cierta intriga ha estado picando al príncipe, pero tratándose de su madre y de la felicidad que esto le generaba, Wes oculto todas sus preocupaciones y opto por intentar convencerse que lo que paso aquella noche fue una pesadilla y nada más.
-jeje ¿me ayudarás a elegir las mejores cosas para ya sabes?- le pregunta Cadance con un tono alegre y emocionado.
-¡Sí!- exclamo Wes con decisión y entusiasmo.
-¡muy bien!- exclama Cadance sacudiendo la crin de su hija, y contemplando con algo de diversión como la larga crin de su pequeño se reacomodaba sola dado a lo extremadamente lacia y desenredada que esta se encontraba- Ahora hmmmm ¿por dónde comenzamos?-
-hmmmmm ¡¿Qué tal los juguetes?!- exclama Wes brincando, no podía evitarlo, desde pequeño siempre le emocionaba ir a las jugueterías.
-jeje, muy bien- ríe Cadance- solo recuerda que son para ya sabes quién y que por el momento solo iremos a ver ¿eh? Mi cielo-
-jeje, si mami-
Ambos caminan por la plaza con total calma pasando junto a algunos ponis de clase alta quienes no evitaban detenerse por un instante para contemplar la visita de la princesa de cristal. Algunos llegaron a murmurar con cierta emoción, pero todos procuraban guardar cierto espacio con ella y su hijo, por cuestión de respeto y estatus. Sin embargo los ponis de clase alta no era los únicos que se encontraban por el área, a una distancia aun mayor, e intentando camuflase entre los demás ponis había uno que otro fotógrafo o reportero que seguían de cerca de la princesa con su hijo para tomarle alguna foto. No podían acercarse mucho porque no muy lejos de donde se encontraba ella se encontraban dos guardias entrenados, que ya han tenido algo de fama por encargarse de algún que otro paparazis.
Cadance caminaba con su hijo muy de cerca mientras a distancia se encontraban los dos guardias que la trajeron desde el imperio, en eso estos se detienen ante la entrada de una colosal juguetería, Wes parecía haber regresado a los 4 años, pues no tardo en entrar de súbito al establecimiento con gran emoción y Cadance le siguió por detrás mientras no evitaba esbozar una sonrisa, en eso esta se detiene en seco al escuchar por medio de su agudo oído un flash, Cadance cambia su expresión alegre por una de total seriedad.
-¡Vamos mamá!- le insiste Wes cual potrillo.
-je, si mi cielo- dice Cadance disimulando mientras entraba a la juguetería.
Wes galopaba entre los pasillos, buscando con emoción los juegos de armar, rompecabezas y figuras de bloques, pero la juguetería era un lugar muy grande como para encontrar lo que buscaba, Wes comenzó a impacientarse un poco, empezó a sentir como si caminara en círculos a simplemente encontrarse a su madre una y otra vez, en eso se detiene de golpe a ver algo que llamaría completamente su atención, no podría creer lo que veían sus ojos, frente a él se encontraba una estantería de docenas de peluches, sin embargo no eran peluches comunes con figuras de osos o conejos, sino de algo mucho más familiar para Wes.
-¿Starlight?-
Frente a él se encontraba un serie de colección de peluches de cada una de las princesas de Equestria, inclusive de su madre y por sobretodo de Starlight, Wes sintió una sensación extraña, no solo por ver a todos sus tías en una versión de peluche, no solo por ver a Starlight en esa misma forma; sino por lo que esto le provocó en sí mismo, su pecho comenzó a dolerle, y aquella alegría infantil había desaparecido y en cambio tenía una sensación de nostalgia y tristeza. En eso este divisa, muy atrás de entre los demás peluches, había uno de su propia persona. Wes toma como bastante curiosidad el peluche de sí mismo y lo mira con asombro. Luego de guardar unos instantes de silencio toma también el peluche de Starlight, mira sus ojos, acaricia su crin y piensa en la original. Comenzó a sentir un fuerte vacío en el estómago, no estaba seguro por qué era, no sabía por qué tan repentinamente se sentía mal. Coloca ambos peluches en las estanterías, juntos y los mira con deseo.
-te extraño- murmura Wes con algo de pena mientras se sentaba en el suelo.
-¿Wes?- se escucha y frente a él aparece Cadance, esta al igual que Wes en un inicio se detiene para contemplar la colección de peluches. Al principio esta esboza una expresión de asombro y alegría al ver los peluches de sí misma y de Wes, pero pronto esta expone una mueca de desagrado al ver semejante cantidad de Lunas y Celestia opacando a los peluches de su propia forma, luego esta nota a Wes observando los peluches.
-jeje, sé que dije que no compraría juguetes aun, pero me veo tentada a comprar este- le dice Cadance mientras sostenía un peluche de sí misma y lo abrasaba- ¡es tan suave! ¿Crees que le guste a ya sabes quién?-
-sí, es muy bonito- murmura Wes con inexpresividad mientras mira los peluches de sí mismo y de Starlight juntos, y en ese momento, Wes anhelaba con toda su alma estar en el lugar del peluche de su forma.
- jeje, estoy segura que será su favorito, así me tendrá presente todo el tiempo- murmura Cadance mientras observa su peluche, en ese momento a Wes se le vino una idea en la mente.
-¡mama puedo comprar un peluche yo también!- exclama Wes con entusiasmo.
-jeje, claro mi cielo- le dice Cadance con una sonrisa, Wes estuvo a tomar uno de los peluches más se detuvo en el acto y se pudo a pensar en otra cosa- ¿Qué pasa mi cielo?, si buscas otro peluche como el mío están acá arriba… tapadas por los peluches de Celestia….-
-no bueno….-
-¿o prefieres el que tiene tu forma?-
-sí... o bueno… yo en realidad quería dos- murmura Wes con timidez.
-¿dos?- murmura Cadance mientras observa los precios percatándose que eran costos.
-yo los pagare con mi cochinito mami- le dice Wes con un tono suplicante.
-no lo sé….- dice Cadance pensativa en eso está mira los ojos suplicantes de su hijo y siente una ternura sin precedentes - está bien si los vas a pagar con tus domingos, supongo que…. - suspira Cadance, Wes esboza una sonrisa y apresuradamente toma ambos peluches, Cadance le detiene al percatarse que no solo tomo el peluche con su figura si no también el de Starlight- espera, espera…. ¿Por qué?-
-quiero regalarle uno a Starlight- murmura Wes con timidez.
-¿regalar?- murmura Cadance mientras se le iba el aliento- ejem, ejem, es muy tierno de tu parte pero…-
-dijiste que podía comprar dos-
-sí, pero…. Yo... yo… aj- bufa Cadance- ¡me acabo de dar cuenta que son muy costosos! Mejor solo compra uno, es mucho dinero hijo y el que seas un príncipe no significa que lo derroches en dos peluches…-
Cadance estaba demasiado exaltada, intentaba disimular lo mucho que le molestaba el que su hijo quisiera comprar un peluche con la forma de esa mocosa y aun peor, uno para dárselo a yegua que en la mente de Cadance no dejaba de llamarla zorra.
-¿solo uno?- murmura Wes con decepción.
-sí, solo uno- dice Cadance con seriedad, pero serrando sus ojos, pues no soportaba ver los ojos suplicantes de su hijo.
-es… está bien- dice devolviendo los peluches y pensando en cual llevarse, el príncipe mira ambos peluches con bastante indecisión, no sabía cuál llevarse, ambos le gustaba, pero solo podía llevarse uno solo ¿Cuál podía elegir? Luego de tanto pensar, Wes estuvo a punto de tomar el peluche con la forma de Starlight, Cadance estuvo a punto de estallar y soltar algún pretexto para que no comprara eso, pero de inmediato Wes cambia de opinión y toma el peluche con su propia forma.
-¿ya?- murmura Cadance con un tono de alivio.
-sí, creo que sí… si solo puedo llevarme uno creo que mejor me llevo este- murmura Wes con timidez.
-jeje, okei mi cielo ¿ya terminaste de ver todos los juguetes?-
-no… em… no sé dónde están los juegos de armar-
-Oh jeje, creo que los acabo de ver, ven mi cielo – dice Cadance con una sonrisa mientras abraza a su hijo con su ala y daban la vuelta, en eso, sin que Wes se percatara, Cadance hace brillar su cuerno y todas las figuras de Luna, Celestia, Twilight y Starlight son empujadas hasta el fondo de la estantería, y en su lugar al frente se colocan en fila todas las figuras de Cadance y Wes.
Luego de un rato más de ver los juguetes, finalmente Cadance se dirige a la caja de cobro, todos los ponis que se encontraban formados inmediatamente se hacen a un lado para permitirle a su princesa pasar primero que ellos, pese a que algunos ya llevaban bastante tiempo formado, todos se reverencia ante su paso y Cadance llega a la caja. Los encargados parecían muy entusiasmados y ansiosos por la presencia de su princesa, algunos incluso se notaban muy nerviosos y no se decisión por quien debería atender la caja en la que Cadance esperaba.
-buenas tardes su majestad yo…. Em…-
-buenos días, solo quiero comprar esto- dice Cadance con amabilidad mientras expone los dos peluches de ella y su hijo.
-pero claro son…- dice la cajera pero en eso es empujada por el jefe.
-¡puede llevárselos si gusta!- exclama el jefe de la juguetería.
-jeje ¿están seguros?- murmura Cadance con una sonrisa picarona.
-¡claro, claro!- dice el vendedor, y en eso Cadance le acerca su casco y el poni comienza a besárselo- su sola presencia es más que suficiente-
-jeje okei- dice Cadance.
-si son gratis ¿puedo?- murmura Wes con timidez, pero Cadance le da un empujoncito.
-ya es hora de irnos hijo, tenemos otros lugares a los cuales ir- die Cadance con una sonrisa mientras se lleva a su hijo y ambos peluches consigo en dos bolsas de regalo que los trabajadores les dieron gratis para que se los llevaran.
Al salir Wes pudo notar a un trabajador poniendo apresuradamente contra el cristal lo que parecía ser un viejo poster el cual anunciaba "nuevos peluches con las formas de sus princesas favoritas, vengan a comprarlos" y en su imagen se encontraba el peluche de Cadance y más atrás , estando a punto de ser también colocado estaba el poster individual del peluche de Wes, también pudo divisar otros posters con las imágenes de ella las demás princesas. El trabajador al verlos salir inmediatamente se reverencia ante ellos. Cadance al notar los demás posters aun sin colocar, hace brillar su cuerno y provoca que estos salgan volando por una ventisca que apareció de la nada. El trabajador suelta una alarido al ver los demás posters irse volando, en eso Cadance lo detiene y le entrega el poster con el peluche de su hijo para que ese también sea colocado junto a de su ella.
-¡muchas gracias!- exclama Cadance mientras saca de una de las bolsas el peluche de ella misma, todos los ponis que se encontraban a los alrededores observan con curiosidad el peluche que Cadance sostenía y luego miran en dirección a la juguetería notando los posters, cuando Cadance se aleja de la tienda, una manada de ponis corre precipitadamente contra la juguetería.
Luego de hacer algunas compras, Cachando y Wes se detienen a tomar una taza de chocolate caliente en un puesto cercano. En eso Wes saca el peluche de sí mismo y lo mira con curiosidad.
-¿se parece a mí?- pregunta Wes con intriga, Cadance suelta una risita al verlo y compararlo con su hijo.
-no, tu eres más guapo- ríe Cadance.
-je, lo que digas, hmmm sí es muy lindo ¿verdad?- dice Wes con una sonrisa mientras le muestra el peluche a su madre. Cadance ríe al ver que hacia la misma pregunta pero con otras palabras.
-sí es muy lindo, porque se parece a ti mi cielo- dice Cadance mientras se acercaba a su hijo y le hace cosquillitas en el cuello. El príncipe no evita soltar una breve carcajada ante esto.
-jajaja, ya mami… por favor- dice este mientras se le iba el aliento.
-¡eres tan adorable que podría comerte!- exclama Cadance con ternura mientras no dejaba de hacerle cosquillas a Wes. Wes no paraba de reía, y Cadance no paraba de hacerle cosquillas hasta que se escuchó otro flash, Cadance se detiene y voltea a un callejón donde otro poni fotógrafo se escondía.
-¿quiere que hagamos algo con el su majestad?- preguntan los dos guardias llegando con ella.
-jeje, no, no es necesario- murmura Cadance mientras le da otro sorbo a su chocolate- espero que esa foto llegue a ti Twilight y veas lo que es ser una buena madre- piensa esta mientras con su lengua se limpia un bigote de leche.
Wes se percata del fotógrafo y se pone algo nervioso, pues le incomodaba mucho.
-déjenlos en paz, je, hoy estoy de humor- dice Cadance- solo que no se acerquen demasiado-
-sí, su majestad-
-pe… pero mami…-
-tranquilo Wes, son solo ponis que hacen su trabajo-
-pero con ellos viéndonos de cerca no podremos ir a…. ya sabes, sin que se den cuenta-
-hmmmm tienes razón- dice Cadance pensativa, en eso está mira los peluches y un par de bolsas más que habían comprado.
-guardias-
-¡Si su majestad!- dicen al unísono. Wes por un instante creyó que les pediría que se deshicieran de ellos.
-¿pueden llevar nuestras cosas al cuarto de Wes, en la academia?-
-pero Princesa… no podemos dejarla sola y está próximo a oscurecer-
-tonterías, no nos pasara nada- dice Cadance con un tono relajado- regresaremos por nuestra cuenta a la academia- die Cadance relajadamente, los dos guardias no terminaban de comprenderlo- es una orden- dice con seriedad.
-si princesa- dicen ambos ponis mientras se llevaban las cosas y retirándose finalmente.
Cadance permanece sentada terminando su chocolate.
- no te preocupes, los perderemos en un instante - suspira Cadance. Wes no dijo nada, solo miro a su madre con algo de intriga.
Al terminar de beber su chocolate, Cadance se levanta y se lleva a Wes consigo. En principio solo caminaron por la plaza, llegando a ver algunas cosas de reojo, y luego continuando como si nada. Wes podía sentir como los ponis cada vez parecían estar más cerca; y, al ya no haber guardias, en cualquier momento alguno se atrevería a precipitarse, comenzando una estampida de fotógrafos, la sola idea atemorizaban al pequeño Wes. En eso Cadance lo toma y juntos entran a un callejón, los reporteros se precipitan y todos corren contra el callejón, pero al llegar no encontrarían a nadie más que un par de cajas de basura.
-¡desaparecieron!-
-¿Cómo es eso posible?-
-¡Aún puede estar aquí, seguramente regreso a las tiendas!-
Decían los reporteros entre si mientras miraban en todas direcciones sin poder encontrar a Cadance o su hijo. Algunos supusieron que se habían tele transportado a otro sitio al recordar que la princesa Twilight poseía la misma habilidad. No se iban a rendir tan fácil y comenzaron a dispersarse para buscarlos, pues tenían el presentimiento que aún se encontraba en el área.
No muy lejos de ahí, sobre uno de los edificios se encontraban Cadance y Wes.
-¡buena idea mami, los perdimos y ahora podremos ir a la tienda sin que nos sigan!- exclama Wes emocionado.
-jeje, no mi cielo, me temo que aun si logramos perderlos, cualquiera podría vernos en esa tienda, somos jejeje, muy vistosos en público- ríe Cadance.
-oh… ¿y que aremos entonces?-
-je, tu padre me enseño un par de truquitos mi cielo- ríe Cadance.
-¿Qué te enseño?- pregunta Wes intrigado, en eso Cadance se estira un poco y Wes mira impresionado como lentamente su madre comienza a encogerse, y mayor sería su impresión al ver como sus alas de alicornio comenzaban a encogerse y a desaparecer en su lomo, su larga crin se acorto y cambio de color a rubio. Sus ojos se tornaron dorados y su largo cuerno de alicornio se convirtió en un cuerno de unicornio común. Cadance se había convertido en una unicornio común y corriente. Wes no podía creerlo, ni siquiera sabía que podían hacer eso.
-jeje ¿Qué tal me veo?- ríe Cadance.
-es… estás… tú…-
-oh ¿no me digas que no sabías que podías transformarte?- pregunta Cadance un poco extrañada, en eso Wes recuerda las garras de hueso y largos colmillos con los que en ocasiones despertaba cuando tenía pesadillas. Comenzó a sentir un frio recorriéndole la espalda mientras esas imágenes se hacían presentes en su mente.
-aj… no sé… no creo poder hacerlo- murmura Wes al pensar en que solo se podía transformar en un monstruo.
-oh mi cielo, por favor. Si yo, que no nací con esta condición, puedo transformarme; tú, que naciste con ello, sí podrás, lo heredaste de tu padre-
-no... ¿No naciste cómo?-
-mira cariño, es fácil, solo concéntrate en una parte de tu cuerpo, digamos hmmmm tus alas jeje, piensa en tus alas-
-¿Qué piense en mis alas?- murmura Wes mientras observa sus alas y las agita impulso.
-ahora solo piensa en que desaparezcan-
-¿Cómo dices?-
-piensa que poco a poco se hacen más pequeñas y solo piensa eso, y en nada mas-
Wes cierra los ojos e intenta pensar en eso, piensa en sus alas, pero cuando abre los ojos estas aún permanecían en su lugar.
-solo concéntrate mi cielo, es muy fácil- dice Cadance mientras le sonríe y en eso Wes observa con asombro como la crin rubia de Cadance cambiaba de color a un castaño- solo concéntrate-
-Wes vuelve a intentarlo, cierra sus ojos, estura su cuerpo, y agita sus alas, provocando una leve ventisca, luego la extiende y estira a todo lo que puede mientras intenta hacer que estas desaparezcan, en eso este nota como algo en su cuerpo comienza a cambiar.
-eso es, eso es, vas muy bien- le alienta Cadance. Cuando Wes cree haber terminado abre sus ojos y mira el resultado, el pequeño suelta un alarido de pánico al no solo ver que su ala desapareció, si no también que la otra aún estaba en su lugar.
-em…. Ahora inténtalo con la otra- murmura Cadance un poco incomoda.
Una Wes que Wes logra hacer que su ala desaparezca, este se entusiasma mientras al mismo tiempo se aterra al ya no tener sus alas. Cadance lo felicita al por fin haberlo logrado.
-¿ya podemos irnos?- pregunta Wes un poco tímido y asustado.
-jeje, aun no, todavía te pareces mucho a mi apuesto hijo-
-¿Qué puedo hacer?-
-hmmmm creo que solo con que cambies tu color, eso bastará- sugiere Cadance.
-¿y cómo puedo hacer eso?-
-eso es aún más fácil jeje, solo piensa en un color, es básicamente lo mismo que con las alas, pero ahora es más sencillo, hacer desaparecer extremidades si admito que me cuesta un poco de trabajo.
-¿pensar en un color?-
-claro mi cielo- dice Cadance mientras su crin cambiaba nuevamente de color, esta vez de ser castaño a ser pelirroja.
-bueno…- murmura Wes mientras cerraba los ojos- ¿un color? ¿Cuál color?-
-el que tú quieras mi cielo-
Wes se queda con los ojos cerrados por un instante, no se decidía en ningún color para siquiera intentar el cambio, frustrado abre sus ojos y mira al suelo, en eso este piensa en Starlight, y antes de que se diera cuenta, nota como su casco rojo oscuro empezó a aclararse y rápidamente pasaba a ser de color amarillo, exactamente del mismo tono de amarillo del que era la piel de Starlight. Wes suelta un tenue alarido al notar como todo su cuerpo tomaba esa tonalidad de color, sorprendido este retrocede y se da un sentón.
Exaltado busca algo en que reflejarse, inmediatamente divisa un charco en el suelo, corre ante este y mira aún más sorprendido no solo como su piel roja era ahora amarilla, si no que su crin verde era ahora morada, aun conservaba el mechón negro y el mismo peinada que poseía, y finalmente, lo que lo dejaría aún más atónito, sus ojos ya no era morados como comúnmente lo son sino que eran azul celeste, el mismo color que el de Starlight. Wes inspecciona su cuerpo muy impresionado, sin percatarse lo molesta que se encontraba su madre, sin lograr disimular una mueca enfurecida.
-ejem, es hora de irnos- dice Cadance con un tono severo.
-sí sí…. ¿¡pero qué pasó!?- exclama Wes al notar como su madre cargaba consigo un inmenso vientre de al menos 8 meces, una gran sorpresa a comparación de cómo se encontraba hacia unos minutos, el cual con trabajos era visible.
-oh, je, no te preocupes, es parte del truco, aún tengo solo 2 meces de embarazo- ríe Cadance.
-por… ¿Por qué verte así entonces?-
-bueno, como no puedo usar mi estatus de princesa para ir a las tiendas que nos faltan recorrer, esa es la mejor forma para que nos atiendan rápido y con presentación mi cielo, además, en este cuerpo tan pequeño, tengo miedo de que él bebé no tenga suficiente espacio, por eso mejor así- le explica Cadance mientras acaricia su vientre con sumo cariño.
Wes y Cadance aparecen en medio de la plaza ya con sus formas de unicornios, y caminan juntos hasta una tienda que ya habían pasado unas tres veces anteriormente, una de artículos de bebe.
Pasando por las cunas, Cadance se detiene al ver una decorada con diamantes en los bordes superiores.
-buenas noches ¿hay algo en que pueda ayudarle?- aparece un empleado para atenderlos, manteniendo una porte amable y animosa.
-buenas noches jeje, quería ver… em… escuché que esta era la tienda con la mejor calidad para artículos de bebés-
-exacto linda dama ¿Qué está buscando?-
-bueno jeje, vera, estoy preparando la habitación de mi pequeñito que vendrá pronto, y quisiera que me mostrara algunas algunos muebles jeje- ríe Cadance mientras colocaba sus cascos contra su vientre.
-claro pase por aquí-
-Gracias- le sigue Cadance.
-¿busca algo en especial?-
-hmmmm no precisamente, solo busco lo mejor para mi bebe- dice Cadance.
-ha venido al lugar indicado- le dice el vendedor con una sonrisa.
Wes solo sigue con la mirada a su madre yendo con el vendedor, y a este mostrándole algunas carriolas y otros pequeños muebles que podrían ser de interés para su madre. Cadance se mostraba muy contenta, y en seguida llega otro empleado con ella, preguntándole en que podía ayudarle pese a aun estar el otro consigo, todos eran muy amables con Cadance, probablemente por su estado aparentemente tan delicado.
-no sé…- murmura Cadance mientras evalúa una carriola de madera tallada y con decoraciones doradas- cariño em…. Cru- dice Cadance llamándole la atención a su hijo que estaba un poco distraído y tardó en reaccionar al habérsele olvidado que ambos se habían transformado, sobre todo porque no le llamo por su nombre y en vez de eso lo llamo Cru que era un diminutivo de su segundo nombre Cruger.
-¿eh? ¿Qué pasa mami?- dice un poco atontado mientras va con ella.
-ven Cru, mira ¿Cuál te gusta más?- le dice Cadance mientras le señalaba dos carriolas, una era demasiado sencilla pero muy bonita, pintada de un hermoso azul cielo con algunas decoraciones en forma de nube, mientras la otra era una carriola blanca con decoraciones doradas.
-em no sé…. Hmmmm-
-¿Cuál te gusta más?-
-veamos hmmmm creo que la azul- responde Wes mientras mira ambas carriolas con curiosidad.
-jeje, si, es más bonita ¿verdad?-
-sip- responde Wes.
-jeje, sí, veamos ¿hay forma de apartarla?-
-Claro que sí, y de hecho si no le gusta, puede encargarnos un modelo personalizado y nosotros haremos que se lo fabriquen- dice uno de los vendedores.
-¡¿enserio?!- exclama Cadance emocionada.
-por supuesto-
-jeje, suena muy bien, jeje ¿no crees cariño?-
-creo que sí, pero me gusta ese- dice Wes con inocencia.
-jeje, tranquilo, hoy solo venimos a ver, además, no creo poder cargar con esto en mi estado jeje, y es demasiado peso para ti mi cielo-
- tenemos servicio a domicilio-
-oh, pero nosotros no vivimos aquí- dice Cadance sufrida.
-no hay problema, solo denos su dirección y código postal y se lo enviaremos-
-fantástico jeje, por el momento solo estoy viendo las cosas ¿puede darme una tarjeta?-
-por supuesto que sí-
Wes y Cadance, aun con su forma de unicornio se encontraban caminando por la plaza en busca de un taxi para regresar a la academia, donde seguramente sus guardias le estarían esperando impacientemente.
-se nos hizo noche- murmura Wes mientras contemplaba las estrellas con bastante admiración.
-jeje, si, no te preocupes, pronto conseguiremos un taxi- le dice Cadance con una sonrisa, en eso la unicornio se detiene al pasar frente a una tienda de vestidos de novia, Wes mira extrañado a su madre, y en eso este nota como esta se encontraba mirando con seriedad un vestido de novia, muy hermoso y con detalles floreados.
-¿mamá?- murmura Wes un poco preocupado, y luego mira el vestido, buscando a que es lo que tiene de especial.
-se parece a…- murmura Cadance, y en eso un recuerdo vienen en su mente, uno que creyó ya haber olvidado, se vio a si misma usando un vestido similar, y frente a un unicornio blanco de crines azules, vistiendo un traje rojo.
Wes mira por curiosidad dentro de la tienda a través del espejo y logra divisar un lindo vestido que por un instante le recordó al vestido que Starlight uso en la fiesta de su cumpleaños. Wes esbozó una sonrisa mientras recordaba aquella bella noche en que bailo a su lado. Mientras para Wes esto parecía traerle recuerdos muy agradables, para Cadance era todo lo contrario, reviviendo un pasaje de su vida que ella creía haber enterrado, su pecho comenzó a dolerle mientras no dejaba de mirar ese vestido de novia.
-Cadance, te amo con todo mi corazón, siempre estaré a tu lado- escucha Cadance en su mente, la voz de aquel unicornio, que pese a los años aun la recordaba con claridad como si no hubiera pasado mucho tiempo desde aquel tiempo, Cadance no entiende por qué, pero sus ojos comienzan a lagrimear, esta se seca los ojos inmediatamente, bufando de la rabia.
-¿mamá?- pregunta Wes ya asustado por encontrar a su madre llorando y rechinando los dientes, mientras seguía mirando ese vestido. Es entonces que un tenue temblor empezó a sentirse, Cadance cierra con fuerza los ojos, soltando un alarido.
-Cadance ¿prometes que me amaras por siempre?-
-Lo prometo, por siempre y para siempre, solo tú y yo, hasta el infinito-
Se escucha una carreta aproximándose, Cadance reacciona y corre a la cartera como si intentara huir.
-¡TAXI!- exclama Cadance con desespero y soltando un grito desgarrador, el taxi estaba ocupado, pero el poni al ver el estado que aparentaba Cadance inmediatamente se bajó y le ayudo a subir. Cadance se tira en el asiento, respirando muy agitadamente y sudando a montón, mientras contenía otro alarido de cólera.
-¿Qué pasa? ¡¿La llevo al hospital?!- pregunta el taxista preocupado al creer que estaba a punto de dar a luz.
-¡NO! No aj- dice está fingiendo una contracción y luego mostrando una expresión de calma- no parece que aún no es momento-
-¿está segura?-
-si… em disculpe, no sabía que estaba ocupado- se disculpa Cadance fingiendo falsa pena.
-oh no importa… ya estaba muy seca de casa- dice el pasajero quien no dejaba de mirar con preocupación a Cadance- ¿segura que no quiere ir al hospital a que la revisen?-
-no… estoy bien- suspira Cadance mientras miraba atrás buscando a su hijo quien la miraba con confusión, y detrás de él aún se encontraba aquella tienda de vestidos que altero tanto a Cadance – muchas gracias… em Cru, ven mi cielo… vámonos a casa- cariño.
-eh… sí… si voy mami- dice Wes un poco incómodo y aun asustado por la reacción que tuvo su madre hace poco. Rápidamente el potro sube al taxi y se sienta junto a su madre.
Cadance se encontraba inexpresiva en su asiento, con sus cascos contra su vientre, abrasándolo.
-¿mami?- vuelve a preguntar Wes preocupado.
-llevemos a la zona norte por favor- le dice Cadance al taxista finalmente. El taxi finalmente parte y Cadance baja la mirada intentando contener todo posible deseo de mirar atrás, como si no quisiera voltear a ver hacia su pasado, no quería recordar más, era demasiado doloroso para ella, creía haberle olvidado, pero la verdad era otra, pues en lo más profundo de su ser ese amor que ella cree marchito aun poseía una pequeña chispa.
Tras llegar a unas cuadras de la academia Cadance se bajó de la carroza, paga al taxista, y pese a que ese se ofreció a llevarla hasta su casa, Cadance se negó y camino junto a su hijo por una pequeña zona boscosa, mientras iban caminando Cadance fue creciendo de tamaño y al ritmo de sus pasos fue recuperando su verdadera forma. Unas lágrimas caen en el suelo fértil del bosque, mientras esta iba caminando lentamente, con la miraba baja y derrotada mientras.
-em… mamá- se escucha tras ella una voz muy aguda y asustada, era el pequeño Wes quien poseía algo de dificultades en regresar a su verdadera forma, el potro recupero su verdadero color con facilidad, pero no podía hacer que sus alas regresaran- no puedo… ¡no puedo hacer aparecer mis alas!-
-tranquilo mi cielo, solo relájate- le dice Cadance con un tono maternal pero manteniendo y leve tono depresivo que no podía ocultar.
-¡Mamá! ¡¿Qué te paso?!- exclama Wes exaltado- tu… tu cara….- dice aterrado.
Cadance confundida pasa un casco por su rostro, y se paraliza al sentir una serie de marcas en su piel, exactamente tres marcas que se extendían a lo largo de su meguilla, asustada paso esta palmo su pecho y sintió otras marcas, estas era de mayor tamaño y llegaban hasta su espalda, bajo aún más su casco, acariciando su vientre y su corazón se detendría al sentir una amplia y arrugada cicatriz a lo largo y ancho de su vientre, Cadance aun incrédula bajo su mirada lentamente, y al comprobar que la cicatriz estaba hay en su lugar, sus ojos comenzaron a inundarse en lágrimas, el mundo comenzó a darle vueltas y vueltas.
-te amare por siempre, yo siempre estaré a tu lado para protegerte- escucha Cadance en su mente.
-eso es mentira, es mentira- murmura Cadance con vos quebrada.
-¿mamá?- murmura Wes cada vez más asustado.
Cadance no parecía escucharle, como si de la nada este hubiera desaparecido, la princesa del amor de da la media vuelta, como si estuviera buscando algo mira en todas direcciones con desespero y luego mira en dirección al cielo donde se topa con la luna llena resaltando entre el dulce manto azulado de estrellas y constelaciones. Cadance se pierde en el brillo de la luna llena, reluciente y pura se ve a sí misma sentada junto al mismo unicornio blanco de crines azules contemplando su belleza.
-es hermosa, ¿no crees Shining?-
-no tanto como tú-
Ve al unicornio reverenciándose ante ella, y mostrándole una pequeña cajita purpura, y lentamente abriéndola, mostrándole un hermoso anillo de oro con una aún más hermosa y reluciente gema incrustada, en un paraje similar, lleno de árboles y nieve, en la víspera de los corazones cálidos, hace tanto tiempo.
-Cadance ¿aceptarías ser mi esposa?-
Se ve a sí misma acercando sus labios lentamente contra los de él estando a punto de concluir en un apasionado beso juntos, Cadance se pasa otra vez el casco por la cicatriz que tenía en el vientre. De repente esa imagen se desvanece ante ella y en su lugar aparece la imagen de un gigantesco lobo negro ante ella.
-Shining, mi amor, soy yo- se escucha a si misma mientras trata de apaciguar al lobo, pero de nada sirve, violentamente la imagen concluye con el lobo dándole un poderoso zarpazo que la estrellaría contra la pared.
-lo sentimos, pero él bebe no sobrevivió, lo perdió, lo perdió, lo perdió, lo perdió, él bebe no sobrevivió, lo perdió, lo perdió, lo perdió, lo perdió- escuchaba Cadance en su mente una y otra vez, esa imagen esas palabras taladraban una y otra vez en su cabeza. Los ojos ce Cadance comienzan a despedir un brillo dorado que relucía fuertemente entre la oscuridad de la noche, Wes se aleja tambaleándose de su madre ante el gran susto que esto le generaba.
-¡TU ME LO QUITASTE TODO!- le grita Cadance a la luna llena, mientras la imagen de aquel unicornio blanco no dejaba de hacerse presente en su mente.
-fuentes confiables confirman la aparición de lobos en el bosque Everfree, enviamos una unidad a buscarles pero desaparecieron tras ese informe, se ha llegado a ver a uno de ellos rondando por los ríos cercanos a las montañas azules, pero no hemos sabido de los demás-
-¿lobos? ¿Habla de una manada de ellos?-
-no exactamente princesa, es solo una pareja y dos crías-
"Dos crías, una pareja, dos crías, dos crías, dos crías"
Cadance por años envió a grupos a capturar con vida a un lobo blanco que rondaba por los alrededores del bosque Everfree, pero al enterarse de la familia, algo en ella comenzó a quebrarse.
-¡TÚ ME MENTISTE! ¡TODO ES TU CULPA!- grita Cadance un prepotencia mientras sus ojos no dejaban de despedir un potente brillo dorado- ¡TÚ ME LO QUITASTE TODO, ME DEJASTE SOLA Y LUEGO TE FUISTE CON OTRA, TE ATREVISTE A TENER HIJOS CON ELLA! ¡TE ATREVISTE AL OLVIDARTE DE MÍ!-
Las cicatrices de Cadance comienza a desvanecerse y a desaparecer lentamente mientras ella continuaba gritando, es entonces que la tierra comienza a sacudirse con violencia y prepotencia, Wes comienza a gritar del pánico, y al no tener sus alas no podía ir muy lejos, la tierra comienza a brise, y el potrillo cae al suelo con fuerza, unas rocas se elevan y rodean a Cadance como si orbitaran junto a ella. Cadance suelta finalmente un agudo y potente grito aturdidor, y se deja caer al suelo, comenzando a llorar en posición fetal. Aun en el suelo.
-¡mamá! ¡Mamá!- exclama Wes exaltado y preocupado por su madre mientras iba a haber cómo estaba.
-yo te amaba…. ¿Por qué me dejaste?- balbucea Cadance entre llantos.
-¿mamá?- murmura Wes preocupado.
Cadance mira a su hija con ojos llorosos y borboteando la nariz, sus ojos, sus cicatrices ya habían desaparecido, pero su estado permanecía deplorable y colérico, Wes al no saber que más hacer le responde el abraso.
-yo no te voy a dejar, eres mi mami, yo te amo- le susurra Wes mientras la abrasaba.
-Wes… mi niño…. Mi pequeño tesoro no sé qué haría si no te tuviera- llora Cadance, en eso está observa hacia arriba y ve a dos pegados dirigiéndose con ellos.
-¡princesa! ¡Se encuentra bien!-
-ese temblor…. Parece que se sintió por toda la zona, ¿está usted bien?-
-sí… estoy bien- responde Cadance mientras se limpiaba las lágrimas- solo fue el susto ¿verdad, Wes cariño?-
-em… sí….-
-¿quiere que la llevemos a un hospital?-
-no…. No nos pasó nada- suspira Cadance- solo… ¿pueden ayudarme a levantarme?-
-si princesa- dicen los guardias mientras entre ambos le ayudan a ponerse de pie, Wes mantiene el abrigo cubriéndole, ocultando el hecho de que no tenía alas.
-¿quiere que le ayudemos en algo más?-
-solo quiero ir a la habitación…. Ne… necesito darme un baño- solloza Cadance.
Wes y Cadance son escoltados hasta la las habitaciones estudiantiles de Wes, dicho sitio era el único apartamento que contaba con baño propio, el resto de los pisos poseían un solo baño para todas las habitaciones, y era un baño mucho más pequeño a comparación. Los guardias se asentaron afuera, donde harían guardia.
Cadance se encontraba caminando de un lado a otro, buscando su bata de baño.
-lo olvide… no la traje- suspira Cadance fastidiada.
-puedes usar mi toalla mami- murmura Wes con inocencia.
-supongo que sí es lo mejor- suspira Cadance mientras tomaba las toallas de baño de Wes, en su mente esta no dejaba de pensar en lo acontecido, la cabeza no dejaba de darle vueltas y vueltas, se sentía muy delicada y sola, no lo resistía, y ahora sentía que si se encerraba en el baño, seria para llorar otra vez, pero ella no quería llorar, no quería llorar más, no por aquel que le dejo y acabo con su felicidad. Cadance estuvo a punto de entrar al baño, pero en eso se detiene ante la puerta.
-¿paso algo mami?- murmura Wes.
-¿ya te bañaste hijo?- dice Cadance.
-em…. En la mañana me di una ducha- responde Wes.
-báñate conmigo- dice Cadance.
-¿disculpa?-
-extraño esos días en que solíamos bañarnos todos juntos… con tu hermana…. Por favor, báñate con migo mi cielo-
-em, si, está bien- dice Wes mientras se encamina hasta su madre, sin dejar de mirarla con preocupación- ¿estás bien?-
-si cariño- responde Cadance con un tono cohibido.
Entre Cadance abre el agua caliente y observa con bastante inexpresividad como lentamente la tina se iba llenando de agua caliente y le cubría un manto de vapor caliente, ideal para un baño en estos tiempos de frio, ve las ondas que se formaban en el agua conforme iba llenándose la tina lentamente, observa como cada una de ellas empezaba siendo muy pequeño y rápidamente se expandía, y tras ella e seguían nuevas ondas que se iban formando, estaba demasiado calvada en esto que no se dio cuenta cuando un manto blanco y jabonoso empezó a hacer desaparecer esas ondas. Wes había vertido en la tina un poco de champú en el agua caliente y la tina comenzó a llenarse con cientos y cientos de burbujas. Cadance mira con inexpresividad a su hijo el cual se exalta un poco al ver a su madre con esa cara mirándole.
-disculpa…. Em…. A Penny le gustaban muchos las burbujas… y bueno… a mí también-
-sí, mi vida- dice Cadance con una sonrisa relajada.
Ambos entran a la tina, Cadance no se veía muy animada, Wes no sabía qué hacer, por lo que procede a simplemente enjabonarse el cabello, mientras no dejaba de ver a su madre, manteniendo la misma porte inexpresiva, ni siquiera se movía, casi pareciera como si no estuviera aquí y en su lugar solo hubiera dejado una estatua, Cadance solo estaba sentada con medio cuerpo medito en el agua, dejando que sus cascos se remojaran y arrugaran, con los ojos cerrados y apenas dando respiraciones lentas. Wes se enjuaga el cabello y al ver que su madre aun no reaccionaba, este tomo un poco de champú y comienza a tallar y lavar la larga y extensa crin de su madre, dando movimientos suaves y lentos, le potrillo empezó a cepillarle el pelo con sus cascos para que el jabón y la espuma entraran bien, asegurándose de hacer un buen trabajo para su madre. Wes sabía cómo le gustaba a Cadance lavarse el cabello, siendo que cuando era más pequeño le gustaba hacer esto mismo mientras Penny chapoteaba en la tina sin parar.
-tus cascos son muy suaves hijo- murmura Cadance con una ligera sonrisa.
-em… por favor no abras los ojos, porque te puede caer en los ojos- dice Wes como si su madre no lo supiera.
-jeje Okei- ríe Cadance mientras su hijo seguía lavándole el cabello, dado a que Cadance tenía una crin demasiado larga, era un trabajo de bastante tiempo y cuidado, Wes sabia precisamente que hacer y cómo hacerlo, una vez termino espero a que el jabón se asentara un poco, y luego prosiguió a enjuagarlo.
-bien, ya está la primera enjabonada, ahora fintan tres más- suspira Wes.
-jeje, tranquilo hijo, vine para pasar tiempo contigo, no para que me laves el cabello- ríe Cadance, pero aún mantenía un tono depresivo.
-pero a mí me gusta lavarte el cabello- dice Wes con timidez.
-a ti te gusta jugar en la tina- ríe Cadance.
-em… no... No sé….- Murmura Wes, no se sentía muy cómodo ni animado para jugar en la bañera como cuando tenía 5 años, ahora poseía 14 y aunque aún se sentía algo tentado a algunos juegos de niños, tras lo que paso, no siente ánimos de jugar en el agua.
-¿Qué pasa cariño?- murmura Cadance un poco desanimada, Wes le mira con confusión, y al darse cuenta del deseo que su madre tenía por revivir los viejos tiempos, este salpica un poco, mas no se sentía cómodo por lo que no lo hizo con fuerza ni entusiasmo. El silencio predominaba en la habitación, interrumpido apenas por unos tenues chapoteos que Wes daba en la tina.
De repente una bocanada de agua azota contra Wes, el potro mira desorientado y en eso otra ráfaga de agua le salpica, haciendo que su crin le tape la vista, con sus cascos este retira algunos cabellos y observa a su madre riendo, sus ojos estaban humedecidos, pero no sabría si era debido al agua o sus lágrimas, pero seguía riéndose como una pequeña potrilla que había hecho una travesura, pero al notar la seriedad de Wes esta misma retomo lentamente una porte seria y triste. En eso un balde de agua cae sobre ella, tu larga crin la cubre totalmente, y al abrirse paso entre su crin ve a Wes riendo y llenado un pequeño balde con más agua, pero Cadance abre la llave que estaba tras ella, y la obstruirle para luego redirigir un chorro de agua contra su hijo, Wes es sumergido en el agua, y luego Cadance se le abaliza y lo sumerge más adentro, Wes sale apresuradamente retomando una bocanada de aire con desespero, y luego de toser un rato comenzó a reír , y Cadance también comenzó a reír, y entre ambos seguían echándose agua y uniéndose el uno al otro, derramando y salpicando agua por todas partes, inundando el baño.
A la mañana siguiente, Wes y Cadance se encontraban en el campus de academia, junto a la carroza de Cadance, ya había pasado el fin de semana y era momento de que Cadance regresara a el imperio de Cristal.
-adiós Wes- dice Cadance abrasándolo.
-adiós mamá-
-¿sabes?, el viernes que viene será la celebración de los corazones cálidos ¿Qué dices? ¿Quieres pasar el próximo fin de semana en el imperio de Cristal?
-¡Siii!- exclama Wes entusiasmado- ¡así podre darle el peluche a Starlight en persona!- exclama Wes emocionado.
-¿Cómo dices?- dice Cadance mientras su expresión alegre cambiaba completamente por una seria.
-¡el peluche lo compre para ella! jeje- dice Wes aun emocionado, sin darse cuenta como esto cambio bruscamente la expresión de su madre, estaba tan entusiasmado de volverla a ver que quería regresar.
-Oh Wes…. Lo siento pero ella ya no vive en el imperio de Cristal- dice Cadance con un falso tono de comparecencia.
-¿Qué dijiste…?-
-ella se mudó hace solo unos días-
-¡que! ¡¿A dónde?!- exclama Wes alterado.
- ella se fue a Canterlot, no te preocupes está bien-
-pe… pero…. Por… porque no me escribió…. Por… ¿Por qué no me dijiste?-
-no quería preocuparte hijo, solo se fue a vivir haya…. Ella, está bien, es normal hijo, ya tiene su casa en Canterlot, creo que quieren reconstruir Ponyville, su hogar es ala y no en el imperio- le dice Cadance, Wes mantiene un porte inexpresivo mientras y algo triste, cosa que a Cadance, por más que odiara que Wes estuviese enamorado (no, para Cadance eso no era amor, si no seducción de una puta zorra como Starlight) pero seguía queriendo a su hijo, y no le gustaba nada ver a su hijo triste, ni siquiera por Starlight.
-si quieres yo le llevo el peluche- dice Cadance compareciente.
-¿enserio?- dice Wes un poco menos triste.
-sí… vamos por el peluche- suspira Cadance.
Wes emocionado de nuevo corre de vuelta a su habitación, y Cadance le sigue, al llegar a la puerta del cuarto de Wes, al llegar Wes ya tenía entre sus cascos al peluche de sí mismo.
-¡aquí esta!-
-¿no lo envolverás?-
-em….yo no sé… ¿cómo?-
-hmmm, ¿y las bolsas de regalo que nos dieron con los peluches?-
-¡sí!- exclama Wes mientras regresa a su habitación, ahora en búsqueda de aquellas bolsas de regalo, las cuales no recordaba donde las dejo. Mientras tanto Cadance entra a la habitación, y se sienta en la cama de Wes para esperarlo, Cadance se estira un poco y en eso divisa el marco de cristal que le había regalado, con la fotografía familiar aun en su lugar, Cadance la mira con algo de nostalgia, y toma el marco para mirarlo mejor, en eso esta nota algo peculiar, la esquina de la foto estaba un poco maltratada, y parecía tener unas pestaña sobresaliendo, cosa que a Cadance le extrañaba mucho, pues la foto del marco era una reimpresión, en otra palabras era una fotografía nueva, por lo que no debería estar maltratada a menos que alguien la manipulara demasiado.
Wes aparece ya con las dos bolsas de regalos que les habían dado.
-¿Cuál la roja o la azul?- pregunta Wes un poco pensativo.
-hmmmm, no sé hijo, la que tú quieras-
-¡la azul! ¡No espera LA ROJA!- exclama Wes mientras le entregaba la bolsa de regalo a su madre, está la toma y dentro guarda el peluche de Wes. Cadance le esboza aúna sonrisa a su hijo, y Wes le regresa la sonrisa.
Cadance y Wes regresan a la carroza, y luego de una última despedida, la princesa sube a la carroza, y parte finalmente. Wes observa como la carroza de su madre se retiraba y finalmente cuando le perdió de vista este regresa a su habitación, luego de preparar sus cosas para entrar a clase dentro de una hora, Wes al sentirse un poco nervioso por la tarde de estudios que le esperaba se dirige hasta el marco de cristal, luego de sostenerlo entre sus cascos un rato, retira la fotografía, y como si fuera un golpe en su pecho, Wes esboza un alarido y rápidamente comienza a buscar por todas partes al no encontrar la fotografía de su amada debajo del marco.
Mientras tanto en el aire, se encontraba la princesa Cadance observando la fotografía de su hijo vistiendo un elegante, y un tierno peinadito de cola de caballo que cautivaban a Cadance, para ella ver esta foto hubiera provocado en ella un bello sentimiento de orgullo y ternura al ver a su hijo tan guapo y presentable, de no ser por un pequeño detalle, no estaba bailando solo, la fotografía no era solo de él, pues una malnacida zorra estaba hay también sonriéndole a Wes con esos despreciables dientes blancos, mirándole con esos ojos apasionados que simplemente enfermaban a la princesa porque ¿Por qué Wes tenía esta fotografía? ¿por de esa perra? Le quitara a su hijo, es todo lo que quiere, jugar con los sentimientos de Wes, alejarlo de ella, no podía ser otra cosa, Wes estaba confundido, no era amor lo que sentía por ella, ella lo había hechizado con sus encantos lujuriosos, solo podía ser eso. Enfurecida Cadance destroza la fotografía en miles de pedazos y deja que el viento disperse los restos, mientras sentía que le estaba haciendo un favor muy grande a su hijo.
Más tarde Cadance se encontraba sentada al pie de su cama, mirando con seriedad al suelo, sentía un frio en el pecho, un viejo dolor que no le dejaba en paz, y no le quedaba más que ignorar, la princesa observaba con seriedad el peluche que con su forma, mirándole con seriedad, dicho peluche tenía una sonrisa bordada, con hilo negro, la princesa no podía dejar de mirar su peluche con seriedad. Luego de un momento de aclarar su mente, esta dejo de mirar a su contraparte con severidad, e intento imitar la sonrisa que este poseía. Sus labios temblaron un poco, pero no pudo realizar el gesto, cosa que llego a frustrarle.
-por que…. ¿Por qué no puedo?- esboza esta frustrada mientras deja el peluche en su cama, dándole la espalda, aquella figura inocente le seguía mirando con sus ojos bordados, Cadance al sentir la mirada del peluche sobre ella, le tapo con una sábana.
-¿Por qué no puedo ser feliz?- murmura esta con seriedad mientras se levantaba de su cama, y se dirigía a su chimenea encendida, se detiene ante el fuego, mirando las llamas con seriedad, pese al calor que la chimenea le proporcionaba, por alguna razón, Cadance no dejaba de sentirse fría, como si el calor del fuego no fuera suficiente para calentarla, pero este, no era un frio común, no uno que hiciera que le dolieran los músculos al enraizarse hasta sus huesos, no era así, no tenía esa clase de frio, tenía frio en su corazón.
Cadance comienza a llorar, sin saber por qué.
-¿Qué me hace falta?- murmura esta mientras se sentaba al pie de su chimenea, continuando observando el fuego con bastante seriedad. En eso esta se pasa un asco por la mejilla, y se da cuenta de que tenía algunas lágrimas.
-¿estoy llorando? ¿Por qué?- dice esta exaltada mientras mira el fuego con seriedad, la imagen de aquel poni comienza a venir nuevamente en su mente, su sonrisa, se imagina a él abrasándola ante la chimenea, llegando a imaginar su calor en ella, era lo que quizás le harían dejar de tener frio, tal vez, pero no estaba ahí, ya no estaba, y aunque se había resignado a tenerlo de vuelta, por alguna razón, siempre en estas noches, presentes en la víspera de los corazones cálidos, era cuando ella más lo anhelaba, ¿por qué? ¿Por qué si ya no lo amaba aun lo quería a su lado? O tal vez, no era verdad, y al decirse que ya no lo amaba, solo era una mentira, para sí misma.
Cadance se limpia las lagrimas que apenas comenzaban a brotarle con su casco, y al verlas esta comienza a sentir una rabia creciendo descontroladamente.
- ¡pero que estúpido! ¡yo te daré una razón para que llores de verdad!- piensa la princesa de cristal con gran cólera, mientras levanta su casco y lo introduce dentro del fuego, bañándose por las llamas, un dolor punzante y agudo comienza a hacerse presente en ella, uno que probablemente le harían gritar del dolor, uno que en otro tiempo le hubieran hecho suplicar o pedí ayuda, mientras su delicado casco se ennegrecía y marchitaba, y parte de su pelaje empezaba a prenderse en llamas también.
Cadance contiene un alarido del creciente dolor que le provocaba la quemadura, pero continuaba con su casco contra el fuego, mirando como gigantescas pústulas se inflaban y estallaban como un estofado hirviendo, nuevas pústulas le brotaban y estallaban, el hueso de su muñeca comenzó a hacerse visible ante ella, intento moverlo, y en efecto su casco aun respondía, aun con todo el daño y el insoportable dolor que se presentaba, aun podia moverlo, pero aun dejo que el casco se quemara. Las llamas tronaban junto a su carne rostizandose, Cadance cerró los ojos con fuerza, mientras un humo negro empezó a inundar su habitación con presencia, las llamas se escandalizan, craqueando junto a su casco, toda su habitación se inundó por el humo negro.
De repente su puerta es golpeada con fuerza, como si algo intentara derribarla, Cadance saca su casco del fuego y lo cubre con una manta, momentos antes de que su puerta fuera tumbada y por ella entra sus dos guardias personales.
-¡Princesa Cadance!- exclaman los dos guardias, buscando a su princesa con la vista, tardando en encontrarla, sentada nuevamente en su cama, dándoles la espalda- ¿está usted bien?-
-estoy bien- responde Cadance con frialdad.
-¡vimos el humo!-
-fue un madero podrido- responde inmediatamente Cadance- provoco demasiado humo, ya me encargue de ello, lo saque y abrí mis ventanas-
-¿princesa?- pregunta uno de los guardias al notar como Cadance sostenía su casco con fuerza contra su pecho como si este le doliera bastante- ¿está usted bien?-
-estoy bien, ahora, pueden tomarse el día, permaneceré aquí- dice Cadance con seriedad.
-de acuerdo princesa-
-cierren la puerta al salir-
Los dos guardias se retiran y es entonces que Cadance se quita la manta de su casco, este se tornaba irreconocible, siendo más huesos con trozos de carbón que cualquier otra cosa, los ojos de Cadance no dejaban de lagrimear, mientras mordía sus labios con fuerza mientras contemplaba aquel delgado y carbonizada extremidad que se suponía era su casco, completamente negro y aun despidiendo un poco de humo. Esta intenta moverlo, lográndolo con dificultad y bastante dolor, su rostro se puso rojo mientras intentaba ahogar un grito. Comenzó a hacer círculos con su casco lastimado una y otra vez, cada vuelta generaba en ella un dolor equivalente a diez azotes, pero ella los aceptaba con resignación. Lentamente el dolor que sentía en su casco fue disminuyendo hasta que finalmente este simplemente paro, y es cuando este dejo de dolerle, fue testigo de cómo una serie de diminutos tentáculos provenientes de su antebrazo comenzaron a brotarle y a enraizarse a lo largo y ancho del hueso carbonizado que se convirtió su casco, las raíces crecieron hasta concentrase en una masa de carne palpitante que despedía su propio brillo escarlata. Cadance miro hipnotizada todo el procedimiento, especialmente en la última parte, prestando especial atención a cada palpitar, llegando a asociarlo con el palpitar de su propio corazón, y luego poco a poco aquella masa amorfa de carne, comenzó a ser cubierta por una suave y tersa capa de pelaje rosado, hasta que finalmente su casco había regresado a la normalidad, como si no hubiera pasado nada.
-no volveré a llorar, no por ti- murmura Cadance mientras contempla su casco rehabilitado- si vuelvo a ver tu rostro, yo misma te matare-
