Nota 1.: Un réquiem, para quien no entendió la combinación de ambas partes, es la canción que que utilizan en los funerales para despedir los cuerpos. Decir que las campanadas fueron un réquiem como preludio significa: Las campanadas anunciaron que alguien moriría o que, en efecto, alguien estaba muriendo.
Nota 2.: Este es el último de ¡Hey, Doctor!
— Entonces, si te dijeran que morirás mañana, ¿tendrías miedo?
...
Sus pasos sobre el césped son pesados, uniformes y confiados, mientras que se adentra al camposanto y los colores del atardecer se adhieren a su piel. Pulcros zapatos negros machacan las delgadas hebras verdes, las aprisiona contra la superficie fangosa hasta deformarlas y ensuciarlos con la mezcla viscosa. Ha estado lloviendo con pereza desde entonces, haciéndolo parecer como si sólo fuera parte en la decoración del escenario fúnebre o como si sólo quisiera limpiar los restos de esa interrumpida historia.
Su cabeza late con insistencia y su párpado del ojo derecho tiembla en un descoordinado tic nervioso. Han sido diecinueve horas de viaje en los que intentó descansar lo más posible, no se quedaría en Japón. No, señor, ni siquiera para ir de vacaciones. Allí nada le ata. Terminaría sus asuntos pendientes y volvería a Estados Unidos.
Consciente de que la lápida es pequeña, Rin se agacha con cuidado de no ensuciar su traje al retirar las pequeñas ramas y hojas cafés adheridas al epitafio. Colocó aquel bello enmarcado para decorarlo una vez terminó con la limpieza del brillante granito negro. Era gracioso, pareciese que el mundo quisiera eliminar ese nombre del registro en el flujo del tiempo, como si nunca hubiese existido, o jamás mejor dicho: como si no fuese merecedor de su relativamente corta existencia.
Pero para Rin no fue así. Su existencia fue apreciada en varios sentidos, aunque carezca de lógica detallarlos uno a uno, simplemente podía reducir a que todo cambió cuando él llegó a su vida, dándole luz y mostrándole cosas de las cuales no se había percatado antes.
Sesshomaru fue su paciente más extraño, eso nadie lo pudo contrarrestar, pero esa era su naturaleza de ser y cambiarla para el bien social, y personal, fue todo un reto. Uno bastante difícil de sobrellevar. Le costó años, insomnio, horas de exhaustiva dedicación y mucha paciencia para enfrentarse a cada nuevo día a su lado, pero lo hizo: Finalmente lo curó.
Ambos sabían que la vida está llena de toda clase de misterios por descubrir. Como una carretera con un montón de intersecciones y una gran aventura albergada en cada uno de esos caminos, unas dulces y emocionantes, otras amargas y difíciles. Depende de que camino escoges y tu actitud al afrontarlo, también se trata de quien está allí para apoyarte en la trayectoria, guiándote o quizás haciendo el camino más ameno.
Hubo días en que ambos caminaron con lentitud observando los detalles y disfrutándolos al mismo tiempo, otros donde parecía competir con los segundos al correr en contra, a veces con sedantes, otros en compañía del montón de personal necesario para practicarle Terapia Electro-Convulsiva, TEC.
Días buenos, llenos de luces coloridas y vientos cálidos, aquellos dónde su corazón latía con alegría ante notables avances y en los que a su paciente le gustaba estar entre sus brazos como si se perteneciesen el uno al otro —por mal que esto estuviera para su relación médico-paciente—, días en que las mariposas revoloteaban sobre las margaritas. Otrora se encontraban los malos y tormentosos, los que predominaban las nubes grises y la empatía le pedía a gritos que le ayudara a olvidar la tormenta en su interior, días en que las gotas de lluvia intentaban llenar ciertos espacios vacíos en la vida de ambos, aquellos en los que querían que Chrono les hiciera olvidar.
Lo cierto es que para Rin, Sesshomaru era más que su primer paciente, era su primer amigo real y eso, sobre cualquier enfermedad, discapacidad, dificultad, lo convertía en un ser de íntima confianza, plena esperanza y completamente sagrado.
Pero lo irreversible es que algún día, tú, yo, ellos, todo ser y objeto, todos sin excepción alguna, desapareceremos. Así como los buenos, como incluso los malos momentos terminan. Y aunque parezca un sin sentido o que nadie entienda por qué tuvo su extenuación cuando ya no era necesario, todo acaba a su tiempo, en el momento justo en que debe hacerlo.
Así funciona el ciclo de la vida, debe haber una causa para que surja un efecto y esto siempre sucede a su debido lapsus.
Rin lo sabía y ese día llegó finalmente acompañado de campanadas que funcionaron como preludio al réquiem que se utilizó hace una semana, mientras las cenizas descendían al fondo de la fría tierra.
Esa tarde nadie lloró.
Los presentes, con conciencias limpias de que hicieron todo por él, respiraban con verdadera tranquilidad. Unas disculpas ante una tumba no iban a enmendar los sucesos que dieron lugar hasta ese entonces, tampoco iba a expandirse una llamarada para quemar en su libro de vida toda aquella mierda definida como existencia.
Seshomaru había sido urgencia, tormento, necesidad y violencia. Al conectarlo todo se podía sacar la siguiente conclusión: él fue el protagonista y antagonista al mismo tiempo, fue quien rechazó y aceptó para diferir el curso de la historia y cambiar los estándares. Era creador de un infierno silencioso y un luchador nato que se esmeraba en encontrar la salida de esa jaula dorada.
Para su último acto, él estuvo apoyado como podía en la ventana. Esperándole con el corazón oprimiendo un "Gracias" el cual anhelaba ser gritado a todos los vientos, pero contuvo las lágrimas para sonreír, mientras que un "Adiós" no dejaba de bailar en su garganta para ser expulsado con menos fuerzas que el agradecimiento.
Rin se ajustó el traje con sutileza para moldearlo a su figura y empezó a dar cortos pasos hacia atrás. Suspiró al mantener el talón derecho alzado mientras giraba sobre su eje, dando inicio así a su caminata hacia el sendero contrario. La brisa le invitó a seguirle y su intuición pedía que la rechazara, que no estaba bien.
Pero eso ella ya lo sabía.
Frente a ella, al otro lado de la acera, se encuentra una vieja y olvidada calle de una sola vía. La brisa le insiste en que camine, que su misión no termina con el simple despedida del funeral a lo que un día fue aquel hombre. Rin aprieta los puños dentro del caro pantalón para vestir la ocasión.
La visión de un árbol cayendo, la destrucción de tres vidas, un escalofrío recorriendo su espalda. Sin embargo, ella sonríe.
— Nunca más —se limita a murmurar mientras continúa con la frente en alto.
Definitivamente no quedaba ninguna atadura en Japón.
Historial Psiquiátrico
Paciente no.: 008419961
Nombre: Sesshomaru Taisho
Edad: 35 años
Historia:
El paciente fue encontrado cerca del H Psychiatric Hospital, unidad en Japón, dieciocho años atrás. Una voz, la cual al día de hoy aún se desconoce, habló con notable angustia, desesperación e inestabilidad continua, y se encargó de notificar el accidente en el cual se vieron tres jóvenes involucrados.
Dos fallecidos, un herido con un nivel de gravedad crítico: Jaken Daigo, de veintidós años; Inuyasha Kazami, de veintitrés; y Sesshomaru Taisho, único sobreviviente, de diecisiete años.
Sesshomaru se presentó en cuadro crítico desde que los especialistas lo encontraron sobre el gran charco de sangre que desprendía el automóvil. Al notar que el árbol había caído sobre el lado derecho en su totalidad, descartaron la posibilidad de algún sobreviviente y se dedicaron a intentar rescatar al joven Taisho.
Traumatismo cerebral, fémur derecho quebrado, su rodilla y el brazo derecho dislocados. El impacto generado en el accidente provocó la muerte de miles de neuronas, quedando como resultado un estupor y con ello: parálisis temporal.
Esperanzas de reanudar sus actividades con normalidad: Casi nulas.
El equipo médico de Boston se trasladó hasta Japón a pedido de Kagura Onigumo, médico interno en esos momentos, quien logró reconocerlo y a su vez convencer a su hermano mayor de convertirse en el representante legal del joven Taisho.
Tras exhaustivas terapias y servicios personalizados a sus necesidades, el paciente logró su recuperación física parcial. Con la recuperación de sus funciones de relación descubrimos unos acontecimientos que habíamos pasado por alto: El daño causado en su psiquis.
Debido a un mal diagnóstico en su juventud, logramos asumir que la incapacidad para definir su actitud y sus volubles reacciones eran debidas a un caso de Infantilismo mezclado con un Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad. Sus fármacos debieron ser cambiados con una frecuencia alertante, los efectos secundarios resultaban más dañinos que efectivos, por lo que se descartó cualquier medicamento y se inclinó por las psicoterapias grupales, por lo general.
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Rin suspiró con pesadez y soltó el bolígrafo de tintero fino por primera vez desde que abordó el avión. Intentó hacer memoria en cronología correcta de los hechos.
El naranjo del cielo mezclándose con los diversos tonos de rojo le inspiraban a continuar sobre el lienzo pigmentado con aquellos tonos suaves. Así hizo, continuó con los delicados trazos, tratando de hacerlos lo más profesional y legibles posible.
…
Sin embargo, una noche se encontró al paciente hablando consigo mismo, cambiando el tono de la voz paulatinamente, agregando palabras que bien se podían diferenciar dependiendo del tono en que empleaba: un niño y un adulto. Las enfermeras, pese a estar acostumbradas a toda clase de situaciones, se mostraban angustiadas y un poco asustadas. Era normal temer a lo desconocido, y aquello no era ni de cerca a como estaban acostumbrados en el recinto.
Curiosamente, no fueron las únicas veces en que estos tuvieron lugar. Por lo que conllevó a mayor cautela y observación a sus terapias, desmintiendo a su Infantilismo y TDAH para dar espacio a algo más grande: Trastorno de Identidad Disociativo, TID.
Por lo que sabemos: La cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) define el TID como «la presencia de dos o más identidades –raras veces más de diez- que toman el control de la conducta de una persona de forma recurrente, teniendo cada una de ellas recuerdos, relaciones y actitudes propios».
Por ello no nos sorprendió en descubrir en el paciente Sesshomaru Taisho un total de siete personalidades reconocidas, aunque cuatro de ellas tuvieron casi una nula aparición.
Estas son:
1. Kagura Onigumo, edad de la personalidad es desconocida, novia de "Sessh", no presenta alguna alteración psicológica.
2. Rin Noto, 10 años, Depresión Infantil.
3. Kagewaki Hitomi, 9 años, Trastorno obsesivo compulsivo.
4. Magatsuhi Kusao, 13 años, Conducta altamente agresiva.
5. Jaken Daigo, edad de la personalidad es desconocida, íntimo amigo de "Sessho", no presenta alguna alteración psicológica.
6. Hakudoshi Ai, 8 años, Depresión post-muerte.
7. La predominante: Sesshomaru, llamado "Sessh" por "Kagura", 32 años por lo que le convierte en la personalidad más madura y, probablemente, sea quien alteró y subdividió los recuerdos de cada personalidad.
Estas personalidades se proyectaron como una protección contra sentimientos de dolor y terror que el paciente no fue capaz de manejar adecuadamente, lo cual es normal en los momentos iniciales del proceso de adaptación a la vivencia traumática.
Desconocemos la relación Nombre-Personalidad que ha brindado el paciente a las identidades. Lo que fue sorprendente es que pese a lo general, de que las distintas identidades no recuerden lo experimentado por el resto o que no sean conscientes de su existencia, Sesshomaru Taisho sí estaba al tanto de ellas. Siendo él mismo quien relatase la esencia de cada uno, la relación con el verdadero paciente.
"Kagura Onigumo" representación de Inuyasha Kazami, novio de Sesshomaru Taisho. Este iba en el asiento del copiloto el día del accidente. Según "Jaken Daigo" ambos iban discutiendo antes de la tragedia porque habían descubierto una infidelidad en la que incluía una vida en camino.
"Jaken Daigo" personificación del mejor amigo de Sesshomaru Taisho, compañeros de habitación y colegas de carrera universitaria. Fue quien avisó sobre el otro auto que se dirigía a gran velocidad hacia ellos, mientras estos discutían. Intentó, en una medida desesperada, cambiar el rumbo del auto hacia la otra orilla. Sólo logrando que se estrellaran contra el árbol que terminaría por aplastarlos.
"Rin Noto" paciente de Sesshomaru; Según la Doctora Onigumo, esta figura como el pasado de Sesshomaru y su constante búsqueda por la aceptación, comprensión y cariño de las personas que le rodean a pesar del constante rechazo e aislamiento al que era enviado. Cuando esta personalidad se revelaba, fue sometido a Arteterapia, dónde la frecuencia en que dibujaba diferentes superficies con manos de diferentes tamaños y colores, la mayoría de veces era una cama, dando a entender la presencia de un abuso sexual. También flores, lugares, personas con rostros borrosos y un auto.
"Kagewaki Hitomi" simboliza la cercanía del paciente Taisho con su madre y con ello el haber presenciado la muerte y violación de la misma. Dice haber mejorado tras conocer a "Hakudoshi Ai", quien más que un amigo, representa la secuela del hecho.
"Magatsuhi Kusao"resultado de un padre violento que abusaba del alcohol y su esposa, el cual terminó asesinándola con una vieja navaja tras ella mudarse con su nueva pareja.
"Hakudoshi Ai" secuela de los actos cometidos frente a "Kagewaki Hitomi", representa la etapa tras la violación por parte de su padre e intento de asesinato contra él, tras tener la intención de ayudar a su madre, dónde termina siendo él quien toma riendas en el asuntos y queda huérfano tras ello. Se aúna a él la época en que tuvo que vivir con sus parientes mientras que su padrastro le enviaba dinero desde las sombras. Así como también cuando comenzó a trabajar en la iglesia y recibir tratamientos gracias a que los Onigumo así lo habían permitido, acudiendo a su rescate en las dos situaciones que más lo necesitó. La primera, cuando estos hechos tuvieron lugar y la segunda cuando el pueblo de Kofu intentó extorsionarlo
"Sesshomaru", por su parte, fungió como el guardián de las anteriores y actuó como tal en todo momento: un adulto. Este se dedicó a seguir los ideales del paciente, enfocándose en leer todo libro que estuviese a su alcance, quizás previniendo lo que pudiese extinguirlo.
¿Por qué? Notamos que él fue capaz de controlar y/o suprimir esos recuerdos. Asumiendo él la responsabilidad y culpa de los hechos; al hacerlo, integró las personalidades y las hizo desaparecer como identidades independientes para formar una con comportamiento coordinado.
Excepto a dos: Rin y el verdadero Sesshomaru Taisho, el cual luchaba constantemente con "Sesshomaru".
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— ¿Señorita, se encuentra bien? —susurra la azafata con gentileza, tocando con suavidad el hombro de Rin, esta, sorprendida de lo encismada que había estado en el reporte, tomó un par de bocanadas y le sonrió con gentileza.
— Sólo estoy un poco mareada, ¿podría darme un vaso con agua, por favor?
La azafata asintió, notando el papeleo revuelto. Unas páginas estaban en letra legible, en inglés para ser más específicos, mientras que las otras lucían más desordenadas y en un idioma que no dominaba del todo: Japones, en kanji.
La señorita volvió poco después con un vaso de agua y una pequeña cápsula. Rin intuye que es para ayudar a contrarrestar sus males, tomándola sin siquiera dudar. Cuando la joven rubia se retira, ella vuelve a sus escritos.
Reconocerlo era fácil, él es la personalidad principal, la primaria, la real, el verdadero Taisho.
Estas, por lo regular, tienden a ser sumisas, mientras que el resto son más dominantes y hostiles. Manifestaba amnesia en mayor medida y al ser conscientes de la existencia de las otras personalidades, ha sido suprimida por ellas. Por lo que notamos una vez, incluso se manifestó en forma de alucinación acompañado de un campo visual o auditivo, dándole órdenes para que cayera en cuenta del daño que se estaba infligiendo.
Desde entonces, "Sessh" y "Sesshomaru" se disputaban por ser quienes dominen por completo el cuerpo. Sesshomaru daba grandes pasos cuando lo lograba, aceptaba medicamentos y terapias más exigentes, notaba como Sessh maltrataba su cuerpo bajo el lema: Si no soy yo, entonces nadie. Dando a entender de que sí él no sería la única identidad existente, tampoco debía haber un cuerpo para que Sesshomaru controlase.
En cambio, cuando era Seshh, se sumía en una depresión inexplicable en las que salían a flote la infidelidad de Inuyasha, es decir, "Kagura"; también maldecía un supuesto "Traslado" de "Rin" y la pérdida de su empleo, lo que significaba una sola cosa: Sesshomaru sí estaba aceptando cada herida invisible de su cuerpo y aquellas profundas grietas de su pasado y que como resultado estaba todo allí, él no necesitaba esas identidades para protegerlo.
Hace una semana, el 15 de noviembre, dieciocho años más tarde, el caso ha sido cerrado debido a que Sesshomaru ha muerto.
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Rin frunció el ceño, inconforme con lo que había escrito y lo subjetivo que resultó todo lo relativo al historial, lo tomó con cuidado.
Todo y cada uno de los documentos concerniente al caso.
Actas, historiales, cuadros clínicos, posibles diagnósticos y recetas que cargaba siempre consigo como referencia para el momento en que decidiese escribir el último historial antes de cerrar el caso de manera oficial.
Y el día llegó, pero no los necesitó. Todo estaba fresco en su memoria, ¿y cómo no estarlo si siempre ha permanecido en las sombras de esa historia?
Se encerró en el baño y selló el conducto del lavamanos mientras giraba la manilla, dejando que el agua tibia se acumulase hasta casi rebosar de no ser por el pequeño orifico diseñado para evitarlo.
La mujer de pelos castaños sumergió los papeles y con satisfacción los vio convertirse en traslucidos y doblarse de maneras amorfas. Sin cuidado y con todas las intenciones latentes tan rápidas como su corazón, los rompió.
Pequeños trozos flotan con rapidez en el lavamanos, el agua sigue corriendo y empapando los trozos del fondo aún más. Abre el grifo y permite que la carga, literalmente, se vaya por el drenaje. Continuó con los papeles más gruesos de la misma manera, sólo que en vez de dejarlos al lavamanos, los arrojaba al inodoro y así hasta que no hubo rastro alguno del dichoso historial. Como siempre debió ser.
Se miró al espejo y sonrió antes de salir como si no hubiese pasado algo relevante.
— Oiga, señorita —llamó a la azafata que le había brindado servicios hasta el momento, esta sonrió al captar que se refería a ella—, ¿Puedo hacerle una pregunta?
— Por supuesto, señorita... — dejó al aire para que Rin continuara. "Noto" murmuró mientras examinaba al resto de los pasajeros que dormían plácidamente—... bien, señorita Noto, ¿En qué puedo ayudarle?
Rin lo pensó bien, es una simple duda que le ha estado merodeando de aquí para allá, luego continuó: — Si le dijeran que morirá mañana, ¿tendría miedo?
Observó como las nubes parecían tragarse los últimos rayos del sol, desapareciendo los tonos más llamativos del anaranjado para transformarlo en suaves y fríos tonos de azul.
— Sabe, señorita Noto, el mundo es maravilloso y aún quedan muchas cosas, lugares y personas por conocer. —La joven hizo una pausa corta, sin dejar de sonreír—. Tendría mucho miedo e igual sentiría impotencia de tener los signos vitales contados y no poder descubrir.
Rin rememoró los últimos años: Los constantes cambios de clima, los cuales han sido agradables, los buenos libros que han sido publicados, aquellas dulces y significativas canciones que se escuchan en la radio. Suspiró aliviado y un poco consternado al mismo tiempo, finalmente comprendió la constante lucha de Sessh en el cuerpo de Taisho:
Porque entre todas las cosas que SesshomaruTaisho o Sesshomaru era, también era "Instinto". Aquella facultad, intuición, corazonada o como le quiera la gente llamar, estaba sobre cualquier otra norma que rija al mundo: Todos quieren vivir, aunque lleguen los momentos de decir lo contrario.
Rin comprendió que el mundo era maravilloso, bello, que está lleno de maravillas gracias a esos desperfectos que hacen apreciar los detalles más insignificantes. Así como lo fue la constante lucha de Taisho por su lugar en el mundo, uno que le dio la espalda, básicamente. Él sólo necesito de unos malos días para obtener una cruel vida, mas nunca dejó de tratar, como un soldado en plena guerra: Fuerte, decidido, valiente y sobre todo: Perseverante.
— Él también debió tener miedo... —dijo con voz queda, recordando al chico en la ventana.
— ¿Disculpe? —murmuró confundida, pestañeando repetidas veces.
—No, nada. —Le sonrió mientras volvía a su lugar y disponía de imitar al resto de los pasajeros—. Sólo pensaba en que yo también estaría asustada.
Un simple comentario a la corta edad puede ocasionar un gran impacto en un infante o un joven, cambiando por completo lo que hasta ese momento conocía como normal. No se necesita mucho para ello, la verdad. A veces son aquellas personas que nos rodean y quieren, quienes nos hacen daño sin siquiera detenerse a pensar en cómo nos afectan sus palabras y hechos. Marcas que pueden durar para siempre, incluso.
"Rin" las había creído, pero seguía adelante. Seguía tratando, no se iba a dejar vencer. También encontró una persona en quien apoyarse; que no le dejó hundir en ningún momento; que a pesar de sus errores, comprendió que era mejor cargar con ellos en lugar de sólo quejarse; una persona que aprecia su existencia y le quiere como tal.
Porque a quien le importas, no besará tus heridas. Buscará la manera de curarlas.
Porque a quien le importas, tratará de alimentar sus sueños a base de realidades.
Porque a quien le importas, no prometerá en vano.
Porque a Rin le importa su pequeño gigante, es que ha comprado un nuevo avión de juguete, como un recuerdo fugaz de la niñez que no pudo tener, pero en representación sobre que tan lejos puede llegar.
Porque ambos se revelaron contra todo pronóstico y trazaron una nueva línea de partida.
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Con las manos ocupadas y una gran sonrisa, Rin se hace paso por los blancos pasillos mientras un montón de personas cruzan por todas partes, atareados por la gran celebración que se llevaría a cabo esa noche. La gente le saluda desde sus puestos, nadie quiere interrumpir sus tareas o al recién llegado en su andar.
— ¡Dios, que frío hace hoy! —Se quejan desde el otro lado de la puerta—, ¿Verdad que sí, Poposito?
La puerta se abre con dificultad y la voz tupida hace silencio de un momento para otro. Hay un perro café, el cual ya no es un cachorro y ha adquirido el tamaño que por fuerzas de la naturaleza le corresponde. Unos ojitos redondos, que están bastante juntos, se fijan en él, como si fuese un fantasma. El perro lleno de euforia se lanza contra su otro dueño para jugar, derrumbándolo en el proceso. La suave lengua de Popó le llena la cara de caricias húmedas que hacen reír estridentemente a los dos presentes hasta que simplemente quedan en un silencio cómodo en el cual se dedican dulces miradas.
— ¿Todo bien, pequeño gigante? —Murmuró mientras acariciaba el lomo de can.
— Un poco aturdido aún, pero sí —respondió, acercándose con pasos tímidos y una bonita sonrisa por alardear—. Aún me siento extraño aquí...
— Oh, es normal —murmuró, alzando las cejas en el trayecto—, tu consciencia ha estado ausente por casi trece años consecutivos, exceptuando las veces en que pudiste alzar la voz para pedir ayuda y...
— No, no, no —interrumpió entre risas—, me refiero al ajetreo que se respira últimamente en el hospital.
— ¡Oh, eso!
Rin se había limitado a agachar la cabeza mientras sonreía para sí mismo, el más joven no entendía. Todos allí se negaban a contarle a dónde había partido Rin hace unos ocho días atrás, entendía que gran parte del personal asistió a una ceremonia hace poco, pero ella se había quedado sin siquiera decirlo.
— ¡Hey! —dijo, con un adorable puchero, intentando llamar la atención de la mujer a su lado— ¿Podría decirme que era tan importante como para quedarse unos días más sin avisar?
— Es una gran celebración que se llevará a cabo esta noche —susurró mientras le daba suaves caricias en las mejillas—. Hoy, finalmente, iremos a casa de manera definitiva.
Rin retiró los rebeldes cabellos de su frente antes de depositar un ligero beso de mariposa mientras le sostenía por la mandíbula. A su lado se encontraba la tan anhelada certificación de que ha cumplido con todos requisitos y ha aprobado las pruebas a las que fue sometido en ausencia de Rin.
Él, por su parte, dejaba escapar pequeñas lágrimas de felicidad, sin creer lo que escuchaba. Por fin iría a casa.
De un momento a otro, la calidez se fue desvaneciendo mientras Rin, se colocaba la bata blanca y salía a cumplir con su deber.
El hombre de cabellos como la nieve atravesó la puerta con rapidez, mirando la espalda sutil perderse entre las personas. Tomó una bocanada de aire y gritó: —¡Hey, doctor!
Rin se giró con suavidad, mostrando su acostumbrado semblante con cejas relajadas, pidiendo así que continuara. Con pasos temblorosos se acercó hasta ella y le tomó de las manos para obtener aunque sea un toque de valentía, hasta que lo volvió a decir. Esta vez, con toda la nitidez del peso que sus palabras conllevaban:
— Quiero que nunca se aparte de mi lado —un brillante rubor lo tomó desprevenido, entrelazando los dedos y mordiendo levemente su labio inferior.
— Nunca digo adiós, ¿te lo dije antes, cierto? —Rin apretó los dedos juntos y le revolteó el pelo con la sonrisa más amplia de todo el día.
— ¡Um! —Asintió fervientemente.
Sesshomaru se adentró a la habitación en donde su fiel amigo con tonos entre el chocolate y la miel le esperaba agitando la cola. Popó ladeaba la cabeza hacia la derecha, mientras su dueño se sentaba en la cama con sabanas azules.
— ¿Escuchaste eso, Popo? —El aludido se acercó hasta él para ser acariciado. Sesshomaru sorbía sus mocos con una sonrisa y lágrimas traicioneras en el rostro— ¡Al fin iremos a casa!
Keneth, el enfermero de Sesshomaru, cerró la puerta con cuidado, tratando de no llamar la atención de la persona allí presente. Tras lograrlo, se recostó contra la puerta y dejó que la nostalgia le llenara cada fibra de su ser mientras leía la pancarta que las enfermeras estaban colocando.
Te extrañaremos, pequeño gigante.
—Fin—
Por si acasooooo :v
Lo que me refería con la muerte de Sesshomaru/Sessho, no era física, sino simbólica. Al ir cediendo y cooperando con el tratamiento adecuado, así como su tiempo necesario, todo el esfuerzo daba fruto: Sanaba. Y, como era de suponer, las personalidades se fusionan para crear lo que realmente son: Una identidad.
Si se preguntan que hay en la tumba: Exactamente lo que dije, cenizas de lo que un día fue. ¿Qué fue él? Ropa, libros, Etc.
No a la romantización de los desequilibrios (físicos, mentales, sociales, etc).
Admito que sí, en un principio iban a pasar muchas cosas totalmente diferentes como la relación Dr-Paciente, pero siendo realistas eso no es conveniente. Podía el Dr. terminar en la cárcel y otras alternativas que en realidad pasan cuando estas se dan y bueno... ninguna es bonita.
Investigando e investigando llegué a la conclusión:
A. No iba a romantizar los problemas de mis personajes, aunque siento mucho si no fue el final que quisieran, pero reflexionemos un poco. :\
Si vas a permitir que alguien influya en tu vida, que sea de manera positiva. 3
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¡Gracias por leer!
